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MIHI ET ATILIAE...


[Audiovisual del Centro de Interpretación De Agri Cultura/Paisaje Rural Romano, instalado en Layana (Zaragoza), en la Comarca de las Cinco Villas, extraordinario e inexcusable complemento de la visita a la ciudad romana de Los Bañales. Descarga desde aquí el folleto de este singular espacio interpretativo]

Todos los que seguís este blog sabéis de la debilidad que -desde adolescente- quien lo escribe ha sentido por la aragonesa Comarca de las Cinco Villas y, también, sois testigos de la presencia -no diré que "extraordinaria" pues creo que los hallazgos hablan por sí solos y habría que decir, acaso, que "merecida"- que Los Bañales y otros enclaves arqueológicos de dicho territorio (el Cabezo Ladrero de Sofuentes o Campo Real/Fillera de Sos del Rey Católico) y de su entorno ya actualmente navarro (la, por descubrir, ciuitas de los Iluberitani plinianos en Lumbier, las ruinas de la antigua Cara o el prometedor y desconcertante yacimiento de Santa Criz de Eslava) tienen en este blog. Pues bien, en este post -y algo ya anticipamos en uno antiguo en el que os ofrecíamos, además, acceso íntegro a una charla sobre paisaje rural y agricultura romana (pincha aquí)- quien escribe estas líneas quiere detenerse en un audiovisual que, desde hace casi un mes, da la bienvenida al visitante que se acerca al remodelado e histórico -data del siglo XII- torreón medieval de Layana -el municipio por el que, hoy, se accede a la ciudad romana de Los Bañales- y que, gracias a la iniciativa del Ayuntamiento de dicha localidad, es hoy -y no sin esfuerzos por parte del consistorio local- un singular centro de interpretación sobre el paisaje rural en época romana, llamado, precisamente, así, De Agri Cultura/Paisaje Rural Romano (pincha aquí para ver algunas fotografías de la jornada inaugural, el pasado 28 de Julio).

La ocasión lo merece. Nunca antes había participado en el diseño de contenidos de un centro de interpretación. Lo más próximo había sido formar parte del Comité Científico Asesor del que, sobre la Edad del Hierro, instaló en Las Eretas, a impulso del Ayuntamiento de Berbinzana (Navarra), el investigador navarro, y amigo, Javier Armendáriz. Diseñar los temas a tratar en las cuatro plantas del torreón -incluyendo una más, la azotea, convertida en mesa de interpretación para "recrear" parte del que fuera el territorium -el "término municipal"- el ager -el "espacio productivo"- del municipio de Los Bañales, elegir los materiales arqueológicos que iban a ser expuestos -pocos pero selectos y la mayoría, además, "salvados" de una penosa situación de abandono-, pensar en los decorados y ayudar a su dibujante y creador, el laureado David Guirao -¡sensacional! (por cierto, no os perdáis las recreaciones que, de temática prehistórica, ha hecho no hace mucho para una exposición en el Bajo Aragón turolense: pincha aquí)- en la elaboración de los mismos... , ha sido, efectivamente, una tarea costosa pero extraordinariamente grata y, sobre todo, muy didáctica: ¡he aprendido muchísimo!. Las empresas implicadas en la ejecución, Proyectarte -de la Fundación Uncastillo-, Estudio Novo y Ozone han entendido desde el primer momento que ninguna ilustración, ningún detalle era baladí cuando se quiere ilustrar acertadamente el mundo romano y acercarlo al gran público de modo ameno y riguroso a la vez. Pero, si en algo he disfrutado -y, también hay que confesarlo, he incordiado al ilustrador- ha sido en el audiovisual que preside este post, una producción sensacional de Ozone, con guión nuestro y dibujos del propio David Guirao, responsable -como se ha dicho- de los decorados que ambientan cada sala del espacio interpretativo.

No lo oculto, el audiovisual que hoy compartimos con todos vosotros está inspirado en el que puede verse en la recomendabilísima visita al Museo de las Termas Públicas de Caesar Augusta, en la Zaragoza romana, que siempre nos ha cautivado. Si en él es un magistrado munificente el que escribe a un amigo suyo y, al hilo de la carta -inspirada en Sen. Ep. 86, 4-13- le hace un dibujo de las citadas termas y le habla de su día a día en ellas, en el caso del que aquí os presentamos quien escribe es M. Atilius Maternus, un personaje "casi" documentado por la epigrafía local (sólo nos hemos "inventado" su prenombre: HEp5, 922, de Malpica de Arba) al que hemos hecho propietario de una finca rural en el territorio de la ciudad romana de Los Bañales (algo también documentado pues los Atilii contaron con propiedades a orillas del río Riguel como documenta el sensacional e icónico acotado funerario que levantaron en dicho lugar, y que aun sigue en pie y puede visitarse: pincha aquí), finca en la que vive en compañía de su hermana Atilia Festa, promotora, precisamente, de ese acotado funerario (CIL, II, 2973) que, de hecho, se recrea varias veces en la pieza audiovisual. El destinatario es un totalmente imaginario hermano de ambos, de nombre Quinto, al que hemos supuesto desempeñando algún cargo en la capital provincial, Tarraco (algunos Atilii -RIT, 258 282, entre otros- hay documentado en Tarraco pero no tiene nada que ver con los de Los Bañales, claro está). Este fenómeno -la promoción de un miembro de la elite local de la ciudad romana de Los Bañales a un puesto en la administración provincial- pudo, desde luego, darse, aunque no esté, por el momento, atestiguado. En la carta, además, Marco informa a Quinto no sólo de cómo marchan las cosas en las explotaciones que la familia ha adquirido "al pie de la más alta colina que se yergue sobre el río" (como reza su carta, en alusión a la que se ha documentado en Puyarraso (Uncastillo) cierto que totalmente arrasada pero cuya topografía y cronología, así como su pertenencia a los Sempronios, conocemos bien por la perdida inscripción ERZ, 50: ver sobre el lugar, este artículo que sobre la zona publicamos hace ya algún tiempo: pincha aquí) sino, también, sobre los avatares de una vida municipal -inseparable de los asuntos campesinos una vez que la elite municipal era la que, además, regentaba dichas explotaciones que eran la base de su riqueza- que -para el momento en que se escribe la carta-, y como cuenta Marco, "no vive ya sus mejores días" algo que, como sabrá el lector asiduo a este blog, se está revelando cada vez con más crudeza en la ciudad romana de Los Bañales, que debió vivir una importante crisis urbana a partir del siglo II d. C. Al margen de la trama central, hemos intentado cuidar cada detalle. Así, y como ejemplos, la lucerna que alumbra la mesa desde la que Marco Atilio escribe es réplica de una que exhumó J. Galiay en sus históricas excavaciones en Los Bañales y que se conserva en el Museo de Zaragoza, en el acotado funerario en el que se representa a Atilia Festa honrando la memoria de su padre y de su abuelo -como, de hecho, sucede en la tumba romana de los Atilios de Sádaba- aparece una cupa, un tipo de monumento sepulcral de incineración de cierto arraigo en la zona (lee si no este antiguo artículo nuestro: Polis, 20, 2008), el uilicus -"administrador de fincas"- al que se cita, Gemello, está atestiguado también en una conocida inscripción de la zona (pincha aquí para su ficha) que puede verse, además, en el torreón, y, por no prolongar la lista, en el audiovisual se alude a la dedicación aceitera y vitivinícola, además de triguera, de la zona -para la que hay algunas bases arqueológicas crecientes (mira nuestro trabajo en Zephyrus, 65, 2010, con bibliografía)... En definitiva, que el vídeo intenta transmitir, en apenas tres minutos, un estado de la cuestión de lo que sabemos sobre la presencia romana en el medio rural cincovillés y, en particular, en el entorno de Los Bañales.

Visto el vídeo, ahora sólo te falta acercarte al torreón. Tiene un horario amplísimo -que figura en el folleto del centro, que puedes descargar desde más arriba- y, además, estamos seguros de que te encantará. ¡Qué mejor excusa que pasar por el De Agri Cultura de Layana para acercarte a Los Bañales -a descubrirlos o a redescubrirlos- este otoño! ¡Ah! Y espero vuestras opiniones sobre el audiovisual que con tanta ilusión os presento, finalmente, en este espacio...


CAESARAVGVSTA (Zaragoza) (y II)


[Vídeo del programa "Zaragoza en su Historia", de ZTV, televisión local zaragozana, dedicado a la colonia Caesar Augusta, antecesora de la actual Zaragoza 
y a la que ya dedicamos un post monográfico en otro lugar de este blog]

En Noviembre de 2012, en este mismo Oppida Imperii Romani, ya hicimos, con la ciudad romana de Cabezo Ladrero (Sofuentes, Zaragoza) una excepción que -al margen del caso de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza)- no es habitual en este espacio: dedicarle un segundo post para complementar, con algún nuevo recurso, lo que en su día se dijo sobre ella. Pues bien, resulta extraordinariamente grato volver a hacer una nueva excepción, esta vez, con una ciudad a la que atendimos hace ya bastante tiempo y que -nombrada con el mismo nombre del emperador Octaviano Augusto- fue la capital del distrito jurídico, seguramente, más documentado en este espacio, el conuentus Caesaraugustanus. Nos referimos, claro está, a Caesar Augusta

Y es grato por dos motivos, primero porque esto vuelve a demostrar que, cada vez con mayor frecuencia, la red nos obsequia con recursos audiovisuales extraordinariamente útiles para saber más sobre ciudades romanas. Pero, además, es especialmente agradable hacerlo porque vuelve a ser una televisión local -en este caso la citada ZTV- la que, quizás con un seguimiento de público no acorde a la calidad que atesora gran parte de su programación, vuelve a traer la Historia y, en este caso, además, la Arqueología, a la pequeña pantalla para disfrute de todos. Si en el caso "sofuentino" la excusa fue un breve espacio dedicado al municipio de Sofuentes, en la Comarca de las Cinco Villas, en el programa "Conecta con la provincia" (pincha aquí) en esta ocasión, ha sido un programa -estrenado precisamente ayer- titulado "Zaragoza en su Historia", el que nos ha obsequiado con este sensacional paseo por los restos que hoy pueden verse de la Caesar Augusta romana de la mano del que, sin lugar a dudas, es uno de sus mejores conocedores: Miguel Beltrán Lloris, a la sazón director del Museo Provincial de Zaragoza. El recurso a este espacio, excelentemente conducido por la periodista Teresa Martín, además, nos permite rescatar aquí otro vídeo -también muy recomendable- del programa "Aragoneses" de dicha cadena y que, presentado por Verónica Martínez, hace apenas una semana, entrevistó a Manuel Martín-Bueno, otro de esos grandes maestros de generaciones y generaciones de arqueólogos (pincha aquí). Muy recomendable, éste último, para pulsar cómo está la Arqueología en nuestro país y, en particular, en Aragón de la mano de alguien que, sin duda, conoce ambas realidades a la perfección. Y, por supuesto, inexcusable el primero para quien quiera -en apenas media hora- conocer y "visitar" lo esencial del legado arqueológico de una de las más cautivadoras ciudades de la Hispania Romana: Caesar Augusta.

Ojalá que pronto podamos seguir haciendo "excepciones" de este tipo, señal de que, en los tiempos que corren, los medios de comunicación se sensibilizan con la difusión del patrimonio arqueológico, portador, como es sabido, de robustas señas de identidad. ¡Enhorabuena a ZTV por esta iniciativa y habrá que estar atentos a su Canal de Vídeos en YouTube (pincha aquí) para posteriores entregas de carácter histórico y arqueológico de las que, lógicamente -como tratamos de hacer siempre- os avisaremos! ¡Que disfrutéis de la que preside este post!

RECIPIT POPVLOS LV


[Mapa del conuentus -"distrito jurídico"- dependiente en época romana de la colonia Caesar Augusta (actual Zaragoza) según propuesta de F. Beltrán Lloris: tomado del volumen 
Roma en la Cuenca Media del Ebro: la Romanización en Aragón, que se cita más abajo]

Caesar Augusta, colonia inmunis, amne Hibero adfusa (...) recipit populos LV, escribía Plinio el Viejo en el capítulo vigésimo cuarto del libro tercero de su Naturalis Historia (Plin. Nat. 3, 24) (pincha aquí) refiriéndose a las "cincuenta y cinco ciudades" que eran "acogidas" en el convento jurídico -la reunión de populi, de "ciudades" (véase el trabajo de OZCÁRIZ, P.: Los conventus de la Hispania Citerior, Madrid, 2006 y, con carácter general, su trabajo "Organización administrativa y territorial de las provincias hispanas durante el Alto Imperio", en ANDREU, J., CABRERO, J., y RODÀ, I. (eds.): Hispaniae. Las provincias hispanas en el mundo romano, Tarragona, 2009, pp. 323-338)- de la colonia que hacía las veces de capital, Caesar Augusta, a la que ya dedicamos atención en otro post de este blog. Pero ese distrito, el convento jurídico cesaraugustano (que mereció la atención clásica de un trabajo de SANCHO, L.: El convento jurídico caesaraugustano, Zaragoza, 1981 y sobre el que, no hace mucho, se ha vuelto en una obra imprescindible: BELTRÁN LLORIS, F., MARTÍN-BUENO, M., y PINA, F.: Roma en la Cuenca Media del Ebro: la Romanización en Aragón, Zaragoza, 2000) lejos de ser un convento jurídico más de los varios en que se dividieron las Hispanias (pincha aquí) es, desde luego, un distrito jurídico singular en la organización conventual de la antigua España romana esa organización que -como se dice hoy tantas veces (¡cómo se hubiéramos inventado algo!)- pretendía racionalizar la administración y acercarla al ciudadano.

En primer lugar el convento jurídico cesaraugustano es singular por su extensión, en segundo lugar por su diversidad etnográfica en época prerromana, en tercer lugar por el volumen de ciudades instaladas o promovidas directamente por Roma o por sus generales en época republicana y alto-imperial (Gracchurris, Pompelo, Lepida Celsa o la propia Caesar Augusta) y, -en menor medida- también -en el contexto de Oppida Imperii Romani- por el elevado volumen de posts que se han dedicado a atender a muchas de las ciudades que lista Plinio en el pasaje con el que hemos abierto estas líneas (pincha aquí). Pero, al margen de esas cuatro razones -y de, seguro, otras que podrían aducirse- el conuentus de Caesar Augusta es -casi como la Bética hispana o el Levante pensinular- un espacio privilegiado desde el que escribir la Historia de la presencia romana en la Península y, en particular, desde el que analizar el papel que la ciudad desempeñó en dicha presencia, como espacio de relación entre Roma y los pueblos indígenas -primero en los momentos tempranos de la romanización-, de reorganización y vertebración del territorio -después- y de generalización de la autonomía local -finalmente- de carácter municipal, todo ello en el arco cronológico comprendido entre el 195 a. C. (momento de las primeras campañas romanas en el Norte de la Península y, presumiblemente, también en el Norte del citado distrito: pincha aquí) y el 70 d. C. (momento de la generalización del modelo municipal de Roma gracias a la extensión del derecho latino por Vespasiano, afectando también a la zona: pincha aquí).

Sobre ese tema, precisamente, hemos tenido la fortuna de impartir, en la Facultad de Humanidades de la prestigiosa -¡por méritos propios!: qué calidad humana la de sus docentes y la de sus estudiantes o, al menos, la de aquéllos con los que me he tropezado aquí y allá- Universidad San Pablo CEU de Madrid, una larga conferencia para estudiantes de Historia (pincha aquí) en la que no sólo hemos abordado las fuentes que nos informan sobre ese proceso sino en la que, también, nos hemos detenido en los "usos" que Roma dio a la ciudad tanto en el proceso de conquista y primitiva administración del territorio como tras la extensión del modelo municipalizador a partir de Augusto y, especialmente, con los Flavios. Conscientes de que, además, la investigación en la ciudad romana de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza), es un extraordinario campo de acción para comprender algunas de esas políticas cívicas de Roma a través del apasionante caso de una ciudad que, tal vez, tuvo el estatuto de foederata ("aliada de Roma") en época republicana y alto-imperial -antes de la municipalización flavia- (sobre el tema sigue siendo útil el trabajo de PERÉX, Mª J.: "Tarraca, ciudad federada del convento jurídico cesaraugustano", en De les estructures indígenes a l'organtizació provincial romana de la Hispania Citerior, Barcelona, 1998, pp. 485-488 así como lo que nosotros hemos escrito al respecto en "La ciudad romana de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza) en las fuentes históricas", en La ciudad romana de Los Bañales: entre la Historia, la Arqueología y la Historiografía [CAESARAVGVSTA 82], Zaragoza, 2011, pp. 19-101, esp. pp. 30-34, que puedes ver aquí) y que, sin embargo, pasó más tarde como ciuitas -y como muchas otras de su entorno- serias dificultades de gestión a partir del siglo II d. C., le hemos dedicado a dicho caso una parte importante -la de cierre- de esa charla. Esa atención no es casual, no obedece sólo a que, efectivamente, Los Bañales nos apasionen o llenen muchas de nuestras horas de desvelos investigadores. No, es totalmente intencionada porque -contra las críticas que puedan, a veces, surgir- todo historiador -así lo entendemos- es un poco arqueólogo -o debería serlo y más si trabaja sobre cuestiones relativas a la vida urbana- y, a la vez, todo arqueólogo -que, desde luego, emplea un método singular diferente al método histórico pero claramente relacionado con aquél- no es sino un historiador algo que, sin embargo, parece han olvidado muchos colegas universitarios totalmente abducidos por el peso de las compartimentadas áreas de conocimiento... 

Y bien, siguiendo una praxis que hemos ya puesto en funcionamiento en anteriores posts de este blog, aquí te dejamos el audio íntegro de ese seminario con la esperanza de que te sea útil y de que, además, te sirva para entender cómo, con una adecuada gestión de las fuentes disponibles -las literarias, las epigráficas y, por supuesto, las arqueológicas-, es posible reconstruir, con suficiente exactitud, cómo fue la vida urbana en un territorio -como se ha dicho- muy singular en las Hispanias y cuyas ciudades tan a menudo se "asoman" a este blog. ¡Que disfrutes de ese audio (los materiales de apoyo en PDF, tanto los textos como la presentación están a tu disposición en los enlaces que se indican en el post que, en  el Canal en PodOmatic de Los Bañales, se ha alojado el audio (pincha aquí)! ¡Y que nos lo cuentes! Bajo estas líneas te colocamos el reproductor directo del mismo...


TRITIVM MAGALLVM (Tricio)



[Detalle de uno de los capiteles del antiguo templo del foro de Tritium Magallum, hoy en la ermita de Santa María de Arcos e inscripción del veterano de la legio VII Gemina Didius Marcellus (CIL, II, 2887) reutilizada en la iglesia parroquial de San Miguel, en el centro de Tricio]

Situación: Con apenas cuatrocientos habitantes Tricio es un pequeño municipio de La Rioja -apenas a 25 kilómetros de Logroño pero, también, a una distancia asequible de Burgos, Pamplona o Zaragoza- cuyo nombre -actual y antiguo- se ha hecho un internacional hueco de justicia en la bibliografía sobre Arqueología dado que en su solar -y también en el entorno de los municipios vecinos de Arenzana de Arriba, Arenzana de Abajo y Bezares- se fabricó en época romana una vajilla de mesa de uso cotidiano caracterizada por su barniz rojizo y su ocasional -y siempre hermosa- decoración figurada a la que, por producirse en dicho lugar -por tanto en la antigua Hispania- se ha llamado terra sigillata hispánica (sobre ella es fundamental FERNÁNDEZ GARCÍA, I. (ed.): Terra sigillata hispánica: estado actual de la investigación, Jaén, 1998 y sobre la fabricada en Tricio algunos de los capítulos de FERNÁNDEZ GARCÍA, I., y ROCA, M. (eds.): Terra sigillata hispánica: centros de fabricación y producciones altoimperiales: homenaje a Mª Ángeles Mezquíriz, Jaén/Málaga, 1999 y, para quien tenga interés en la cuestión de la cerámica romana, es fundamental darse una vuelta periódicamente por la web Ex officina Hispana de la Sociedad de Estudios de la Cerámica Antigua en Hispania). Fue, precisamente, la intensa demanda que de dicho producto se registró en todo el Occidente Latino entre la época flavia -el último cuarto del siglo I d. C.- y el siglo IVd. C., la que motivó que la ciudad romana de Tritium Magallum (pincha aquí para la correspondiente ficha del lugar en Pleiades Gazetter) -gracias, también, a sus elites locales- se convirtiera en un lugar riquísimo casi al nivel del prestigio que otros centros alfareros habían tenido años antes, como, por ejemplo, el envidiable de La Graufesenque, en la vecina Galia (no te pierdas la sección "Les potiers et le commerce des vases" de esta web). Ubicado en el valle del río Najerilla y sobre unos terrenos arcillosos que, aun hoy, tiñen de rojo el paisaje -recordando, además, el por qué de la instalación de estas figlinae ("talleres alfareros") en el lugar hace más de dos mil años- la visita a Tricio es recomendable no sólo por las razones que se citarán más abajo -y que constituyen las únicas pero impactantes y muy "románticas" evidencias hoy visibles de su pasado romano- sino, sobre todo, porque se encuentra cerca de enclaves como Logroño, Calahorra, Nájera, San Millán de la Cogolla o el santuario de la Virgen de Valvanera que, desde luego, bien valen una visita y la articulación de una ruta en la que el paisaje, la arqueología, el arte y la gastronomía se entrelazan de una manera casi magistral. Tal vez por eso, Tritium Magallum merecía, desde hace tiempo, un post en Oppida Imperii Romani. Es de justicia, además, hacer notar aquí que quien escribe estas líneas visitó el lugar tras escuchar una charla de un colega de la Universidad de Zaragoza riojano y experto conocedor de la cerámica sigillata y animado por dos estudiantes exbecarios de Los Bañales de esos con los que uno iría a cualquier parte dada su enorme talla humana... A ambos, ¡gracias!
Acceso: Como se ha dicho hasta aquí, Tricio se encuentra muy cerca de Logroño. Por la AP-68 puede accederse al municipio a partir de la salida Navarrete-Fuenmayor y, después de Navarrete, siguiendo siempre dirección Burgos, pronto, aparece el desvío, sobre una rotonda, a la localidad cuyos restos arqueológicos, con ser interesantes, pueden visitarse en apenas unas horas. Sí es importante que, previamente, y tal vez a través de un callejero de la localidad -como el que puede verse en Google Maps- el visitante señale los puntos de interés: la ermita de Santa María de Arcos -a la que se puede ir caminando pero también en coche pues, a las afueras del pueblo, tiene una amplia zona de aparcamiento-, la iglesia parroquial de San Miguel y las vecinas calles Mayor y del Cierzo, puntos que concentran el atractivo epigráfico y arqueológico de este lugar. 
Tipología: Privilegiado solar para un oppidum indígena que fue, además, el taller de la antigua ceca titiakos -uno se explica esa realidad viendo la ubicación aun hoy, del lugar, sobre un elevado cerro y controlando un amplísimo valle (no te pierdas la vista de Tricio desde Santa María de Arcos o de sus defensas naturales desde el Parque de los Alfareros)- y citada primero por Plinio (Nat. 3, 27) entre los populi próximos a los cántabros y a los autrigones y, más tarde, por Ptolomeo (Geog. 2, 6, 54) entre las ciudades de los Berones (la etnia histórica que, grosso modo, se corresponde con la actual La Rioja, véase VILLACAMPA, Mª A.: Los berones según las fuentes escritas, Zaragoza, 1980, aun imprescindible y en cuyas pp. 50-56 se listan todas las fuentes antiguas sobre la ciudad, recogidas también, nuevamente, en HERNÁNDEZ GUERRA, L.: "Tritium Magallum", en ROLDÁN, J. M. (dir.): Diccionario Akal de la Antigüedad Hispana, Madrid, 2006, p. 931, ¡aunque Plinio no dice que sea un municipio de derecho latino en su lacónica mención a Tritium, que se ha ignorado en parte de la bibliografía!) Tritium Magallum estaba colocada, conforme a la información facilitada por el Itinerario de Antonino (It. Ant. 394, 1), entre las mansiones de Vareia (Logroño) y Libia (Herramélluri), en la conocida y transitadísima vía de Italia in Hispania, una vía que, antes de llegar a Tricio pasaba por históricos centros urbanos que, además -y como ya se ha dicho- bien merecen una "arqueovisita": Cascantum, Gracchurris o Calagurris, correspondientes a las actuales localidades de Cascante, Alfaro y Calahorra algunas con post específico en este blog -otras, desde luego, no deberán tardar mucho en tenerlo y, mientras tanto, os facilitamos otros enlaces con información recomendable sobre ellas-. Tritium debió ser ciudad de estatuto jurídico peregrino hasta época flavia (Plinio la cita sólo como ciuitas), momento en que -como gran parte de las comunidades de su entorno- debió convertirse en municipio de derecho latino no en vano en algunas inscripciones posteriores a ese momento se atestigua la expresión res (publica) Tritiensium (CIL, II, 2892), propia ya del ordenamiento jurídico municipal. Como se explica en algunos de los títulos que se citan más abajo, esa promoción estatutaria coincidió, además, con el momento de despegue económico del centro urbano como espacio productor de terra sigillata. 
Descripción: Del insigne, sin duda -y como se ha visto-, pasado romano de Tricio, tres son los elementos que hoy se conservan y que el visitante no ha de perderse, elementos los tres que justifican, desde luego, la visita al lugar. A saber: su conjunto epigráfico -especialmente presente en la iglesia de San Miguel y en las calles Mayor y del Cierzo- (para todo el generoso catálogo epigráfico Tritiense puede consultarse la página correspondiente en Hispania Epigraphica OnLine y, también, leer el antiguo y clásico trabajo de BARAIBAR, F.: "Lápidas romanas de Tricio", Boletín de la Real Academia de la Historia, 50, 1907, pp. 256-70, accesible desde aquí que, aunque desfasado respecto de la localización de algunas piezas, da muestra del potencial y atractivo del lugar, actualizando el catálogo con ESPINOSA, U.: Epigrafía Romana de La Rioja, Logroño, 1986, nºs 26, 23 y 22 -en el orden que se citarán más adelante-, pp. 41-58), los restos del antiguo templo del foro municipal reutilizados en la Ermita de Santa María de Arcos, a las afueras del pueblo cruzando la carretera de Logroño (la ermita no abre todos los días sino bajo petición con un par de días de antelación: se recomienda llamar al Ayuntamiento de Tricio y preguntar por las guías que, a un precio de 2 € por persona, la enseñan con notable solvencia) y, si el visitante es muy aficionado a la Arqueología, lo que queda -que no es prácticamente nada (ya lo explicaremos más abajo)- del taller alfarero romano excavado en el paraje de "El Quemao" (pincha aquí para más información y lee el trabajo de SÁENZ, Mª P.: "Avance sobre la excavación del centro alfarero de "El Quemao" (Tricio, La Rioja)", Salduie, 1, 2000, pp. 295-302, accesible desde aquí) ubicado cerca del actual Parque de los Alfareros. Vayamos, pues, por partes. Tres, como se ha dicho, son las inscripciones, como decíamos más arriba, que pueden verse reutilizadas en diversos lugares de la localidad: el epitafio de Atilius Maternus y Atilius Capito (CIL, II, 2894) ubicado casi al final de la Calle Mayor en su confluencia con la Calle del Cierzo sobre una fragmentada estela de la que sólo se conserva su cabecera triangular y la parte superior del campo epigráfico, la tumba de Val(eria) Kara, hija del veterano de la legio VII Gemina G(aius) Val(erius) Firmanus (CIL, II, 2888), que se conserva en la Calle del Cierzo reutilizada sobre un muro y bajo la cabecera, con decoración figurada, de una estela funeraria fragmentada, y, muy especialmente -por eso la imagen del mismo preside este post-, el hermosísimo -sólo por él vale la pena acercarse a Tricio- homenaje funerario del soldado de esa misma legio VII Gemina Didius Marcellus (CIL, II, 2887) que el visitante descubrirá reutilizado en la pared de la capilla primera de la nave lateral derecha de la hermosa iglesia parroquial de San Miguel, en el centro del pueblo (sobre esa presencia de veteranos de esa legión en el marco del floreciente municipio Tritiense en época altoimperial romana -prueba de las posibilidades económicas y sociales que el lugar ofrecía- puede -y debe- consultarse PALAO, J. J.: "Los veterani de la legio VII Gemina: un ejemplo de integración", Hispania Antiqua, 22, 1998, pp. 175-202 y, antes, NAVARO, M.: "Una guarnición de la legio VII Gemina en Tritium Magallum", Caesaraugusta, 66-67, 1989-1990, pp. 217-225). Si impresionantes y hermosísimas son estas inscripciones -especialmente la primera y la última- ciertamente totalmente deslumbrantes -podría decirse que no hay palabras para describirlos: hay que verlos (y la foto que aparece en el encabezamiento de este post no les hace justicia)- son los restos del antiguo templo romano con que contó el municipio flavio y que pueden verse reutilizados en la ermita de Santa María de Arcos que guarda, además, un mosaico polícromo romano, restos de una antigua necrópolis (desde el siglo III hasta el siglo XIV: véase CANCELA, Mª L.: "Santa Mª de Arcos Tricio (La Rioja): campañas 1984-1986", Boletín Museo de Zaragoza, 5, 1986, pp. 289-296, al menos, aunque hay publicaciones suyas de las intervenciones en los años noventa: pincha aquí) y otras dos  hermosas inscripciones romanas, un epitafio paleocristiano con la hermosa fórmula -al menos para los creyentes- in Christo bene uale in pace (ERRioja, 38) -al fondo, en el lado derecho de la nave, antes del presbiterio- y -entrando en la ermita, a la derecha- el fragmentado epitafio dedicado por [---] Reburrus y Boutia, hija y esposa, a un difunto de nombre perdido (ERRioja, 37). Efectivamente, las notables dimensiones de los fustes de las columnas -al parecer, las mayores de la Hispania romana- y el porte de los capiteles corintios que coronan algunas de ellas nos hablan del esplendor del foro de la antigua ciudad romana de Tritium Magallum que debió monumentalizarse notablemente a comienzos del siglo II d. C. justo en el periodo de florecimiento de las producciones de sigillata hispánica que se fabricaban en sus talleres alfareros y, también, justo después de la adquisición de la condición de municipio flavio por parte de la ciudad (puedes leer sobre ello en nuestro trabajo ANDREU, J.: "Incidencia de la municipalización flavia en el conuentus Caesaraugustanus", Salduie, 3, 2003, pp. 163-187, esp. p. 173, disponible aquí). Además, y como decíamos más arriba, si el lector de este blog es aficionado de verdad a la Arqueología Clásica disfrutará como un niño dando un paseo por las parcelas contiguas al denominado Parque de los Alfareros (singular pervivencia en la toponimia...) y, en particular, por las que están al otro lado de la carretera de Logroño conforme se viene desde el pueblo -por ejemplo, desde la Calle del Cierzo- por la Calle de la Salera y comprobando cómo, efectivamente, los fragmentos de terra sigillata hispánica forman parte, casi prácticamente, del paisaje local sembrándolo -literalmente- todo. En fin, Tritium Magallum es una visita con reclamos suficientes como para volverse totalmente inexcusable si pasas cerca del lugar. Aun así, si tras leer este post no te has decidido aun a visitar Tritium Magallum, descarga esta simpática y evocadora presentación que circula por la red y que, tal vez, acabe por convencerte: pincha aquí.
Bibliografía: Para los aspectos históricos de la ciudad, su origen indígena y su conversión en municipio en época flavia resultan fundamentales los trabajos de ESPINOSA, U., y PÉREZ RODRÍGUEZ, M.: "Tritium Magallum, de ciudad peregrina a municipio romano", Archivo Español de Arqueología, 55, 1982, pp. 65-88 (sin duda la mejor aproximación, hasta la fecha, a la historia del municipio -accede al PDF de este trabajo desde aquí- junto con el capítulo cuarto del trabajo de ESPINOSA, U.: "Tritium Magallum y el sueldo de los gramáticos en la Antigüedad", Contextos Educativos. Revista de Educación, 1, 1998, pp. 115-124, esp. pp. 122-123, disponible aquí) y de ESPINOSA, U.: "Riqueza mobiliaria y promoción política: los Mamilii de Trititium Magallum", Gerión, 6, 1988, pp. 263-272 (descarga el artículo desde aquí). La cuestión alfarera -consustancial a Tricio- ha sido tratada por numerosos autores -entre ellos dos, inexcusables, a los que se alude más abajo, en el apartado de "Recursos en internet"- pero pueden destacarse los trabajos de GARABITO, T., y SOLOVERA, E.: "Los talleres de Tritium Magallum: nuevas aportaciones", Hispania Antiqua, 14, 1990, pp. 69-90 además de varios caspítulos de los trabajos que se citaron más arriba a propósito de las producciones de sigillata hispánica (muy sugerentes son, entre las producciones Tritienses, unas que, con retratos decorativos de Principes de la dinastía flavia, parece se hicieron para conmemorar la recepción del estatuto municipal flavio y el advenimiento de la nueva dinastía precisamente en el último cuarto del siglo I d. C. y que han estudiado con extraordinaria solvencia Macarena Bustamante -sobre todo en BUSTAMANTE, M.: "Cerámica y poder. El papel de la terra sigillata en la política romana", Anales de Arqueología Cordobesa, 19, 2008, pp. 185-202 y en "Representaciones imperiales en pequeño formato: el caso de la terra sigillata hispánica hallada en Emerita Augusta", Bulletino di Archeologia OnLine, Volume Speciale, 2010, pp. 42-47, disponible aquí- y Mª Pilar Saenz Preciado -en su artículo "Retratos de la familia Flavia como motivos decorativos en la terra sigillata hispánica", Annals de l'Institut d'Estudis Gironins, 36, 1996-1997, pp. 549-563 -descárgalo desde aquí-, dos investigadoras que hay, necesariamente, que tener en cuenta. Sobre ese uso de la imagen dinástica en las producciones de sigillata hispánica y a propósito de un fragmento recuperado en las excavaciones de Los Bañales y cuya fotografía encabezó un viejo post de este blog -pincha aquí- debes consultar también la bibliografía que se ofrece en ANDREU, J.: "Motivos decorativos monetales sobre dos fragmentos de sigillata hispánica procedentes de la ciudad romana de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza)", Saguntum, 43, 2011, pp. 167-175, accesible completo aquí. Volviendo a Tritium Magallum y a su entorno puede ser útil la consulta del trabajo de CASTELLANOS, S.: "Consideraciones en torno al poblamiento rural del actual territorio riojano durante la Antigüedad Tardía", en DE LA IGLESIA, J. I. (ed.): VII Semana de Estudios Medievales (Nájera, 1996), Nájera, 1997, pp. 331-342 (disponible aquí) que, además, da algunas claves para entender la transformación de la ciudad durante la Antigüedad Tardía.
Recursos en internet: Además de la página Tricio On Line -que incluye un interesante espacio de "Cosas que ver", cierto que no muy orientado hacia el mundo romano excepción hecha de la ermita de Santa María de Arcos- de todo lo que, sobre Tritium Magallum, puede leerse en internet, sin lugar a dudas la página que, consagrada a los centros alfareros en la Antigüedad, y a la terra sigillata hispánica, se presenta con el nombre de la ciudad es, desde luego, la más recomendable (pincha aquí) no en vano está creada y gestionada por los dos investigadores que mejor conocen el entorno y que han tenido la oportunidad de excavar en algunos de sus antiguos alfares, Carlos Saenz y Pilar Saenz (entiéndase los enlaces a sus correspondientes perfiles en dialnet como recurso desde el que obtener artículos completos no sólo sobre las producciones de la zona sino sobre los centros alfareros excavados en el entorno de la actual Tricio: "Los Pozos" y "El Quemao" y sobre la sigillata hispánica en general). La página del Valle del Najerilla cuenta con una bien documentada sección sobre la romanización de la zona que incluye atención monográfica al pasado romano de Tricio (pincha aquí) como también puede obtenerse información, muy breve -pero la página parece sugerente, especialmente para su uso pedagógico- en la web Vivir en la Historia. Aunque no sin algunas inexactitudes, Tritium Magallum también cuenta con su correspondiente voz en la inexcusable Wikipedia
Recomendaciones: Tierra de vinos -aunque quien firma este blog prefiere, por razones obvias y que supondrá fácilmente quien sea observador, los caldos navarros: pincha aquí- La Rioja, por su posición en el Valle Medio del Ebro, es un espacio privilegiado -como lo son también Navarra y Aragón- para la Arqueología Clásica. Por eso, la visita a la antigua Tritium Magallum puede ser un extraordinario complemento a una jornada arqueológica en la que, por ejemplo, el visitante se centre -como punto d epartida- en la antigua Calagurris Iulia Nassica, la actual Calahorra (si estás por la zona no dejes de estar al tanto de los sugerentes eventos que organiza, incansablemente, la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra, cuyo órgano editorial, la revista Kalakorikos, es también de referencia: a ese respecto no debes perderte el libro AMIGOS DE LA HISTORIA DE CALAHORRA (eds.): Así era la vida en una ciudad romana: Calagurris Iulia, Calahorra, 2002, disponible en PDF aquí), pase allí la mañana y por la tarde complete su paseo arqueológico acercándose a Tricio, o a la inversa. En Calahorra, se puede desayunar en El Tostadero/Coffee Shop, en pleno Paseo del Mercadal (justo frente a la réplica de la inscripción de Iulius Longinus Doles: CIL, II, 2984, precisamente hallada en la zona del circo) -el espacio urbanístico resultado de la antigua presencia del circo romano Calagurritano-, comer en el restaurante La Taberna de la Cuarta Esquina, en la C/Cuatro Esquinas -algo caro pero que ofrece una excelente selección y muestrario de la gastronomía riojana- y alojarse en el Parador de Turismo de nombre, además, tipicamente calagurritano: Marco Fabio Quintiliano, el célebre retor que triunfó en Roma y vió la luz en esta ciudad hacia el 35 a. C. También Logroño ofrece opciones gastronómicas altamente recomendables bien en la popular zona de Calle del Laurel o en el área universitaria donde las hamburguesas, platos combinados y pinchos del London Café -justo frente al rectorado de la Universidad de La Rioja- no desmerecen en absoluto. Pero, al margen de Calahorra y de las otras ciudades romanas -de recuerdo sertoriano, como se dijo, muchas de ellas- que fueron citadas al comienzo de este post, muy cerquita de Logroño, apenas a media hora en coche, es visita obligada la Villa Romana de Arellano, ya en Navarra -pero muy accesible por la denominada Autovía del Camino que enlaza Pamplona y Logroño-: un ejemplo de recuperación, puesta en valor y adecuada promoción de un yacimiento arqueológico romano.


LOS BAÑALES: ROMA EN LAS CINCO VILLAS


[Cubierta del cuaderno pedagógico para escolares y familias Los Bañales: Roma en las Cinco Villas, editado por ADEFO Cinco Villas y la Fundación Uncastillo en el marco del Programa Leader y con el objetivo de promover la Cultura Romana y la Arqueología Clásica entre los escolares de Primaria y sus familias. Para acceder al PDF íntegro del cuadernillo pincha aquí]

Ya hace algún tiempo que, a propósito de un sugerente blog sobre Epigrafía (pincha aquí) presentamos a los lectores de Oppida Imperii Romani a Fabia, una simpática niña romana que, en la muy recomendable publicación La ciudad romana de Los Bañales presentada por Fabia (Tudela 2012), guía a los niños por los rincones de ese yacimiento arqueológico tan presente en este blog: Los Bañales de Uncastillo (la publicación en cuestión puedes adquirirla online a través de la taberna de Los Bañales y, presencialmente, en cualquiera de los eventos que se organizan en el yacimiento, uno de ellos, además, durante este mes de Marzo en el Museo Aquagraria de Ejea de los Caballeros: pincha aquí). Pues bien, no hace mucho -durante las pasadas Navidades- surgió la oportunidad de elaborar un cuaderno didáctico -la ciencia, y también la Arqueología, deben acabar, necesariamente, en pedagogía- en el que no sólo apareciera Fabia -nombre que está inspirado en el M. Fabius Nouus del recinto consagrado a la Victoria Augusta que se descubrió al final de la pasada campaña de excavación en la ciudad romana (pincha aquí): Fabia sería la imaginaria hija de ese miembro de la elite local de Los Bañales- sino también un arqueólogo -al que hemos bautizado Teo- que, en compañía de aquélla, explicase a los escolares qué es la Arqueología y cómo podemos ir descubriendo la huella romana en el apasionante -históricamente- e igualmente hermoso e inigualable entorno de la Comarca de las Cinco Villas de Aragón (ni que decir tiene que Teo, dibujo de Marta Guijarro de Luna, está diseñado pensando en alguien: y no daremos más pistas...).

El resultado de unir a Fabia y a Teo es un simpático cuadernillo de poco más de quince páginas (puedes descargarlo desde el enlace que aparece más arriba, al pie de la imagen que encabeza este post: ayúdanos, además, a difundirlo) que incluye, además, un extracto central que explica a los escolares cómo se forma y se recupera el registro arqueológico, material que servirá de apoyo a los Talleres de Arqueología para Escolares que, desde hace año y medio, venimos desarrollando en Los Bañales con notable éxito y pensados, especialmente, para escolares de 5º de Primaria a 1º de ESO. En sus páginas el lector podrá descubrir sobre qué vestigios se concreta la huella romana en las Cinco Villas, cuál fue el itinerario cronológico y temporal de la presencia de Roma en el Norte de Aragón, cómo era una ciudad romana -a partir del ejemplo de Los Bañales- y, también, cómo se organizaba su territorio rural dependiente todo ello con mapas, pasatiempos, ejercicios de repaso que, ojalá, sirvan para que muchos jóvenes escolares -y, también, sus familias- se apasionen por el mundo romano... No es una publicación científica, desde luego, pero no todo es ciencia -y, a la vez, también la educación lo es, más que eso, ¡es un arte!- y, además, o formamos en el respeto -en la pasión, diría yo- por el patrimonio a nuestros escolares o, sencillamente, estamos perdiendo el tiempo... Por eso, no podíamos dejar de referirnos a esa publicación en este blog... y permitir desde uno de sus posts el acceso a la misma, un trabajo del que, desde luego, quien firma estas líneas, también se siente orgulloso... ¡Esperamos tus comentarios y que nos cuentes qué uso le has dado a Los Bañales: Roma en las Cinco Villas!




ALBARRACÍN/CELLA (Teruel)






















[Estela funeraria de Ofilia Fusca, reutilizada en la construcción de la torre de la Catedral de Albarracín (CIL, II, 3171), uno de los spiramina de ventilación y constructivo en la zona de la Cañada de Monterde, y tramo de la canalización en el área del Barranco de los Burros]

Situación: La combinación de los topónimos Albarracín y Cella, dos localidades turolenses del extraordinario paraje de la -merecidamente- muy turística Sierra de Albarracín (pincha aquí para algunas sugerencias), evoca a quien está minimamente versado en la Arqueología Clásica peninsular una de las obras romanas más impresionantes -y, es cierto, tal vez de las menos conocidas, también a nivel científico- que puedan verse en el solar de la antigua Tarraconense: el sensacional acueducto romano de Albarracín/Gea/Cella que cuenta, además, ahora, con un muy recomendable -más que eso, imprescindible- Centro de Visitantes (ubicado en Gea de Albarracín, al pie de la carretera que se dirige a la citada Sierra) que lo hace, desde luego, más inteligible y que, además, supone un primer paso para una puesta en valor que, ojalá, en algún momento, pueda hacerse completa no sólo porque el monumento lo merece sino también porque las posibilidades turísticas que derivarían de su adecuada gestión y explotación serían, sin duda, muy notables. Dado que Albarracín vale, al menos, un paseo y, si hay tiempo, una visita detenida, y que, además, como se dirá más abajo, la capital provincial, Teruel, está a menos de 40 kilómetros, no hay excusa para -si te acercas por la zona- dejar de lado una visita generosa (que puede llevar una mañana completa) y detenida a este singularísima y -como hemos dicho más arriba- tremendamente impactante construcción a la que dedicamos un post en Oppida Imperii Romani porque, como veremos más abajo (véase "Tipología") parece formaba parte de la obra de abastecimiento de agua a una ciudad romana de la que poco sabemos pero que, a juzgar por la envergadura de su sistema hidráulico, debió ser ciertamente importante en la zona. Esta ciudad, en un momento de su historia, decidió incorporar este elemento monumental a su configuración urbanística, no en vano un acueducto era uno de los más claros e indiscutibles signos de romanidad (echa un vistazo, sino, a una conocida viñeta de Astérix, recogida en la voz "acueducto" de este sugerente Diccionario de Astérix).
Acceso: Los principales tramos visibles -y tal vez también los más impactantes- del acueducto de Albarracín/Gea/Cella son accesibles, fundamentalmente, desde Gea de Albarracín y, en concreto, desde el Centro de Visitantes al que arriba nos referimos. Éste sorprende al viajero al pie de la carretera N-234 que enlaza Teruel con Albarracín, justo a la entrada de la localidad de Gea, a la izquierda en sentido Albarracín y lo hace con un diseño arquitectónico que parece querer imitar el aspecto de parte de la obra del acueducto; un Centro del que, además, se ofrece también información en la web del Ayuntamiento de Gea (pincha aquí). Tras la recomendabilísima visita a ese Centro de Visitantes -la entrada sólo cuesta 1 €- el viajero puede acceder, siguiendo las indicaciones que se encuentran casi siempre a pie de carretera, a, cuando menos, cuatro tramos del acueducto de los ocho que son visitables (pincha sobre los tramos que incorporan hipervínculo para ver fotografías de los mismos en Google/Imágenes y hacerte cargo de la monumentalidad y atractivo del lugar): la Galería de los Espejos -ya llegando a Albarracín, al pie de la citada vía, a la derecha-, el Azud de Gea de Albarracín, el Barranco de los Burros y la Cañada de Monterde, accesibles todos, además, a través de un sendero perfectamente acondicionado (toda la información sobre ese sendero que se ha creado en torno al trazado del acueducto puede descargarse desde la web de Turismo de la Comarca de Teruel: pincha aquí aunque, insistimos, compensa concertar la visita guiada que se hace desde el Centro de Visitantes instalado en Gea de Albarracín: llamar al 620.863078 o consultar los datos en la web del mismo: pincha aquí). En el citado Centro de Visitantes de Gea se facilita, además, esa información adaptada al interés y a la disponibilidad de tiempo de cada cual y, sobre todo, se proyecta un audiovisual sobre el agua en el mundo romano -que, es cierto, tendría que haber hecho más hincapié en la intensa huella que esta cuestión ha dejado, arqueológicamente, en el Ebro Medio- de notable interés y, además, se ofrecen recreaciones, paneles y maquetas muy esclarecedoras sobre el modo cómo los ingenieros y obreros romanos trabajaron en la construcción de esta obra, manifestación clara, una vez más, de la capacidad de Roma de transformar el paisaje realizando, en este caso, un auténtico "trasvase" de cuenca desde el río Guadalaviar -pues la toma de aguas (caput aquae) del acueducto parece estar en dicho cauce, pese a que aun existe polémica al respecto- al valle del Jiloca -y, por tanto, al del Ebro- en Cella, lugar de destino del citado conjunto.
Tipología: En un ámbito tan extraordinariamente privilegiado en materia de hidráulica romana como es el Valle del Ebro (véase panorama general en el reciente trabajo de MARTÍN-BUENO, M., y MAGALLÓN, A.: "Los romanos y el agua en el Valle Medio del Ebro (España)", en L'eau: usages, risques et representations dans le Sud-Ouest de la Gaule et le Nord de la péninsule Ibérique, de la fin de l'âge du Fer à l'Antiquité tardive (IIe s. a. C.-VIe s. p. C.), Burdeos, 2012, pp. 255-276, en pp. 269-270 alude a "Un acueducto de notables dimensiones: el acueducto de Albarracín-Gea-Cella (Teruel)", título también ya imprescindible como lo son también algunos capítulos de ILLAREGUI, E. (coord.): Arqueología del agua, Herrera de Pisuerga, 2009) existen, y han desfilado por este blog, ciudades de las que conocemos completamente su sistema hidráulico (como Andelo, en Mendigorría, Navarra, o Los Bañales, en Uncastillo, Zaragoza, ambas de visita inexcusable para los amantes de la tecnología antigua), otras de las que se conocen gran cantidad de aspectos de su horizonte monumental pero para las que, sin embargo, la cuestión de su abastecimiento de agua nos sigue siendo esquiva o no ha sido, todavía, estudiada (Labitolosa en La Puebla de Castro, Huesca o Celsa, en Velilla de Ebro, Zaragoza) y, finalmente, existen también singulares casos como el que nos ofrece el acueducto de Albarracín/Gea/Cella en los que es el propio acueducto, el sistema hidráulico conservado, el que nos permite especular con la existencia de una ciudad que fue el destino de dicha obra y de la que, sin embargo, poco se sabe arqueológicamente aunque sí existen algunas publicaciones, de comienzos de los años noventa (ver listado aquí), que podrían certificar -como también lo hace la propia planta de la parte central del casco urbano de Cella- que en dicho lugar hubo una ciuitas romana (el Centro de Visitantes del acueducto ofrece réplicas y fotografías de algunos de los materiales recuperados en dichos sondeos) cuyo nombre todavía se ignora (también de Cella proceden, hoy en el Museo de Teruel, dos hermosas inscripciones funerarias, en concreto ERTe10 y 11) pero con la que es plausible conectar esta magna obra. Curiosamente, Hispania Epigraphica OnLine, haciéndose eco de NAVARRO, M.: La Epigrafía Romana de Teruel, Teruel, 1994, pp. 50-51, lista las inscripciones romanas procedentes de la vecina localidad de Albarracín -conservadas dos de ellas empotradas en la parte baja de la torre de la Catedral- como atribuibles a la ciudad romana de Vrbiaca, citada como parada de viajeros (mansio) en el Itinerario de Antonino (It. Ant. 447, 5), al servicio de la vía XXXI de dicha ruta, entre Laminium (Alhambra, Ciudad Real) y Caesaraugusta (Zaragoza), que algunos autores (véase más adelante el trabajo de M. Navarro y Mª Á. Magallón) hacen pasar por la Sierra de Albarracín. Esa Vrbiaca puede ser el oppidum Hispanum Vrbicua ("la ciudad hispana de Vrbicua"), que cita Livio (Liv. 30, 16, 9). De esas inscripciones procedentes de Albarracín -y que fueran ya vistas por el viajero portugués Juan Bautista Labaña, en el siglo XVII- es especialmente sugerente -y debe visitarse- la que, sobre una tabula ansata (justo a la izquierda de la estela que encabeza este post y a la derecha de un hermoso relieve con representación de una patera y un urceus libatorios) alude a un Annius tal vez adscrito a la Quirina tribus (AE, 2002, 803) y que podría alimentar la posibilidad de la presencia en la zona de un municipio de promoción flavia contemporáneo, por tanto, al momento de esplendor del acueducto -el siglo I d. C.- que, al fin y a la postre, sería, a día de hoy -prácticamente, y junto a estas inscripciones- la única evidencia -al menos visitable- del antiguo esplendor de ese centro urbano hispanorromano (sobre esas piezas debe verse, naturalmente, NAVARRO, M.: La Epigrafía Romana de Teruel, Teruel, 1994, pp. 88-89, nº 4 y BELTRÁN LLORIS, F.: "La epigrafía de Teruel. A propósito de un nuevo corpus provincial", AESpA, 69, 1996, pp. 295-306, p. 301). El asunto del poblamiento romano en la zona fue muy bien sintetizado por NAVARRO, M. y MAGALLÓN, Mª Á: "La Sierra de Albarracín (Teruel) en época romana", Tabona: revista de Prehistoria y de Arqueología, 8-2, 1992-1993, pp. 507-516 y, antes -y se le cita profusamente en los trabajos de M. Navarro- por COLLADO, O.: Introducción al poblamiento de época ibérica en el Noroeste de la Sierra de Albarracín, Teruel, 1990 (igualmente, las páginas que, en La Epigrafía Romana de Teruel, ya antes citada, dedica M. Navarro a la cuestión de Albarracín/Vrbiaca son básicas y de consulta inexcusable: pp. 49-51).
Descripción: Todos los acueductos parten del mismo principio técnico, el del traslado del agua desde una cota de toma, siempre más alta, hacia una de destino, en cota siempre más baja funcionando, por tanto, a partir del principio de la gravedad (para hacerse cargo de los sistemas constructivos y de los principios teóricos que los sustentaron sigue siendo fundamental consultar ADAM, J. P.: La construcción romana: materiales y técnicas, León, 2002, pp. 261-270 y, con carácter general, GONZÁLEZ TASCÓN, I.: "La ingenería civil romana", en Artifex: ingeniería romana en España, Madrid, 2002, pp. 33-176). Sin embargo, por más que conozcamos ejemplos de acueductos romanos, todos tienen algo singular, en unos lo fundamental son los grandes canales excavados en roca (riui o specus) que trasladaban el agua, en otros lo más reseñable es el sistema de arcadas (arquationes) con el que salvaban desniveles en pronunciados valles y en otros -tal vez los menos- lo esencial son los grandes paredones (substructiones) sobre los que se hacía circular la conducción (este vídeo de YouTube te ayudará a entender algunas de estas soluciones a propósito de los ejemplos de Roma, además de, por ejemplo, el reciente inventario que, para los casos hispanos, ha firmado BLÁZQUEZ, J. Mª.: "Los acueductos romanos en Hispania", en LAGÓSTENA, L., CAÑIZAR, J. L., y PONS, L. (eds.): Aquam perducendam curauit. Captación, uso y administración del agua en las ciudades de la Bética y el Occidente Romano, Cádiz, 2010, pp. 95-127, volumen también ya inexcusable). Pero -como ya se ha anticipado anteriormente- el atractivo fundamental del acueducto de Albarracín/Gea/Cella tal vez sea el de permitirnos -y ello se subraya muy bien en el Centro de Visitantes de Gea de Albarracín y en las publicaciones que se citan en la "Bibliografía" que acompaña a este post- entender diversas técnicas no siempre bien documentadas en Hispania así como el papel desempeñado por los diversos artesanos implicados en el proceso constructivo de una obra de estas dimensiones y, asimismo, el de ayudarnos a comprender cómo la construcción de spiramina de ventilación -esos "ventanales" que pueden verse, por ejemplo, en el tramo visitable del Barranco de los Burros- y de putei o "pozos" para la perforación de galerías (dos de esas "técnicas" a las que aludíamos) tenían una doble función, por un lado la eminentemente constructiva -facilitar el trabajo simultáneo de varias cuadrillas de artesanos (fossarii o fabri, con carácter general) y poder expulsar la piedra caliza que se iba excavando- y, también, por otro, la de uso permitiendo, a posteriori, accesos para ventilación y mantenimiento de estas complejas obras. Este último sistema es especialmente visible en el caso que nos ocupa en la zona de la Cañada de Monterde donde, además, algunos aliviaderos laterales permiten suponer no sólo el intento de liberar de presión al caudal del sistema -que se ha estimado en 300 litros por segundo- en ocasiones de exceso de agua de éste (de exceso de libramentum, como suele decirse en la expresión técnica apropiada, ver para todos esos conceptos: MORENO, I.: "Libratio aquarum. El arte romano de suministrar las aguas", en Aquaria. Agua, territorio y paisaje en Aragón, Zaragoza, 2007, pp. 125-143, accesible aquí) sino, también, una utilización complementaria de la obra a efectos de riego agrícola (por cierto que, sobre regadío en época romana en las Hispanias, acaba de publicarse un trabajo de BELTRÁN LLORIS, F., y WILLI, A.: "El regadío en la Hispania romana: estado de la cuestión", Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 21, 2011, pp. 9-56 -pincha aquí: el volumen, además, es un monográfico sobre La conducción de agua en el mundo romano- que vale la pena consultar, y no sólo porque Anna Willi sea becaria habitual de Los Bañales.... En este trabajo, en cualquier caso -p. 30- se excluye, siguiendo la opinión de A. Almagro, al que pronto citaremos, la función urbana para esta "prominente" construcción, como se la denomina) sin descartar que -como explica un trabajo de I. Moreno que se citará a continuación- parte de esos aliviaderos -o mejor llamados "registros"- sirvieran para liberar agua sobrante en momentos -sobre todo al discurrir el acueducto en túnel- en que un exceso de agua podía generar problemas al sistema para el que se analizaron todos los inconvenientes posibles que, lógicamente, fueron evitados o minimizados. Recorrer los diversos tramos del acueducto -al menos en el Barranco de los Burros y en la Cañada de Monterde pero, también, en la zona final del trazado, en las Eras de Cella, ya cerca de su destino- es, sencillamente, y como se ha dicho, "tocar la Historia": ver en detalle las marcas de los picos de los canteros -uno de estos instrumentos fue recuperado en los años noventa y trasladado al Museo de Teruel (una réplica puede verse en el Centro de Visitantes de Gea de Albarracín)-, seguir el ritmo de los orificios para la colocación de las lucernas para el alumbrado en los cuniculi ("galerías") más profundos, evocar las condiciones de trabajo en que debieron operar aquéllos artesanos... son algunas de las ventajas de visitar este acueducto... ¿no te decides aun a hacerlo? (en ese caso, aun hay margen para el asombro: los "Recursos en internet" con que el acueducto cuenta y, por supuesto, la extraordinaria calidad de las publicaciones que sobre él se han realizado en los últimos años, algunas de ellas, además, disponibles en red: lee el apartado "Bibliografía", seguidamente).
Bibliografía: Al margen de la que se ha citado -como referencia contextual y de carácter general- hasta aquí CASTELLANO, E.: "Un acueducto romano en la provincia de Teruel (Albarracín-Gea-Cella)", Teruel, 66, 1981, pp. 155-170 (revista del Instituto de Estudios Turolenses en la que tantos yacimientos arqueológicos de la provincia se han dado a conocer como vimos, por ejemplo, a propósito del sensacional conjunto de La Iglesuela del Cid otro inexcusable lugar de la Arqueología Clásica turolense), ALMAGRO, A.: "El acueducto de Albarracín a Cella (Teruel)", en MERCHÁN, F. (ed.): Artifex. Ingeniería Romana en España, Madrid, 2002, pp. 212-240 (puedes descargarlo directamente desde la sección "Bibliografía" de este enlace: aquí), y EZQUERRA, B.: "Acueducto romano de Albarracín-Gea-Cella. Abastecimiento de agua a la antigua ciudad de Cella (Teruel)", en Fragmentos de Historia. 100 años de Arqueología en Teruel, Teruel, 2007, pp. 219-223 (parte del contenido de este trabajo puede verse online en un pdf ofrecido por la Colección "Territorio" del Departamento de Política Territorial del Gobierno de Aragónaquí) son los tres principales estudios monográficos que han visto la luz sobre esta obra en relación a la cuál hay también un sugerente e igualmente esencial trabajo en la imprescindible web TRAIANVS, firmado por I. Moreno (pincha aquí) y de lectura necesaria, además de amena. Aunque I. Moreno y A. Almagro y B. Ezquerra difieren respecto de la toma de agua y de los usos -I. Moreno traslada el caput aquae del río Guadalaviar a unas fuentes ubicadas en Albarracín, de las que aun hoy se abastecería de agua la hermosa localidad turolense y, además, subraya (creemos que con acierto) la función urbana y de agua de boca para la obra, y apuntada, con datos arqueológicos, por B. Ezquerra- resulta muy sugerente la lectura de los tres trabajos máxime cuando están accesibes online. Por tanto, el lector de este post que quiera aprender sobre ingeniería hidráulica romana debe, desde luego, cotejar con atención ambos trabajos -¡excelentes!- y que, además, son muestra del bien que puede hacer a las Ciencias de la Antigüedad el diálogo constructivo entre ingenieros, arqueólogos e historiadores. Precisamente, el trabajo de I. Moreno y el de A. Almagro -pero también el de B. Ezquerra y otros de los que, a modo de inventario sobre la hidráulica romana en el Valle del Ebro, se han citado aquí- recogen muchos datos técnicos y métricos sobre la obra que son, sencillamente, apabullantes y que añaden, aun si cabe, más interés al conjunto: 25 kilómetros de recorrido, una capacidad de libramentum de agua de hasta 300 litros por segundo, túneles y galerías para albergar el specus excavadas, en ocasiones, hasta a 60 metros de profundidad, y tramos en roca de unas dimensiones medias de 1,70/2,20 metros de altura y hasta 0,8/1,25 metros de anchura...
Recursos en internet: El caso del acueducto de Albarracín/Cella resulta, cuando menos, curioso. No es el clásico acueducto que haya generado decenas de estudios científicos y, sin embargo, son múltiples las posibilidades documentales que la red ofrece para disponer de más información sobre él haciéndolo, además, en todo tipo de soportes y, en todos los casos, con datos de altísima calidad (todo ello prueba del innegable atractivo de este monumento). Desde luego, la información ofrecida por la web del Museo de Teruel (que recoge, además, toda la bibliografía básica) y un antiguo trabajo de A. Almagro en la inexcusable web Traianus (pincha aquí) deben citarse en primer lugar. Con voz propia en la Wikipedia (también en el breve inventario que ésta hace de acueductos hispanorromanos) -y, por supuesto, en la Xilocapedia, la enciclopedia cultural del valle del Jiloca- una singular galería de imágenes del acueducto puede verse en la Web del Patrimonio Romano en Aragón, siempre de consulta obligada, y una ficha básica del mismo en el blog de cultura grecolatina El Vellocino de Oro. Por su parte, el reciente proyecto de la Web del Patrimonio Hidráulico Romano en el Valle del Ebro (que en otros posts de este blog hemos referido como imprescindible) permite, a través del empleo de la moderna tecnología del Scanner 3D, realizar una visita y recorrido virtual por el acueducto ciertamente espectacular además de que presenta -basta pinchar en la pestaña "La roca como elemento arquitectónico: el acueducto de Albarracín-Gea-Cella"- toda la información métrica y topográfica del lugar que, prácticamente, con semejantes recursos, puedes "llevarte a casa". No faltan tampoco vídeos -como éste de YouTube- que reproducen, en cierto modo, las sensaciones que se despiertan en quien visita esta obra que, sin duda, es una de las más espectaculares de la Península Ibérica, un rincón en el que puede, de verdad, "tocarse la Historia". Por cierto, que para su explotación pedagógica -y sin ánimo de exhaustividad- en la red hay varios enlaces recomendables sobre acueductos e ingeniería hidráulica romana: por ejemplo los recursos que ofrece el CNICE del MEC para habituar a los escolares a la terminología básica en la materia, o la modesta síntesis que ofrece el dominio Acueductos Antiguos.
Recomendaciones: Quien escribe estas líneas se acercó al acueducto de Albarracín/Cella con motivo de una estancia, por motivos profesionales, en la UNED de Teruel que tanto servicio a nivel de desarrollo cultural y de extensión universitaria ha venido prestando -y aun presta- a las frías tierras de esta -a veces olvidada- capital provincial del sur de Aragón. Es por ello que las recomendaciones que se incorporan a esta sección de este post serán esencialmente "turolenses" no en vano Teruel puede ser una buena atalaya desde la que -como se sugirió no hace mucho en este mismo Oppida Imperii Romani- visitar no sólo el lugar del que aquí hablamos sino, también, el sugerente enclave de La Caridad, en Caminreal (las recomendaciones que se hicieron a propósito de esa ciudad celtibérico-romana valen también aquí dada la cercanía entre ambos lugares). Ciudad manejable, tranquila, grata y con encanto (pincha aquí para conocer todas las posibilidades que ofrece) -y que, además, últimamente se pone de moda cada mes de Febrero por las multitudinarias representaciones de las bodas de Isabel de Segura- Teruel ofrece una gran variedad de alojamientos de muy diversa gama que van desde el Parador de Turismo -algo descentralizado respecto de los atractivos turísticos de la ciudad- hasta funcionales y más asequibles -y extraordinariamente céntricos- hoteles con más o menos encanto como el Hotel El Mudayyan, junto a la hermosa iglesia y torre de El Salvador, o el Hotel Torico Plaza, de la siempre acertada cadena Sercotel, asomado a uno de los extremos de la conocida plaza del Torico, corazón del Teruel actual. Ciudad en la que la buena mesa es, también, tradición, no faltan restaurantes que recomendar para no perder la tradición propia de este blog. Quien escribe estas líneas citará el omnipresente Rokelín -ideal para comer de raciones, probar el jamón o almorzar a media mañana un café con un bocatín del extraordinario Jamón de Teruel: algo que resulta también muy grato hacer en la zona llamada del Óvalo, y, en concreto en el Bar Tapas y Copas-, el Restaurante Rufino -de cocina más moderna pero menú asequible, junto a la estación de autobuses, muy cerca, por tanto, del centro (el risotto de gambas es, sin duda, la mejor elección)- y, ya en la salida hacia Zaragoza, cerca del área universitaria, el Restaurante Delicias -también con menú asequible y comida muy bien preparada-. Pero, lógicamente, además de visitar Teruel, acercarse al acueducto de Albarracín/Cella es la mejor oportunidad para perderse por Albarracín -un pueblo que se ha convertido en una referencia en patrimonio y gestión del patrimonio gracias al trabajo de la Fundación Santa María de Albarracín- y para visitar, también, la célebre fuente de Cella, rodeada de misteriosas leyendas (pincha aquí). Por cierto, como el Centro de Visitantes del acueducto que nos ocupa está en Gea de Albarracín, no hay que perderse, en esa localidad, el delicioso chocolate con churros que se sirve en el Bar El Soguero, a pie de carretera, apenas 300 metros más allá del citado espacio de acogida e interpretación.