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E-PIGRAPHIA (y II)



Ya hace algún tiempo -¡casi cuatro años!- pusimos el título "E-Pigraphia" a un post de Oppida Imperii Romani. En él recomendábamos seguir el blog que, con el mismo título, gestiona desde hace varios años Manuel Ramírez Sánchez, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Pues bien, hoy, volvemos a poner ese título a un post de este espacio tomándolo del que llevó la jornada que se celebró el pasado día 7 de Abril en la UNED de Tudela"E-pigraphia, Fotogrametría, Nuevas Tecnologías y Epigrafía Latina" y que siguieron con interés, presencialmente y en streaming, centenares de personas. Su celebración, con el apoyo de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, tenía un pretexto claro: la inauguración y "puesta de largo" de la sección epigráfica del Museo Virtual de Los Bañales que, accesible tanto desde el portal Sketchfab como desde la propia homepage del proyecto, ofrece acceso en 3D a una veintena de las inscripciones del vastísimo -y creciente- catálogo de tituli recuperados desde el siglo XIX hasta hoy en la ciudad romana en que estamos excavando desde hace ya ocho años y, también, en su entorno inmediato. Juzga tú mismo si vale la pena visitarlo a partir de este ejemplo:




Para quienes trabajamos con cuestiones que, en el marco temporal de la Antigüedad, por su perfil institucional, demandan el constante recurso a la documentación epigráfica, no hay prácticamente día en que no realicemos alguna búsqueda en los motores de búsqueda de inscripciones en red a los que nos hemos acostumbrado desde los años noventa del siglo pasado: el Epigraphische Datenbank de Heidelberg, el Clauss-Slaby de Frankfurt o el Hispania Epigraphica OnLine de Madrid. Y, durante estos años, ya nos parecía que disponer de ese caudal documental a tan sólo un golpe de ratón y, en algunos de esos buscadores, con abundante información complementaria, era ya el futuro hecho presente. Nos equivocábamos, sin duda. En apenas unos pocos años, el concurso de la fotogrametría 3D -que ha simplificado tanto el proceso de documentación tridimensional de material arqueológico, antes coto casi exclusivo de los escaneres láser- ha hecho que la red se llene -aunque es mucho lo que queda por hacer- de información tridimensional, geométrica y perfectamente móvil, de inscripciones latinas con las posibilidades hermeneuticas, investigadoras y de difusión que ese hecho presenta. Y, precisamente, en el caso hispano, Manuel Ramírez ha tenido mucho que ver en ello digitalizando, gracias al apoyo de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, primero un buen número de inscripciones del Museo Arqueológico Nacional de Madrid -sobre ellas, pero sin 3Ds, no te olvides de este viejo post de Oppida Imperii Romani- y, más recientemente, otro generoso repertorio de las del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y volcando ambas en un proyecto webEpigraphia3D, que no debe faltar en tus favoritos. 

Precisamente, la puesta en marcha -con la excelente colaboración del experto en documentación virtual del patrimonio Pablo Serrano Basterra- de un proyecto de digitalización de material arqueológico en general y de inscripciones en particular, procedentes de la ciudad romana de Los Bañales y nuestro propósito de difundir las posibilidades del proyecto desembocaron en la jornada que antes comentábamos y que contó con las siguientes ponencias, que siguieran a un animado acto inaugural (pincha aquí) y que puedes ver ahora, desde este mismo post -cuyo objetivo es compartir ese contenido-, gracias a la plataforma digital INTECCA de Centros Asociados de la UNED

[1] "Del texto al monumento: Epigrafía en tiempo digital", por Joaquín Gómez-Pantoja Fernández-Salguero (Universidad de Alcalá de Henares). Un repaso detallado y minucioso no sólo a la reconversión del viejo proyecto de Theodor Mommsen, el Corpus Inscriptionum Latinarum, en un proyecto en red que permita el fácil acceso a la información y, sobre todo, la inmediata actualización del impresionante caudal de documentación que nos aportan las inscripciones antiguas sino, también, a las posibilidades de futuro de algunos de los más potentes motores de búsqueda de inscripciones, ahora agrupados en el consorcio EAGLE

[2] "El proyecto Epigraphia 3D", por Manuel Ramírez Sánchez (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria). Una presentación completísima de los entresijos tecnológicos y, también, de sostenibilidad y financiación, de un proyecto ejemplar de digitalización y volcado hacia la sociedad -con fines pedagógicos y de fomento de las vocaciones científicas- de dos de los mejores lapidarios del país, en Madrid y Mérida, a los que más arriba se aludió. 

[3] "El proyecto Museo Virtual de Los Bañales", por Javier Andreu Pintado (Universidad de Navarra), Pablo Serrano Basterra (Pablo Serrano Patrimonio Virtual) y Egizia-Maria Felice (University of Oxford). Una breve presentación que responde a por qué se ha hecho -en el marco de un proyecto como el de Los Bañales con tanta presencia, a través de Facebook, en las redes sociales-, cómo se ha hecho -y cómo va a seguir incrementándose su, hasta el momento, limitado catálogo- y con qué objetivos investigadores y de puesta en valor, el Museo Virtual de Los Bañales, cuya primera fase ha sido posible gracias a la Fundación Caja Navarra y a la Obra Social La Caixa.

Tras ver estos vídeos -o tras participar presencialmente, en estas jornadas- está claro que el futuro ya es presente, también en el modo cómo vamos a aproximarnos, con nuevos soportes, a textos escritos sobre piedra hace dos milenios... 




INDIANA JONES Y LA ARQUEOLOGÍA



Con la revitalización de la saga de Star Wars, quien más quien menos ha rememorado en estas últimas fechas -al hilo también de la exposición Indiana Jones y la aventura de la Arqueología, auspiciada por National Geographic- la saga cinematográfica del más famoso -o al menos el más mediático- "arqueólogo" de todos los tiempos (pincha aquí, con todos los datos sobre el personaje y su presencia en la cultura popular contemporánea).

La cuestión de Indiana Jones como arqueólogo y la de la contribución de sus películas a la construcción de una singular imagen social del arqueólogo y de la Arqueología ha interesado, de hecho, a varios blogueros especializados en materia arqueológica que han resuelto el tema de un modo magistral. Así, Katia Silveira ha afirmado que "los arqueólogos odian a Indiana Jones" (pincha aquí) señalando por qué Indiana no debe ser considerado, bajo ningún concepto, un arqueólogo; MagnificoElMulo ha subrayado que urgía deconstruir el mito de Indiana Jones y lo ha hecho en un extraordinario post sobre los problemas de la Arqueología Profesional en la actualidad (pincha aquí) -no os perdáis el interesante debate surgido en los comentarios a esa entrada, muy aprovechable-; y, por su parte, Adrián Carretón, en Arqueoblog, ha llevado a cabo una detallada disección de las diferencias entre la "Arqueología Real" -como él la llama- y la que practica este singular "arqueólogo" de Hollywood (pincha aquí). El asunto ha saltado, incluso, a las publicaciones científicas (CARVAJAL, Á., et alii: "El síndrome de Indiana Jones. La imagen social del arqueólogo", Estrat Critic, 5-3, 2011, pp. 38-49, esp. pp. 44-46) y ha servido para dar título a libros que han analizado de forma detenida y muy sagaz el futuro de la ciencia arqueológica y de la profesión de arqueólogo (RODRÍGUEZ TEMIÑO, I.: Indianas Jones sin futuro. La lucha contra el expolio del patrimonio arqueológico, Madrid, 2012).

Aunque existe cierto consenso en que, con los criterios actuales, ciertamente Indiana Jones no es un arqueólogo también suele subrayarse que ha contribuido a acercar la Arqueología -desde una óptica muy peculiar, sin duda- a la sociedad (lee aquí la reivindicación del papel de Indiana Jones en la Arqueología contemporánea que hace National Geographic, en ingles) y ha tenido, acaso, que ver, en el origen del interés por la disciplina arqueológica de muchos jóvenes en el despertar de sus inquietudes profesionales y universitarias. De hecho, la saga de Indiana Jones suele aparecer en el ranking de "las mejores películas sobre Arqueología" junto a otras sagas -que merecerían, también, comentario aparte- como Lara Croft (1999-2008) o La Momia (2001-2008) entre algunas otras (pincha aquí). 

No es la primera vez que en las series Instrumenta o Disputationes de Oppida Imperii Romani nos detenemos en el valor de determinadas producciones audiovisuales como herramienta pedagógica en el sentido más completo del término. Aunque, efectivamente, Indiana Jones -por las razones que, como se ha visto más arriba, otros colegas blogueros han aducido con mucha más solvencia de cómo nosotros podamos hacerlo en las líneas que siguen- no es, stricto sensu, un arqueólogo, sí nos parece que de varias escenas de sus películas -en particular de Indiana Jones, en busca del arca perdida (1981) y de Indiana Jones y la última cruzada (1989)- pueden servir para reflexionar sobre algunos elementos clave de la práctica arqueológica reflexión que, no se oculta, nace de varios años de experiencia en la gestión y dirección científica del proyecto arqueológico de Los Bañales y de mi práctica docente en "Arqueología Clásica" en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra donde, desde hace un par de años, funciona también un dinámico Club de Arqueología.

[I] Escena de Indiana Jones, en busca del arca perdida: aspectos contextuales y legales de la Arqueología: Arqueología, fuentes orales, deontología profesional

Esta conocida escena, apenas en los quince primeros minutos de la primera entrega de la saga, nos presenta a Indiana Jones enseñando a sus estudiantes del Marshall College, aparentemente, Etruscología. Habla de una tumba etrusca procedente de Tarquinia -cuya planta dibuja detalladamente- y ello le permite introducir algunas reflexiones sobre el modo concreto -que reduce a una cuestión de legalidad o no- de excavar -"retirar", dice él- los depósitos cerrados de este tipo de enterramientos (nótese que, como se ha subrayado habitualmente en los comentarios sobre la "Arqueología" de Indiana Jones, este personaje incide más en el objeto que en su contexto, que prácticamente obvia aunque, en esta "clase", le conceda, como veremos, cierta importancia). Al terminar la sesión, el profesor cita como bibliografía complementaria a un tal Michaelson acaso un antropólogo americano (Scott Michaelson, pincha aquí) o más probablemente un personaje inventado creado para la ficción cinematográfica (pincha aquí). Sus palabras, en algunos pasajes de esta secuencia, nos parece que no tienen desperdicio. 

Para empezar vemos al Prof. Jones caracterizando la cultura material objeto de estudio a partir de una perspectiva claramente tipológica. Su descripción -visual y verbal- del túmulo etrusco es exacta y pormenorizada, nada genérica: "está formado por un corredor central y tres cámaras o cellas funerarias". Obviamente, la Arqueología no es sólo tipología pero también es tipología. Podría decirse que es, esencialmente, tipología aunque entendiendo ésta sólo como un primer paso, como una primera herramienta. De hecho es inconcebible el avance en materia arqueológica -y en particular en Arqueología Clásica- si no somos capaces de conocer a fondo la evolución tipológica de los objetos que forman parte de las sociedades del pasado o, al menos, de aquélla sociedad con la que estemos, en cada caso, trabajando. La Arqueología es, de hecho, "la historia material de las sociedades del pasado" como la ha definido con acierto S. Gutiérrez Lloret (GUTIÉRREZ LLORET, S.: Arqueología. Introducción a la historia material de las sociedades del pasado, Valencia, 1997, un título recomendabilísimo) y esa "historia material" es imposible de ser comprendida sino es a partir de la categorización -por tanto ordenada- de los objetos con que la "escribimos". Así, sólo la consideración de los objetos en parte como únicos pero, en parte, a su vez, como manifestaciones de patrones concretos de distribución y de datación (CONTRERAS, F.: "Clasificación y tipología en Arqueología: el camino hacia la cuantificación", Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 9, 1984, pp. 327-385, esp. pp. 328-329) hace posible que la Arqueología avance en su caracterización de las sociedades antiguas. Cualquier estudiante de Arqueología, cualquier profesional de la Arqueología, tarde o temprano, habrá de enfrentarse con la clasificación y la ordenación del material recuperado y, con él, con la adecuada interpretación del registro arqueológico. Pero, hay más. 

Volvamos a la escena. Aparentemente transcurrido un tiempo de la clase, el Prof. Jones termina la explicación sobre el túmulo de Tarquinia diciendo "(...) la cámara 3 quedó sin tocar y esta cámara y los artículos fúnebres encontrados en otra en la zona dieron razón para fechar este hallazgo como hemos hecho". Además de que en esa afirmación se subraya la importancia de la preservación del registro arqueológico y de su uso como herramienta de datación, de nuevo Indiana vuelve a subrayar la importancia de la cultura material, de los objetos -"artículos fúnebres", en la versión castellana de la película- en relación con el gran objetivo de la Arqueología: la datación, la composición de un discurso histórico algo que, tristemente, se obvia cada vez más en el gremio arqueológico en aras de una simple descripción material que no termina de trascender de los objetos en sí mismos y que poco o nada aporta a la investigación. Tan terrible es la conversión del objeto en el fin último de la investigación arqueológica -como sucedía en las prácticas anticuaristas y como el propio Indiana hace en sus películas (el arca, el grial...)- como el no ser capaces de trascender de la descripción a la auténtica interpretación histórica. La Arqueología es Historia (ya lo afirmamos vehementemente hace tiempo en otro post: pincha aquí) y, de ese modo, la Arqueología Clásica es Historia de la Antigüedad Clásica por más que el desencuentro -a veces personal, otras institucional, muchas veces de ambos tipos- entre colegas de ambas disciplinas haya marcado -tristemente- tendencia en la Universidad española (para un diagnóstico, desde la perspectiva de la América prehispana pero válido en cualquier caso, puede verse LANGEBAEK, C. H.: "Historia y Arqueología: encuentros y desencuentros", Historia Crítica, 27, 2005, s. pp.; de nuevo, CARVAJAL, Á. y DE SOTO, Mª R.: "Arqueología e Historia: propuesta para una reflexión conjunta", El Futuro del Pasado, 1, 2010, pp. 21-35; y, especialmente, SAUER, E. (ed.): Archaeology and Ancient History. Breaking down the boundaries, Londres, 2004, esp. pp. 17-47 y 99-114. Para los menos versados, podrá ser útil la lectura de este post de Arqueoblog: pincha aquí). 

Indiana realiza, pues, la datación de esta tumba a través de dos instrumentos: la cultura material y la tipología y, por tanto, a través de esta última, incide en la necesidad de documentar "paralelos" para esa adecuada integración de los objetos estudiados en su contexto histórico y cultural. Recurrir a diccionarios y repertorios, tanto para Arqueología como para otras disciplinas de la Antigüedad debe formar parte -lo veremos más abajo a propósito de la segunda escena que comentaremos- del trabajo cotidiano del arqueólogo (para una relación de éstos por áreas de conocimiento, pincha aquí). Además -lo veremos en la escena siguiente, en la que Indiana citará las excavaciones de Naucratis desarrolladas por W. M. Flinders Petrie en el siglo XIX- conocer de qué modo -siempre en sentido acumulativo- la investigación arqueológica ha ido, a través de la Historia, obteniendo nueva información sobre las culturas del pasado resultará, también, algo fundamental. Un buen arqueólogo ha de ser -si no en tiempo real sí con el estudio y la dedicación- un buen "fichero" que guarde en su cabeza paralelos que puedan ayudar en la labor de contextualización a la que estamos haciendo referencia. 

"La Arqueología busca el hecho, no la verdad", sentenciará Jones en la escena que comentaremos a continuación. Para concluir esta primera reflexión, el "hecho" sería la evidencia, el dato concreto, el dato arqueológico que constituye la huella de una actividad humana en el pasado y que -habría quizás que rectificar aquí esa afirmación- permite obtener un tipo singular de "verdad", la histórica, siempre en construcción y más en Ciencias de la Antigüedad (de nuevo convendría citar aquí el inexcusable trabajo de ALFÖLDY, G.: "La Historia Antigua y la investigación del fenómeno histórico", Gerión, 1, 1983, pp. 39-61). 

[II] Escena de Indiana Jones y la última cruzada: variantes de la práctica arqueológica, la Arqueología como investigación histórica


A nuestro juicio, la más aprovechable -y más necesaria- afirmación de Indiana Jones, en clase, en toda la saga es: "el setenta por ciento de la Arqueología se hace en la biblioteca, investigando, leyendo". Tal sentencia procede, precisamente, como habrá visto nuestro lector, de esta escena en la que Spielberg parece querer hacer un remake de la escena anterior con la que los paralelos cinematográficos son incuestionables. En esta ocasión encontramos en el aula a un Dr. Jones muy desmitificador -"olviden toda idea acerca de ciudades perdidas, viajes exóticos y agujerear el mundo"- y que si en la escena anterior concedía importancia a la "tradición local" (esas "fuentes orales" y la fijación de parte del contenido de las mismas sobre el paisaje, las toponímicas, son fundamentales en Arqueología; esto no debe olvidarse y es otra de las "enseñanzas" de la secuencia de Indiana Jones, en busca del arca perdida: RIESCO, P.: "Nombres en el paisaje: la toponimia, fuente de conocimiento y aprecio del territorio", Cuadernos Geográficos, 46, 2010, pp. 7-34; ZAFRA, N.: "Nombrar, apropiar. La Arqueología del paisaje y toponimia en la aldea de Otíñar (Jaén) (1300-2000 DNE)", Arqueología y Territorio Medieval, 11-1, 2004, pp. 23-58, esp. pp. 27-36 y, por supuesto, FERNÁNDEZ, V.: Teoría y método de la Arqueología, Madrid, 1992, pp. 49-50, otro clásico) ahora, en Indiana Jones y la última cruzada, concluye, no sin razón, en que "no podemos tomar la mitología al pie de la letra". Aunque, efectivamente, eso es cierto, convendría recordar aquí el convencimiento de Heinrich Schliemann de que tan grandes epopeyas como los poemas homéricos -léase cualquier otro acontecimiento, por cotidiano que sea, de la Antigüedad- no podrían proceder, exclusivamente, sólo, de la ficción ni haber desaparecido sin dejar registro alguno... No nos resistimos a recoger la cita textual de CERAM, C. W.: Dioses, tumbas y sabios. La novela de la Arqueología, Barcelona, 197013, otro título imprescindible:

<< El padre [de H. Schliemann] le explicaba al niño [el propio H. Schliemann] muchos cuentos y leyendas. Le contaba también, cual viejo humanista, la lucha de los héroes de Homero, de Paris y Helena, de Aquiles y de Héctor, de la fuerte Troya, incendiada y destruida (...)
- ¿Así era Troya?
El padre asentía con la cabeza
- ¿Y todo esto se ha destruido, destruido completamente? ¿Y nadie sabe dónde estaba emplazada?
- Cierto -contestaba el padre.
- No lo creo -comentaba el niño Heinrich Schliemann- ¡Cuando sea mayor, yo hallaré Troya, y encontraré el tesoro del rey!
Y el padre se reía >>

Efectivamente, de cualquier actividad humana en el pasado queda -en principio, salvo alteraciones diversas, que las hay- un vestigio en forma de dato arqueológico que, debidamente bien recuperado y contextualizado, aporta muchísima información histórica. Con ser la metodología importante, que lo es, y mucho, y siendo la técnica empleada para la documentación del registro una auténtica "piedra de toque" en materia arqueológica (con bibliografía puede verse RUIZ DEL ÁRBOL, Mª.: "La organización, articulación y tratamiento de la documentación arqueológica. El sistema de administración de la base de datos relacional 'Lusitania'", ArqueoWeb, 5, 2013, s. pp. o GARCÍA-DIEZ, M., y ZAPATA, L.: Métodos y técnicas de análisis y estudio en Arqueología Prehistórica, Vitoria, 2013 y RODÀ, I. (ed.): Ciencias, metodologías y técnicas aplicadas a la Arqueología, Barcelona, 1992) lo cierto es que la afirmación de que "el setenta por ciento de la Arqueología se hace en la biblioteca" no puede estar más a la orden del día. En primer lugar, por lo que se dijo anteriormente respecto de la necesidad de poner en contexto cualquier material arqueológico a partir de su inserción en una identidad cultural concreta y, por tanto, a partir de la localización de sus paralelos formales y, por tanto, si es posible, también cronológicos. Pero, además porque, como se dijo, la Arqueología es una Ciencia de la Antigüedad y como tal "ciencia" vuelve a ser un saber acumulativo en el que la historiografía trazada sobre un determinado problema debe ser tenida en cuenta antes, durante y después de cualquier intervención arqueológica. Y no nos referimos sólo a la "literatura gris" que sobre un determinado yacimiento -en el que uno esté trabajando- exista tanto a nivel administrativo como a nivel público sino también -y especialmente- a toda la producción bibliográfica que haya sobre un tipo determinado de material arqueológico o sobre los problemas -normalmente de naturaleza histórica- ante los que nos coloque la investigación y el estudio sobre esos materiales (este tipo de asuntos están muy bien recogidos en un manual que nos atrevemos, también, a recomendar: BURKE, H., y SMITH, C.: Manual de campo del arqueólogo, Barcelona, 2007, muy inspirador). Qué frecuente es, tristemente, en la Arqueología actual, la "miopía" de pensar que lo que en un enclave arqueológico se está documentando es algo absolutamente exclusivo del citado lugar sin conceder ni un espacio -muchas veces por pereza, siempre por negligencia culpable- a una perspectiva mucho más general que inserte los datos arqueológicos de un lugar en la dinámica histórica correspondiente y en el conocimiento, también, de otros enclaves sometidos a problemáticas semejantes y que pueden aportar coordenadas históricas e interpretativas de largo alcance. A un estudiante de Arqueología deberían sonarle, apenas iniciado en la disciplina, volúmenes como el Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines Daremberg-Saglio, como la Realencyclopädie des classischen Altertumswissenschaft Pauly-Wisowa (sobre sus posibilidades y su acceso en línea ya nos detuvimos hace algunos meses en este blog: pincha aquí), como la Enciclopedia dell'Arte Antica, Classica e Orientale, o como el Lexikon Iconographicum Mytologiae Classicae (¡¡¡ya disponible como base de datos online!!!) y, entre otros muchos recursos en internet, al menos, los Fasti Archeologici Online. Sorprende, de hecho, que para muchos estudiantes jóvenes, estos títulos no signifiquen apenas nada o, incluso, obtengan sus títulos en Historia o, en el peor de los casos, en Arqueología, sin haber manejado nunca estas herramientas. Herramientas que durante generaciones han sido el primer punto de partida para la labor de documentación y de interpretación de la cultura material, fundamental, como se dijo, en Arqueología.

Urge, pues, saber compatibilizar, en materia arqueológica la Arqueología "de bota" (es decir, la tradicionalmente llamada Arqueología de campo) por la Arqueología "de bata", la de laboratorio, la de biblioteca, la que hace posible vibrar con cada hallazgo al comprobar nuestra propia capacidad de insertarlo en la cultura que lo creó y de escribir, con su análisis, parte de la Historia de nuestra cultura. Parece que hasta Indiana Jones, tantas veces denostado como modelo de "arqueólogo", nos enseña algo a este respecto...

LOS BAÑALES: ROMA EN EL VALLE DEL EBRO



[Portada del cuaderno pedagógico para escolares de Secundaria y Bachillerato que, promovido por ADEFO Cinco Villas y por Los Bañales ha sido editado con la colaboración de los Ayuntamientos de Layana, Uncastillo, Sádaba y Biota. Para la descarga del volumen completo, pincha aquí]

En pocas ocasiones Los Bañales han estado tan de moda. Sin lugar a dudas, las emociones vividas entre Mayo y Julio de este año quedarán grabadas en el corazón de quienes las han hecho posibles, y, en particular, en el de Francisco Javier Gutiérrez y Juan José Bienes, nuestros arqueólogos en esta última campaña, y en el de los estudiantes de Historia Pedro Ultra y Fernando Casado que las vivieron en primera persona, pero también en el alma de todos los que, procedentes de la Universidad de Navarra, de la UNED de Tudela o del Archaeological Program de la primera de las instituciones citadas -y de otras muchas Universidades del país- participaron en la VII Campaña de Excavaciones Arqueológicas en Los Bañales. Efectivamente, no todos los días se descubren cuatro inscripciones públicas y del calibre de las que se han puesto al descubierto este pasado verano, una dedicada a Lucio César, hijo adoptivo del emperador Augusto (pincha aquí), otra a Tiberio (pincha aquí y aquí para explicación, visualización y noticia) y otras dos al promotor de la honra a Tiberio, el oficial de caballería y después subprefecto de cohorte Quinto Sempronio Vitulo (pincha aquí y aquí). Y las cuatro en un contexto tan monumental como el del sensacional criptopórtico oriental del foro de la ciudad (pincha aquí).

Por eso, cuando -en el marco de la estrecha y encomiable colaboración que, en los últimos años, venimos sosteniendo, desde Los Bañales con ADEFO Cinco Villas, el ente de desarrollo comarcal de la zaragozana Comarca de las Cinco Villas- surgió la posibilidad de elaborar un nuevo cuaderno pedagógico para escolares de Secundaria y Bachillerato -que completase la serie de los anteriores editados en el marco de esta ya consolidada colaboración pero más dirigidos al último ciclo de Primaria- a Iñaki Dieguez, el genial arqueólogo e ilustrador navarro, y a quien firma este post de Oppida Imperii Romani nos pareció que era el mejor momento para -dando vida a ese personaje que debió ser un conocido militar tal vez natural de la ciudad romana, de nombre aun esquivo, que hubo en Los Bañales- ofrecer a los estudiantes -y al público en general- un material que les ayudase a evocar el mundo romano con ejercicios y con mapas y tablas cronológicas que les permitiesen también comprender la fuerza de la huella que Roma dejó en todas las Hispanias y, de modo particular, en esos territorios tan romanizados del Norte de Aragón.

La empresa, en la que colaboró activamente Pedro J. Soriano, un joven e ilusionado Profesor de Enseñanza Secundaria zaragozano -por razones diversas, además, emparentado con las Cinco Villas- ha querido ser un hito más que continuase la labor de "siembra" que, en los últimos años, han realizado entre los escolares más jóvenes los cuadernillos De Agri Cultura: el campo en torno a las Cinco Villas en época romana, en 20015 (pincha aquí) y Los Bañales: Roma en las Cinco Villas, en 2013 (pincha aquí) en aquella ocasión con ilustraciones de la dibujante Marta Guijarro. Y, sinceramente, y aunque pueda resultar pretencioso afirmarlo aquí, lo hemos conseguido y, sin duda, Los Bañales cuenta hoy con una herramienta pedagógica a la altura del proyecto que siempre ha querido ser y en el que en los últimos tiempos -a fuerza de grandes hallazgos, sí, pero, sobre todo, a fuerza de generosidad y entrega, de ilusión y sacrificio- se ha convertido. Así, en apenas veinticinco páginas, Sempronio Vitulo, recreado como oficial de caballería -el primero de los cargos de su cursus honorum- conduce al visitante -y lo cierto es que el contenido es válido para estudiantes pero también para público más versado e incluso para adultos- por la línea del tiempo básica de la presencia de Roma en el Ebro Medio, por los lugares en que, en el hermoso territorio cincovillés, podemos aun admirar los restos de la presencia romana -intensísima si pensamos en las otras tres ciudades con que, además de la de Los Bañales, contó la Comarca: la que hubo en Ejea de los Caballeros, la que hubo en Sofuentes y la que hubo algo más allá de Sos, ya casi en tierras de Sangüesa- y por los atractivos monumentales de la ciudad romana: el foro, los espacios doméstico-artesanales, las termas, el sensacional acueducto de Los Pilarones y la ocupación tardoantigua -y prerromana, probablemente- del cerro de El Pueyo donde se concentró un reducto poblacional hasta el siglo VIII d. C. Como no podía ser de otro modo dos auténticas joyas del patrimonio romano cincovillés -el acotado funerario de los Atilios, en Sádaba y el torreón de Layana convertido en utilísimo Centro de Interpretación sobre el Paisaje Rural Romano- también son abordados en el cuadernillo que incorpora, para cada visita, un elenco de actividades variadísimas para realizar en el aula pero, sobre todo, en el campo, a pie de yacimiento.

Los romanos estaban convencidos de que sólo el olvido suponía la muerte, sólo la ausencia de recuerdo anulaba la vida del espíritu. Por eso, en estos últimos meses es inevitable pensar que allá donde esté, Quinto Sempronio Vitulo, hasta la fecha el más ilustre y mejor documentado "hijo" de Los Bañales, sonreirá y pensará que, efectivamente, como los Romanos creían, labor omnia uincit. Y estamos seguros que el esfuerzo (la labor) de edición de este cuadernillo le satisfará no sólo a él... también a todos los que, a través de su lectura, quieran acercarse al legado de Roma que año a año se presenta más vivo en Los Bañales. Poner en valor ese legado es el principal objetivo de Los Bañales: Roma en el Valle Medio del Ebro, las Cinco Villas de Aragón, un hito bibliográfico más que añadir a la producción pedagógica que está haciendo de Los Bañales (pincha aquí) uno de los yacimientos con mejor material didáctico de nuestro país.


PATRIA MEA TOTVS HIC MVNDVS EST


[Sobre estas líneas, tabula Peutingeriana, uno de los más conocidos mapas del mundo romano (para saber más sobre él pincha aquí) que, lamentablemente, no muestra la parte hispana pese a los ensayos de recreación de la misma que, a partir de Ptolomeo, el Itinerario de Antonino y el Cosmógrafo de Ravenna se han hecho de ella: pincha aquí]

Non sum uni angulo natus, patria mea totus hic mundus est (Sen. Ep. 3, 28, 4): "no nací para estar fijo en un punto, mi patria es todo el mundo" afirmaba Séneca en una de sus célebres cartas a Lucilio en la frase que da título a esta entrada. Y es que, la capacidad de movimiento, de viaje, de contacto cultural, de -a través de una admirable red de comunicaciones- "abrir todas las puertas del mundo", de la "casa común" en que -a juicio de Elio Aristídes, en el Elogio de Roma (26, 102)- se convirtió el Imperio Romano, constituye, sin duda uno de los grandes méritos de esta fascinante civilización del mundo antiguo y, acaso, uno de los grandes legados de Roma a la cultura occidental. La extraordinaria red viaria (cuyas excelencias técnicas han sido tan extraordinariamente bien glosadas por MORENO, I.: Vías romanas. Ingeniería y técnica constructiva, Madrid, 2006, libro ya disponible en pdf en la imprescindible web TRAIANVS) debió hacer del viaje -como sabemos también por la documentación epigráfica (véanse al respecto dos títulos imprescindibles de reciente publicación: IGLESIAS, J. M., y RUIZ, A. (eds.): Viajes y cambios de residencia en el mundo romano, Santander, 2001 -ver reseña aquí- y el dossier monográfico que, sobre la cuestión de la "movilidad geográfica en el Imperio Romano", ofrece la revista Veleia, 30, 2013)- un hecho extraordinariamente cotidiano en la época romana, no exento de peligros, obviamente, pero cargado de compensaciones y, sobre todo, de posibilidades técnicas. Costumbres -tan del presente- como la de disfrutar de una casa de campo en la que pasar el fin de semana  y a la que poder viajar de manera constante, por ejemplo, están ya documentadas para finales del siglo I d. C. como nos recuerda un célebre poema de Marcial, el poeta de Bilbilis (Mart. Ep. 3, 58), en que criticaba a su amigo Baso por salir cada fin de semana, desde la capital del Imperio, a su residencia suburbana llevando productos de los mercados ciudadanos en vez de regresando a Roma con los que aquella finca le proporcionaba que habría sido lo deseable, en una muestra clara del viaje como un elemento típicamente otiosus, en parte como todavía hoy lo seguimos -no siempre, es cierto- concibiendo. 

En este sentido, quien escribe este blog se tropezó hace unos días, en un recomendabilísimo libro, séptima entrega de los coloquios Impacts of Empire (HEKSTER, O. J., DE KLEIJN, G., y SLOOTJES, D. (eds.): Crises and the Roman Empire, Leiden, 2009), con un epílogo en el que su autor, J. Nicols, hablando, además, a propósito de las transformaciones experimentadas por el Imperio a partir de Marco Aurelio (asunto que fue ya objeto de la atención de un reciente post de Oppida Imperii Romani: pincha aquí) presentaba el proyecto Mapping History, un banco de información cartográfica -pero no sólo- para toda la Historia Universal con una generosa presencia de materiales relativos al mundo romano [3] y que nos resultaba, desde luego, totalmente desconocido. Esa constatación y, también, el recurso constante, para las clases en la Universidad de Navarra, a materiales didácticos, principalmente cartográficos, en los que apoyar la docencia nos pareció un buen pretexto para dedicar un post de la serie Instrumenta de nuestro blog a tres recomendaciones -las que siguen: [1], [2] y [3]- que nos parecen básicas para quien quiera tener, entre sus favoritos, algunos sites con recursos cartográficos sobre el Imperio Romano algo que, por otra parte, parece perfectamente justificado en un blog orientado a presentar recursos e información sobre ciudades romanas como es Oppida Imperii Romani.

[1] La muy recomendable página Illustrated History of the Roman Empire -una página en inglés con abundante información, muy didáctica, sobre la Historia de Roma, tal vez algo básica y con un layout quizás un poco antiguo pero, en cualquier caso, intuitivo- cuenta con una sorprendente sección de Interactive Maps. Desde dicha sección, el usuario puede realizar búsquedas cronológicas y geográficas básicas sobre la cartografía base (desde luego, es una página básica para quien tenga que familiarizarse con la geografía administrativa del Imperio Romano a través de su Historia). Entre las opciones de interactividad que el site ofrece está la de elegir fechas y ver el aspecto del Imperio en ese momento (un ejemplo, aquí), elegir provincias o ciudades a partir de un desplegable y verlas localizadas (pincha aquí para un ejemplo) y con una breve información descriptiva de carácter histórico y administrativo o, también, una muy útil lista de equivalencias entre provincias antiguas y países modernos (pincha aquí). Muy sencilla por lo tanto -en contenido y en funcionamiento- pero, desde luego, útil para los menos iniciados.

[2] Tremendamente evocadores y extraordinariamente útiles son el Digital Map of the Roman Empire, del proyecto Pelagios -del que ya hablamos en otro post de este blog (pincha aquí)- o el Digital Atlas of the Roman Empire, de la sueca Lund University y, especialmente, Orbis: The Standford Geospatial Network Model of the Roman World, gestionado desde la Standford University. Los dos primeros tienen una funcionalidad y unas prestaciones muy parecidas: permiten introducir nombres de ciudades antiguas y obtener información básica sobre ellas -estatuto jurídico, algunas fuentes, filiación administrativa...- y su ubicación sobre el mapa y sobre la red viaria. El primero es especialmente generoso en ese tipo de información pues permite acceder a abundante información sobre la ciudad buscada en otros servidores geográficos relacionados con el mundo antiguo (pincha aquí para ver un ejemplo a propósito de Tarraco). Muy especial es el citado proyecto Orbis pues no se trata tanto de un atlas con información geográfica (aunque también la admite en la sección de "capas" que ofrece su interfaz) sino de un simulador que planifica rutas de transporte en época romana interviniendo, en dicha planificación, variables como el tipo de transporte empleado o la estación del año escogida para el viaje y aportando como resultado no sólo la duración sino también alternativas posibles -en ruta y en fecha- para el citado trayecto y una estimación del cálculo del coste del transporte de cualquier mercancía (con una filosofía parecida, y un sabor más latino, la web Omnes Viae también permite realizar, quizás con menos información pero con un modus operandi más pegado -para bien y para mal- a la información de los itinerarios antiguos, búsquedas de este tipo). 

[3] Muy especial es el proyecto Mapping History, de la University of Oregon, que, como se dijo más arriba, es el que inspira este post. Concebido como un banco interactivo de información cartográfica de Historia mundial, el proyecto cuenta, en su apartado de European History, con una muy generosa selección de mapas correspondientes a las secciones Roman Italy in the Republic, Romanization, Rome and Asia Minor, Crise of the 3rd Century (los enlaces llevan a la primera página, introductoria, de cada aparato gráfico): en torno a quince mapas. Algunos de ellos, como el mapa The Romanization of Western Mediterranean se cargan con una línea del tiempo que permite ir viendo la evolución territorial del Imperio con los hitos más destacados que marcaron la misma y, también, con una breve síntesis, escrita, en la parte inferior del mapa. Pero, más allá de la cartografía, el proyecto Mapping History es especialmente solvente en presentar análisis de situaciones complejas desmenuzadas en sus diversas variables permitiendo, de hecho, una mejor comprensión de algunos de los momentos más importantes y de transformación de la Historia de Roma (la disección que se hace de costes administrativos, la minería y el comercio, la prosperidad, los factores de agresión externa o los transportes respecto de la matriz Some Factors in the Crises (of the 3rd Century) o de su complemento Other Archeological Factors (of the 3rd Century Crisis) resulta digna de cualquier estudio de investigación).

Obviamente, hay muchos más -y seguro que el lector de este blog puede, incluso, aportar algunos en la sección de "Comentarios"- y entre estos cabría citar, al menos, la categoría Maps of the Roman Empire de la sección de Mapas de la Wikipedia; el Atlas of Ancient Rome del proyecto Atlas of the World, aun en proceso de construcción, también de la misma Wikipedia; o, con la misma filosofía de colección de mapas imprescindibles el repertorio que ofrece Taringa (con carácter interactivo algunos de ellos), el repositorio The Roman Empire: 18 centuries in 19 maps, de la Griffith University o la colección, muy básica pero útil también como introducción, de LacusCurtius, un interesante y muchas veces enlazado site de textos clásicos. Pero los tres aquí citados nos han resultado, desde luego, los más impactantes. 

Con este material, es ahora a ti, querido lector al que le toca decidir -en frase de Trajano a Plinio el Joven- quali itinere prouincia peruenias, "a través de qué itinerario llegarás a (qué) provincia" (Plin. Ep. 10, 16):  ya sabes, bene sit tibi uiator...

POPVLVS COPIOSISSIMVS STATVARVM



[Sobre estas líneas, The Exedra, acuarela (1871) del pintor británico Sir Lawrence Alma-Tadema con varios tituli sepulchrales pompeyanos]

Hace ya algunos meses, quien escribe este blog recibió la invitación del Prof. Dr. D. Julián González, Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla, para participar en una nueva edición de los talleres de actualización -en este caso sobre Epigrafía Latina- que, desde hace varios años, viene organizando puntualmente la Delegación de Sevilla/Huelva de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. En esta ocasión, el reto era el de, en una serie de charlas (pincha aquí para ver el programa completo) ofrecer un acercamiento introductorio al papel jugado por las inscripciones, por los textos epigráficos, en la sociedad romana. ¡Una invitación, sin duda, irresistible y que, por tanto, era necesario aceptar y de la que, dada la notable presencia de la Epigrafía Latina en este blog (pincha aquí), nos parecía había que dejar constancia con un breve post por si el contenido de la citada charla podía ser de interés para alguno de los lectores de Oppida Imperii Romani! (por cierto, en estos días han empezado a difundirse por la red la web holandesa Saxa Loquuntur, un site en internet gestionado desde la University of Gröningen por el Prof. O. Van Nijf que cualquier amante de la Antigüedad Clásica en general y de la Epigrafía Griega y Latina en particular debe frecuentar pues ofrece, incluso, un sencillo tutorial para la lectura de inscripciones antiguas, especialmente griegas -pincha aquí- además de acceso al CIL Open Access y a un buen número de recursos online muy recomendables, y, también, se ha empezado a dar a conocer la imprescindible página Epigraphia3D, del Prof. Manuel Ramírez Sánchez, de la Universidad de Las Palmas, sencillamente cautivadora). 

Populus copiosissimus statuarum, así definía Cassiodoro (Cass. Quest. Var. 7, 13) la sociedad romana aludiendo al recurrente recurso de Roma a honrar con estatuas a sus ciudadanos distinguidos, un recurso que, incluso, como apuntaba Plinio el Joven, sabemos que llevaba a determinados hombres a la treta de que, si ellos mismos no recibían esos honores, eran ellos quienes los dedicaban a terceros (Plin. Epist. 1. 17) y de ese modo garantizaban su presencia en el espacio público aunque fuera homenajeando a otros. Esa humanissima ambitio de la que se hacía eco Plinio el Viejo (Nat. 34, 17) -y que nos servía hace algunos meses para encabezar nuestro post de valoración del ya imprescindible The Oxford Handbook of Roman Epigraphy (Oxford, 2014) (pincha aquí)- fue dando forma, sobre todo a partir de Augusto (ALFÖLDY, G.: "Augustus und die Inschriften. Tradition und innovation. Die Geburt der imperialen Epigraphik", Gymnasium, 98/1, 1994, pp. 289-324) al hábito de grabar inscripciones, a eso que se ha denominado el "hábito epigráfico" un concepto que expresa de modo muy gráfico el recurso de Roma al lenguaje inscrito sobre soporte duro (MAC MULLEN, R.: "The Epigraphic Habit in the Roman Empire", American Journal of Philology, 103-3, 1982, pp. 233-246, además de la valoración que de él hace F. Beltrán Lloris en su contribución -pp. 131-148, con toda la bibliografía necesaria- al manual Oxoniense: pincha aquí).

Ese singular hábito epigráfico -ya de raigambre claramente griega pero que, en realidad, tuvo su eclosión a partir del mundo romano- en el momento en que consumó la generación de un singular modo de comunicación -global en cierto modo pero con manifestaciones concretas de carácter local: la "cultura epigráfica" (ver, por ejemplo, COOLEY, A.: "Epigraphic culture in the Roman World", en The Cambridge Manual in Roman Epigraphy, Cambridge, 2012, pp. 117-326 aunque, en castellano, es célebre el vídeo que la Cervantes Virtual difundió sobre el tema a partir de una etrevista a Géza Alföldy: pincha aquí)- fue empleado, precisamente, cómo fórmula estándar para que los poderes públicos transmitieran información (eso es, de hecho, un monumentum, algo hecho para advertir algo -monere- a quien lo contemplaba) y para que los individuos particulares se mostrasen a la sociedad como les interesaba ser percibidos (a eso llamamos "auto-representación") generando, además, sobre todo en el medio urbano, un particular "paisaje epigráfico" cuyo análisis, desde luego, se ha puesto de moda en la investigación en los últimos años (muy válido es el trabajo de IGLESIAS GIL, J. M. y RUIZ, A. (eds.): Paisajes Epigráficos del Occidente Romano: monumentos, contextos, topografías, Roma, 2013), paisaje éste que fue configurando un espacio público repleto de textos para leer (esclarecedores son, a este respecto, los trabajos de M. Corbier, en particular CORBIER, M.: "L'écriture dans l'espace public romain", en L'Urbs: espace urbaine et histoire (Ie siècle av. J.-C.-IIIe siècle ap. J.-C.), Roma, 1987, pp. 27-60) y que hoy, gracias -al menos en las Hispanias- a extraordinarios conjuntos epigráficos -valgan como ejemplo Labitolosa, Segobriga o Los Bañales, entre otros- podemos, más o menos, reconstruir.

¿Qué función cumplía un texto escrito en un medio público en época romana? ¿Era la misma la función si el promotor de su difusión era el poder o era un particular? ¿Qué problemas tenemos para el conocimiento, la delimitación y la descripción del paisaje epigráfico de las ciudades romanas? ¿Qué inscripciones fueron las más expuestas en el corazón de la vida cívica de cualquier centro urbano romano, el foro, y con qué propósitos? ¿Qué virtudes solían exponer en público quienes promovían este tipo de textos para la consideración pública? Éstas y otras preguntas se analizaron en la citada conferencia (puedes ver aquí la repercusión de la misma en la sección de noticias de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra) cuyo material complementario -en realidad una síntesis que responde a muchas de estas cuestiones (teníamos previsto incluir también el audio pero se nos olvidó conectar la grabadora mp3: ¡mil perdones!)- se ofrece a continuación para disfrute, aprendizaje y -¡ojalá!- contagio de nuestra singular manía epigráfica entre los seguidores de Oppida Imperii Romani... 

Diapositivas de la conferencia "Inscriptiones in publico positae: reflexiones sobre el paisaje epigráfico de las ciudades romanas" (Sevilla, 17 de Marzo de 2015)



LOS BAÑALES: DE AGRI CVLTVRA


[Cubierta del cuaderno pedagógico De Agri Cultura: el campo en las Cinco Villas en época romana, segunda entrega -para la primera, pincha aquí- de la serie de cuadernos para escolares y familias promovidos por ADEFO Cinco Villas y la Fundación Uncastillo en relación con la intensa actividad pedagógica que se desarrolla en el yacimiento arqueológico de Los Bañales. En este caso, la edición es posible gracias a la Comarca de las Cinco Villas y a los Ayuntamientos de Biota, Layana, Sofuentes, Uncastillo y Sádaba. Pincha aquí para descargar el cuadernillo completo]

No es la primera vez (pincha aquí) que la expresión De Agri Cultura aparece encabezando un post de Oppida Imperii Romani. Tampoco es la primera vez que Teo, este simpático arqueólogo dibujado por la genial ilustradora Marta Guijarro, aparece en el encabezamiento de un post de este blog (pincha aquí). Esa expresión latina -tomada de los textos clásicos de Columela, Catón o Varrón- alude también al singular Centro de Interpretación que, con ese mismo nombre, explica en la localidad de Layana el paisaje rural que circundó la ciudad romana de Los Bañales y sobre cuyo audiovisual -sencillamente cautivador (puedes verlo aquí)- ya escribimos un post, también, hace algún tiempo (pincha aquí). 

Pero, lo cierto es que desde hace algunos meses -aunque para la presentación haya habido que esperar un poco- esa expresión latina es, también, la que da título al segundo cuadernillo -ojalá que no el último, de hecho, hay planes ya en marcha para que no lo sea- que, con una finalidad claramente pedagógica, pretende acercar a los escolares y a sus familias la huella romana -esta vez no tanto la que dejaron las ciudades de Campo Real/Fillera (Sos del Rey Católico), Cabezo Ladrero (Sofuentes) o Los Bañales (Uncastillo) sino la que nos ha quedado de las unidades de explotación, puesta en valor y disfrute de los recursos de los territoria rurales de aquéllas- tan presente en la Comarca de las Cinco Villas un acercamiento que, sin duda, es preceptivo porque, como hemos escrito otras veces, estamos convencidos de que donde van los niños acaban, también, yendo sus padres. Ese espacio, que en las Cinco Villas aparece salpicado de restos monumentales de antiguos conjuntos funerarios pero, también, de otros mucho menos espectaculares pero acaso igual de elocuentes lo conocemos muy bien pues, desde 2009, quien escribe estas líneas se lo ha "pateado" -siempre con la colaboración de tantos buenos cincovilleses y en compañía de Ángel A. Jordán- y, de hecho, gracias a ese trabajo pocos yacimientos arqueológicos peninsulares cuentan con una serie tan larga de hallazgos de unidades de poblamiento fruto de campañas continuadas de prospección arqueológica tanto en áreas inmediatas a la ciudad (Trabajos de Arqueología Navarra, 21, 2009 y 22, 2010) como en otras más periféricas (Espacio, Tiempo y Forma. Serie 1, 4, 2011), trabajos todos que han permitido trazar un -cada vez más claro (Cuadernos del Marqués de San Adrián, Número Extraordinario, 2009-2010)- modelo del que fuera el patrón de ocupación del territorio rural, del ager, en época romana en torno a Los Bañales y que, como es obvio, sigue muy de cerca el típico patrón del poblamiento rural hispanorromano (fundamental, a este respecto, al menos MANGAS, J., y NOVILLO, M. Á.: El territorio de las ciudades romanas, Madrid, 2008). 

Eso es, básicamente, pero adaptado al lenguaje de estudiantes de Primaria y, acaso, primeros cursos de Secundaria, lo que se transfiere en este cuadernillo. En él un simpático y joven Lucio Atilio, inspirado en las conocidas inscripciones del acotado funerario de los Atilii de Sádaba (CIL, II, 2973) se ocupa de ir introduciendo a los lectores en cuál era la relación entre campo y ciudad en el mundo antiguo, en cómo -y con qué formas concretas de poblamiento- se articuló ésta en el mundo romano y, también, en qué cultivos fueron los más atestiguados en el entorno del Valle Medio del Ebro en particular -y en las Hispanias en general- entre los siglos I a. C. y V d. C., los correspondientes a la fase de mayor intensidad del proceso de aculturación que denominamos, aun, Romanización. Además, se recomiendo al lector visitar algunos de los monumentales restos de esas potentes oligarquías hispanorromanas que pusieron en explotación las vegas de los ríos Riguel y Arba de Luesia. Ahora, sólo le toca al lector de Oppida Imperii Romani acceder a esta publicación y juzgarla él mismo. Si, además, sirve para que el lector descubra el potencial arqueológico de las Cinco Villas y nos visite en el marco del próximo Fin de Semana Familiar Romano que hemos preparado en Los Bañales para los días 17-19 de Abril próximos ya habrá poco más que pedir...

¡Ojalá os guste, nos ayudéis a difundirlo y aprendáis con él!


OPPIDA LABENTIA





"En estos momentos examino atentamente los gastos, las rentas y los deudores de la ciudad de Prusa (rei publicae Prusensium impendia, reditus, debitores exceutio); considero esta actividad, según profundizo en ella, más y más necesaria. En efecto, mucho dinero está en poder de particulares por motivos muy diversos (pecuniae a priuatiis detinentur); además algunas cantidades se gastan en conceptos muy poco legítimos (minime legitimis sumptibus erogantur)". Con estos términos escribía Plinio el Joven al emperador Trajano a finales del verano del año 109 d. C. (Plin. Ep. 10, 17a, 3). A vuelta de correo, podríamos decir, el emperador hispano contestaba al entonces gobernador provincial: "en primer lugar debes examinar detenidamente las finanzas de las comunidades (rationes rerum publicarum excutiendae sunt): pues es evidente que han estado muy descuidadas (eas uexatas satis constat)" (Plin. Ep. 10, 18, 3).

Poco más puede añadirse para abrir este post. El tema sobre el que se cartearon Plinio el Joven y Trajano resulta tremendamente actual pero es que, además, no faltan en la documentación epigráfica del Occidente Romano -y especialmente en la hispana- elementos para entender que la ecuación municipio/cargos municipales/cargas públicas (municipia/honores/munera) -que tan bien explica el libro PEREIRA, G., Munera civitatum. La vida de la ciudad romana ideal, Sevilla, 2011 cuyo autor nos ha dejado hace apenas unos días: ¡descanse en paz!- no siempre funcionó a la perfección y que los reveses económicos que, en forma de crisis global, vivió el Occidente Romano a partir del siglo III d. C. -si no es que comenzaron algo antes- unidos a una cierta desmesura en el crecimiento monumental de determinadas comunidades (puedes leer sobre el tema, en positivo, en un viejo trabajo nuestro publicado en Iberia, 7, 2004) debilitaron una de las claves del éxito -durante al menos tres siglos- del modelo municipal romano: la gestión de la res communis municipii, la caja pública municipal, el erario público complementado, además, con las prestaciones voluntarias (munera personalia) que los magistrados locales debían realizar en beneficio de su ciudad otro tema de extraordinaria actualidad en nuestra contemporánea situación política (sobre las claves del funcionamiento estándar del municipium romano puedes leer este antiguo trabajo: pincha aquí).  A esa impresión procedente de la documentación epigráfica y de los textos -que hablan, incluso de "ciudades en dificultad", de oppida labentia (SHA., Marc. 23, 3)- se ha venido uniendo como testimonio la constatación, cada vez más frecuente en el registro arqueológico, de que muchas ciudades hispanorromanas fueron proyectos fallidos, muy escenográficos, altamente propagandísticos, reflejos de la maiestas de Roma pero de duración relativamente corta. Así lo hemos visto, por ejemplo, en Los Bañales de Uncastillo que nos está revelando de modo muy nítido -casi desde la campaña de 2009 (pincha aquí)- evidencias claras de la transformación urbanística que se esconde detrás del término que encabeza este post como la arquitectura de spolia atestiguada en la parte baja de la ciudad (pincha en este trabajo de Habis, 44, 2013 y -aunque aun por confirmar- el nivel de amortización de estatuaria cuya excavación nos viene ocupando desde 2013 parecen también sugerir (pincha en este trabajo de Zephyrus, 73, 2014).

Precisamente esa impresión adquiere ahora carta de naturaleza como evidencia gracias a la publicación de dos trabajos -en los que hemos tenido el privilegio de colaborar (pincha aquí para la de [1] y aquí para la de [2], quizás más "programática")- que -en primer lugar- por tratar de lleno el tema de la vida urbana -tan del gusto de Oppida Imperii Romani- nos parece merecían un post monográfico -en la etiqueta Volumina- en este espacio pero es que -como explicaremos más abajo- están, además, en relación con un apasionante objeto de investigación que, seguro, habrá de darnos muchas sorpresas en años venideros. 

[1] VAQUERIZO, D., GARRIGUET, J. A., y LEÓN, A. (eds.): Ciudad y territorio: transformaciones materiales e ideológicas entre la Antigüedad Clásica y el Altomedioevo, Universidad de Córdoba, Córdoba, 2014 [ISBN: 978-84-9927-163-7]Promovido por el activísimo y envidiable Grupo Sísifo, de la Universidad de Córdoba (responsable de proyectos de difusión del patrimonio arqueológico en redes sociales tan sugerentes como ArqueoCórdoba o Arqueología somos todos y, sin duda, también generador de un volumen de conocimiento en materia arqueológica -sobre ciudades históricas y sobre mundo funerario, al menos- muy notable) el volumen en cuestión tiene más validez que, sencillamente, la de ofrecer notable información -casuística, si se quiere- sobre las transformaciones que se han descrito más arriba y que podrían evidenciar los procesos que caracterizan a un oppidum labens, a una "ciudad en dificultad". Estamos convencidos, por ello, de que este libro se convertirá -como anteriores entregas de la serie en que se inscribe- en un clásico de la investigación sobre ciudad y territorio en el mundo hispanorromano. Parte de ese complemento de su valor está en que incluye una serie de trabajos que, a nuestro juicio -y así lo hemos expuesto en una reseña detallada de este libro que verá la luz pronto en una conocida revista de la especialidad- tienen una extraordinaria utilidad y, seguramente, alcanzarán, con el tiempo, una extraordinaria -y muy merecida- vigencia. A este grupo de contribuciones con carácter global -pese a que, algunas, se centren en un caso concreto de estudio- y cuya validez, por tanto, va más allá de la estrictamente documental y es, también, casi disciplinar pertenecen, a nuestro juicio, los estudios que abren el volumen -a cargo de D. Vaquerizo y de A. Ruiz Osuna (pincha aquí) y que aluden más, sobre todo el primero, a la siempre interesante cuestión de los territoria periurbanos que ya fuera objeto de estudio de una entrega anterior de las Monografías de Arqueología Cordobesa-, los trabajos que D. Romero dedica a Astigi (pincha aquí) donde traza -de modo claro- los problemas de la ciudad hispanorromana con posterioridad a la época flavia, el que J. A. Garriguet consagra al estudio del fenómeno de los spolia escultóricos en Corduba -pero con alusión a otros casos y con bibliografía muy generosa, extraordinariamente útil (pincha aquí)- o el que C. González Gutiérrez consagra al fenómeno de la madina islámica andalusí desde una óptica estrictamente arqueológica muy sugerente (pincha aquí), acaso uno de los más claros trabajos de la miscelánea. Pero, además, el acierto de los editores de completar el volumen -gran parte del cual reúne trabajos bajo el epígrafe "Córdoba, como laboratorio" (pp. 11-126)- con trabajos relativos a investigaciones arqueológicas en marcha -y con novedades sobre sus fases finales- en ciudades de otros rincones de las Hispanias permite que -como sucede en el volumen que comentamos más abajo ([2])- se obtenga de su lectura una detallada panorámica de ejemplos concretos de la evolución urbanística de importantes ciudades hispanas como Bilbilis (a cargo de M. Martín-Bueno y Carlos Sáenz, pincha aquí), Barcino (a cargo de J. Beltrán de Heredia), Valentia (a cargo de J. L. Jiménez, A. Ribera y M. Roselló), Complutum (a cargo de S. Rascón) o Munigua (a cargo de Th. Schattner) (en este sentido resulta también ejemplar el estudio relativo a las ciudades del área occidental del conuentus Hispalensis, pincha aquí) -que tanto tienen que decir sobre el asunto central del libro- pero también sobre ámbitos más recientes de la ciudad histórica. Ejemplares resultan, en este sentido, el estudio de la Mérida visigótica firmado por M. Alba -que cierra el volumen- o el de la Córdoba islámica a cargo de R. Blanco (pincha aquí). Un libro, desde luego, absolutamente imprescindible.

[2] RAMALLO, S., y QUEVEDO, A. (eds.): Las ciudades de la Tarraconense oriental entre los siglos II-IV d. C. Evolución urbanística y contextos materiales, Universidad de Murcia, Murcia, 2014 [ISBN: 978-84-16038-63-3]. Resultado de la celebración de un oportunísimo -y entonces, en Marzo de 2012, pionero- congreso en la Casa de Velázquez centrado en el asunto "¿Crisis urbana a finales del Alto Imperio?", el volumen que aquí comentamos (ver aquí el índice) supone otro hito de referencia para pulsar la marcha de los últimos siglos -y siglos difíciles- de la vida de muchas ciudades romanas en esta ocasión, especialmente, del sector más oriental de la Tarraconense peninsular. Así, desfilan por él trabajos sobre conocidos centros urbanos -en su mayoría del conuentus Tarraconensis meridional, aunque no sólo- como Edeta (por X. Escrivá, pincha aquí), Tarraco (por A. Perich, pincha aquí), Dertosa (por R. Járrega, pincha aquí), Ilici (por A. Ronda, pincha aquí) y otros más transversales que analizan la crisis urbana a partir de otras evidencias como los programas pictóricos -en un excelente trabajo de A. Ruiz- o los edificios de espectáculos (a cargo de F. Fernández Mata, M. C. Berrocal y J. Pérez Ballester: pincha aquí). A ellos se unen dos que nos parecen especialmente sugerentes sobre dos ciudades que están dando mucho que hablar en los últimos años, Los Bañales de Uncastillo y Iulia Lybica, en la Cerdaña (una reflexión conjunta sobre ambas desde su condición de ciudades del ámbito prepirenaico y pirenaico protagonizará una jornada que estamos organizando en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra: pincha aquí). Precisamente, si hay una laguna -que no desmerece del resultado final- que se puede achacar al trabajo de las Monografías de Arqueología Cordobesa que comentábamos más arriba -la ausencia de un prólogo a modo de estado de la cuestión o de presentación de objetivos- lo cubre con creces esta publicación de la Universidad de Murcia. En las primeras páginas, los editores, S. Ramallo y A. Quevedo realizan una excelente contextualización al problema de la crisis urbana en las Hispanias en particular e, incluso, en el Occidente Latino en general (pincha aquí). En ese trabajo -y como recientemente ha subrayado también una investigadora a la que tenemos el privilegio de orientar, Judit Mata, en un artículo publicado en la revista Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 22, 2014 que, estamos seguros, va a convertirse en citadísimo- ambos autores subrayan varias ideas que nos parece importante resaltar aquí. En primer lugar, que a partir de finales del siglo II y, desde luego, desde el siglo III, el fenómeno urbano -esencial en la relación de Roma con los territorios provinciales- pasa por momentos de dificultad; en segundo lugar que esos momentos y las razones de los mismos sólo pueden ser aprehendidos con un estudio detenido y comparativo de casos concretos -algo que, precisamente, se vuelve ahora más fácil con estos dos trabajos que aquí reseñamos y que para la Tarraconense está ya estudiando Judit- y con una adecuada contextualización arqueológica de los mismos; y, por último, que -en esta cuestión, ¡como en tantas otras!- es necesario un adecuado diálogo interdisciplinar entre historiadores y arqueólogos para resolver las cuestiones implicadas en este sugerente proceso histórico.

No podemos terminar sin esconder que, más allá de la conexión del tema -de dimensiones claramente urbanas, municipales- con el horizonte que inspira Oppida Imperii Romani, a la cuestión de los oppida labentia le tenemos especial cariño. Ha sido una problemática que ha surgido trabajando en la ciudad romana de Los Bañales y, tal vez, la primera cuyo estudio hemos podido encomendar -y se ha asumido, desde luego, con altas dotes de entusiasmo y aun mejores, si cabe, aptitudes de trabajo- a una estudiante formada al abrigo del gran proyecto formativo que es aquélla excavación. Ella ya ha dado pasos al respecto, con un sensacional Trabajo de Fin de Máster que defendió hace algunos meses (y que inspira el artículo de los Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra que se ha citado hace unas pocas líneas) y con ella vamos a dar varios pasos, el primero presentar una reflexión al respecto, desde una óptica jurídica pero, también, material, arqueológica e institucional- en el Congresso Internacional de História da Antiguidade Clássica, a celebrar en la Universidade de Coimbra en Mayo y el segundo, también en este 2015, la celebración del II Coloquio de Arqueología e Historia Antigua de Los Bañales -cuyo programa estamos aun cerrando: estad al tanto de la homepage del proyecto (pincha aquí) y de su página de seguidores en Facebook (pincha aquí)- sobre esta cuestión. ¿No nos dirán que el tema no es actual? Y lo mejor de todo es que ahora es más fácilmente comprensible gracias a estos dos volúmenes que, desde luego, van a dar mucho que hablar...