Mostrando entradas con la etiqueta Conuentus Caesaraugustanus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conuentus Caesaraugustanus. Mostrar todas las entradas

DE PVELLA TOGATA

Foto: © Jesús Acero

En el número 23 de la revista Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, publicado en 2015, dos entonces jóvenes investigadores, Luis Romero, ahora en la Universidad Complutense de Madrid, y Rubén Montoya, hoy en el Royal Netherlands Institute in Rome, realizaron el primer estudio detallado de una estatua en bronce descubierta a finales de los años 80 del siglo XIX en la Calle Navarrería de Pamplona -solar de la antigua Pompelo- y que, pese a haber desfilado por la literatura erudita y científica desde entonces, se había dado por perdida desde comienzos del siglo XX. Manuel Olcina, director del Museo Arqueológico de Alicante, en un congreso especializado sobre bronces antiguos, habría tenido conocimiento en ese mismo año de que la pieza obraba en una colección particular en Manhattan, en Nueva York. Quien la custodiaba en dicho distrito neoyorquino tuvo acceso, en 2016, al artículo en cuestión y contactó con el primero de sus firmantes, Luis Romero. Éste, rápidamente, y dando muestras de una extraordinaria sensibilidad patrimonial e institucional, derivó los datos del propietario al Servicio de Museos del Gobierno de Navarra. Ese sensible y comprometido gesto de Luis Romero, que entonces ultimaba su tesis de doctorado sobre el foro de la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo en la Universidad de Navarra, fue el que permitió que en 2022, el Gobierno de Navarra consiguiera que esa pieza -una hermosa y completa estatua togada en bronce, que corona este post- llegase a Pamplona, primero para una exposición temporal, poco después para su definitiva incorporación a los fondos del Museo de Navarra al adquirirla el Gobierno foral por un precio algo superior a los 530.000 €.

La azarosa historia de la pieza, su extraordinaria calidad y el hecho de tratarse, junto al togado de Periate (Granada), de la única estatua togada en bronce procedente de la península ibérica convirtió la estatua en todo un fenómeno mediático. Sobre su azarosa historia y sus peculiaridades técnicas, se hicieron eco, entre otros, Néstor Marqués, de Antigua Roma al Día, uno de los canales de YouTube de mayor impacto de cuántos, en castellano, se dedican a la Antigüedad Clásica y, también, el programa que, en febrero de 2023, "Arqueomanía", de Televisión Española, dedicó a la Arqueología de Navarra, titulado "Crónicas de Arqueología navarra". También nosotros celebramos la recuperación de la pieza para todos los navarros con una tribuna publicada en Diario de Navarra en junio de 2023 apenas unas semanas después de que el togado fuese expuesto en el Museo de Navarra para disfrute de todos los navarros.



Como ya anticipamos en Oppida Imperii Romani hace un par de años, en octubre de 2024, a iniciativa del Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía de la Universidad de Navarra, se desarrolló entre Pamplona, Los Bañales de Uncastillo y Santa Criz de Eslava la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania que, de hecho, se abrió con una sesión frente al togado, entonces ya expuesto, como se ha dicho, en la última de las salas de Romanización del Museo de Navarra. En la segunda parte de esa primera sesión, celebrada ya en el salón de actos del Museo, se procedió a la presentación del fascículo 9 de la prestigiosa serie Corpus Signorum Imperii Romani - España, dedicado a la estatuaria romana del territorio vascón y firmado por quien escribe este blog y por el ya citado Luis Romero cuya tesis doctoral, antes citada, tuvimos el privilegio de dirigir. Lógicamente, la estatua togada de Pompelo contaba con su propia ficha en el citado repertorio, compuesto por más de 300 piezas, y de cuya edición se hizo eco la prensa local. En la ficha, la número 110 del catálogo y que ocupa las páginas 150-153 del citado volumen, se concluía que se trataba de la representación de un togado varonil, seguramente joven, vistiendo, eso sí, tunica talaris, que monta, por tanto, sobre los calcei, las sandalias, y portando en su mano derecha un objeto que bien podría constituir un aspergilum, un "hisopo" ritual o sacerdotal. Se proponía, por detalles estilísticos, de ejecución y arqueológicos del lugar de hallazgo de la pieza en 1885, una datación de la primera mitad del siglo II d. C. Puede leerse a continuación la información y estudio que en dicho volumen, que muy pronto estará disponible en las librerías a través de Ediciones Universidad de Navarra, se recoge sobre la estatua. 

 


El pasado día 17 de marzo, la opinión pública navarra y, seguidamente, la comunidad científica, se sobresaltaron con la presentación, en rueda de prensa por parte de la Consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, de una nueva interpretación de la pieza que nos ocupa que la presentaba como la imagen, del siglo I d. C., seguramente de época tiberiana, de una joven adolescente vestida con toga praetexta. aduciendo como argumentos para ello fundamentalmente el tamaño de la figura y el hecho de que bajo la toga la prenda interna de la figura caiga sobre su calzado algo, según se aduce, impropio de las togae vestidas por varones. La interpretación, avalada por el experto en togados romanos Hans Ruprecth Goette, del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín, que participó en la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania, nacía de un nuevo trabajo, aun pendiente de publicación e, incluso, de entrega al Gobierno de Navarra, firmado por la profesora de la Humboldt Universität de Berlín Carmen Marcks-Jacobs que en la tarde de esa misma jornada impartía en el Museo de Navarra una documentada conferencia con las bases de su interpretación, conferencia que embebemos más abajo como más arriba ofrecíamos acceso a las referencias a la pieza en varios canales de YouTube y programas de televisión de ámbito nacional. La teóricamente nueva interpretación, por otra parte, no era en absoluto novedosa pues ya fue presentada en la V Reunión de Escultura Romana en Hispania celebrada en Murcia en 2005 y cuyas actas vieron la luz tres años más tarde, en 2008. Pese a que esa interpretación -que era recogida tanto en el artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra que citábamos al comienzo de esta entrada como en la ficha del Corpus Signorum- no había tenido ningún seguimiento en la investigación sobre escultura hispanorromana, la nota de prensa difundida esa misma mañana por el ejecutivo navarro tomaba claramente partido por la propuesta de esta investigadora hispano-alemana asegurando que la estatua en bronce "se trataría en realidad de la representación de una niña de entre 10 y 12 años de edad, vistiendo la toga praetexta que muestra su condición de ciudadana romana, y portando un haz de espigas en su mano derecha como símbolo de su futura fertilidad". Se añadía, además, en palabras de la propia Consejera, que "estos estudios la catalogan como la única representación de este género en bronce en el mundo, y con una antigüedad mayor que la fechada anteriormente, en concreto un siglo más antigua". Más moderado con la 'nueva' interpretación fue el Museo de Navarra que, en la exposición articulada para -en el marco de las obras de eficiencia energética de que el Museo está siendo objeto en este año- presentar de nuevo la pieza, dejaba abierta la interpretación al titular el panel explicativo "La estatua togada de Pompelo, ¿un hombre togado o una niña togada?" y ofrecer contrapuestas la interpretación tradicional de la pieza -y mayoritaria hasta la fecha en la academia- y la que Carmen Marcks-Jacob venía ofreciendo, ahora más desarrollada, desde 2008. Lamentablemente, en la cronología sobre la azarosa historia de la pieza, que se ofrece como panel complementario en la exposición -de recomendable visita- vuelve a omitirse que fue gracias al artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra y a la generosidad de Luis Romero que el bronce pudo ser recuperado y, felizmente, adquirido por las autoridades forales silenciando así uno de los más claros ejemplos de compromiso cívico con el patrimonio arqueológico que ha dado Navarra en los últimos años y orillando un claro ejemplo de las posibilidades de la colaboración público-privada o, en este caso, por orden, privada-pública. 

Tras más de una década trabajando en pro de la difusión del patrimonio arqueológico -en Navarra y en Aragón- y, especialmente, tras nuestras conferencias y tribunas sobre los Vascones y sobre la mano de Irulegi, que hemos ido recogiendo en la etiqueta "Sorioneku" de este blog, y, acaso, por ser el único Catedrático de Historia Antigua en la región, parece lógico que ya en la mañana del día 17, antes, incluso, de la rueda de prensa antes citada, nos contactaran de Radio Nacional de España en Navarra para conocer nuestra opinión sobre esta nueva interpretación, valoración que se emitió ese mismo día en el informativo de mediodía Crónica Navarra, a partir del minuto 17 del podcast que aquí se enlaza. A ese interés siguió, la siguiente mañana, el de COPE Navarra que, en el informativo, también de mediodía, del día 18 de marzo se hizo eco de cómo diversos expertos, no sólo nosotros, discrepábamos de la interpretación presentada en la jornada anterior por el Gobierno foral. De ese modo, aunque en un primer momento algunos medios, haciendo suyas las palabras de la Consejera del ejecutivo foral, se hicieron eco sin fisura alguna de la interpretación de la estatua como representación de una niña -así, por ejemplo, ABC, en un primer momento, El País y, de modo especialmente sorprendente, por llevar el asunto a portada el día 18 de marzo, dando por válida la interpretación de Carmen Marcks-Jacob, Diario de Noticias de Navarra- otros se mostraron prudentes o, cuando menos, se hicieron eco de la controversia y de los problemas de esa nueva propuesta, como hizo ABC o, de modo extraordinario, con detallado reportaje publicado el domingo 23 de marzo, y que ofrecemos más abajo, Diario de Navarra. Algunos medios, incluso cuando las opiniones discrepantes ya se habían difundido, insistían, unos días después, en la interpretación femenina y en su carácter de unicum, como hacía El Diario Vasco.



Es sabido que la Arqueología es una disciplina comparativa y que, en cualquier cuestión, la discusión es natural y forma parte del modo cómo avanza el conocimiento. Sin embargo, también es verdad que, todos los que nos dedicamos a la Antigüedad sabemos que, en ocasiones, la lectura más compleja -lo que en Epigrafía, pero la expresión es válida para cualquier ciencia de la Antigüedad, llamamos la lectio difficilior- es, normalmente, la menos probable y que las cosas suelen explicarse, mejor, con argumentos sencillos. Sabemos que la toga praetexta era una prenda reservada a los varones y que, de hecho, sólo podían portarla -sin distintivo de no ser todavía adultos, la bulla- aquéllos hombres que ya hubieran pasado de los dieciséis años (baste mirar la voz dedicada a ese término en la popular Wikipedia o la voz "toga" en el Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines Daremberg-Saglio, pp. 348-353, disponible en línea). Existen, incluso, en los textos antiguos, noticias de procesos judiciales abiertos por Roma contra quienes hacían uso de la toga praetexta indebidamente. Sabemos, también, que existe -y está bien atestiguada en las fuentes- un formato de tunica, la tunica talaris, que sí monta sobre los calcei como sucede en la estatua togada de Pompelo. Por otro lado, no era habitual -pues son muy pocas las representaciones y la mayoría proceden, además, del ámbito funerario, más privado que público o civil- que una niña mostrase la ciudadanía romana vistiendo la toga cuando esa condición -si era necesaria exhibirla- se podría evidenciar a partir de una inscripción, directamente a partir de la onomástica. De hecho, una de las cosas que más llama la atención de la conferencia de Carmen Marcks-Jacob que más arriba enlazábamos es que, a la hora de explicar cómo funciona la toga, encuentra serios problemas para aportar ejemplares femeninos ofreciendo casos de varones y de Genii, propuesta interpretativa que, ofrecida por el profesor Pedro Rodríguez Oliva en la sesión de apertura de la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania, sí tuvo cierto eco entre los asistentes generando el consenso que, sin embargo, en ningún momento generó la propuesta verbal del profesor Goette, ahora recuperada por Carmen Marcks-Jacob. Por otro lado, son muchas las imágenes de mujeres en la estatuaria romana -incluso de adolescentes- en que se marca esa condición femenina no sólo por el uso de palla o stola -la vestimenta femenina por excelencia- sino por la evidencia de sus atributos femeninos, totalmente ausente en el ejemplar de bronce Pompelonense. Además, sabemos que en este tipo de cuestiones iconográficas que implicaban distinciones de estatuto personal, Roma no hacía distinciones de carácter provincial o territorial sino que las representaciones obedecían a patrones globales no a un hábito local como, parece, se argumenta que sucede en el caso Pompelonense que, por su exclusividad, se justifica como un comportamiento singular de las féminas hispanorromanas no atestiguado en otras provincias y, según se argumentó ya en 2008, muestra de los ritmos de la Romanización del territorio. Aunque, obviamente, tenemos muy pocos datos sobre el contexto primario de hallazgo de la pieza, no parece que -como se ha demostrado recientemente en un trabajo de María García-Barberena (Anas, 37, 2024, pp. 123-157, esp. pp. 143-144)- en época tiberiana, la que se propone para la estatua, en la C/Navarrería hubiese edificaciones del foro que pudiesen albergar esta representación pues ese espacio sólo se urbaniza a partir de la gran transformación de la plaza del mismo de que aquélla es objeto con la promoción de Pompelo al estatuto de municipio de derecho Latino en época flavia. Sabemos, también, que para la época de Augusto, aunque, efectivamente, Pompelo no disfrutaba todavía de estatuto jurídico de privilegio, tras más de cien años de influjo romano en la zona desde la fundación de Gracchurris, no había necesidad alguna de que las jóvenes de la elite local forzasen el Derecho para presumir de su condición, recibida por vía paterna, de ciudadanas de Roma pues, como están demostrando los hallazgos arqueológicos de los últimos años, el periodo Augusto-Calígula fue un periodo para el que muchas de las ciudades romanas del ámbito vascón contaban con ciudadanos implicados en programas de construcción pública y con todas las commodidates propias de una urbe romana (ANDREU, J., y ROMERO, L.: "Santa Criz de Eslava y los parua oppida Vasconum: novedades sobre la vida urbana en territorio vascón", en Small towns, una realidad urbana en la Hispania Romana, Mérida, 2022, pp. 195-205) y ya no eran necesarios este tipo de alardes que se atribuyen a la nueva interpretación de la pieza Pompelonense no en vano, como se indica acertadamente en la conferencia de la profesora Carmen Marcks-Jacobs, hay evidencias de Pompelonenses adscritos a la Galeria tribus (CIL II, 5883 de Segobriga CIL II2/14, 1193 de Tarraco) y que indican que en esa comunidad vivían suficientes ciudadanos romanos como para que esa exhibición no resultase redundante. 




En el estupor con que esta propuesta de identificación ha generado entre los expertos que, en Europa, se dedican al estudio de la estatuaria romana, hemos tenido la ocasión de intercambiar opiniones -como ya la tuvimos en el evento científico antes citado- con un buen número de colegas de España, Portugal o Italia. Varios, de hecho, se han referido a la extraña forma -que llamó la atención siempre- y a la relativa desproporción que existe entre el cuerpo de la estatua de bronce de Pompelo y sus pies. El Catedrático emérito de Arqueología de la Universidad de Málaga, Pedro Rodríguez Oliva, por ejemplo, nos hacía notar -al hilo de la tribuna que Diario de Navarra le ha publicado- cómo hay otro conocido togado europeo, en este caso el de la colección Holkam Hall de Holkham, en Norfolk, Reino Unido, en el que se aprecian también esas mismas desproporciones en este caso fruto de recomposiciones y restauraciones de la pieza que están muy bien documentadas como se hace constar en la ficha de la pieza que ofrece el Instituto Arqueológico Alemán. Resulta curioso que en este caso -pero, y es importante anotarlo, también en la primera referencia que se hizo a la pieza Pompelonense en el volumen Studien zu römischen Togadarstellung (Mainz, 1990) de Goette (pp. 42-43, nota 197, m)- esa singular largura de la túnica, explicable por tratarse de una tunica talaris, como más arriba se dijo a propósito de nuestro togado, no se emplease en el caso de Holkham para atribuir a la pieza un carácter femenino o para anotar que esa parte inferior, en la historia de las recomposiciones de la pieza, procediera de una estatua femenina añadida a una pieza claramente varonil y que, tal como las contraponemos bajo estas líneas, no ofrecen, respecto del togado de Pompelo y entre sí, demasiadas diferencias anatómicas. En su día, por tanto, el propio Goette no tuvo problema en dar por varonil la estatua de Holkam Fall pero tampoco por dar como masculina la estatua de Pompelo que incluyó en su lista de togati. como puede verse más abajo en captura de su libro de referencia, antes citado. Dato singular, sin duda, que considerábamos conveniente compartir aquí.




Por otro lado, como decíamos más arriba, la ciencia, y la comunicación científica, tienen sus propios ritmos. Los estudios científicos, actualmente, son sometidos a todo tipo de revisiones de calidad normalmente -como fue el caso del artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra y del fascículo 9 del Corpus Signorum Imperii Romani- realizadas por pares ciegos expertos en la materia. De ese modo, cuando una hipótesis se comparte con la comunidad científica ha pasado una serie de filtros que -aunque no siempre- garantizan que ésta se ajusta a la communis opinio de la disciplina y que está suficientemente refrendada en fuentes y, sobre todo, en paralelos. Que es solvente, en definitiva. El impacto de un trabajo, además, las citas que recibe a lo largo del tiempo y el refrendo que encuentra, con los años, en la literatura especializada constituyen también un claro índice de su validez, de su acierto y de la acogida que éste ha tenido entre los especialistas, acogida que, normalmente concreta esa validez y ese acierto. Sorprendentemente nada de eso ha sido empleado como filtro en esta supuestamente nueva interpretación del togado de Pompelo que, como se ha dicho, más bien al contrario, era ya conocida desde 2008 y había pasado totalmente desapercibida en la comunidad científica hasta que, ahora, una administración autonómica, ha decidido hacerla suya sin tener en cuenta, precisamente, los filtros lógicos de la ciencia y la investigación históricas y sin siquiera esperar a que esté publicada en un órgano científico que ofrezca garantías. Al margen de que el tiempo, y nuevos análisis y estudios, puedan dar o no razón a tan singular y enrevesada propuesta -y así la han calificado no sólo los expertos a los que Diario de Navarra, en fechas recientes, ha ido concediendo espacio, todos, además, presentes en la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania sino otros muchos con los que hemos tenido ocasión de hablar en estos días-, está claro -y es lo importante- que flaco favor hace a la ciencia arqueológica que una institución pública que debería estar presidida por la objetividad, la prudencia, la mesura y el contraste científico de opiniones -que, en definitiva, son manifestaciones todas, o deberían serlo, del servicio público que de ella se espera- convierta esa lectio difficilior del togado de Pompelo no sólo en la facilior sino, también, al menos a partir de algunos de sus medios de comunicaciones afines, en la verdad histórica inamovible ("La estatua del togado de Pompelo es una niña", titulaba el día 18 de marzo Diario de Noticias, como veíamos más arriba) que, además, sin serlo en este caso, mucho nos tememos que será bastante difícil de matizar en el futuro. 

Lo triste es que no es la primera vez... Tiempo al tiempo.


OIASSO (Irún)



"La costa más cercana es la de la Hispania Citerior y concretamente su franja Tarraconense. Desde el Pirineo por el Océano se encuentra el saltus Vasconum, Oiasso, las poblaciones de los várdulos, los morogos, Menosca, Vesperies, y el Portus Amanus, donde ahora está la colonia Flaviobriga"

(Plinio el Viejo, Historia Natural 4, 110)

Hace algunos años, nos sorprendíamos en este espacio porque una importante ciudad como fue Calagurris Iulia -clave, podría decirse, en la Historia de la presencia romana en el Valle del Ebro y, también, clave en la controversia vascónica (pues su etnicidad ha estado siempre en discusión)- no contase -hasta entonces- con un post específico en Oppida Imperii Romani donde, desde los comienzos de este blog, sí tienen representación otras de las ciudades clásicas de esas que las fuentes antiguas atribuyen a los Vascones casos, por ejemplo, de Cara, Iluberis, Andelo o Pompelo. De hecho, este texto con el que abrimos es uno de los que más profusamente se citan cuando se habla sobre los Vascones antiguos, sobre sus límites, sobre su territorio, y, por supuesto, sobre la única de sus ciudades que hoy ocupa un lugar en la circunscripción autonómica del País Vasco, Oiasso, la actual Irún. Está tomado de la traducción que, de la Naturalis Historia de Plinio el Viejo, ofrecen, en la Biblioteca Clásica Gredos reeditada por RBA en 2017, Antonio Fontán, Ana Mª Moure e Ignacio Arribas pero adaptando algunos de sus términos por nuestra parte. La descripción, junto con otro pasaje (Nat. 3, 29) en que Plinio habla de los trescientos siete mil pasos entre Tarraco y Oiasso, y, por tanto, de la tantas veces citada vía Tarraco-Oiasso -que, naturalmente, también cita, con alusión a OiassoEstrabón (3, 4, 10) en su conocido pasaje sobre las formas de vida de las poblaciones del norte peninsular- constituye una de las más claras noticias que sobre Oiasso, tenemos para la Antigüedad.

Pero es que, además, por aportar otro mérito indiscutible del proyecto que aquí nos ocupa y que, finalmente, pasa a tener la representación que merece en este blog, la ciudad romana de Oiasso -como recordaba hace unos años un reportaje en El País o este otro en el Diario Vasco- es un extraordinario ejemplo de cómo la ciencia arqueológica puede contribuir a derribar y cuestionar tópicos asentadísimos en el imaginario colectivo social algo que también ha sido leit-motiv de este blog en muchas de sus entradas, sobre todo las recogidas en la etiqueta "Disputationes". A propósito de Oiasso"en menos de cincuenta años y de la nada, ha ido surgiendo toda una 'ciudad' de más de diez hectáreas de extensión que ha logrado resetear la memoria del pasado histórico de Guipúzcoa, además de construir un pasado arqueológico excepcional con el que se ha podido -entre otras cosas- dotar un museo monográfico: el museo romano Oiasso, que abrió sus puertas en el año 2006 (...) [la aparición de esa ciudad generó] incredulidad y sorpresa ante unos testimonios [arqueológicos] rotundos, entre los que sobresalían las cimentaciones de madera de los muelles perfectamente conservados y los miles de fragmentos de cerámica romana, acompañados de vidrios, suelas de calzado de cuero, semillas y un largo etcétera (...) Con el tiempo, no ha habido más remedio que aceptar la presencia romana en nuestras tierras y considerar nuevas interpretaciones antropológicas que expliquen las peculiaridades de la identidad vasca en el presente". Así lo resumía (pp. 12 y 13) la verdadera responsable de la dinamización de la investigación en Oiasso y de la inclusión de ésta en el mapa de la Arqueología hispanorromana y, también, minera y portuaria, a nivel mundial: Mertxe Urteaga. Y lo hacía en el "Prólogo" al trabajo de AMONDARAIN, M. L., La cerámica romana de Oiasso-Irún, Madrid, 2019 que recoge, además, con notable claridad, las evidencias literarias y arqueológicas básicas sobre esta ciudad que, según Ptolomeo (Geog. 2, 6, 10) era de Vascones. Es por ello que, en un blog que busca, en cierta medida, hacer Arqueología pública y transferencia del conocimiento histórico y arqueológico sobre la Antigüedad, Oiasso debería haber contado con un post desde hace décadas. Pero, como saben los lectores más asiduos, los que nos siguen desde agosto de 2008, éste es un blog escrito en primera persona y que, por tanto, sólo incluye ciudades cuyos restos arqueológicos hayamos visitado de primera mano y sobre los que nos hayamos podido documentar sirviendo nuestras reflexiones, también, de orientación para futuros viajeros. Y pudimos visitar el Museo Romano de Oiasso, quintaesencia de los restos que, gracias a los trabajos de Jaime Rodríguez Salís, Manuel Martín-Bueno y, como ya se ha dicho, Mertxe Urteaga, han ido configurando la profusa y sugerente historia arqueológica -y trama urbanística- de la Oiasso de las fuentes, hace apenas unas semanas en el marco de nuestro viaje a Paris para participar en el coloquio internacional Hommages dynastiques & honneurs familiaux: une célébration croisée, a finales del pasado mes de enero. 

Al margen de la valoración del Museo -que luego se hará pero que el lector de Oppida Imperii Romani podrá hacer por sí mismo apenas se de una vuelta por la web del mismo y por sus social media, tanto su generosísimo canal de YouTube como su página en Facebook- los adjetivos que, nos parece, mejor definen la actividad arqueológica en la ciudad del Bidasoa desde mediados de los años 90 del siglo pasado son tres: investigación orgánica, abierta y ordenada. Orgánica porque, en paralelo a esa investigación, se ha ido consolidando, bajo el liderazgo de Mertxe Urteaga y con el compromiso de la Diputación Foral de Guipúzcoa, un tejido institucional básico para dar soporte a aquélla. De él son muy buenos ejemplos la Fundación Arkeolan, el boletín Arkeolan -donde se han venido publicando las intervenciones arqueológicas desarrolladas en Irún y su entorno- y la estrecha colaboración con la serie editorial Arkeoikuska: Investigación arqueológica que, creada por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco en 1983 (hoy Departamento de Cultura y Política Lingüística), también recoge un buen número de trabajos relacionados con Oiasso que, en este sentido, ha sido también un sensacional ejemplo de Arqueología urbana de carácter integral. En segundo lugar, investigación abierta, pues no sólo se han utilizado esos canales de difusión sino que iniciativas como el FICAB, el Festival Internacional de Cine Arqueológico del Bidasoa -que este año acometerá su vigésimo quinta edición-, como las exposiciones temáticas que, periódicamente, organiza -siempre con notable transversalidad- el Museo de Oiasso o como las colaboraciones de éste con los prestigiosos Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco -especialmente sugerente fue el de 2008 que contribuyó a redefinir el concepto de saltus en virtud del avance de los estudios de los metalla Oiassonis, como se explica, precisamente, en uno de los documentales del canal de vídeos del Museo, recomendabilísimo- han acercado al tejido académico pero también al social las conclusiones de la investigación científica, extraordinariamente dinámica. Y, por último, investigación ordenada. Porque, pese a lo muchísimo que se ha publicado sobre Oiasso, existen varios trabajos de alcance general que resumen adecuadamente las fuentes escritas, y arqueológicas que nos permiten conocer este importante puerto de la fachada atlántica peninsular y que, en su condición de tal, fue vía de entrada de muchos productos del comercio atlántico al interior de la Tarraconense y, por supuesto, también de salida constituyendo, además, en su urbanística, una extraordinaria fachada arquitectónica (véase Gallia, 77-1, 2020, pp. 475-488). Nos referimos, al menos, a FERNÁNDEZ OCHOA, C., y MORILLO, Á., De Brigantium a Oiasso. Una aproximación al estudio de los enclaves marítimos cantábricos en época romana, Madrid, 1994, pp. 147-152, nº G. 12 -para el que, por la fecha en que se compuso, habría que matizar su tendencia a retrasar el despegue de Oiasso que hoy sabemos que fue augústeo aunque con una gran consolidación julio-claudia y que ellos planteaban más bien flavio, a tenor de la documentación entonces disponible-; de manera muy especial URTEAGA, M., "El puerto romano de Oiasso (Irún) y la desembocadura del río Bidasoa", en FERNÁNDEZ OCHOA, C. (coord.), Gijón, puerto romano: navegación y comercio en el Cantábrico durante la antigüedad, Gijón, 2003, pp. 192-211 (aunque no está disponible en línea, parte de sus contenidos pueden verse en este dossier); y, actualizadísimas, las pp. 19-22 del trabajo de AMONDARAIN, M. L., publicado en Anejos de Archivo Español de Arqueología, anteriormente citado y enlazado. Precisamente, del segundo de esos textos extractamos una nítida síntesis (p. 196) de la urbanística de Oiasso que vertebra la documentación arqueológica y, también, el soporte de mediación y audiovisual, extraordinarios, de la colección museográfica que ganará mucho, pronto, con la incorporación de las termas de la ciudad al circuito museográfico gracias al compromiso del Ayuntamiento de Irún y a los esfuerzos del propio Museo que, en su exposición, deriva al visitante también al área funeraria de la ciuitas, en la zona de la ermita de Santa Elena, una de las necrópolis de incineración de referencia en el ámbito vascónico, y al área minera de Irugurutzeta, una de las varias que han sido objeto de exploración en los últimos años. El texto, de Mertxe Urteaga, que, además, como otros que se han enlazado o recomendado aquí, pone en valor la conexión de Oiasso con el río Bidasoa -como uia ad Oiassonem, como reza uno de los paneles que da la bienvenida al visitante al Museo- y con el Cabo Higuer, el Oiasson akrón de Ptolomeo (Geog. 2, 6, 10) que protegería el fondeadero natural que dio sentido a este importante puerto atlántico, dice así evidenciando que, efectivamente, como se dice en las primeras vitrinas del Museo, Oiasso es un yacimiento arqueológico bajo la ciudad de Irún: "A partir del año 100 [tras un gran despegue en época julio-claudia y una primera articulación en época augústea] se compone la imagen más desarrollada del asentamiento de Oiasso; el núcleo urbano ocuparía la elevación de Beraun, distribuyéndose regularmente, a juzgar por las orientaciones de los edificios reconocidos hasta el presente; una vía de tránsito llegaría desde el sudeste, sirviendo -antes de su entrada en el área urbana- de eje vertebrador de un cementerio; probablemente, la calzada cruzaría la población hasta el extremo de la colina, enlazando con el área portuaria"




Entrando en la valoración de la museografía del Museo Romano de Oiasso, un primer elemento nos parece acertadísimo, el storytelling que se hace -de forma más o menos implícitaen algunas ocasiones, explícita en otras- a partir de la documentación epigráfica poniendo, por tanto, en el centro del relato, las fuentes escritas algo que se percibe en la hermosa recreación de la parte hispana, perdida, de la tabula Peutingeriana que preside la galería ubicada sobre la entrada al Museo y que corona, también, este post como elemento original del centro que aquí valoramos. En primer lugar, apenas arranca el recorrido por la colección permanente, se presenta, como pórtico a la aproximación que se hace a la población prerromana de la zona, la estela de Andrearriaga (HAE 2464) -encontrada a mediados del siglo XX en el límite entre Oyarzun, que por homofonía se interpretó erróneamente, durante siglos, como la antigua Oiasso, e Irún-, cuyo original se conserva en el Museo San Telmo de San Sebastián, y en la que -con fotografía sobre estas líneas junto al dibujo de la editio princeps de la pieza por Ignacio Barandiarán en Caesaraugusta, 31-32, 1968, pp. 200-209, nº I- aparece el cognomen Beltesonis, netamente vascónico junto a una representación heroizada del difunto a caballo, como es bastante habitual -y lo hemos visto recientemente en nuestra sistematización de la estatuaria romana en territorio vascón para el último volumen del Corpus signorum Imperii Romani- en la zona. Ya en la segunda planta, al poner en valor el tránsito entre la Edad del Hierro II y la época imperial romana, uno de los audiovisuales del Museo -que hoy puede parecer anticuado pero que cuando se instaló era absolutamente pionero-, convierte en protagonista de una primera aproximación a la urbanística de Oiasso al liberto Caius Iulius Niger que, de hecho, hace de guía al visitante, y a quienes le acompañan en una de las barcazas que se aproxima al puerto, por la ciudad romana. Se trata éste de un personaje documentado en un titulus de la vecina Guéthary, en las Landas francesas (AE 1994, 1211=2006, 810), y que, en colaboración con Jean-Luc Tobie y Maurice Chansac, publicase in extenso Robert Etienne en Aquitania, 22, 2006. Por su singularidad ofrecemos imagen, también, de la inscripción sobre estas líneas. A juzgar por la cronología de la fábrica de la caetaria romana, una fábrica de salazones, en que la inscripción fue hallada, en funcionamiento entre el 15 y el 60 d. C., se ha imaginado para Niger un trabajo como mercator llevando al audiovisual justamente la interpretación que sus descubridores hicieron de su carrera. Es él, como se dijo quien, en su viaje hacia Oiasso, va presentando los atractivos de la urbanística local en una época que, para la que, como escribe Mertxe Urteaga en el balance de 2003 al que estábamos aludiendo más arriba, "se asiste a un aumento progresivo de los registros arqueológicos" (p. 194) que demuestra una clara intensificación, entonces, de la vida urbana. Aunque no son ambas las únicas alusiones epigráficas -que tanto nos interesan en Oppida Imperii Romani y que nutren incluso una etiqueta específica del blog- pues también se exponen dos de los ladrillos -en el centro de la vitrina que se fotografía más abajo- sellados por el gobernador de la Tarraconense hacia el 14 d. C., Marcus Aemilius Lepidus (AE 2010, 717a, 717b1, b2, b3 y 717c: Pallas, 82, 2010, en estudio de Isabel Rodá y la propia Mertxe Urteaga), sí nos parece que las dos ilustran muy bien el esfuerzo por una investigación abierta, convertida en conocimiento e, incluso, en relato, que ponderábamos más arriba tan positivamente como una de las señas de identidad del proyecto arqueológico, y social, desarrollado en Oiasso.



Además de esa conversión de la documentación escrita -al menos a nuestro juicio- en hilo conductor de parte del relato histórico sobre la Oiasso antigua, el Museo (del que hay una extraordinaria síntesis sobre su misión y sus valores en el Boletín del Museo Arqueológico Nacional, 35, 2017, pp. 2011-2019) supone una deliciosa manera de acercarse -como hace, de hecho, Mertxe Urteaga en muchas de sus publicaciones- no sólo a la vida cotidiana de las gentes de la ciudad en época imperial romana -a la cerámica que usaban, a su alimentación, al vestido, a los objetos de adorno y cuidado personal (en este sentido, Arkeolan, 8, 2000, pp. 12-39 sirve casi como guía a parte de los materiales de la exposición permanente del Museo al tiempo que URTEAGA, M., Erromatar Garaia, San Sebastián, 2002 pone en clave pedagógica parte de ese material en el contexto de la Romanización del País Vasco: en pp. 73-84, texto en castellano)- sino, de modo muy particular a las dos actividades económicas que marcaron el desarrollo de esta ciuitas seguramente promocionada al estatuto de municipio en época flavia: la minería (véase como introducción Arkeolan, 3, 1997) y la pesca/comercio marítimo sobre la que, precisamente, se ha publicado recientemente un muy recomendable y documentado inventario de novedades en Del registro arqueológico al museo: el camino de la Historia. Estudios en homenaje a Mercedes Unzu Urmeneta, Pamplona, 2024, pp. 265-282. Se trata, además, en ambos casos, de materiales que no son habituales en otros Museos y que, por tanto, suponen una extraordinaria lección de cultura material del mundo romano y de "Arqueología de la producción", una razón más para no demorar mucho una visita a este singular enclave arqueológico del norte peninsular.







CAMPO REAL/FILLERA (Sos/Sangüesa) (y II)

"Acerca de lo que todavía encierra el subsuelo, en cuanto a estructuras de edificios y restos arquitectónicos, tenemos la guía de la foto aérea, lo que vio el Padre Escalada al excavarse el Canal de las Bardenas en Campo Real ('bastantes capiteles, entre ellos los jónicos son hermosísimos, fustes de columnas, etc.'), los trozos de piedras que quedan todavía junto a los taludes del canal, los materiales conservados en el Museo de Zaragoza (que no describimos), un curioso capitel guardado en una casa particular (del que tenemos foto y nos ocuparemos en otra ocasión), y el testimonio de la persona encargada de las parcelas de este sector: hace poco tiempo en una fosa que practicaron entre los 'rectángulos mayores' y el Canal descubrieron una vasija con cenizas, varios restos cerámicos y un capitel, documentos que llevaron a Sos del Rey Católico donde vive la dueña de la finca (...) En resumen: probablemente en este sector de Campo Real (Filleras y Corral del Boticario) se encuentre el límite oriental de una extensa población romana con los últimos edificios y las primeras necrópolis de las afueras, o bien una serie de construcciones aisladas, no formando propiamente núcleo urbano, especie de grandes villas con sus propias necrópolis". Con estas palabras valoraban, en 1974, desde la Universidad de Navarra Alejandro Marcos y Amparo Castiella -y en una proyectada serie de publicaciones que, sin embargo, no pasó del primer fascículo, titulada Prospecciones Arqueológicas en Navarra y dedicada a José Miguel de Barandiarán- uno de los enclaves arqueológicos que más mitología ha despertado en, cuando menos, la Arqueología aragonesa y también la navarra y al que ya dedicamos uno de los primeros posts de Oppida Imperii Romani, Campo Real/Fillera que reparte sus restos entre Sos del Rey Católico y Sangüesa y que, de hecho, conoció, si podemos llamarla así, su editio princeps, en ese mismo trabajo de MARCOS, A., y CASTIELLA, A., "Prospecciones en Campo Real (límite navarro-aragonés)", en Prospecciones Arqueológicas en Navarra 1, Pamplona, 1974, pp. 103-133 del que procede (p. 115) la cita con que abrimos esta entrada.

En el citado trabajo, al inicio (p. 105) se explicaban las circunstancias que motivaron el interés de la Universidad de Navarra por este lugar que, como deja clara la cita de más arriba, era ya conocido en la erudición arqueológica de las décadas iniciales de los años 40 del siglo XX e, incluso, bastante antes, como veremos. En 1971, María Ángeles Lizarraga, del Departamento de Geografía de la Universidad de Navarra, en el marco de una investigación sobre la evolución de los usos agrícolas del suelo en Navarra, dirigida por el insigne Alfredo Floristán, identificó, en las fotografías del vuelo americano (1957) y en las de la Diputación Foral de Navarra (1967) -cuya imagen ofrecemos tras estas líneas- una serie de marcas sobre las tierras de labor que, efectivamente, denunciaban la presencia en el subsuelo de alguna suerte de estructuras que recomendaban un estudio arqueológico del lugar que encomendaron, entonces, a Marcos y a Castiella, como más arriba se ha dicho.


Pese a que fueran las estructuras de la fotografía aérea las que estimulasen la atención de estos investigadores y colocasen el yacimiento de Fillera en el circuito científico, ya el sacerdote jesuita de Javier Francisco Escalada Rodríguez en su obra La Arqueología en la villa y castillo de Javier y sus contornos (Pamplona, 1943), al inicio del capítulo que dedicaba a Sangüesa la Vieja/Rocaforte había escrito (pp. 88-89): "La calzada imperial que venimos reseñando, dejaba a la ciudad celtibérico romana, sita en Sofuentes (...) y descendía rápidamente al valle de la Onsella, al que atravesaba en dirección al destruido pueblo de Fillera. Con ocasión de la apertura del canal del pantano de Yesa se han descubierto en este término de Campo Real, jurisdicción de Sos (Aragón), bastantes capiteles, fustes de columna, fíbulas, broches, monedas, urnas cinerarias de barro, una lápida funeraria muy estropeada, etc. La mayor parte de estos objetos son romanos, pero otros son ibéricos; y todo ello muestra la supervivencia de una ciudad celtibérico romana. Ella, a juzgar por esta pequeña parte desenterrada, debía ser muy importante. Así los capiteles jónicos son hermosísimos. Estos descubrimientos, que tanta sensación han causado, estaban ya previstos para nosotros. De ahí mismo y descansando sobre la superficie del terreno habíamos recogido nosotros piadosamente, y para evitar su destrucción, varios capiteles romanos; ahí mismo hemos encontrado varias hachas de piedra pulimentada (...)" tal como, de hecho, habían citado, en el pasaje que corona este post, Alejandro Marcos y Amparo Castiella. Los capiteles jónicos con sus fustes se conservan en los fondos del Museo de Zaragoza, aunque no hace mucho estaban expuestos en las salas de Romanización del citado centro -ahora en proceso de reforma- y, debidamente marcado, en tinta, con el rótulo "Fillera", se guarda uno con decorado puluinus lateral en Cordovilla, en los almacenes del Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno de Navarra, en Pamplona que, sin embargo, pues el P. Escalada solía marcar las piezas con números en tinta negra, pudo ser recogido por su sucesor en estas andanzas arqueológicas por Cinco Villas, el P. Recondo, del que luego hablaremos. Ofrecemos fotos, nuestras, de ambos materiales que dan una imagen, acaso pretenciosa, de la monumentalidad del lugar.


Volviendo a la acción de F. Escalada, tal como consta en la sensacional documentación recogida por MARURI, D., "El museo Xaveriano de Javier y su castillo", en San Francisco Xabier desde sus tierras de Navarra, Sangüesa, 2006, pp. 257-391, que, en parte, transcribe los diarios de campo del religioso jesuita parece que desde los últimos años 20 y primeros años 30 este sacerdote ya había mostrado interés en el lugar en sus andanzas por la navarra Comarca de Sangüesa y por la aragonesa de Cinco Villas, que no hace mucho (Pregón , 65, 2022, pp. 28-31) hemos puesto en valor. No en vano, en esos diarios se alude a una "urna cineraria ibérica" procedente de Sos -aunque no se especifica localización concreta del hallazgo- "donada por D. Emiliano Ladrero" en 1919 (p. 278) -que fuera médico de Sos del Rey Católico y correspondiente de la Comisión Provincial de Monumentos de Zaragoza- y se relata también como, en 1931, Escalada tiene contacto con Felipe Pérez de Ciriza y Juana Legarre -abuelos del actual propietario de parte de los terrenos-, propietarios de un corral en Pejón, en Sos del Rey Católico y con propiedades, también, según se afirma, en Baratiñones (p. 287) partida de la que de hecho, como recogíamos en un post de este espacio hace ahora exactamente un año, procede uno de los singulares materiales escultóricos con que ha obsequiado este singular yacimiento (para su publicación debe verse Príncipe de Viana, 253, 2011, pp. 97-120). En ese mismo año, 1931, el propio Escalada (p. 287) anota su contacto con Luis Salvo, cuya familia todavía detenta algunas propiedades en el área arqueológica, y la entrega por parte de éste de "un capitel visigótico y otro romano" anotando, además que en "la propiedad de Filleras (...) hubo pues población romana y por ahí pasaba y atravesaba el río Onsella la vía romana de Caesaraugusta a Pompelo". El vuelo de la Confederación Hidrográfica del Ebro, de 1927, nos permite imaginar el aspecto que debía ofrecer entonces, el lugar sin que apenas sean en él perceptibles las estructuras que sí se veían nítidamente en la fotografía de 1967, de la Diputación Foral de Navarra, que ofrecíamos más arriba. Verosímilmente, los trabajos agrícolas con maquinaria pesada que se generalizaron en los años 50 debieron facilitar las explanaciones y nivelaciones que, a la postre, acabarían por dar visibilidad a dichas estructuras y multiplicar los hallazgos. Entre ellos, por ejemplo, en la parte norte del espacio llano que, en ligera depresión, rodea el cerro de Fillera, un sensacional mosaico bícromo en blanco y negro que publicamos hace algunos años en el Congreso Internacional de Arte Provincial que se celebró en Mérida en 2009 (ver aquí) y que recientemente ha sido citado como único paralelo del que se encontró hace apenas cuatro años en el vecino enclave del Forau de la Tuta, en Artieda de Aragón (Zaragoza) (IÑIGUEZ, L., et alii, "Escena de thíasos marino en el Prepirineo aragonés: el hallazgo del opus tessellatum blanquinegro del Forau de la Tuta (Artieda, Zaragoza)", Lucentum, 43, 2024, pp. 169-191). De su propuesta de restitución ofrecemos imagen bajo estas líneas.


Esa labor de recogida de materiales iniciada por F. Escalada, la continuaría luego, también desde el castillo de Javier, el también jesuita P. José Mª Recondo Iribarren que, en su cuaderno anota igualmente varias visitas a familias de Sos con antigüedades procedentes del entorno -cierto que muchas del Cabezo Ladrero de Sofuentes- entre marzo (p. 328) y diciembre de 1954 (p. 336) y en enero y febrero de 1955 (p. 337) fecha ésta última en que ingresa en la colección de Javier "un capitel romano de volutas jónicas y sin fuste cedido por la Vda. de Mola en Sos", por tanto, verosímilmente procedente de Fillera y que, por la descripción, acaso es el mismo del que ofrecíamos fotografía más arriba. En la misma publicación de David Maruri, se hace constar que en 1983 (p. 372) los PP. Jesuitas entregaron al Museo de Navarra, entre otras piezas, una "placa y broche de cinturón de Filleras (Zaragoza)" y una "urna de sigillata hispánica, con tapadera, de Sos del Rey Católico" (p. 372). Este material, como es sabido, es sólo una pequeña muestra del muchísimo que furtivos y coleccionistas más o menos bien intencionados han recogido históricamente en los campos de Fillera y que se conservan, especialmente, en algunas colecciones particulares del municipio de Sangüesa. 

Entre las primeras visitas de Francisco Escalada a Fillera y la valoración que hace en La Arqueología de la villa y castillo de Javier había mediado, sin embargo, un acontecimiento clave en el desarrollo agrícola de la Comarca de Cinco Villas y, también, en la Arqueología de este singular enclave arqueológico, la apertura de la caja del Canal de Bardenas en el proceso de la cual se produjeron notables hallazgos de los que dio notable cuenta otro prohombre de la Arqueología del momento -en este caso aragonesa- como fue José Galiay Sarañana que en GALIAY, J., La dominación romana en Aragón, Zaragoza, 1946, p. 38, escribía: "En Campo Real, partida del término municipal de Sos del Rey Católico, al practicar la apertura de la caja del Canal de las Bardenas se descubrió parte de una necrópolis romana que, por su extensión e importancia de algunas piezas arquitectónicas guardadas hoy en el Museo de Zaragoza, se estimó pertenecería a una gran ciudad que indudablemente hubo allí cerca, como acusan otros restos". Sobre el yacimiento, la procedencia de él de sensacionales materiales, el daño causado por los furtivos -"las colecciones privadas incontroladas"- su singular interpretación como espacio agrícola del tipo uilla, mejor que como ciudad, y la peculiar fascinación que había producido en los inicios de la Arqueología aragonesa se pronunciaba así MARTÍN BUENO, M., Aragón arqueológico: sus rutas, Zaragoza, 1977, pp. 163-164 y, más adelante, también sobre el yacimiento y sus materiales, en p. 170 y p. 177: "El terreno, en la zona que se denomina Corral del Boticario y Filleras, hay restos de construcciones, con algunos depósitos, posibles silos enterrados, muros, sillares sueltos y aprovechados en edificios agrícolas modernos, con tambores de columnas, molduras y otros. Buena parte de ellos han sido recuperados y trasladados a la vecina finca de Peña, ya en Navarra, donde están en la actualidad en un jardín particular. Los restos eran conocidos de antiguo y Escalada ya había recuperado algunos en prospecciones, y también lo hizo la Universidad de Navarra. La fotografía aérea de la zona dio como resultado la localización de unas estructuras rectangulares de buen tamaño que deben de corresponder a unos establecimientos agrícolas, posiblemente uillae que, a juzgar por los materiales, debieron ser de importancia"

El resto de la historiografía de este lugar es bien conocida. Fue en 2008 que Archivo Español de Arqueología publicó (81, 2008, pp. 75-100) un trabajo nuestro, colectivo, en que reivindicábamos el carácter urbano del lugar -ya subrayado por la historiografía tradicional- que, después, también encontró acomodo en el el libro de MORENO, I., Item a Caesarea Augusta Beneharno. La carretera romana de Zaragoza al Bearn, Ejea de los Caballeros, 2009, pp. 55-56 y 74-75 -que ofrecía, además, un nuevo y sensacional vuelo sobre el área más oriental del lugar, con trazas evidentes de la entrada de la citada vía en la ciudad romana, imagen que recogemos más abajo junto a la fotointerpretación, demasiado exhaustiva, que, de la fotografía aérea hiciera Peña Lanzarote en los primeros años 90, que también recogemos- y al que seguiría un segundo trabajo nuestro (Zephyrus, 65, 2010, pp. 179-198) en que aportábamos nuevas noticias sobre material epigráfico, funerario y de decoración arquitectónica del yacimiento. 


Fue en 2011 en que, al abrigo de nuestro proyecto en Los Bañales, un equipo de la Universität Hamburg capitaneado por Martina Seifert y Nicola Babucic, realizó una serie de exploraciones geomagnéticas en el lugar que -como sabrá el lector asiduo de Oppida Imperii Romani pues la foto de sus resultados protagonizó una de las últimas entradas que este blog ha dedicado a nuestro proyecto de investigación "Parua labentia"- ofrecieron un resultado sensacional. En el año anterior, 2010, había volado el lugar François Didierjean, de la Université de Toulouse constatando en la zona este del enclave una serie de anomalías que también señalábamos en el citado post y que volvemos aquí a reproducir y, por su parte, en 2013, José Mª Viladés había llevado a cabo una serie de sondeos preceptivos derivados de la instalación de un pilotaje de regadío en la zona más central, y meridional, del área arqueológica, a pocos metros de la carretera Gallur-Sangüesa que separa el yacimiento de la aldea agrícola de Campo Real. La trascendencia dada a los resultados de la geomagnética, en el marco de la constatación -en nuestro artículo de Zephyrus- de una fuerte concentración de contrapesos de prensa para torcularia oleícolas o vitivinícolas en la zona -y que ya advertíamos en el primer post dedicado a Fillera en este blog- nos llevó a nosotros recientemente (ANDREU, J., y LAREQUI, J., "Parua oppida y municipa rusticana, un paradigma en el norte de la Hispania citerior", en ANDREU, J., BLANCO-PÉREZ, A y ALGUACIL, E. (eds.), Pecunia communis: recursos económicos y sostenibilidad de las pequeñas ciudades hispanorromanas, Uncastillo, 2023, pp. 161-192, p. 170y antes, también, a PEÑA, Y., "La producción de vino y aceite en el Valle Medio del Ebro", Anales de Prehistoria y Arqueología, 27-28, 2011-2012, pp. 148-149 a plantear una posible interpretación del espacio más oriental de la geomagnética de los colegas alemanes y que había sido ya individualizado por el vuelo de Didierjan como un espacio de dolia defossa, es decir, un gran almacén con dolia enterradas ubicado, además, en la ciudad -no lo olvidemos- que hacía de eje de comunicaciones viario en el muy romanizado territorio de las Cinco Villas de Aragón como el trabajo más arriba citado de Isaac Moreno se encargó de recordar.


De cara a comprobar esa propuesta, en la elaboración del proyecto de investigación que, en septiembre de 2023, resultaría financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidad bajo el título "De parua a oppida labentia: ciudad, ciudadanía y desarrollo urbano en el piedemonte vasco-aquitano (siglo I a. C.-II d. C.)" (PID2022-137312NB-Ioo) y el resultado ya lo conocen quienes son asiduos de las redes sociales del proyecto de Los Bañales tanto en Facebook como en Instagram y, también, quienes han estado atentos, en estos días, a algunos digitales que se han hecho eco de nuestras conclusiones (especialmente Navarra.com y Diario de Noticias de Navarra pero también, en papel, en Hoy Cinco Villas y en el propio Diario de Noticias, en "recortes" que colocamos más abajo) que también compartimos podcast en los micrófonos de SER Cinco Villas, en un que puedes escuchar aquí mismo. Lo que parecían orificios circulares son espacios cuadrados de algo más de un metro de lado y lo que parecían estructuras murarias son, sencillamente, negativos, sobre las gravas de la terraza geológica natural, de cimentación de las estructuras que delimitarían el espacio. Esa constatación, por un lado, subraya lo absolutamente arrasado que se encuentra el yacimiento y sus estructuras -algo que ya se constató en los sondeos que, en 2013, realizó José Mª Viladés-, también la escasa profundidad -apenas 70 cms en la zona sondeada- a que se encuentra tanto la terraza geológica como los restos de las edificaciones que Roma levantó sobre ella pero, también, pone de manifiesto una realidad que conviene subrayar. En los últimos años se habla mucho del carácter destructivo de la Arqueología algo que, desde luego, resulta indiscutible. Sin embargo, y aunque excavar no es la única técnica del método arqueológico, es evidente que si no se excava, aunque sea con sondeos comprobatorios, corremos el riesgo de sustentar hipótesis sobre bases demasiado endebles pues en Arqueología, éstas sólo pueden refrendarse con el dato arqueológico y aunque éste también se obtiene a través de la Geoarqueología o de la ahora llamada Arqueología aérea, está claro que sólo la excavación permite una constatación de evidencias suficientemente solvente como para edificar sobre ella conocimiento histórico. 

Terminada la intervención, que adopta el aspecto que ofrece, sobre estas líneas, la fotografía cenital de Juanmi Cirez, lo que tanto en el vuelo de Didierjan como en las geomagnéticas de Seifert y su equipo parecían fosas circulares, y justificaban la impresión de estar ante un horreum con dolia defossa, son, en realidad, espacios cuadrangulares tan amplios -como decíamos más arriba, de 1,10-1,15 m, unos 3 pies romanos- que no sólo desaconsejan esa interpretación sino que, además, invalidan la posibilidad de que fueran negativos de apoyo de vigas como es habitual en algunos horrea romanos tal como se ha sistematizado de modo ejemplar recientemente (SALIDO, J., Horrea militaria. El aprovisionamiento de grano al ejército en el Occidente del Imperio Romano, Madrid, 2011, pp. 63-67). Sin embargo, la forma de los orificios, con fragmentos de cerámica romana en su interior, la separación de cada uno de ellos -1,45 m- tan regular y su concentración por una superficie bastante superior a los casi 400 m2 de los que -insistimos- apenas se han excavado, en el sondeo, ya cubierto, unos 40 permite plantear la hipótesis de que, acaso, estemos ante un recinto para la fijación de scrobes, fosas de plantación de vides que aparecen asiduamente referidas en la tratadística romana sobre la agricultura -de la que, precisamente, hablábamos en un post anterior de este blog, que ahora puede complementarse con la grabación, en vídeo, de la conferencia que inspiró aquél, ya disponible en YouTube- y muy particularmente en el tratado Sobre los árboles del gaditano Columela (Arb. 5, 10), aunque no sólo. De ser esto así, aunque resta ahora por delante un largo proceso de revisión de bibliografía y de localización de paralelos, si unimos el dato a la fuerte concentración de instalaciones de transformación de vino que está documentando Eugenio Monesma en el territorium de las ciudades romanas de Los Bañales de Uncastillo y de Segia (Ejea de los Caballeros) y la concentración, también, de este tipo de instalaciones que tiene en estudio el equipo que trabaja en el Cabezo Ladrero de Sofuentes, parece obvio que la producción de vino debió estar en el centro de la dedicación económica del espacio nororiental del territorio de los antiguos Vascones al menos entre los siglos I a. C. y IV d. C., que son, precisamente, los de desarrollo de esta singular ciuitas de Fillera de la que, poco a poco, vamos conociendo más evidencias y en la que es nuestro deseo seguir trabajando como complemento a la labor que, durante ya casi dos décadas, llevamos desplegando en Los Bañales.