REDIBIT AMOR



[Imagen de una de las calles del Parco Archeologico di Pompeya]

Hace unos días, en la página de Facebook de Santa Criz de Eslava, compartíamos una de las más conocidas inscriptiones parietariae -"graffiti parietarios", los llamaríamos hoy- de Pompeya -que fueran recopiladas como volumen IV del Corpus Inscriptionum Latinarum, ya disponible en red- con ánimo de recuperar la extraordinaria sabiduría que esta "literatura de la calle" encierra en medio de una temática, por otra parte, extraordinariamente variada y que algunos han comparado, incluso, con el twitter de nuestros días (la paries que se cita en el grafito que se propone como [IV] bien podría valer para el muro de muchos de nuestros habituales "tuiteros"). Dentro de esa vastísima amplitud temática -que, por ejemplo, puede seguirse a través del sensacional proyecto de recopilación Ancient Graffiti pero, también, del inventario que se puede generar por medio de la Epigraphic Database Rome- nos pareció que algunos de los mensajes -entre los muchísimos que podrían seleccionarse- podrían venir bien para el lector ávido de mensajes en estos días de cuarentena ante la situación creada en España -y en el mundo- por un virus que ha transformado, completamente, nuestra rutina. (de hecho, hemos optado por crear en el blog una etiqueta que agrupen los posts que publicaremos en el contexto de esta situación que, todos deseamos, no se alargue mucho más)

Existen, en internet, abundantes antologías selectas -algo repetitivas algunas de ellas, la mayoría, además, lamentablemente, sin los textos latinos originales- como la de Almacén de Clásicas o Gabinete de Curiosidades -en castellano- o las ilustradas -en inglés- de Boredpanda o de Kashgar al tiempo que el asunto, como es lógico, ha generado una exhaustiva bibliografía que, en parte, se cita al final de los posts de dichos blogs. Sin embargo, dado que este post no tiene más pretensión que volver a reivindicar lo bien que nos vienen los Clásicos -y, en concreto, la epigrafía romana- en periodos convulsos y demostrar la perennidad de su mensaje, remitimos a esos enlaces y, para más información sobre el singular contexto de estos tituli scariphati y, también, de la propia Pompeya, recomendamos un viejo post de este blog y la lectura de un extraordinario libro, que pronto reseñaremos aquí -pero que desde ya recomendamos- y que acaba de ver la luz, firmado por Fernando Lillo Redonet, titulado Un día en Pompeya.

Como los tituli seleccionados son suficientemente elocuentes, haremos como hemos hecho en recientes posts de este blog a propósito de la situación de confinamiento en que muchos de los lectores de Oppida Imperii Romani se encuentran: un simple encabezamiento con la idea fundamental que nos evoca cada post, la transcripción del texto latino -con enlace, si se ha registrado en alguna base de datos, a texto y fotografía- y la traducción. Queda, pues, en manos del lector, reflexionar sobre lo que aquellos "escritores de la calle" nos siguen enseñando 2.000 años después. 

[I.] La importancia del afecto... y de la espera


O utinam liceat collo complexa tenere / braciola et teneris oscula ferre labellis / i nunc uentis tua gaudia pupula crede / crede mihi leuis est natura uirorum / saepe ego cu(m) media uigilare(m) perdita nocte / haec mecum medita(n)s multos Fortuna quos supstulit alte / hos modo proiectos subito praecipitesque premit / sic Venus ut subito co(n)iunxit corpora amantum / diuidit lux et se Aarees quid Aam

"Ojalá pudiera tener tus tiernos brazos rodeando mi cuello y librar besos de tus tiernos labios. Muchas veces yo, despierta a altas horas de la noche, desamparada, me decía a mí misma: muchos a los que la Fortuna ensalza luego de repente los abate y pisotea. De igual modo tan pronto como Venus une a los enamorados, el día los separa"

[II.] Los problemas se evitan con anticipación

CIL IV, 10634, con detalles completos aquí (con foto)

Qui se tutari nescit nescit uiuere / minimum malum fit contemnendo maximum 

"El que no sabe cuidar de sí mismo no sabe vivir. Un pequeño problema se hace grande si se ignora"

[III.] Todo pasa, de todo se sale

CIL IV, 9123 (con foto)

Nihil durare potest tempore perpetuo / cum bene Sol nituit redditur Oceano / decrescit Phoebe quae modo plena fuit / uentorum feritas saepe fit aura leuis

"Nada puede durar para siempre. El sol se precipita al océano tras brillar intensamente. Mengua la Luna que hace poco estaba llena. La furia del viento acaba en brisa leve"

[IV]. Importancia de la continencia en los mensajes sociales


Admiror o pariens te non cecidisse ruinis qui tot / scriptorum taedia sustineas

"!Oh muros! Habéis aguantado tantas estupideces escritas que me sorprende que no os hayáis derrumbado"

[V.] Es necesario dejar reposar los problemas, y las iras

CIL IV, 4491 (con foto)

Nunc est ira recens nunc est disc[edere tempus] / si dolor afuerit crede redibit [amor]

"Aun está reciente el enfado, ahora es tiempo de marcharse; cuando pase el dolor, créeme, triunfará el amor"

[VI.] Sólo el amor da la felicidad


Amantes ut apes uita(m) mellit(am) exigunt 

"Los amantes son como abejas, viven una vida dulce de miel"

CIL IV, 4659

Quisquis amat pereat

"Todo el que ama, sufre"

CIL IV, 4091 (con foto, en una galería en que pueden verse fotos de otros tituli scariphati de Pompeya)

Quis amat ualeat, pereat qui / nescit amare bis tanti pereat / quisquis amare uetat

"Quienes aman, que florezcan. Que perezcan quienes no aman. Que mueran dos veces aquellos que prohiben el amor"

¿Son o no actuales estos mensajes? El [II], desde luego, sonrojaría a más de uno en medio del debate político que se ha generado en torno a la pandemia al tiempo que el [I] serviría para poner el acento en esos afectos que, quizás, hemos descuidado durante tantos años y que, ahora, hemos echado tanto en falta. Una prueba más de cómo, en realidad, los mismos sentimientos que hoy tenemos ante situaciones concretas los tuvieron hace 2.000 años en una hermosa ciudad al pie del Vesubio, ciudad que tanto nos ha enseñado sobre la Antigüedad Romana. 



TEN PÓLIN PHYLÁSEIN


[Perikles hält die Leichenrede, cuadro historicista de Philipp von Foltz (1852)]

Hace unos días, nuestro buen amigo Ángel Ventura, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Córdoba, nos hacía partícipes de una frase de un colega suyo, de la Universität Mainz, en Alemania, muy atinada para la situación que, toda Europa, y de modo particular España, está viviendo en estas últimas semanas: "qué bonito es escribir Historia pero qué difícil es vivirla". Y es cierto, con bromas o son ellas (ver aquí una de las más simpáticas, con su tono macabro, que hemos recogido estos días en redes sociales) todos somos conscientes de estar viviendo, por la crisis del coronavirus, una situación que, teniendo en cuenta cómo avanzan los números, no sólo tendrá, seguro, una gran transcendencia económica y vital sino que, además, se estudiará en el futuro como hito-bisagra, quizás, de un nuevo tiempo histórico. No han faltado, de hecho, medios que han realizado comparativas históricas entre la letalidad de otras pandemias y la que ahora padecemos (como hizo ABC el pasado 21 de marzo) o quienes han recurrido al pasado para ver qué enseñanzas pueden darnos esas pandemias para la situación actual (como hizo la BBC el pasado 7 de marzo).

En esas comparativas, mirar al mundo clásico puede, de nuevo, venir bien, dada esa perennidad que el pasado grecorromano tiene como verdadera escuela de civilización, algo sobre lo que ya hablamos en un reciente post. Remontémonos a la Atenas clásica, a la admirada Atenas de Pericles, en concreto al periodo comprendido entre el 431 y el 404 a. C., las guerras del Peloponeso, uno de los más apasionantes, sobre todo en sus preparativos, de la Historia de la Antigüedad. Estamos en el año 431 a. C., el estratego griego Pericles ha articulado la resistencia frente a los Lacedemonios -frente a los espartanos- en evitar el combate a campo abierto forzando a aquéllos a una guerra de sitio en una ciudad que se consideraba autónoma y autárquica gracias al sistema defensivo de los Largos Muros, que, establecido unos años antes, comunicaban el puerto con el centro de la ciudad (ver mapa aquí). Atenas -ya por entonces una ciudad de numerosa y heterogénea población que, décadas antes, Clístenes había tenido que articular en regiones diversas- asiste, pues, al inicio de la guerra y Pericles exhorta a su población a que abandone sus ocupaciones y hogares, deje su vida en el campo y se refugien, todos juntos y sin saber por cuánto tiempo, en la astý, en la parte central de la ciudad, en su centro histórico, para entendernos. Esa es la estrategia inicial de Pericles, que luego se verá alterada, precisamente, por la entrada en escena de la peste, que centró ya un visitadísimo post anterior de este blog a propósito de la crisis del coronavirus. ¡Gracias a todos por seguirlo y compartirlo con tanto entusiasmo!

Nos pareció que el relato que Tucídides, en la Historia de las Guerras del Peloponeso, hace de ese pasaje, en el Libro II de la citada obra, podía valer para la situación actual en la que -acaso por la irresponsabilidad de muchos, pese a las advertencias severas y fundadas de muchos medios de comunicación- se nos pide el sencillo gesto de quedarnos en casa. El mundo clásico vuelve a estar, pues, presente en el mundo de hoy como una escuela de la que poder aprender, máxime ahora que, efectivamente nuestros políticos, seguramente sin ser conscientes de ello, emplean lo mejor de los procedimientos diseñados por la retórica clásica (el visionado de este discurso, que todos los lectores conocen, del Presidente del Gobierno, hace algunas semanas, o de este otro, del líder de la oposición, puede resultar inspirador en este sentido más si se tiene delante la gráfica comparativa que, respecto del primero y de uno histórico de G. Bush ante los tristes acontecimientos del 11-S ha publicado recientemente ABC) para apelar a nuestro sacrificio personal en pro de la victoria contra esta pandemia (compare, si no, el lector, algunos de los tópicos de esos discursos con el, probablemente, mejor discurso político de todos los tiempos, la oración fúnebre de Pericles, dictada poco después de los acontecimientos que aquí se describen). Como hicimos en el post antes citado, dejamos a continuación sólo el texto de Tucídides, sin más comentarios, conscientes de que su validez hará que cualquier buen entendedor, no necesite demasiados comentarios. La comparativa y el carácter pedagógico de la mini-antología que aquí se ofrece vendrá a la mente de cualquier lector crítico (en esta ocasión, seguimos la traducción de la edición de Crítica -Barcelona, 2003-, a cargo del incombustible y reputado helenista Francisco Rodríguez Adrados, casi último testigo todavía vivo de una generación de estudiosos de la Antigüedad que se antoja irrepetible).

[I]. Un pequeño sacrificio para contribuir a una gran causa: quédate en casa.

[13, 2] "Y, sobre la situación presente les hizo las mismas exhortaciones de siempre; que se prepararan para la guerra y metieran dentro (de la ciudad) las cosas que tenían en el campo; pero que no salieran a reñir batalla, sino que guardaran la ciudad, refugiándose en ella (...) y que la mayoría de las victorias se lograban con un plan inteligente y con abundancia de dinero". 

[II]. La retórica del empoderamiento, en situación de emergencia.

[13, 3-6 y 9] "Les exhortó a tener ánimo, ya que cada año entraban en la ciudad, sin contar con los otros ingresos, unos seiscientos talentos del tributo de los aliados, y que en la Acrópolis se guardaban todavía entonces seis mil talentos en plata acuñada (...); y, además o menos de quinientos talentos en oro y plata sin acuñar en ofrendas privadas y públicas, en los utensilios sagrados utilizados en las procesiones y juegos, en despojos de los persas y cosas semejantes (... ) De este modo les animó en cuanto a la parte económica (...) Añadió además Pericles otras cosas que solía decir para convencer al pueblo de que ganarían la guerra".

[III]. La necesidad de obedecer a las autoridades, y la disciplina.

[14, 1 y 2] "Los atenienses al oírle le obedecieron e hicieron entrar del campo a sus hijos y mujeres y los enseres domésticos en general que utilizaban en el campo, e incluso el maderamen de sus propias casas, se llevaron y transportaron a Eubea y las islas cercanas sus ovejas y animales de tiro. Llevaron con dolor la evacuación porque la mayoría de los atenienses había por lo general vivido siempre en el campo".

[IV]. Cambio de hábitos y exigencias de la cuarentena.

[16] "(... los atenienses) llevaron a término la evacuación en unión de toda su familia con dificultad, dado sobre todo que hacía poco que, después de las guerras médicas, habían recobrado sus posesiones, y se entristecían y soportaban mal el abandonar sus casas y sus templo (...) así como estar a punto de cambiar su género de vida".

[V]. Las oportunidades de una situación inédita, casi irreal.

[17, 3 y 4] "(...) Se instalaron también muchos en las torres de las murallas y en donde podía cada cual, pues no estaban juntos en la ciudad, sino que más tarde vivieron en el espacio entre los Muros Largos, repartiéndoselo, y en la mayor parte del Pireo". 

Está claro, con o sin dificultades, pero siempre con recursos, recurriendo al sacrificio individual pensando en el bien general y, sobre todo, con gran fe en nuestras capacidades, lograremos salir de esta prueba que empieza a ser ya demasiado larga. ¡Ánimo y coraje a todos los lectores de Oppida Imperii Romani!

LIBERALITAS FLAVIA



[Inscripción, procedente de Valentia, y reutilizada en la iglesia de Santo Tomás de la ciudad del Turia -CIL II2/14, 13- con alusión a Tito como conueruator Pacis. La foto, magnífica, se la debo a Engracia, del blog Arqueología en mi Jardín y a nuestro buen amigo Daniel]

Siempre he pensado que, aunque, quizás, en Hispania, el interés por la época flavia, se disparó en los años ochenta gracias a la editio princeps de la lex Irnitana, por Julián González (Journal of Roman Studies, 76, 1986), y a los ejemplares trabajos, sobre epigrafía flavia, de Armin Stylow (por ejemplo Gerión, 4, 1986), en el resto de Europa fue la magistral identificación y lectura de la inscripción constructiva, en Roma, del anfiteatro flavio, con litterae aureae, por Géza Alföldy, en los años noventa (AE, 1995, 111b=Zetitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 109, 1995), la que intensificó el interés por un Principado, el de los Flavios, dotado de muchos y diversos atractivos. Lo cierto es que desde mediados de los 90 se han publicado, de forma continúa estudios sobre la política arquitectónica, en Roma, de estos emperadores; análisis interdisciplinares de la lex de imperio Vespasiani (ver más bibliografía en Cahiers Gustav Glotz, 16, 2005); monográficos de revistas consagrados al emperador Domiciano, quizás el más controvertido del periodo; o misceláneas orientadas a, sobre todo desde las fuentes literarias, trazar un panorama de la Roma flavia o de la capacidad de estos emperadores para entroncarse entre la tradición y la innovación. La celebración, entre marzo de 2009 y enero de 2010 de la muestra Divus Vespasianus, en Roma, comisionada por Filippo Coarelli no ha hecho sino intensificar el ritmo de esas publicaciones que han dado lugar a companions exclusivos de actualización dedicados a la época, a concienzudos manuales universitarios o a obras de recopilación con algunos de los temas más sugerentes de un periodo subsiguiente a la primera guerra civil, la del 68-69 d. C., del Principado Romano. La próxima celebración, en junio de este año, de un coloquio sobre The Flavian Empire, en la Maynooth University, en Irlanda, sólo demuestra el extraordinario atractivo del periodo y sus posibilidades investigadoras.

Es cierto que en todos esos trabajos -excelente complemento de los que en España se han dedicado a la extraordinaria transformación de las provincias hispanas en época flavia (ver este antiguo post de nuestro blog)- quizás no se han tenido suficientemente en cuenta las fuentes epigráficas. Existen, de hecho, más de 600 inscripciones en todo el Imperio inequívocamente fechadas en este periodo que pueden, desde luego, aportar mucha información a la política de obras públicas, provincial, territorial, y de imagen, de estos emperadores. No en vano, las propias fuentes antiguas -pensemos, por ejemplo, en Suetonio- dedicaron algunos pasajes a exaltar el esfuerzo de Vespasiano por la restauración de edificios (Suet. Vesp. 16 y 17), la extraordinaria popularidad de Tito, en materia de imagen, en algunas provincias (Suet. Tit. 4) especialmente intensificada tras su muerte -como recuerda Aurelio Víctor (Aur. Vict. Epit. 10, 11)-, la desmesura en el manejo de la imagen por parte de Domiciano (Suet. Dom. 13) y algunos otros tópicos que, siempre, han resultado interesantes y sugerentes y que el estudio de esas fuentes epigráficas puede contribuir a confirmar o a desmentir.

La invitación, el pasado 10 de marzo, a la Universität Zurich (Alte Gescchicte/Historische Seminar), para impartir una charla titulada "Flavian epigraphy: building an imperial identity" -cuya presentación os dejo más abajo, cerrando este post- nos ha permitido ordenar algunas ideas sobre esta cuestión, en la que llevamos trabajando algunos años. Las resumiremos en tres que, además, darán entrada aquí a algunas publicaciones previas, quizás poco conocidas, sobre el periodo, fruto de ese trabajo de varios años conectado -pero también independiente- de nuestra antigua dedicación a la municipalización flavia, la "flabitis", como la llama con cariño nuestro buen amigo Ángel Ventura, de la Universidad de Córdoba, de quien, siempre, tanto aprendemos. 

[1]. Obsesionadas por una gradación moral Vespasiano/Tito us. Domiciano, las fuentes literarias transmiten una imagen ejemplar de los dos primeros en la oportunidad, frugalidad y necesidad -siempre de positivo juicio moral- de su apuesta por las obras públicas pero totalmente desmesurada y egoísta para el segundo. El templum gentis Flauiae o el Coliseo, por ejemplo, se contraponen, en el juicio de los textos, a la atención prestada por Domiciano a su residencia imperial en el Palatino. Las fuentes epigráficas nos ayudan, de hecho, a contextualizar muchas de esas alusiones y a discutir si, efectivamente, en la política romana y en la política provincial, hubo esa apuesta por asentar, antes que por adornar, que Suetonio atribuye a Vespasiano (Suet. Vesp. 8). Tratamos el tema hace algunos años en un trabajo publicado en Classica Boliviana, 10, 2014 en el que cada noticia en las fuentes literarias, sobre obras públicas flavias, es analizada en lo que, de ella, nos transmiten las epigráficas.

[2]. Al igual que sucede en Roma, donde la documentación epigráfica disponible sobre el periodo, demuestra cuáles fueron los grandes proyectos edilicios de estos Principes y, también, lo crucial que resultaron los primeros cuatro años de su gobierno -desde el aduentus de Vespasiano a Roma en junio del 70 a la censura conjunta entre Vespasiano y Tito en el 73-74 d. C.- así como los valores dinásticos de Victoria y Pax (objeto de estudio actual, entre otras cuestiones flavias, en una prometedora tesis por David Gordillo, de la Universidad de Salamanca, dirigida por Manuel Salinas) que el fundador de la dinastía transmitió, en provincias pueden seguirse, muy bien, algunas actitudes de estos emperadores, distintas todas ellas, que muestran sus fijaciones en la política provincial. Así, su preferencia por favorecer la conectividad invirtiendo en materia de infraestructuras, su interés por cooperar con entes de la administración -ejército y gobernadores provinciales- para extender el modo de vida romano en provincias de reciente creación, sus "alardes" cooperando con algunos espacios públicos simbólicos de todo el Imperio, su mayor preferencia -en el caso de Vespasiano y de Tito- por Occidente antes que por Oriente -más atendida por Domiciano-, etcétera. Algunos de esos valores de la edilicia pública flavia los sistematizamos, en su día, en nuestra contribución al 1er Tarraco Biennal (Tarragona, 2013) -para Roma- y en otras, más extensas, alusivas a la política provincial de Vespasiano y de Tito -publicada en una miscelánea alemana de la editorial De Gruyter: Tradition und Erneuerung: Mediale strategien in der zeit der Flavier, Berlín, 2011) y a la de Domiciano -en Dialogues d'Histoire Ancienne, 34-2, 2008, para las provincias y Florentia Iliberritana, 20, 2009, para Roma- a las que remitimos. La eventual conexión entre la popularidad de estos emperadores en provincias y las atenciones prestadas a aquéllas en su política edilicia también la abordamos hace algunos años en una contribución al  monográfico Storie delle Religioni e Archeologia. Discipline a confronto, Roma, 2010

[3]. Es evidente, y las fuentes así lo señalan, que la dinastía flavia tuvo que hacer frente a una situación política inédita -la primera dinastía de proclamación militar del aun joven Principado- y, también, a una bancarrota notable si, realmente, era ése el estado de cosas en que quedaron las arcas imperiales tras la muerte de Nerón. En este sentido, y como se percibe bien en la documentación hispana, se constata, a través de las inscripciones, un notable esfuerzo de estos tres emperadores -en particular de Vespasiano y de Tito pero también, en algunas intervenciones concretas en Oriente, por parte de Domiciano- por "ordenar" la administración en todas aquellas cuestiones en las que Roma pudiera perder recursos bien acercando la administración a esos espacios, bien gravando con nuevos impuestos, bien devolviendo al control de Roma espacios que, antes, habían caído en manos de particulares. África -de la que nos ocupamos en L'Africa Romana 17, 2008 y 18, 2010- y Creta/Cyrene, por ejemplo -que estudiamos en Latomus, 69, 2010- son dos escenarios geográficos -aunque no los únicos- en los que esa preocupación se muestra a las claras con documentos epigráficos concretos que darían razón de ser a esa pecuniae cupiditas que Suetonio censuró como único vicio público achacable a Vespasiano (Suet. Vesp. 16).

Obviamente, hay más temas implicados en esta cuestión que, tentativamente, hemos denominado como Liberalitas Flauia. Algunos, con ejemplos concretos, se glosan en la presentación con que cerramos este post. Otros quedan para otras ocasiones que, seguro, no se harán esperar... Mientras, seguimos escudriñando la información que nos aportan esos 625 tituli de época flavia repartidos de Oriente a Occidente del Imperio Romano. 

EIDOS TÉS NÓSOU




[Cuadro historicista Plague in an ancient city, del pintor flamenco Michiel Sweerts, siglo XVII]

En uno de nuestros primeros posts de este año en Oppida Imperii Romani  hablábamos de la validez, y de la capacidad evocadora, del mundo clásico. Evolucione como evolucione, 2020 es, ya, pese a no haber transcurrido todavía tres meses de él, el año del Covid-19, el año del coronavirus. Hace algunas semanas, y en medio de esta epidemia, el mundo clásico volvió a la palestra, esta vez a partir de su relación con la cultura popular, cuando muchos, en redes sociales, se encargaron de recordar al invencible auriga Coronavirus que Albert Uderzo había imaginado -para algunos, casi profetizado- en Astérix en Italia (2017), un auriga romano al que, junto a su colega Bacillus, los galos se enfrentaban en varios juegos. En ese momento, parecía una coincidencia sugerente, apenas había algunos casos en China y por Italia el virus apenas empezaba a asomarse. Pocos -acaso sólo los científicos del área médica- nos imaginábamos el alcance que esta pandemia iba a tener.

Estos días atrás, nuestro colega y compañero de la escuela zaragozana de Ciencias de la Antigüedad, Alejandro Díaz, de la Universidad de Málaga, mostraba su descontento en redes sociales ante la ansiedad que los medios, acaso, están contribuyendo a crear y recomendaba a todos la lectura del pasaje de Tucídides de Atenas relativo a la terrible peste que Atenas sufrió en el año 430 a. C., coincidente con el segundo año de la guerra del Peloponeso. Ese mismo día, en la utilísima Liverpool Classicist List -fundamental para, suscribiéndose, estar al día de eventos (estos días, de muchas cancelaciones, tristemente) relacionados con el mundo clásico en todo el mundo- el profesor asociado de la Università degli Studi di Milano Marco Ricucci compartía un artículo publicado en Il Corriere della Sera en el que reivindicaba lo que Tucídides, en su relato de aquella epidemia, podía enseñarnos ahora que los gobiernos de toda Europa piden responsabilidad social, e individual, ante esta terrible situación de la que, en cualquier caso, se saldrá.

Como cuando hablan los clásicos, como suele decirse, causa finita -al menos para nosotros- nos limitaremos sólo a transcribir una selección de los pasajes entre el capítulo 47 y el capítulo 55 del libro II de las Historias de Tucídides en que, justo después de la célebre oración fúnebre de Pericles, que tan bien conocen nuestros queridos alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, Tucídides aborda tó eidos tés nósou, "la naturaleza de esta epidemia". Encabezaremos esa antología, que sigue la traducción en castellano de J. J. Torres Esbarranch para la Biblioteca Clásica Gredos -aunque se enlaza, también, al texto griego original en la Perseus Digital Library- con una breve línea en la que destacaremos un aspecto que nos parezca clave de este singular "oráculo" en que, de nuevo, el mundo griego, a través de uno de sus más insignes historiadores, se convierte. Podríamos haberlos ordenado de otro modos pero hemos preferido mantener el orden de los pasajes extractados en el relato completo para no "traicionarlo". Las coincidencias sobrecogen, sin duda, y nos subrayan la lección de humildad que, acaso este maligno virus, ha venido a dar a nuestra civilización occidental (entre las reflexiones leídas estos días en redes sociales, al respecto, recomendamos vivamente ésta).

[I]. Una enfermedad generada fuera de Occidente.

[48, 1] "Apareció por primera vez, según se dice, en Etiopía, la región situada más allá de Egipto, y luego descendió hacia Egipto y Libia y a la mayor parte del territorio del Rey (del Imperio Persa, por tanto)".

[II]. Una epidemia repentina, virulenta y que generó, también, bulos y fake news.

[48, 2] "En la ciudad de Atenas se presentó de repente, y atacó primeramente a la población del Pireo, por lo que circuló el rumor entre sus habitantes de que los peloponesios habían echado veneno en los pozos, dado que todavía no había fuentes en la localidad. Luego llegó a la ciudad alta, y entonces la mortandad fue mucho mayor".

[III]. Una epidemia de la que, entre los atenienses, también abundaban los "expertos" pese a resultar, además, casi nueva, inédita y desconocida y, por ello, más difícil de combatir.

[48, 3] "Sobre esta epidemia, cada persona, tanto si es médico como si es profano, podrá exponer, sin duda, cuál fue, en su opinión, su origen probable así como las causas de tan gran cambio que, a su entender, tuvieron fuerza suficiente para provocar aquel proceso. Yo, por mi parte, describiré cómo se presentaba, y los síntomas con cuya observación, en el caso de que un día sobreviniera de nuevo, se estaría en las mejores condiciones para no errar en el diagnóstico, el saber algo de antemano".

[IV]. Una enfermedad que era terrible para quien ya padeciera otras patologías previas.

[49, 1] "Aquel año, como todo el mundo reconocía, se había visto particularmente libre de enfermedades en lo que a otras dolencias se refiere; pero si alguien había contraído ya alguna, en todos los casos fue a parar a ésta (idéntico sentido en 51, 1)".

[V]. Una enfermedad con un alto porcentaje de mortandad y diferente a otras afecciones semejantes.

[50, 1] "La naturaleza de esta enfermedad fue tal que escapa sin duda a cualquier descripción; atacó a cada persona con más virulencia de la que puede soportar la naturaleza humana, pero sobre todo demostró que era un mal diferente a las afecciones ordinarias (…)".

[VI]. Una enfermedad que tiene, también, una notable exigencia de fortaleza de ánimo y de responsabilidad social.

[51, 4] "Pero lo más terrible de toda la enfermedad era el desánimo que se apoderaba de uno cuando se daba cuenta de que había contraído el mal (porque entregando al punto su espíritu a la desesperación, se abandonaban por completo sin intentar resistir), y también el hecho de que morían como ovejas al contagiarse debido a los cuidados de los unos hacia los otros: esto era sin duda lo que provocaba mayor mortandad".

[VII]. Una enfermedad altamente contagiosa.

[51, 5] "(…) si se visitaban (unos a otros) perecían, sobre todo quienes de algún modo hacían gala de generosidad, pues movidos por su sentido del honor no tenían ningún cuidado de sí mismos entrando en casa de sus amigos cuando, al final, a los mismos familiares, vencidos por la magnitud del mal, ya no les quedaban fuerzas ni para llorar a los que se iban".

Huelgan comentarios, y queda sólo la reflexión y más en el conveniente aislamiento de estos próximos días. Como estamos viendo estos días en la prensa, la peste de Atenas tampoco hizo acepción de personas, y afectó, incluso, al gran Pericles siendo la epidemia un "general" decisivo con el que no se contaba en las terribles guerras del Peloponeso y que, seguro, contribuyó a decantar la victoria del lado espartano. Queda ahora ser fuerte y aprender, una vez más, de lo que el mundo clásico, no por casualidad -¡seguro que no!- nos quiere recordar con este pasaje, que se vuelve tan "actual" después de casi 2.500 años. 

PER PALVDES PERQVE SILVAS



[Dos vistas, una desde el pie del Hermannsdenksmal, cerca de Detmold, arriba, y otra desde la torre del Museum und Park Kalkriese, en la localidad del mismo nombre, de la zona, el Teutoburger Wald, a la que se consagra este post de Oppida Imperii Romani. En las fotografías inferiores dos detalles de los dos espacios en los que aquí nos detenemos como plataformas desde las que profundizar en un acontecimiento clave de la Romanización de Occidente]

Para quien está algo versado en la historia de Roma, el episodio del desastre de Varo en Westfalia, junto al Rhin, en el año 9 d. C., es uno de los capítulos míticos de la Historia de la Roma del Principado, la derrota del general romano Publio Quintilio Varo frente al pueblo germano de los queruscos, en la zona de Teotoburgo, y con los germanos liderados por un tal Arminio. La así llamada batalla del bosque de Teutoburgo, de hecho, sigue apareciendo, ocasionalmente, en la prensa en las píldoras de Historia con que, afortunadamente, algunos diarios nos alivian de la crudeza de la realidad cotidiana como si el periodismo contemporáneo quisiera seguir confiriendo grandeza al episodio que, a tenor del Bracaraugustano Orosio, habría detenido el Imperio de Roma -imparable en el océano- a orillas del río Rhin: imperium, quod in litore Oceani non steterat, in ripa Rheni fluminis staret (Florus 2, 30). 

Contra lo que pudiera parecer por la notable historiografía -y mitología- que el episodio ha vertido (desde el clásico trabajo de MOMMSEN, Th.: Die Örtlilchkeit der Varusschlacht, Berlín, 1885 a los recientes de McNALLY, M.: Teutoburg Forest, AD 9: the destruction of Varus and his legions, Oxford, 2011 o WELL, P. S.: The battle that stopped Rome: Emperor Augustus, Arminius and the slaughter of the legions in the Teutoburg Forest, Nueva York, 2003; ) y por la numerosa atención que recibe hoy el acontecimiento en las páginas de internet dedicadas a la Historia Antigua y a la Historia Militar (por ejemplo la de Livius. Cultuur, geschiedenis en literatuur; la de Smartergerman; o la Ancient History Enciclopedia) lo que las fuentes nos dicen sobre la batalla de Teutoburgo es, realmente, escaso aunque suficiente para abrir especulaciones diversas, todas ellas del máximo interés.

Así, Suetonio apenas transmite la noticia de que Quintilius Varus cum tribus legionibus in Germania periit -"Quintilio Varo pereció en Germania con tres legiones"- sin más detalles, cuando alude al contexto general de los acontecimientos posteriores a la adopción de Tiberio, por Augusto, como su heredero (Suet. Tib. 17). Esta noticia, sin prácticamente más datos la aporta también Tácito en su Germania (Germ. 37, 5) insistiendo, en ella, sobre el pueblo responsable de la derrota, los queruscos (Germ. 36) y espetando en los Annales que dicho desastre resultó una infamia para Roma (Ann. 1, 37, 3) y una manifestación de la superbia de Arminio (Ann. 1, 61). El propio Tácito es responsable, también, de la transmisión del topónimo saltus Teutoburgiensis (Ann. 1, 60) donde, según transmite, debieron quedar sepultados los restos de los soldados del desarmado Varo, a saber tres legiones, otras tantas alas y seis cohortes, como diría Veleyo Patérculo (Vel. Pat. 2, 117) y recordando que el pueblo Germano habría sido uno de los que, en materia militar, y especialmente a partir de este "desastre", más lecciones (saepius admonuere) habría suministrado a Roma (Tac. Germ. 37). Por su parte, el epitomista Floro recordaría el episodio de Arminio y de qué modo su pueblo prefirió enfrentarse a Roma tras haber sido su aliada y descubrir moresque nostros magis quam arma -"que las costumbres (de Roma) eran más crueles que la guerra"- (Florus 2, 30) y anotará algunos datos geográficos interesantes como que la batalla y la emboscada germánica tuvieron lugar per paludes perque siluas, es decir, "en medio del bosque y de los fangos" (Florus 2, 30, donde describe, también, con pormenor, algunas de las afrentas recibidas por los soldados de Varo en el ataque querusco). Probablemente, en ese sentido de la descripción del contexto general de la lucha, sea Casio Dión el que, en griego, aporte más datos sobre el ambiente general de esa batalla, librada el 7 de septiembre del año 9 d. C. Así, este historiador (Cass. Dio 56, 19-22) habla de "territorio hostil", de "las nieblas del bosque" y de "bosque impenetrable" (19), ponderando, además, la talla de los árboles, altísimos, sobre las laderas (20) y recordando de qué modo llegaron a Augusto las noticias del desastre (21), en una anécdota que recogerá más tarde Orosio (6, 22) atribuyendo al joven César la conocida frase Quintili Vare, redde legiones: "Quintilio Varo, devuélveme mis legiones". 

Ya en un reciente post de Oppida Imperii Romani de manera explícita, pero de forma más o menos velada en muchos de los que hemos dedicado a la Germania Superior, hemos hecho notar el primor con que, en Alemania, son puestos en valor, exaltados y reivindicados como parte del pasado histórico, lugares que, quizás, tienen más de escenario romántico que de evidencia arqueológica o que, cuando presentan ésta última, es vaga, incierta o, a los ojos de quienes vivimos en países de intensa huella romana, aparentemente inconsistente. Eso mismo puede decirse, sin paliativos, de dos espacios relacionados con el acontecimiento del que hablábamos en los párrafos anteriores: [1] el monumento a Arminio (Detmold) y [2] el Museo del desastre de Varo (Kalkriese), ambos extraordinariamente recomendables para los amantes de la Historia, del patrimonio y de la Antigüedad.

[1] El monumento a Arminio, Hermannsdenkmal en alemán -con intencional "germanización" del nombre latino Arminius, con el que las fuentes refieren, sin excepción, al germano querusco aliado de Roma y, después, sublevado en el 9 d. C. contra el gobernador provincial Quintilio Varo- es una monumental estatua de cobre que se alza sobre una colina de casi 400 metros de altitud que domina no sólo todo el área del supuesto saltus Teutoburgiensis sino, también, el distrito de Lippe, en el que se ubica. La estatua, de 54 metros de altura fue fabricada en cobre en los años de las derrotas prusianas contra Francia y culminada, por el artista Ernst von Bandel, ya en los años inmediatamente posteriores a la unificación alemana Bismarckiana en 1871 convirtiéndose, desde entonces, en un icono del patriotismo alemán -aun visitadísimo, por cierto- por su decidida invocación -por ejemplo, en la inscripción de la espada que porta Arminio, de 7 metros y hasta 500 kilogramos de peso- a la fuerza y poder de Alemania (stärke Deutschlands macht). Pretende marcar el área de influencia de la tribu germana de los queruscos, que, en un lugar aun por determinar, se enfrentó a Varo, derrotándole, como antes se ha dicho. El monumento es, desde luego, una auténtica lección material de antikenrezeption, como llaman los alemanes a la "recepción de la Antigüedad", a esas ocasiones -muchas en la Historia- en que determinados acontecimientos históricos son tomados como referente con fines estéticos, de prestigio, políticos o ideológicos. El propio formato del monumento, de clara estructura anular, la iconografía del germano, presentado entre la del bárbaro y la dignitas del arte clásico, los tropaia -con hermosas congeries armorum romanas- que rodean la parte baja del monumento, donde se ha instalado un memorial en honor de su promotor y, también, un mirador que permite contemplar parte del bosque de Teutoburgo hacen, desde luego, las delicias de quien se acerca aquí con el ánimo de estar contemplando si no un lugar histórico sí al menos el modo cómo un episodio histórico -la derrota infringida a Roma por los Germanos- es reclamado en procesos históricos y políticos muy posteriores demostrando, como escribió W. Jäeger, el poder evocador de los autores (y acontecimientos) antiguos (sobre la recepción de este episodio, siempre es recomendable lo que escribiera, en relación, en general con el mito de la Germania de Tácito, CANFORA, L.: Ideologías de los estudios clásicos, Madrid, 1991).

[2] El Parque y Museo de Kalkriese -en esta ocasión en el distrito de Osnabrück, unos 100 metros al oeste de Hermannsdenkmal- es un sitio que, aunque caro -la entrada individual cuesta 7,5 €- ofrece un sensacional ejemplo de las posibilidades que, con la adecuada financiación, puede llegar a ofrecer cualquier proyecto arqueológico. En torno al lugar, en proceso de excavación, en que se cree pudo haberse desarrollado la batalla que aquí hemos comentado, se ha instalado no sólo un Museo sino, también, todo un itinerario para contemplar las excavaciones en marcha y, especialmente, un envidiable aulario pedagógico que ofrece, constantemente, a centros escolares y a público infantil y juvenil actividades de divulgación científica de la Arqueología y de dinamización del pasado romano de las que, desde luego, en nuestro país tenemos mucho que aprender. Tras un sensacional vídeo introductorio (disponible aquí) en que se explica de qué modo se está trabajando en la excavación orientada a demostrar que -como apuntó Theodor Mommsen- fue en este lugar que tuvo lugar el desastre de Varo, la exposición arqueológica ofrece un buen repaso a los numerosos militaria que han sido localizados en las excavaciones y que, en muchas ocasiones, son difíciles de ver en museos de la Europa mediterránea así como algunos elementos interactivos que profundizan en la alteridad Romanos-Germanos y en las estrategias y armas empleadas por unos y por otros (prescindiendo de bibliografía especializada, que también la hay -y abundante-, los principales hallazgos que se han producido en la excavación de Kalkriese y los argumentos que aportan para la reducción de este lugar al escenario de la histórica batalla pueden verse aquí). 




En definitiva, se trata de dos sitios en los que tocar la Historia y con los que abrimos una nueva sección de Oppida Imperii Romani que se detendrá en escenarios históricos de la Antigüedad, loca memorabilia

GÜGLINGEN (Alemania)






[Diversos detalles del sensacional Römermuseum de Güglingen, de visita recomendabilísima para los amantes de la Arqueología tanto por el valor histórico de los restos como por la sensacional y  pedagógica puesta en valor de los mismos]

Situación: En el corazón de la Alemania meridional, no lejos de la Römerstrasse del valle del río Neckar -promocionada como ruta turística propia, como la Deutsche Limes Strasse-, a algo menos de 100 kilómetros de la romántica Heidelberg y a menos aun de la monumental Karlsruhe o de la industrial Stuttgart, en el costado oriental del land alemán de Baden-Württemberg se encuentra el recoleto pueblo de Güglingen, típico pueblecito alemán articulado en torno a una calle central y con edificios y construcciones repletas de encanto. Su situación axial en torno a una de las arterias principales de comunicación por autopista de la Alemania actual, la Bundesautobahn 6 -que cruza la Alemania del Sur de lado a lado dirigiéndose hacia el Este- no debe distar mucho de la que éste lugar, articulado en torno a un relieve de tierras loésicas, de medias laderas configurando fértiles valles salpicados de abundantes viñas -que se venden, de hecho, como uno de los atractivos turísticos de la zona-, debió tener en el mundo romano, no lejos de la frontera oriental de la Germania Superior y, por tanto, del limes de Roma por el ámbito renano (para hacerse cargo de la geografía viaria y urbana de esta zona en época imperial, puede verse la sección dedicada a esta provincia en la web Imperium Romanum o este mapa más detallado de la web Altwege in Deutschland así como consultar los que ofrece el trabajo de KEMKES, M.: "Vom Rheim an den Limes und wieder zurück. Die Besetzungsgeschichte Südwestdeutschlands", en Imperium Romanum. Roms Provinzen an Neckar, Rhein und Donau, Stuttgart, 2005, pp. 44-53 un volumen modélico en el que inspirarse para cualquier miscelánea de actualización territorial sobre la presencia romana en un ámbito geográfico concreto). El enclave, como se verá más abajo un uicus rural, formaría parte del territorium de la ciudad de Portus, reducida a la actual Pfzorheim y que, de hecho, sería caput uiae en la zona, como atestigua un miliario (AE, 1995, 1163) recuperado en Friolzheim a comienzos del siglo pasado al servicio de la denominada vía del Neckar (por cierto, que para conocer las principales vías romanas del Imperio resulta fundamental la voz "Liste der Römerstrasen" de la Wikipedia alemana: ¡sencillamente sensacional!).
Acceso: Partiendo, por ejemplo, de Frankfurt, que resulta el aeropuerto de referencia en la zona, no es complicado acceder a Güglingen tomando, siempre, dirección Sur, hacia Karlsruhe y Stuttgart, como más arriba se dijo, siguiendo la A6. En esa vía hay que tomar la salida 34, en dirección a Sinsheim (el trayecto permite incorporarse, desde la propia A-6 al singular Technik Museum Sinsheim) y, después, sin abandonar esa carretera, seguir siempre dirección Güglingen. A llegar al pueblo, se ha de tomar, en el primer cruce, la Marktstrasse hacia la izquierda. Puede, por ejemplo, estacionarse el vehículo en el aparcamiento, de no demasiadas plazas, pero tranquilo, ubicado frente al Hotel/Restaurante, de notable encanto Herzogskelter, muy recomendable. En cualquier caso, también siguiendo la misma calle pero hacia la derecha, a partir de la plaza en la que se ubica la excelente cafetería y restaurante italiano La Piazza -el café es, sencillamente, delicioso, y no excesivamente caro para lo cuidado del servicio- es posible encontrar lugares para el estacionamiento. 
Tipología: Entre las unidades de poblamiento rural romano, ocupan un lugar primordial los uici. Aunque el término uicus -emparentado con el griego oikos-, efectivamente, cuenta con numerosas acepciones en el mundo romano (además de en el enlace anterior puedes encontrar algunas en la versión británica de la Wikipedia) y también en las lenguas romances que han mantenido el término (de hecho, todavía los italianos siguen definiendo como "uicoli" a algunos barrios de sus populosas ciudades) cuando, en Arqueología, lo empleamos para referirnos al poblamiento romano solemos referirnos a enclaves de aspecto aldeano, normalmente ubicados en las periferias de los núcleos cívicos, generalmente de materialidad nada monumental y que, además, suelen coincidir con establecimientos que, acaso, contaron con una ocupación prerromana y que se mantuvieron como núcleos ocupados al surgir en sus proximidades ciuitates, a la mayoría de las cuales, de hecho, incluso sobrevivieron cronológicamente vocacionados como estaban bien a algún tipo de aprovechamiento geoestratégico bien a la explotación de algún recurso especialmente interesante desde el punto de vista económico cuyo trabajo, en muchas ocasiones, había comenzado ya en la Edad del Hierro II y se mantuvo, de hecho, durante la tardoantigüedad y el periodo altomedieval. De difícil confirmación arqueológica -aunque algunos ensayos se hayan hecho (para la bibliografía básica sobre esos ensayos, muy útiles, puede verse un viejo trabajo nuestro en Espacio, Tiempo y Forma. Serie 1. Prehistoria y Arqueología, 4, 2011 así como el volumen de MANGAS, J., y NOVILLO, Mª Á.: El territorio de las ciudades romanas, Madrid, 2008 o, aunque más centrado en las uillae el reciente de NOGUERA, J. M. (ed.): Villae. Vida y producción rural en el Sureste de Hispania, Murcia, 2019, esp. pp. 9-105)- sólo puede confirmarse su existencia material, real, y conferir a un asentamiento rural la naturaleza evidente e indiscutible de uicus a partir de la epigrafía en esas contadas ocasiones en que, efectivamente, los uicani -sus "pobladores", de donde deriva el término "vecino", en castellano- aparecen citados en inscripciones de diverso signo, generalmente dedicatorias (véase CURCHIN, L.: "Vici and pagi in Roman Spain", REA, 87, 1985, pp. 327-343 o el sensacional volumen monográfico de TARPIN, M.: Vici et pagi dans l'Occident Romain, Roma, 2003) como, desde luego, no es el caso del uicus de Güglingen por más que, efectivamente, los restos aquí descubiertos y puestos en valor permitan pensar en un enclave rural tipo uilla o, efectivamente por su extensión, uicus. Para caracterizar los uici, con abundantes noticias en las fuentes debe verse, online, el Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines Daremberg-Saglio (voz "uicus", aquí) y, cuando menos, la síntesis de Nicholas Purcell para el Oxford Classical Dictionary (específicamente para este tipo de uici y su contexto en la zona que nos ocupa, con carácter general -pues falta la actualización de los muchísimos hallazgos acontecidos entre los años 90 y la actualidad- puede verse el sensacional volumen FILTZINGER, Ph., PLANCK, D., y CÄMMERER, B.: Die Römer in Baden-Württemberg, Frankfurt, 1986, pp. 75 y 121). La posición del enclave, en cualquier caso, y, como se dijo, en un importante espacio viario próximo al Neckar permite pensar, también, en su condición, como la de tantos otros enclaves de los territoria rurales de las ciudades romanas, de strassensiedlungen, de "establecimiento de carretera", como los ha definido con acierto K. Körtum en una síntesis sobre el poblamiento romano en la zona cuya consulta recomendamos vivamente más abajo y que tiene, además, la virtud, de ofrecer una categorización conceptual y tipológica de validez casi general. 
Descripción: El Römermuseum de Güglingen es una síntesis del espíritu que homogeneiza a todos los pequeños museos arqueológicos alemanes (los Musées de site archéologique según la nomenclatura de ICOMOS, tan oportunamente extendida en Francia) y que, desde luego, aporta muchísimas ideas a quien tenga por delante el reto de musealizar cualquier yacimiento arqueológico de cualquier época. En primer término, se cuida sobremanera el impacto del edificio sobre el entorno urbanístico circundante (en este caso con una construcción discreta, con abundante cristal y, pese a sus cuatro plantas, perfectamente integrada junto a la evangélica Mauritiuskirche). En segundo lugar, se busca que el museo sirva como introducción al visitante a la región que visita y, también, a la cultura que da sentido al espacio museográfico (en este caso, en realidad, la musealización de los restos del uicus y de una de sus uillae es un pretexto para una verdadera introducción al visitante en la vida cotidiana romana en torno al limes). Y, por último, cada pequeño museo se concibe como un espacio de experiencias en el que, lejos de la acumulación enfermiza de objetos, se busca que el visitante interactúe con los mismos y, sobre todo, descubra la pervivencia del legado romano en nuestro tiempo (en este caso...). A partir de esa premisa, el contenido de las distintas plantas que componen el museo está perfectamente estudiado y, en cada una de ellas, además de los consabidos homenajes a la Arqueología como ciencia y a la historiografía de la investigación en el lugar -que ocupan dos espacios bien destacados de la primera y de la segunda planta- se van aportando materiales relativos a distintos aspectos de la vida rústica en Roma. En la primera planta, donde se ofrecen, además, dos inscripciones (CIL, XIII, 6459 y 6460, ambas de Meimsheim, un pequeño municipio al este de Güglingen), se presentan los fragmentados, pero impactantes, restos escultóricos de una fuente perteneciente a la pars urbana de la uilla rustica en una teatral pero al tiempo sobria reconstrucción. La segunda planta presenta, por su parte, los pórticos de la uilla reconstruidos -como se ve en una de las fotografías que encabezan este post- y, también, algunos de los arrasadísimos restos de los balnea con que contaba una de las uillae de este singular uicus. Precisamente, cruzada la recreación de los pórticos, varias salas absolutamente envolventes acercan al visitante a la vida cotidiana romana con vitrinas en las que se "habla" desde de la producción y comercio de cerámica, al adorno personal, a la escritura, al juego, a la medicina, a la moneda, a la economía doméstica, a la captación y al transporte del agua: ¡una clase de Arqueología absolutamente perfecta! Por último, en la tercera y última planta, tras una introducción, con material iconográfico recuperado en el uicus pero también en otros yacimientos arqueológicos del valle del Neckar, a la religión romana y a las principales divinidades, el visitante accede al que, sin duda, es el punto estrella del Museo, la recreación del extraordinario Mitreo que, con dos fases constructivas, se pudo excavar en el lugar. Puede, incluso, entrarse a él, ataviarse con una corona de laurel y, pisando el pavimento de tierra apisonada que ha sido magistralmente reproducido en las estancias "recreadas" del Römermuseum, depositar una ofrenda frente a los relieves de Attis y los altares que otros cultores dejaron hace 2.000 años. Rigor, contenido, experiencia e interactividad se unen, por tanto, en un pequeño museo "municipal" cargado de atractivo, como se ha dicho y de indiscutible mérito. 
Bibliografía: Más allá de la célebre serie, ya antigua, de HERTLEIN, F.: Die Römer im Württemberg, Stuttgart, 1928-1932, realiza una buena contextualización y recopilación de fuentes sobre la Romanización en esta zona FILTZINGER, Ph.: Die Römer im Baden-Württemberg, Tübingen, 2001 (disponible aquí). Sobre el yacimiento de Güglingen también existen algunas publicaciones recientes que sintetizan lo que de él sabemos, y que, además, están en open access, así KORTÜM, K., y NETH, A.: "Der römische Vicus bei Güglingen. Entdeckungen im Archiv ergänzen die aktuallen Ausgrabungen", Denkmalpflege in Baden-Württemberg, 35-2, 2006, pp. 69-77 (para una panorámica general sobre el lugar en la que se explica su condición de uilla rustica y de uicus) o BRODBECK, A.: "Die römischen Wandmalereifragmente aus dem Mithräum II in Güglingen Kreis Heilbronn. Technologischer Aufbau, Restaurierung, Präsentation", Denkmalpflege in Baden-Württemberg, 35-4, 2006, pp. 213-219 (específicamente para el sensacional Mitreo, también abordado por KORTÜM, K., y NETH, A.: "Mithras im Zabergäu. Die Mithräen von Güglingen", en Imperium Romanum. Roms Provinzen an Neckar, Rhein und Donau, Stuttgart, 2005, pp. 225- 229) publicaciones ambas disponibles gracias al servicio editorial sobre Ciencias de la Antigüedad Propylaeum, de la Universität Heidelberg. También resulta útil -y actualiza los anteriores sirviendo también para complementar las entradas relativas a Germania Superior que ya han ido desfilando por otros lugares de Oppida Imperii Romani- el trabajo de KORTÜM, K.: "Städte und kleinstädtische Siedlungen. Zivile Strukturen im Hinterland des Limes", en Imperium Romanum. Roms Provinzen an Neckar, Rhein und Donau, Stuttgart, 2005, pp. 154-165 -esp. pp. 161-162 (para el índice de esta obra, como se dijo, fundamental para la zona, pincha aquí)- que, además, introduce el término kleinstädtische para referirse a esos parua oppida sobre los que hemos estado trabajando últimamente a tenor de nuestro trabajo en Los Bañales y en Santa Criz de Eslava y sobre los que, el próximo otoño, se celebrará una sugerente reunión científica en Alicante
Recursos en internet: Además de la página web del lugar, de la que puede descargarse, incluso, el atractivo flyer explicativo de mano, el banco de datos del Landesbildungserver de Baden-Württemberg hace casi absolutamente innecesaria la aportación de más recursos a este post una vez que en él aparecen no sólo enlaces a otros enclaves romanos que pueden visitarse en este extenso land alemán sino a recursos y listas de todo tipo que pueden ayudar al viajero a comprender la potencia de la huella de Roma en las tierras de la Germania Superior. El listado puede complementarse con el que, exhaustivo y detalladísimo, ofrece la web de Viator Imperii
Recomendaciones: Desde luego, para el viajero que se acerque hasta Güglingen con intereses arqueológicos, la principal recomendación es que no deje de visitar otros enclaves romanos próximos y accesibles en una ruta de apenas dos días, posible para un fin de semana, todos ya presentes en Oppida Imperii Romani y a cuyas recomendaciones se remite para complementar las que aquí se darán, sólo unas pocas: Lopodunum (Ladenburg), Saalburg (c. Frankfurt) y, algo más lejos Osterburken -hacia el este, ya pegado al limes y controlándolo- o Mogontiacum (Mainz) -hacia el noroeste-. Promocionada como "la cara soleada de Alemania", Baden-Würrtemberg es una región de extraordinario atractivo para el visitante que quiera aproximarse a la locomotora de Europa aunque sólo sea para, como se dijo, visitar Heidelberg, el pedagógicamente superatractivo Stadtmuseum de Karlsruhe o los numerosos atractivos culturales que ofrece la recomendabilísima Frankfurt. Ya en otras entradas de la misma zona se hicieron algunas recomendaciones gastronómicas, centradas en Heidelberg que, acaso, puede ser una asequible plaza desde la que abordar esta ruta (para otras, que se actualizan progresivamente, es fundamental seguir el canal de vídeos Heidelberg4you). Sin embargo, nosotros nos quedaremos hoy con una sencillamente sensacional, en el corazón de Frankfurt aunque, también, suficientemente separada del ajetreo turístico y de negocios de la ciudad del Meno: , un lugar magnífico en el que degustar una de las recetas clásicas de la cocina de esta ciudad alemana, el Schweinsnitzel mit grünen sauce regado por una suerte de sidra ciertamente extraordinaria -el apfelwein- en un ambiente que destila lo mejor de la cultura gastronómica alemana: el Adolf Wagner