TITVLI AD RES ROMANAS PERTINENTES



[Portada de RUIZ TRAPERO, Mª D.: Inscripciones Romanas de la Comunidad Autónoma de Madrid (siglos I-VI), Madrid, 2001 (en adelante ILMadrid), disponible para descarga desde aquí, gracias a la red Archport, de la Universidade de Coimbra, y cuyo contenido puede servir de excusa para conocer cómo debe ser tratada, sometida a crítica y empleada como fuente histórica una inscripción latina, una inscripción ad res romana pertinens: "que guarda relación con el mundo romano"]

Hace algunos meses que los posts de contenido exclusivamente epigráfico se acumulan en este blog. La razón es eminentemente pedagógica -un prisma que está presente desde los inicios en Oppida Imperii Romani- y, por eso, en anteriores entregas hemos atendido a recomendaciones de material audiovisual y en red sobre Epigrafía Latina (pincha aquí), a vídeos sobre el proceso material de las inscripciones romanas (pincha aquí) -asunto sobre el que pronto volveremos, además, con un material muy especial- o a listas de corpora y repertorios epigráficos varios de consulta recomendable para el estudioso de la Antigüedad Clásica y, desde luego, para el estudiante de Ciencias de la Antigüedad (pincha aquí). Esta sucesión de posts "epigráficos" -que nos ha llevado a incorporar al blog una nueva etiqueta: Epigraphica- tiene continuidad en este en el que ofrecemos para descarga en red un útil y conocido repertorio epigráfico hispano referente a las inscripciones de la actual Comunidad de Madrid -editado en 2001 bajo la autoría de Mª Ruiz Trapero, durante muchos años docente de Epigrafía Latina en la Universidad Complutense de Madrid-, libro que, desde hace no mucho tiempo, está disponible en red. El objetivo, además de complementar la serie de Digitalia Scripta de nuestro blog, es el de reflexionar sobre lo importante que es, en materia de investigación, tratar adecuadamente tres aspectos al estudiar -siquiera con carácter tangencial- una inscripción latina: el soporte [I], el texto [II], y el contexto [III], tres conceptos de los que ya hablamos en un volumen de temática epigráfica que, nos consta, ha alcanzado una notable difusión en las bibliotecas especializadas (pincha aquí) y que, también, está a disposición del usuario de la red (pincha aquí) gracias a la prestigiosa editorial Liceus E-Excellence y tres conceptos que, nos consta, les resulta difícil aprehender a muchos de nuestros estudiantes pero que, sin embargo, están en la base de la dedicación a las inscripciones romanas.

[I] Soporte. Durante muchos años, la investigación histórica respecto de las fuentes epigráficas se detuvo en las inscripciones, sencillamente por su valor textual, como si el "continente" de aquéllas estuviera por encima del "contenido", de la información de los textos o, incluso, de los propios textos. La estrecha relación entre Filología Latina y Epigrafía o entre Lingüística y Epigrafía fue, en parte, responsable de esta "miope" aproximación a las inscripciones romanas. A partir de los años ochenta, sin embargo, con el auge de la elaboración de repertorios y corpora epigráficos de carácter regional, determinados autores -en España fue, por ejemplo, pionero J. Bonneville, en una obra, Epigraphie Hispanique: problèmes de méthode et d`édition (París, 1984), que alcanzó extraordinaria difusión y revolucionó los estudios epigráficos (pincha aquí para una valoración de la misma en la revista Faventia)- empezaron a llamar la atención de que que no era igual valorar un texto epigráfico que estuviera grabado sobre un dintel monumental de carácter arquitectónico, sobre un altar de carácter votivo o sobre una estela de uso funerario y que, además, consignar la descripción adecuada de ese soporte, resultaba fundamental en cualquier modelo de edición epigráfica. Así, el lector curioso constatará como, en las fichas de cada una de las inscripciones recogidas en el ILMadrid, la primera atención -el primer o el segundo párrafo- se consagra a describir las circunstancias relativas al soporte, tanto a su tipología (para familiarizarse con ésta suelen resultar útiles las páginas que, en los corpora epigráficos regionales, se dedican a analizar los soportes atestiguados en el área objeto de estudio, ver por ejemplo, pp. 29-31 -y, en cierta medida, también pp. 15-29- del ILMadrid que justifica este post o pp. 821-827 del volumen segundo del IRCP de José d'Encarnaçao que, como comentamos hace varios posts, está ya disponible online) como a las circunstancias concretas que acompañaron al hallazgo y a la indicación de las que rodearon a la "autopsia", al estudio detenido -y de primera mano-, de la inscripción por el autor responsable de editarla (a este respecto, y como se recomendará más abajo, siempre puede resultar útil echar un vistazo a publicaciones de temática epigráfica -especialmente a las que abordan la presentación de nuevas inscripciones- que salpican las revistas de nuestra especialidad; así, y por no abandonar el entorno "madrileño", puede seguirse muy bien el modelo de tratamiento de esa parte relativa al "soporte" -y en general del modelo de ficha de edición- en trabajos como éste de STYLOW, A. U., "Dos cupas Complutenses", Archivo Español de Arqueología, 79, 2006, pp. 283-286 o éste de GÓMEZ-PANTOJA, J., y RUBIO, Mª J.: "Las cupae Complutenses", en ANDREU, J. (ed.): Las cupae hispanas: origen, difusión, uso, tipología, Uncastillo, 2012, pp. 175-196 que, además, tratan inscripciones comunes -ambas de Complutum, precisamente, no hace mucho protagonista de este blog- lo que es muy útil para verificar cómo se transmite, entre autores, el texto y las características de una inscripción: así, las dos piezas presentadas por el trabajo de A. U. Stylow son las nºs 3 y 8 del catálogo del volumen que tuvimos la fortuna de editar hace un par de años, sobre las cupae). En este apartado, además, es fundamental dedicar unas líneas a presentar los rasgos paleográficos de la inscripción: ¿con qué tipo de letra está compuesta?, ¿qué dimensiones tienen los caracteres? ¿hay signos de interpunción separándolos?, etcétera (para estas cuestiones paleográficas puede ser útil consultar el enlace sobre capitales cuadradas y otros enlaces, en él sugeridos, de la Wikipedia). Ser, además, extraordinariamente minuciosos en la descripción de estas piezas -especialmente si se encuentran en un estado o contexto de conservación no muy apropiado- puede hacer de nuestro trabajo una fuente historiográfica de gran validez en el futuro, no en vano es sabida la gran cantidad de inscripciones que -hoy perdidas- se conocen sus textos o sus características formales y materiales gracias a la tradición manuscrita (sobre ésta, es inexcusable ABASCAL, J. M., y CEBRIÁN, R.: Manuscritos sobre Antigüedades, Madrid, 2006, en el marco de la rehabilitación que, sobre este tema, ha protagonizado la Real Academia de la Historia) o a las primeras publicaciones de noticias epigráficas protagonizada por numerosos eruditos de los siglos XVIII y XIX (a este respecto es muy útil la sección Inscripciones Romanas (España y Portugal) de la Biblioteca Cervantes Virtual, regentada por el Dr. D. J. M. Abascal, uno de los grandes epigrafistas de nuestro tiempo). 

[II] Texto. Una vez que, ante una inscripción determinada, nos hemos detenido -con exhaustividad y siempre pasando de lo más general (tipo de soporte) a lo más particular (estado de conservación, aparato decorativo, dimensiones, paleografía)- respecto del soporte epigráfico, la atención de todo epigrafista debe centrarse en el texto en lo que la inscripción dice y, también, en cómo lo dice, fenómeno éste que ha dado lugar al muy manido concepto de la auto-representación, recurrente en trabajos recientes, sobre todo a partir del legado de G. Alföldy (sobre él, y algunos de esos trabajos, pincha aquí). Sin embargo, y aunque esto pudiera parecer lo más fácil -al menos si la inscripción está en buen estado de conservación- se convierte en lo más complejo si aquélla ha sido objeto de atención por una amplia serie de investigadores previos. La labor de edición epigráfica (a ella dedicamos un capítulo específico del Fundamentos de Epigrafía Latina [Madrid, 2009] al que aludimos más arriba y, también aportamos algunos rudimentos, en un viejo post de Oppida Imperii Romani) se contagia, entonces, del método filológico y es necesario -inmediatamente después de la presentación del texto, sobre la que luego hablaremos- citar de manera sucesiva y de más antigua a más moderna, todas las obras que se ocuparon de la pieza en cuestión. El modo de hacerlo es sencillo, esos autores se colocan ordenados, siempre, del más antiguo (el que dio a conocer la inscripción por primera vez: la editio princeps) al más moderno y, es, además, recomendable que, cuando un autor -o un repertorio epigráfico del tipo del Corpus Inscriptionum Latinarum, L'Anné Epigraphique o Hispania Epigraphica- se ha limitado, simplemente, a recoger la lectura dada por otro, la referencia a éste se coloque entre paréntesis inmediatamente después del anterior, del que ha sido fuente del segundo (para el modo cómo se abrevian este tipo de publicaciones o, en general, como punto de partida para tener una lista de corpora epigráficos, puede accederse al que ofrece la última revista citada, por ejemplo, a partir de la p. 413, del nº 18, correspondiente a 2012). Antes de todo ese "aparato crítico" -que, a veces, puede acompañarse de las variantes de lectura aportadas por cada autor y que, como vemos en el ILMadrid, puede colocarse, también, al final de la ficha, tras los comentarios alusivos al "contexto" [III]- es necesario haber ofrecido el texto y, para ello, es necesario conocer algo de Epigrafía Latina (para familiarizarse con la tipología de los textos epigráficos y su singular lenguaje formular, existen en red, en varios portales de descarga de libros, versiones en PDF del clásico manual de KEPPIE, L: Understanding Roman Inscriptions, Baltimore, 1991, además de algunos que ya fueron recomendados en un post anterior de esta serie y que se convierte, aquí, en inexcusable: pincha aquí) pero, también, familiarizarse, antes, con los signos diacríticos que, de carácter universal, indican si una letra se conserva completa o dañada y deducida por el contexto, si hay una laguna, si hay un error, si el texto es el que vemos en la pieza o lo estamos desarrollando, etcétera (desde aquí puedes descargar un repertorio válido de esos signos). Estos hacen que, ante la edición de un determinado texto, cualquier epigrafista entienda de modo unívoco lo que sobre el soporte está escrito.

[III] Contexto. La Epigrafía es, como tantas veces se ha dicho, una disciplina histórica, una ciencia al servicio de la Historia, por eso, contextualizar una inscripción es, sencillamente, extraer de ella toda la información histórica con que nos obsequia y ésta, normalmente, va orientada en tres ámbitos, sin que sean exclusivos: el cronológico -cuándo se hizo la inscripción-, el onomástico -quién la hizo, para quién la hizo, con quién la hizo- y el histórico-sociológico -a qué contexto social pertenece el monumento o qué motivaciones hay tras su erección-. Por eso, tras la presentación del texto y del aparato crítico, hay que comentar los aspectos que se desprendan de los nombres citados en la inscripción -si, además, aparecen cargos públicos puede realizarse un cierto ensayo prosopográfico (sobre este método véase un tradicional trabajo: CABALLOS, A.: "La técnica prosopográfica en la Historia Antigua ante la pérdida de Sir Ronald Syme", Veleia, 7, 1990, pp. 189-207)-, lo que resulte de la valoración cronológica del documento -las fórmulas empleadas en el texto, el tipo de soporte y, por supuesto, también el contexto arqueológico, si lo hay, puede resultar útil- y la información histórica, social y económica que de él se pueda extraer (por ejemplo, estudios como el de SILLIÈRES, P., MAGALLÓN, Mª Á., y NAVARRO, M.: "El municipium Labitolosanum y sus notables novedades arqueológicas y epigráficas", Archivo Español de Arqueología, 68, 1995, pp. 107-130 puede resultar un buen modelo de estudio de conjunto de un repertorio de inscripciones hallado, extraordinariamente, in situ, en la ciudad romana de Labitolosa, en La Puebla de Castro, Huesca, y ahora otra vez de actualidad por la instalación en el lugar de réplicas de las inscripciones originales, ahora conservadas en el Museo de Huesca de igual modo que -para un ejemplo de estudio prosopográfico y onomástico- ofrecemos un viejo trabajo nuestro: ANDREU, J., y CURULLA, Ó. y OTIÑA, P.: "Un nuevo documento sobre los Minicii de Tarraco", Butlletì Arqueològic, 28, 2006, pp. 199-206: se ofrece enlace al manuscrito al no disponer de separata digital). Lógicamente, ese apartado de "comentarios" a propósito de la inscripción será tanto más apropiado como mayor haya sido la documentación  previa por parte del estudioso encargado de analizar el documento, por eso, la "documentación" es fundamental como competencia de cualquier epigrafista, de cualquier historiador (muy útil resulta, respecto de la documentación sobre Epigrafía Latina, consultar los enlaces libres, disponibles en red, de la prestigiosa herramienta Guide de l'epigraphiste [París, 1989 y 2000] -pincha aquí- y que ofrecen enlaces en red, listas de repertorios epigráficos, etcétera...).

Tenemos que terminar aquí. Evidentemente, a hacer una buena ficha de una inscripción y a comentarla con rigor y criterio se aprende de dos modos: ensayando muchas veces y, también, con un adecuado benchmarking, aprendiendo de quienes se dedican a ello bien consultado repertorios epigráficos -especialmente los publicados a partir de la década de los noventa, quizás los que han practicado mejor el modelo de edición epigráfica más recomendable- bien escudriñando revistas especializadas para ver "modelos" de editiones principes de piezas, dos de esas revistas, por ejemplo, están en red como Ficheiro Epigráfico (Coimbra), o como Hispania Epigraphica -aunque, en realidad, ésta no publica inscripciones nuevas sino que revisa las ya publicadas, con el interés que ello tiene para algunas de las cuestiones que se han tratado en este post- aunque la lista es mucho más amplia (pincha aquí para un listado a partir del cuál organizar tus búsquedas). En cualquier caso, ofrecemos -como hacemos últimamente al final de este tipo de posts de Oppida Imperii Romani- enlace aquí a un modelo de ficha que replica la estructura que, precisamente, hemos comentado en estas líneas y que, seguro, os resultará de utilidad. ¡Al menos eso esperamos!