LIBERALITAS FLAVIA



[Inscripción, procedente de Valentia, y reutilizada en la iglesia de Santo Tomás de la ciudad del Turia -CIL II2/14, 13- con alusión a Tito como conueruator Pacis. La foto, magnífica, se la debo a Engracia, del blog Arqueología en mi Jardín y a nuestro buen amigo Daniel]

Siempre he pensado que, aunque, quizás, en Hispania, el interés por la época flavia, se disparó en los años ochenta gracias a la editio princeps de la lex Irnitana, por Julián González (Journal of Roman Studies, 76, 1986), y a los ejemplares trabajos, sobre epigrafía flavia, de Armin Stylow (por ejemplo Gerión, 4, 1986), en el resto de Europa fue la magistral identificación y lectura de la inscripción constructiva, en Roma, del anfiteatro flavio, con litterae aureae, por Géza Alföldy, en los años noventa (AE, 1995, 111b=Zetitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 109, 1995), la que intensificó el interés por un Principado, el de los Flavios, dotado de muchos y diversos atractivos. Lo cierto es que desde mediados de los 90 se han publicado, de forma continúa estudios sobre la política arquitectónica, en Roma, de estos emperadores; análisis interdisciplinares de la lex de imperio Vespasiani (ver más bibliografía en Cahiers Gustav Glotz, 16, 2005); monográficos de revistas consagrados al emperador Domiciano, quizás el más controvertido del periodo; o misceláneas orientadas a, sobre todo desde las fuentes literarias, trazar un panorama de la Roma flavia o de la capacidad de estos emperadores para entroncarse entre la tradición y la innovación. La celebración, entre marzo de 2009 y enero de 2010 de la muestra Divus Vespasianus, en Roma, comisionada por Filippo Coarelli no ha hecho sino intensificar el ritmo de esas publicaciones que han dado lugar a companions exclusivos de actualización dedicados a la época, a concienzudos manuales universitarios o a obras de recopilación con algunos de los temas más sugerentes de un periodo subsiguiente a la primera guerra civil, la del 68-69 d. C., del Principado Romano. La próxima celebración, en junio de este año, de un coloquio sobre The Flavian Empire, en la Maynooth University, en Irlanda, sólo demuestra el extraordinario atractivo del periodo y sus posibilidades investigadoras.

Es cierto que en todos esos trabajos -excelente complemento de los que en España se han dedicado a la extraordinaria transformación de las provincias hispanas en época flavia (ver este antiguo post de nuestro blog)- quizás no se han tenido suficientemente en cuenta las fuentes epigráficas. Existen, de hecho, más de 600 inscripciones en todo el Imperio inequívocamente fechadas en este periodo que pueden, desde luego, aportar mucha información a la política de obras públicas, provincial, territorial, y de imagen, de estos emperadores. No en vano, las propias fuentes antiguas -pensemos, por ejemplo, en Suetonio- dedicaron algunos pasajes a exaltar el esfuerzo de Vespasiano por la restauración de edificios (Suet. Vesp. 16 y 17), la extraordinaria popularidad de Tito, en materia de imagen, en algunas provincias (Suet. Tit. 4) especialmente intensificada tras su muerte -como recuerda Aurelio Víctor (Aur. Vict. Epit. 10, 11)-, la desmesura en el manejo de la imagen por parte de Domiciano (Suet. Dom. 13) y algunos otros tópicos que, siempre, han resultado interesantes y sugerentes y que el estudio de esas fuentes epigráficas puede contribuir a confirmar o a desmentir.

La invitación, el pasado 10 de marzo, a la Universität Zurich (Alte Gescchicte/Historische Seminar), para impartir una charla titulada "Flavian epigraphy: building an imperial identity" -cuya presentación os dejo más abajo, cerrando este post- nos ha permitido ordenar algunas ideas sobre esta cuestión, en la que llevamos trabajando algunos años. Las resumiremos en tres que, además, darán entrada aquí a algunas publicaciones previas, quizás poco conocidas, sobre el periodo, fruto de ese trabajo de varios años conectado -pero también independiente- de nuestra antigua dedicación a la municipalización flavia, la "flabitis", como la llama con cariño nuestro buen amigo Ángel Ventura, de la Universidad de Córdoba, de quien, siempre, tanto aprendemos. 

[1]. Obsesionadas por una gradación moral Vespasiano/Tito us. Domiciano, las fuentes literarias transmiten una imagen ejemplar de los dos primeros en la oportunidad, frugalidad y necesidad -siempre de positivo juicio moral- de su apuesta por las obras públicas pero totalmente desmesurada y egoísta para el segundo. El templum gentis Flauiae o el Coliseo, por ejemplo, se contraponen, en el juicio de los textos, a la atención prestada por Domiciano a su residencia imperial en el Palatino. Las fuentes epigráficas nos ayudan, de hecho, a contextualizar muchas de esas alusiones y a discutir si, efectivamente, en la política romana y en la política provincial, hubo esa apuesta por asentar, antes que por adornar, que Suetonio atribuye a Vespasiano (Suet. Vesp. 8). Tratamos el tema hace algunos años en un trabajo publicado en Classica Boliviana, 10, 2014 en el que cada noticia en las fuentes literarias, sobre obras públicas flavias, es analizada en lo que, de ella, nos transmiten las epigráficas.

[2]. Al igual que sucede en Roma, donde la documentación epigráfica disponible sobre el periodo, demuestra cuáles fueron los grandes proyectos edilicios de estos Principes y, también, lo crucial que resultaron los primeros cuatro años de su gobierno -desde el aduentus de Vespasiano a Roma en junio del 70 a la censura conjunta entre Vespasiano y Tito en el 73-74 d. C.- así como los valores dinásticos de Victoria y Pax (objeto de estudio actual, entre otras cuestiones flavias, en una prometedora tesis por David Gordillo, de la Universidad de Salamanca, dirigida por Manuel Salinas) que el fundador de la dinastía transmitió, en provincias pueden seguirse, muy bien, algunas actitudes de estos emperadores, distintas todas ellas, que muestran sus fijaciones en la política provincial. Así, su preferencia por favorecer la conectividad invirtiendo en materia de infraestructuras, su interés por cooperar con entes de la administración -ejército y gobernadores provinciales- para extender el modo de vida romano en provincias de reciente creación, sus "alardes" cooperando con algunos espacios públicos simbólicos de todo el Imperio, su mayor preferencia -en el caso de Vespasiano y de Tito- por Occidente antes que por Oriente -más atendida por Domiciano-, etcétera. Algunos de esos valores de la edilicia pública flavia los sistematizamos, en su día, en nuestra contribución al 1er Tarraco Biennal (Tarragona, 2013) -para Roma- y en otras, más extensas, alusivas a la política provincial de Vespasiano y de Tito -publicada en una miscelánea alemana de la editorial De Gruyter: Tradition und Erneuerung: Mediale strategien in der zeit der Flavier, Berlín, 2011) y a la de Domiciano -en Dialogues d'Histoire Ancienne, 34-2, 2008, para las provincias y Florentia Iliberritana, 20, 2009, para Roma- a las que remitimos. La eventual conexión entre la popularidad de estos emperadores en provincias y las atenciones prestadas a aquéllas en su política edilicia también la abordamos hace algunos años en una contribución al  monográfico Storie delle Religioni e Archeologia. Discipline a confronto, Roma, 2010

[3]. Es evidente, y las fuentes así lo señalan, que la dinastía flavia tuvo que hacer frente a una situación política inédita -la primera dinastía de proclamación militar del aun joven Principado- y, también, a una bancarrota notable si, realmente, era ése el estado de cosas en que quedaron las arcas imperiales tras la muerte de Nerón. En este sentido, y como se percibe bien en la documentación hispana, se constata, a través de las inscripciones, un notable esfuerzo de estos tres emperadores -en particular de Vespasiano y de Tito pero también, en algunas intervenciones concretas en Oriente, por parte de Domiciano- por "ordenar" la administración en todas aquellas cuestiones en las que Roma pudiera perder recursos bien acercando la administración a esos espacios, bien gravando con nuevos impuestos, bien devolviendo al control de Roma espacios que, antes, habían caído en manos de particulares. África -de la que nos ocupamos en L'Africa Romana 17, 2008 y 18, 2010- y Creta/Cyrene, por ejemplo -que estudiamos en Latomus, 69, 2010- son dos escenarios geográficos -aunque no los únicos- en los que esa preocupación se muestra a las claras con documentos epigráficos concretos que darían razón de ser a esa pecuniae cupiditas que Suetonio censuró como único vicio público achacable a Vespasiano (Suet. Vesp. 16).

Obviamente, hay más temas implicados en esta cuestión que, tentativamente, hemos denominado como Liberalitas Flauia. Algunos, con ejemplos concretos, se glosan en la presentación con que cerramos este post. Otros quedan para otras ocasiones que, seguro, no se harán esperar... Mientras, seguimos escudriñando la información que nos aportan esos 625 tituli de época flavia repartidos de Oriente a Occidente del Imperio Romano.