DE VITRARIO GRAECO

 

[Lucerna romana de época flavia, hacia el 70 d. C., con representación de varios uitrarii, artesanos del vidrio soplado. Museo Regional de Koper, Eslovenia]

A lo largo de los más de quince años que lleva en marcha Oppida Imperii Romani -y que, en gran parte, coinciden con los que llevamos al frente del proyecto arqueológico de la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo (Zaragoza)- hemos aprendido muchas cosas respecto de los riesgos, ventajas y retos que acompañan al ejercicio de una Arqueología Pública (sobre ella véase la intensa producción bibliográfica de Jaime Almansa), que, en ocasiones, hemos llamado, incluso "Arqueología en directo" y que tiene siempre en la transferencia, derivada de una rigurosa investigación, como comentábamos aquí no hace mucho, un objetivo absolutamente primordial. La primera es que, en esa transferencia del conocimiento, los medios de comunicación -que resultan aliados fundamentales- reaccionan, en ocasiones, de modos totalmente insospechados convirtiendo en noticias asuntos que a los investigadores nos parecen de ordinaria administración y, en cambio, pasando por alto notables hallazgos científicos que a quienes somos profesionales de las Ciencias de la Antigüedad sí nos parecen llenos de interés. La segunda es que, pese al esfuerzo que hacemos por acercar la ciencia arqueológica a la sociedad, ésta sigue sin ser bien entendida ni en sus procedimientos, ni en sus objetivos ni en sus herramientas ni, por tanto, en su modo de trabajar. El episodio que inspira esta entrada veraniega de Oppida Imperii Romani lo muestra con total claridad y, seguramente, por la polémica que ha acompañado a éste en la prensa y en las redes sociales, será conocido ya por el lector que, en cualquier caso, puede seguir leyendo esta entrada o conformarse con un resumen de la polémica en el audio que cierra el post, fruto de una entrevista motivada por la ocasión en los micrófonos de la siempre grata SER Cinco Villas. En cualquier caso, antes de entrar de lleno en el asunto, sí nos parece que un par de advertencias metodológicas preliminares pueden resultar pertinentes, al tiempo que servirán, también, para mostrar cómo funciona la generación de conocimiento en Ciencias de la Antigüedad. Van dirigidas, especialmente, a aquéllos a los que se alude en la parte final de esta entrada que, parece, no deben tenerlo demasiado claro por más que presuman de ser personas de cultura y promotoras, además, de ésta.

En primer lugar, la Arqueología, en su deseo y vocación de generar conocimiento histórico, es decir, entendida como una Arqueología integral -algo sobre lo que ya se habló aquí en otra ocasión, a la que remitimos- concede especial relevancia al estudio de los contextos estratigráficos, es decir, de los materiales y elementos -sean antrópicos o no- asociados a cada una de las ocupaciones registradas en un enclave arqueológico. Conformados éstos por la sucesión temporal y por la intervención, en ellos, de diversos agentes deposicionales y, también, postdeposicionales, su configuración en el pasado es la que da sentido a la cronología relativa que funciona como base de datación en la ciencia arqueológica. Podría decirse que, en el estudio de un yacimiento arqueológico y de sus procesos históricos, el análisis detenido de los contextos arqueológicos resulta fundamental y, lógicamente, en la datación de éstos los elementos de cultura material que los componen resultan esenciales por su capacidad de ajustar cronologías cuando no pueden emplearse métodos de datación absoluta. En segundo lugar, en Ciencias de la Antigüedad -y podemos remitir a un artículo que conocerán bien nuestros antiguos alumnos de "Mundo Clásico" en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, firmado en Gerión, 1, 1989 por el añorado Géza Alföldy (Gerión, 1, 1983, pp. 39-61)- el conocimiento, siempre en construcción e inestable, nace de la publicación de evidencias científicas, de datos, por pequeños que sean, noticias que se ponen al cabo de la comunidad científica a partir de congresos y publicaciones periódicas donde, podría decirse, que el trabajo es siempre un verdadero work in progress como no puede ser de otro modo ante el objetivo de una verdad histórica siempre "en construcción". Así, la validez de un documento -de naturaleza filológica, epigráfica o arqueológica- está siempre supeditada bien al hallazgo de otros documentos bien a la generación, progresiva y acumulativa, de una historiografía secundaria que conforma, en sí misma, una fuente fundamental de nuestro conocimiento en Historia Antigua (quien lo desee puede leer sobre el tema en esta publicación nuestra que acumula cerca de 2000 visualizaciones en la red). 

Amparados en esa Arqueología Pública que hemos defendido desde que en 2009 empezamos a trabajar en Los Bañales, conscientes del valor del estudio de determinados contextos materiales para el trazado de la historia de la ciudad romana que se alzó en dicho solar entre el I a. C. y el III d. C., y, también, con una clara vocación de estudio colaborativo, a finales de 2019 decidimos singularizar, en una investigación aparte, monográfica, el estudio de un fragmentito de vidrio -de apenas 2,4 cm de lado y 1,2 cm de altura- que había sido localizado en la campaña de excavaciones de ese año sobre los niveles de basura del abandono del cardo oriental del barrio septentrional de la ciudad romana de Los Bañales. El vidrio, obviamente lo advertimos en seguida, llevaba escritas las letras WITH pero, por estar asociado a materiales inequívocamente romanos -cuyo estudio, además, publicado en otra sede de impacto nos ha permitido refrendar la crisis medio-imperial que acabó con el inicio del abandono del callejero urbano a finales del siglo II/inicios del siglo III d. C.- y, también, por la pátina verdosa característica de los vidrios antiguos que el fragmento ofrecía, nos pareció que era un vidrio antiguo y que, por tanto, la W era, en realidad, la grafía de la legra omega del alfabeto griego, en capitales. Lógicamente, la fascinación que sentimos por la palabra escrita en las sociedades antiguas -que ha alimentado tantos posts de la sección Epigraphica de este blog- también tuvo su peso en la decisión de dedicar a este fragmento un estudio individualizado así como la constatación de que no se había atendido lo suficiente a la epigrafía sobre vidrio al menos desde una óptica hispana. La interpretación de dichas letras como griegas nos obligaba, además, a leer en el vidrio en sentido retrógrado, HTIW y no WITH lo que, como se verá más adelante, no resulta baladí para el modo cómo se ha conformado la historia que justifica este post

Como es sabido, como ciencia que es, la Arqueología es también comparativa -se hace, en un 80% en la biblioteca, como recordaba Indiana Jones y comentábamos también, hace años, aquí- y, por tanto, urgía ver si existían formas de vidrio romano que se asemejasen a la que habíamos localizado -insistimos, asociada a materiales inequívocamente romanos recuperados, además, en una zona virgen de cualquier intervención arqueológica previa a más de 80 cm de profundidad respecto del manto vegetal- y si nuestra hipótesis sobre la lectio griega del texto era correcta. Aplicando la filosofía de innovación abierta que hemos practicado, siempre, en el proyecto de Los Bañales recurrimos a un experto en Epigrafía Griega, colega del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad de Navarra, Aitor Blanco-Pérez y consultamos sobre la pieza, su forma y su rótulo a dos expertas en vidrio romano, Ana Belén Martínez y Belén Madariaga, ambas de dilatada carrera investigadora en relación a este singular material romano al que, en cualquier caso, nuestras andanzas arqueológicas por Cinco Villas ya nos habían obligado a acercarnos (véase Zephyrus, 65, 2010, pp. 179-198). Aprovechando una estancia de investigación en el Seminar für Alte Geschichte und Epigraphik de la Universität Heidelberg, en Alemania, becados en concurrencia competitiva por el Programa Salvador de Madariaga del Ministerio de Educación y Formación Profesional, procedimos a realizar un estudio sobre los usos epigráficos del vidrio en época romana que nos permitiera constatar si, realmente, las cuatro letras que aparecían sobre el fragmento vítreo hallado en Los Bañales podían ser parte de un texto en griego. No hacía mucho, la propia Belén Madariaga había publicado, junto a Javier Salido, un extraordinario artículo sobre la cuestión en la revista Pyrenae (50-1, 2019, pp. 149-169) que nos resultó de gran ayuda.

Habíamos, pues, partido de una hipótesis forzada por el contexto estratigráfico y por nuestra fe en su carácter de contexto solvente y sin intrusiones, a saber, que el vidrio era antiguo y que sus letras eran griegas- y, así, el profundo estudio -de casi 20 páginas- que desarrollamos sobre los usos del vidrio como soporte epigráfico confirmó que, efectivamente, la lengua griega fue usualmente empleada para decorar -con mensajes sapienciales, narrativos, de propiedad o, incluso, de fabricación- abundantes tipos de vidrio soplado en época romana, en especial durante el siglo II d. C., al parecer la época dorada de ese tipo de producciones. Concluimos, por tanto, no sin consultar a los expertos en vidrio antes citados, que podríamos estar ante el fondo de una botellita cuadrangular de vidrio que habría sido fabricada por un artesano -un uitrarius, sobre éstos puede verse la voz uitrum en el Diccionario de Antigüedades francés Daremberg-Saglio- de nombre griego terminado en la serie HTIW, nombre que habría quedado en el fondo del recipiente. Y, como tal -con una parte, la más extensa, sobre los usos epigráficos del vidrio en época romana (pp. 163-168) y otra, menor (pp. 169-170), con la propuesta de lectura del texto del nuevo fragmento- realizamos el envío del artículo a una revista de extraordinario prestigio en materia de vidrio antiguo: Journal of Glass Studies, auspiciada por el Corning Museum of Glass, en Nueva York. En él citábamos más de 60 inscripciones de diverso tipo y ofrecíamos una lista bibliográfica de más de 125 entradas. Pasados varios meses los evaluadores anónimos a los que la revista consultó rechazaron el artículo juzgando interesante la parte de análisis epigráfico pero alegando que el supuesto nombre griego que aportábamos a partir de la interpretación como parte del mismo de la serie HTIW no estaba completo y no se disponía, por el momento, de paralelos que lo refrendaran. Intentamos -como es habitual en el mundo académico- que el artículo pudiera ver la luz en una revista menos internacional y más orientada a la Antigüedad peninsular y apuntamos a la revista Pyrenae, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universitat de Barcelona, últimamente extraordinariamente bien posicionada por los dos números que publica cada año, por su prestigioso pull de evaluadores y por el impacto de sus trabajos que quedan en open access apenas ven la luz.

La revista Pyrenae tuvo un trato extraordinario con nuestro estudio pero -nos parece importante subrayar esto- el mismo, exactamente, que tiene con todos los que les hacen llegar manuscritos con sus estudios. Acusó recibo del texto, lo estudió en su Consejo de Redacción y decidió asignarle dos evaluadores anónimos. Ambos lo aceptaron, enriqueciéndolo, especialmente con sugerencias de paralelos para la nueva marca griega que creíamos haber localizado. El artículo, remitido de nuevo a la redacción de la revista, volvió a ser revisado por los dos informantes para que se verificase que se habían tenido en cuenta sus pareceres y recomendaciones que agradecimos muchísimo como consta en la nota de las páginas 170-171 del trabajo. Finalmente, nuestro estudio vio la luz, quedando libre para descarga en la web de la revista en el primer trimestre de 2022 (Pyrenae, 53-1, 2022, pp. 159-176). Las cerca de 300 descargas que el artículo acumula en el contador de descargas del portal de la revista dan prueba de su impacto y -también queremos pensarlo- de su utilidad. 

Fue entrado el mes de junio de ese año que recibimos un correo de la redacción de Pyrenae en que se nos informaba de que los expertos en vidrio romano Juan Paz y Esperanza Ortiz -autores, de hecho, del que, hasta la fecha, es el único artículo disponible sobre el vidrio romano de la ciudad romana de Los Bañales (Caesaraugusta, 82, 2011, pp. 355-388)- habían enviado a la revista, y había sido aceptado, un estudio en el que demostraban que donde nosotros habíamos leído una inscripción griega -que, de hecho, debía leerse en sentido retrógrado, como comentábamos- había, sencillamente, que leer la preposición inglesa WITH y que, por tanto, nuestra marca alusiva al nombre de un supuesto uitrarius Graecus no era tal sino la fórmula with lime & soda de un recipiente farmacológico americano de finales del siglo XIX (Pyrenae, 53-2, 2022, pp. 191-202). La revista nos proponía, entonces, firmar una retractación que, a los pocos días, figuraba ya en la web de la revista. Nuestro método había sido correcto: constatación de una evidencia, interpretación de la misma -por su pátina antigua y por haber sido hallada en un contexto que nos parecía carente de intrusiones (poco habituales en Los Bañales y menos en zonas no antes excavadas)- como un documento escrito antiguo, búsqueda de paralelos tipológicos y textuales del mismo y propuesta de interpretación compartida en una revista científica. La conclusión es la que fue errónea: no se trataba de una pieza antigua sino de un vidrio moderno que, todavía no nos explicamos de qué modo, se había colado en un estrato correspondiente a los momentos de abandono paulatino del poblamiento en la ciudad romana de Los Bañales.

El resto de la historia es, quizás, conocida por el lector. A finales de agosto, el periodista de El País especializado en patrimonio Vicente G. Olaya, se dirigió a nosotros porque alguien le había hecho sabedor de esta rectificación y le parecía un elemento noticioso para su seguidísima sección sobre patrimonio arqueológico en el diario de mayor impacto de cuantos ven la luz en España, una sección la suya que, de hecho, apenas hacía unas semanas se había detenido, en extraordinario reportaje, en la ciudad romana objeto de estudio arqueológico en estas últimas fechas en Artieda de Aragón, reportaje que habrá que unir a los recursos que, sobre ella, citábamos hace algunos meses en la etiqueta correspondiente a Artieda en este blog. Aunque nos resultó chocante que, tras quince años de trabajo en Los Bañales, sólo un amuleto fálico de oro descubierto en 2018 y este episodio investigador tan singular, hubieran llamado la atención de El País, accedimos a hablar con el periodista y a contarle todo el iter editorial del artículo, que glosó extraordinariamente bien como paradigma, además, del modo cómo se construye el conocimiento científico. La noticia vio la luz el pasado 2 de agosto, tanto en papel como en digital viralizándose ésta notablemente y haciéndose eco, también, de ella, el 3 de agosto, Heraldo de Aragón en una noticia de Pedro Zapater. Los ecos locales de la misma hicieron que también SER Cinco Villas, que tanta cobertura mediática nos presta en Los Bañales, quisiera conocer una historia tan singular que volvía a poner la investigación que hacemos en Los Bañales en la cresta de la ola (ofrecemos a continuación el "recorte" de las versiones en papel de los artículos de El País y de Heraldo de Aragón). 



Efectivamente, lo sucedido demostraba socialmente, como señalaba con acierto Vicente G. Olaya en su artículo, que la ciencia se hace de errores y de rectificaciones y, por su parte, a quienes trabajamos en Ciencias de la Antigüedad nos volvía a subrayar lo inestable de nuestro conocimiento cuando se trata de la Historia Antigua y de sus documentos, de sus fuentes. Sin embargo, para algunos, para los de siempre, para los mismos que llevan casi una década ninguneando y condenando a la inanición económica a un proyecto que debería ser, también institucionalmente, el buque insignia de la Arqueología de Aragón, les pareció también una ocasión de oro para cargar contra los autores de la editio princeps de este singular documento -que protagoniza ya una anécdota más de nuestra sacrificada investigación en Los Bañales- y para negar de un plumazo, por un error "monumental" -como se atrevieron algunos a calificarlo en redes sociales- nuestros méritos académicos e investigadores erigiéndose en jueces de una trayectoria científica de décadas -de la que hacíamos balance aquí no hace mucho- que ha dado parte de lo mejor de ella misma al patrimonio aragonés. Quizás la fotografía del vidrio, publicada por Heraldo de Aragón, no ayudó demasiado una vez que, aparentemente, quien, en esta cultura de la imagen, veía el titular de la noticia y la fotografía del fragmentito de vidrio con el rótulo WITH pensaba que los autores del estudio habíamos sido unos auténticos ingenuos por no leer en dicho vidrio el término en inglés y ensoñarnos con -a nuestro juicio justificadas, como aquí se ha explicado- inscripciones en griego.

En lo personal, sin duda, el episodio nos ha enseñado muchas cosas que está de más comentar aquí pero en lo científico varias fundamentales: que de los errores se aprende, que la ciencia la construimos entre todos y que la ciencia es, especialmente eso, investigación, profundización en el conocimiento y solidaridad y trabajo conjunto, algo que se hace especialmente necesario en Ciencias de la Antigüedad. Y que, desde luego, poco practican esas actitudes científicas quienes de un artículo de más de veinte páginas extractan sólo el titular que más les interesa descalificando, por inválido a sus ojos, todo el trabajo de reflexión, de heurística y de documentación que hay detrás y aun poniendo en cuestión toda una andadura académica de varias décadas. Un torticero a priori que, desde luego, además de ser una clara manifestación de miopía y de sectarismo, hace un flaco favor a la consideración de la ciencia arqueológica y a la exposición social y pública de los que son los grandes valores intelectuales y procedimentales de las disciplinas de la Antigüedad.