DE PVELLA TOGATA

Foto: © Jesús Acero

En el número 23 de la revista Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, publicado en 2015, dos entonces jóvenes investigadores, Luis Romero, ahora en la Universidad Complutense de Madrid, y Rubén Montoya, hoy en el Royal Netherlands Institute in Rome, realizaron el primer estudio detallado de una estatua en bronce descubierta a finales de los años 80 del siglo XIX en la Calle Navarrería de Pamplona -solar de la antigua Pompelo- y que, pese a haber desfilado por la literatura erudita y científica desde entonces, se había dado por perdida desde comienzos del siglo XX. Manuel Olcina, director del Museo Arqueológico de Alicante, en un congreso especializado sobre bronces antiguos, habría tenido conocimiento en ese mismo año de que la pieza obraba en una colección particular en Manhattan, en Nueva York. Quien la custodiaba en dicho distrito neoyorquino tuvo acceso, en 2016, al artículo en cuestión y contactó con el primero de sus firmantes, Luis Romero. Éste, rápidamente, y dando muestras de una extraordinaria sensibilidad patrimonial e institucional, derivó los datos del propietario al Servicio de Museos del Gobierno de Navarra. Ese sensible y comprometido gesto de Luis Romero, que entonces ultimaba su tesis de doctorado sobre el foro de la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo en la Universidad de Navarra, fue el que permitió que en 2022, el Gobierno de Navarra consiguiera que esa pieza -una hermosa y completa estatua togada en bronce, que corona este post- llegase a Pamplona, primero para una exposición temporal, poco después para su definitiva incorporación a los fondos del Museo de Navarra al adquirirla el Gobierno foral por un precio algo superior a los 530.000 €.

La azarosa historia de la pieza, su extraordinaria calidad y el hecho de tratarse, junto al togado de Periate (Granada), de la única estatua togada en bronce procedente de la península ibérica convirtió la estatua en todo un fenómeno mediático. Sobre su azarosa historia y sus peculiaridades técnicas, se hicieron eco, entre otros, Néstor Marqués, de Antigua Roma al Día, uno de los canales de YouTube de mayor impacto de cuántos, en castellano, se dedican a la Antigüedad Clásica y, también, el programa que, en febrero de 2023, "Arqueomanía", de Televisión Española, dedicó a la Arqueología de Navarra, titulado "Crónicas de Arqueología navarra". También nosotros celebramos la recuperación de la pieza para todos los navarros con una tribuna publicada en Diario de Navarra en junio de 2023 apenas unas semanas después de que el togado fuese expuesto en el Museo de Navarra para disfrute de todos los navarros.



Como ya anticipamos en Oppida Imperii Romani hace un par de años, en octubre de 2024, a iniciativa del Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía de la Universidad de Navarra, se desarrolló entre Pamplona, Los Bañales de Uncastillo y Santa Criz de Eslava la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania que, de hecho, se abrió con una sesión frente al togado, entonces ya expuesto, como se ha dicho, en la última de las salas de Romanización del Museo de Navarra. En la segunda parte de esa primera sesión, celebrada ya en el salón de actos del Museo, se procedió a la presentación del fascículo 9 de la prestigiosa serie Corpus Signorum Imperii Romani - España, dedicado a la estatuaria romana del territorio vascón y firmado por quien escribe este blog y por el ya citado Luis Romero cuya tesis doctoral, antes citada, tuvimos el privilegio de dirigir. Lógicamente, la estatua togada de Pompelo contaba con su propia ficha en el citado repertorio, compuesto por más de 300 piezas, y de cuya edición se hizo eco la prensa local. En la ficha, la número 110 del catálogo y que ocupa las páginas 150-153 del citado volumen, se concluía que se trataba de la representación de un togado varonil, seguramente joven, vistiendo, eso sí, tunica talaris, que monta, por tanto, sobre los calcei, las sandalias, y portando en su mano derecha un objeto que bien podría constituir un aspergilum, un "hisopo" ritual o sacerdotal. Se proponía, por detalles estilísticos, de ejecución y arqueológicos del lugar de hallazgo de la pieza en 1885, una datación de la primera mitad del siglo II d. C. Puede leerse a continuación la información y estudio que en dicho volumen, que muy pronto estará disponible en las librerías a través de Ediciones Universidad de Navarra, se recoge sobre la estatua. 

 


El pasado día 17 de marzo, la opinión pública navarra y, seguidamente, la comunidad científica, se sobresaltaron con la presentación, en rueda de prensa por parte de la Consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, de una nueva interpretación de la pieza que nos ocupa que la presentaba como la imagen, del siglo I d. C., seguramente de época tiberiana, de una joven adolescente vestida con toga praetexta. aduciendo como argumentos para ello fundamentalmente el tamaño de la figura y el hecho de que bajo la toga la prenda interna de la figura caiga sobre su calzado algo, según se aduce, impropio de las togae vestidas por varones. La interpretación, avalada por el experto en togados romanos Hans Ruprecth Goette, del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín, que participó en la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania, nacía de un nuevo trabajo, aun pendiente de publicación e, incluso, de entrega al Gobierno de Navarra, firmado por la profesora de la Humboldt Universität de Berlín Carmen Marcks-Jacobs que en la tarde de esa misma jornada impartía en el Museo de Navarra una documentada conferencia con las bases de su interpretación, conferencia que embebemos más abajo como más arriba ofrecíamos acceso a las referencias a la pieza en varios canales de YouTube y programas de televisión de ámbito nacional. La teóricamente nueva interpretación, por otra parte, no era en absoluto novedosa pues ya fue presentada en la V Reunión de Escultura Romana en Hispania celebrada en Murcia en 2005 y cuyas actas vieron la luz tres años más tarde, en 2008. Pese a que esa interpretación -que era recogida tanto en el artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra que citábamos al comienzo de esta entrada como en la ficha del Corpus Signorum- no había tenido ningún seguimiento en la investigación sobre escultura hispanorromana, la nota de prensa difundida esa misma mañana por el ejecutivo navarro tomaba claramente partido por la propuesta de esta investigadora hispano-alemana asegurando que la estatua en bronce "se trataría en realidad de la representación de una niña de entre 10 y 12 años de edad, vistiendo la toga praetexta que muestra su condición de ciudadana romana, y portando un haz de espigas en su mano derecha como símbolo de su futura fertilidad". Se añadía, además, en palabras de la propia Consejera, que "estos estudios la catalogan como la única representación de este género en bronce en el mundo, y con una antigüedad mayor que la fechada anteriormente, en concreto un siglo más antigua". Más moderado con la 'nueva' interpretación fue el Museo de Navarra que, en la exposición articulada para -en el marco de las obras de eficiencia energética de que el Museo está siendo objeto en este año- presentar de nuevo la pieza, dejaba abierta la interpretación al titular el panel explicativo "La estatua togada de Pompelo, ¿un hombre togado o una niña togada?" y ofrecer contrapuestas la interpretación tradicional de la pieza -y mayoritaria hasta la fecha en la academia- y la que Carmen Marcks-Jacob venía ofreciendo, ahora más desarrollada, desde 2008. Lamentablemente, en la cronología sobre la azarosa historia de la pieza, que se ofrece como panel complementario en la exposición -de recomendable visita- vuelve a omitirse que fue gracias al artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra y a la generosidad de Luis Romero que el bronce pudo ser recuperado y, felizmente, adquirido por las autoridades forales silenciando así uno de los más claros ejemplos de compromiso cívico con el patrimonio arqueológico que ha dado Navarra en los últimos años y orillando un claro ejemplo de las posibilidades de la colaboración público-privada o, en este caso, por orden, privada-pública. 

Tras más de una década trabajando en pro de la difusión del patrimonio arqueológico -en Navarra y en Aragón- y, especialmente, tras nuestras conferencias y tribunas sobre los Vascones y sobre la mano de Irulegi, que hemos ido recogiendo en la etiqueta "Sorioneku" de este blog, y, acaso, por ser el único Catedrático de Historia Antigua en la región, parece lógico que ya en la mañana del día 17, antes, incluso, de la rueda de prensa antes citada, nos contactaran de Radio Nacional de España en Navarra para conocer nuestra opinión sobre esta nueva interpretación, valoración que se emitió ese mismo día en el informativo de mediodía Crónica Navarra, a partir del minuto 17 del podcast que aquí se enlaza. A ese interés siguió, la siguiente mañana, el de COPE Navarra que, en el informativo, también de mediodía, del día 18 de marzo se hizo eco de cómo diversos expertos, no sólo nosotros, discrepábamos de la interpretación presentada en la jornada anterior por el Gobierno foral. De ese modo, aunque en un primer momento algunos medios, haciendo suyas las palabras de la Consejera del ejecutivo foral, se hicieron eco sin fisura alguna de la interpretación de la estatua como representación de una niña -así, por ejemplo, ABC, en un primer momento, El País y, de modo especialmente sorprendente, por llevar el asunto a portada el día 18 de marzo, dando por válida la interpretación de Carmen Marcks-Jacob, Diario de Noticias de Navarra- otros se mostraron prudentes o, cuando menos, se hicieron eco de la controversia y de los problemas de esa nueva propuesta, como hizo ABC o, de modo extraordinario, con detallado reportaje publicado el domingo 23 de marzo, y que ofrecemos más abajo, Diario de Navarra. Algunos medios, incluso cuando las opiniones discrepantes ya se habían difundido, insistían, unos días después, en la interpretación femenina y en su carácter de unicum, como hacía El Diario Vasco.



Es sabido que la Arqueología es una disciplina comparativa y que, en cualquier cuestión, la discusión es natural y forma parte del modo cómo avanza el conocimiento. Sin embargo, también es verdad que, todos los que nos dedicamos a la Antigüedad sabemos que, en ocasiones, la lectura más compleja -lo que en Epigrafía, pero la expresión es válida para cualquier ciencia de la Antigüedad, llamamos la lectio difficilior- es, normalmente, la menos probable y que las cosas suelen explicarse, mejor, con argumentos sencillos. Sabemos que la toga praetexta era una prenda reservada a los varones y que, de hecho, sólo podían portarla -sin distintivo de no ser todavía adultos, la bulla- aquéllos hombres que ya hubieran pasado de los dieciséis años (baste mirar la voz dedicada a ese término en la popular Wikipedia o la voz "toga" en el Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines Daremberg-Saglio, pp. 348-353, disponible en línea). Existen, incluso, en los textos antiguos, noticias de procesos judiciales abiertos por Roma contra quienes hacían uso de la toga praetexta indebidamente. Sabemos, también, que existe -y está bien atestiguada en las fuentes- un formato de tunica, la tunica talaris, que sí monta sobre los calcei como sucede en la estatua togada de Pompelo. Por otro lado, no era habitual -pues son muy pocas las representaciones y la mayoría proceden, además, del ámbito funerario, más privado que público o civil- que una niña mostrase la ciudadanía romana vistiendo la toga cuando esa condición -si era necesaria exhibirla- se podría evidenciar a partir de una inscripción, directamente a partir de la onomástica. De hecho, una de las cosas que más llama la atención de la conferencia de Carmen Marcks-Jacob que más arriba enlazábamos es que, a la hora de explicar cómo funciona la toga, encuentra serios problemas para aportar ejemplares femeninos ofreciendo casos de varones y de Genii, propuesta interpretativa que, ofrecida por el profesor Pedro Rodríguez Oliva en la sesión de apertura de la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania, sí tuvo cierto eco entre los asistentes generando el consenso que, sin embargo, en ningún momento generó la propuesta verbal del profesor Goette, ahora recuperada por Carmen Marcks-Jacob. Por otro lado, son muchas las imágenes de mujeres en la estatuaria romana -incluso de adolescentes- en que se marca esa condición femenina no sólo por el uso de palla o stola -la vestimenta femenina por excelencia- sino por la evidencia de sus atributos femeninos, totalmente ausente en el ejemplar de bronce Pompelonense. Además, sabemos que en este tipo de cuestiones iconográficas que implicaban distinciones de estatuto personal, Roma no hacía distinciones de carácter provincial o territorial sino que las representaciones obedecían a patrones globales no a un hábito local como, parece, se argumenta que sucede en el caso Pompelonense que, por su exclusividad, se justifica como un comportamiento singular de las féminas hispanorromanas no atestiguado en otras provincias y, según se argumentó ya en 2008, muestra de los ritmos de la Romanización del territorio. Aunque, obviamente, tenemos muy pocos datos sobre el contexto primario de hallazgo de la pieza, no parece que -como se ha demostrado recientemente en un trabajo de María García-Barberena (Anas, 37, 2024, pp. 123-157, esp. pp. 143-144)- en época tiberiana, la que se propone para la estatua, en la C/Navarrería hubiese edificaciones del foro que pudiesen albergar esta representación pues ese espacio sólo se urbaniza a partir de la gran transformación de la plaza del mismo de que aquélla es objeto con la promoción de Pompelo al estatuto de municipio de derecho Latino en época flavia. Sabemos, también, que para la época de Augusto, aunque, efectivamente, Pompelo no disfrutaba todavía de estatuto jurídico de privilegio, tras más de cien años de influjo romano en la zona desde la fundación de Gracchurris, no había necesidad alguna de que las jóvenes de la elite local forzasen el Derecho para presumir de su condición, recibida por vía paterna, de ciudadanas de Roma pues, como están demostrando los hallazgos arqueológicos de los últimos años, el periodo Augusto-Calígula fue un periodo para el que muchas de las ciudades romanas del ámbito vascón contaban con ciudadanos implicados en programas de construcción pública y con todas las commodidates propias de una urbe romana (ANDREU, J., y ROMERO, L.: "Santa Criz de Eslava y los parua oppida Vasconum: novedades sobre la vida urbana en territorio vascón", en Small towns, una realidad urbana en la Hispania Romana, Mérida, 2022, pp. 195-205) y ya no eran necesarios este tipo de alardes que se atribuyen a la nueva interpretación de la pieza Pompelonense no en vano, como se indica acertadamente en la conferencia de la profesora Carmen Marcks-Jacobs, hay evidencias de Pompelonenses adscritos a la Galeria tribus (CIL II, 5883 de Segobriga CIL II2/14, 1193 de Tarraco) y que indican que en esa comunidad vivían suficientes ciudadanos romanos como para que esa exhibición no resultase redundante. 




En el estupor con que esta propuesta de identificación ha generado entre los expertos que, en Europa, se dedican al estudio de la estatuaria romana, hemos tenido la ocasión de intercambiar opiniones -como ya la tuvimos en el evento científico antes citado- con un buen número de colegas de España, Portugal o Italia. Varios, de hecho, se han referido a la extraña forma -que llamó la atención siempre- y a la relativa desproporción que existe entre el cuerpo de la estatua de bronce de Pompelo y sus pies. El Catedrático emérito de Arqueología de la Universidad de Málaga, Pedro Rodríguez Oliva, por ejemplo, nos hacía notar -al hilo de la tribuna que Diario de Navarra le ha publicado- cómo hay otro conocido togado europeo, en este caso el de la colección Holkam Hall de Holkham, en Norfolk, Reino Unido, en el que se aprecian también esas mismas desproporciones en este caso fruto de recomposiciones y restauraciones de la pieza que están muy bien documentadas como se hace constar en la ficha de la pieza que ofrece el Instituto Arqueológico Alemán. Resulta curioso que en este caso -pero, y es importante anotarlo, también en la primera referencia que se hizo a la pieza Pompelonense en el volumen Studien zu römischen Togadarstellung (Mainz, 1990) de Goette (pp. 42-43, nota 197, m)- esa singular largura de la túnica, explicable por tratarse de una tunica talaris, como más arriba se dijo a propósito de nuestro togado, no se emplease en el caso de Holkham para atribuir a la pieza un carácter femenino o para anotar que esa parte inferior, en la historia de las recomposiciones de la pieza, procediera de una estatua femenina añadida a una pieza claramente varonil y que, tal como las contraponemos bajo estas líneas, no ofrecen, respecto del togado de Pompelo y entre sí, demasiadas diferencias anatómicas. En su día, por tanto, el propio Goette no tuvo problema en dar por varonil la estatua de Holkam Fall pero tampoco por dar como masculina la estatua de Pompelo que incluyó en su lista de togati. como puede verse más abajo en captura de su libro de referencia, antes citado. Dato singular, sin duda, que considerábamos conveniente compartir aquí.




Por otro lado, como decíamos más arriba, la ciencia, y la comunicación científica, tienen sus propios ritmos. Los estudios científicos, actualmente, son sometidos a todo tipo de revisiones de calidad normalmente -como fue el caso del artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra y del fascículo 9 del Corpus Signorum Imperii Romani- realizadas por pares ciegos expertos en la materia. De ese modo, cuando una hipótesis se comparte con la comunidad científica ha pasado una serie de filtros que -aunque no siempre- garantizan que ésta se ajusta a la communis opinio de la disciplina y que está suficientemente refrendada en fuentes y, sobre todo, en paralelos. Que es solvente, en definitiva. El impacto de un trabajo, además, las citas que recibe a lo largo del tiempo y el refrendo que encuentra, con los años, en la literatura especializada constituyen también un claro índice de su validez, de su acierto y de la acogida que éste ha tenido entre los especialistas, acogida que, normalmente concreta esa validez y ese acierto. Sorprendentemente nada de eso ha sido empleado como filtro en esta supuestamente nueva interpretación del togado de Pompelo que, como se ha dicho, más bien al contrario, era ya conocida desde 2008 y había pasado totalmente desapercibida en la comunidad científica hasta que, ahora, una administración autonómica, ha decidido hacerla suya sin tener en cuenta, precisamente, los filtros lógicos de la ciencia y la investigación históricas y sin siquiera esperar a que esté publicada en un órgano científico que ofrezca garantías. Al margen de que el tiempo, y nuevos análisis y estudios, puedan dar o no razón a tan singular y enrevesada propuesta -y así la han calificado no sólo los expertos a los que Diario de Navarra, en fechas recientes, ha ido concediendo espacio, todos, además, presentes en la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania sino otros muchos con los que hemos tenido ocasión de hablar en estos días-, está claro -y es lo importante- que flaco favor hace a la ciencia arqueológica que una institución pública que debería estar presidida por la objetividad, la prudencia, la mesura y el contraste científico de opiniones -que, en definitiva, son manifestaciones todas, o deberían serlo, del servicio público que de ella se espera- convierta esa lectio difficilior del togado de Pompelo no sólo en la facilior sino, también, al menos a partir de algunos de sus medios de comunicaciones afines, en la verdad histórica inamovible ("La estatua del togado de Pompelo es una niña", titulaba el día 18 de marzo Diario de Noticias, como veíamos más arriba) que, además, sin serlo en este caso, mucho nos tememos que será bastante difícil de matizar en el futuro. 

Lo triste es que no es la primera vez... Tiempo al tiempo.