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IN FIDEM ET CLIENTELAM



No se descubre nada al lector si quien escribe estas líneas reivindica el poder pedagógico que, siempre, ha tenido el cine en la docencia de la Historia y que, si cabe, se hace ahora mayor en la era de los millennials. Respecto de la Antigüedad baste, por ejemplo, remitir a los sensacionales trabajos que Fernando Lillo ha dedicado al asunto y a los que, quienes nos dedicamos a la apasionante tarea docente, hemos vuelto una y otra vez en búsqueda de ideas y de recursos (LILLO, F.: El cine de romanos y su aplicación didáctica, Madrid, 1994).

En nuestras clases de "Arqueología" -como ya se anotó a propósito de ellas en un post anterior-, de "Hispania Antigua" y de "Mundo Clásico" en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra resulta siempre muy grato acudir a recursos cinematográficos para explicar y fundamentar ideas y conceptos. Así, en esas materias, por ejemplo, es clásico emplear el cine para que los alumnos entiendan los problemas y alcances de la conflictividad entre optimates y populares a finales de la República Romana, para que visualicen la trascendencia del histórico momento del cruce del río Rubicón por César; o para que descodifiquen en toda su profundidad la simbología propagandística que debió rodear el aduentus de Augusto en Roma -y, tras él, el de todos los emperadores del Principado-, echando mano, en estos casos y a modo de ejemplo, de tres escenas poco conocidas, quizás, pero extraordinariamente útiles, de la angloamericana serie Roma (BBC-HBO, 2005). 

Sin embargo, en esta ocasión queremos detenernos en la que, a nuestro juicio, es una de las escenas "cumbre" del cine "de Romanos", el diálogo entre el tribuno Mesala (Stephen Boyd) y el príncipe Judá Ben-Hur (Charlton Heston) en la célebre, y seguramente insuperable, película Ben-Hur (William Wyler, 1959), escena de la que está tomada la captura que encabeza este post, y que, además, prácticamente, abre la cinta. Siempre nos ha parecido que esos primeros quince minutos de esta obra maestra de la historia del cine resumen muy bien algunos de los pilares de la administración provincial romana. Pero, asimismo, explican de modo muy claro el concepto y la función -a veces difícil de transmitir a los estudiantes de hoy alejados de una práctica que sigue siendo habitual en la política contemporánea- de las clientelas y, en particular, la función de éstas en la administración provincial romana, un concepto, ese mismo que ocupó los desvelos, hace ya bastantes años, de Ernst Badian en su citadísimo Foreign clientelae, 260-70 BC (Oxford, 1958) y que, no hace mucho, en sus planteamientos principales, ha sido revisado -pero a su vez, en parte, reivindicado- por el volumen JEHNE, M. y PINA, F. (ed.): Foreign clientelae in the Roman Empire: a reconsideration (Stuttgart, 2015) (la esencia de la revisión de las viejas tesis de E. Badian puede obtenerse, también, en sus líneas básicas, en las contribuciones de F. Pina Polo a las actas del I Tarraco Biennal -Tarragona, 2013- o a las VII Revisiones de Historia Antigua de Vitoria -Vitoria, 2012-).

Para los menos versados, cualquiera de los diccionarios de instituciones al uso en la Historia Antigua (para un elenco de aquéllos, vuelve a este viejo post de Oppida Imperii Romani con las fontes ad studium Antiquitatis), define las clientelas como el íntimo y recíproco intercambio de obligaciones y de intereses basado en la relación privada romana entre un romano de menor rango social -plebeyo o liberto- o un extranjero y el patrón elegido por él (ver aquí, la definición, y las fuentes, citadas por el utilísimo diccionario online de Ch. T. Lewis y Ch. Short) sistema éste que, de hecho, fue usualmente empleado por Roma para atraerse a las oligarquías locales de los distintos espacios que iba conquistando en Occidente tanto durante la conquista como en la fase de administración de los territorios conquistados (una deliciosa presentación, infantil y doméstica, de este concepto puede verse en este recordado vídeo de la serie francesa Érase una vez el hombre, a partir del minuto 18.00). Muy probablemente el concepto se entenderá mejor si entrelazamos lo que explicó en su día E. Badian (pp. 1-4 de su citado libro) y los que nos parece fueron algunos de los pilares del procedimiento clientelar -grosso modo, obviamente y entendiéndolo en el marco de la política provincial- y los argumentos que el patrón -el tribuno militar Mesala- esgrime ante su ansiado cliente -el príncipe Ben-Hur- para ganárselo a la amistad y fidelidad a Roma.

[I] La atracción de la oligarquía local. "Esta provincia va a ser difícil de gobernar, necesitaré tu ayuda, y tu consejo" le dice el tribuno al príncipe en un claro acto de reconocimiento, de empoderamiento, de su estatus social en el marco, además, de una provincia que ha dado, como se recuerda en la secuencia, muchos problemas a Roma en el pasado y que exige, de hecho, en el momento en que se ambienta la escena, una más intensa militarización. En este sentido, Badian distinguía, de hecho, varios tipos de clientelae, las derivadas de la herencia familiar ("inheritance", p. 4), las que procedían de la rendición, de la deditio (pp. 4-7), y las, más jurídicas, de la applicatio (pp. 7-8) y definía la segunda como "a voluntary arrangement: the weaker party may refuse to offer and the stronger to accept it (...) it is a 'treaty' between the victorious Roman general and the vanquised community" (p. 5). En este caso, efectivamente, Mesala se da cuenta de que no va a darse una rendición y que, por tanto, sólo la ayuda subrepticia, a partir del manejo de la opinión pública contando con un adecuado líder de opinión, puede surtir el efecto deseado. No en vano, le recuerda a Ben-Hur, cuando éste se resiste: "si tienes fe en el futuro de tu pueblo) ayuda a crearlo". El mundo, como se ilustra también en otro pasaje de la secuencia, justo anterior a la conversación que nos ocupa, es ya romano y la única manera de pertenecer a él es aceptando el influjo, y en este caso el dominio militar, de Roma y colaborando, de modo formal o teórico, con él.

[2] La deixis del enemigo y alteridad. "Tú eres como un romano, qué tienes de común con esa chusma perturbadora", espeta Mesala a Ben-Hur en uno de los momentos más tensos del diálogo. El establecimiento de dos bandos, el civilizado -que se deja seducir por Roma y el rebelde, superbus, que se resiste- es un principio clave en la acción conquistadora, y cultural, de Roma, en provincias (algo sobre ello escribimos hace algunos años en Espacio, Tiempo y Forma. Serie 2. Historia Antigua, 22, 2009). Mesala considera a Ben-Hur como un romano porque juzga que sus costumbres son civilizadas, pertenece a su mismo estatus social y, además, el tribuno busca atraerlo para la causa romana y, por tanto, ha de asimilarlo a ella o, al menos, presentar ese asimilación como culturalmente posible y nada costosa aunque, en el fondo, considera a Roma como la única potencia civilizada -y civilizadora- del Mediterráneo y recela del pueblo judío. El propio Badian recordaba que "the client must be described as an inferior entrusted, by custom or by himself, to the protection of a stranger more powerful than he, and rendering certain services and observances in return for this protection" (p. 1). Aunque aquí Mesala concibe a Ben-Hur como un igual -la esencia, en definitiva, del foedus romano- en el fondo le habla como el que siente la superioridad moral de la civilización romana y trata de ganarse su confianza.

[3] La perpetuación de la posición social. "Tú eres un aristócrata, el nombre de tu familia es respetado (...) tu reputación es intachable, te escucharían, convence a tu pueblo de que su resistencia contra Roma es estúpida, peor que estúpida, es estéril", añade Mesala. Si antes presentaba a su interlocutor como un igual, el tribuno debe ahora marcar la diferencia con el resto de los provinciales y, sobre todo, recordar al futuro cliente que su situación social sólo se beneficiará caso se de una colaboración activa con Roma. Se incide así en otro principio, el de superioridad, propio del procedimiento clientelar. El historiador de origen austriaco E. Badian, de hecho, afirmaba, que "the various classes of clientela are united by the fact that they comprise relationships admittedly between superior and inferior" (p. 11). En este caso, Mesala pretende garantizar a Ben-Hur -y así se lo recuerda en la parte final de la conversación- un trato de favor, excepcional para el que va a recibir el pueblo judío, si acepta las condiciones sugeridas en este singular pacto clientelar.

Al margen de todo esto, esa escena inicial, con el relevo del tribuno Mesala, que llega a Judea anticipando la llegada del nuevo prefecto Valerio Grato, arroja también muchas otras enseñanzas aprovechables sobre la administración provincial romana en Occidente. Así, vemos que el padre de Mesala ya fue gobernador lo que ilustra el carácter gentilicio -y también clientelar, en definitiva- de muchos de estos cargos y del propio sistema de gobierno y administración provincial romano. Además, en ese contexto, el propio Mesala recuerda a su predecesor que "si uno quiere medrar, que escoja lo difícil", el clara alusión a las posibilidades de fama, gloria y enriquecimiento que los destinos provinciales más complicados -normalmente los más militarizados- ofrecían (a este respecto, pueden verse nuestras reflexiones, también, en un trabajo en las VII Revisiones de Historia Antigua de Vitoria o el estudio, monográfico, de BASTIEN, J.-L.: Le triomphe romaine et son utilisation politique à Rome aux trois derniers siècles de la République, Roma, 2007). Se aborda, también, la importancia del culto imperial -"sólo en un hombre está la divinidad", recuerda Mesala a su predecesor en el mano militar, Sexto-; y, con un aire muy probablemente intencionalmente virgiliano, el joven tribuno subraya, casi citando también a Polibio, las grandezas de la Romanización al afirmar que "el mundo es romano, si uno quiere vivir tiene que formar parte de él", que "no es por casualidad que un pueblecito del Tíber fuera elegido para gobernar el orbe", o que "fuimos elegidos por el destino para civilizar el mundo, y lo logramos (y así) las leyes, artes y letras de Roma son gloria del género humano".

Con estos antecedentes y las luces que ha aportado este post ya sólo queda disfrutar de la secuencia, esa secuencia en la que, en palabras de Cicerón que dan título a este post, se muestra muy bien el proceso de atraerse a alguien in fidem et clientelam Romae (Cic. Rosc. Am. 105), "a la confianza y el servicio de Roma", secuencia que incluimos aquí cerrando este nuevo post de Oppida Imperii Romani esperando, además, que te resulte tan cautivadora como lo resulta para muchos de nuestros estudiantes.



DECORA VRBIS AETERNAE



"Llegado al foro, contempló desde lo alto de los rostra aquel maravilloso centro de la antigua potencia romana (priscae potentiae forum). Quedó estupefacto. Sus ojos, a cualquier parte que miraban, se deslumbraban con el enorme resplandor de tal continuidad de prodigios (miraculorum densitate praestrictus) (...) Después recorrió los barrios urbanos y suburbanos construidos ya en terrenos llanos ya en lo alto o en las laderas de las siete colinas, creyendo siempre no poder contemplar nada mejor que lo que acababa de admirar. Allí se alzaba el templo de Júpiter Tarpeius, que le pareció superior al resto en la misma medida que las cosas divinas son superiores a las humanas. Más allá las termas, comparables por su extensión a provincias enteras. Lejos la soberbia masa del anfiteatro construido con piedra de Tibur y cuya altura cansa a la vista si ésta trata de medirla (ad cuius summitatem aegre uisio humana conscendit). Luego la audaz bóveda del Panteón y su vasta circunferencia, semejante a un barrio por su amplitud. Después aquellas columnas gigantescas accesibles hasta su cúspide por escalas y coronadas por efigies de antiguos emperadores. El templum Vrbis y el forum Pacis, el teatro de Pompeyo, el odeón, el estadio y tantas otras maravillas que adornan la ciudad eterna (decora urbis aeternae). Pero, cuando llegó al foro de Trajano, construcción única en el universo y digna, según nosotros, de admiración por parte de los mismos dioses, se detuvo atónito tratando de medir con el pensamiento aquellas grandiosas proporciones que superan a toda descripción y que ningún humano esfuerzo podría volver a repetir" 

(Amm. Mar. 16, 10: para el texto latino pincha aquí).

Así describía en el siglo IV d. C. el historiador Amiano Marcelino la Roma del momento (h. 357 d. C.) en el marco de la visita de Constancio II a la capital, ya entonces un singular cuadro de monumentos históricos que hablaban de un esplendor que es el mismo que sigue destilando hoy por doquier la Città Eterna, así calificada ya, de hecho, en el pasaje de Amiano. En nuestras clases de Arqueología en el marco del Diploma en Arqueología que ofrece la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, solemos leer este texto, y comentarlo con los estudiantes, cuando abordamos el clásico asunto de "Roma como problema urbano" que, desde luego, no debe faltar en cualquier asignatura de Arqueología Clásica. No podemos, aunque pronto lo haremos, viajar a Roma con los alumnos por lo que parte de ese recorrido lo hacemos, ocasionalmente, guiados por la mediática Mary Beard, de la Faculty of Classics de Cambridge, que, en varios vídeos disponibles en red de sus series Cómo vivían los Romanos/Meet the Romans (2012) y Roma, un imperio sin límites/Rome, Empire without limits (2016), acompaña a quien lo desee por algunos de los atractivos monumentales -y también cotidianos- de la Roma imperial: el Campo de Marte con su soberbio complejo monumental augústeo (minutos 48:00 a 53:18), los foros imperiales y la subura (minutos 39:12 a 50:54) o el Foro Boario (minutos 13:59 a 16:00).

En las últimas semanas varios medios de comunicación se han hecho eco de la irrupción en Roma de la realidad aumentada y de las recreaciones virtuales como recurso de mediación para las visitas turísticas tanto al Circo Máximo como a los Foros Imperiales. Estas noticias ponen de relieve que proyectos de investigación orientados a la recreación digital de la Roma antigua -como el aclamado Rome Reborn, del UCLA Cultural Virtual Reality Laboratory (que ofrece, de hecho, un paseo virtual por la ciudad coetáneo al momento del texto con el que abríamos el post) o los iniciados en el Virtual World Heritage Laboratory de la University of Virginia- han traspasado ya las fronteras de la investigación y teorización académica -ya hacía tiempo que lo habían hecho a tenor del éxito de algunos de sus vídeos en las redes sociales (ver aquí)- y han servido a la mediación patrimonial, un ámbito en el que, desde luego -y lo sabemos muy bien gracias a nuestros trabajos en este sentido en Santa Criz de Eslava y, especialmente, de la mano de Pablo Serrano Basterra, en Los Bañales de Uncastillo donde hemos, al menos, recreado foro/proyecto forum renascens, termas/proyecto bene laba y acueducto/proyecto aqua librata y creado una App interactiva para visitar la ciudad romana (puedes descargarla desde aquí) aprovechando algunos de esos contenidos- hay muchas posibilidades de trabajo futuro para los arqueólogos e historiadores (puedes echar un vistazo a algunas de ellas en este artículo recientemente publicado en los Cuadernos del Marqués de San Adrián (11, 2019), la revista de Humanidades de la UNED de Tudela que recoge, además, mucha bibliografía al respecto de la cuestión, que la hay y, además, creciente). 

Es recurrente, que, hoy en día, quienes nos dedicamos a la docencia universitaria, nos quejemos de cómo nuestros alumnos se han convertido, prácticamente sólo, en investigadores digitales, espetando que rara vez pisan una biblioteca y que sólo acceden a material que hay en disponible red y, de hecho, en open access. Aunque eso, en sí mismo, no es malo -con tal que no se pierda la curiosidad propia del verdadero espíritu universitario- es evidente que es un reto de los docentes encaminarles, también, a la consulta de publicaciones en papel cuyo acceso exige, desde luego, un esfuerzo mayor que el que se pide para el acceso a las digitales. Pero, la realidad es que -como comentábamos en nuestro último post, aquí en Oppida Imperii Romani- los estudios clásicos están avanzando también mucho en esto y, cada vez, hay más material de calidad y clásico disponible en red para la investigación (una recopilación hicimos en el post Fontes ad studium Antiquitatis, uno de los más visitados de nuestro blog) incorporándose a internet éste a una velocidad que, desde luego, resulta a veces difícil de seguir. En ese contexto, precisamente, y al hilo del urbanismo de Roma -pero también como buen modelo de con qué fuentes debe trabajar el historiador de la Antigüedad a la hora de estudiar cualquier asunto- están ya en red dos trabajos clásicos y de referencia para cualquiera que, con todas las fuentes disponibles, quiera acercarse a la urbanística de la Roma clásica: PLATNER, S. B.: A topographical dictionary of Ancient Rome (Oxford, 1929) y, el más reciente, actualizando aquél y sencillamente magistral, RICHARDSON, L.: A new topographical dictionary of Ancient Rome (Baltimore, 1995) los dos en el excelente repertorio de documentación antigua promovido por el portal LacusCurtius/A Gateway to Ancient Rome, de la University of Chicago. En ellos, cualquier lector puede encontrar compilada información sobre cualquiera de los monumentos que nos citaba el texto con el que abríamos nuestro post, en el primero presentando, además, los distintos espacios ordenados por categorías y en el segundo, aun en versión preliminar a partir de scans, de una forma menos práctica -más enumerativa- pero igualmente útil.

Desde luego, es evidente que Roma, en este caso como ciudad, renace también con este tipo de proyectos que, desde luego, han sido necesarios para que ese mundo virtual con el que abríamos tenga el rigor y la exactitud histórica que siempre debemos exigirle. 

MEMORATV DIGNA



Entre los regalos de quien escribe este blog, esta Navidad, se ha colado un pequeño libro, publicado en España por Alianza Editorial, de apenas 160 páginas y firmado por Neville Morley, Profesor de Classics, en Exeter. El libro se titula Por qué importa el mundo clásico y ha sido editado en Madrid en 2019 aunque la primera edición, británica y en inglés, es de 2018. Su lectura, apasionante para quienes amamos el mundo clásico y, por tanto, totalmente recomendable, nos ha parecido que justificaba un nuevo post, para arrancar bien este nuevo 2020, en Oppida Imperii Romani. La razón es sencilla, el volumen -articulado en tres grandes capítulos- repasa el concepto de "mundo clásico" -y de "civilizaciones clásicas"-, se detiene en los problemas que los historiadores de la Antigüedad -o los "clasicistas", como el autor llama en una acertadísima perspectiva integradora de los estudios clásicos casi al modo alemán- tenemos para "cartografiar el pasado" y valora, también, el tópico tan manido de que el estudio del mundo antiguo sirve para anticiparse al futuro. 

Sólo por la valentía de enfrentarse a estas cuestiones, nos parecía que este sencillo opúsculo bien merecía una nueva entrega de la serie disputationes de este blog (para una reseña, valiosísima, del volumen, puede verse este post del blog "Reinventar la Antigüedad", del Catedrático de Filología Latina de la Universidad Complutense de Madrid Francisco García Jurado). Pero es que, además, hacía tiempo que no disfrutábamos tanto leyendo sobre cuestiones disciplinares que, siempre, nos han interesado (ver, por ejemplo, esta vieja reflexión sobre el tema, publicada hace algún tiempo por la Uned de Tudela o la que formó parte de un libro de texto de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, publicada ya hace algunos años). Es por ello que nos ha parecido oportuno que este primer post de Oppida Imperii Romani en este 2020 se detenga en algunas ideas-clave que centran, todavía hoy, el debate disciplinar sobre la Historia Antigua, su objeto de estudio, su método, sus fuentes y su utilidad a partir, esencialmente, del comentario de algunos muy inspiradores pasajes del muy recomendable libro de N. Morrey. 

[I]. Función social del historiador de la Antigüedad.

¿Cuáles deberían ser los retos del historiador de la Antigüedad? ¿En dónde deberíamos poner el acento quienes nos dedicamos a la docencia, investigación y transferencia de cuestiones relacionadas con el mundo antiguo? Muchas veces, nuestros desvelos investigadores -a veces tan especializados- se quedan encerrados en cenáculos y nos apartan, en muchas ocasiones, de la sociedad que no termina de entender nuestro trabajo ni nuestra ilusión por él. El vertiginoso, pero a la vez apasionante, ritmo de la actividad académica, en cierta medida nos aboca a ello. Sin embargo, parece necesario recordar que hemos de hacer un esfuerzo -que, en buena medida, se fragua en la divulgación- por dar utilidad a nuestra labor y porque, con ella, sepamos presentar al mundo de qué modo los acontecimientos del pasado establecen una serie de patrones que, bien estudiados, nos permiten entender cómo somos hoy, en realidad y, también, que, bien analizados, constituyen, como escribió Tucídides, "una obra para siempre" (Thuc. 1, 22) dotada de una innegable fuerza inspiradora. N. Morley lo glosa de este modo, tan magistral:

"El pasado despierta interés en nuestros días, y continúa haciéndolo en formas muy diversas: de ahí que resulte importante el conocimiento del pasado bajo sus múltiples facetas; y también tiene importancia comprender cómo ha llegado dicho pasado a ser interesante y cómo lo hemos malinterpretado y manipulado durante siglos. La Antigüedad clásica sigue siendo parte importante del pasado que interesa a Europa y Norte América; su impacto en el desarrollo de la sociedad de nuestros días es real, como lo es el permanente papel que desempeña como pujante idea en nuestra cultura, incluso como mito. En contra de lo que durante mucho tiempo se supuso, no es verdad que todo el mundo deba poseer un amplio conocimiento de la Grecia y Roma antiguas, mucho menos que sea eso lo único que se necesita saber, pues la Antigüedad clásica es una más de las tradiciones que configuran nuestro presente. Sí necesitamos que haya profesionales que conozcan la Antigüedad clásica, que puedan compararla con otros periodos históricos y otras tradiciones culturales, que exploren cómo configuró nuestro presente (para bien y para mal), y que sepan cartografiar cómo pueden extraer de ella nuestras sociedades motivos de positiva inspiración cara al futuro" (pp. 50-51)

[II]. El necesario diálogo interdisciplinar en la Historia Antigua.

En el epílogo del libro, el autor se define a sí mismo como "un historiador que trabaja con cacharros antiguos" (p. 140). No podemos sentirnos más identificados con esa afirmación. Pero, más allá de razones autobiográficas, es evidente que los estudios sobre Antigüedad, hoy, deben huir de la parcelación -ya reflexionamos sobre ésto hace algunos años en este mismo blog- y deben orientarse hacia un diálogo positivo, provisto de una notable capacidad de aprendizaje por parte de quien lo dirige y que, además, se presenta como la única vía posible de supervivencia si, de verdad, queremos conocer el mundo antiguo aunque sea sólo de un modo somero pues algunas cuestiones, hemos de confesar que no las desentrañaremos nunca en su complejidad. Es por eso que los nuevos historiadores de la Antigüedad deben ser, aun más si cabe que nuestros maestros, perfiles excepcionalmente completos, con una competitiva formación en la disciplina de la Antigüedad que más les apasione -sea ésta la Historia Antigua, la Arqueología o la Filología Clásica- pero, también, en todas aquellas disciplinas con las que el historiador de la Antigüedad está destinado a colaborar. De nuevo N. Morley lo expresa con nitidez, casi poética, en un par de pasajes de Por qué el mundo clásico:

"Demasiado ocupados estamos en procurar estar al día en la investigación más puntera de nuestro campo, como para tratar de familiarizarnos con lo que sucede en otras áreas, y hay muchos historiadores de economía antigua que carecen de una vasta formación económica y en otras materias afines. Cada vez más, la respuesta al problema no consiste en retirarnos a nuestro seguro ámbito académico, sino en colaborar en intercambios intelectuales: los estudiosos clásicos deben cooperar con quienes cultivan otros campos, aprendiendo cada uno el lenguaje de los otros (...); buscando que los resultados de la investigación sean creíbles y despierten el interés de quienes pertenecen a otras áreas de conocimiento, y no sólo el de sus colegas clasicistas. El futuro es interrelación comparada, y por supuesto, ello se aplica con mayor consistencia al ámbito de la propia disciplina, ella misma campo de estudio interdisciplinar en el que los arqueólogos trabajan codo a codo con los lingüistas, los filósofos con los historiadores del arte, los especialistas en literatura con los historiadores de la economía" (p. 79)

"Los estudiosos de la cultura del mundo clásico tienden a identificarse con los estudios literarios, con la aproximación histórica o con la filosofía, en parte por su propio interés y en parte porque es así como está organizada la materia; pero cada vez más es la ruptura de estas barreras, el libre intercambio de ideas y la exploración de diferentes perspectivas en nuestro inevitablemente fragmentario conocimiento de la antigüedad, lo que nos permite cartografiar el pasado" (pp. 88-89)

[III]. La versatilidad y transversalidad de la Antigüedad.

Nadie discute que el mundo clásico ha sido reclamado como legado fundamental en nuestra sociedad (también sobre esto hablamos hace algunos años en este mismo espacio en una entrada del año 2015) por más que, ocasionalmente, éste parezca arrinconado y vilipendiado en planes de estudios o desconsiderado desde la óptica social. Quizás uno de los elementos más atractivos de la Antigüedad y de su investigación es que no sólo su conocimiento -nuestro conocimiento- está siempre "en construcción" sino que, además, cada época ha puesto el acento, en ese reto de conocerlo, en un aspecto u otro que, desde luego, ha guardado estricta relación con los condicionantes del momento. Podría, pues, decirse, que no hay una única Antigüedad -ni en lo geográfico ni en lo cronológico ni, tampoco, en lo temático- sino que ésta, en un sentido trascendente, se ha ido configurando década a década, siglo a siglo, al paso de nuestras investigaciones y de los "usos" -y, también, "abusos"- que de su legado se ha ido haciendo. Tener capacidad de separar, en nuestro estudio crítico, la realidad del pasado del modo cómo éste ha sido analizado y presentado por investigadores anteriores a nosotros es otro de los retos fundamentales que, aunque a veces pueda llevarnos a un exagerado "deconstruccionismo" histórico, convierte nuestra actividad investigadora en sencillamente apasionante. Volvamos a nuestro librito de referencia. Pensar en profundidad el contenido de estas tres citas, entresacadas del texto de N. Morley, es materia de una sabrosa reflexión, sin contar con la capacidad evocadora, y cargada de verdad, de la reivindicación de la transversalidad y perennidad del mundo romano:

"No existe, como hemos visto, una única e inmutable Antigüedad, sino una multiplicidad de mundos, un caleidoscopio de posibles ejemplos e influencias, diversas clases de objetos y textos que podemos analizar desde perspectivas muy diferentes. Así que siempre podremos interpretar desde ópticas distintas los textos y objetos de la antigüedad: unas son más recomendables o al menos gozan de mayor aceptación que otras, pero están siempre abiertas al reto de que las sometamos a revisión. No es de extrañar, por tanto, que la recepción de la cultura antigua haya conocido durante muchos siglos innumerables y a veces inconsistentes y contradictorias interpretaciones. Durante el proceso de dicha recepción, de alguna manera (y a veces de manera general) siempre reinventamos la antigüedad, incluso cuando el (la) receptor(a) creía honestamente ser lo más fiel posible con respecto al original" (pp. 106-107)

"Para comprender el presente y reconocer las múltiples huellas que Grecia y Roma han dejado en él, se hace necesario que los profesionales de clásicas nos ayuden a comprender e interpretar las diversas maneras en que se ha producido la recepción y reinvención de la antigüedad; pero todos sin excepción, incluso quienes se han centrado sólo en la antigüedad y no en sus ecos posteriores, deben prestar atención a la historia de la recepción y al impacto que ésta ha ejercido en su comprensión del pasado. El pasado clásico nunca debe ser refugio donde cobijarnos del presente, pues siempre deja su impronta" (p. 112)

"(...) ¿Cuándo existió Roma? El Imperio Romano nunca ha dejado de existir; tuvo (y tiene) una vida ininterrumpida en muchas de las estructuras básicas de las culturas de Europa así como una influencia duradera en tanto que arquetipo de imperio: no hay un punto final obvio en su estudio" (pp. 59-60)

[IV]. Utilidad de los estudios sobre Antigüedad.

Casi como rutina comercial -incluso la emplean con gracia algunos de nuestros alumnos del Diploma de Arqueología de la Universidad de Navarra en algunos vídeos promocionales- cuando nos preguntan por la utilidad de nuestro trabajo investigador en pro del conocimiento de la Antigüedad solemos repetir el mantra antoniniano de que no hay nada nuevo bajo el sol y de que el conocimiento del pasado nos ayuda a entender el presente -que es cierto- y, también, a preparar , por anticipación, el futuro. N. Morley dedica algunas de las mejores páginas de su ensayo (pp. 113-138) a desentrañar las "trampas" de esa afirmación. Y es cierto, los saberes clásicos -y tampoco la Historia en general- son útiles porque nos ayuden a predecir el futuro. Es cierto que nos pueden aportar algunos modelos interpretativos para situaciones que, desde luego, en tanto que cíclicas, se repiten de modo sucesivo. Pero, esos saberes son intrínsecamente útiles en tanto que están formados por "cosas dignas de recuerdo" (Val. Max. 1). Admirarse ante un texto antiguo, descubrir e interpretar adecuadamente una nueva inscripción romana, reflexionar sobre el por qué de un acontecimiento de nuestro pasado clásico constituye un valor en sí mismo. En primer lugar porque pone a prueba nuestra capacidad de razonamiento y de deducción generalmente, además, a partir de unas fuentes siempre exiguas y fragmentarias. En segundo lugar porque nos enfrenta a una mejor comprensión del ser humano que, en esencia, no ha cambiado demasiado en casi treinta siglos. Pero es que, además, nuestro conocimiento del mundo antiguo es, en definitiva, un conocimiento de lo que el hombre ha sido capaz de construir a través del tiempo y, por tanto, nos "humaniza", nos ayuda a entendernos mejor sirva eso -o no- para comprender, mejor, la siempre problemática -pero excitante- deriva del comportamiento humano. Así lo expone nuestro autor: 

"El estudio de la Antigüedad clásica, como el estudio de cualquier otra sociedad, amplía nuestro conocimiento y comprensión de lo humano y de las distintas maneras en que nuestra especie resulta ser previsible o imprevisible. Podemos identificar ciertas tendencias en el pasado, la manera similar con que los humanos a menudo responden ante ciertas situaciones y ante la recurrencia de problemas similares en contextos diferentes; pero también reconocemos que responden de manera diferente ante situaciones aparentemente similares, así como las razones que hay detrás de cada caso. Las experiencias de los hombres del pasado no pueden garantizarnos lo que harán los hombres de hoy en día o del futuro; aunque si nos previenen ante las propuestas excesivamente confiadas que formulan otras disciplinas acerca de lo que harán los hombres (...) Sabemos que en muchos aspectos importantes el presente difiere del pasado (y no menos de la Antigüedad clásica) y que en consecuencia esta vez las cosas pueden ser diferentes; pero también podemos apoyarnos en la experiencia del pasado para abrir nuestra mente ante distintas posibilidades" (pp. 131-132)

MAGI AB ORIENTE


[Fotografía del sarcófago de Castiliscar, en Zaragoza, capturada del modelo 3D elaborado por Pablo Serrano para el Museo Virtual de Los Bañales, con hermosa representación de la Epifanía]

Para quien escribe este blog, hay dos pasajes en el Nuevo Testamento que siempre nos han parecido ineludibles para cualquier estudioso de la Antigüedad Clásica y que, además, nos enseñan mucho, de geografía antigua, el primero, y de cultura, política y diplomacia antiguas, el segundo. El primero, del que no hablaremos aquí, es el relato que los Hechos de los Apóstoles (Act. 2, 1-11) hacen del episodio de Pentecostés y en el que aparecen citados un buen número de pueblos del mundo antiguo en un pasaje que constituye, de hecho, un auténtico repaso de la geografía del Mediterráneo occidental en el mundo clásico. El segundo, sobre el que nos parece oportuno volver en la fiesta de hoy, es el de la Epifanía, el pasaje de la Adoración de los Magos, recogido, exclusivamente, en el Evangelio de Mateo (Math. 2). En él se habla de unos Magi ab oriente (1), que, llegados a Jerusalén, declaran a Herodes haber visto una estrella relacionada con el nacimiento de Jesús (uidimus enim stellam: 2), y que, puestos en camino, procidentes adorauerunt eum (11) "adoraron al Niño", y "le llevaron", obtulerunt, dice el texto, sus munera, sus "obsequios" (12).

Mucho se ha escrito sobre la identidad de estos Magos que, la tradición, ha convertido en Reyes, les ha dado un aire arábigo y oriental, y, por tanto, ha hecho acompañar de dromedarios, poniendo, además, en relación lo dicho por Mateo con lo que cuentan otros textos que forman parte de la liturgia de la fiesta cristiana de la Epifanía -esencial, de hecho, en la iglesia ortodoxa-, en particular Isaías 60 y, especialmente, el Salmo 72, 10 que, de hecho, por su alusión a los "reyes de Tarsis" generó, hace algunos años, la exageración mediática sobre unos Magos "andaluces" a tenor de la exégesis que, de ese pasaje, hizo Benedicto XVI en el volumen La infancia de Jesús, no hace mucho traído también a Oppida Imperii Romani (ver aquí). Pero, al margen de su identidad -sobre la que, a modo de síntesis, recomendamos la lectura de esta entrega del blog "Hombre en camino", de hace algunos años y firmada por un buen exbecario de Los Bañales, y, también, la escucha de este audio, emitido por Radio Euskadi hace algunas Navidades, en que nosotros mismos nos ocupamos del asunto- queríamos detenernos aquí en esas "enseñanzas" que el pasaje nos da a quienes nos pasamos la vida tratando de aprender sobre la Antigüedad. Lo hacemos, en un día como hoy, conscientes, además, de que estas reflexiones, seguro, ayudarán a entender muchos de los aspectos que, en la cultura popular, rodean a la fiesta de los Reyes Magos al margen de que éstos, como se analiza en algunos de los textos que se ofrecen como bibliografía a este post, se hayan enriqueciendo a partir de diversos textos de la tradición evangélica apócrifa y de la literatura sagrada y profana altomedieval. Los puntos en que queremos detenernos son los siguientes:

[1] El valor informativo y predictivo de los signos en la Antigüedad. El texto de Mateo, nos dice que los Magos acuden a Herodes para contarle que han visto la estrella de Jesús. Como es sabido, y como explotó de forma notable el mundo romano -no hay más que dar un repaso a las biografías de emperadores que recoge Suetonio, por ejemplo- todos los grandes hombres de la Antigüedad fueron precedidos de signos, de eso que los romanos llamaban los omina o presagios -que en la religión romana, de hecho, y, antes en la etrusca, tenían tanta vinculación con las artes adivinatorias y proféticas- que se interpretaban siempre como señales del augurio de un acontecimiento o de la entidad de un determinado personaje. Del texto evangélico se deduce, por tanto, y algo de esto se explica en los enlaces anotados en el párrafo anterior, que nuestros Magi estaban acostumbrados a la observación de las estrellas en tanto que medio para la adivinación en el sentido más etimológico del término y el Niño de Belén es presentado como acompañado, anunciado, por omina que habían sido, propios, de los personajes del mundo antiguo lo que, sin duda, contribuye a exaltar su realeza (sobre este tema puede consultarse, en castellano, el volumen MONTERO, S.: Augusto y las aves. Las aves en la Roma del Principado: prodigio, exhibición y consumo, Barcelona, 2007, con abundante bibliografía sobre el tema).

[2] La importancia de los regalos en la diplomacia antigua internacional. Quizás, en el episodio que aquí comentamos, el elemento que más calado ha tenido en la cultura popular, y que habrá llenado de alegría hoy millones de hogares en todo el mundo, es el del intercambio de regalos. Efectivamente, como cuenta Mateo, los Magos obtulerunt ei munera, "ofrecieron sus dones a Jesús" indicando, además, el evangelista, que se trató de aurum, thus et myrrham, trilogía de dones sobre la que ya hablamos hace algunos años, en la felicitación navideña de 2009 de este mismo blog y que, también, se han interpretado, desde los Padres de la Iglesia, con notable y sabrosa carga teológica y simbólica (ver, por ejemplo, como se hacía eco de esa interpretación San Josemaría Escrivá en su conocida homilía "En la Epifanía del Señor" con alusiones a los textos de los Santos Padres). Al margen de eso, y de ello nos informan los más antiguos archivos del Próximo Oriente Antiguo, desde Amarna hasta Ugarit, en el mundo antiguo era impensable establecer cualquier relación política -cualquier embajada, de hecho- si ésta no iba acompañada del procedimiento del don-contradon, del intercambio de regalos, del comercio entendido en su acepción más antigua en un marco muy próximo al de los "bienes de prestigio" que, de hecho, marcó las sociedades del Bronce en que algunos de estos archivos florecieron. Los Magos -quizás, también, por ese comportamiento, la tradición los ha transmutado en Reyes- se ponen en camino portando unos munera que ilustran los presentes a partir de los cuales van a establecer esa suerte de hospitium con Jesús al que, por los signos dibujados en esa estrella que, dice el texto evangélico, anteccedebat eos, "les antecedía" habían llegado a conocer (para comprender el peso del regalo en la diplomacia antigua y, en particular, en la de los estados del Próximo Oriente, más próximos, por tanto, al ritual aquí desplegado por los Magos, debe verse el clásico volumen de LIVERANI, M.: Relaciones internacionales en el Próximo Oriente Antiguo (1600-1100 a. C.), Barcelona, 2003, también con abundante bibliografía y ejemplos). 

[3] El poder de los gestos y de los ritos en la Antigüedad Clásica. Uno de los signos que, quizás, pasa más desapercibido, en la escena de los Magos es el de su adoración al Niño Jesús. El texto evangélico dice, específicamente, que ésta tuvo lugar con los Magos procidentes, que, normalmente, se ha traducido acertadamente por "cayendo de rodillas" y que ha motivado, también, la presentación de los Magos, postrados ante el Niño Jesús, en la mayor parte de las representaciones de la Epifanía posteriores al Edicto de Milán (ver aquí selección de algunos casos, y, también, de otros más recientes). Si acudimos al texto griego original del pasaje que nos ocupa el verbo que se emplea para ese procidentes de la versión latina es el aoristo prosekynesan de igual modo que para el obtulerunt que antes vimos [2] se usa el mismo verbo en la expresión prosenenkan dora. Ese verbo griego está relacionado con el sustantivo proskynesis que, efectivamente, puede traducirse por "postrarse". Más allá de eso, la proskynesis, como narran abundantes fuentes antiguas, era el acto de adoración propio de los monarcas persas lo que, también, ha permitido abundar en la idea de unos Magos persas, quizás fieles del Zoroastrismo o de cualquier otra religión adivinatoria de dicho vasto ámbito geográfico que, como es sabido, y veremos en seguida [4] llegó a hacer frontera con el ámbito occidental. Los Magos, entienden pues -a partir de la estrella que les guía-, que están ante un rey y lo saludan conforme a su ritual tradicional de igual modo que, como vimos más arriba [2] se ponen en camino portando regalos como era, también, habitual, en los estados del Oriente Próximo durante la Antigüedad (sobre este ritual de la proskynesis persa, el modo cómo los griegos la dotaron de un cierto aire "bárbaro" y desmesurado, especialmente a partir de su uso por Alejandro de Macedonia, y su pervivencia en el culto imperial romano, especialmente el tardoantiguo, con bibliografía, puede verse BRAVO, G.: "El ritual de la proskynesis y su significado político y religioso en la Roma imperial", Gerión, 15, 1997, pp. 177-191).

[4] La dualidad Oriente/Occidente en la Antigüedad. Verdadero sentido de la fiesta cristiana de la Epifanía -en tanto que "manifestación de Dios al mundo", siendo los Magos imagen de ese "mundo", algo que, también, la tradición ha explotado en las supuestas tres razas de estos enigmáticos personajes- los Magos, desde la iconografía más antigua, son presentados, siempre, como "bárbaros" y como "orientales", dos elementos perfectamente reconocibles en la iconografía antigua, tan aficionada a los clichés en la descripción y presentación de sus personajes y, en particular, de "los otros". Así, por ejemplo, si nos fijamos en el sarcófago -muy representativo en su lenguaje iconográfico- que corona este post, vemos cómo los tres Magos, en el lado derecho de la pieza, aparecen portando gorros frigios -lo que es habitual en otros sarcófagos constantinianos o post-constantinianos con la misma escena- y, además, vestidos con las braccae, una suerte de pantalones que, desde la iconografía imperial romana, se asociaba a los bárbaros. Mientras tanto, si se analizan con detalle los modos con que se representa, en esas mismas escenas, a la familia de Nazareth, llama la atención la presencia de un fuerte contraste entre los usos "bárbaros" y, por tanto, orientales, de los Magos y los típicamente romanos -sillas de mimbre, togas, mantos...- de los protagonistas del Misterio de la Navidad. Ese carácter misterioso y sugerente de todo lo venido desde Oriente que, todavía hoy, impregna las cabalgatas de Reyes Magos de muchas de nuestras ciudades, sintetiza, de modo evidente, esa dualidad entre lo Occidental y lo Oriental que marcó tanto la idea de alteridad en el mundo antiguo y que, además, aflora, también, en este entrañable pasaje (con carácter introductorio, y bibliografía, puede verse MARCO SIMÓN, F.: "Iconografía de la derrota: formas de representación del bárbaro occidental en época tardorrepublicana y altoimperial", en MARCO SIMÓN, F., PINA, F., y REMESAL, J. (eds.): Vae uictis! Perdedores en el mundo antiguo, Barcelona, 2002, pp. 177-196 y, especialmente, GRAU-DIECKMANN, P.: "Una iconografía polémica: los Magos de Oriente", Mirabilia. Revista Eletrônica de História Antiga e Medieval, 2, 2002, s. pp., que, además, recopila algunas fuentes interesantes respecto de la tradición de los Magos).

Como siempre, cada acontecimiento de nuestro calendario, está lleno de enseñanzas en relación al apasionante mundo clásico. Ojalá que éstas hayan sido ilustrativas para el lector al que sólo nos resta desearle un excelente día de los (Reyes) Magos.


NON TOTA VIDETVR



Hace ya algunos años, quien gestiona este blog, tuvo la suerte y el privilegio de escribir, y en parte coordinar, el que, hasta la fecha -y ya agotado- ha sido el manual de Epigrafía Romana más voluminoso y transversal de cuantos, sin ser traducciones de manuales extranjeros, se han publicado en España, el Fundamentos de Epigrafía Latina (Madrid, 2009). Transcurridos varios años, en los que, además, los continuos hallazgos epigráficos en Los Bañales -que pueden verse, prácticamente todos, con acceso a la bibliografía pertinente, en el Museo Virtual de Los Bañales-, el trabajo con inscripciones relativas al culto a las aguas en la península ibérica -que devino en un interesante catálogo epigráfico, publicado no hace mucho- y, también, la edición del repertorio epigráfico completo de la ciudad romana de Santa Criz de Eslava, nos han entrenado como epigrafistas, tenemos ahora el privilegio de impartir la asignatura "Epigrafía e instituciones romanas" en el marco del Diploma en Arqueología que, paralelo al Grado en Historia, ofrece la Universidad de Navarra. Enseñar Epigrafía, en una escuela como la de esa Universidad, marcada por el magisterio de D. Álvaro d'Ors y de Dña. Carmen Castillo, es una circunstancia que no puede definirse de otro modo mejor que con la palabra antes citada: "privilegio". En un momento en que, además, la presencia de esta disciplina en los planes de estudio universitarios, en España, está experimentando un notable retroceso, la noticia, ya per se, merecía una celebración en el contexto de Oppida Imperii Romani

Precisamente, preparando algunas de las primeras clases de la materia nos hemos tropezado con un texto, poco conocido, que narra la que, acaso, con la transcripción que hace Plinio el Viejo (Plin. Nat. 3, 136) de la inscripción del trofeo augústeo de La Turbie (CIL V, 7817), pueda ser la primera autopsia epigráfica documentada en la literatura latina. Se trata de un pasaje de los Epitaphia de Ausonio (Auson. Epitaf. 32) que lleva el título -que no puede ser más propio de esta disciplina epigráfica- de nomine cuiusdam Lucii sculpto in marmore ("sobre el nombre de un cierto Lucio, esculpido en el mármol"). En él, Ausonio, realiza, línea a línea una autopsia a una inscripción, muy dañada -que, de hecho, motiva que el de Burdeos termine lamentando que con la desaparición de las letras, desaparece, también, el recuerdo funerario- en la que sólo algunas letras son perceptibles y otras, ya borradas, dejan la función de ese monumento, y el nombre de para quien se erigió, en la más completa ambigüedad e inutilidad sensación de frustración que hemos sentido alguna vez todos los que nos hemos dedicado a la ciencia de leer, descifrar, datar y contextualizar inscripciones romanas (ver algunos retos aquí, en un viejo trabajo nuestro, muy consultado). Toparnos con ese texto, y traerlo aquí para que uno de sus versos -"la parte superior (de la inscripción) se ha perdido", non tota uidetur, "no se ve completa"- nos parecía una buena excusa para hacer una reflexión que, por un lado, reactivase la sección Epigraphica de este blog -donde hay abundante material en red para el estudio de las inscripciones romanas- y, por otro, hiciera balance de algunos recursos digitales nuevos que han ido incrementando los que, sobre Epigrafía Latina, estaban al alcance del estudioso hasta la fecha, señal sin duda del dinamismo de la "ciencia de las inscripciones", como a veces se la ha definido.

[1] Desde la pasada primavera contamos en España con una obra que está llamada a ser básica, necesaria, para el estudiante y estudioso de las inscripciones romanas. Se trata del volumen Siste uiator! La Epigrafía en la antigua Roma (Alcalá de Henares, 2019), coordinado por Antonio Alvar Ezquerra y nacido en el marco de una visitadísima exposición arqueológica que, en Alcalá de Henares, hizo las delicias de decenas de miles de personas a mediados de año. Nosotros contribuimos a uno de los capítulos del libro -en un volumen que reúne a los mejores epigrafistas del país- con un texto sobre la utilidad de la Epigrafía como ciencia al servicio de nuestro conocimiento del pasado (pincha aquí donde se puede ver, además, el índice del volumen).

[2] Por otra parte la necesidad de acercar la Epigrafía, y su singular semiótica comunicativa en la Antigüedad, al gran público, ha hecho que al caudal de vídeos que ya existían sobre esta disciplina en YouTube -muy útiles las Prácticas de Epigrafía Romana de la UDIMA y, también, los que hace ya varios años, tuvimos la oportunidad de componer para el Canal UNED, sobre las inscripciones romanas en general y sobre las officinae lapidariae en particular (que inspiró una conferencia que impartimos en 2016 en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)- se hayan sumado, al menos que sepamos, dos extraordinarios. El primero, el que la Universidad de Alcalá, con participación del equipo del Centro CIL II de Alcalá de Henares, elaboró como medio promocional para la exposición antes citada (pincha aquí) pero, también, un antiguo vídeo portugués, con explicaciones del gran epigrafista José d'Encarnaçao, titulado "A importancia do monumento epigráfico como fonte de conhecimento" que sólo ahora ha comenzado a difundirse. 

[3] Tras el extraordinario auge, en los años noventa, de los bancos de datos digitales empleados como motores de búsqueda de inscripciones (la mayoría accesibles en el lateral de este blog bajo el rótulo "Buscadores de Epigrafía" pero, también, agrupados en el portal EAGLE) y consolidada ya la era de la Epigrafía 3D -cuyas prestaciones para la lectura de inscripciones dañadas son cada vez más evidentes, como repasamos en una contribución a un coloquio sobre el tema el pasado mes de junio en la Universidad Complutense de Madrid: pincha aquí para conocer algunas de esas experiencias y proyectos, con enlaces a sus homepages- un nuevo buscador de inscripciones ha sido capaz de conjugar ambas cosas, la reunión de éstas en formato html y, también, su georeferenciación topográfica y el acceso a su visionado digital. Se trata del magistral Directorio de inscripciones de Augusta Emerita que recopila cerca de 300 inscripciones de la capital de Lusitania con un elenco de información tan abundante sobre cada una de ellas que resulta, realmente, sobrecogedor. 

En definitiva, son sólo algunos nuevos recursos -que unir a la publicación, ya, en Open Access, del volumen II del Corpus Inscriptionum Latinarum, las Inscriptiones Hispaniae Latinae- que ayudan a que el estudio de las inscripciones romanas siga, esencialmente, sometido a los mismos retos que asaltaron a Ausonio de Burdeos en la autopsia de que dejó constancia en sus Epitaphia pero, también, caminen hacia un futuro marcado, sin duda por las nuevas tecnologías. 




FONTES AD STVDIVM ANTIQVITATIS




El lector más curioso de Oppida Imperii Romani ya habrá reparado que, en el lateral derecho de este blog, aparecen citados una serie de buscadores digitales de referencia en materia de fuentes antiguas y cuyo uso nos pareció, desde que este espacio echó a andar, podría resultar recurrente para cualquiera que se iniciase en los estudios sobre mundo antiguo en general y mundo clásico en particular. Algunos antiguos posts, como el titulado Vestigia Antiquitatis, de 2014 (pincha aquí), o, con carácter sectorial, varios de los catalogados en la etiqueta Instrumenta, ofrecen, además, acceso, a material en red que puede ser útil para profundizar en cualquier cuestión relativa a la vida y evolución de las sociedades antiguas. Faltaba, sin embargo, un post en el que se reunieran aquéllos materiales bibliográficos que, de un modo u otro, debe conocer, como punto de partida, cualquier investigador que quiera dedicarse a la Antigüedad. Pensando especialmente en nuestros estudiantes, sin ánimo de exhaustividad y listando no sólo los recursos digitales (para ello es recomendable el portal Anticuarius de la Universidad Complutense de Madrid o la guía de Recursos de Historia Antigua que, hace algunos años, ofrecemos desde la Biblioteca de la Universidad de Navarra), ofrecemos a continuación una relación, ordenada, de materiales que, alguna vez, seguro, ha de manejar quien se apasione por las Ciencias de la Antigüedad.

[I] Fuentes primarias:

I. 1. Fuentes literarias. Pese a que existen buenos y nutridos repertorios de textos antiguos en la red (especialmente Perseus Digital Library, Lacus Curtius, The Latin Library and LATO-Library of Ancient Texts Online) el carácter incompleto de los mismos, los comprensibles errores y duplicaciones, la singular manera de organizar el material y los criterios de numeración de esas ediciones digitales hacen totalmente inexcusable -todavía hoy- para el historiador de la Antigüedad, el recurso a las bibliotecas tradicionales de ediciones, en papel, de textos clásicos: la francesa de Les Belles Lettres (Budé), con texto original y traducción en francés y promovida por J. L. Ferrary y J. Scheid; la alemana Biblioteca scriptorum Graecorum et Romanorum Teubneriana -uulgo Teubner (con motor de búsqueda online para las fuentes latinas)- con texto original y traducción al alemán coordinada por B. G. Teubner; y la americana, de la Harvard University Press y con T. E. Paye a la cabeza, Loeb Classical Library (también con motor de búsqueda online y algunos textos ya digitalizados) con texto original y traducción, en este caso, al inglés. En castellano, la única colección equiparable en intención, pero no en volumen de textos disponibles, es la de Alma Mater, promovida por el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y que ofrece textos en lengua clásica original con su correspondiente traducción al castellano. Sólo con traducción, pero con unas introducciones críticas generalmente excepcionales y de consulta obligada para quien quiera realizar una lectura crítica y profunda de las fuentes literarias antiguas, disponemos en España de la inexcusable Biblioteca Clásica Gredos, sin duda -acaso complementada con algunos volúmenes de la colección Letras Universales de Cátedra o de Ediciones Clásicas- un referente en traducción de textos antiguos a nivel internacional.

A la hora de manejar estas fuentes y, especialmente, de contextualizarlas y de citarlas, pueden ser útiles el Oxford Classical Dictionary (también útil como punto de arranque para cualquier investigación) y el Thesaurus Linguae Latinae, promovido por la Bayerische Akademie der Wissenschaften, o el Thesaurus Linguae Graecae, de la Universidad de California y con acceso online. Las listas de abreviaturas que estos diccionarios ofrecen de las obras clásicas son admitidas como universales a la hora de citar, de modo inequívoco, cualquier obra antigua en cualquier ensayo de investigación constituyendo, por tanto, nuestro canon de referencia, para autores y para obras (pincha aquí para descargar las del Oxford Classical Dictionary). Algunos de los títulos que se citarán en la primera parte del parágrafo I. 4, también pueden ser de ayuda para la contextualización de la producción literaria de la Antigüedad.

I. 2. Fuentes epigráficas. Por razones lógicas de nuestra dedicación investigadora, los repertorios epigráficos han sido objeto de atención recurrente en este blog, sobre todo a partir de la etiqueta Epigraphica, a la que remitimos de igual manera que, en la lista de buscadores de inscripciones del lateral derecho de la página principal de Oppida Imperii Romani hay acceso directo a los bancos de datos más consultados: Clauss Slaby, Epigraphic Database Heidelberg o Hispania Epigraphica Online (aunque no los únicos: ver también Epigraphic Database Rome y Epigraphic Database Bari, por citar dos de los más modernos, nuevos y dinámicos). Un principiante debe, al menos, conocer las el Corpus Inscriptionum Graecarum (Berlín 1828-1877), las Inscriptiones Graecae (Berlín 1825-1860) -volcadas en el proyecto Greek Inscriptions Online, de la Greek Epigraphic Society- y, por supuesto, el Corpus Inscriptionum Latinarum (Berlín 1853-2015). Aunque, como puede verse, algunos de esos repertorios monumentales siguen "vivos", la constante aparición de nuevos epígrafes recomienda la consulta periódica del Supplementum epigraphicum Graecum (1923-2005) y de L'Année Epigraphique (1888-2016) dos revistas de actualización de referencia con las que estar al día de parte del constante incremento del corpus epigráfico de las sociedades antiguas (ver, también, a propósito de este tipo de materiales, la recopilación de recursos digitales recogida en un viejo post de este blogInscriptiones Selectaeaquí).

I. 3. Fuentes numismáticas. La producción numismática de las sociedades antiguas, desde la invención de la moneda por el reino de Lidia en la segunda mitad del siglo VII a. C., es uno de los más atractivos campos de investigación para quien quiera adentrarse en la ideología, la propaganda y la economía de las civilizaciones clásicas (el recientemente editado Oxford Handbook of Greek and Roman Coinage, Oxford, 2012, ofrece abundantes reflexiones y ejemplos al respecto). Las ventajas del soporte digital han hecho que páginas como CoinArchives o Ancient & Medieval Coins o Roman Imperial Coins -más pensadas para el mercado del coleccionismo numismático y de la subasta que para la investigación- se conviertan en motores de búsqueda básicos para estudios relacionados con moneda antigua y, en particular, con la dimensión tipológica e iconográfica de aquélla. En cualquier caso, siguen siendo de referencia, y son de manejo obligado para quien ha de adentrarse en las sociedades antiguas, el Greek Coinage (Oxford, 1931) (volcado, en parte, y acrecentado, en el proyecto digital Online Greek Coinage y en el Sylloge Nummorum Graecorum), el Roman Republican Coinage (Cambridge, 1974) y el Roman Imperial Coinage. De los referidos a Roma, sólo el segundo, promovido en los años veinte del siglo pasado por M. H Crawford, está disponible en red como Coinage of the Roman Republic Online. El tercero, articulado en diez volúmenes, fue promovido, de hecho, por uno de los padres de la Numismática Romana, H. Mattingly, del Gabinete de medallas y monedas del British Museum, y no sólo ofrece todas las series monetales acuñadas por los emperadores romanos sino que comenta, al inicio de cada bloque temático, los patrones generales de la amonedación de cada periodo.

I. 4. Fuentes arqueológicas. Lógicamente, para seguir la evolución de la investigación arqueológica, el recurso a las publicaciones periódicas sobre la materia es imprescindible por lo que las recomendaciones que van a hacerse en este bloque deben entenderse, más bien, en el sentido del reto que se presenta a todo historiador de la Antigüedad para ser capaz de contextualizar y entender esos materiales arqueológicos que, casi nunca, constituyen unica sino que están insertos en una tradición cultural muy rica que es necesario, también, saber leer. Algunos de los repertorios de consulta que aquí se citarán deben entenderse, también, cómo válidos para cualquiera de las fuentes primarias arriba consignadas (I. 1-I. 3) pues funcionan, perfectamente, como diccionarios de instituciones y, en ocasiones, en función de la fecha de edición, también como primera providencia para la búsqueda de bibliografía secundaria especializada.

Así, para cualquier asunto relacionado con la cultura material del mundo antiguo, pero, también, con cualquier institución de la Antigüedad debe ser parada obligatoria el manejo de las grandes enciclopedias tradicionales, los auténticos "monumentos" de las Ciencias de la Antigüedad: el Daremberg-Saglio (del que hay, también, versión online) y la Paulys Realenzyklopäedie (también con versión online). El primero es un diccionario en seis volúmenes, algunos con varias secciones, promovido por Ch. Daremberg y E. Saglio entre 1877 y 1919 y concebido como un Dictionnaire des Antiquités Grecques et romaines d'après les textes et les monuments. Aparentemente, podría parecer que, por la fecha de publicación, es una obra desfasada, pero no lo es en absoluto. En primer lugar, porque cada una de las voces recogidas recopila, esencialmente, todos los materiales textuales que hay sobre ellas en la producción literaria, epigráfica y numismática de la Antigüedad sin desdeñar, tampoco, la información derivada de la iconografía. Sobre cualquier tema que se quiera investigar, bien directamente a partir de las voces que configuran el diccionario, bien, ahora, con la edición digital -que permite búsquedas temáticas que barren todo el diccionario (ver ejemplo aquí)- el recurso a esta magna obra es, todavía hoy, el mejor punto de partida tanto por el contenido de cada voz como, especialmente, por el aparato crítico, de notas, que lo ilustra. Con idéntico espíritu, aunque en alemán, la Paulys Realencyclopäedie der classischen Altertumswissenschaften -otra obra surgida a finales del siglo XIX pero completada hasta los años setenta y con actualizaciones en Der Neue Pauly. Enzyklopäedie der Antike (con versión digital y voces más resumidas, dado su espíritu de actualización)- cumple una función parecida. Pese a que las voces contempladas, lógicamente, están redactadas en alemán, la bibliografía consignada al final de cada una de ellas es muy abierta, al mismo tiempo que se recogen las principales fuentes antiguas sobre cada cuestión indexada. De idéntico espíritu, aunque en un único volumen, es el Dictionary of Greek and Roman Antiquities (Londres, 1842), que también está digitalizado por varios de los portales de textos clásicos antes consignados.

Si los títulos citados hasta aquí, aunque útiles para la cultura material del mundo antiguo, son válidos también para cualquier aproximación al mundo antiguo desde prismas más textuales, quien deba trabajar con la cultura material de forma estricta debe acostumbrarse a manejar, al menos, el Lexicon Iconographicum Mytologiae Classicae, editado entre 1980 y 2000 y que, también en su versión digital, es, probablemente, el mejor repertorio de iconografía de que actualmente pueda disponerse. Más transversal es la Enciclopedia dell'arte antica, classica e orientale, editada entre mediados de los años 50 y 70 del siglo XX, y aun no disponible en red, pero en la que se puede encontrar información material y cultural -histórica, en definitiva- sobre cualquier elemento de la materialidad del pasado.

[II] Fuentes secundarias e historiográficas: Lógicamente, la actualización es un reto en cualquier investigación histórica y, por supuesto, también en las relativas a la Antigüedad. Aun hoy, la mejor herramienta para estar al día, año a año, de las novedades, es la serie L'Année Philologique que, desde 1926 y promovida por la American Philological Association, viene recogiendo las principales publicaciones que, cada año, se realizan en relación al mundo antiguo y, en particular, al mundo clásico. Los resúmenes que ofrece sobre las publicaciones a las que tiene acceso es fundamental para quien quiera seguir de cerca cualquier cuestión y tener, de igual modo, un repertorio de abreviaturas de revistas universalmente admitido como modo de cita. Sectorial, pues no incluye todas las publicaciones sino sólo aquéllas que, con criterios algo selectos, considera de referencia, es la colección de reseñas online de Bryn Mawr Classical Review que, articulada en modo blog, sirve para estar al día de lo que se va publicando sobre mundo clásico en general.

Además de ese anuario -equiparable a algunos antes citados para el material epigráfico- siguen resultado de consulta obligada, para mundo romano, los volúmenes del Aufstieg und Niedergang der römischen Welt, editado por De Gruyter, y que, por temas, desde 1972, hace de miscelánea de cuestiones sociales, jurídicas, culturales, ideológicas o sencillamente históricas sobre el mundo romano. Su función de actualización y de introducción o status quaestonis de cualquier tema sobre mundo antiguo la cumplen también, para todo el mundo antiguo, los volúmenes de la Cambridge Ancient History y, en particular, los correspondientes a su segunda edición (1970-2005), una magna obra que, con suscripción, está ya, también, accesible online. Precisamente, la Cambridge University Press es responsable, en los últimos años, de la edición de una serie de manuales de actualización -los Cambridge Companions- que, junto con los Oxford Handboks -de Oxford University Press- se han convertido en volúmenes imprescindibles para profundizar en cualquier cuestión de interés sobre la Antigüedad. 

NOTA.- El contenido de este post forma parte del material de apoyo de la sesión "Recursos bibliográficos para el estudio de la Antigüedad", impartida en el marco de los Seminarios de Arqueología del Diploma en Arqueología de la Universidad de Navarra.

REFLEJOS DE ROMA EN ARAGÓN



[Cubierta, diseñada por el ilustrador y arqueólogo Iñaki Dieguez, de un nuevo cuadernillo pedagógico sobre la ciudad romana de Los Bañales, para escolares y familias, que ha sido editado gracias a un proyecto de cooperación entre Ayuntamientos -los de Biota, Sádaba, Layana y Uncastillo-, la Fundación Uncastillo y ADEFO Cinco Villas, descárgalo desde aquí]

En estos días, y tras un trabajo de dos años en el que han discurrido, de modo casi paralelo, un proyecto financiado por ADEFO Cinco Villas -en el marco del Programa LEADER y titulado "Nuevas tecnologías para la puesta en valor del patrimonio romano de la Comarca de Cinco Villas (Zaragoza)"- y el proyecto "Arqueología Clásica para Jóvenes", de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología que, con el objetivo de fomentar las vocaciones científicas, nos permitió crear una App para la visita virtual del foro de la ciudad romana de Los Bañales, ha visto la luz una nueva entrega de la serie de cuadernillos pedagógicos que Los Bañales ha venido publicado, de la mano de ADEFO Cinco Villas en la mayor parte de los casos, en los últimos años. Una serie bastante amplia que cuenta ya con dos cuadernillos para el último ciclo de Primaria -De Agri Cultura: El campo en las Cinco Villas en época romana (Ejea de los Caballeros, 2014) y La ciudad romana de Los Bañales: Roma en las Cinco Villas (Ejea de los Caballeros, 2013)- y con tres para Secundaria/Bachillerato -El foro romano de Los Bañales: Roma en el Valle Medio del Ebro, las Cinco Villas de Aragón (II) (Ejea de los Caballeros, 2018) y La ciudad romana de Los Bañales: Roma en el Valle Medio del Ebro, las Cinco Villas de Aragón (Ejea de los Caballeros, 2015)-de los cuales el último, que lleva por título La ciudad romana de Los Bañales (Cinco Villas, Zaragoza): reflejos de Roma en Aragón (Tudela, 2018), y que se presenta con este post, tiene también un enfoque familiar, para todas las edades. Con este nuevo material, Los Bañales completa una biblioteca de recursos pedagógicos que acumula ya casi quince títulos. 

El cuadernillo tiene una estructura clara que reproduce la de los dos últimos editados y cuyos protagonistas fueron, respetivamente, Sempronius Aesopus -en el editado en 2018- y Q. Sempronius Vitulus -en el editado en 2015- personajes históricamente documentados en uno de los conjuntos epigráficos del foro de la ciudad (pincha aquí para conocer ese conjunto y sus tituli, con toda la bibliografía). Por un lado se presentan, explicados, y recreados en extraordinarios dibujos de Iñaki Dieguez, todos los espacios que son visitables en el conjunto arqueológico: desde el barrio residencial de la ciudad a la presa que abasteció de agua al acueducto. Junto a cada explicación aparecen actividades, para distintos niveles de edad, algunas de las cuales pueden, además, desarrollarse en familia. Una hermosa Porcia Fauentina -una de las promotoras del conjunto de inscripciones del recinto a la Victoria descubierto en 2012 en el lateral occidental del foro de Los Bañales (pincha aquí para conocerlo, con bibliografía)- hace de guía y da la bienvenida, y despide, a los visitantes, más de 4.000 en 2017 y con una cifra parecida -rondamos ya los 3.000- en 2018, mientras se escriben estas líneas.

El proyecto, del que el cuadernillo es sólo una parte, ha incluido también una nueva campaña de señalética, varios vídeos de recreación de monumentos de la ciudad romana y de su entorno y la digitalización de nuevos materiales que han pasado a engrosar el ya extraordinario repertorio del Museo Virtual de Los Bañales. Ojalá que el esfuerzo de sacar adelante proyectos como éste -es decir, el reto de devolver la vida a Los Bañales, en el que perserveramos ya desde hace diez años- permitan seguir añadiendo valor a un territorio, el de la Comarca de Cinco Villas, que cuenta entre sus gentes, sin duda, y como ya dijimos en otra ocasión, con su mejor activo y su más atractivo patrimonio. Falta ahora que las instituciones, especialmente la que representa al gobierno autonómico, sepan estar a la altura, finalmente.