SORIONEKU (y VI)


[El autor de este blog junto a los editores del volumen Recepciones de la antigüedad vascona y aquitana. De la historiografía a las redes sociales (siglos XV-XXI), Vitoria, 2022

Va a cumplirse ahora un año de uno de los acontecimientos que, al menos, en la sociedad navarra, más ha visibilizado la avidez que en ella existe sobre cualquier cuestión relacionada con los antiguos vascones y que, como hemos explicado en entradas recientes de este blog, se palpa también en las extraordinarias cifras de visitantes que tienen todas y cada una de las entradas que, en Oppida Imperii Romani, dedicamos a este singular pueblo de la Antigüedad peninsular. Nos referimos, obviamente, a la presentación a finales de 2022, por parte de la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, de la mano de Irulegui, una placa de bronce del siglo I a. C. con texto escrito en la denominada "lengua vascónica", hallazgo que nos pareció una excelente ocasión para abrir -con una primera valoración del hallazgo- una etiqueta al respecto, titulada "Sorioneku", en este espacio dirigido a los amantes del mundo antiguo que es Oppida Imperii Romani, etiqueta que cumple aquí su sexta entrega.

Transcurrido casi un año de ese momento, la mano de Irulegui sigue estando de actualidad. Paradójicamente, el Gobierno de Navarra, que fue lento en el registro del objeto -y se le adelantó, de hecho, la Sociedad de Ciencias Aranzadi- ahora ha incoado el expediente para declararlo Bien de Interés Cultural lo que en cierto modo implica que la pieza forma parte -en realidad, in pectore, ya lo era- del patrimonio cultural de todos los navarros y de todos los españoles [ver aquí]. Sorprende, sin embargo, que, prácticamente, utilizar la imagen que de ésta puede descargarse de la popular Wikipedia -como hemos hecho en algunas conferencias y eventos, especialmente en ésta para la Asociación Pompaelo que acumula el doble de visitas en YouTube que la presentación oficial del documento- sea casi considerado un atentado contra la propiedad intelectual por haber registrado el gobierno foral la imagen de ese elemento ya icónico, como antes decíamos. Si es de todos, es de todos, y no parece una buena práctica -o, al menos, no parece demasiado estética- que la imagen de algo que se quiere proteger declarándolo Bien de Interés Cultural esté sometido a derechos de autor cuando no media, en el uso de la imagen, ningún afán lucrativo ni empresarial sino, sencillamente, de difusión del conocimiento, de promoción del patrimonio arqueológico con las consecuencias consabidas de sensibilización en pro de su protección que ese tipo de acciones de difusión generan. Son espinosos estos temas jurídicos, sin duda, pero a quien escribe estas líneas esa espiral le parece una auténtica, y difícilmente explicable, contraditio in terminis tan obscena como absurda. Habrá que estar atento a cómo avanza esa necesaria y feliz iniciativa de proteger este hallazgo con la máxima categoría de protección que la legislación patrimonial española puede otorgar a un objeto arqueológico y, por supuesto, se espera con inusitada expectación la publicación de la editio maior y la editio minor de la inscripción que porta este sensacional objeto descubierto en las excavaciones del castillo de Irulegui, al este de la Cuenca de Pamplona.

En una de las entradas de la serie "Sorioneku" ya anunciábamos, entre líneas, la publicación por parte de la Universidad del País Vasco de un volumen que, bajo el título Recepciones de la Antigüedad vascona y aquitana. De la historiografía a las redes sociales (siglos XV-XXI) (Vitoria, 2022) y con la magistral coordinación de Antonio Duplá y de Jonatan Pérez-Mostazo, pretende revisar la imagen que sobre la Antigüedad de los territorios vasco-aquitanos se ha ido forjando desde el siglo XVI hasta la irrupción, reciente y en crecimiento absolutamente exponencial, de las redes sociales. En ella, como también hacíamos constar, firmábamos un capítulo titulado "Vascones antiguos: de la historiografía al imaginario colectivo" cuya lectura es posible no sólo adquiriendo el volumen, alojado en la prestigiosa serie de los Anejos de Veleia, el órgano editorial sobre Antigüedad de la Universidad del País Vasco, sino, también, a través de DADUN el repositorio digital de publicaciones de la Universidad de Navarra.


Conscientes del atractivo del asunto y persuadidos de que sólo una buena difusión contrarrestará los tópicos que, como veíamos no hace mucho, llenan las redes e internet, planteamos, en los Seminarios de Arqueología que constituyen la espina dorsal del Diploma de Arqueología que ofrecemos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, una mesa redonda que, con un título tomado de nuestra contribución al citado volumen, repasara las principales contribuciones del mismo en lo que respecta a la imagen historiográfica que se ha ido forjando, en particular, de los Vascones antiguos. El acto fue seguido con notable expectación no sólo por la treintena larga de estudiantes que cursa el citado título en la Universidad de Navarra sino también por estudiantes de los Grados en Historia que ofrecemos en la Facultad, por estudiantes de la UNED de Pamplona, doctorandos e investigadores y por público en general demostrando el appeal del asunto vascónico del que hablábamos al comienzo de este nuevo post. Como la mesa redonda -en la que intervinieron los dos editores del volumen y quien escribe estas líneas (R./) bajo la moderación de Javier Larequ (P./)- no iba a publicarse, nos pareció oportuno dejar registro escrito -no textual- del espíritu de nuestras intervenciones en respuesta a las preguntas que el moderador tuvo a bien dirigirnos. Lo hacemos conscientes de que pueden ser un buen corolario a tantas cosas como sobre Vascones se han escrito en este blog en el último año, aunque la preocupación por el asunto vascónico en Oppida Imperii Romani resulte, prácticamente, fundacional.

P./ En el volumen Recepciones de la antigüedad vascona y aquitana se tratan algunos de los mitos que afectan a los vascones antiguos y cómo estos se han ido abriendo paso en la literatura y en la historiografía, tanto en la época moderna como en la contemporánea. En tu contribución concreta al libro te centras en el imaginario colectivo en torno de los vascones de la Antigüedad, en cómo estos mitos se desplazan a los manuales escolares y a las enciclopedias. ¿Cuál es la caracterización mayoritaria que se hace de los vascones en estos canales? No es la primera vez, además, que tratas este asunto. ¿La transferencia de la investigación científica que hacemos en la universidad respecto de este tema a la divulgación y a estos manuales funciona mejor ahora que hace veinte años?

R./ La caracterización que se hace de los antiguos vascones en enciclopedias generalistas y en los manuales escolares coincide, desde luego, con ese "imaginario colectivo" que, en parte, se forma al amparo de esas publicaciones y, por supuesto, en líneas generales coincide con la visión que de los vascones traza, por ejemplo, Chat GPT [ver aquí]. Esa caracterización se centra en dos bloques, por un lado el bloque de argumentos que podríamos denominar "esencialistas" que es, por otra parte, el menos inofensivo desde una perspectiva política y cultural del asunto y, por otro, el de los rasgos más bien "historiográficos" que subrayan la lenta actualización cultural del tejido social, a espaldas, en muchas ocasiones, del circuito científico, sobre lo que hablaremos más tarde. En ese primer bloque de argumentos esencialistas hay tres ideas que se reiteran en muchas de las publicaciones que hemos analizado en nuestro trabajo: en primer lugar, la identificación vascones-vascos que es casi más constante que la que -también con su propio momento de floruit cultural- se hace, ocasionalmente, entre vascones y navarros. En segundo lugar, la presentación de los vascones como homogéneos y como únicos pobladores del denominado territorio vascón convirtiendo aquí etnia y territorio en sinónimos -cuando son dos conceptos diferentes en las fuentes, el segundo, de hecho, ausente de ellas pues la realidad "territorio vascón" es un constructo interpretativo de los historiadores de la Antigüedad para explicar el listado de ciudades de Ptolomeo- y pasando por encima de los componentes ibéricos e indoeuropeos claramente presentes en el espacio que las fuentes antiguas llegaron a atribuirles. En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, se elimina cualquier alusión a la diversidad -no sólo étnica, también lingüística, pues, como es sabido, la llamada "lengua vascónica" no es la única atestiguada ni en el territorio vascón ni en lo que podríamos llamar el espacio neurálgico de esos antiguos vascones- como elemento caracterizador del territorio resucitando, por tanto, los tópicos más trasnochados de la antigua historiografía autonomista de los años ochenta del siglo XX, coincidente con el surgir del estado autonómico del que todavía disfrutamos en España. En último lugar, me parece que en algunas publicaciones -sobre todo las firmadas en la Comunidad Autónoma Vasca- se realiza una traslación histórica del "territorio vascón" a esa supuesta Euskal herria histórica sin más argumentos que el de convertir en "vascas" a todas las tribus antiguas que las fuentes citan para ese artificial territorio o incluso para el también artificial, aunque con mayor sustancia histórica, de "Vasconia".  

Más inocuas resultan las caracterizaciones que nacen de una lenta asimilación del avance en debates historiográficos que, en muchos casos, están ya superados pero que, precisamente, por estar todavía vigentes en esos circuitos nos obligan a preguntarnos sobre la efectividad de nuestra transferencia de conocimiento. Me refiero a la consideración global de todos los vascones como partidarios del general Pompeyo -cuando nada de eso se dice en los textos clásicos-, a la más que recurrente distinción -ancladísima en el imaginario colectivo navarro- entre ager y saltus -términos que, es sabido, proceden de dos autores separados un siglo en el tiempo y con métodos y objetivos diferentes como son Livio y Plinio el Viejo- que, a veces, ha devenido en subrayar una más débil romanización del territorio montañés y septentrional -artificialmente identificado con el saltus- y, por supuesto, el mantenimiento de la referencia a la expansión vascona como uno de los hitos históricos de caracterización de este pueblo de la Antigüedad. Seguir sosteniendo esa expansión vascona sí que tiene una mayor trascendencia de tipo político y cultural una vez que supone considerar a los vascones como una especie de estado en la Antigüedad capaz de ser objeto de beneficio alguno por parte de Roma. 

Esta última cuestión, la de los argumentos del bloque historiográfico, nos lleva a la segunda cuestión la que tiene que ver con los ritmos de la transferencia de los resultados de nuestra investigación al circuito social, un ritmo que es, todavía, sorprendentemente lento [ver aquí]. Las razones de esa lentitud son, a nuestro juicio, varias, en primer lugar, el propio cainismo de la academia. Parece que tendemos a censurar al que hace transferencia, a señalarle diciendo, "éste es un divulgador" como si ser divulgador fuera algo que rebajase nuestro estatuto de investigadores universitarios cuando, en realidad, la transferencia, junto a la docencia, la investigación y la gestión, es parte del compromiso de cualquier docente. Si, lógicamente, no sólo no se reconoce sino que, incluso, se ridiculiza la transferencia, ¿qué sentido tiene hacerla?, podría pensarse. Lógicamente tiene un sentido social, de servicio a la verdad que es lo que da sentido a nuestra profesión de historiadores. En segundo lugar, la irrupción de internet -donde no hay más filtro que el que el espíritu crítico del lector pueda desarrollar- y donde tampoco hay "revisión por pares" ha hecho que, como ya denunciara Tucídides en el siglo V a. C., todo lo relativo al pasado se reciba de una forma muy acrítica y se de por verídica cualquier cosa que uno lee en cualquier página web o foro de la red. El retrato que de los vascones hace Chat GPT, que trabaja con todas las alusiones que, respecto de este pueblo, la inteligencia artificial encuentra en internet es un buen ejemplo de ello pues se trata de un retrato desfasado y lleno de inexactitudes y de tópicos. Por último, consideramos que, en realidad, en esta discusión también entran en juego algunos prejuicios históricos tan anclados que las audiencias tienen a juzgar al mensajero. Lo importante no es lo que dice la investigación sino quién lo dice y desde qué institución lo dice o cómo lo dice. No es lo mismo que hable sobre vascones, en un determinado sentido, la Universidad del País Vasco o que lo haga la Universidad de Navarra o, al menos, así lo juzga la opinión pública cuando, en realidad, se trata, normalmente, de una investigación, como alguna vez hemos dicho, sin "línea editorial", pegada a las fuentes que, aunque resultan escasas, siempre aportan información de algún tipo. Precisamente, la reiteración de esos tópicos -que se asumen sin juicio crítico casi como verdad histórica- es la que acaba por dejar las fuentes en un segundo plano convirtiendo en Historia lo que es, sólo, mera opinión. 

P./ Ha sido habitual en la recepción sobre el asunto vascónico la secuencia etnia-territorio-lengua-cultura material. ¿Podemos realmente hablar de etnia al referirnos a los vascones antiguos? ¿Nos encontramos algún marcador cultural y/o arqueológico que nos permita identificar a los vascones como etnia singular antes de su contacto con Roma?

R./No, no se puede hablar de etnia. En todo caso podemos hablar del Ouaskónon éthnos, que es como Ptolomeo y Estrabón describen, en lengua griega, a los vascones. Pero el concepto de etnia en las fuentes antiguas poco tiene que ver con el de la sociología moderna como de manera muy sistemática y clara abordaron J. Velaza y F. Beltrán Lloris hace algunos años [ver aquí]. En sentido moderno consideramos que una etnia debe tener un ancestro común, compartir un territorio de referencia que el grupo defiende y asume como propio y diferente al de sus vecinos, debe definir a un grupo que promueve y patrocina un sentimiento de pertenencia y que, además, comparte una lengua y una historia común. Prácticamente, nada de eso puede atribuirse a los vascones antiguos. A esto se añade que, además, la denominación Vascones sólo aparece bien en las fuentes antiguas bien en documentos epigráficos de naturaleza oficial como los diplomas militares o el conocido censo de las ciudades vasconas y várdulas que documenta una inscripción conservada en los almacenes del Louvre de París [ver aquí]. Ningún personaje de las denominadas "ciudades vasconas" se denomina a sí mismo como vascón cuando sí sabemos que existen en la epigrafía romana cognomina alusivos a otros grupos étnicos del entorno -como el de "celtíbero", por ejemplo- y sin embargo, sí hay un uso claro de las menciones de origo que subraya que el verdadero marco de referencia para los integrantes de ese éthnos, fue la ciudad. Lo que pudo ver Roma en esas poblaciones a las que bautizó como éthnos de los vascones no sabemos qué fue. Quizás la lengua, que sí es una evidencia que, desde un punto de vista documental, se comienza ahora a atestiguar al ritmo de nuevos hallazgos como el de la mano de Irulegui, pudo ser uno de esos elementos pero los textos -y las propias evidencias de esa lengua escrita- son escuetos en ese sentido. No olvidemos, también, el peso de las limitaciones propias de los textos clásicos, de nuestras fuentes. Muchas veces nos gustaría que contasen cosas que, seguramente, no estaban en el programa de retos y objetivos de los autores concretos con los que escribimos la Historia de, en este caso, la Navarra antigua y su periferia, en términos actuales.

Si no podemos hablar de etnia al hablar de los vascones antiguos, es, en parte, porque hasta la fecha falta un marcador cultural o material, arqueológico -o del tipo que sea- que les distinga de sus vecinos del este (iberos) y del oeste y sur (celtíberos, en sus distintas variantes). Algunos autores, con acierto, especialmente F. Pina, señalaron hace años -y también lo ha glosado con claridad F. Wulff, a nuestro juicio- que lo único que, en realidad, distingue al "territorio vascón" de los territorios de su entorno es la acusada diversidad lingüística de sus habitantes una diversidad que se transparenta tanto en la epigrafía de corte más oficial, como pueda ser el Bronce de Áscoli, como en la de carácter más estrictamente personal con antropónimos y, por supuesto, teónimos y topónimos que se emparentan, en unos casos, con el indoeuropeo y en otros con el ibérico o con el vascónico. La propia adaptación del signario ibérico para representar sonidos inexistentes en la lengua ibérica pero sí en la vascónica que refleja la mano de Irulegui es una muestra de esa diversidad. ¿Fue esto lo que llamó la atención de los autores antiguos para crear ese concepto de un pueblo diferenciado de sus vecinos, con mayor presencia en el entorno? Es difícil saberlo pero como hipótesis parece totalmente razonable. 

P./ La mano de Irulegui ha vuelto a poner de manifiesto el interés de nuestras sociedades por el mundo prerromano así como el interés identitario de estas etnias. ¿Por qué se produce esa constante reivindicación de la identidad vascona y, en cambio, la identidad romana a veces parece difuminarse?

R./Hace bastantes años, uno de los grandes estudiosos del asunto vascónico, el responsable de la acuñación de esa expresión controuersia Vasconica [ver aquí] que tanto utilizamos, J. J. Sayas escribió un trabajo titulado "De vascones a Romanos para volver a ser vascones" [ver aquí] donde, precisamente, analizaba cómo la etnia de los vascones emerge en el contexto de la relación con Roma y se recupera, como elemento de legitimación histórica, justo cuando Roma falta, cuando su autoridad política y territorial se diluye. Como esquema de comprensión histórica es un esquema muy válido. Al final hemos de pensar que Romanos fuimos todos -y todavía lo somos, ¡en tantas cosas¡-, en cambio, las identidades prelatinas siempre nos parecen más locales, más vernáculas, menos externas y tendemos siempre a identificarnos más con ellas. La mano de Irulegui, de hecho, como se apunta, ha sido un buen ejemplo de ese atractivo de lo vascónico frente a lo romano. Al final, incluso en los múltiples reportajes que, en prensa, se han publicado sobre el hallazgo y su contexto arqueológico -un contexto, en efecto, de destrucción militar- se ha llegado a afirmar que Roma fue la culpable de la destrucción del oppidum de Irulegui cuando, en realidad, si Roma lo destruyó es porque en él había alguna suerte de alianza de sus pobladores con romanos pertenecientes, en cualquier caso, a un bando diferente. En el propio análisis de la pieza se ha puesto el acento, como es lógico, por su novedad, en el hábito escriturario incorporado por las poblaciones locales y en su capacidad de adaptación de éste a la lengua de referencia. Sin embargo, no se ha subrayado suficientemente, que esa literacy tiene un origen claramente latino y que, es más, la adopción del hábito epigráfico también arranca del contacto con Grecia, primero -para las poblaciones ibéricas- y con Roma -más tarde- para las celtibéricas. La mano de Irulegui es un claro testimonio de eso que ahora se ha dado en llamar la "escritura en la frontera" [ver aquí] y toda frontera implica, claramente un contacto, un trifinio [ver aquí] en el que, al tratarse de la Antigüedad hispana, Roma es un elemento fundamental creador de identidad, sí, y potenciador de la misma. Reivindicar nuestro pasado vascónico -e ibérico y celtibérico- sólo es posible gracias a Roma. 

La parte final del debate que centró la citada mesa redonda giró en torno al interés que tiene el estudio de la denominada "recepción de la Antigüedad" para, precisamente, conocer de qué manera, a través de la Historia, se ha ido utilizando la Antigüedad Clásica, y sus acontecimientos principales, para legitimar determinadas posturas ideológicas, sociales o políticas. Se concluyó, claramente, en la obligación moral que los historiadores tenemos de dedicarnos a esas cuestiones y de salir al paso de mitos y tópicos que, no por repetirse con frecuencia, se convierten en verdad. Al margen de las reflexiones que, al respecto, hicieron nuestros compañeros de mesa -que trabajan profusamente sobre estas cuestiones de antikenrezeption- a nosotros nos pareció oportuno, y nos parece también ahora, cerrar nuestra intervención leyendo estas palabras del icónico historiador británico Eric Hobswabm e incluidas en su imprescindible ensayo Sobre la Historia (Crítica, Barcelona, 1997, p. 270):

"Es probable que el hecho de que la historia esté ligada de modo inextricable a la política contemporánea -como sigue demostrando la historiografía de la Revolución francesa- no constituya hoy una dificultad grave, toda vez que los debates de los historiadores, al menos en los países donde hay libertad intelectual, se desarrollan dentro de las reglas de la disciplina. Además, muchos de los debates de mayor carga ideológica entre historiadores profesionales se refieren a cuestiones de las que los no profesionales saben poco y les importa menos. Sin embargo, todos los seres humanos, todas las colectividades y todas las instituciones necesitan un pasado, pero sólo de vez en cuando ese pasado es el que la investigación histórica deja al descubierto. El ejemplo clásico de una cultura de la identidad que está anclada en el pasado por medio de mitos disfrazados de historia es el nacionalismo. Sobre esto Ernest Renan dijo lo siguiente hace más de cien años: 'Olvidar, incluso interpretar mal la historia, es un factor esencial en la formación de una nación, motivo por el cual el progreso de los estudios históricos es a menudo un peligro para la nacionalidad'. Porque las naciones son entidades históricamente novedosas que pretenden existir desde hace mucho tiempo. Inevitablemente, la versión nacionalista de su historia consiste en anacronismos, omisiones, descontextualizaciones y, en casos extremos, mentiras. En menor medida, esto ocurre en todas las formas de historia de la identidad, antiguas y nuevas"

Está todo dicho. Nuestra obligación como historiadores es seguir separando el mito de la verdad, la opinión de la Historia, la manipulación de la realidad algo que, por difícil que resulte caracterizarla tratándose de la Historia de la Antigüedad, debemos conseguir que su descripción se sustente sobre fuentes fiables y contrastadas y sobre un análisis eminentemente crítico de las mismas. De lo contrario lo que contemos será sólo mito, ensoñación, fantasía, mentira.

NECESSARIA... INANIA




[The favourite poet, lienzo de 1888 pintado por el conocido pintor pre-rafaelita Lawrence Alma-Tadema]

Entre 2018 y 2022 quien escribe este blog fue Vicedecano de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Así, en los años 2021 y 2022, se convirtió en tradición que, en la Jornada de Bienvenida a los nuevos estudiantes que, cada año, en los últimos días de agosto o en los primeros de septiembre, organiza la Facultad, dirigiera unas palabras a los nuevos alumnos y lo hiciéramos intentando que éstas tuvieran en el centro a algún autor del mundo clásico -o a varios- y, en particular, de la Literatura Romana siguiendo la línea de otras alocuciones de graduación en actos académicos de diverso signo, tanto en Secundaria y Bachillerato como en Enseñanza Superior dictados a través de los años y recogidos en Oppida Imperii Romani, a los que remitimos a través de los enlaces correspondientes. Esos discursos de bienvenida constituyeron, también, en los años indicados -y puede accederse a ellos a través de los hipervínculos que acompañaban al año en cuestión, más arriba- la entrada inaugural del curso académico en este espacio que, un curso más, espera poder mantener el pulso de dos o tres citas mensuales con sus lectores pulso no siempre fácil de cumplir dadas las exigencias de la intensa vida docente e investigadora.

A finales de 2022, sin embargo, fuimos cesados en ese cargo para pasar a servir a la Facultad en la dirección del Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía. A la Junta del Departamento nos pareció oportuno que, de cara a crear cuerpo, dentro de la Facultad, entre los estudiantes que se incorporaban a primer curso de los Grados en Historia, Historia y Arqueología, Historia y Periodismo e Historia y Relaciones Internacionales que ofrecemos en la Universidad, podíamos tener con ellos un informal encuentro, un breve acto académico que les introdujera en la etapa universitaria, en los hábitos propios del intelectual y en las estrategias básicas para el trabajo académico propio de la educación superior y que, en cierta medida, les ayudase, también, a aterrizar en un mundo, el universitario, cada vez más distante del que se han habituado a vivir en las aulas de colegios e institutos en los años de preparación para el acceso a la Universidad, unos años también decisivos en su formación -quizás no tanto como los universitarios, pero igualmente centrales- y sobre los que, de hecho, mucho se ha hablado también en algunas entradas de la serie "Disputationes" de este blog, especialmente en varias del año 2022 en que se aprobó la nueva Ley de Educación que regía, también, las enseñanzas de Secundaria y Bachillerato (se puede llegar a esas reflexiones a través de la entrada "Quid, quia, quam?", que aquí enlazamos). La jornada, que habrá de tener vocación de continuidad, tuvo lugar en el Edificio Central de la Universidad de Navarra el pasado 11 de septiembre y fue seguida por cerca de medio centenar de estudiantes, matriculados en los estudios de referencia más arriba citados.

Fieles a nuestra creencia en el poder evocador de los clásicos como auténticos "supervivientes" de una cultura milenaria que nos ha conformado como civilización occidental, también quisimos que parte de nuestros consejos, titulados "El estilo universitario: autonomía y asesoramiento", tuviesen sus raíces en reflexiones de autores antiguos, y, en concreto, romanos, a saber, uno de la República , el siempre útil y sugerente Cicerón, -de los dos últimos tercios del siglo I a. C.- y tres del Principado, Séneca, Flavio Josefo y Plinio el Joven, repartidos entre los años cuarenta del siglo I d. C. y los inicios del siglo II d. C., pertenecientes todos, en cualquier caso, a la época aurea de la Literatura Latina. Los cuatro aportan, en obras de distinta naturaleza, reflexiones que nos parece resultan útiles para el trabajo intelectual en general y para el crecimiento y la autonomía del universitario en particular. Veamos, pues, cuáles son esas reflexiones y cómo pueden acomodarse al reto que se presenta al estudiante que pasa del Bachillerato a la Universidad y que lo hace, además, para la apasionante aventura de formarse como historiador. 

Nos parece, por tanto, que compensa leer con atención estos pasajes -casi con la misma que exhibe el auditorio del lienzo de Lawrence Alma-Tadema A Reading from Homer, de 1885, que ofrecemos a continuación-, pasajes que, si bien son elocuentes por sí mismos y, seguramente, en ellos cada lector encontrará elementos sugerentes bien distintos, hemos querido remarcar en sus ideas centrales por medio de los comentarios que deslizamos a propósito de cada uno de ellos que, como se ha dicho, recorren casi siglo y medio de Historia del pensamiento romano. Si, además de aportar algunas destrezas y hábitos para el nuevo curso, la lectura de estos textos sirve para que el lector de Oppida Imperii Romani -sea estudiante o no- descubra a algunos de los autores escogidos o sus trabajos -todos ellos clásicos- nuestro esfuerzo por traerlos aquí habrá resultado, sin más, recompensado al tiempo que volverá a subrayar, como ya hicimos en una entrada anterior, a la que remitimos, la gran carga formativa que tienen la mayor parte de los textos de la Literatura Romana y el modo cómo conectan con situaciones y preocupaciones muy propias del presente, transcurridos de ellos más de veinte siglos.


Del libro primero del Sobre el orador de Cicerón (Cic. De or. 1, 17-19 y 20) proceden algunos interesantes consejos en relación a la preparación global, transversal, humanista, propia del universitario, del intelectual, en definitiva, del orator. Una preparación con la que, desde luego, es bueno que el estudiante llegue a la Universidad pero que, también, puede y debe adquirirse en los años de paso por las aulas universitarias que, nos parece, más deben formar en esa curiosidad propia del humanista, que en una simple acumulación de saberes que, por otra parte, se encuentran en los manuales y publicaciones. Reproducimos aquí esos consejos a partir de la traducción del texto que ofrece la Biblioteca Clásica Gredos, en su edición en Madrid, de 2002, a cargo de Javier Iso (la traducción castellana en cuestión está disponible en internet, con acceso a la versión latina del texto pinchando en los parágrafos seleccionados). 

17-19: "Pues hay que abarcar un saber en muchísimos ámbitos, sin el cual, las fintas verbales resultan huecas y ridículas. Por otra parte, el discurso ha de conformarse no sólo mediante las palabras adecuadas sino también con su ordenación pertinente (...) Hay que dominar, además, todo el pasado y el arsenal de sus ejemplos y no descuidar el conocimiento de las leyes y del derecho (...) ¿Y qué diré de aquello que atesora todo lo demás, la memoria? Pues si no se tiene como guardián de lo que hay que decir y de los argumentos y de cómo hay que decirlo, está claro que todo lo demás, aunque el orador lo posea en grado superlativo, no servirá de nada"

20: "Y a mi entender, nadie podrá ser orador coronado por la gloria si no ha conseguido saber de los grandes temas y técnicas. Pues conviene que el discurso brote y rebose del conocimiento de las cosas, pues si éste no trata de cosas familiares y conocidas al orador, se reduce a palabrería hueca y poco menos que infantil"

Cinco son, pues, las cualidades que Cicerón destaca como esenciales en un orator que, en cierto modo, podemos asimilar al estudiante universitario: en primer lugar la scientia rerum plurimarum, es decir, "el saber en muchísimos ámbitos" pues el joven universitario ha de ser un humanista interesado por su mundo en el presente y, también, en el pasado pues ambos tiempos están, necesariamente, interconectados. En segundo lugar, la constructio uerborum, es decir "la ordenación de las palabras" pues la expresión -oral o escrita- es fundamental en la construcción de conocimiento y es, debe ser, una prueba de la madurez del intelectual y de quien, en la Universidad, se forma para serlo. Además, Cicerón concede un papel importante a la antiquitas exemplorum, al "arsenal de ejemplos del pasado" y, por tanto, al conocimiento histórico ordenado, diacrónico, discursivo y reflexivo sin el cual es difícil entender y comprender el presente y parece imposible sobrevivir a unos estudios de Historia. En cuarto lugar, el Arpinate insiste en que hay que cultivar la memoria a la que, de hecho, llama thesaurus omnium rerum, "lo que atesora todo lo demás", como ha optado por traducir el traductor en la edición que aquí seguimos. Por último, en quinto lugar, el objetivo de todo orator -y nos parece que, también, de todo universitario- ha de ser el de alcanzar una scientia omnium rerum magnarum, un conocimiento, al menos "de los grandes temas y de las técnicas" que le habiliten para enfrentarse a aquéllas en que sea preciso profundizar bien ahora, bien en el futuro consciente de que, como, con Tucídides, comentábamos en otra entrada de este blog, la Historia y, por tanto, el aprendizaje de ésta es, no una adquisición para el momento, sino para toda la vida y, por tanto, un saber en constante actualización y renovación, también de quien lo cultiva.

En el breve diálogo de Séneca sobre La providencia (Sen. Prou. 2, 1) también se encuentran algunas interesantes reflexiones relativas a la perseverancia, el autocontrol y el autodominio, esenciales en la práctica de la inteligencia emocional que exige el trabajo intelectual propio del universitario. Las  reproducimos aquí en la traducción que de dicho diálogo hizo, nuevamente, la Biblioteca Clásica Gredos, publicada en Madrid -en este caso en el año 2020- y en edición a cargo de Juan Mariné, también disponible en red:

2, 1: "¿Por qué a los hombres buenos les ocurren innumerables contrariedades?  A un hombre bueno ningún mal puede sucederle: no se mezclan los contrarios. Del mismo modo que tantos ríos, tantas lluvias caídas del cielo, tanta abundancia de fuentes medicinales no cambian el sabor del mar, ni siquiera lo mitigan, así el ataque de las contrariedades no trastorna el espíritu del hombre fuerte: se mantiene en su posición y cuanto le sucede lo acomoda a su estilo de vida, pues es más poderoso que las circunstancias. Y no digo que 'no las sienta' sino 'las vence' e incluso se alza, por lo demás, tranquilo y calmo, contra las que lo acometen. Todas las adversidades las toma como entrenamientos (...) 

En línea con su pensamiento estoico -recuperado hoy y convertido casí en best-seller a través del propio Séneca pero también de Marco Aurelio y otros- el filósofo de Corduba subraya lo importante que, para el hombre en general -pero se puede aplicar también al universitario- es esforzarse por disponer del animum uiri fortis, es decir, el espíritu propio de "un hombre bueno" algo que se concreta en considerar como exercitationes, como "entrenamientos" todas las adversidades y en no sentir las cosas sino, sencillamente, en "vencerlas", en sobreponerse a ellas; non sentit sed uincit, dice el axioma derivado de las palabras de Séneca. En un contexto como el académico y universitario, de exigencias, plazos, presión por el trabajo diario, difícil gestión del tiempo, exigencias, retos, exámenes, trabajos, parciales, resultados favorables y menos gratos... la fortaleza intelectual y el espíritu fuerte, la resiliencia, como ahora se define resultan, también, competencias absolutamente primordiales. 

Sin embargo, el pasaje seguramente más aprovechable procede del libro tercero de La guerra de los judíos, de Flavio Josefo (Joseph. BJ. 3, 71-74; 85-88; 98-101 y 102-106) y se halla inserto en el marco de una digresión que, en esa sección, este historiador judío y luego romano, hace sobre el ejército de Roma y las claves de su éxito como herramienta básica en la forma del Imperio. El texto -en este caso la traducción es, de nuevo, la de la Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1997, de Jesús Mª Nieto Ibáñez, disponible en red; para el original griego basta pinchar sobre los loca que introducen cada pasaje- dice como sigue poniendo sobre la mesa la importancia de la preparación, el entrenamiento, el esfuerzo y la disciplina en la consecución de cualquier objetivo. El texto, por sí solo, nos ofrece algunas claves fundamentales para cualquier trabajo que exige, como también el trabajo académico, esfuerzo y entrega, disciplina, en definitiva.

71-74: "(Los Romanos) son dueños de un Imperio tan grande como resultado de su propio esfuerzo, no como si ello fuera un regalo de la Fortuna. Pues no empiezan a hacer uso de las armas sólo cuando hay guerra, ni mueven sus manos, que han estado sin hacer nada en tiempo de paz, únicamente cuando tienen necesidad de ello, sino que, como si hubieran nacido dotados de armas, no dan tregua a sus ejercicios ni esperan el momento propicio sin practicar. Sus actividades no difieren en nada de una lucha auténtica, ya que todos los días cada uno de los soldados romanos se entrena con todas sus fuerzas, como si estuviera en guerra. Por ello resisten la lucha con tanta facilidad. En efecto, ni el desorden les aparta de su acostumbrada disciplina, ni el miedo les altera, ni les domina la fatiga"

85-88: "Una vez que se han protegido de esta forma (con la construcción del campamento amurallado), acampan por compañías, en silencio y en orden. Todas las demás actividades también son llevadas a cabo por ellos con disciplina y seguridad: cada uno recoge, por grupos, la leña, los víveres y el agua, si les hace falta. Pues ni la comida ni la cena pueden hacerla individualmente cuando quieran, sino que todos comen juntos. Las trompetas anuncian la hora de dormir, la de hacer guardia y la de levantarse; no hay nada que no se haga sin que se dé la orden (...)"

98-101: "(...) En los combates no se hace nada sin debatirlo antes, ni se improvisa nada, sino que la reflexión va siempre por delante de toda acción y realizan lo que han decidido. Por ello, rara vez se equivocan y, en caso de que esto ocurra, fácilmente remedian sus errores. Creen que es mejor equivocarse, después de haber tomado una decisión, que tener éxito gracias a la suerte, pues los bienes que surgen por casualidad llevan a la imprevisión, mientras que la reflexión, aunque alguna vez dé mal resultado, supone una buena lección para no volver a caer en el error"

102-106: "En sus ejercicios militares no sólo fortalecen sus cuerpos, sino también sus almas, y, además, se adiestran también con el miedo. En efecto, sus leyes castigan con la pena de muerte no sólo la deserción, sino también cualquier pequeña desidia. Los generales son más terribles que las leyes, pues a pesar de los honores que dan a los valientes no dejan de parecer crueles con los soldados que castigan. La obediencia de los romanos hacia sus generales es tan grande que todo el ejército es en la paz una institución bien ordenada y en la guerra forma un solo cuerpo. De esta manera tan compactas están organizadas sus filas, así de ligeros son sus movimientos, tan atentos están sus oídos a las órdenes, tan abiertos sus ojos a las señales y tan dispuestas sus manos para entrar en acción"

Seguramente, quien se haya acercado, siquiera someramente, al fenómeno de la Romanización -que consiguió hacer de todas las tierras de la actual Europa un único Imperio reconocible en hábitos culturales comunes pero sobre un telón de fondo general que no excluyó sino que integró la diversidad, como ya subrayamos hace algún tiempo en otra entrada de este blog- se habrá interrogado alguna vez sobre una de las herramientas de su éxito: el ejército. Así lo hizo también Flavio Josefo que, a tenor del avance de los Romanos en su tierra, Judea, empleó varios capítulos del libro tercero de su Bellum Iudaicum a desgranar las razones del éxito militar de Roma. Éstas -a partir de los cuatro extractos seleccionados- se pueden resumir en: esfuerzo (aretés ktéma), ejercicio (gymnádsetai), constancia, disciplina (ataksía); orden (kósmou), convivencia y trabajo conjunto (syntákseis); reflexión y ausencia de improvisación (gnomé proágei), capacidad de aprendizaje; cultivo del espíritu (alkímous tás psychás) y obediencia (synapheisque Josefo expresa en los correspondientes términos griegos -que aquí se han destacado- pues es en la lengua griega en la que está escrita su obra ya que ésta fue la lengua vehicular de las tierras del Oriente del Imperio. Se trata, por tanto de dos grupos de comportamientos que, a nuestro juicio, son replicables a cualquier reto personal y, por supuesto, también académico. Por un lado, los tres primeros textos nos llevan al ámbito de la autonomía, de que el estudiante universitario sea capaz, con su esfuerzo, con su entrenamiento, con su orden, de establecer un modo de vida y de trabajo -una rutina- fundamentado en la voluntad, el aprendizaje y el esfuerzo continuo, "no dando tregua a los ejercicios", como escribe el historiador de Jerusalén. El último texto, sin embargo, alude al asesoramiento, a la conveniencia de que los oídos del estudiante "estén atentos" a las órdenes de quienes le aconsejan y le enseñan, profesores, asesores, tutores, mentores... Dos herramientas, sin duda, claves para el éxito en cualquier aventura académica no sólo inicial, también de postgrado o doctoral.

Avanzando en el tiempo, Plinio el Joven, en sus Cartas, y en concreto en una que dirige a Minicio Fundano (Plin. Ep. 1, 9) -que llegó a ser procónsul en Asia- afirma lo que sigue en relación al aprovechamiento del tiempo y al manejo de los tiempos de ocio, en este caso presentamos el texto conforme a la traducción de Julián González, editada por RBA Editores en Barcelona, 2017 y disponible en The Internet Archive:

3-8: "El día en el que has hecho todas esas cosas (ir a una fiesta, actuar, trabajar...), parecen necesarias, pero esos mismos actos, si piensas que los has hecho a diario, resultan inútiles, sobre todo cuando reflexionas lejos de la ciudad. Entonces te viene a la mente este pensamiento: ¡cuántos días he gastado en cosas tan triviales! Esto me sucede a mí, cuando en mi Laurentino, me dedico a leer o a escribir algo o incluso tengo tiempo libre para el ejercicio del cuerpo, en cuyo apoyo el alma se sostiene. No oigo nada de lo que luego me arrepienta haber oído, no digo nada de lo que luego me arrepienta haber dicho; nadie en mi presencia acosa a nadie en maliciosas conversaciones, yo mismo no reprendo a nadie, sino a mí mismo, cuando escribo algo poco correcto; ningún temor, ninguna esperanza me inquietan, ningún rumor me sobresalta: sólo hablo conmigo mismo y con mis libros. ¡Oh auténtica y pura existencia! ¡Oh apacible y honorable descanso, que puede llegar a ser más digno que cualquier otra actividad! (...) Por todo ello, tú también abandona, tan pronto como tengas ocasión, ese estrépito, ese ir y venir sin sentido y esos trabajos tan inútiles y entrégate al descanso. Pues, como dijo nuestro admirable Atilio, de forma eruditísima y al mismo tiempo encantadora, es mejor tener tiempo libre que no hacer nada"

En la peculiar concepción romana del otium, entendido como espacio para el cultivo intelectual como algo pulchrius omni negotio, es decir "más digno que cualquier otra actividad", Plinio el Joven detalla aquí de qué modo algunas rutinas que pueden parecer necesarias acaban, sin embargo, siendo vanas, inútiles, inania empleando los términos necessaria e inania que dan título a esta entrada. En el trabajo cotidiano del universitario es evidente que saber distinguir lo urgente de lo importante, lo preparatorio y accidental de lo determinante y, en definitiva, lo que nos cultiva de lo que, sencillamente, nos distrae, resulta una exigencia fundamental que, también, forma parte de los retos a que debe hacerse frente siempre ante un nuevo curso académico. 

En definitiva, un buen estudiante universitario es el que estudia desde el primer día, el que, en su rutina de trabajo, sabe reservar espacio no sólo al "hacer" sino, también, al "pensar", no exclusivamente a lo inmediato (las entregas, los trabajos que apremian) sino a lo que, cuando comienza el curso, se ve como algo más lejano y distante en el tiempo. Triunfa también el que "profesionaliza" desde el primer momento, su paso por las aulas del Campus haciendo de sus tareas su primera prioridad, no sólo el cumplirlas sino, también, el acabarlas y terminarlas bien. También es un buen universitario el que entiende que sus compañeros no son competidores sino colegas con los que puede motivarse, con los que puede, y debe, compartir tareas y a los que debe, también, en ese contexto hacer crecer. Y, por último, es propio del espíritu universitario el comprender que los profesores, que, efectivamente -en su tarea más compleja y, muchas veces, más ingrata- habrán de evaluar nuestro rendimiento, disfrutarán, siempre, haciendo de facilitadores del aprendizaje si encontramos -no será difícil- el modo de que se impliquen con obtener lo mejor del estudiante. Buenos retos, sin duda, para un nuevo curso siempre, además, de la mano de los clásicos grecorromanos, siempre tan inspiradores, como estos pasajes, entendemos, contribuyen a mostrar.

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NOTA.- Tres libros, extraordinariamente útiles, han sido fundamentales en la preparación de esta entrada y de las reflexiones a los estudiantes de 1º de Historia y sus Grados dobles en la Universidad de Navarra que la han inspirado. Los dejamos aquí por si resultan útiles para los lectores de Oppida Imperii Romani. En primer lugar la recopilación de fuentes sobre la educación griega y romana de JOYAL, M., McDOUGALL, I., y YARDLYE, J. C., Greek and Roman Education. A sourcebook, Londres-Nueva York, 2009; en segundo lugar, la sorprendente y utilísima, para cualquier aspecto de la vida romana, antología de textos de SHELTON, J. A., As the Romans did. A sourcebook in Roman Social History, Oxford, 1988; y, por último, el también magnífico KITCHELL, K. F., They said it first. The wisdom of the ancient Greeks and Romans, Mundelein, 2009, también muy sugerente. Los tres pueden ser un extraordinario vademécum para descubrir de qué modo cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana fue también objeto de atención y reflexión por las fuentes romanas y, por tanto, para convencernos de la profunda carga cultural que el mundo romano ha legado a Occidente y a nuestro día a día. 










SVSCEPIT FIRMAVITQVE

 

Como se traslucía en la entrada "Pro Uniuersitate" de este blog, de ahora hace casi un año, el ayuntamiento, la colaboración entre estudiantes y profesores está, como afirmaba Alfonso X El Sabio, en el centro mismo de la vocación de las Universidades y, a nuestro juicio, debe seguir estando haciendo de esa colaboración, de ese aprendizaje mutuo, el centro de la educación transformadora que debe presidir el ideal, necesariamente humanista, de cualquier centro de enseñanza superior. Quizás, en ese punto, la relación que se establece entre los estudiantes de Doctorado y sus maestros sea la más plena, aunque no sólo. Ya en otras ocasiones, diversas entradas de Oppida Imperii Romani -como varias sobre Vascones- han nacido en el marco de esa colaboración o, en fin, otras -como "Lar mihi" o "Mulier obsequentissima", sobre Historia Antigua "de género"- han anotado líneas de trabajo desarrolladas por algunos de ellos que, en definitiva, las han inspirado. 

Precisamente, al final del pasado curso, uno de los primeros y más brillantes egresados del Grado en Historia con Diploma en Arqueología que ofrecemos en la Universidad de Navarra, en el proceso de discernimiento sobre cuáles podían ser sus intereses de cara a una Tesis de Doctorado me hablaba de la llegada a España, en época de Felipe IV, de una serie de obras pictóricas italianas que recuperaban diversos asuntos de temática clásica que, en un claro ejercicio de "recepción de la Antigüedad", la monarquía de los Austrias, consideraba sugerentes e, incluso, legitimadores políticamente. Javier Martínez Sarasate, que así se llama el estudiante -que ha firmado ya algunos artículos y reseñas en revistas de Antigüedad- nos habló, entonces, de la existencia de una representación de la "La entrada triunfal de Vespasiano en Roma" elaborada por los pintores italianos Viviano Codazzi y Domenico Gargiulo que, proyectada para el Casón del Buen Retiro, se puede ver hoy en la pinacoteca del Museo del Prado de Madrid. Una fotografía de dicha composición la ofrecemos tras estas líneas para quien,  como es nuestro caso, no la conociera. Desconocíamos esa representación que, automáticamente, nos recordó a la, más conocida, de Giulio Romano pintada en 1537 sobre el mismo asunto, expuesta en el Museo del Louvre de París y que corona este post.

Sin ser, obviamente, un experto en Historia del Arte, las dos obras remiten a elementos de atrezzo de ecos arqueológicos y tomados de la iconografía clásica no todos ellos, por cierto, contemporáneos al momento en que estaría ambientada la escena, el otoño del año 70 d. C. La obra de Giulio Romano parece netamente inspirada en alguno de los relieves del arco de Vespasiano y Tito, particularmente de los que figuran en el pilar norte del monumento -al que parece se dirige el carro triunfal con Vespasiano y Tito en la obra de este pintor romano- mientras que la de los dos pintores del seteccento italiano parece una visión premonitoria -pues los relieves no se descubrieron hasta los años 30 del siglo XX- de la escena del aduentus de Vespasiano que aparece en uno de los denominados Relieves de la Cancillería Apostólica de Roma uno de los cuales, el correspondiente a la escena de aduentus recogemos más abajo, y que se conservan en los Museos Vaticanos de esa ciudad y que, en cualquier caso, ofrecen una imagen clásica de entrada triunfal imperial habitual en la iconografía clásica (BEARD, M., The Roman triumph, Harvard, 2007, esp. pp. 154-159, con algunos otros casos de "recepción" del motivo del triumphus en la pintura moderna). Sin embargo es evidente que las dos escenas recuerdan a un texto de la Literatura Latina, contemporáneo a los acontecimientos del aduentus de Vespasiano y de Tito en Roma en octubre del 70 d. C., que nos parece oportuno citar a continuación. El texto en cuestión procede del libro séptimo del Bellum Judaicum, La guerra de los judíos, del historiador hebreo, luego pro-romano, Flavio Josefo. El texto, que recortamos en algunos pasajes y que reproducimos aquí según la edición de la Biblioteca Clásica Gredos, disponible en red en The Internet Archive y traducido del griego por Jesús Mª Nieto Ibáñez (Madrid, 1997) dice como sigue y tiene, además, algunos ecos epigráficos una vez que conservamos una buena colección de inscripciones de salutación a Vespasiano, alusivas a valores centrales de la domus Flauia, sobre las que ya nos ocupamos en algunos trabajos anteriores al hilo de nuestro y la largo interés en esta singular dinastía del Principado Romano (ANDREU, J., "La imagen epigráfica de la dinastía flavia en el Occidente Romano: las inscripciones de Roma", en LÓPEZ, J. (ed.), Govern i Societat a la Hispània Romana. Novetats epigràphiqes, Tarragona, 2013, pp. 35-49 y "Religión, política y vida municipal. Las dedicaciones a los emperadores flavios en las provincias del Imperio", en BAGLIONI, I. (ed.), Storia delle Religione e Archeologia. Discipline a confronto, Roma, 2010, pp. 1-34):

"[63-68] Cuando Vespasiano aún se hallaba lejos, todos los habitantes de Italia le estimaban en su interior, como si ya hubiera venido. Tantas eran las ganas que tenían de verlo que para ellos la espera de su visita significaba ya su llegada y sentían por él un afecto libre de toda coacción. Pues el Senado, por el recuerdo de las desgracias ocurridas durante los cambios de emperadores, estaba muy deseoso de recibir a un príncipe investido del prestigio de la vejez y de la gloria de las hazañas militares (...) Por su parte, el pueblo, cansado de las guerras civiles, deseaba aún con más ahínco que él viniera, pues esperaba entonces librarse plenamente de las calamidades y confiaba en conseguir la seguridad al mismo tiempo que la prosperidad. El ejército era el que sobre todo tenía puestos sus ojos en él, en especial los soldados que conocían la magnitud de sus éxitos bélicos (...) [71-74] La gente, a la que el emperador se iba acercando, por la alegría de verlo y la mansedumbre que se desprendía de su persona, profería todo tipo de exclamaciones y le llamaba benefactor, salvador y el único que era digno de ser emperador de Roma. Toda la ciudad, como un templo, estaba repleta de guirnaldas e incienso. Una vez que a duras penas, a causa de la multitud que le rodeaba, pudo entrar en el palacio, él hizo en persona sacrificios a los dioses del hogar en acción de gracias por su llegada (...) Se celebraron banquetes por tribus, familias y grupos de vecinos y suplicaron con libaciones a Dios para que Vespasiano permaneciera durante el mayor tiempo posible en el Principado de Roma y para que sus hijos y los descendientes de éstos conservaran siempre el poder sin que nada se les opusiera. Así recibió afectuosamente a Vespasiano la ciudad de Roma y pronto llegó una gran prosperidad"

(Joseph. BJ. 7, 63-68 y 71-74, pincha sobre los enlaces para el texto griego original avanzando, después, hacia los capítulos de los que procede la cita)

En estos últimos días de nuestra estancia, financiada por la Fundación Alexander von Humboldt, en el Seminar für Alte Geschichte und Epigraphik de la Universität Heidelberg, en Alemania, hemos estado trabajando sobre este pasaje y este autor a propósito de la preparación de una conferencia, que impartiremos la última semana de septiembre, en la UNED de Pamplona, en el marco de un curso de Verano de las Universidades navarras que, con un ambicioso y -entendemos- sugerente programa, llevará por título "Cum pax parta esset: paz, pacifismo y diplomacia en el mundo antiguo". Las inscripciones están abiertas desde hace semanas y el curso puede seguirse también online, por si alguno de los lectores de Oppida Imperii Romani quiere inscribirse en él. Como avance al contenido de esa charla -en que figurará un análisis detallado de este pasaje-, bastará decir que sobre el autor, Flavio Josefo, y sobre su relato relativo al ascenso de la dinastía flavia al poder en Roma tras el episodio neroniano, la conquista de Judea, y el año de los cuatro emperadores -huelga decir aquí que el asunto flavio ha sido bastante habitual en este espacio, por razones de interés investigador, en los últimos años y remitimos a la etiqueta "gens Flavia", que agrupa las entradas de dicha temática- escribió esto, en 2003, en un volumen de referencia sobre la época (BEARD, M.: "The triumph of Flavius Josephus", BOYLE, A. J., y DOMINIK, W. J. (eds.): Flavian Rome. Culture, image, text, Leiden-Boston, 2003, pp. 543-558), la, probablemente, más mediática estudiosa de la Antigüedad de los últimos años, la profesora de la University of Cambridge Mary Beard a la que, de hecho, citábamos más arriba por su monografía sobre el triunfo romano (la traducción del original inglés de su trabajo, disponible para descarga más arriba, es nuestra):

"Imagina simplemente que es un nuevo descubrimiento. El relato de una guerra antigua escrita por un hombre que ha servido en ambos lados del conflicto. No simplemente una guerra sino una violenta insurrección de una comunidad provincial contra sus supervisores supremos, los Romanos, violentamente reprimida. El punto cero del imperialismo romano. El autor, el traidor más afortunado de la Historia. Escapando, como él mismo cuenta, de un pacto suicida que mató a treinta y ocho de sus compatriotas, el consiguió ser llevado y agasajado por el alto mando romano para, después, verse envuelto en una lucha con mejores intereses en juego: la guerra civil y el despegue del Imperio en sí mismo. Esta es la historia que hay detrás de su relato de 'esta' guerra. Con su escandalosamente interesada disculpa y su delicioso sesgo a favor de los nuevos gobernantes, nos lleva al corazón mismo de uno de los momentos más excitantes de todo el imperialismo romano: cambio dinástico, la gestión de la sucesión, el relato de una guerra civil empaquetada como legitima transición de poder. Y todas estas cosas contadas desde el punto de vista de un auto-proclamado insider/outsider, al tanto de las conversaciones entre bastidores de la nueva casa imperial pero escribiendo en un lenguaje no propio sino de una perspectiva religiosa y cultural algo diferente. Este es el tipo de texto por el que los historiadores de la Antigüedad y los críticos literarios serían capaces de morir. Es el tipo de texto que hace del estudio de la Antigüedad greco-romana algo más rico que el de cualquier otra sociedad antigua. El tipo de texto del que nunca podemos cansarnos"

Más allá de ello, y aunque no es la única descripción -pero sí la más detallada- que existe de esa entrada triunfal, a la que también atendieron Casio Dión (65, 10 y 12) o Suetonio (Vesp. 12; Tit. 6) la lectura del pasaje de Flavio Josefo que antes reproducíamos -y, en definitiva, la propia puesta en escena del aduentus de Vespasiano en Roma y de la celebración del triunfo en la guerra de Judea- nos parece que nos ponen en contacto con el interés, por parte del afamado historiador hebreo, de hacer un detallado repaso a los elementos sobre los que -desde la fundación del Principado por parte de Augusto, y desde su propia presentación de estos en el testamento político del primer emperador, en las res gestae diui Augusti (sobre ellas ver este vídeo de nuestro canal de YouTube)- debía gravitar la refundación del Imperio que los Flavios se disponían a operar tras la muerte de Nerón y la guerra civil subsiguiente. En definitiva, los elementos que en época de Augusto habían formado parte del consensus uniuersorum, de la concordia entre Senado, pueblo, ejército y provincias que, básicamente, son los elementos que Flavio Josefo repasa para medir la lealtad del orbe al nuevo Princeps. Así, si se analiza en detalle el orden en que Flavio Josefo presenta cómo fue recibido Vespasiano en Roma, aparecen enumeradas y ordenadas las que hoy llamaríamos "reacciones" a esa nueva política que, como afirman las fuentes, conduciría pronto a un periodo de notable prosperidad (Joseph. BJ. 7, 74) para Roma que duraría, al menos, hasta la crisis medio-imperial de la que tanto hemos hablado en este blog en los últimos años. Esa conexión entre Augusto, como fundador del Principado, y los Flavios, como refundadores de un Imperio maltrecho por la guerra civil y los abusos neronianos -Imperium suscepit firmauitque, dice Suetonio respecto de Vespasiano, "asumió y consolidó el Imperio" (Vesp. 1)- y entre los valores de pax, concordia, aeternitas y fortuna de ambas casas dinásticas, ha sido, de hecho, señalada recientemente por la activísima historiografía sobre la dinastía flavia, siempre en crecimiento (BOYLE, A. J.: "Introduction: reading Flavian Rome", en BOYLE, A. J., y DOMINIK, W. J. (eds.): op. Cit., pp. 1-68; MASON, S., "Vespasian's rise from civil war in Josephus' Bellum Iudaicum", en DONOVAN, L., y KRASNE, D. (eds.), After 69 CE-Writing Civil War in Flavian Rome, Berlín-Boston, 2018, pp. 199-225MOORMANN, E.: "Some observations on the templum Pacis: a summa of Flavian politics", en HEERINK, M., y MEIJER, E. (eds.), Flavian responses to Nero's Rome, Amsterdam, 2023, pp. 127-162) se hizo, si cabe, especialmente patente en el periodo de la censura conjunta entre Tito y Vespasiano, de la que hablamos en Oppida Imperii Romani no hace mucho, momento que, entre otros, centrará parte de nuestra conferencia del próximo día 27 de septiembre de la que, lógicamente, no queremos aquí hacer spoiler, como ahora se dice.

Sin embargo, o quizás precisamente por eso, la relación Augusto-Vespasiano resulta natural como tendremos oportunidad de demostrar en la citada charla y como, con muchos argumentos, demuestra la bibliografía citada y hemos subrayado también en nuestro ANDREU, J., Liberalitas Flavia. Obras públicas, monumentalización urbana e imagen dinástica en el Principado de los Flavios (69-96 d. C.), Sevilla, 2022. Los dos emperadores son presentados por la historiografía clásica como "buenos emperadores", responsables de dos de los episodios clímax de la Historia de Roma y, ambos, además, con una notable capacidad de administración y gestión, el primero del cambio del viejo modelo republicano al nuevo modelo monárquico y el segundo con el reto de modernizar y rejuvenecer las estructuras del Imperio tras los últimos desmanes julio-claudios apostando, también, por la paz y por la estabilidad, como recuerda un conocido juicio del historiador Tácito (Tac. Hist. 4, 52) sobre Vespasiano, sobre el que abunda el imprescindible trabajo de TUCK, S. L. "Imperial Image-Making", en ZISSOS, A. (ed.), A companion to the Flavian age of Imperial Rome, Oxford, 2016, pp. 109-128. 

Precisamente por ello, en una encomiable apuesta de uno de los diarios de referencia en la prensa salmón de nuestro país, Expansión, que, en una serie de artículos que arrancó el pasado año, pretende aportar a los directivos enseñanzas sobre management que puedan desprenderse de lecturas clásicas de cualquier periodo de la Literatura Universal (la serie, de hecho, se titula "Libros y gestión") hemos tenido la oportunidad de presentar, a finales de agosto de 2022 y de julio de 2023 respectivamente, dos reflexiones, una sobre Augusto y la gestión del cambio y otra sobre Vespasiano y el buen gobierno, precisamente. Las dos reivindican lo que la Literatura Latina y los grandes modelos de la Roma clásica pueden aportar a la gestión empresarial, y de equipos en general, tan cotidiana (al respecto debe verse el inexcusable libro FERNÁNDEZ AGUADO, J., Roma, escuela de directivos, Madrid, 2011). Nos parece que, en el arranque del nuevo curso, ambos artículos, justificaban un post más de Oppida Imperii Romani ahora que tras el parón de agosto este espacio querrá seguir siendo un punto de encuentro entre el mundo antiguo y la investigación y docencia sobre él y tantos adeptos como éste tiene. Los dos artículos siguen, además, muy de cerca, la información que sobre el reinado de ambos emperadores, proporciona el De uita Caesarum de Suetonio por lo que pueden ser, también, un buen pretexto para descubrir a este biógrafo romano que aborda las biografías imperiales entre César y, precisamente, el último de los Flavios, Domiciano y que, con sus salvedades, es una de nuestras principales fuentes para conocer el, prácticamente, primer siglo del Principado romano.

Con los mejores deseos para este nuevo curso académico dejo aquí las imágenes de esas dos colaboraciones con Expansión que estas líneas, y lo que se dirá en la citada charla en la UNED de Pamplona, sólo pretendían, en cierta medida poner en contexto. ¡Un excelente curso académico para tod@s, lectores de Oppida Imperii Romani!