PECVNIA COMMVNIS

 


[Folleto del IV Coloquio de Arqueología e Historia Antigua de Los Bañales, a celebrar entre Ejea de los Caballeros, Uncastillo y Los Bañales en el mes de septiembre]

Desde que iniciamos, hace ya quince años, nuestro trabajo de investigación histórica y arqueológica en Los Bañales de Uncastillo, una de las cuestiones que más llamó nuestra atención -y así lo hicimos constar en uno de los primeros posts de Oppida Imperii Romani- fue la aguda crisis urbanística que la ciudad romana parece vivió en la segunda mitad del siglo II d. C., asunto sobre el que publicamos algunos de nuestros primeros trabajos de investigación sobre el lugar (New Perspectives on Late Antiquity, Cambridge, 2011, pp. 119-123) y sobre sus singulares materiales (Saguntum, 43, 2011, pp. 167-175). 

Esa evidencia se fue constatando de manera notable también en los trabajos realizados, a partir de 2011, en el foro de la ciudad romana y, de hecho, derivó -de la mano de la historiadora de la Antigüedad Judit Mata, formada en la cantera de investigadores en que se ha convertido nuestro proyecto en Los Bañales- en la creación del concepto de los oppida labentia, las "ciudades en dificultad" que, como sabrá el lector de este espacio, no sólo es el título del volumen 2 de la Serie de Monografías Los Bañales -a punto de agotarse si no ya agotado- sino que es una etiqueta recurrente en este blog (remitimos a una entrada del año 2015 en que explicábamos el sentido de la citada expresión). En esa percepción inicial de la gravedad -no sólo material, también institucional (contra esta realidad pueden verse las opiniones de Enrique Melchor al respecto en Ciudadanías, ciudades y comunidades cívicas en Hispania (de los Flavios a los Severos), Sevilla, 2019, pp. 329-352)- de la crisis urbanística tenía mucho que ver, sin duda, por una parte, el estatuto jurídico de Los Bañales como municipio flavio, una promoción que, como se ha señalado no hace mucho en trabajos específicos sobre historia económica (ver LEVEAU, Ph., "The Western Provinces", en The Cambridge Economic history of the Greco-Roman World, Cambridge, 2017, pp. 650-670, p. 666) debió tener mucho que ver con la pujanza económica de las ciudades hispanorromanas en las tres últimas décadas del siglo I d. C. Pero por otra parte, también debió ser determinante la extraordinaria pujanza arquitectónica que alcanzó la ciudad en los tiempos julio-claudios y que, al parecer, fue notablemente compartida por otras comunidades cívicas de la Tarraconense acaso estimuladas por el impacto del tercer viaje de Augusto a la península. A esas comunidades cívicas extraordinariamente monumentalizadas para la época julio-claudia las hemos denominado parua oppida -mejor que small towns, como explicábamos en una entrada del pasado curso académico- y han centrado también no sólo el volumen 3 de la Serie de Monografías Los Bañales -éste aun disponible- sino, también, una etiqueta específica de Oppida Imperii Romani y, desde luego, varios esfuerzos para dar continuidad, respecto de esa temática al proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación del que disfrutamos hace unos pocos años para el trabajo sobre los oppida labentia

Es evidente que en la proliferación de las facilities propias del modo de vida urbano en la Tarraconense entre Augusto y los Flavios no sólo el éxito de un modelo romano -el de ciudad- resultó fundamental (WOOLF, G., Becoming Roman: The origins of Roman provincial civilization in Gaul, Cambridge, 1998). Obviamente, si la crisis urbana medio-imperial ponía de manifiesto la debilidad del propio expediente municipal (Cadmo, 27, 2018, pp. 29-46, con bibliografía) y el colapso de un sistema económico global y de éxito como no había conocido Occidente, hasta la fecha, otro igual (HARPER, K., El fatal destino de Roma: cambio climático y enfermedad en el fin de un Imperio, Barcelona, 2019) debemos pensar que el despegue monumental de las ciudades de comienzos del Principado tuvo que descansar sobre unas bases económicas saneadas que permitieron a las elites locales reinvertir parte de las ganancias de sus negocios en una política de dignificación urbana responsable del ornato que caracteriza a muchas de estas comunidades. Y esa bonanza económica -como subraya con acierto, por ejemplo, el libro de Kyle Harper antes citado- parece debió quebrarse coincidiendo con otros acontecimientos coyunturales -entre ellos la peste antonina, también protagonista de algunas entradas antiguas en este espacio- de la segunda mitad del siglo II d. C. y que acabaron generando, en muchas comunidades, ese panorama de oppida deserta, de "ciudades desiertas", de urbes extinctae, "ciudades extintas", que también ha interesado recientemente a la investigación (CHRISTIE, N., y AUGENTI, A. (eds.), Vrbes extinctae: archaeologies of abandoned classical towns, Farnham, 2012). Profundizar, por tanto, en el modo cómo las categorías históricas de "crisis", "resiliencia" y "recuperación" (SALZMAN, M. R., The falls of Rome: crises, resilience and resurgence in Late Antiquity, Cambridge, 2021) afectaron a esas denominadas "ciudades del poder" (Revista de Historiografía, 25, 2017) en las puertas de la Antigüedad Tardía y, también, en cuáles fueron las bases que, centurias antes, las hicieron solventes parece -en un estudio de casos pero, también, en un análisis general- absolutamente prioritario. 

Es sabido que, en líneas generales -salvo excepciones muy concretas- la economía romana fue, esencialmente, dependiente de la tierra. En los últimos años, además, la bibliografía sobre la cuestión se ha incrementado notablemente (BOWMAN, A., y WILSON, A. (eds.), The Roman agricultural economy: organization, investment, and production, Oxford, 2013; ERDKAMP, P., VERBOVEN, K., y ZUIDERHOEK, A. (eds.), Ownership and Exploitation of Land and Natural Resources in the Roman World, Oxford, 2015; HOLLANDER, D. B., Farmers and agriculture in the Roman Economy, Londres-Nueva York, 2019, entre otros títulos) y lo ha hecho, además, con miradas críticas e innovadoras respecto del análisis de las que deben ser nuestras fuentes para estudiar la agricultura y la gestión de los paisajes de época romana. Para el caso concreto de la ciudad romana de Los Bañales no parece que el panorama fuera diferente y debieron ser primarios los recursos que explicaron el sensacional despegue urbanístico que explicó, por ejemplo, la articulación del foro y la urbanización del barrio septentrional. De ello, sin duda, da buena prueba la tupida red de asentamientos rurales -esencialmente del tipo uillae pero también algún uicus (ver síntesis, con toda la bibliografía en ANDREU, J., "De la atomización a la concentración del poblamiento rural entre el Alto Imperio y la Antigüedad Tardía": el territorium de la ciudad romana de Los Bañales ("Hispania Citerior)", en Villa and domain at the end of Antiquity and the beginning of the Middle Ages, How do rural societies respond to their changes?, Pau, 2015, pp. 11-23)- que jalonaron el paisaje agrario de Los Bañales así como abundantes evidencias materiales que son, por un lado, muestra de la pujanza de la agricultura local pero, también, de la intensa ocupación demográfica del espacio (sobre estos dos temas pueden verse los originales enfoques de DE VOS, M., "The rural landscape of Thugga: farms, presses, mills and transport", en BOWMAN, A., y WILSON, A. (eds.), The Roman Agricultural Economy: organization, investment, and production, Oxford, 2013, pp. 143-218 y, también, LO CASCIO, E., "Urbanization as a proxy of demographic and economic growth", en BOWMAN, A., y WILSON, A. (eds.), Quantifying the Roman Economy. Methods and problems, Oxford, 2009, pp. 87-106).

Pero, como hemos venido haciendo en nuestro proyecto desde 2009, los problemas locales -como éstos atestiguados en esta década larga de trabajo en Los Bañales- deben ser abordados desde una óptica global, general, compartida y consorciada. Ésa ha sido, de hecho, la filosofía de los Coloquios de Historia Antigua y Arqueología de Los Bañales desde que celebramos el primero en 2009, sobre las cupae hispanas y que dio lugar el volumen 1 de la Serie de Monografías de Los Bañales. Es por eso que, en 2022, vamos a reunirnos, con el apoyo del Centro de Estudios de Cinco Villas de la Institución Fernando el Católico y con el de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, para discutir sobre la pecunia communis, sobre las bases económicas, el presupuesto y los ingresos de estas pequeñas ciudades que, como Los Bañales, experimentaron un notable despegue alto-imperial preludio de su notable crisis posterior, medio-imperial que, además, por su agudo carácter pone de relieve también las altas cotas de monumentalidad urbana que dichos centros llegaron a alcanzar en apenas unas pocas décadas.

El encuentro tendrá lugar los días 22, 23 y 24 de septiembre entre Ejea de los Caballeros, Uncastillo y la ciudad romana de Los Bañales y, como habrá notado el lector curioso que haya descargado el programa del mismo, enlazado más arriba, éste ha logrado reunir a investigadores llegados desde Estados Unidos (University of Los Angeles, California), Portugal (Universidade de Coimbra), Reino Unido (University of Oxford, University of Liverpool), Francia (Université de Pau et des Pays de l'Adour y Université de Bordeaux), Italia (Escuela Española de Historia y Arqueología), Alemania (Universität Hamburg) y España (Universidad de Zaragoza, Universitat Autònoma de Barcelona, Universidad de Sevilla, Universidad de Cádiz, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Cátedra Galiay de la Institución Fernando el Católico y Universidad de Navarra) todos reputados hispanistas que, además, en su mayor parte, van a pasar a integrar un Comité Científico Asesor del proyecto de Los Bañales, fórmula ésta -como tantas cosas en nuestro proyecto- pionera en Aragón y que volverá a demostrar, como rezaba el titular de una pieza informativa reciente publicada por El Periódico de Aragón, que Los Bañales es ya una referencia de carácter mundial. Muy a propósito, además, y conscientes del carácter histórico del evento, hemos querido que -pese al nivel de los ponentes participantes- la inscripción al ciclo de conferencias sea gratuita para facilitar a quien lo desee que se acerque a Cinco Villas para ver de qué modo un proyecto como Los Bañales se convierte, al menos por unos días, en la capital mundial de los estudios sobre Antigüedad Clásica. 

¡Os esperamos!




VALETE VIATORES (y VIII)

 


[Reportaje sobre las inscripciones romanas publicado por Nerea Alejos en Diario de Navarra en agosto de 2022, también con versión digital en dos secciones: I y II]

Quien haya sido, en estos quince años de andadura de Oppida Imperii Romani, lector asiduo de este blog reconocerá la admiración de quien escribe estas líneas por el legado de los grandes maestros. Los homenajes, general y tristemente necrológicas, que hemos publicado en honor de los insignes y lamentablemente desaparecidos epigrafistas Géza Alföldy (1935-2011) o Joaquín L. Gómez-Pantoja (1953-2020) pueden servir de ejemplo. Esa fascinación pudimos comprobarla de nuevo hace apenas unas semanas en el panel que, coordinado por las profesoras Silvia Orlandi, de la Università di Roma La Sapienza y Alison Cooley, de la University of Warwick, se centró en la relación entre la Epigrafía y el patrimonio cultural en el marco del XVI Congreso Internacional de Epigrafía Griega y Latina celebrado en Burdeos, en el corazón, de hecho, de la hermosa ciudad del Garona. En las palabras de apertura del citado panel, la Profª Orlandi aludió a su convencimiento de que la labor del estudioso de las inscripciones antiguas, del epigrafista, no terminaba apenas con la lectura, datación y contextualización de los textos antiguos escritos sobre soporte duro tareas todas que constituyen el core de la investigación epigráfica (LASSÈRE, J. M., Manuel d'Epigraphie romaine, París, 2007 o ANDREU, J., Fundamentos de Epigrafía Latina, Madrid, 2009) sino que debía contemplar, también, la transferencia de la información de esas inscripciones a la sociedad. En esa afirmación, además, esta insigne investigadora, presidenta de la Asociación Internacional de Epigrafía Griega y Latina, aludió a que la fe en esa apuesta por la transferencia la había heredado del que fuera su maestro, otro de los grandes epigrafistas de nuestro tiempo y que, también, nos dejó no hace mucho: Silvio Panciera (1933-2016).

Efectivamente, en muchos de sus trabajos, en particular en la recopilación que, en varios volúmenes, se hizo en 2006, este insigne profesor de La Sapienza compartió gran cantidad de reflexiones suyas de corte más bien epistemológico -todas recomendabilísimas- que destilaban -como luego se mostró en el volumen Silvio Panciera: in memoriam di un maestro, riflessioni, Roma, 2019- su singular, moderna e innovadora concepción de la ciencia de las inscripciones. Así, en algunos ellos, el sabio italiano definía a la inscripción, al "epígrafe", como -y la traducción es nuestra, del italiano- "un particular género de comunicación humana escrita, que podríamos considerar unidireccional (en el sentido de que no se espera una respuesta que lleve al emisor) y que, al tener la característica de no estar dirigida a una persona o a un grupo sino a la colectividad, ha de tener en cuenta la colocación, las técnicas de escritura, las formas gráficas de la maquetación, los códigos y registros expresivos más idóneos al servicio del objetivo que el mensaje busca y, por tanto, diferente a cualquier otro modo de comunicación contemporánea como la palabra, sea oral, documental o literaria" (PANCIERA, S., "Epigrafi", en Terme de Diocleziano. La collezione epigrafica, Milán, 2012, pp. 3-12, p. 10). Además, insistía en de qué modo -y de modo especial al mostrar inscripciones antiguas- los epigrafistas debíamos buscar enfoques didácticos que ampliaran el impacto de cualquier titulus y las posibilidades de inteligibilidad de los mensajes que éstos portaban, especialmente -como reflexionábamos aquí hace algún tiempo, recopilando buenas prácticas en ese sentido- en museos y colecciones museográficas que cuenten con un buen volumen de inscripciones (PANCIERA, S., "Archeologia. Iscrizioni e museu", en en Epigrafi, epigrafia, epigrafisti. Scritti vari editi e inediti (1956-2005), Roma, 2006, pp. 1782-1789) todas, siempre, de hecho, extraordinariamente importantes. No en vano, el propio Panciera llegaba a afirmar, por ejemplo que, "no hay inscripción sin importancia aunque, evidentemente no todas las inscripciones son igualmente importantes" (PANCIERA, S., "Didattica. L'insegnamento dell'epigrafia in Italia", en Epigrafi, epigrafia, epigrafisti. Scritti vari editi e inediti (1956-2005), Roma, 2006, pp. 1936-1937, p. 1936).

Para este estudioso de las inscripciones romanas -uno de los más prolíficos y uno de los maestros con mayor número de discípulos que ha conocido la Epigrafía Romana del último siglo- estaba, pues, claro, el poder pedagógico, narrativo y comunicativo de las inscripciones romanas. Precisamente, en nuestra intervención en el panel congresual a que aludíamos más arriba -que versó sobre el proyecto "Valete uos uiatores: travelling through Latin inscriptions across the Roman Empire" que acumula ya una buena serie de entradas en este espacio- antes de entrar en detalles sobre los resultados del proyecto -que están o estarán todos ellos disponibles en la enlazada web del proyecto  y que más abajo enlazamos, de hecho- convinimos en tres realidades en las que, creemos, estarán de acuerdo todos los epigrafistas y quienes, como vosotros, lectores, amáis el mundo clásico y su legado: [1] la pasión por la palabra escrita, [2] la preocupación por la falta de vocaciones científicas para su estudio y, [3] por último, la fe en las posibilidades -en un futuro que ya es presente desde hace años- del mundo digital. Junto a ellas, sin duda, dos realidades, la primera, que urge reivindicar los valores inherentes a un sistema de comunicación -el epigráfico- de extraordinaria importancia y, sobre todo, global en época romana, dirigido a la comunidad en general, como señalábamos más arriba haciendo "hablar" a Silvio Panciera y que, del mimo modo, urge crear soluciones para que ese patrimonio epigráfico que llena nuestros yacimientos arqueológicos y nuestros museos se vuelva, de verdad, inteligible para el gran público y no pase desapercibido ante otros restos materiales de ese sensacional legado de Roma. 

A partir de estas premisas, pues, nos corresponde a todos los que trabajamos con el mundo antiguo y con su "materialidad" hacer -como titulaba la edición portuguesa de National Geographic del pasado mes de junio monográficamente dedicada a la Lusitania romana con el título "A Lusitânia Romana: fronteira do mundo antigo"-  más palpable el mundo romano y diseñar, como ha recordado hace unas pocas semanas esta misma revista en su edición digital española, herramientas que ayuden a la gente a entender qué significaba ser romano. Os dejamos aquí las dos páginas que, en el número extraordinario sobre Lusitania, se dedicaron a nuestro proyecto y que, además, ofrecen -bajo la sagaz pluma de Gonçalo Pereira- interesantes reflexiones de los colegas de la Faculdade de Letras de la Universidade de Coimbra Armando Redentor y Pedro Carvalho sobre el papel de las inscripciones e la sociedad romana.


El proyecto Valete uos uiatores, de hecho, como explicábamos en las dos entradas de este blog en que hablábamos de sus objetivos y de su planteamiento, ha pretendido, en primer lugar, acercar a la sociedad el papel que las inscripciones tenían en Roma ayudando a crear herramientas que estimulen su inteligibilidad y que refuercen esa idea, antes señalada, de que aunque no todas las inscripciones de época romana tienen la misma importancia todas, absolutamente todas, son importantes en tanto que fuente histórica y en tanto que reflejo de una compleja sociedad como fue la que Roma creó en todo Occidente a través de un sensacional proceso de latinización y de impacto cultural que, de hecho, ha inspirado el sensacional proyecto europeo LatinNow, que se presentó también en el panel de discusión que ha inspirado este post. En segundo lugar, ha buscado acercar al gran público el proceder, el work-flow, el modus operandi, de la Epigrafía en tanto que disciplina científica: cuáles son sus retos, sus órganos editoriales, sus protocolos de trabajo tanto desde el punto de vista tradicional como desde el virtual trazando una evolución que, en cierto modo, encontrará también el lector asiduo a las entradas con la etiqueta Epigraphica que se recogen en este blog y en los primeros vídeos de la sección Epigrafía Romana de nuestro canal de YouTube. Y, en tercer lugar, hemos pretendido -también para servir a esos dos objetivos aquí indicados- crear nuevas herramientas que pongan en valor no sólo los valores inherentes a los epígrafes -extraordinariamente bien definidos en el artículo de Silvio Panciera que enlazábamos más arriba, en primer lugar- sino, también, el carácter patrimonial, de herencia cultural, de aquéllos y que, en definitiva, hace justicia a la vocación que los textos escritos sobre soporte duro tuvieron en Roma en tanto que "mensajes para la eternidad" como, con acierto, titulaba Nerea Alejos, de Diario de Navarra, el reportaje que encabeza este post

Teniendo estas premisas en cuenta, es cierto que cada uno de los deliverables del proyecto, la serie audiovisual, por un lado, el museo virtual, por otro, el videojuego o la publicación, en último término, acaso ponen el acento en una audiencia concreta o en uno de estos objetivos de un modo más especial pero, al fin y a la postre, nos parece que todos ellos -y el proyecto en su conjunto, a cuyos materiales, de hecho, también se puede acceder digitalizando los QRs que se ofrecen a continuación- han servido para que las inscripciones tengan una mayor presencia mediática que, en definitiva, nos ayuda a justificar socialmente nuestro trabajo y nuestra pasión, como antes decíamos, por la palabra escrita. Algunos de esos impactos, de hecho, los hemos ido enlazando en las entradas que llevan la etiqueta Valete uiatores. Buena muestra de ello son los dos reportajes, ambos a doble página, que justifican esta nueva entrada. El que vio la luz el domingo 14 de agosto en Diario de Navarra y el que, con la excusa de un sensacional monográfico sobre la prouincia Lusitania, elaboró National Geographic a comienzos del mes de julio. 

 

Con el trasfondo de considerar el texto escrito sobre soporte duro en época romana uno de los legados clave de Roma a nuestra civilización, en ambos reportajes nos parece se subrayan algunas características esenciales de las inscripciones romanas y de su valor como legado cultural a preservar, estudiar y promocionar con ejemplos, además, muy bien escogidos para las imágenes que los ilustran. En primer lugar, los dos ponen de relieve que la difusión de las inscripciones constituye, sin duda -con permiso de su desaparición al cabo de los siglos y de los condicionantes de su conservación- el mejor indicio del éxito del fenómeno globalizador de Roma como también lo es el complejo repertorio de soportes sobre los que encontró acomodo "epigráfico" la cultura escrita cotidiana, como explicábamos hace algunos meses en este blog; en segundo lugar, que las inscripciones constituyeron el mejor medio de auto-exhibición personal e institucional casi semejante, en su calado y alcance global, a la función que hoy desempeñan nuestras redes sociales; en tercer lugar que pese a la existencia de un hábito epigráfico que podríamos llamar "oficial", romano, nacido en la Roma de Augusto, éste fue tomando forma en las provincias a través de una amplia serie de culturas epigráficas que  urge estudiar, conocer, caracterizar y comprender. Caracterizándolas, de hecho, llegamos a iluminar, a hacer visible, la historia -generalmente casi anónima- de esas gentes cotidianas, ordinarias que, con sus inscripciones -sean funerarias o votivas o sean sencillos grafitos como los deliciosos del Palatino de Roma o de la regio V de Pompeya- nos acercan a sectores menos representados de la sociedad romana y a sus preocupaciones y carencias pero, también -como recientemente hemos expuesto aquí a propósito del mediático caso de las inscripciones de Marchena (Sevilla)- a aquéllos que manejaron los destinos de las comunidades cívicas en que se articuló y sobre las que descansó el éxito de la administración imperial no en vano fue durante el Principado cuando el hábito de grabar inscripciones conoció su mayor difusión. Un hábito que sigue emocionando después de veinte siglos y que es de celebrar que encuentre acomodo en las páginas de diarios de información generalista.

Vale uiator!



INDVSTRIA ET STVDIVM

[Lienzo A reading from Homer, de Lawrence Alma-Tadema, 1885]

Si algo ha marcado las entradas de este 2022 -cuya recta final ya afrontamos- en Oppida Imperii Romani eso ha sido la necesaria, justa y categórica reivindicación del poder formativo de los clásicos greco-latinos y de la Historia Antigua, asunto que nos ha llevado a colaborar con los diarios La Razón o El Mundo en columnas y artículos que hemos recogido puntualmente en este blog y que han surgido en el marco de la ya tristemente aprobada reforma del Bachillerato de nuestro sistema educativo (ver entradas "Quod in Hispania nascitur", "Nuntia uetustatis", "Quid? quia? quam?"). Ya el pasado septiembre, abríamos el curso académico en Oppida Imperii Romani con el texto de las palabras que dirigimos a los nuevos estudiantes -alumnos de 1º- que se incorporaban a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, palabras a las que, en este espacio, pusimos por título "Oratores boni uiri" siguiendo una expresión de Quintiliano de Calahorra, el autor en cuyas enseñanzas nos inspiramos en aquella ocasión.

De cara a arrancar el curso 2022-2023 con esa reivindicación, todo un imperativo categórico moral, del valor del legado clásico y de las raíces humanistas de la institución universitaria, el primer post de Oppida Imperii Romani en este nuevo curso académico recoge las palabras -tituladas "Industria et studium", en esta ocasión- que dictamos en nuestra calidad de Vicedecano de Estudiantes y de Investigación y Postgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra en la edición de 2022 de la tradicional Jornada de Bienvenida de nuestra Facultad. Nos conformaremos con que resulten inspiradoras y muevan a la reflexión como siempre es el propósito de las agrupadas en las etiquetas Instrumenta y Disputationes de este espacio. El texto se acompaña de unas notas bibliográficas básicas, no exhaustivas pero esperemos que sugerentes.

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Queridos estudiantes, bienvenidos a vuestra andadura por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra / Dear students, welcome to your career in the School of Humanities and Social Sciences of the University of Navarra / Ikasle agurgarriak, ongi etorri Nafarroako Unibertsitateko Filosofia eta Letretako Fakultatean zehar egin duzun bidaiara.

Desde hace varios años, la Facultad -en práctica habitual en otros centros y que este año, además, ha tenido un sensacional pórtico en la macrojornada de ayer- os da la bienvenida en este incomparable marco: el Aula Magna de nuestra Universidad ubicada en este magnífico edificio, el Edificio Central. Seguramente, ahora no os imagináis la cantidad de horas que vais a pasar en él -no sólo en clase y estudiando, también en su cafetería y en sus acogedores pasillos- hasta que, muy pronto -más de lo que pensáis- estéis aquí de nuevo para recoger vuestro diploma como Graduados. 

Al adelantar esta Jornada de Bienvenida al día 31 de agosto y colocarla, por tanto, un día antes del inicio de las clases, quizás corremos el riesgo de que sean las emociones de mañana, en vuestras primeras clases en los Grados de Lengua y Literatura, Filosofía, Historia o Filosofía, Política y Economía, y en sus respectivos Grados dobles y diplomas, las que guardéis más tiempo en vuestra memoria, sin embargo, quien os habla, Vicedecano de Estudiantes de esta Facultad y, por tanto, a vuestra disposición desde ya para todo lo que os pueda preocupar o para cualquier iniciativa que queráis promover, cree en el poder evocador de cada experiencia universitaria y me gustaría que, muchas veces a lo largo de estos años, volvierais a repasar algunas de las ideas que quienes estamos interviniendo aquí os vamos a transmitir. Queremos que constituyan vuestro vademecum como universitarios para los próximos cuatro, cinco o, en algunos casos, hasta seis años. Yo las dejaré escritas en mi blog para facilitarlo. Allí podréis encontrarlas y repasarlas.

Os habréis fijado, en el rato que lleváis aquí, en toda la profunda simbología que envuelve esta Aula Magna y que evoca una palabra consustancial al espíritu universitario y, también, a los estudios humanísticos que os disponéis -vocacionalmente y ésta es, probablemente, la mejor garantía de éxito- a comenzar: tradición. Es por ello que mis palabras de hoy van a girar en torno a ese término que -lo sabéis bien los futuros filólogos aquí presentes- conecta con el campo semántico de la “herencia” y del “legado”. Y van a girar en torno a ello porque, como en años anteriores, y movido por la solemnidad que imponen estas históricas paredes, voy a hacer hablar aquí a los “clásicos”, no sólo a esos clásicos grecolatinos que, recientemente, alguien haescrito con acierto que “son para el verano” -al que le queda todavía algunas semanas- aunque, en realidad, son, como escribió Tucídides respecto de la Historia, un “tesoro para siempre” (I, 22, 4) [1], y que, se han denominado, también, auténticos “supervivientes” de la Historia [2] sino también a aquéllos otros “clásicos” que nos precedieron haciendo Universidad -y haciendo esta Universidad- y que forman parte de ese legado que todos, no sin orgullo, compartimos y que vosotros, también, sentís ya o sentiréis como propio muy pronto. Sobre otras acepciones de lo “clásico” ya hablaremos el próximo lunes en la asignatura de “Mundo Clásico” que muchos cursaréis.

Entre ambos, los clásicos grecolatinos y "los clásicos de la Universidad de Navarra”, he seleccionado -pues así suelo hacerlo cada año- a dos separados por, exactamente, 1888 años. Por un lado el escritor, biógrafo y anticuarista romano Valerio Máximo, al que historiadores de la Antigüedad y arqueólogos siempre acudimos en busca de noticias memorables sobre personajes de la Roma antigua, que él recogió en el reinado de Tiberio con claros fines moralizantes y en un periodo de paz para Roma pero de cierta decadencia moral en la que, como hoy, urgía mirar al pasado. Por otro, y nos dejó en diciembre del 2020 a pocos metros de este lugar, Francisco Ponz que fuera Catedrático de Fisiología y Rector de esta Universidad entre 1966 y 1979, nada menos que durante 13 años. Me ha parecido que los dos tienen cosas que deciros -que decirnos a todos pues también los profesores debemos seguir, en parte, siendo siempre alumnos- y, por tanto, yo seré aquí, simplemente, un canal de comunicación que, como solemos hacer los historiadores y los arqueólogos, de voz a ese legado, a esa tradición del pasado que, al ser tradición, es siempre viva y sólo necesita que la recordemos y, en la medida en que podamos, -y es eso lo más difícil pero también lo más apasionante- la encarnemos.

Se abre ante vosotros un alentador panorama de estudio. Tan alentador como exigente. Y es importante que lo acometáis bien pretrechados. Los clásicos son siempre un buen oráculo al que mirar y las páginas de los Facta et dicta memorabilia, Hechos y dichos memorables, de Valerio Máximo -escritos en la década de los años 30 del siglo I d. C. [3]- ciertamente, aportan, cuando menos, seis claves que, creo, os pueden venir bien. Me limitaré a enumerarlas muy someramente esperando que, los más curiosos, os animéis a descubrir a este autor como hace algunos años otros, a través de mis palabras, descubrieron a Quintiliano de Calahorra.

En su recopilación de exempla -muchos de ellos, y esto gustará a nuestros estudiantes de PPE, a juicio del propio Valerio Máximo, referentes para la acción política- este autor romano insiste en dos cualidades -en las que, a su juicio, fueron ejemplares el poeta Homero o el patricio Mucio Escévola- que deberéis poner en liza en estos próximos años: la industria y el studium, es decir, la “laboriosidad” y la “dedicación constante” (VIII, 8). Pero, contra lo que pudiera parecer lógico desde una óptica actual, este autor recuerda que esas dos uirtutes tienen que ponerse en relación con el otium. Sí, con el “ocio”. Pero un ocio, non quo euanescit uirtus, sed quo recreatur, es decir, un aprovechamiento de vuestro tiempo libre para actividades que os hagan crecer. La Universidad, y la Facultad, os van a ofrecer un amplio panorama cultural del que os animo a formar parte y con el que vais a poder estimular ese ocio que, como afirma este escritor romano, os ayudará a que “tras una oportuna interrupción en las ocupaciones”, podáis ejercerlas con mayores bríos.

Os enfrentáis a años que van a forjar vuestro carácter y éste, fundamentalmente, va a crecer atemperado por dos valores que también habréis de poner en práctica: la fortitudo, ponderosissima uis (III, 2), es decir, la “fortaleza de ánimo” definida como “la más poderosa fuerza” que os ha de llevar a -en las horas más exigentes de vuestro estudio y trabajo, que las habrá- evitar que “la temeridad arrastre vuestros pensamientos” (IV, 1) y, por otro lado, ese potens et praeualidum uinculum, ese “poderoso y valiosísimo vínculo” (IV, 7) que es la amistad. Deserta sit futura uita hominis nullius amicitiae cincta praesidio: “la vida humana es baldía, pues, si no se cuenta con el apoyo de ningún amigo”. Cultivad la amistad y el compañerismo con quienes hoy se sientan a vuestro lado en esta Aula Magna y con esos a los que apenas conocéis -especialmente con esos aún desconocidos que os obligan a salir de vuestra zona de confort- y convertid esos lazos -que son para toda la vida- en vuestra verdadera fortaleza, en vuestro praesidium, como dice el moralista romano.

Curiosamente, unida a la humanitas y a la clementia -la primera tan unida a vuestra esencia de humanistas- Valerio Máximo concede también extraordinaria importancia a la liberalitas, a la “generosidad” (V, 1) que, a su parecer, es la virtud que ejercita la honesta beneuolentia, los “buenos sentimientos”. Sobre ella hablaremos en apenas unos minutos, en la parte final de mi intervención. Sólo recordaré que para Valerio Máximo esa virtud es la propia de los hombres de Estado. Es quizás por ello que convenga, y esta Facultad la cultiva al máximo en estrecha colaboración con el Instituto Core Curriculum, esa educación liberal sobre la que ha reflexionado hace poco, en un libro reciente [4], nuestro ponente de hoy, el profesor José Mª Torralba.

Laboriosidad, estudio, aprovechamiento del tiempo, determinación, amistad y generosidad, no lo olvidéis. Es, quizás, lo esencial de estas palabras que os dirijo desde el privilegiado oráculo de la mejor tradición de nuestros clásicos grecolatinos y con el objetivo, además, de que estos y sus enseñanzas os ayuden a tener la mejor experiencia posible en el Campus.

Si antes hablábamos que, respecto de la tradición, el reto es ser capaces de encarnarla, quizás Francisco Ponz, al que cité antes, fue de las personas que mejor encarnó las enseñanzas del primer Gran Canciller y fundador de esta Universidad, San Josemaría Escrivá, cuya estatua presidirá vuestro día a día en este acogedor edificio. En un extenso trabajo suyo muy recomendable, publicado en el año 2002 [5] y en el que volvía sobre “los principios fundacionales de la Universidad” recomendaba a quienes, como vosotros, estudian en la Universidad de Navarra, tres cosas que siguen siendo válidas y que parecía pertinente recordaros: frecuentar el asesoramiento; colaborar con la vida académica y sentirse parte de la Universidad; y, por último, ejercer un adecuado -y universitario- espíritu de servicio. Sus palabras, seguramente, tienen mucha más fuerza que las mías y, por ello, las citaré seguidamente.

Ya sabéis que a partir de ahora contáis con un profesor que se os ha asignado como mentor. Acudid a él, desde la primera entrevista hasta vuestro último día como estudiantes pero acudid, también, al resto de profesores que os den clase. Molestadles sin pudor porque, como escribió Francisco Ponz, todos los que tenemos la suerte de ser docentes de esta casa intentamos ser buenos maestros y, como él decía, el buen profesor de la Universidad de Navarra siempre os ofrecerá “su guía en la investigación y la docencia”, os entregará “toda su experiencia académica y humana”, os enseñará “a pensar y a ponderar las cuestiones con recto criterio, a descubrir la verdad y a apreciar los valores del espíritu. Con su ejemplo y su consejo” -concluía él- os enseñará ”la vida” (p. 92).

Sobre vuestro responsable colaborar con la vida académica y cultural de esta Universidad, Francisco Ponz escribía “también los estudiantes (...) son y suelen sentirse parte viva de la Universidad. A ella vienen voluntariamente, en muchos casos con evidentes sacrificios familiares y personales, aunque encuentren, como es lógico, aspectos que les gustaría fuesen de otro modo; y, en general, se enorgullecen de ser sus alumnos, colaborando con iniciativas y sugerencias. Su relación con profesores, directivos y personal de administración y servicios ha de ser abierta y amable; los problemas que puedan surgir en la vida académica se plantean confiadamente y se resuelven en un clima de mutua inteligencia; se han de saber escuchados, atendidos y queridos; forman parte de la gran familia universitaria, y aman, comprenden, o al menos respetan, los fines de la Universidad” (pp. 97-98). Creo que sobra añadir nada a estas palabras que pueden constituir una adecuada brújula para esta apasionante época -seguramente la mejor y más intensa de vuestra vida- que ahora iniciáis. Si algo no os gusta o queréis que sea de otro modo, no os quejéis de modo estéril, hablad para solucionarlo pues la Universidad -más aún, esta Facultad- la hacemos entre todos, la hacéis también vosotros. En este acto, de hecho, habéis conocido a algunos de los interlocutores a los que acudir -desde la Decana al director de desarrollo a los coordinadores de Grado- para tantas cosas.

Pero, bien lo sabéis, y lo recordaba San Josemaría, “la Universidad no debe formar hombres que luego consuman egoístamente los beneficios alcanzados con sus estudios, debe prepararles para una tarea de generosa ayuda al prójimo, de fraternidad cristiana”. Tanto la Facultad como yo os animamos a que adquiráis y entrenéis en estos años “una ‘mentalidad de servicio’, que incite a la donación personal, a ser sensibles a las necesidades ajenas y a tratar de atenderlas con la alegría de servir, en actitud que rechaza toda forma de egoísmo”, [6] como recordaba Francisco Ponz citando, en este pasaje, profusamente, al universal aragonés -también Francisco Ponz lo era- que suscitó esta Universidad. Tanto la Facultad como Tantaka os ofrecerán mil ocasiones para ejercer esa labor solidaria en la que -vosotros que habéis recibido tanto, entre otras cosas el privilegio de estudiar en esta Universidad- podréis dar algo -un poco que será mucho- a quien más lo necesita. Todo ello sin olvidar que la primera mentalidad de servicio la podéis aplicar aquí, en estos pasillos, cada día, ayudándonos a todos, profesores, empleados y personal de administración y servicios, a hacer que la Universidad siga siendo “el mejor lugar del mundo para estudiar”.

Comienza vuestra apasionante aventura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Me conformaré con que, con el paso de las semanas, repaséis algunos de los consejos que aquí os hemos dado. y, si es posible, los viváis.

¡Mucha suerte a todos!

NOTAS.- [1] Como se ha puesto de manifiesto en otras ocasiones en este blog, muy especialmente hace apenas unos meses, con motivo del inicio de la guerra en Ucrania, la lectura de las Historias de la Guerra del Peloponeso de Tucídides resultan inexcusables para cualquier humanista, si no de éstas completas si, al menos, de los capítulos iniciales, la denominada Archaiología, en la que el historiador atenienses describe su método. Una buena traducción, disponible en abierto en red, es la de Francisco Romero Cruz para Letras Universales de Cátedra (Madrid, 2017) [2] Para esta definición de los clásicos como "supervivientes" remitimos a la nota 5 de la entrada "Oratores boni uiri", de hace justamente un año, en este mismo espacio [3] La traducción de los Facta et dicta memorabilia de Valerio Máximo es la de Santiago López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo y Joaquín Villalba Álvarez para la Biblioteca Clásica Gredos (Madrid, 2003), en dos volúmenes y cuya introducción (pp. 7-79) es también útil para conocer al autor y su época [4] TORRALBA, J. Mª., Una educación liberal: elogio de los grandes libros, Madrid, 2022 [5] PONZ, F., "Principios fundacionales de la Universidad de Navarra", en DÍAZ, O., y REQUENA, F. (eds.), Josemaría Escrivá de Blaguer y los inicios de la Universidad de Navarra (1952-1960), Pamplona, 2002, pp. 41-108 (el enlace que se ofrece es de la publicación de este capítulo en Anuario de Historia de la Iglesia, 10, 2001, pp. 643-685) [6] V. V. A. A., Josemaría Escrivá de Balaguer y la Universidad, Pamplona, 1993, pp. 136-137