LOQVEBANTVR AD INVICEM


[Epifanía del sarcófago paleocristiano de Layos (Toledo), hoy en el Museu Marès de Barcelona. Sobre éste y otros sarcófagos del siglo IV d. C., hispanos, con motivos parecidos ver un histórico trabajo de SCHLUNK, H., en Príncipe de Viana, 28, 1947, ahora disponible online, aquí]

Et subito facta est cum angelo multitudo militiae caelestis laudantium Deum et dicentium: “Gloria in altissimis Deo, et super terram pax in hominibus bonae voluntatis”. Et factum est, ut discesserunt ab eis angeli in caelum, pastores loquebantur ad invicem: “Transeamus usque Bethlehem et videamus hoc verbum, quod factum est, quod Dominus ostendit nobis”. Este texto latino, del evangelio de Lucas (2, 13-15) es el pretexto de este año -ya casi "viejo"- de 2013 para la tradicional felicitación navideña de Oppida Imperii Romani. La razón de la elección del mismo es sencilla. El pasaje en cuestión -alusivo a la anunciación a los pastores del Nacimiento del Señor por parte de los ángeles- es, seguramente, uno de los textos que mejor resume la esencia de la Navidad, al menos de la verdadera Navidad esa que, cada vez, andamos más necesitados -todos- de descubrir (echa un vistazo, si no, a esta sugerente iniciativa surgida en estas últimas semanas en la red social Facebook: Redescubre la Navidad) y de vivir -¡de verdad!- en nuestro corazón. Efectivamente, y si os fijáis el texto latino lo dice con absoluta rotundidad y con una expresión -ad invicem: "unos a otros"- que es la misma que se emplea en el conocido como "Mandamiento del Amor" dado por Jesús en la Última Cena (Juan 13, 34, aquí en versión latina), la Navidad exige, de todos, que "hablemos a los demás", que "nos contemos unos a otros" el verdadero gozo de esta celebración. ¿Realmente lo hacemos? ¿Nos paramos a pensar en la trascendencia de felicitar la Navidad, algo que, seguramente, haremos frecuentemente en estos próximos días?

Vivimos, durante todo el año, una vida acelerada, llena de retos, de esfuerzos, de trabajo, de afanes. Sin embargo, es cierto que -también en el mundo universitario, que es el que mejor conozco- en estos días todos encontramos un poco de sosiego, de paz, incluso -y es legítimo que sea así- de descanso. Y -el autor de este blog suele insistir en ello cuando envía sus tradicionales felicitaciones autografadas- ese descanso parece la mejor ocasión para ir a Belén, como hicieron los pastores -algo de eso ya lo referimos en una vieja felicitación navideña de este espacio (pincha aquí)- y, para, en el portal, cargarnos de amor, candor, cariño, calor, generosidad, humildad, inocencia, servicio, en definitiva, esperanza y fe que, sin duda, son "armas" que deben acompañarnos durante todo el año. Y eso -como suelo repetir en las felicitaciones que, año tras año, cierran la actividad de este espacio (que este año, además, hemos conseguido mantener con cierta tensión)- es válido para quienes, en Navidad -como, por otra parte, parece lo lógico- celebramos el Nacimiento de Cristo pero también para quienes prefieren hablar sólo de "fiestas", "días" o -en un laicismo difícil de entender- "celebraciones del solsticio de invierno". Seguro que si todos hiciéramos el esfuerzo de, de verdad, comunicarnos -ad invicem- la alegría de la Navidad -y todo ese bagaje de valores y virtudes que el Misterio de Belén encierra- con todo el corazón, este mundo sería diferente no sólo durante las dos semanas que la actividad se relajará en ritmo sino, también, durante todo el año. Siempre...

Quienes seguís Oppida Imperii Romani ya conocéis que, muchas Navidades, la felicitación "oficial" de este blog se cierra con una -o varias- recomendaciones musicales y, claro, en ellas no faltan nunca ni algún clásico de The Beach Boys (este año nos quedamos con el "Bells of Christmas" que este grupo californiano grabó como remake de su éxito "Belles of Paris", publicado en 1978 en el M.I.U. Álbum), ni algún otro del que está considerado el mejor álbum navideño pop de la historia, el célebre A Christmas Gift for You, de Phil Spector (pensando en mis sobrinos, que la cantan cada Nochebuena, siento debilidad por la versión del célebre "Rodolfo el reno" que para ese álbum de 1963 hicieron The Crystals). Este año, sin embargo, me quedo con una poco conocida canción de Brian Wilson -editada en su álbum navideño de 2005- que, titulada "What I Really Want for Christmas", glosa como ninguna el espíritu de la Navidad y, de hecho, daba título a ese disco.

¡Feliz Navidad, queridos lectores! ¡Y un excelente 2014! Que, de verdad, sepamos difundir la esencia de la Navidad contando su grandeza unos a otros..., estos días, ¡y siempre!