NAVARRORUM


[Cartel anunciador de la muestra "Navarrorum. Dos mil años de documentos navarros sobre el euskera", instalada en el Archivo General de Navarra, en Pamplona, y abierta hasta el día 31 de diciembre de 2017]

El pasado día 21 de septiembre, como recoge la sección de Noticias de la web del Gobierno de Navarra Uxue Barkos, Presidenta del Gobierno de Navarra, inauguraba en la recoleta sala de exposiciones del magno edificio que alberga el Archivo General de Navarra una exposición que -como dice su díptico anunciador, excelentemente editado y en el que la estela de Lerga (IRMN 50) luce hermosísima sobre fondo verde- "no es una exposición sobre la historia del Euskera, sino sobre el reflejo documental, escrito, de una lengua que, como la vasca, durante casi milenio y medio permaneció en forma oral", reflejo documental -el que articula la muestra- circunscrito al ámbito estrictamente navarro. En ella se recopilan, fundamentalmente a partir de ediciones facsímiles, una buena serie de documentos históricos relativos al uso del vascuence en las tierras de Navarra a través de la Historia. 

Apenas uno accede a la sala lucen majestuosas dos conocidas inscripciones romanas de entrado el siglo II d. C., la ya citada estela de Lerga -donde, efectivamente, se atestiguan tres antropónimos vascónicos: Ummensahar, Narhunges y Abisunhar- y una hermosa ara procedente de Ujué (IRMN 33) en la que se cita a una de las divinidades de nombre también vasco: Lacubegi. Frente a ellas, el primer panel explicativo -que da sentido a la primera sección de la exposición, "La lengua deja huella"- afirma:

"[1] Al principio de nuestra Era, los ejércitos romanos llegan a la actual Navarra y encuentran a los vascones. La mayoría de ellos hablan una forma antigua de euskera. [2] La conquista inicia la romanización cultural. Lentamente se van asumiendo las formas de vida romanas comunes a todo el Imperio: leyes, administración, vida urbana, economía, costumbres... [3] El territorio de los vascones se integra en el mundo romano, de forma más intensa en las tierras agrícolas del centro y sur del territorio que en la boscosa montaña. [4] La ocupación romana también conlleva la imposición del latín como lengua oficial. Poco a poco, desaparecen todas las lenguas indígenas, salvo el euskera. [5] La supervivencia de la lengua vasca no ha podido ser explicada. [6] Tras la invasión de los germanos y una larga crisis económica, para el siglo V ha desaparecido en Navarra todo resto de autoridad romana. La latinización lingüística prosigue a través de la lenta difusión por el territorio de una nueva religión: el Cristianismo. [7] Tras cinco siglos de dominio romano, las formas de vida de los vascones y su lengua cobran nuevo vigor. [8] Apenas nos han llegado documentos de época romana: breves inscripciones grabadas en piedra o en monedas, copias medievales de relatos, etc. [9] En ellos nunca se menciona a la lengua de los vascones. [10] Los nombres de personas y de dioses son los únicos indicios que nos permiten valorar la penetración lingüística y tribal romana en el mundo vascón y el grado de simbiosis de ambos" (la numeración es nuestra -pues será empleada más abajo para aludir a las ideas que se comenten- pero reproduce el modo como los párrafos están colocados, a modo de listado, en el citado panel, de hecho su texto puede verse también aquí).

En el año 2006 quien escribe estas líneas publicó su primer trabajo sobre los Vascones en un volumen que editó, precisamente, Gobierno de Navarra y que se ha convertido, con el paso de los años, en una referencia en la cuestión (pincha aquí) abriendo paso, después, a otros dos -de los que también tuve la fortuna de ser coordinador- que fueron reseñados oportunamente en este blog, uno publicado, en 2009, en la prestigiosa col.lecció Instrumenta de la Universitat de Barcelona (pincha aquí) y otro en la revista Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra (pincha aquí). Desde 2006 prácticamente, en mi historial investigador, no ha habido año en que los Vascones no hayan formado parte de mi preocupación investigadora bien en forma de artículos, conferencias -algunas, además, volcadas en mi perfil de SlideShare, como ésta- o, incluso, posts en este mismo blog (éste puede servir de ejemplo al tiempo que proporciona más material sobre algunas de las cuestiones que aquí van a discutirse). Sin embargo, las reflexiones que se harán a continuación ni siquiera van a traer a colación trabajos firmados por mí (y eso que en algunos -como éste de la Revista de Historiografía 8, 2008 o éste de los Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra 21, 2013me he entretenido en tratar de desmontar, parece que sin éxito, tópicos historiográficos y, también, políticos o sociales) sino por autores de mucho más peso y que constituyen verdaderas autoridades en la materia. De algunas de sus opiniones me he hecho eco en numerosas ocasiones (puede resultar útil este trabajo, firmado en 2009 con María J. Peréx y alojado en el segundo de los volúmenes antes citados) pero -por lo dicho- no me parece procedente reproducir aquí esas opiniones propias y sí dar voz a quienes, de verdad, son autoridades en la "cuestión vascónica". Y, lógicamente, todo ello con ánimo de salir al paso de los auténticos atropellos historiográficos -por llamarlos de algún modo: auténticos y lamentables despropósitos- que se vierten en esas pocas líneas.  

El texto transcrito afirmaba, en el primer párrafo: "La mayoría (de los vascones) hablan una forma antigua de euskera" [1]. Convendrá citar aquí lo que, al respecto, escribieron hace algunos años los reputados lingüistas Javier de Hoz y Joaquín Gorrochategui y que, de hecho, forma parte ya de la communis opinio científica sobre la relación -nada clara- entre los Vascones antiguos y el euskera poniendo claramente de manifiesto que una afirmación como la remarcada en rojo más arriba no tiene fundamento alguno ni siquiera en la alta divulgación o, al menos, no tiene fundamento científico:

"No cabe duda de que los vascones hablaron vasco, como hemos visto a propósito de la estela de Lerga; el problema estriba en determinar qué lengua era la usual entre los grupos dominantes (...) y en este caso [a partir del estudio de las leyendas monetales de cecas como arsaos o barskunes], tendríamos que deducir que la lengua de quienes detentaban la autoridad y el poder entre los vascones, el equivalente en aquella época de una lengua oficial, era el celtibérico o una lengua indoeuropea similar (...) hay testimonios inequívocos de la importancia social y política del elemento indoeuropeo [entre los Vascones], así su predominio en las lápidas latinas o los nombres con morfología indoeuropea de ciudades vasconas (...); el bilingüismo en la zona debió ser normal y afectó también a los grupos dominantes" (DE HOZ, J.: "El euskera y las lenguas vecinas antes de la Romanización", en Euskal Linguistika eta Literatura: Bide derriak, Bilbao, 1981, pp. 27-56, esp. pp. 44 y 46, una idea sobre la que también sentencian, quizás, incluso, con mayor contundencia VILLAR, F., y PRÓSPER, B. Mª: Vascos, Celtas e Indoeuropeos. Genes y lenguas, Salamanca, 2001, p. 512, aunque el argumento aparece por todas partes: "El que los euskaldunes sean realmente el elemento primordial de la población en el País Vasco y Navarra, no es una verdad comprobada con datos positivos independientes de la onomástica (...) y, por el contrario, no es compatible con el conjunto de los únicos datos antiguos que hay a nuestra disposición: los onomásticos" y en p. 510: "La antroponimia indica que hacia los siglos II-III d. C. no había hablantes de euskera en el País Vasco, salvo algún individuo aislado procedente de Aquitania, instalado entre gentes indoeuropeas. En Navarra hacia esas fechas debía haber ya ciertos núcleos, en medio de poblaciones alóglotas (indoeuropeos e iberos). Pero no debieron ser mayoría en ninguna de las ciudades (...) porque ninguna de las cecas de los vascones redactaba sus leyendas monetales en lengua euskera. Y ninguno de los topónimos presentes en esas leyendas tiene etimología euskera"). Parece que queda claro que, como sentencia a continuación el siguiente texto que traemos aquí, que el vasco fuese la lengua mayoritaria de los vascones -y aun del territorio actualmente navarro- en la Antigüedad dista mucho de ser cierto. Leamos a Gorrochategui:

"La parte más occidental de la cadena pirenaica, correspondiente al territorio de los Vascones, presenta una documentación más rica en onomástica indígena. Gracias en parte a descubrimientos epigráficos ocurridos en los dos o tres últimos decenios, apreciamos entre los Vascones nombres de tres procedencias distintas: a) vasco-aquitana, con claras relaciones con la onomástica atestiguada al norte de la cadena pirenaica en la región aquitana; b) ibérica, en la parte oriental de su territorio y c) hispánica indoeuropea en su parte occidental limítrofe con Álava (curiosamente muchos de estos nombres no son estrictamente celtibéricos, sino hispanos occidentales). Los testimonios nítidamente pirenaicos, al norte de Pamplona, son prácticamente inexistentes" (GORROCHATEGUI, J. : "Las lenguas de los Pirineos en la Antigüedad", en El substrats de la llengua catalana: una visió actual, Barcelona, 2002, pp. 75-101, pp. 90-91).

Mas aún puede aquí citarse, incluso, lo que no hace mucho, en un muy sagaz trabajo, escribió Fernando Wulff desmontando casi por completo la idea de una etnia vascona con autoconciencia de sí misma y, por tanto, también la presencia, en ella, de formas de vida [7] -como también se dice en el panel de "Navarrorum"- peculiares y propias, además del supuesto monolitismo lingüístico:

"Todo ello se complica con dos tipos de informaciones aparentemente contradictorias; la primera se refiere a los datos de época romana que proceden de inscripciones de la zona, donde apenas hay nombres de persona que con seguridad puedan ser calificados de "vascos" en términos lingüísticos, pero sí otros latinos, celtíberos e iberos. Y no hay ni una sola inscripción en "vasco", pero sí en cualquiera de estas tres lenguas. La hipótesis de que los habitantes locales, o aquellos que hacían inscripciones, traducían a estas lenguas de más prestigio sus nombres es difícil de aceptar, y es de una innecesaria complicación; la preferencia por el latín en las inscripciones, por otra parte, puede entenderse, pero es mucho más difícil pensar que si se escribe en las lenguas celtíbera e ibera y se hace con caracteres iberos, los eventuales hablantes de lenguas "vasconas" no lo hubieran hecho también y, en cambio, optaran por hacerlo en cualquiera de estas dos lenguas. Cabe decir prácticamente lo mismo de las monedas locales, que siguen modelos y escriben los nombres de sus comunidades como sus vecinos. La presencia de hablantes de lengua vasca parece limitarse con cierta seguridad a poco más que a algunos dispersos teónimos y antropónimos en su mayor parte en la zona central del territorio "vascón", donde, además, ni siquiera hay exclusividad lingüística (...) De lo anterior se pueden extraer dos conclusiones: que en el territorio vascón de que hablan las fuentes, la lengua o lenguas vascas eran sólo una más de las habladas, sin que siquiera sepamos ni cuándo se introduce, ni cómo se la llamaba (no hay por qué suponer que "vascona"). Tampoco hay argumentos para pensar que identificaba al colectivo "vascón", ni siquiera a la comunidad que originalmente daría el nombre al conjunto de los que luego serían llamados "vascones"; de hecho, los datos apuntan a su carácter minoritario y, tal como ha señalado Untermann, a que la lengua de los vascones fuera, de elegirse una principal, la celtíbera (...) Así que todo apunta a que allí se va constituyendo una realidad colectiva mucho más mezclada que en las zonas cercanas y, a que, en todo caso, en el momento en el que el término empieza a utilizarse, no se aplica a una etnia homogénea, sino a ese conjunto diverso de poblaciones que habitan un territorio que se quiere diferenciar de los colindantes. Se trata, quizás de un mero uso romano para definir una zona determinada antes de su inclusión en el Imperio, que pasa luego, en algún momento, a definir un espacio administrativo" (WULFF, F.: "Los vascones como paradigma", en ROLDÁN, J. M., y WULFF, F.: Citerior y Ulterior. Las provincias romanas de Hispania en la era republicana, Madrid, 2001, pp. 407-416, pp. 410-412: pueden verse estas páginas a través del enlace buscando el término "vascones" en el motor de búsqueda que ofrece GoogleBooks; al lector le interesará leer también el completo trabajo de GONZÁLEZ OLLÉ, F.: "Vascones y vascuence. Historia (para romanistas) de una relación", Revista Iberoamericana de Lingüística, 11, 2016, pp. 35-172, esp. pp. 139-146 donde se traen a colación afirmaciones de otros afamados lingüistas como Koldo Mitxelena o Jürgen Untermann, entre otros).

Estos asuntos -formas de vida/etnia y lengua- son los que nos parecen más centrales en las afirmaciones que ilustran la primera sección de "Navarrorum. Dos mil años de documentos navarros sobre el euskera", pero en esas afirmaciones antes recogidas en rojo hay también otras cuestiones que resultan absolutamente inexactas y sobre las que conviene hacer algunas aclaraciones para evitar el desconcierto del lector profano. Como es sabido, los Romanos no llegaron al territorio actualmente navarro -ni a prácticamente ninguno de la Península Ibérica- al principio de nuestra Era pues las fuentes aportan noticias -cierto que genéricas pero válidas- sobre la acción de Roma en el Norte peninsular a partir, al menos, del 195 a. C., es decir, casi dos siglos antes del cambio de Era (otra cosa es que, efectivamente, la primera alusión a los Vascones -en Liv. Per. 91- se haga a propósito del conflicto sertoriano, en la década de los setenta del siglo I antes de Cristo, por tanto, tampoco "al principio de nuestra Era" [1]). La "boscosa montaña" [3] está deparando, año a año, notables evidencias de su intensa romanización como los trabajos de los equipos de excavación responsables de enclaves como Aracilum (Zamarce, Huarte Araquil, Navarra), Iturissa (Burguete-Espinal, Navarra) u Oiasso (Irún, Guipuzcóa) están demostrando. Las lenguas indígenas no desaparecieron [4] por más que su presencia pública se redujera a partir de la expansión del Latín. De Navarra, en concreto de la histórica Cascantum, de hecho, procede un grafito con signario paleohispánico y lengua celtibérica que, por el soporte en que se ha conservado -un borde de cerámica engobada- debe fecharse bien entrado el siglo II d. C (ver aquí). Nada sabemos, además, de cuáles fueron "las formas de vida de los vascones" [7] pues en ningún sitio se describen en las fuentes antiguas de igual modo que prácticamente nada, en términos de cultura material -que es el único marcador que en Antigüedad se tiene para refrendar las miradas étnicas de los autores antiguos, tan dados al ejercicio de la alteridad-, hace a los Vascones diferentes de sus vecinos ibéricos o celtibéricos- de las que la exposición afirma que se recuperaron entrado ya el siglo V d. C. Estrabón (3, 3, 7) cita un "género de vida" de las poblaciones montañosas que, en cualquier caso, comparten, a su juicio, galaicos, astures, cántabros y, sí, también Vascones y otras poblaciones pirenaicas pero es sabido que es un relato lleno de tópicos propios del ambiente cultural de exaltación de la alteridad que caracterizó al geógrafo de Amasia. Como se ha visto en las citas de Francisco Villar, Blanca Mª Prósper o Javier de Hoz, tampoco en los rótulos monetales -que se citan en el texto como "documentos de época romana" [8] alusivos, entendemos, al vascuence- hay elemento alguno vascónico pues las leyendas están escritas en signario ibérico y en lengua celtibérica. Tampoco en la descripción de las dos singularísimas piezas escogidas como documentos correspondientes al uso del euskera en la Antigüedad faltan las inexactitudes en la muestra que comentamos. No necesariamente, pese a sus nombres griegos, fueron griegos los dedicantes de la inscripción a Lacubegi de la misma manera que los nombres atestiguados en la hermosa estela de Lerga no son "las palabras escritas en euskera arcaico más antiguas que se han encontrado en la Península Ibérica" -acaso sí de Navarra, aunque tampoco- una vez que existen algunas inscripciones en la aragonesa Comarca de Cinco Villas que pudieran ser algo anteriores -notablemente Dusanharis de Sofuentes (ERZ 40) o Serhuhoris de Valpalmas (HEp5, 936)- de igual modo que un documento no peninsular pero íntimamente relacionado con la Historia Antigua de la Península -el Bronce de Áscoli (CIL I, 709)- atestigua, entre los habitantes de las ciudades citadas -todas peninsulares- a varios individuos con onomástica claramente vascónica en el año 89 a. C.: Enneges, Arranes o Agirnes.

Procede cerrar aquí este post aunque su verdadero cierre -la reflexión- está, sin duda, en manos del lector que, leyendo, y analizando lo dicho, podrá sacar sus propias conclusiones. Sí termino, en esta ocasión, con una cita propia que, ojalá, ayude a hacer mejor las cosas en el futuro especialmente a aquéllas instancias a las que compete hacer una transferencia del conocimiento científico de verdadera calidad y, además, veraz y no interesada. Queda al lector juzgar si en este caso la transmisión de la errónea -y tendenciosa- información aquí juzgada ha sido sólo un problema de lenta transferencia o de torticera -cuesta creer que involuntaria- falta de actualización: "quienes trabajamos en la Universidad y nos dedicamos a la investigación hemos de entonar nuestro particular mea culpa (...). Los vertiginosos ritmos que, a día de hoy, nos exige la carrera académica, la loable apuesta que ésta hace por la calidad y por el impacto científico nos hacen entender nuestra producción prácticamente sólo en términos de calidad universitaria, de competitividad y de referencia editorial y no en términos de responsabilidad social, de eco pedagógico, de formación social. Urge que quienes controlan y miden los estándares de la calidad de la producción científica de los investigadores universitarios empiecen a valorar también el esfuerzo de divulgación que muchos -a través del uso, sobre todo, de la web 2.0- hacemos para poner la ciencia al cabo de la calle y garantizar que la transferencia de lo que producimos en materia científica sea algo más rápida" (ANDREU, J.: "Los Vascones van al Instituto: la imagen de la Navarra antigua en las publicaciones didácticas y escolares contemporáneas", Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 21, 2013, pp. 355-383, p. 383). Ojalá ese tránsito no sea sólo rápido sino, como se dijo antes, eficaz y abierto: plural. La sociedad navarra, en este caso, lo agradecerá.


OPPIDA LABENTIA (y III)


El post anterior de este blog celebraba la edición del volumen II de la serie de "Monografías Los Bañales" que, auspiciado por el proyecto arqueológico de Los Bañales y con el apoyo de la UNED de Pamplona, llevaba por título Oppida labentia: transformación, cambios y alteración en las ciudades hispanas entre el siglo II y la tardoantigüedad un volumen del que, con los beneficios de sus ventas destinados a hacer posible el proyecto arqueológico de la Fundación Uncastillo en Los Bañales, casi se ha agotado ya la mitad de su tirada (aunque quedan aun bastantes ejemplares disponibles a través de Pórtico Librerías, pincha aquí para adquirir uno y colaborar con nosotros).

Transcurridos unos meses Oppida Imperii Romani quiere ofrecer a sus seguidores dos materiales audiovisuales relacionados con el asunto de la crisis urbana temprana en las ciudades hispanorromanas que, como se comentaba en el anterior post, es objeto de un Proyecto de Investigación de Excelencia financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO) y coordinado por nosotros mismos cuyos resultados, sin embargo, aun se harán esperar pero que está ya contribuyendo a aunar esfuerzos en pro de desentrañar cuáles fueron las causas del repliegue de muchas ciudades hispanas a partir del siglo II d. C., y, también, cuáles son los indicadores que el registro arqueológico -fundamentalmente- nos ofrece para abordar la cuestión. Precisamente, ése fue el tema de dos eventos académicos a los que pertenecen los materiales audiovisuales que hoy se ofrecen, los dos celebrados, con una diferencia de apenas dos semanas, en colaboración con dos centros de la red de Centros Asociados de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la UNED de Tudela y la UNED de Ejea de los Caballeros -extensión ésta última de la UNED de Calatayud- y durante los meses de junio y julio.

El primer evento, al que pertenece el vídeo que corona este post, fue la XII Semana Romana de Cascante, una actividad cultural que, promovida por la Asociación VICVS de Amigos de Cascante, devuelve -literalmente- a la antigua Cascantum (en Cascante, Navarra) a su glorioso pasado de municipio romano. Pues bien, este año, las sesiones académicas de esa actividad, abordaron el tema "Diuturnae et intermortuae ciuitates: inestabilidad, cambio, alteración y transformaciones en el ideal romano de ciudad y en su plasmación en Hispania", y la charla inaugural, que llevó por título "Ciuitates intermortuae: luces y sombras en la administración de las ciudades durante el Imperio Romano", es la que se recoge en el vídeo superior. En ella disertamos sobre cuáles fueron los principales síntomas de debilidad de las ciudades privilegiadas hispanas y, en particular, de las de estatuto municipal Latino, la mayor parte de ellas promovidas al abrigo de las reformas flavias que siguieron a la extensión del ius Latii por Vespasiano (los materiales para seguir dicha charla pueden verse pinchando sobre el título de la misma, en nuestro perfil de SlideShare).

Unos días más tarde, esa misma cuestión, pero desde el prisma de uno de los paradigmas de eso que hemos dado en llamar oppida labentia -para el concepto puedes pinchar aquí-, la ciudad romana de Los Bañales, abandonada seguramente a mediados del siglo III d. C. (para las razones y procesos pincha aquí), centró la discusión de un elenco de expertos -la mayor parte de ellos miembros del Equipo de Investigación del Proyecto MINECO antes citado- en torno a la cuestión "¿Crisis de las ciudades romanas a finales del Alto Imperio?". La Mesa Redonda, en la que intervinieron Claudia García, de la Universidad de Zaragoza; María Ruiz del Árbol, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Luis Romero, de la Universidad de Navarra, y quien escribe estas líneas, fue filmada íntegramente y está también disponible en formato audiovisual en el vídeo que insertamos más abajo. Un buen aperitivo, sin duda para el panel que, sobre la cuestión, moderaremos en Mayo, en Colonia (Alemania), en el 19th International Congress of Classical Archaeology (ver panel 8.7 aquí). 

Ahora, sólo queda disfrutar de esas dos muy jugosas actividades académicas con la seguridad, además, de que lo tratado en ellas abrirá nuevos horizontes de investigación, en algunos casos -sobre todo a los colegas- les permitirá verificar, o negar, procesos históricos como los descritos en ellos y, ojalá también, apasionará por la Historia de Roma en general -y de por la de Hispania en particular- a muchos otros.



OPPIDA LABENTIA (y II)




[Cubierta del volumen II de la Serie de Monografías "Los Bañales" que aborda, desde diversas perspectivas arqueológicas e históricas, la cuestión de las transformaciones urbanas acaecidas en Occidente a partir de finales del siglo II d. C. El libro está accesible para venta a partir de Pórtico Librerías (pincha aquí) y comprándolo contribuyes a sostener el proyecto de la Fundación Uncastillo en Los Bañales]

Ya hace algunos años que Oppida Imperii Romani se detuvo en el asunto de los oppida labentia (pincha aquí), las "ciudades en dificultad" como las denomina la Historia Augusta a propósito de la biografía de Marco Aurelio (SHA. Marc. 23, 3). Lo hizo, en aquella ocasión, para celebrar la publicación de dos trabajos -a los que ha seguido uno más, también imprescindible, editado por la Casa de Velázquez y que tuvimos oportunidad de reseñar no hace mucho (Zephyrus, 77, 2106): Urbanisme civique en temps de crise (Madrid, 2015)- que ponían de manifiesto que, efectivamente, la documentación arqueológica estaba posicionando a la investigación ante un horizonte crítico para muchas ciudades hispanas mucho antes de la denominada crisis del siglo III d. C. que, efectivamente, sí debió serlo para muchos centros urbanos pero comenzando algo antes, a finales del Alto Imperio por más que parte de la historiografía se empeñe en resaltar lo contrario o, mejor dicho, en hacer de las excepciones -casos de ciudades que perviven y que, incluso, mantienen su equipamiento monumental y su prestigio durante los siglos IV y V d. C.- normas generales (pueden verse nuestras reflexiones al respecto en la presentación que utilizamos como base para una conferencia en el coloquio La Pérdida de las Hispanias, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid en Febrero de 2016: pincha aquí). 

Ahora, y como continuación al volumen Las cupae hispanas: origen, difusión, uso, tipología (Uncastillo, 2012) que resultó de los trabajos del I Coloquio de Arqueología e Historia Antigua de Los Bañales, el proyecto arqueológico al que tantos desvelos estamos dedicando desde hace ya casi diez años, presenta este segundo trabajo -de más de 560 páginas- en el que se analiza, de la mano de casi veinte expertos vinculados a otros tantos centros de investigación españoles y extranjeros- el asunto de la sostenibilidad del modelo romano de ciudad y, en particular, del modelo municipal que, como es sabido, descansó en la convalidación por parte de Roma de los iura e instituta locales. El contenido es, en parte, resultado de los trabajos del II Coloquio de Arqueología e Historia Antigua de Los Bañales y de una reunión celebrada en Pamplona en Noviembre de 2016 (pincha aquí) que supuso una secuela de la anterior, celebrada en Uncastillo, Layana y Ejea de los Caballeros en Septiembre de 2015. Ya Á. D'Ors, seguramente uno de los mejores Romanistas con que ha contado este país, en su Epigrafía Jurídica de la España Romana (Madrid, 1953) afirmaba rotundamente (p. 143): "El apogeo [de la vida municipal en Hispania] era más bien una apariencia de bienestar general, explotado por pequeños grupos caciquiles, y que, pese a las apariencias, la organización de las ciudades carecía de aquellas reservas de vital autonomía necesarias para superar la decadencia en que inmediatamente incurrieron. La ruina del Imperio fue precedida de una ruina de las ciudades". Y lo cierto es que las propias exigencias del modelo municipal así lo reflejan: un sistema obsesionado con la recaudación (Irn. 19), con la salvaguarda de la pecunia communis municipum -el "caudal común de los munícipes"- (Irn. 20, 60, 79),  con la vigilancia del gasto -el "techo de gasto" diríamos hoy- en lo referente a la pecunia publica (Irn. 77 y 80), que estaba, además, necesitado de una permanente voluntariedad y compromiso por parte de magistrados, elegibles para serlo (Irn. 31) e incluso, habitantes (Irn. 83) y que, naturalmente -dada su base agraria (Irn. K)- debió vivir dificultades tan pronto como éstas se plantearon (precisamente ése ha sido el tema de la XII Semana Romana de Cascante, que nos ha reunido no hace mucho para debatir sobre la cuestión bajo la hospitalidad de la Asociación Vicus de Amigos de Cascante y la UNED de Tudela: puedes ver la charla que impartimos sobre el tema aquí, con abundante documentación). Y esas dificultades tuvieron razones bien diferentes tanto de tipo estructural -la propia debilidad del modelo municipal- como de carácter coyuntural: unas veces pudo ser el agravamiento de la sequía atestiguado para finales del siglo II d. C., otras veces el absentismo de los cargos municipales, otras veces las prácticas urbanas poco sostenibles desde el punto de vista medioambiental, otras la competitividad entre ciudades o, incluso, las represalias políticas (puedes acercarte a las fuentes que atestiguan esos cambios a partir de esta presentación -pincha aquí- y del capítulo que firmamos en el volumen junto con Inmaculada Delage, a propósito de Los Bañales, disponible en Academia.edu desde aquí). El tema es tan sugerente -y necesario de ser estudiado a partir del estudio de la casuística local- que, a día de hoy, y por un espacio de tres años, está ya en marcha un Proyecto de Investigación financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España y con sede en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Su próximo hito será, de hecho, la celebración de una nueva reunión científica acerca de la cuestión -con ponentes de altísimo nivel que incluyen a los Catedráticos de Arqueología y de Historia Antigua de Oxford y de Cambridge- entre Santa Criz de Eslava y Los Bañales de Uncastillo los días 9, 10 y 11 de Noviembre próximos. 

Y si aun estás con dudas sobre el valor y las aportaciones de este volumen, sobre lo que va a suponer para nuestro conocimiento de la Historia de la vida urbana en Hispania y, por supuesto, sobre lo apasionante y poliédrico del tema lee la reseña que, sobre él, acaba de ver la luz en Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 25, 2017... ¡No te defraudará! Y recuerda que, además, comprando el volumen -bien en la presentación que tendrá lugar en la UNED de Ejea el próximo 30 de Junio (pincha aquí), bien en la Jornada de Puertas Abiertas de Los Bañales el próximo 23 de Julio, secuelas de la presentación que, el pasado mes de Mayo, tuvo lugar en Roma, en la Escuela Española de Historia y Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (pincha aquí)- contribuyes a que siga adelante la investigación arqueológica en un yacimiento que está retratando, como pocos, el perfil material de esa crisis urbana.

¿A qué esperas? Si quieres saber, de verdad, por dónde camina la investigación actual sobre la cuestión de la vida municipal hispanorromana, este libro no puede faltar en tu biblioteca. Puedes adquirirlo en Ejea de los Caballeros el próximo día 30 de Junio o en Los Bañales el próximo 23 de Julio o, sencillamente, pedirlo por internet (pincha aquí). 

DE QVADRATARIO TITVLORVM (y II)



Una de las etiquetas que nos parecen más útiles de Oppida Imperii Romani, es Epigraphica que compilas las entradas en las que se recogen materiales y herramientas que interesarán a quienes trabajan con el legado escrito, epigráfico, de la, a su vez, más epigráfica de las civilizaciones clásicas, la romana. Entre los posts que componen esa sección hay uno, de febrero de 2014, que lleva por título "De quadratario titulorum" y en el que explicábamos en detalle  y con bastantes recursos hipervinculados en red cuál era "el proceso material de una inscripción latina", por emplear la misma expresión con la que, en 2009, dábamos título a uno de los capítulos de nuestro Fundamentos de Epigrafía Latina (Madrid, 2009). En él, además, se incorporaba un álbum de fotos alojado en el Flickr de Oppida Imperii Romani -al que puedes acceder pinchando sobre la fotografía que figura bajo este párrafo- y que titulado "Un quadratarius en el siglo XXI: el proceso material de una inscripción romana" ilustraba cómo era el trabajo de un scriptor titulorum en el mundo romano. Las imágenes del mismo fueron tomadas mientras Chema Laborda -maestro cantero de Biota (Zaragoza)- trabajaba en las réplicas del singular conjunto epigráfico de Labitolosa (La Puebla de Castro, Huesca), financiadas por la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón. El espíritu de ese trabajo fue el mismo que, apenas dos años antes, había llevado al propio Chema a realizar réplicas de los conjuntos de M. Fabius Nouus y Porcia Fauentina y de Pompeia Paulla en el lateral occidental del foro de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza) tres conjuntos epigráficos sin duda extraordinariamente singulares (para ellos véase Archivo Español de Arqueología, 68, 1995 además de Espacio, Tiempo y Forma. Serie 2. Historia Antigua, 25, 2012 y Archivo Español de Arqueología, 87, 2014 además de una reciente valoración de conjunto de los dos últimos, aquí). 

Un "quadratarius" en el siglo XXI: el proceso material de una inscripción romana

Aquel post estaba motivado, además, por la emisión, por aquéllas fechas, de un vídeo elaborado bajo mi dirección por el servicio de medios audiovisuales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia donde, junto a otros que obran en el Canal de Vídeos de Los Bañales (como éste), se reconstruía el proceso artesanal de fabricación de una inscripción romana en el marco del replicado de los tituli del foro de Los Bañales (pincha aquí). 

Transcurridos ya tres años de aquél post, el pasado mes de diciembre de 2016 fuimos invitados por Manuel Ramírez, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y autor del imprescindible blog E-Pigraphia, a -con clara vocación de transferencia social- dictar un seminario en Las Palmas expresamente centrado en la cuestión. La charla -que llevó por título "De quadratario titulorum: el proceso material de una inscripción romana" y cuyo material está disponible también, para descarga, en nuestro perfil de Slide Share- fue íntegramente grabada y en estos últimos días de marzo de 2017 ha sido difundida ya por el canal de vídeos de la Biblioteca de esa Universidad y, además, formó parte de un Proyecto de Innovación Educativa (CPEIE 2015-15) titulado "Taller de Epigrafía experimental: tituli heic ordinantur et sculpuntur" financiado por el Vicerrectorado de Organización Académica y Profesorado de la Universidad de Las Palmas. Para complementar aquélla entrada de 2014 y seguir alimentando la curiosidad de quienes disfrutan con las lapidariae litterae este nuevo post de Oppida Imperii Romani comparte con todos el vídeo íntegro de esa charla como un recurso, un instrumento más, que añadir a los que periódicamente, os vamos regalando. ¡Ojalá os resulte útil! Lo tenéis coronando este post y, también, aquí

SPARTACVS DVX


Una de las suertes de trabajar en la Universidad de Navarra es que uno cuenta con estudiantes absolutamente extraordinarios. En concreto, en la Facultad de Filosofía y Letras son especialmente dinámicos los que cursan el Doble Grado en Historia y Periodismo compartiendo su tiempo entre las aulas de la Facultad y las de la prestigiosa Facultad de Comunicación. Uno de esos estudiantes, Pablo Úrbez -que pasó por la excavación de Los Bañales de Uncastillo en 2013- es, además de un gran fan del cine -no en vano firma un recomendabilísimo blog: Ciudadano Purbez-, un buen historiador en ciernes experto, además, en cine histórico, tema que está siendo el horizonte de su Trabajo de Fin de Grado y promete serlo, también, de su futura Tesis doctoral. Pasión que ha volcado, en el marco de varias asignaturas de la Facultad de Comunicación, en su programa Historify, que puede seguirse en la serie de audios "Al Este del plató", alojados en la plataforma Ivoox

Hace apenas unos días, Pablo me invitó a su programa -que contaba en la realización con otro buen estudiante de Los Bañales, Jesús Dorado- para, como historiador de la Antigüedad -en absoluto experto en la época ni en el acontecimiento-, juzgar con él la historicidad de un clásico del cine, la película Espartaco, de Stanley Kubrick (1960) una película cargada, además, de anécdotas de rodaje, estreno y ecos que encantarán a los cinéfilos (pincha aquí). 

Aunque sobre la película y su fiabilidad histórica -como ha recogido el siempre recomendable blog de Fernando Lillo y su alter ego, Cine y Mundo Clásico- existe abundante bibliografía (imprescindibles son los trabajos de Ó. Lapeña en general y los publicados en Iberia 10, 2007 o en Faventia 24-1, 2002 en particular y, antes, el de R. Pérez y D. Téllez en el número 3, 2000, de esa misma revista de la Universidad de La Rioja además del célebre de FATÁS, G.: "Espartaco, de S. Kubrick", en UROZ, J. (ed.): Historia y cine, Alicante, 1999, pp. 5-41), esa invitación fue una buena excusa para volver sobre el gladiador tracio y, en particular, sobre lo que sobre él se ha escrito (fundamentales son URBAINCZYK, Th.: Spartacus, Lodres, 2004 y SCHIAVONE, A.: Spartacus, Cambridge, 2013) y -especialmente- sobre lo que de él dicen las fuentes antiguas, en particular, en Latín, el Epítome de Floro (2, 8, 3-14, pincha aquí para traducción al inglés) -responsable de ese título de dux para el cinematográfico esclavo- y, en griego, tanto Apiano (BCiu. 1, 116-120, a partir de aquí también en griego) como Plutarco (Crass. 8-11, a partir de aquí en griego) que se ocuparon de abordar la llamada tercera guerra servil y que detallaron las campañas de este esclavo romano comprado como gladiador y protagonista de uno de los más convulsos episodios de la República Tardía romana entre el 73 y el 71 a. C. (el calendario de esa revuelta y sus protagonistas por parte del bando romano están bien presentados en la edición española de la Wikipedia y un juicio histórico apropiado del film puede verse en este reportaje de Hello Friki o en la ficha correspondiente del blog EduKacine).

El resultado puedes escucharlo en el podcast que te dejo más abajo y que, espero, te guste. Como digo al final del audio, siempre es un placer dedicar tiempo a ver películas "de romanos" no en vano vuelven a poner de manifiesto la grandeza de una civilización que tanto ha marcado la Historia y la cultura de Occidente al margen, claro está, de las posibilidades didácticas de las mismas (véase LILLO, F.: El cine de romanos y su aplicación didáctica, Madrid, 1994) y, en el caso del Espartaco de Kubrick, también las políticas, si no escucha el audio y juzga tú mismo.