VACVNAE PRO VALETVDINE

[Anverso de dos denarios de plata del año 57 a. C., acuñados por el edil M. Plaetorius Cestianus, con representación del busto de la diosa Vacuna Foto: © CoinArchives]

En el contexto pandémico en que vivimos y que ha inspirado ya un buen número de entradas en Oppida Imperii Romani, casi desde el pasado mes de marzo, la palabra más repetida ha sido la de "vacuna" una vez que todos sabíamos que su descubrimiento y posterior autorización y generalización iba a constituir la primera luz de esperanza tras estos meses inciertos y dolorosos para tantas familias en todo el mundo. Pero la palabra "vacuna" tiene una acepción singular para quienes nos dedicamos al mundo antiguo, que queremos centre esta nueva entrada en nuestro blog, acepción que, en cualquier caso, nos viene bien y resulta conveniente en este momento en que, parece, la curva de contagios comienza a descender al ritmo que se amplía la de personas total o parcialmente inmunizadas con las dosis de Pfizer, Astrazeneca, Moderna o Jannsen, nombres que estarán, sin duda, entre los más pronunciados de este 2021 que avanza inexorable. 

En el contexto de la XVI Semana Romana de Cascante, celebrada hace apenas unos días en esa hermosa y acogedora localidad navarra que es la antigua Cascantum (Cascante), el experto en religiones antiguas, y Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza, Francisco Marco Simón, nos contaba la conversación que, al vacunarse y en torno a la diosa prelatina Vacuna tuvo con la enfermera que le administró la dosis de tan ansiado profiláctico contra el Covid-19. Nos pareció que, como anotábamos más arriba, ahora que hemos dejado de mirar las estadísticas de avances de los contagios y hemos puesto la vista en el avance del ritmo de la vacunación -que casi todos los diarios digitales españoles ofrecen con actualizaciones diarias- y una vez que, quien escribe estas líneas, ha recibido ya su segunda dosis, Vacuna -y, con ella, también, la "vacuna"- merecía un post que acercase al gran público a esta enigmática y, en parte, oscura divinidad de la Antigüedad y, de paso, como hemos hecho en otros posts de este blog, ayudase a nuestros lectores a entender lo difícil, pero a la vez apasionante, que es la construcción de conocimiento en Historia de la Antigüedad. 

¿Quién era Vacuna? ¿Sobre qué ámbitos, como diosa, ejercía su influjo? ¿Cómo la conocemos? ¿Guarda alguna relación Vacuna con las propiedades de las diversas vacunas que nos están permitiendo dominar esta pandemia? Con ser apenas una breve alusión en uno de sus versos, nuestra más generosa fuente sobre la diosa Vacuna es, sin duda, el poeta latino Horacio con quien nos deleitábamos en nuestro reciente post "Flexamina oratio". Es en sus Epistulae (Hor. Epist. 1, 10, v. 49) -libro dedicado a Mecenas, el protector y promotor del poeta- donde aquél alude a la existencia de un fanum a esta diosa (fanum Vacunae) frente al cual -en las proximidades de la localidad italiana actual de Licenza, no lejos de Tívoli, en el corazón del territorio de los antiguos Sabinosen su monumental uilla de recreo, escribe Horacio esa carta a su amigo Aristius Fuscus jugando con la etimología Vacuna-uacare, "Vacuna-aliviar", muy apropiado, también en nuestro contexto actual. Sabemos que ese espacio sería más tarde reconvertido en un santuario a la Victoria restaurado por el emperador Vespasiano en época flavia como muestra la inscripción CIL, XIV, 3485, donde se habla de aquél como aedes Victoriae. Volviendo a Horacio, precisamente, un comentario de Varrón al citado pasaje de las Epistulae permitiría constatar ese sincretismo Vacuna-Victoria aunque la relación con las diosas Diana, Minerva o Ceres tampoco debe descartarse actuando Vacuna como una especie de genio personificación del campo fértil luego, quizás en época flavia, precisamente, asimilado a la Victoria dada la estrecha relación entre esta dinastía, y en particular Vespasiano -ya estudiada en otro post de este espacio- y este ideal político celebrativo y acaso también por la propia procedencia Sabina del primero de los Flavios (para los atributos de Vacuna y estas identificaciones sincréticas puede verse el artículo de la WorldHistory, "Vacuna: the hidden goddess - veiled in the mist of History", muy recomendable). Ese mismo pasaje horaciano motivó que el escoliasta Pomponio Porfirión, en el siglo III d. C., indicase que era una divinidad de incierta naturaleza, como más arriba decíamos. Por su parte, Dionisio de Halicarnaso podría referirse a ella cuando describe el lago sagrado de la Victoria ubicado en las proximidades de la localidad también Sabina de Aquae Cutiliae (Dion. Hal. Ant. Rom. 1, 15) lo que ampliaba a las esferas acuáticas, también, el campo de acción de esta divinidad presentada como una especie de "diosa para todo" propia de una sociedad eminentemente agrícola y ganadera como parece fue la Sabina. Por su parte, Plinio el Viejo, en un pasaje de su libro tercero incluido en el capítulo en que éste describe el territorio de los Sabinos (Plin. Nat. 3, 109) se entretiene en hablar de los Vacunae nemora, "los santuarios de Vacuna", ubicados en dicha región -prueba, por tanto, al ser varios, del arraigo de su culto en la zona- y que un clásico trabajo de Mary A. Grant en The Classical Journal, 18-4, 1923, pp. 220-224 trató de situar en el ya citado entorno de Tívoli y de Rieti, justo donde Horacio, unos años antes, había ubicado el fanum Vacunae. De hecho, y en ese concurso multienfoque a las fuentes antiguas propio de la investigación en Ciencias de la Antigüedad, las alusiones epigráficas a la dea Vacuna -apenas cinco en todo el Occidente Romano- parece se concentran -salvo una, fragmentada, procedente de Britannia (AE, 2015, 772)- en el área de la regio IV itálica, correspondiente, en parte, con el área Sabina y con el Samnio. Así, consta un voto a Vacuna por parte de un tal Q. Murrius en Forum Decii (CIL, IX, 4636), una sugerente dedicación pro reditu Luci Acesti ex Africa"en favor del regreso desde África de Lucio Acestio" que da razón de ser a la probable atención de la diosa Vacuna a proteger a los familiares alejados atestiguada en Poggio Fidoni (CIL, IX, 4751), un hermoso altar procedente de Reate (AE, 1907, 212) dedicado a la diosa por un comandante de la armada y, por último, una dedicación de Esuuius Modestus pro ualetudine patris, también de Poggio Fidoni (CIL, IX, 4752) en el territorium de la ciudad de Reate que parece, por tanto, el epicentro del culto a esta antigua diosa. La fórmula de este último titulus es muy sugerente por cuanto se acude a ella en favor de la salud del padre, fórmula que hemos tomado para el título de este post, dada su oportunidad una vez que todos estamos acudiendo a la vacunación con esa misma esperanza. Pero, por si las atribuciones de esta divinidad no estaban del todo enmarañadas, todavía una mención del poeta Ovidio (Ov. Fast. 6, vv. 305-308) califica a Vacuna como antiqua, "antigua" y se aporta un dato sugerente, la coincidencia de sus fiestas con las de Vesta, en el quinto día antes de los idus de junio lo que podría ampliar su ámbito de actuación también a ideales como la fidelidad o la piedad, que eran los que esta diosa representaba en la Roma clásica. 

A partir del escrutinio de estos datos procedentes de las fuentes textuales, en 1916, el historiador de la Antigüedad A. W. Van Buren, publicaba en el Journal of Roman Studies (6, 1916, pp. 202-204) una aproximación general a la diosa Vacuna, de cuyo contenido, con más bibliografía, se han hecho eco, adecuadamente, varios diccionarios al uso en internet en los que se puede obtener más información sobre tan singular como poco conocida deidad (la Wikipedia holandesa o la británica, por ejemplo, o la utilísima página de recursos En-Academic.com), aproximación, que, esencialmente, coincide con la que, en 1912-1917, se recogía en la voz "Vacuna" del utilísimo Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines de Ch. Daremberg y E. Saglio, disponible en red y punto de partida insustituible para el arranque de cualquier investigación sobre la Antigüedad.

Algunos eruditos del Renacimiento -acaso aprovechando el juego etimológico horaciano que antes anotábamos- quisieron ver en la etimología del teónimo Vacuna una alusión a uacui ("vacíos") y, por tanto, al momento en que las sociedades campesinas actualizaban su culto a esta diosa, justo cuando se quedaban sin faena alguna en el campo por haber terminado la cosecha, con cuyo ciclo parece relacionarse también a esta divinidad, si bien el gran historiador de las religiones Georges Dumézil, planteó que pudiera proteger a los familiares, amigos o conocidos que estaban lejos de quien rendía culto a Vacuna (DUMÉZIL, G., La religion romaine archaique: avec un appendice sur la religion des Étrusques, Paris, 1966, p. 369) como vimos más arriba a propósito de alguno de los tituli que, para la época imperial romana, conservamos, tituli propios de un momento en que el culto a Vacuna era ya sólo una reminiscencia arcaica enmascarada por el tributado a otras divinidades con las que se asemejaba pero que, en cualquier caso, nos hablaban de su relativa vigencia -al menos local y regional para el ámbito sabino- que, todavía, recordaría en el siglo IV el poeta burdigalense Ausonio, al hablar de tota Vacuna (Auson. Ep. 14, v. 101).

Por último, y con algunos datos sugerentes para cerrar este post, las fuentes numismáticas, por su parte, presentan a Vacuna en el anverso de una serie de denarios de plata acuñados entre el 67 y el 57 a. C. donde, en algunos de ellos (RRC, 409/1) -y como se ve en los dos anversos que encabezan esta entrada- aparece portando, en su característico casco, los atributos de Victoria -las alas-, de Diana -el arco-, de Apolo -la corona de laurel- e incluso de Fortuna -el cuerno de la abundancia- piezas de plata que, además, en su reverso llevan, indefectiblemente, el águila victoriosa de Roma. Tal vez podamos quedarnos con esto para terminar. Nuestra "vacuna" -cuya etimología no está relacionada con la diosa sabina sino con la "viruela de la vaca", uariola uaccinae, de ahí que en otras lenguas haya dado pie a términos como vaccination, en inglés, vaccinazione, en italiano o vacinaçao, en portugués- está también protegiendo nuestra salud y, sobre todo, la de nuestros familiares mayores -como, parece, lo hacía también la diosa Vacuna- y, además, está permitiendo que el mundo recobre la normalidad y que, por tanto, el desarrollo económico y productivo no se vea truncado por los tan perniciosos confinamientos. Podría decirse que nuestras vacunas, como la Vacuna cuyo busto luce espléndido en las piezas de numerario arriba recogidas, también nos está aportando la corona de laurel y las alas de la victoria sobre una pesadilla que dura, ya, demasiado tiempo. 

Jugando con el texto de la dedicatoria epigráfica que justifica el título de este post, y a la que se ha aludido más arriba, podríamos decir: sí, vacunas pro ualetudine, "vacunas, en favor de la salud (de todos)"


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