SORIONEKU (y IX)


[Fig. 5 del artículo publicado en Antiquity, 98, 2024, sobre el contexto arqueológico de la mano de Irulegi, con secuenciación del momento del hallazgo al posterior a su limpieza y restauración] 

En noviembre de 2022, con notable expectación mediática y en un acto retransmitido en streaming por Aranguren Televisión, la Presidenta del Gobierno de Navarra dio a conocer, acompañado de los arqueólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y de los lingüistas Joaquín Gorrochategui y Javier Velaza, el hallazgo, en junio del año anterior, en el monte Irulegi de "una mano de bronce con la inscripción en lengua vascónica más antigua que se conoce hasta la fecha", como entonces se dijo, la ya conocidísima "mano de Irulegi". El extraordinario impacto mediático que tuvo la noticia nos llevó a, en ese mismo mes, abrir en Oppida Imperii Romani la etiqueta "Sorioneku" de la que ésta es ya la novena entrega y que ha tenido notable éxito contando cada una de las anteriores con miles de visitas y varios comentarios. Aunque hoy parece que -a tenor de la editio princeps del texto, presentada en la revista Palaeohispanica (23, 2023, pp. 267-293) en diciembre de 2023- conviene leer en la l. 1 de la citada inscripción mejor sorioneke que sorioneku, optamos por mantener la segunda opción en el título de nuestra serie. Una serie para la que, dicho sea de paso, a cada entrada que escribíamos, hemos deseado y creído, de hecho, que sería la última. Algo que la evolución de los acontecimientos nos ha demostrado que era, sólo, un deseo imposible. Esta lámina de bronce con cuatro líneas esgrafiadas en texto paleohispánico habrá de depararnos, todavía, muchos titulares, no pocas alegrías y, sobre todo, momentos de buena, y discutida, ciencia pero, también, de impropio y manipulado apasionamiento justo lo contrario de lo que debe ser la actividad científica presidida por la mesura, la prudencia y el diálogo.

Y es que, el pasado mes de febrero, la mano de Irulegi ha vuelto a estar de actualidad por, al menos, dos razones que justifican, de hecho, esta nueva entrega de la serie que, algún día, acaso deberemos publicar en otro formato de mayor impacto que el de este blog. La primera razón, la declaración de la pieza, en acuerdo de Gobierno de Navarra del 14 de febrero, como Bien de Interés Cultural en la categoría de bien mueble, el primero, de hecho, con esta modalidad en Navarra. La segunda la publicación en la revista de la Universidad de Cambridge Antiquity (98, 2024, pp. 66-84), del contexto arqueológico detallado de la pieza con nuevas reflexiones en torno a la lengua en que ésta fue escrita y al papel de la misma en la epigrafía "vascónica". Si la publicación del decreto de declaración del objeto como BIC se hizo en el Boletín Oficial de Navarra de 27 de febrero, el impacto mediático del artículo de Antiquity ha sido equiparable al que ha acompañado a este singular objeto arqueológico en estos últimos dos años y se ha extendido a lo largo de la segunda quincena del citado mes. De nuevo, El País, en la serie de reportajes sobre Arqueología que publica Vicente G. Olaya, ha hecho balance de lo que sabemos sobre este ya insigne documento epigráfico y, también, la prensa local, tanto Diario de Noticias -que titulaba "La prestigiosa revista Antiquity tiende la mano de Irulegi al mundo"- como Diario de Navarra -co titular más mesurado- se han hecho eco, con tono, por tanto, diferente, de las conclusiones del citado trabajo. A tenor de la serie de artículos que, en Diario de Navarra, hemos venido publicando sobre el documento y su transferencia a los circuitos científicos y, también, políticos -tanto de política cultural como de política partidista- tuvimos, incluso, ocasión de valorar la importancia de la feliz declaración de la pieza como BIC en los micrófonos de COPE Navarra.

Pero es que, además, febrero ha sido el mes en que, como ya sucediera en enero de 2023 en la conferencia "Sorioneku: la Navarra del siglo I (a. C y d. C.) y los antiguos Vascones" organizada por la Asociación Pompaelo en el Civivox de Iturrama -cuyo salón de actos se quedó pequeño- hemos tenido la oportunidad, en un acto organizado por la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, dictar una conferencia titulada "La mano de Irulegi y los Vascones: del mito a la ciencia" en la que repasamos con pormenor todo el iter mediático y científico que ha acompañado a esta mano y, en parte, compartimos las conclusiones de lo que hemos ido vertiendo en las distintas entradas de Oppida Imperii Romani dedicadas a este documento en lengua paleohispánica acaso el más mediático de los pocos que pertenecen a ese insigne repertorio. Aunque la idea de la organización de la citada conferencia era la de, como se hizo en la charla de enero del 2023, grabarla y subirla al recomendable canal de vídeos en YouTube de la propia Sociedad de Estudios Históricos, algunos problemas técnicos frustraron esa intención. En cualquier caso, nos parece que la generosa noticia que, de la misma, publicó, al día siguiente, 1 de marzo de 2024, Diario de Navarra en pluma de Jesús Rubio, y esta entrada, suponen un buen resumen de lo esencial de cuanto fue tratado en la misma y que podría glosarse, de modo ordenado, en los puntos que se recogen más abajo. El salón del Nuevo Casino de Pamplona, en la céntrica Plaza del Castillo, en Pamplona, se quedó pequeño para acoger al centenar largo de personas que acudieron a la conferencia como demuestra la sensacional fotografía de Jesús Garzaron, de Diario de Navarra, que aquí abajo compartimos y, también, las que en su perfil de twitter, publicó la propia Sociedad de Estudios Históricos de Navarra en el transcurso de la sesión.



En primer lugar [I.] es evidente que, dado que, como de hecho se señala en los artículos en Palaeohispanica y Antiquity antes enlazados, faltan evidencias para trazar una conexión clara entre la lengua en que está escrita, esgrafiada sobre el bronce, la inscripción de la mano y el vasco actual, el diseño de la expresión "lengua vascónica" ha resultado uno de los más felices resultados científicos, y, en este caso, de semántica científica, y lingüística, que han acompañado al hallazgo de este singular objeto y a la investigación que, sobre él, se ha vertido. Si a la lengua de los íberos la llamamos "lengua ibérica" y a la de los celtíberos "lengua celtibérica", era lógico -y conveniente- diseñar el sintagma "lengua vascónica" para referirse a la lengua de los Vascones aunque, como veremos en [III.], con matices. De esta manera, evitamos términos como "paleovasco", "lengua euskara", "eusquérico" o "vasco-aquitano" que se habían venido usando profusamente en la bibliografía hasta la fecha si bien no convendrá, acaso, aislar el último dada la mucha mayor presencia de antroponimia y teonimia vascónica en la vertiente norte -aquitana- que en la sur -vascónica- del Pirineo como recordaba no hace mucho un artículo de Joaquín Gorrochategui en Palaeohispanica (20, 2020, pp. 721-728). En segundo lugar [II.] quizás será, en adelante, conveniente seguir hablando de "adaptación del signario ibérico" -como se dijo en los primeros momentos inmediatos a la aparición de la mano- que de un "signario vascón" como afirmaba el decreto de declaración de la mano de Irulegi como Bien de Interés Cultural. Nos parece que no es lo mismo que un grupo étnico adapte un signario con caracteres principalmente tomados del ibérico e incorpore a él apenas un par de signos adaptados para expresar fonemas que no existían en la lengua ibérica y sí en la vascónica, que atribuir carta de naturaleza de "signario" a esa sencilla -pero muy sugerente e históricamente relevante- adaptación. Además, [III.] pese al acierto del término "lengua vascónica" nos parece que debemos huir de la identificación, que social y mediáticamente sí se ha hecho, entre "lengua vascónica" y "lengua de los Vascones". Sabemos, fundamentalmente por un pasaje de Tito Livio, que había un Vasconum ager en el entorno de Calagurris y es en ese contexto, in confinio Beronum, "en el límite de los Berones", como dice el texto liviano, en el que se ha producido el hallazgo -especialmente en La Custodia de Viana (Navarra)- de un buen número de textos escritos sobre bronce -hasta nueve-, fundamentalmente téseras de hospitalidad, todos ellos, además, en lengua celtibérica lo que obliga a hacer evidente la matización de que aunque existiera una "lengua vascónica" en territorio vascón ésta no fue la única hablada entre los Vascones donde, más verosímilmente, las evidencias, como se afirma en algunas de las contribuciones del dossier publicado en Fontes Linguae Vasconum (136, 2023, pp. 485-637) que centró una entrada anterior de esta serie, apuntan a que el multilingüismo debiera ser la nota lingüística predominante, con evidencias de lengua vascónica, sí pero, también, de lengua indoeuropea. [IV.] Por más que la inscripción de Irulegi constituya la primera manifestación escrita de unos Vascones a los que se tenía por ágrafos y por más que el documento inspire los más profundos sentimientos identitarios del imaginario social navarro, vasco-navarro o vasco, el soporte empleado (bronce), el procedimiento técnico de esgrafiado de sus letras (a través de líneas guía de ordinatio y combinando un primer trazo esgrafiado, en línea, y un segundo trazo en círculos) y la propia función votiva de la pieza -dedicada a la fortuna, expresada con el dativo sorioneke, en lengua vascónica- no son sino una prueba clara de que los Vascones de Irulegi conocían el uso del medio epigráfico que fue consustancial a la cultura romana y, además, estaban en contacto con usos próximos del mismo como el grabar los caracteres en círculos -propio del ámbito indoeuropeo, vecino del vascónico hacia el sur y hacia occidente- o con el propio signario, y hasta el concepto de la mano cortada, procedentes, ambos, del, también vecino, ámbito ibérico, en este caso de los que eran sus vecinos al este, los iberos. Convendría, pues, como ya hiciéramos nosotros en el primer artículo que, en noviembre de 2022, publicamos en Diario de Navarra, sobre el tema -y que fue recogido en una entrada anterior de esta serie- poner de relieve que la mano de Irulegui, en realidad, es una radiografía de la notable diversidad étnica y lingüística del solar de Navarra en la Antigüedad, diversidad a la que, como elemento característico sobre los Vascones, venía apuntando la investigación reciente, tal como demostramos en el post "Navarrorum", otro de los más leídos de este blog. [V.] Ha de tenerse en cuenta que las ciencias de la Antigüedad trabajan con evidencias y que éstas, acumuladas, adquieren capacidad de generar conocimiento histórico. A más evidencias, ese conocimiento, siempre en construcción, es más firme y nos acerca más, si cabe, a la verdad histórica, no siempre posible, como sabemos, cuando se trata de la Historia Antigua. Si se construye un relato -que no una "verdad"- sin las evidencias suficientes éste acaba por generar exactamente eso, un mito que sólo nuevas evidencias pueden aupar al rango de verdad científica. Sobre la mano de Irulegi se ha creado el mito social de ser el primer texto escrito en euskera con que se cuenta en Navarra -cuando ya remitían a la lengua vascónica algunos nombres de, por ejemplo, el bronce de Áscoli y, además, no existe acuerdo entre los lingüistas ni en la lengua en que está escrito ni en la conexión de ésta, si es la vascónica, con el vasco actual- y el de convertirlo en la prueba de una literacy, de un hábito escriturario, desconocido hasta ahora para los antiguos Vascones -de ahí el mérito del documento, o, al menos, uno de ellos- que, aunque se incremente un poco con los instrumentos de escritura -un stylus en hueso- y esgrafiados -dos sobre fondos de cerámica- localizados en las excavaciones de Irulegi en el mismo contexto en el que apareció la mano, sigue siendo notablemente exigua frente a la literacy que sí demuestran las poblaciones ibéricas o celtibéricas contemporáneas y se operó, sencillamente, en una clara consecuencia de la emulación de la cultura escrita de los Romanos y de los pueblos del entorno que recibieron aquélla, también, de éstos últimos. 


Impartir conferencias sobre cualquier tema que resulte atractivo socialmente -como, desde luego, lo es, al menos en Navarra la mano de Irulegi- y hacerlo, además, de forma abierta y transparente, científica, tiene siempre premio. Y en esta charla, el premio fue doble, o triple, si se tiene en cuenta la expectación que concitó y el numeroso público que congregó. Por un lado, al día siguiente, recibimos un correo de una buena estudiante del Grado en Historia y Relaciones Internacionales que ofrecemos en la Universidad de Navarra, y que asistió a la charla, en el que nos felicitaba por la conferencia y manifestaba que su contenido le había servido para descubrir que "todo lo que creía que sabía, y había aprendido sobre los Vascones en el colegio, era mentira", algo que nos recordó los resistentes tópicos que, sobre esta etnia histórica de la Antigüedad siguen vigentes en el ámbito escolar y que hemos denunciado, en, al menos, dos entradas recientes, con bibliografía, de este blog, "Sorioneku (y VI)" y "Dein Vascones". Pero, como segunda recompensa, entre las múltiples preguntas que se formularon al final de la charla -tanto las públicas como las privadas- un asistente, colega en la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, nos preguntó por una de las pocas inscripciones paleohispánicas que, hasta ahora, habían sido localizadas en el entorno de Irulegi y que, junto con el mosaico de Andelo y la adaptación de algunos elementos del signario ibérico atestiguada en las leyendas monetales de algunas cecas del denominado "grupo vascón", se venían esgrimiendo como evidencias del uso de la escritura por los Vascones. Nos referimos al bronce de Aranguren, recuperado en los primeros años noventa en búsquedas irregulares en las proximidades del monte Irulegi y conservado, hasta donde nos consta, en el Museo de Zaragoza y de cuya inscripción delantera ofrecemos imagen, en foto, tal como obra en el Banco de Datos de Lenguas Paleohispánicas Hesperia, de siempre recomendable consulta y en cuyo motor de búsqueda, por cierto, no aparece todavía una categoría de "lengua vascónica". A este colega le interesaba conocer algo más sobre la pieza -en particular sobre las circunstancias, oscuras e irregulares, de su hallazgo- y nos comprometimos a volver sobre su editio princeps y enviarle lo esencial de la misma (BELTRÁN LLORIS, F., y VELAZA, J., "Una nueva inscripción ibérica sobre bronce (Aranguren, Navarra)", en ADIEGO, I. J., SILES, J., y VELAZA, J. (eds.), Studia Palaeohispanica et Indogermanica J. Untermann ab amicis Hispanicis oblata, Barcelona, 1993, pp. 89-99).

 

"El interés de esta fragmentaria pieza deriva ante todo de su lugar de aparición así como de su carácter híbrido, al tratarse de una inscripción grabada con una técnica y sobre un soporte del todo inhabituales en la epigrafía ibérica (...) La mixtura cultural señalada para el territorio vascónico y el contexto histórico en el que parece inscribirse el bronce de Aranguren proporcionan un telón de fondo adecuado para explicar el carácter híbrido ya mencionado que exhibe este epígrafe. A pesar del carácter fragmentario de nuestro texto parece poder afirmarse a partir de las comparaciones léxicas (...) que se trata de un documento en lengua ibérica, si bien debe reconocerse también que ninguna de ellas resulta del todo concluyente (...). La reciente llamada de atención a propósito de la posible utilización del ibérico como lengua vehicular por hablantes de otras lenguas (...) resulta de particular interés para el ámbito vascónico de mixtura lingüística demostrada. Pero, por otra parte y desde el punto de vista epigráfico, resulta anómala la utilización para un texto ibérico tanto de un soporte de bronce, excepcional en su tradición epigráfica, como de la técnica de punteado para grabar los signos, igualmente inhabitual. Por el contrario ambos son normales o incluso preponderantes en la epigrafía celtibérica -caso de las téseras de hospitalidad y de las tabulae de bronce- y en su modelo inmediato, la latina, que ofrecen un buen número de ejemplos de uso de los mencionados soporte y técnica de grabación. Todo lo dicho parece indicar que, a pesar del carácter ibérico de la lengua, el bronce de Aranguren forma parte de una tradición epigráfica distinta, celtibérica o latina, que pone bien de manifiesto tanto las peculiaridades como la condición de trifinium cultural del territorio vascónico (...)"

No deja de ser curioso cómo esta afirmación (pp. 95-97), que resultaba parte fundamental de la communis opinio sobre los dominios lingüísticos en territorio vascón y sobre el hábito escriturario de los antiguos Vascones hace apenas unos años, se haya sacado completamente del debate mediático y político que, con inusitada expectación, ha seguido a la presentación en sociedad de la mano de Irulegi y que su contenido -que, en esencia, fue una de las partes de lo que reivindicamos en nuestra charla del 29 de febrero pasado- sea hoy motivo de escándalo para algunos. En la filosofía de dejar hablar a los expertos -que impregnó gran parte de la conferencia y de la mayor parte de las cosas que, también en Oppida Imperii Romani, hemos escrito sobre el particular- nos parece oportuno cerrar este post con esa cita dedicándola de modo muy especial, y cariñoso, a quienes, asistiendo a la charla, se dedicaron a comentar, entre cuchicheos, durante ella, cada cosa que sostuvimos y que, sin embargo, a la hora del verdadero debate científico, el momento del turno de preguntas, prefirieron guardar silencio acaso porque, en ellos -como en parte de la manipulada opinión pública- puede también más el mito que la ciencia, ciencia a la que, si queremos ser serios, en todo lo que respecta al estudio y a la difusión en medios de lo que la mano de Irulegi dice, nos parece deben añadirse las cinco matizaciones antes numeradas.


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