PER PALVDES PERQVE SILVAS



[Dos vistas, una desde el pie del Hermannsdenksmal, cerca de Detmold, arriba, y otra desde la torre del Museum und Park Kalkriese, en la localidad del mismo nombre, de la zona, el Teutoburger Wald, a la que se consagra este post de Oppida Imperii Romani. En las fotografías inferiores dos detalles de los dos espacios en los que aquí nos detenemos como plataformas desde las que profundizar en un acontecimiento clave de la Romanización de Occidente]

Para quien está algo versado en la historia de Roma, el episodio del desastre de Varo en Westfalia, junto al Rhin, en el año 9 d. C., es uno de los capítulos míticos de la Historia de la Roma del Principado, la derrota del general romano Publio Quintilio Varo frente al pueblo germano de los queruscos, en la zona de Teotoburgo, y con los germanos liderados por un tal Arminio. La así llamada batalla del bosque de Teutoburgo, de hecho, sigue apareciendo, ocasionalmente, en la prensa en las píldoras de Historia con que, afortunadamente, algunos diarios nos alivian de la crudeza de la realidad cotidiana como si el periodismo contemporáneo quisiera seguir confiriendo grandeza al episodio que, a tenor del Bracaraugustano Orosio, habría detenido el Imperio de Roma -imparable en el océano- a orillas del río Rhin: imperium, quod in litore Oceani non steterat, in ripa Rheni fluminis staret (Florus 2, 30). 

Contra lo que pudiera parecer por la notable historiografía -y mitología- que el episodio ha vertido (desde el clásico trabajo de MOMMSEN, Th.: Die Örtlilchkeit der Varusschlacht, Berlín, 1885 a los recientes de McNALLY, M.: Teutoburg Forest, AD 9: the destruction of Varus and his legions, Oxford, 2011 o WELL, P. S.: The battle that stopped Rome: Emperor Augustus, Arminius and the slaughter of the legions in the Teutoburg Forest, Nueva York, 2003; ) y por la numerosa atención que recibe hoy el acontecimiento en las páginas de internet dedicadas a la Historia Antigua y a la Historia Militar (por ejemplo la de Livius. Cultuur, geschiedenis en literatuur; la de Smartergerman; o la Ancient History Enciclopedia) lo que las fuentes nos dicen sobre la batalla de Teutoburgo es, realmente, escaso aunque suficiente para abrir especulaciones diversas, todas ellas del máximo interés.

Así, Suetonio apenas transmite la noticia de que Quintilius Varus cum tribus legionibus in Germania periit -"Quintilio Varo pereció en Germania con tres legiones"- sin más detalles, cuando alude al contexto general de los acontecimientos posteriores a la adopción de Tiberio, por Augusto, como su heredero (Suet. Tib. 17). Esta noticia, sin prácticamente más datos la aporta también Tácito en su Germania (Germ. 37, 5) insistiendo, en ella, sobre el pueblo responsable de la derrota, los queruscos (Germ. 36) y espetando en los Annales que dicho desastre resultó una infamia para Roma (Ann. 1, 37, 3) y una manifestación de la superbia de Arminio (Ann. 1, 61). El propio Tácito es responsable, también, de la transmisión del topónimo saltus Teutoburgiensis (Ann. 1, 60) donde, según transmite, debieron quedar sepultados los restos de los soldados del desarmado Varo, a saber tres legiones, otras tantas alas y seis cohortes, como diría Veleyo Patérculo (Vel. Pat. 2, 117) y recordando que el pueblo Germano habría sido uno de los que, en materia militar, y especialmente a partir de este "desastre", más lecciones (saepius admonuere) habría suministrado a Roma (Tac. Germ. 37). Por su parte, el epitomista Floro recordaría el episodio de Arminio y de qué modo su pueblo prefirió enfrentarse a Roma tras haber sido su aliada y descubrir moresque nostros magis quam arma -"que las costumbres (de Roma) eran más crueles que la guerra"- (Florus 2, 30) y anotará algunos datos geográficos interesantes como que la batalla y la emboscada germánica tuvieron lugar per paludes perque siluas, es decir, "en medio del bosque y de los fangos" (Florus 2, 30, donde describe, también, con pormenor, algunas de las afrentas recibidas por los soldados de Varo en el ataque querusco). Probablemente, en ese sentido de la descripción del contexto general de la lucha, sea Casio Dión el que, en griego, aporte más datos sobre el ambiente general de esa batalla, librada el 7 de septiembre del año 9 d. C. Así, este historiador (Cass. Dio 56, 19-22) habla de "territorio hostil", de "las nieblas del bosque" y de "bosque impenetrable" (19), ponderando, además, la talla de los árboles, altísimos, sobre las laderas (20) y recordando de qué modo llegaron a Augusto las noticias del desastre (21), en una anécdota que recogerá más tarde Orosio (6, 22) atribuyendo al joven César la conocida frase Quintili Vare, redde legiones: "Quintilio Varo, devuélveme mis legiones". 

Ya en un reciente post de Oppida Imperii Romani de manera explícita, pero de forma más o menos velada en muchos de los que hemos dedicado a la Germania Superior, hemos hecho notar el primor con que, en Alemania, son puestos en valor, exaltados y reivindicados como parte del pasado histórico, lugares que, quizás, tienen más de escenario romántico que de evidencia arqueológica o que, cuando presentan ésta última, es vaga, incierta o, a los ojos de quienes vivimos en países de intensa huella romana, aparentemente inconsistente. Eso mismo puede decirse, sin paliativos, de dos espacios relacionados con el acontecimiento del que hablábamos en los párrafos anteriores: [1] el monumento a Arminio (Detmold) y [2] el Museo del desastre de Varo (Kalkriese), ambos extraordinariamente recomendables para los amantes de la Historia, del patrimonio y de la Antigüedad.

[1] El monumento a Arminio, Hermannsdenkmal en alemán -con intencional "germanización" del nombre latino Arminius, con el que las fuentes refieren, sin excepción, al germano querusco aliado de Roma y, después, sublevado en el 9 d. C. contra el gobernador provincial Quintilio Varo- es una monumental estatua de cobre que se alza sobre una colina de casi 400 metros de altitud que domina no sólo todo el área del supuesto saltus Teutoburgiensis sino, también, el distrito de Lippe, en el que se ubica. La estatua, de 54 metros de altura fue fabricada en cobre en los años de las derrotas prusianas contra Francia y culminada, por el artista Ernst von Bandel, ya en los años inmediatamente posteriores a la unificación alemana Bismarckiana en 1871 convirtiéndose, desde entonces, en un icono del patriotismo alemán -aun visitadísimo, por cierto- por su decidida invocación -por ejemplo, en la inscripción de la espada que porta Arminio, de 7 metros y hasta 500 kilogramos de peso- a la fuerza y poder de Alemania (stärke Deutschlands macht). Pretende marcar el área de influencia de la tribu germana de los queruscos, que, en un lugar aun por determinar, se enfrentó a Varo, derrotándole, como antes se ha dicho. El monumento es, desde luego, una auténtica lección material de antikenrezeption, como llaman los alemanes a la "recepción de la Antigüedad", a esas ocasiones -muchas en la Historia- en que determinados acontecimientos históricos son tomados como referente con fines estéticos, de prestigio, políticos o ideológicos. El propio formato del monumento, de clara estructura anular, la iconografía del germano, presentado entre la del bárbaro y la dignitas del arte clásico, los tropaia -con hermosas congeries armorum romanas- que rodean la parte baja del monumento, donde se ha instalado un memorial en honor de su promotor y, también, un mirador que permite contemplar parte del bosque de Teutoburgo hacen, desde luego, las delicias de quien se acerca aquí con el ánimo de estar contemplando si no un lugar histórico sí al menos el modo cómo un episodio histórico -la derrota infringida a Roma por los Germanos- es reclamado en procesos históricos y políticos muy posteriores demostrando, como escribió W. Jäeger, el poder evocador de los autores (y acontecimientos) antiguos (sobre la recepción de este episodio, siempre es recomendable lo que escribiera, en relación, en general con el mito de la Germania de Tácito, CANFORA, L.: Ideologías de los estudios clásicos, Madrid, 1991).

[2] El Parque y Museo de Kalkriese -en esta ocasión en el distrito de Osnabrück, unos 100 metros al oeste de Hermannsdenkmal- es un sitio que, aunque caro -la entrada individual cuesta 7,5 €- ofrece un sensacional ejemplo de las posibilidades que, con la adecuada financiación, puede llegar a ofrecer cualquier proyecto arqueológico. En torno al lugar, en proceso de excavación, en que se cree pudo haberse desarrollado la batalla que aquí hemos comentado, se ha instalado no sólo un Museo sino, también, todo un itinerario para contemplar las excavaciones en marcha y, especialmente, un envidiable aulario pedagógico que ofrece, constantemente, a centros escolares y a público infantil y juvenil actividades de divulgación científica de la Arqueología y de dinamización del pasado romano de las que, desde luego, en nuestro país tenemos mucho que aprender. Tras un sensacional vídeo introductorio (disponible aquí) en que se explica de qué modo se está trabajando en la excavación orientada a demostrar que -como apuntó Theodor Mommsen- fue en este lugar que tuvo lugar el desastre de Varo, la exposición arqueológica ofrece un buen repaso a los numerosos militaria que han sido localizados en las excavaciones y que, en muchas ocasiones, son difíciles de ver en museos de la Europa mediterránea así como algunos elementos interactivos que profundizan en la alteridad Romanos-Germanos y en las estrategias y armas empleadas por unos y por otros (prescindiendo de bibliografía especializada, que también la hay -y abundante-, los principales hallazgos que se han producido en la excavación de Kalkriese y los argumentos que aportan para la reducción de este lugar al escenario de la histórica batalla pueden verse aquí). 




En definitiva, se trata de dos sitios en los que tocar la Historia y con los que abrimos una nueva sección de Oppida Imperii Romani que se detendrá en escenarios históricos de la Antigüedad, loca memorabilia

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