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DE QVADRATARIO TITVLORVM (y II)



Una de las etiquetas que nos parecen más útiles de Oppida Imperii Romani, es Epigraphica que compilas las entradas en las que se recogen materiales y herramientas que interesarán a quienes trabajan con el legado escrito, epigráfico, de la, a su vez, más epigráfica de las civilizaciones clásicas, la romana. Entre los posts que componen esa sección hay uno, de febrero de 2014, que lleva por título "De quadratario titulorum" y en el que explicábamos en detalle  y con bastantes recursos hipervinculados en red cuál era "el proceso material de una inscripción latina", por emplear la misma expresión con la que, en 2009, dábamos título a uno de los capítulos de nuestro Fundamentos de Epigrafía Latina (Madrid, 2009). En él, además, se incorporaba un álbum de fotos alojado en el Flickr de Oppida Imperii Romani -al que puedes acceder pinchando sobre la fotografía que figura bajo este párrafo- y que titulado "Un quadratarius en el siglo XXI: el proceso material de una inscripción romana" ilustraba cómo era el trabajo de un scriptor titulorum en el mundo romano. Las imágenes del mismo fueron tomadas mientras Chema Laborda -maestro cantero de Biota (Zaragoza)- trabajaba en las réplicas del singular conjunto epigráfico de Labitolosa (La Puebla de Castro, Huesca), financiadas por la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón. El espíritu de ese trabajo fue el mismo que, apenas dos años antes, había llevado al propio Chema a realizar réplicas de los conjuntos de M. Fabius Nouus y Porcia Fauentina y de Pompeia Paulla en el lateral occidental del foro de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza) tres conjuntos epigráficos sin duda extraordinariamente singulares (para ellos véase Archivo Español de Arqueología, 68, 1995 además de Espacio, Tiempo y Forma. Serie 2. Historia Antigua, 25, 2012 y Archivo Español de Arqueología, 87, 2014 además de una reciente valoración de conjunto de los dos últimos, aquí). 

Un "quadratarius" en el siglo XXI: el proceso material de una inscripción romana

Aquel post estaba motivado, además, por la emisión, por aquéllas fechas, de un vídeo elaborado bajo mi dirección por el servicio de medios audiovisuales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia donde, junto a otros que obran en el Canal de Vídeos de Los Bañales (como éste), se reconstruía el proceso artesanal de fabricación de una inscripción romana en el marco del replicado de los tituli del foro de Los Bañales (pincha aquí). 

Transcurridos ya tres años de aquél post, el pasado mes de diciembre de 2016 fuimos invitados por Manuel Ramírez, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y autor del imprescindible blog E-Pigraphia, a -con clara vocación de transferencia social- dictar un seminario en Las Palmas expresamente centrado en la cuestión. La charla -que llevó por título "De quadratario titulorum: el proceso material de una inscripción romana" y cuyo material está disponible también, para descarga, en nuestro perfil de Slide Share- fue íntegramente grabada y en estos últimos días de marzo de 2017 ha sido difundida ya por el canal de vídeos de la Biblioteca de esa Universidad y, además, formó parte de un Proyecto de Innovación Educativa (CPEIE 2015-15) titulado "Taller de Epigrafía experimental: tituli heic ordinantur et sculpuntur" financiado por el Vicerrectorado de Organización Académica y Profesorado de la Universidad de Las Palmas. Para complementar aquélla entrada de 2014 y seguir alimentando la curiosidad de quienes disfrutan con las lapidariae litterae este nuevo post de Oppida Imperii Romani comparte con todos el vídeo íntegro de esa charla como un recurso, un instrumento más, que añadir a los que periódicamente, os vamos regalando. ¡Ojalá os resulte útil! Lo tenéis coronando este post y, también, aquí

E-PIGRAPHIA (y II)



Ya hace algún tiempo -¡casi cuatro años!- pusimos el título "E-Pigraphia" a un post de Oppida Imperii Romani. En él recomendábamos seguir el blog que, con el mismo título, gestiona desde hace varios años Manuel Ramírez Sánchez, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Pues bien, hoy, volvemos a poner ese título a un post de este espacio tomándolo del que llevó la jornada que se celebró el pasado día 7 de Abril en la UNED de Tudela"E-pigraphia, Fotogrametría, Nuevas Tecnologías y Epigrafía Latina" y que siguieron con interés, presencialmente y en streaming, centenares de personas. Su celebración, con el apoyo de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, tenía un pretexto claro: la inauguración y "puesta de largo" de la sección epigráfica del Museo Virtual de Los Bañales que, accesible tanto desde el portal Sketchfab como desde la propia homepage del proyecto, ofrece acceso en 3D a una veintena de las inscripciones del vastísimo -y creciente- catálogo de tituli recuperados desde el siglo XIX hasta hoy en la ciudad romana en que estamos excavando desde hace ya ocho años y, también, en su entorno inmediato. Juzga tú mismo si vale la pena visitarlo a partir de este ejemplo:




Para quienes trabajamos con cuestiones que, en el marco temporal de la Antigüedad, por su perfil institucional, demandan el constante recurso a la documentación epigráfica, no hay prácticamente día en que no realicemos alguna búsqueda en los motores de búsqueda de inscripciones en red a los que nos hemos acostumbrado desde los años noventa del siglo pasado: el Epigraphische Datenbank de Heidelberg, el Clauss-Slaby de Frankfurt o el Hispania Epigraphica OnLine de Madrid. Y, durante estos años, ya nos parecía que disponer de ese caudal documental a tan sólo un golpe de ratón y, en algunos de esos buscadores, con abundante información complementaria, era ya el futuro hecho presente. Nos equivocábamos, sin duda. En apenas unos pocos años, el concurso de la fotogrametría 3D -que ha simplificado tanto el proceso de documentación tridimensional de material arqueológico, antes coto casi exclusivo de los escaneres láser- ha hecho que la red se llene -aunque es mucho lo que queda por hacer- de información tridimensional, geométrica y perfectamente móvil, de inscripciones latinas con las posibilidades hermeneuticas, investigadoras y de difusión que ese hecho presenta. Y, precisamente, en el caso hispano, Manuel Ramírez ha tenido mucho que ver en ello digitalizando, gracias al apoyo de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, primero un buen número de inscripciones del Museo Arqueológico Nacional de Madrid -sobre ellas, pero sin 3Ds, no te olvides de este viejo post de Oppida Imperii Romani- y, más recientemente, otro generoso repertorio de las del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y volcando ambas en un proyecto webEpigraphia3D, que no debe faltar en tus favoritos. 

Precisamente, la puesta en marcha -con la excelente colaboración del experto en documentación virtual del patrimonio Pablo Serrano Basterra- de un proyecto de digitalización de material arqueológico en general y de inscripciones en particular, procedentes de la ciudad romana de Los Bañales y nuestro propósito de difundir las posibilidades del proyecto desembocaron en la jornada que antes comentábamos y que contó con las siguientes ponencias, que siguieran a un animado acto inaugural (pincha aquí) y que puedes ver ahora, desde este mismo post -cuyo objetivo es compartir ese contenido-, gracias a la plataforma digital INTECCA de Centros Asociados de la UNED

[1] "Del texto al monumento: Epigrafía en tiempo digital", por Joaquín Gómez-Pantoja Fernández-Salguero (Universidad de Alcalá de Henares). Un repaso detallado y minucioso no sólo a la reconversión del viejo proyecto de Theodor Mommsen, el Corpus Inscriptionum Latinarum, en un proyecto en red que permita el fácil acceso a la información y, sobre todo, la inmediata actualización del impresionante caudal de documentación que nos aportan las inscripciones antiguas sino, también, a las posibilidades de futuro de algunos de los más potentes motores de búsqueda de inscripciones, ahora agrupados en el consorcio EAGLE

[2] "El proyecto Epigraphia 3D", por Manuel Ramírez Sánchez (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria). Una presentación completísima de los entresijos tecnológicos y, también, de sostenibilidad y financiación, de un proyecto ejemplar de digitalización y volcado hacia la sociedad -con fines pedagógicos y de fomento de las vocaciones científicas- de dos de los mejores lapidarios del país, en Madrid y Mérida, a los que más arriba se aludió. 

[3] "El proyecto Museo Virtual de Los Bañales", por Javier Andreu Pintado (Universidad de Navarra), Pablo Serrano Basterra (Pablo Serrano Patrimonio Virtual) y Egizia-Maria Felice (University of Oxford). Una breve presentación que responde a por qué se ha hecho -en el marco de un proyecto como el de Los Bañales con tanta presencia, a través de Facebook, en las redes sociales-, cómo se ha hecho -y cómo va a seguir incrementándose su, hasta el momento, limitado catálogo- y con qué objetivos investigadores y de puesta en valor, el Museo Virtual de Los Bañales, cuya primera fase ha sido posible gracias a la Fundación Caja Navarra y a la Obra Social La Caixa.

Tras ver estos vídeos -o tras participar presencialmente, en estas jornadas- está claro que el futuro ya es presente, también en el modo cómo vamos a aproximarnos, con nuevos soportes, a textos escritos sobre piedra hace dos milenios... 




POPVLVS COPIOSISSIMVS STATVARVM



[Sobre estas líneas, The Exedra, acuarela (1871) del pintor británico Sir Lawrence Alma-Tadema con varios tituli sepulchrales pompeyanos]

Hace ya algunos meses, quien escribe este blog recibió la invitación del Prof. Dr. D. Julián González, Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla, para participar en una nueva edición de los talleres de actualización -en este caso sobre Epigrafía Latina- que, desde hace varios años, viene organizando puntualmente la Delegación de Sevilla/Huelva de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. En esta ocasión, el reto era el de, en una serie de charlas (pincha aquí para ver el programa completo) ofrecer un acercamiento introductorio al papel jugado por las inscripciones, por los textos epigráficos, en la sociedad romana. ¡Una invitación, sin duda, irresistible y que, por tanto, era necesario aceptar y de la que, dada la notable presencia de la Epigrafía Latina en este blog (pincha aquí), nos parecía había que dejar constancia con un breve post por si el contenido de la citada charla podía ser de interés para alguno de los lectores de Oppida Imperii Romani! (por cierto, en estos días han empezado a difundirse por la red la web holandesa Saxa Loquuntur, un site en internet gestionado desde la University of Gröningen por el Prof. O. Van Nijf que cualquier amante de la Antigüedad Clásica en general y de la Epigrafía Griega y Latina en particular debe frecuentar pues ofrece, incluso, un sencillo tutorial para la lectura de inscripciones antiguas, especialmente griegas -pincha aquí- además de acceso al CIL Open Access y a un buen número de recursos online muy recomendables, y, también, se ha empezado a dar a conocer la imprescindible página Epigraphia3D, del Prof. Manuel Ramírez Sánchez, de la Universidad de Las Palmas, sencillamente cautivadora). 

Populus copiosissimus statuarum, así definía Cassiodoro (Cass. Quest. Var. 7, 13) la sociedad romana aludiendo al recurrente recurso de Roma a honrar con estatuas a sus ciudadanos distinguidos, un recurso que, incluso, como apuntaba Plinio el Joven, sabemos que llevaba a determinados hombres a la treta de que, si ellos mismos no recibían esos honores, eran ellos quienes los dedicaban a terceros (Plin. Epist. 1. 17) y de ese modo garantizaban su presencia en el espacio público aunque fuera homenajeando a otros. Esa humanissima ambitio de la que se hacía eco Plinio el Viejo (Nat. 34, 17) -y que nos servía hace algunos meses para encabezar nuestro post de valoración del ya imprescindible The Oxford Handbook of Roman Epigraphy (Oxford, 2014) (pincha aquí)- fue dando forma, sobre todo a partir de Augusto (ALFÖLDY, G.: "Augustus und die Inschriften. Tradition und innovation. Die Geburt der imperialen Epigraphik", Gymnasium, 98/1, 1994, pp. 289-324) al hábito de grabar inscripciones, a eso que se ha denominado el "hábito epigráfico" un concepto que expresa de modo muy gráfico el recurso de Roma al lenguaje inscrito sobre soporte duro (MAC MULLEN, R.: "The Epigraphic Habit in the Roman Empire", American Journal of Philology, 103-3, 1982, pp. 233-246, además de la valoración que de él hace F. Beltrán Lloris en su contribución -pp. 131-148, con toda la bibliografía necesaria- al manual Oxoniense: pincha aquí).

Ese singular hábito epigráfico -ya de raigambre claramente griega pero que, en realidad, tuvo su eclosión a partir del mundo romano- en el momento en que consumó la generación de un singular modo de comunicación -global en cierto modo pero con manifestaciones concretas de carácter local: la "cultura epigráfica" (ver, por ejemplo, COOLEY, A.: "Epigraphic culture in the Roman World", en The Cambridge Manual in Roman Epigraphy, Cambridge, 2012, pp. 117-326 aunque, en castellano, es célebre el vídeo que la Cervantes Virtual difundió sobre el tema a partir de una etrevista a Géza Alföldy: pincha aquí)- fue empleado, precisamente, cómo fórmula estándar para que los poderes públicos transmitieran información (eso es, de hecho, un monumentum, algo hecho para advertir algo -monere- a quien lo contemplaba) y para que los individuos particulares se mostrasen a la sociedad como les interesaba ser percibidos (a eso llamamos "auto-representación") generando, además, sobre todo en el medio urbano, un particular "paisaje epigráfico" cuyo análisis, desde luego, se ha puesto de moda en la investigación en los últimos años (muy válido es el trabajo de IGLESIAS GIL, J. M. y RUIZ, A. (eds.): Paisajes Epigráficos del Occidente Romano: monumentos, contextos, topografías, Roma, 2013), paisaje éste que fue configurando un espacio público repleto de textos para leer (esclarecedores son, a este respecto, los trabajos de M. Corbier, en particular CORBIER, M.: "L'écriture dans l'espace public romain", en L'Urbs: espace urbaine et histoire (Ie siècle av. J.-C.-IIIe siècle ap. J.-C.), Roma, 1987, pp. 27-60) y que hoy, gracias -al menos en las Hispanias- a extraordinarios conjuntos epigráficos -valgan como ejemplo Labitolosa, Segobriga o Los Bañales, entre otros- podemos, más o menos, reconstruir.

¿Qué función cumplía un texto escrito en un medio público en época romana? ¿Era la misma la función si el promotor de su difusión era el poder o era un particular? ¿Qué problemas tenemos para el conocimiento, la delimitación y la descripción del paisaje epigráfico de las ciudades romanas? ¿Qué inscripciones fueron las más expuestas en el corazón de la vida cívica de cualquier centro urbano romano, el foro, y con qué propósitos? ¿Qué virtudes solían exponer en público quienes promovían este tipo de textos para la consideración pública? Éstas y otras preguntas se analizaron en la citada conferencia (puedes ver aquí la repercusión de la misma en la sección de noticias de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra) cuyo material complementario -en realidad una síntesis que responde a muchas de estas cuestiones (teníamos previsto incluir también el audio pero se nos olvidó conectar la grabadora mp3: ¡mil perdones!)- se ofrece a continuación para disfrute, aprendizaje y -¡ojalá!- contagio de nuestra singular manía epigráfica entre los seguidores de Oppida Imperii Romani... 

Diapositivas de la conferencia "Inscriptiones in publico positae: reflexiones sobre el paisaje epigráfico de las ciudades romanas" (Sevilla, 17 de Marzo de 2015)



HVMANISSIMA AMBITIO


[Portada del nuevo volumen de la serie de manuales de Arqueología editados por la Oxford University Pres: BRUUN, Ch., y EDMONSON, J.: The Oxford Handbook of Roman Epigraphy, Oxford University Press, Oxford, 20015, 928 pp., ISBN: 978-0-19-5333646-7 cuya edición está prevista para comienzos de 2015: todos los datos aquí]

Hace algunos meses, y gracias a Manuel Ramírez, del blog E-Pigraphia, tuvimos conocimiento de la edición, en la Oxford University Press, del The Oxford Handbook of Roman Epigraphy, un manual de Epigrafía Romana de cuya preparación habíamos oído hablar hacía algún tiempo a alguno de los colegas que estaban implicados en su elaboración, trabajo que forma parte de la imprescindible serie The Oxford Handbooks in Archaeology, y que ha sido coordinado desde la lejana Canadá -magistralmente coordinado, habría que decir dada la diversidad de autores que en él participan: más de veinte de hasta diez nacionalidades y "escuelas" diferentes- por Christer Bruun y por Jonathan Edmonson. Hemos tenido, además, la ocasión de preparar la noticia de su publicación para una conocida y prestigiosa revista de Ciencias de la Antigüedad de nuestro país (la reseña aparecerá a lo largo de este recién estrenado 2015 en Archivo Español de Arqueología y nos exime aquí de hacer una valoración más formal) y nos ha parecido que, dado que Enero de 2015 era la fecha estimada de edición del volumen, dedicar un post al citado libro era una buena forma de abrir Oppida Imperii Romani en este nuevo año. En los últimos meses, además, quienes siguen más de cerca este espacio, habrán observado la apuesta que hemos hecho por actualizar nuestro perfil en Academia.edu y, precisamente, en esa network de investigadores, circulan ya desde hace varios meses algunos de los capítulos de este trabajo, capítulos que enlazaremos más abajo como hilo conductor de este post de la serie Instrumenta/Volumina.

Cuando hace más de cinco años publicamos el Fundamentos de Epigrafía Latina en la Colección Manuales de Liceus Ediciones (ya le dedicamos un viejo post en este lugar: pincha aquí), seguíamos pensando que el Cours d'Epigraphie Latine de René Cagnat (Paris, 1914, en su cuarta edición, la más difundida) -junto con otros instrumentos de trabajo tradicionales de la disciplina epigráfica algunos de los cuales los recopilábamos en un post anterior de este blog (pincha aquí)- iba a seguir siendo el manual de referencia para los estudiosos de la Epigrafía Romana y también para eso que, precisamente el Oxford Handbook in Roman Epigraphy, denomina el "militant epigrapher" (p. X) aquel investigador que, siendo o no epigrafista, debe enfrentarse -es "fortunate enough" de hacerlo, dicen ellos, ¡y lo es de verdad!-, en alguna ocasión, con el trabajo sobre documentación epigráfica. Así lo hemos debido pensar todos los que en los últimos años nos hemos embarcado en la aventura de componer un vademécum para el estudio de las inscripciones latinas pues los manuales que han aparecido en los últimos tiempos han dependido, siempre, del trabajo de R. Cagnat y a él han aludido para las cuestiones más técnicas (valgan como ejemplo los extraordinarios de CORBIER, P.: L'épigraphie Latine, París, 1998 -traducido al castellano por M. Pastor (pincha aquí)-, SCHMIDT, M.: Einführung in die lateinische Epigraphik, Darmstadt, 2011 o CÉBEILLAC, M., CALDELLI, L., y ZEVI, F.: Épigraphie Latine, París, 2006, con reseña nuestra en Espacio, Tiempo y Forma. Serie 2. Historia Antigua, 19-20, 2006-2007). Sin embargo, uno de los aciertos del The Oxford Handbook of Roman Epigraphy es que con sus anexos, con el enfoque eminentemente práctico de todos los contenidos tratados, con la propia concepción orgánica -más histórica y social que técnica- del trabajo y, obviamente, con la excelencia de los firmantes de cada uno de los capítulos (nombres como M. Buonocore, S. Orlandi, L. Cadelli, G. L. Gregori, F. Beltrán Lloris, O. Salomies, F. Hurlet, B. Salway, M. Kajava, M. Horster, por citar sólo algunos) va a convertirse en el instrumento de referencia -acaso con permiso del igualmente monumental trabajo de LASSÈRE, J.-M.: Manuel d'Epigraphie Romaine, París, 2005- para obtener los rudimentos básicos para enfrentarse a las inscripciones latinas de época clásica. Basten como ejemplos los siguientes capítulos -apenas algunos entresacados de las más de novecientes páginas de este excepcional trabajo-, ya accesibles, como comentábamos más arriba, en los perfiles en Academia.edu de algunos de sus autores y que, nos parece, pueden servir como hilo conductor para reseñar algunas de las singularidades -de las fortalezas, pues lo son- de este nuevo proyecto editorial. 

[1] "The Epigrapher at Work", firmado por J. Edmonson y Ch. Bruun (pp. 3-20) es, sin duda, uno de los capítulos clave -casi programático, a nuestro juicio- del manual de Epigrafía Romana que nos ocupa y, además, ejemplifica muy bien los "valores" de la parte I, dedicada a la Introducción a la Epigrafía y a la Historia de la Disciplina, del trabajo. En él, los dos coordinadores realizan una aproximación a cómo la "ciencia de las inscripciones" se ha ido articulando y a los que son sus principales retos actuales y han sido sus habituales orientaciones en el pasado insistiendo en que la "autopsia, el registro y la interpretación" constituyen las tareas propias de todo epigrafista (p. 5). Imprescindible resulta, desde luego, el apartado en el que se ofrece una check-list de "buenas prácticas" (pp. 7-17) a la hora de publicar una inscripción romana, apartado aderezado con abundante material gráfico (el volumen recoge casi más de centenar y medio de imágenes, nunca suficientes en un volumen de Epigrafía Latina pero, en cualquier caso, un generoso catálogo).

[2] "Forgeries and Fakes", por S. Orlandi, L. Cadelli y G. L. Gregori (pp. 42-65) constituye, junto con el capítulo que le precede -firmado por M. Buonocore y dedicado a la tradición manuscrita como fuente para el estudio y el hallazgo de inscripciones romanas (pp. 21-41)- otro hito clave en el handbook que nos ocupa. Efectivamente, uno de los indiscutibles méritos de este volumen es la capacidad de incluir en él tanto síntesis de aspectos conocidos que ahora adquieren, con las últimas aportaciones, un nuevo cariz como avances a líneas de investigación que, apenas holladas, están aportando notables novedades y habrán de aportar aun más en el futuro. El asunto del estudio de las falsificaciones y de las copias resulta un interesante campo de estudio en el marco de lo que los alemanes denominan la antikenrezeption en tanto que permite conocer el grado de "alfabetización epigráfica" -por llamarlo de algún modo- que, a partir del Renacimiento y, sobre todo, durante los siglos XVIII y XIX tuvieron determinados sectores de la elite cultural europea y, por tanto, cómo fue el acercamiento científico a las inscripciones latinas y su "uso" con fines diversos.

[3] "Latin Epigraphy: the main types of Inscriptions" y "The Epigraphic Habit in the Roman World", los dos capítulos escritos por F. Beltrán Lloris (pp. 89-110 y 131-148 respectivamente) suponen un buen reflejo de la filosofía de la parte II del volumen: "Inscriptions in the Roman World". Pero, además de ello, ambas contribuciones encajan muy bien con la propia filosofía del volumen -además de suponer la "cuota" española (excelente, por cierto) en el repertorio de autores colaboradores- una vez que aportan una singular clasificación de los tipos de tituli -a partir de su exhibición en el ámbito público o en el privado (la singular semiótica de cada uno de esos tipos se desarrollará en varios capítulos en los apartados "Inscriptions and Religion in the Roman Empire" e "Inscriptions and Roman Social and Economic Life" -pp. 397-697- incluidos en la parte III del trabajo, sobre el valor de las inscripciones para la reconstrucción del mundo romano) y que, sobre todo, analiza -con datos estadísticos, cronológicos y culturales clarísimos- de qué modo y en qué ámbitos se fue extendiendo el hábito de grabar inscripciones, asunto éste tratado en el segundo de los títulos aquí recomendados. 

[4] "The Roman Republic", por O. Sallomies (pp. 153-177) "Late Antiquity", por B. Salway (pp. 364-393) constituyen, también, desde nuestra óptica, dos capítulos paradigmáticos. Los inicios del hábito de grabar inscripciones, los primeros pasos -por tanto- de la generación de la "cultura epigráfica" propia del mundo romano y las transformaciones que -como medio de comunicación y, especialmente, como vía para la expresión del poder político- esa "cultura" fue experimentando durante los siglos posteriores al inicio de la crisis urbana (desde el siglo III d. C. en adelante) exigían un tratamiento que fuese, a la vez, histórico y social pero, también, material y descriptivo, totalmente "epigráfico". Por eso, O. Sallomies acierta plenamente cuando, en su capítulo sobre la epigrafía romano-republicana, incorpora una tipología muy detallada de los tipos de inscripciones atestiguadas en ese periodo (pp. 161-164) y anota, de modo ordenado, los rasgos materiales y lingüísticos habituales de ese tipo de tituli (169-174) encarnando perfectamente los objetivos de mostrar "why inscriptions matters" y de detallar "how scholars can work with epigraphic sources" que los editores del volumen reseñan como fundamental en el Prefacio de la obra (p. IX). Con un enfoque acaso más histórico, político y social, ese tipo de caracterizaciones prácticas no faltan tampoco en el capítulo -que hace el decimoctavo de los treinta y cinco que integran el repertorio (pp. 366-374)- dedicado a la tardoantigüedad y que puede -y debe- complementarse con el igualmente útil y elocuente capítulo de D. Mazzoleni sobre la cristianización del hábito epigráfico (pp. 445-468). Precisamente, una de las virtudes del volumen de Oxford es la de permitir, a partir de la lectura de varios capítulos relacionados -como, de hecho, advierten los coordinadores en el preámbulo a su obra (p. XI, especialmente)- obtener una visión general sobre algún tema concreto. Sucede así en el caso de la documentación epigráfica tardoantigua y cristiana primitiva pero, también, entre la clasificación de tipos de inscripciones que, dijimos, realizaba F. Beltrán Lloris en la primera de sus dos contribuciones a este handbook y la que, para la documentación de carácter oficial, desarrolla G. Rowe en el capítulo decimoquinto, "The Roman State: Laws, Lawmaking and Legal Documents", del trabajo (pp. 299-318). 

[5] "Urban Infraestructure and Euergetism outside the City of Rome", por M. Horster, ubicado en el bloque segundo ("Inscriptions and Roman Social and Economic Life") de la parte III del trabajo constituye -acaso nos lo parece también por nuestra antigua dedicación al asunto de la munificencia pública- otro capítulo estándar del trabajo que aquí valoramos. En él, M. Horster (pp. 515-536) realiza una excelente síntesis del modo como el evergetismo de la elite soportó la vida cívica en provincias comparando, además, esa situación, con la de la capital, Roma. Ese cruce comparativo entre lo que sucede en los territorios provinciales -y periféricos- del Occidente -e incluso, del Oriente- Romano y lo que sucede en Roma, en la capital, constituye otro de los aciertos del trabajo una vez que respecto de algunas cuestiones -las elites locales (pp. 227-272), la organización social (pp. 471-512), la lengua y la cultura (pp. 699-742), etcétera- se va alternando el status quo de ambos ámbitos geográficos en una práctica lógica pero, quizás, hasta ahora, no siempre bien ensayada en los volúmenes académicos sobre Epigrafía Romana a que estábamos acostumbrados y que adolecían de un enfoque especialmente provincial y, también, de un sesgo marcadamente occidental. 

En uno de esos capítulos, F. Beltrán Lloris alude a la expresión pliniana (Plin. Nat. 34, 17) humanissima ambitio -que encabeza este post- para explicar los afanes de existimatio, de memoria y de celebritas que iban unidos a la realización de un titulus en época romana, valores que se destilan y analizan en muchas de las contribuciones de este volumen que, como decíamos más arriba, tiene un enfoque extraordinariamente sociológico y ahonda también en el papel que las inscripciones desempeñaron en una civilización como la romana. Qué duda cabe que, con publicaciones como ésta, esas loquuntur saxa -como las llamamos hace algún tiempo en un trabajo de evaluación de lo que aportaban a nuestro conocimiento de la Historia de las Hispaniae romanas (pincha aquí)- que desempeñaron tan importante papel como medios de comunicación durante la Antigüedad Romana, vuelven a convertirse en importantes -esenciales, podría decirse- fuentes para, desde el presente, iluminar ese pasado que, a tantos, nos resulta apasionante.

¡Un libro recomendabilísimo y que no debe faltar en la biblioteca de cualquier estudioso del mundo romano!

LOQVVNTVR SAXA



Portada del número 41 de la colección de Monografías y Estudios de la Antigüedad Griega y Romana de Signifer Libros, JORDÁN, Á. A.: Concepto y uso del monumento epigráfico en la Hispania Romana durante el Principado, Madrid-Salamanca, 2014, 308 pp., 978-84-941137-7-2, recomendabilísimo (si estás interesado en adquirirlo, pincha aquí).

Quienes nos dedicamos a enseñar Epigrafía Latina -esa ciencia que, como dice el título de nuestro post, hace que, efectivamente, "hablen las piedras- y sería deseable que así fuera también entre quienes la estudian en las aulas universitarias o la emplean como fuente de información para conocer el mundo antiguo, estamos muy acostumbrados -aunque no haga tanto tiempo de su implantación en el lenguaje de la academia- a manejar tres conceptos a veces difíciles de distinguir pero que, en cualquier caso, definen muy bien -desde una óptica cultural- uno de los grandes "milagros" de Roma, el de ser capaz de -a través de unos complejos procesos de aculturación- convertir las inscripciones en "medios de masas" (en expresión del autor del volumen que aquí reseñamos, p. 16) y, por tanto, en un elemento esencial de la cultura escrita de la sociedad romana y, después, también de aquéllas que interactuaron con ella. Se trata de los conceptos de hábito epigráfico (epigraphic habit), la costumbre, la rutina de grabar inscripciones (MAC MULLEN, R.: "The epigraphic habit in the Roman Empire", American Journal of Philology, 103.3, 1982, pp. 233-246  o MEYER, E. A.: "Explaining the Epigraphic Habit in the Roman Empire: the Evidence of Epitaphs", Journal of Roman Studies, 80, 1990, pp. 74-96; de cultura epigráfica (epigraphic culture), el modo en que el hábito epigráfico tomó forma en función de una serie de condicionantes culturales y etnográficos variadísimos (éstos últimos extraordinariamente bien tratados en el volumen que nos ocupa: pp. 41-50) (WOOLF, G.: "Monumental Writing and the Expansion of Roman Society in the Early Empire", Journal of Roman Studies, 86, 1996, pp. 22-39, por ejemplo, además de este útil vídeo/entrevista a Géza Alföldy, que tanto trabajó sobre esta cuestión: pincha aquí); y, por último, el paisaje epigráfico (epigraphic landscape), el aspecto que las ciuitates y los territoria -y en general cualquier espacio susceptible de ser escenario para la instalación de una inscripción- adquirieron a propósito de la colocación de inscripciones y el modo cómo éstas y aquéllos interaccionaron durante la Antigüedad (por ejemplo, el coloquio COOLEY, A. (coord.): The Epigraphic Landscape of Roman Italy, Londres, 2000 o, a nuestro juicio uno de los trabajos más ilustrativos sobre la cuestión, el de CORBIER, M.: Donner à voir, donner à lire. Mémoire et communication dans la Rome ancienne, París, 2006). Los tres están completamente entrelazados -y son manejados, además, de un modo extraordinariamente solvente- en el volumen que aquí valoramos, una nueva entrega de una de las series editoriales -junto con Instrumenta, de la Universitat de Barcelona- a las que hay que estar siempre atentas, respecto del mundo antiguo, en el mercado editorial español. 

La complejidad de esos conceptos y el hecho de que, habitualmente, el polisémico fenómeno de las inscripciones haya sido estudiado de manera parcial -"míope", podría decirse- y sin atender suficientemente a lo que de "globalización cultural" supuso, convierte ya en un acierto -por su oportunidad y por su enfoque metodológico- el trabajo que reseñamos en esta aun naciente sección Volumina de Oppida Imperii Romani, un volumen extraordinariamente bien editado -como todos con los que nos obsequia esta colección puesta en marcha, con extraordinaria prolijidad, por el Prof. Dr. D. Sabino Perea- que trata de responder a la cuestión de "con qué finalidad emplearon los distintos grupos sociales las inscripciones y de qué forma se conformó el espacio epigráfico urbano" (p. 11) tratando de explicar por qué se grabó una inscripción en época antigua, con qué objetivo y con qué propósitos y, además, si esas motivaciones fueron comunes o no a los distintos grupos sociales que emplearon las lapidariae litterae (Petron. Sat. 58, 7) como vehículo de comunicación y, muchas veces, como medio de auto-representación social. Un propósito semejante -totalmente ambicioso- sólo podría abordarlo alguien capaz -desde que comenzó su formación en las aulas de la Universidad de Navarra y la ha madurado como miembro del Equipo Técnico de la revista Hispania Epigraphica y de su imprescindible versión online: pincha aquí- de moverse con éxito y soltura entre las evidencias -debidamente procesadas y organizadas a partir del método estadístico y analítico- que caracterizan fenómenos concretos del ya referido hábito epigráfico, en el caso del volumen que nos ocupa, del que se atestigua en los territorios de las antiguas provincias hispanas, territorios, además, absolutamente desiguales en su sustrato cultural, en la incidencia del fenómeno de la urbanización y, por tanto, atractivos como escenario para valoraciones comparativas, algunas extraordinariamente bien valoradas en las páginas que integran este trabajo (pp. 41-48, por ejemplo, ¡muy esclarecedoras respecto del diferente uso del monumento epigráfico en zonas de tradiciones culturales, étnicas y lingüísticas diversas!). Y es evidente que Ángel A. Jordán ha acreditado suficientemente, hasta la fecha, a través de un ya dilatado curriculum investigador (pincha aquí), su capacidad para escudriñar con acierto la documentación epigráfica y, sobre todo, su audacia para plantear explicaciones a cuestiones que, en ocasiones -y muchas afloran a lo largo de las páginas de este libro cuya lectura, como casi todo lo que este autor firma, no deja indiferente- se han respondido sin tener demasiado en cuenta lo que el ordenamiento de la evidencia documental permite suponer, un planteamiento éste que puede parecer positivista pero que el autor demuestra que es, esencialmente, útil (pp. 55 y ss., por ejemplo). De hecho, algunas de las últimas y brillantes publicaciones del todavía joven Ángel A. Jordán -accesibles desde su completo perfil en Academia- demuestran su extraordinario conocimiento del modo cómo se fue conformando, en diversas zonas de la Península Ibérica pero de modo especial en la Tarraconense y, más concretamente, en el conuentus de la colonia Caesar Augusta, la concepción epigráfica de la sociedad que pobló dichos espacios o de la manera cómo evolucionó el hábito epigráfico en dicho ámbito geográfico y, también, sobre qué condicionantes culturales e ideológicos lo hizo (véanse, por ejemplo, sus trabajos en Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 21, 2013, pp. 81-111, o el capítulo con el que contribuyó a Hispaniae. Las provincias hispanas en el mundo romano, Tarragona, 2009, pp. 125-138 en el que se manejan, además, conceptos sobre los que se vuelve, de nuevo, en el libro que aquí comentamos). Y esa acreditada capacidad de manejar una tremendamente ingente documentación epigráfica -alrededor de 25.000 inscripciones conservamos del pasado romano de la Península Ibérica- no es, sin duda, cuestión baladí pues el autor ha sido capaz de analizarla sin perder de vista cada uno de los tres niveles en que -a su juicio- debe ser comprendida una inscripción romana y, si se nos permite, cualquier documento antiguo y que el propio investigador -a propósito de la difusión del hábito epigráfico a partir de Augusto- describe de manera clarísima en el libro (p. 15): el del comitente -de hecho, la segunda parte del volumen analiza, en detalle, cuál fue el uso que hicieron de las inscripciones quienes fueron sus principales protagonistas y promotores, el emperador (pp. 51-110), los ordines senatorius y equester (pp. 111-164), el ordo decurionum local (pp. 165-226) y las clases que podríamos denominar dependientes (pp. 227-260), un tema éste último al que el autor había ya dedicado otros trabajos y en el que se desenvuelve con notable soltura-, el del monumento en sí y el del receptor y lector de la comunicación atendiendo al papel que la ciuitas supuso como "escenario" habitual del hábito de grabar inscripciones y sin perder de vista de qué modo la extensión del modelo municipal pudo condicionar ese ritmo de desarrollo y evolución de la citada costumbre (pp. 28-36).

Concepto y uso del monumento epigráfico en la Hispania Romana durante el Principado es un volumen sencillo en estructura pero que, nos parece, absolutamente complejo en la organización del material presentado, complejidad que garantiza, además, la utilidad del mismo (ya adelantamos que se convertirá, por su planteamiento, en un libro de consulta constante para quien trabaje con fuentes epigráficas). Un generosísimo elenco de tablas (véase, por ejemplo, las que inventarían las inscripciones de obras públicas promovidas por la elite local -pp. 215-218- o las que recogen a los beneficiarios de tituli honorarii -pp. 179-182-) ofrece abundante repertorio material sobre los distintos tipos de inscripciones -particularmente las cultuales, las monumentales y las honorarias-, tablas que pueden ser susceptibles de futuros estudios pues tienen la virtud de ofrecer, debidamente procesado, todo el material epigráfico disponible sobre la participación de los distintos estamentos sociales en la utilización de una u otra "concepción epigráfica", uno de los conceptos más atractivos de cuantos se presentan en las páginas que aquí valoramos. El trabajo se mueve en torno a varias ideas principales que, a nuestro juicio, resultan novedosas y están sobradamente cimentadas en el análisis de la documentación -cierto que, en ocasiones, algo caprichosa- que ha llegado hasta nosotros. Además -y ése es, a nuestro juicio, otro de los aciertos del trabajo- Ángel A. Jordán recapitula constantemente, al final de cada apartado, las conclusiones a las que llega contribuyendo, de ese modo, a resaltarlas y hacerlas más perceptibles evitando que el lector se pierda en una erudición documental ciertamente sobrecogedora y totalmente útil para el futuro. Así -en un capítulo segundo absolutamente soberbio (pp. 15-50) y que, nos parece, se convertirá en lectura obligatoria en las aulas y en los circuitos investigadores- el autor resume de qué modo, desde los tiempos de Augusto, las inscripciones se convirtieron en medio para exaltar los méritos y la memoria de quienes las promovieron o recibieron (Plin. Ep. 2, 7, 3-6), cómo la ciudad fue convirtiéndose en el espacio privilegiado para acoger ese tipo de monumentos y, sobre todo, en qué medida a partir de Vespasiano se fue operando -seguramente por la propia ideología imperial respecto del uso de los tituli, que el autor presenta de forma acertada (pp. 23-27) escudriñando, con acierto, también la evidencia de las fuentes literarias- un cambio en la concepción epigráfica que privilegiaría la dimensión cultual respecto de la honorífica del propio epígrafe. En este sentido, la caracterización que (pp. 38-39) se hace de los elementos que fueron atenuando el peso de la cultura epigráfica en la sociedad romana en general y en el medio urbano en particular en los siglos de la tan discutida Antigüedad Tardía (a partir del siglo III d. C.) nos parece otro de esos puntos en los que el libro de Á. A. Jordán -compañero de fatigas e ilusiones en Los Bañales de Uncastillo- alcanza cotas de validez pedagógica ciertamente meritorias. Tras esa esclarecedora y fundamental primera parte -engrosada, como anotábamos, por el segundo capítulo del libro (puedes, desde aquí, acceder al índice del volumen)- el autor se entretiene, de modo organizado, en caracterizar cuáles fueron las figuras sociales receptoras y promotoras de inscripciones conforme al orden que citamos más arriba. Así, respecto de la figura imperial, a partir del análisis de las más de 500 inscripciones que, en las Hispaniae, tienen al emperador como protagonista, Á. A. Jordán refrenda su visión de cómo la eclosión augústea y julio-claudio que llevó a los Principes a acaparar el espacio público (p. 67) experimentó a partir de época flavia -excepción hecha del paréntesis de Antonino Pío- una retracción bastante notable (pp. 80 y ss.) que, tal vez, resulte sorprendente al lector menos avezado en el uso y significado de la documentación epigráfica. En relación a los tituli promovidos o protagonizados por gentes pertenecientes a los primi ordines -senadores y caballeros- tal vez la percepción (pp. 135-145) de que solían emplear el medio epigráfico sin aludir expresamente a su pertenencia a dicha clase social resulte una de las luces más claras que el trabajo aporta de igual modo que respecto de la caracterización que se hace del uso del medio epigráfico por la elite local se subraye su frecuente contribución a la monumentalidad cívica (p. 215), su afán por demostrar lealtad al Princeps (pp. 195-201) y su gran afición a la recepción de honras públicas (pp. 205-2011).

En definitiva, a través de algo más de trescientas páginas aderezadas, además, con unos bien trabajados -y utilísimos- índices onomásticos y topográficos (pp. 291-398) y una bibliografía (pp. 269-290) que, desde luego, es útil para ponerse al día sobre Epigrafía Latina en general y Epigrafía Hispánica en particular, Ángel A. Jordán traza, en este libro, un adecuado panorama de cuál fue la evolución del hábito epigráfico en las provincias hispanas entre Augusto y los comienzos de la Antigüedad Tardía caracterizando de modo absolutamente brillante ese proceso y aportando, además, pruebas concluyentes de que, en adelante, en el estudio de conjuntos epigráficos cerrados, será necesario atender a la interrelación de los "elementos conceptuales, culturales y sociales" que intervinieron en el diseño de la cultura epigráfica romana, en su formación, su consolidación y su ulterior transformación en el ocaso del Principado. Sólo de ese modo -y este volumen arroja luces más que suficientes para hacer ese recorrido investigador posible- los historiadores seremos capaces de obtener una adecuada imagen de ese procedimiento y, sobre todo, de entender mejor, de obtener una "interpretación más veraz" (p. 267) de cada inscripción. La tarea por hacer resulta apasionante y este volumen nos da las pautas para entender mejor parte de nuestro legado documental más elocuente sobre la Antigüedad, las inscripciones, unos monumenta que, como dice una conocida inscripción romana (CIL VI, 1783), constituyen, para los historiadores, el único indicio para conocer las uirtutes de muchos de los casi-anónimos protagonistas de la Historia de Roma. El modo cómo las emplearon para homenajer al emperador de turno, rendir culto a la divinidad o exaltar sus cualidades o las de sus familiares nos resulta ahora mejor conocido gracias al hercúleo esfuerzo que se percibe detrás de este número 41 de las monografías de Signifer. ¡Un libro, sin duda, de referencia, los estudios epigráficos están, nuevamente, de enhorabuena!


DE QVADRATARIO TITVLORVM


[Para complementar este post, que, a través de una singular coincidencia, nos acerca, a cómo funcionaba una officina lapidaria, un taller de inscripciones, en época romana, debe verse, también, el primer álbum en Flickr de Oppida Imperii Romani: "Un quadratarius en el siglo XXI: el proceso material de una inscripción romana"]

Hace apenas un par de años tuve la enorme fortuna de vivir "en directo" -incluso podría decirse que de protagonizar- un hallazgo epigráfico. Fue en Los Bañales, naturalmente. En mis años de estudiante universitario, de la mano de la Dra. Dña. Angelines Magallón -hoy Catedrática de Arqueología de la Universidad de Zaragoza y miembro destacado del Grupo URBS- oí hablar de hallazgos como el sensacional de Labitolosa (La Puebla de Castro, Huesca) cuya publicación -que llegaría en 1995- hojeé siempre admirado entre la incredulidad y la fe, entre el que sabe que encontrar un conjunto epigráfico romano in situ es posible pero, también, es consciente de que resulta algo absolutamente extraordinario. En la tarde del 26 de Julio de 2012, sin embargo, la Providencia me regaló vivir ese momento como testigo directo, casi como protagonista. Creo que quienes participamos en ese descubrimiento (aquí puedes ver cómo lo valoró la televisión autonómica aragonesa a la mañana siguiente: ¡abrimos el informativo más visto de la Comunidad Autónoma, Aragón Noticias!) recordaremos ese momento como algo casi mágico (de hecho, hay incluso testimonio en vídeo del instante del hallazgo de la primera de las cinco inscripciones: pincha aquí). Precisamente, en estos días, además, hemos sabido que el número correspondiente a 2014 de la revista Archivo Español de Arqueología -la misma en la que se publicó el conjunto epigráfico Labitolosano al que antes aludíamos- acogerá el estudio, firmado por Ángel A. Jordán y por nosotros mismos, de ese conjunto, del que, en cualquier caso, nos hemos ocupado hace no mucho en un trabajo que se incluye en un espléndido volumen que también va a ser de referencia y que está a tu disposición en la página web del yacimiento de Los Bañales (JORDÁN, Á. A., y ANDREU, J.: "La presencia privada en los foros hispanos a la luz de dos programas epigráficos hallados in situ en el foro de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza)", en IGLESIAS, J. M., y RUIZ, A. (eds.): Paisajes Epigráficos de la Hispania Romana: monumentos, contextos, topografías, Roma, 2013, pp. 127-144).

Sin embargo, al margen de haber vivido la emoción de semejante hallazgo, haber conocido -como consecuencia de él y a resultas de la iniciativa de protección en la que pensó, para tan singular conjunto, la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Aragón- a Chema Laborda, maestro cantero natural de Biota (Zaragoza) -que fue quien, como se explicaba en un vídeo emitido no hace mucho por CanalUNED (pincha aquí), dirigió la elaboración, artesanal, de las réplicas de ese conjunto en el marco de la tristemente clausurada Escuela Taller del Gobierno de Aragón en Sádaba-, ha sido -desde luego- todo un hallazgo. Este post, en realidad, está inspirado en el último trabajo que, en el marco del Plan Impulso del Gobierno de Aragón, este auténtico quadratarius de nuestros días, ha realizado: replicar el conjunto de pedestales de la supuesta curia de Labitolosa, ese sensacional hallazgo epigráfico del que empezábamos hablando en este post, "neopedestales" que figuran ya -pues el trabajo se ha terminado hace pocas semanas- en dicho enclave arqueológico del Alto Aragón. Como Chema, que ha desarrollado ese trabajo en los talleres de la cantera Olnasa, en Uncastillo -muy cerquita de Los Bañales- nos ha hecho partícipe de él nos pareció que un álbum de fotos que recogiera el proceso material de la fabricación de una inscripción podría resultar útil para la sección Epigraphica de este blog, entre otras cosas porque, como comentábamos hace algunos meses en este mismo Oppida Imperii Romani (pincha aquí), nos faltan, a quienes enseñamos Epigrafía Latina en el sistema universitario español, recursos pedagógicos en red que resulten atractivos a los estudiantes y que acerquen, también, la disciplina, al gran público.

El álbum en cuestión, titulado "Un quadratarius en el siglo XXI: el proceso material de una inscripción romana" y alojado en Flickr (pincha sobre el título), permite caracterizar muy bien las herramientas, los personajes y las destrezas que intervenían en el arte de "maquetar" (ordinare) y de grabar (sculpere) textos sobre piedra, fundamentales como medio de comunicación en época romana. Podría decirse que, el proceso -que se llevaba a cabo en talleres específicos que conocemos como "oficinas lapidarias" (además de recurrir al clásico trabajo de SUSINI, G.: Il lapicida romano. Introduzione all'epigrafia latina, Roma, 1968, inevitable, para profundizar en este concepto, y conocer la bibliografía básica, en red puedes leer, en castellano, a ESPINOSA, U.: "Una officina lapidaria en la Comarca de Camero Nuevo (La Rioja)", Gerión, 2, 1989,  pp. 403-416), y ya sabes que conservamos un cartel de una de ellas, la que funcionó en Palermo, en Sicilia: CIL X, 7296- tenía, cuatro partes: [I] recepción del borrador por parte del comitente, [II] maquetación del texto y preparación del soporte que iba a recibirlo, [III] grabado del epígrafe propiamente dicho, y [IV] acabado y perfeccionamiento del soporte. En definitiva, el quadratarius o scriptor titulorum era, a la vez, el que imaginaba, componía -de acuerdo con el cliente- y grababa, los textos epigráficos. A partir de ese momento, ya sólo quedaba la colocación (dedicatio) de la inscripción en el espacio -funerario, cultual, público- para el que aquéllahabía sido pensada (volvemos a recomendar aquí seguir la entrevista "La cultura epigráfica de los romanos", realizada hace algunos años a Géza Alföldy -si es la primera vez que el lector oye este nombre, no deje de leer la semblanza que, sobre su persona y su obra ha publicado F. Beltrán Lloris no hace mucho en Espacio, Tiempo y Forma. Serie 2, 25, 2012, pp. 15-18- por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

[I] Lógicamente, cuando una persona deseaba grabar una inscripción esa persona -a la que normalmente, en la jerga epigráfica, llamamos "comitente", "promotor" o "dedicante"- lo que hacía era dirigirse a un taller artesanal especializado en la producción de este tipo de tituli (cuyos profesionales, los quadratarii, no debían ganarse mal la vida según nos cuenta Luciano de Samósata -Luc. Somn. 3-9 y 18-) y bien comunicar verbalmente al quadratarius qué deseaba expresar en la inscripción -y cómo deseaba hacerlo, destacando qué parte del mensaje era la más importante- bien entregarle un borrador con el texto que es lo que, técnicamente, denominamos la forma. Lógicamente, no hemos conservado formae -"borradores"- de ninguna de las inscripciones grabadas en el Occidente Romano aunque no es difícil imaginar que estas formae tomarían el aspecto de tabulae ceratae -tablillas de cera- o de tabula scriptae como las que han aparecido -aunque, en ese caso, con función contable y de correspondencia personal respectivamente- en Pompeya (Italia) y en Vindolanda (Reino Unido) (sobre la figura de los scriptores, puede verse, CALABI, I.: "Scriptor titulorum", en Enciclopedia dell'Arte antica Classica e Orientale. 4, Roma, 1965, p. 123).

[II] A partir del momento en que el artesano conocía las intenciones del comitente y el tipo de encargo que aquél le había hecho, como sigue haciendo un cantero en la actualidad, tal vez no sin antes realizar algunos ensayos (sobre estos hay abundante bibliografía recogida en ANDREU, J.: "El proceso material de la inscripción latina", en Fundamentos de Epigrafía Latina, Madrid, 2009, pp. 121-142, también accesible, para compra en red, desde aquí) aquél procedía a adaptar el texto que se quería transmitir al espacio disponible en el soporte de la inscripción, en la piedra. Es el procedimiento -totalmente clave en la producción de inscripciones romanas- que, en Latín, llamamos ordinatio -"maquetación"- y que junto con la sculptura -el "grabado"- constituían las acciones básicas -así lo pregona el cartel de Palermo antes referido- de cualquier taller de tituli. Para esa acción de la ordinatio, si el quadratarius era hábil, solía servirse de una serie de líneas guía que, ocasionalmente, son perceptibles en las inscripciones conservadas (por ejemplo CIL II2/5, 930 Oningi -ver foto aquí, con marcas de esa ordinatio: para un caso recientemente publicado, puede verse TANTIMONACO, S.: "La ordinatio de inscripciones romanas sobre piedra: un testimonio inédito de Cacera de las Ranas (Aranjuez, Madrid)", Habis, 44, 2013, pp. 185-201 que, en pp. 189-190, n. 15 aporta, además, notable bibliografía sobre la cuestión-) y que, si no se hacían o el quadratarius era especialmente torpe podrían forzarle, en última instancia bien a tener que incluir letras apretadas en espacios reservados para otras o elaborar, para ahorrar espacios, nexos entre letras (al primer fenómeno es a lo que llamamos litterae inclusae: no dejes de visitar el repertorio de inscripciones romanas de la American Academy in Rome, ¡totalmente digitalizado!: pincha aquí, seguro que encuentras algunos casos) o a, cuando entregaba el resultado final al comitente, tener que incluir parte del texto fuera de la "caja" que había elaborado para aquél en ese proceso previo de maquetación, "caja" que, además, debía tener en cuenta que, según el espacio disponible, cada caracter, cada letra de la inscripción, debía, imaginariamente, incluirse en un rectángulo o en un cuadrado (pincha aquí). Fue, de hecho, de ese modo, como se configuran las diversas variantes de lo que denominamos la paleografía de las inscripciones, según expresión acuñada por MALLON, J.: Paleographie Romaine, Madrid, 1952, una obra de referencia en la disciplina (pincha aquí para una detallada revisión -publicada en L'Antiquité Classique, 23-1, 1953- de lo que la misma supuso para los estudios epigráficos a mediados del siglo XX). En la Península Ibérica tenemos un curioso ejemplo -entre otros muchísimos (resulta muy útil a este respecto el ejemplar estudio de CEBRIÁN, R.: Titulum fecit. La producción epigráfica en las tierras valencianas, Madrid, 2000, en parte disponible en red)- de la antes aludida falta de pericia de los quadratarii, IRVT, 134 de Aldaia (Valencia) donde el lapicida tuvo que incluir de manera abrupta un dato clave-nada menos que el nombre de uno de los dedicantes, Masclin(us)- que había olvidado (fíjate en la imagen, abajo a la derecha: pincha aquí). Es posible que en esa labor de la ordinatio, tras la fijación de las líneas guías, el artesano grabase someramente las letras (así se ve en una tardía inscripción, inacabada, de Tarraco: RIT, 984 que, precisamente, se recoge en el aparato gráfico del artículo de S. Tantimonaco antes enlazada) para, después, proceder ya a la incisión en bisel de las mismas que constituiría ya el tercer paso. Así se sigue haciendo, de hecho, hoy otorgando el bisel a las letras sólo en un segundo momento.

[III] Una vez adaptado el espacio que ofrecía el soporte -y la naturaleza material del mismo- al texto que debía grabarse, comenzaba, propiamente, la acción de scriptor del quadratarius: la grabación del texto propiamente dicha. El artesano procedía, con las mismas herramientas con que trabajan los canteros modernos (para un repertorio iconográfico de este tipo de herramientas y de talleres resulta extraordinariamente útil el catálogo de ZIMMER, G.: Römische Berufsdarstellungen, Berlín, 1982, pp. 161-175) a esculpir las letras (para descubrir los secretos del grabado de las letras sobre una piedra, puedes ver esta demostración filmada -pincha aquí- de  Richard Grasby -autor de Letter Cutting in Stone: a Workbook, Londres, 2011 o, también, ver a nuestro quadratarius en acción hace un par de años, cuando trabajaba en las réplicas del sensacional conjunto de inscripciones de los Fabii y las Porciae del foro de Los Bañales -pincha aquí-, además de, por supuesto, fijarte en las fotos que ofrecemos en el álbum que complementa este post: pincha aquí). Éstas, ocasionalmente, eran remarcadas, una vez terminada su grabación, con colores vistosos, la denominada rubricatura de la inscripción, que consistía en repintar su texto para hacerlo aun más visible como puede verse, por ejemplo, en algunas inscripciones de las expuestas en el Römisch-Germanische Museum de Colonia, en Alemania, por ejemplo, CIL XIII, 12601 -con foto aquí- o CIL, XIII, 8308 -con foto aquí- (para las inscripciones de Colonia Agrippinensium, es fundamental el "banco de datos" de Römische Inschriften Datenbank). Lógicamente, el texto resultante estaba siempre acorde con el lenguaje formular, y abreviado, convencional, en definitiva, de las inscripciones latinas (por cierto, ¡muy útil para estudiantes!: existe en la red un Diccionario de Abreviaciones en Epigrafía Latina, elaborado por T. Elliott, y auspiciado por la American Association of Greek and Latin Epigraphy).

[IV] Elemento clave en el estudio de la Epigrafía Latina en los últimos años ha sido el soporte epigráfico, su reivindicación por la historiografía -no es lo mismo encargar un pedestal que un altar que una placa que un bloque arquitectónico (seguimos recomendando, para hacerse cargo de la amplia tipología de soportes epigráficos atestiguados en el Occidente Latino bien un antiguo trabajo nuestro -pincha aquí- bien echar un vistazo a cómo se valoran estos en cualquiera de los corpora epigráficos disponibles en red: pincha aquí para acceder a un par de ellos). Una inscripción debe ser vista en su conjunto y, por eso, el soporte en que estaba grabada y, aun más, cómo interactuaba ese soporte con su entorno resulta fundamental (algo de eso puedes leer en este trabajo de RODRÍGUEZ, N.: "Un repaso a través de los conceptos de Epigrafía e inscripción", Documenta & Instrumenta, 10, 2012, pp.147-154 y, también, DE SANTIAGO, J.: "La Epigrafía: evolución conceptual y metodológica", Documenta & Instrumenta, 1, 2004, pp. 203-220, esp. pp. 212-217). En esa labor de culminación -y, también, antes, de preparación- del soporte intervenía, entre otras herramientas, el ascia, una especie de hacha (profusamente representada en las inscripciones romanas, fíjate -pincha aquí- en la que aparece grabada en el frontón del altar funerario AE, 2003, 1098 o en dos, muy reproducidas, que decoran la parte inferior de una hermosa estela de Reggium Lepidi, CIL XI, 961 y de otra de Bonnonia, CIL, XI, 6831) que debió ser un instrumento útil -junto con el "estilete" (graphia), el "martillo" (subula) o el "cincel" (scalprum)- para la labor de culminación -y, antes, también, de devastación y preparación- del soporte epigráfico, habitualmente acometida por los marmorarii o los serrarii, empleados habituales -aunque lo más normal es que hubiese personas polivalentes en ellos- de este tipo de talleres lapidarios que, gracias a Chema, hemos podido casi revivir.




TITVLI AD RES ROMANAS PERTINENTES



[Portada de RUIZ TRAPERO, Mª D.: Inscripciones Romanas de la Comunidad Autónoma de Madrid (siglos I-VI), Madrid, 2001 (en adelante ILMadrid), disponible para descarga desde aquí, gracias a la red Archport, de la Universidade de Coimbra, y cuyo contenido puede servir de excusa para conocer cómo debe ser tratada, sometida a crítica y empleada como fuente histórica una inscripción latina, una inscripción ad res romana pertinens: "que guarda relación con el mundo romano"]

Hace algunos meses que los posts de contenido exclusivamente epigráfico se acumulan en este blog. La razón es eminentemente pedagógica -un prisma que está presente desde los inicios en Oppida Imperii Romani- y, por eso, en anteriores entregas hemos atendido a recomendaciones de material audiovisual y en red sobre Epigrafía Latina (pincha aquí), a vídeos sobre el proceso material de las inscripciones romanas (pincha aquí) -asunto sobre el que pronto volveremos, además, con un material muy especial- o a listas de corpora y repertorios epigráficos varios de consulta recomendable para el estudioso de la Antigüedad Clásica y, desde luego, para el estudiante de Ciencias de la Antigüedad (pincha aquí). Esta sucesión de posts "epigráficos" -que nos ha llevado a incorporar al blog una nueva etiqueta: Epigraphica- tiene continuidad en este en el que ofrecemos para descarga en red un útil y conocido repertorio epigráfico hispano referente a las inscripciones de la actual Comunidad de Madrid -editado en 2001 bajo la autoría de Mª Ruiz Trapero, durante muchos años docente de Epigrafía Latina en la Universidad Complutense de Madrid-, libro que, desde hace no mucho tiempo, está disponible en red. El objetivo, además de complementar la serie de Digitalia Scripta de nuestro blog, es el de reflexionar sobre lo importante que es, en materia de investigación, tratar adecuadamente tres aspectos al estudiar -siquiera con carácter tangencial- una inscripción latina: el soporte [I], el texto [II], y el contexto [III], tres conceptos de los que ya hablamos en un volumen de temática epigráfica que, nos consta, ha alcanzado una notable difusión en las bibliotecas especializadas (pincha aquí) y que, también, está a disposición del usuario de la red (pincha aquí) gracias a la prestigiosa editorial Liceus E-Excellence y tres conceptos que, nos consta, les resulta difícil aprehender a muchos de nuestros estudiantes pero que, sin embargo, están en la base de la dedicación a las inscripciones romanas.

[I] Soporte. Durante muchos años, la investigación histórica respecto de las fuentes epigráficas se detuvo en las inscripciones, sencillamente por su valor textual, como si el "continente" de aquéllas estuviera por encima del "contenido", de la información de los textos o, incluso, de los propios textos. La estrecha relación entre Filología Latina y Epigrafía o entre Lingüística y Epigrafía fue, en parte, responsable de esta "miope" aproximación a las inscripciones romanas. A partir de los años ochenta, sin embargo, con el auge de la elaboración de repertorios y corpora epigráficos de carácter regional, determinados autores -en España fue, por ejemplo, pionero J. Bonneville, en una obra, Epigraphie Hispanique: problèmes de méthode et d`édition (París, 1984), que alcanzó extraordinaria difusión y revolucionó los estudios epigráficos (pincha aquí para una valoración de la misma en la revista Faventia)- empezaron a llamar la atención de que que no era igual valorar un texto epigráfico que estuviera grabado sobre un dintel monumental de carácter arquitectónico, sobre un altar de carácter votivo o sobre una estela de uso funerario y que, además, consignar la descripción adecuada de ese soporte, resultaba fundamental en cualquier modelo de edición epigráfica. Así, el lector curioso constatará como, en las fichas de cada una de las inscripciones recogidas en el ILMadrid, la primera atención -el primer o el segundo párrafo- se consagra a describir las circunstancias relativas al soporte, tanto a su tipología (para familiarizarse con ésta suelen resultar útiles las páginas que, en los corpora epigráficos regionales, se dedican a analizar los soportes atestiguados en el área objeto de estudio, ver por ejemplo, pp. 29-31 -y, en cierta medida, también pp. 15-29- del ILMadrid que justifica este post o pp. 821-827 del volumen segundo del IRCP de José d'Encarnaçao que, como comentamos hace varios posts, está ya disponible online) como a las circunstancias concretas que acompañaron al hallazgo y a la indicación de las que rodearon a la "autopsia", al estudio detenido -y de primera mano-, de la inscripción por el autor responsable de editarla (a este respecto, y como se recomendará más abajo, siempre puede resultar útil echar un vistazo a publicaciones de temática epigráfica -especialmente a las que abordan la presentación de nuevas inscripciones- que salpican las revistas de nuestra especialidad; así, y por no abandonar el entorno "madrileño", puede seguirse muy bien el modelo de tratamiento de esa parte relativa al "soporte" -y en general del modelo de ficha de edición- en trabajos como éste de STYLOW, A. U., "Dos cupas Complutenses", Archivo Español de Arqueología, 79, 2006, pp. 283-286 o éste de GÓMEZ-PANTOJA, J., y RUBIO, Mª J.: "Las cupae Complutenses", en ANDREU, J. (ed.): Las cupae hispanas: origen, difusión, uso, tipología, Uncastillo, 2012, pp. 175-196 que, además, tratan inscripciones comunes -ambas de Complutum, precisamente, no hace mucho protagonista de este blog- lo que es muy útil para verificar cómo se transmite, entre autores, el texto y las características de una inscripción: así, las dos piezas presentadas por el trabajo de A. U. Stylow son las nºs 3 y 8 del catálogo del volumen que tuvimos la fortuna de editar hace un par de años, sobre las cupae). En este apartado, además, es fundamental dedicar unas líneas a presentar los rasgos paleográficos de la inscripción: ¿con qué tipo de letra está compuesta?, ¿qué dimensiones tienen los caracteres? ¿hay signos de interpunción separándolos?, etcétera (para estas cuestiones paleográficas puede ser útil consultar el enlace sobre capitales cuadradas y otros enlaces, en él sugeridos, de la Wikipedia). Ser, además, extraordinariamente minuciosos en la descripción de estas piezas -especialmente si se encuentran en un estado o contexto de conservación no muy apropiado- puede hacer de nuestro trabajo una fuente historiográfica de gran validez en el futuro, no en vano es sabida la gran cantidad de inscripciones que -hoy perdidas- se conocen sus textos o sus características formales y materiales gracias a la tradición manuscrita (sobre ésta, es inexcusable ABASCAL, J. M., y CEBRIÁN, R.: Manuscritos sobre Antigüedades, Madrid, 2006, en el marco de la rehabilitación que, sobre este tema, ha protagonizado la Real Academia de la Historia) o a las primeras publicaciones de noticias epigráficas protagonizada por numerosos eruditos de los siglos XVIII y XIX (a este respecto es muy útil la sección Inscripciones Romanas (España y Portugal) de la Biblioteca Cervantes Virtual, regentada por el Dr. D. J. M. Abascal, uno de los grandes epigrafistas de nuestro tiempo). 

[II] Texto. Una vez que, ante una inscripción determinada, nos hemos detenido -con exhaustividad y siempre pasando de lo más general (tipo de soporte) a lo más particular (estado de conservación, aparato decorativo, dimensiones, paleografía)- respecto del soporte epigráfico, la atención de todo epigrafista debe centrarse en el texto en lo que la inscripción dice y, también, en cómo lo dice, fenómeno éste que ha dado lugar al muy manido concepto de la auto-representación, recurrente en trabajos recientes, sobre todo a partir del legado de G. Alföldy (sobre él, y algunos de esos trabajos, pincha aquí). Sin embargo, y aunque esto pudiera parecer lo más fácil -al menos si la inscripción está en buen estado de conservación- se convierte en lo más complejo si aquélla ha sido objeto de atención por una amplia serie de investigadores previos. La labor de edición epigráfica (a ella dedicamos un capítulo específico del Fundamentos de Epigrafía Latina [Madrid, 2009] al que aludimos más arriba y, también aportamos algunos rudimentos, en un viejo post de Oppida Imperii Romani) se contagia, entonces, del método filológico y es necesario -inmediatamente después de la presentación del texto, sobre la que luego hablaremos- citar de manera sucesiva y de más antigua a más moderna, todas las obras que se ocuparon de la pieza en cuestión. El modo de hacerlo es sencillo, esos autores se colocan ordenados, siempre, del más antiguo (el que dio a conocer la inscripción por primera vez: la editio princeps) al más moderno y, es, además, recomendable que, cuando un autor -o un repertorio epigráfico del tipo del Corpus Inscriptionum Latinarum, L'Anné Epigraphique o Hispania Epigraphica- se ha limitado, simplemente, a recoger la lectura dada por otro, la referencia a éste se coloque entre paréntesis inmediatamente después del anterior, del que ha sido fuente del segundo (para el modo cómo se abrevian este tipo de publicaciones o, en general, como punto de partida para tener una lista de corpora epigráficos, puede accederse al que ofrece la última revista citada, por ejemplo, a partir de la p. 413, del nº 18, correspondiente a 2012). Antes de todo ese "aparato crítico" -que, a veces, puede acompañarse de las variantes de lectura aportadas por cada autor y que, como vemos en el ILMadrid, puede colocarse, también, al final de la ficha, tras los comentarios alusivos al "contexto" [III]- es necesario haber ofrecido el texto y, para ello, es necesario conocer algo de Epigrafía Latina (para familiarizarse con la tipología de los textos epigráficos y su singular lenguaje formular, existen en red, en varios portales de descarga de libros, versiones en PDF del clásico manual de KEPPIE, L: Understanding Roman Inscriptions, Baltimore, 1991, además de algunos que ya fueron recomendados en un post anterior de esta serie y que se convierte, aquí, en inexcusable: pincha aquí) pero, también, familiarizarse, antes, con los signos diacríticos que, de carácter universal, indican si una letra se conserva completa o dañada y deducida por el contexto, si hay una laguna, si hay un error, si el texto es el que vemos en la pieza o lo estamos desarrollando, etcétera (desde aquí puedes descargar un repertorio válido de esos signos). Estos hacen que, ante la edición de un determinado texto, cualquier epigrafista entienda de modo unívoco lo que sobre el soporte está escrito.

[III] Contexto. La Epigrafía es, como tantas veces se ha dicho, una disciplina histórica, una ciencia al servicio de la Historia, por eso, contextualizar una inscripción es, sencillamente, extraer de ella toda la información histórica con que nos obsequia y ésta, normalmente, va orientada en tres ámbitos, sin que sean exclusivos: el cronológico -cuándo se hizo la inscripción-, el onomástico -quién la hizo, para quién la hizo, con quién la hizo- y el histórico-sociológico -a qué contexto social pertenece el monumento o qué motivaciones hay tras su erección-. Por eso, tras la presentación del texto y del aparato crítico, hay que comentar los aspectos que se desprendan de los nombres citados en la inscripción -si, además, aparecen cargos públicos puede realizarse un cierto ensayo prosopográfico (sobre este método véase un tradicional trabajo: CABALLOS, A.: "La técnica prosopográfica en la Historia Antigua ante la pérdida de Sir Ronald Syme", Veleia, 7, 1990, pp. 189-207)-, lo que resulte de la valoración cronológica del documento -las fórmulas empleadas en el texto, el tipo de soporte y, por supuesto, también el contexto arqueológico, si lo hay, puede resultar útil- y la información histórica, social y económica que de él se pueda extraer (por ejemplo, estudios como el de SILLIÈRES, P., MAGALLÓN, Mª Á., y NAVARRO, M.: "El municipium Labitolosanum y sus notables novedades arqueológicas y epigráficas", Archivo Español de Arqueología, 68, 1995, pp. 107-130 puede resultar un buen modelo de estudio de conjunto de un repertorio de inscripciones hallado, extraordinariamente, in situ, en la ciudad romana de Labitolosa, en La Puebla de Castro, Huesca, y ahora otra vez de actualidad por la instalación en el lugar de réplicas de las inscripciones originales, ahora conservadas en el Museo de Huesca de igual modo que -para un ejemplo de estudio prosopográfico y onomástico- ofrecemos un viejo trabajo nuestro: ANDREU, J., y CURULLA, Ó. y OTIÑA, P.: "Un nuevo documento sobre los Minicii de Tarraco", Butlletì Arqueològic, 28, 2006, pp. 199-206: se ofrece enlace al manuscrito al no disponer de separata digital). Lógicamente, ese apartado de "comentarios" a propósito de la inscripción será tanto más apropiado como mayor haya sido la documentación  previa por parte del estudioso encargado de analizar el documento, por eso, la "documentación" es fundamental como competencia de cualquier epigrafista, de cualquier historiador (muy útil resulta, respecto de la documentación sobre Epigrafía Latina, consultar los enlaces libres, disponibles en red, de la prestigiosa herramienta Guide de l'epigraphiste [París, 1989 y 2000] -pincha aquí- y que ofrecen enlaces en red, listas de repertorios epigráficos, etcétera...).

Tenemos que terminar aquí. Evidentemente, a hacer una buena ficha de una inscripción y a comentarla con rigor y criterio se aprende de dos modos: ensayando muchas veces y, también, con un adecuado benchmarking, aprendiendo de quienes se dedican a ello bien consultado repertorios epigráficos -especialmente los publicados a partir de la década de los noventa, quizás los que han practicado mejor el modelo de edición epigráfica más recomendable- bien escudriñando revistas especializadas para ver "modelos" de editiones principes de piezas, dos de esas revistas, por ejemplo, están en red como Ficheiro Epigráfico (Coimbra), o como Hispania Epigraphica -aunque, en realidad, ésta no publica inscripciones nuevas sino que revisa las ya publicadas, con el interés que ello tiene para algunas de las cuestiones que se han tratado en este post- aunque la lista es mucho más amplia (pincha aquí para un listado a partir del cuál organizar tus búsquedas). En cualquier caso, ofrecemos -como hacemos últimamente al final de este tipo de posts de Oppida Imperii Romani- enlace aquí a un modelo de ficha que replica la estructura que, precisamente, hemos comentado en estas líneas y que, seguro, os resultará de utilidad. ¡Al menos eso esperamos!