BARBOTVM (Coscojuela de Fantova)


[Una de las inscripciones empotradas en la Ermita del Socorro de Monte Cillas, entre Coscojuela de Fantova y Hoz de Barbastro, en el Alto Aragón: CIL, II, 5845]

Situación: Coscojuela de Fantova es un recoleto y hermoso pueblo encaramado en los riscos del Somontano prepirenaico de Barbastro, en la siempre hermosa provincia de Huesca (ver mapa aquí) que, a tenor de la historiografía más reciente, debió ser el solar de la antigua Barbotum, una ciudad romana enclavada en un eje de comunicaciones que debió ser clave en el mundo romano al hallarse -como, de hecho, subrayaría la historiografía de comienzos de siglo que se ocupó del lugar- al pie de la vía (ver MAGALLÓN, Mª Á.: La red viaria romana en Aragón, Zaragoza, 1986, pp. 136) que desde Barbastro se dirigía hacia Labitolosa, en La Puebla de Castro, y de otro itinerario que, precisamente desde dicho lugar, y hacia Aínsa, alcanzaba Boltaña, muy probablemente la antigua Boletum de la que era originario, precisamente, L. Val(erius) Maternus, el personaje honrado por M. Cor(nelius) Pompeianus -y del que se conoce una segunda inscripción procedente del lugar, hoy perdida (CIL, II, 5846)- en el pedestal que corona este post y que puede verse en uno de los laterales de la Ermita del Socorro del Monte Cillas, colina de unas 8 Hectáreas de extensión que debió ser el enclave de la citada ciudad. Como explica en detalle la bibliografía recogida más abajo, otra inscripción procedente del lugar que nos ocupa (CIL, II, 5841, lamentablemente hoy perdida) documentó la presencia de un individuo de origo Barb(otana?) y de nombre Publius Aemilius Ductus. Barbotum -que no aparece citada en ninguna otra fuente antigua al margen de la inscripción latina citada- sí consta, con notable asiduidad, en la documentación medieval, en concreto en el Cartulario del Diácono Vicente, del siglo VI d. C., que alude a una terra Barbotana y, después, en una serie de documentos medievales de los siglos X y XII -que incluyen una sentencia de Sancho Ramírez, del año 1080- que aluden a una Barbitaniya o Barbutana regio (para el seguimiento de estos documentos puede consultarse el trabajo publicado en Salduie, 1, 2000, esp. pp. 248-250, disponible en red como consta en el enlace citado en "Bibliografía" en este mismo post así como la versión disponible en red de un artículo de F. Fita en el Boletín de la Real Academia de la Historia, 4, 1894, pp. 214-218, con enlace también recogido más abajo, en idéntico apartado). Aunque durante algún tiempo -y todavía hoy en algunos sites de internet (ver aquí, en la sección de Historia de la web del Somontano de Barbastro o aquí, en la web del Ayuntamiento de Barbastro)- se quiso defender la reducción Barbotum-Barbastro la ausencia de restos romanos en el solar de la capital del Somontano y, sobre todo, la asiduidad con la que este tipo de traslados toponímicos se dio en los primeros siglos medievales (un caso notable es el de Conimbriga-Coimbra, enclaves separados unos 12 kilómetros como lo está hoy el Monte Cillas de la ciudad de Barbastro) permiten avalar la hipótesis de que el Monte Cillas fuera el solar de esta poco conocida ciudad romana en la que, ojalá, algún día alguna institución cultural y científica se decida a liderar una investigación arqueológica sistemática (pocos yacimientos, sin haber sido apenas aun excavados -el Monte Cillas sólo lo fue en los primeros años 20 del siglo XX- aportan un conjunto de evidencias y materiales tan interesante como éste).
Acceso: Como se ha dicho más arriba, la ciudad romana de Barbotum ocupó el cerro del Monte Cillas, una colina a 570 metros de altitud controlando el piedemonte y, por tanto, en una posición muy parecida a la que, no demasiado lejos, exhibe la ciudad romana de Labitolosa (por cierto que, sobre ella, es recomendable visionar estos vídeos, algunos de los cuales se ha difundido después de la redacción de nuestro post sobre dicho enclave en este mismo blog). Para llegar al Monte Cillas el viajero, desde la carretera A-138 que comunica Barbastro con El Grado, debe desviarse a la izquierda -a la altura del Restaurante Tres Caminos, justo frente a una estación de servicio de REPSOL (el restaurante queda a la izquierda de la carretera, la gasolinera a la derecha)- para, en dirección a El Grado, tomar la A-2209, primero, durante apenas 1,5 kilómetros de acusada subida, y, después, ante la indicación "Coscojuela de Fantova" y "Hoz de Barbastro", girar a la izquierda siguiendo hasta Coscojuela por una sinuosa pero aceptable carretera que, en algunos tramos, circula paralela al Canal del Cinca. Tras llegar a Coscojuela, el viajero ha de continuar aun hasta el kilómetro 14,5 de dicha carretera momento en que, a la izquierda, encaramada sobre el Monte Cillas y tras una curva, divisará la Ermita del Socorro, en cuya pared izquierda se hallan las inscripciones que, dado su interés, justifican por sí sola esta visita (existe posibilidad de aparcar en varias pistas que van a dar a la carretera e incluso de adentrarse con el vehículo hasta los alrededores de la ermita). Ahora bien, una advertencia: la excursión al Monte Cillas es sólo apta para quien -como, entiendo, son la mayoría de los lectores de este blog- sabe emocionarse y vibrar más con lo que hay que imaginar que con lo que hay que ver en un enclave arqueológico, con el esplendor de una antigua ciudad que hoy se encuentra, todavía, oculta entre los campos de labor y bajo los almendros y vides que confieren a la zona un aspecto tan "romano". Absténgase, pues, de ella quien no sepa emocionarse ante varias inscripciones romanas (en la pared izquierda de la Ermita del Socorro se han empotrado, por este orden y de izquierda a derecha un fragmento anepígrafo de mármol, la pieza CIL, II, 5845, una dedicatoria a [A]em[i]lia Placida, la esposa de L. Val(erius) Maternus -CIL, II, 5844- y una última pieza dedicada por disposición testamentaria a Maria Co[---] D(---), seguramente la madre de Aemilia Placida -CIL, II, 5842-: para seguir las lecturas de las piezas con texto, pueden consultarse los nºs 1, 3 y 5 del catálogo publicado en Salduie, 1, 2000, citado más abajo).
Tipología: Con apenas el conocimiento del nombre de la ciudad, poco puede decirse sobre la historia de Barbotum, nombre con el que, verosímilmente, se conoció al asentamiento que ocupó el cerro de Monte Cillas perfectamente orientado hacia el Sur y con un notable control estratégico sobre el entorno circundante. Sin embargo, los datos arqueológicos que nos aporta el material recuperado en las excavaciones históricas en el lugar dirigidas por R. del Arco sí nos permiten suponer que más allá de un florecimiento de la ciudad en el siglo II d. C. (en el que debe fecharse la colección epigráfica que, a día de hoy, es el principal atractivo del lugar) y contra lo que, por ejemplo, está atestiguado en muchos otros enclaves del Valle del Ebro (algunos próximos como Labitolosa, cuya historia puede servir de patrón de comparación para la del municipio asentado en el Monte Cillas) la ciudad sobrevivió a las alteraciones del siglo III d. C. que despoblaron tantas y tantas ciudades de la zona (ver aquí, en otro post de este mismo blog) pues la colección de laudas sepulcrales proporcionada por el yacimiento nos habla de la presencia en el lugar de una elite cristianizada de la que conocemos los nombres de algunos de sus integrantes: el presbítero Macedonius y otros individuos de rango no precisado como Rufus, Viuentius o Maria que corren con los gastos de los sepulcra cubiertos por laudas musivas (ver, para las inscripciones completas y su descripción el apartado "Descripción" de este post). Sin embargo, la presencia de la Galeria tribus (la tribu a la que quedaban adscritos los ciudadanos romanos que pasaban a serlo en época de Augusto o Julio-Claudia) en las vecinas comunidades de Boletum (citada, precisamente, en la origo Boletana -la "procedencia Boletana"- del personaje cuya inscripción corona este post) y de Labitolosa (para la colección de inscripciones véase este insustituible trabajo publicado en Archivo Español de Arqueología, 68, 171-172, pp. 107-130, pincha aquí) permite pensar que también Barbotum, con una historia parecida, próxima a ambas y conectada con ellas, tuviera a sus ciudadanos (seguramente Cornelii y Aemilii, que son las familias mejor representadas en el catálogo epigráfico barbotano) adscritos a dicha tribu. Y, como manifesté en este mismo blog a propósito de Labitolosa, tal vez sean ya demasiadas referencias en la zona a la Galeria tribus -y ninguna a la Quirina tribus, la propia de los municipios flavios: ver aquí- para seguir pensando que los tres enclaves (Boletum, Barbotum y Labitolosa) recibieran el estatuto municipal a finales del siglo I d. C., en época de Vespasiano. ¿No se tratará de municipios de época de Augusto relacionados con una intensa organización del Norte del actual Aragón desarrollada por este emperador tras la fundación de la colonia Caesar Augusta? Sólo el avance de la investigación (de momento sólo iniciada arqueológicamente en Labitolosa: ver síntesis aquí) podrá confirmar o desmentir esta posibilidad... que, desde luego, parece más lógica...
Descripción: Como se ha dicho más arriba, en realidad, el viajero que acude a Monte Cillas intuye más que ve, es más lo que le evoca el material -fundamentalmente epigráfico- que se aprecia en el lugar que la entidad de éste (sin duda sobrecogedora por la generosidad de la información con que nos obsequia). En el lateral de la Ermita del Socorro se han colocado los bloques de caliza local de aspecto marmóreo (aunque no sean técnicamente mármol) arriba citados y, en los campos que se abren frente a la Ermita y en todo su contorno -especialmente en los ubicados frente a la fachada ornamentada con las inscripciones- se recoge abundante material constructivo romano: tejas, fragmentos de mármol y, por supuesto, material mueble: cerámica, sobre todo. Sabemos, además, que ese tipo de material fue el que se recuperó en las únicas -y últimas- excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el lugar hasta la fecha, las dirigidas en los años 20 por el insigne aragonés Ricardo del Arco (algunas de las fotografías de este humanista pueden verse on-line en la página web de la Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca: pincha aquí) en las que se halló el catálogo de laudas sepulcrales cristianas sobre mosaico al que ya más arriba se aludió. Es por ello que la visita a Monte Cillas ha de completarse con un paseo por el Museo de Huesca -ya hablamos sobre él en otro post de este blog: pincha aquí- que custodia algunas de esas laudas sepulcrales tardoantiguas, del siglo IV d. C., y que se cuentan entre las más hermosas de la Hispania romana (ver foto de una de las laudas, la correspondiente a AE, 1977, 472 aquí y, para una contextualización de lo que este material supone para el conjunto de la epigrafía cristiana peninsular, consúltese el trabajo de J. Gómez Pallarés sobre la cuestión, disponible totalmente en red -pincha aquí- y que alude a las piezas que nos ocupan en HU1, HU2, HU3, HU4 y HU5).
Bibliografía: La preparación de este post sobre el fascinante paraje del Monte Cillas ha recordado a quien escribe estas líneas el extraordinario servicio que internet presta ya a la investigación, también en Ciencias de la Antigüedad. El lector interesado en saber más sobre el más que probable solar de la antigua Barbotum encontrará casi toda la bibliografía sobre el Monte Cillas disponible en la red, toda excepto el volumen de DEL ARCO, R.: Excavaciones en Monte Cillas, término de Coscojuela de Fantova (Huesca), Madrid, 1921 que -publicado por la Junta Superior de Antigüedades y Excavaciones- contiene parte esencial de los descubrimientos llevados a cabo por este ilustre aragonés (ver biografía aquí) en el lugar (un libro que, seguramente por haberse publicado en Madrid falta en muchas bibliotecas aragonesas donde, precisamente, debería estar: para que luego haya aun gente que se queje del estado de las Autonomías...). Sin embargo, diversas bibliotecas digitales disponibles on-line nos obsequian con otros de los trabajos de R. del Arco, así, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes permite descargar los trabajos de DEL ARCO, R.: "Nuevos restos romanos hallados en Coscojuela de Fantova", Boletín de la Real Academia de la Historia, 75, 1919, pp. 127-142 (pincha aquí) y "Nuevos mosaicos sepulcrales cristiano-romanos de Coscojuela de Fantova (Huesca)", Boletín de la Real Academia de la Historia, 86, 1922, pp. 247-254 o aun otro de FITA, F.: "Inscripciones romanas de la diócesis de Barbastro", Boletín de la Real Academia de la Historia, 1884, pp. 211-217, imprescindible, donde (pincha aquí), en pp. 214-218 se hace inventario de parte del material epigráfico que puede contemplar hoy quien se acerque a Monte Cillas. Y, naturalmente, como complemento a estos trabajos -y con el acierto de haber sido sus autores los primeros en sugerir la reducción Barbotum-Monte Cillas de Coscojuela de Fantova tras las hipótesis de LOSTAL, J.: Arqueología del Aragón Romano, Zaragoza, 1980, pp. 38-42, donde se propone relacionar el topónimo "Monte Cillas" con el término latino cellae ("estancias" y, especialmente, "cámara central de un templo"- el excelente y extenso artículo de NAVARRO, M., MAGALLÓN, Mª Á., y SILLIÈRES, P.: "Barb(otum?): una ciudad romana en el Somontano pirenaico", Salduie, 1, 2000, pp. 247-272 (pincha aquí) con un tratamiento exhaustivo de la cuestión (que recoge toda la documentación epigráfica) semejante al de NAVARRO, M., y MAGALLÓN, Mª Á.: "Las ciudades del prepirineo occidental y central hispano en época altoimperial: sus habitantes y su status", en GONZÁLEZ, J. (ed.): Ciudades privilegiadas en el Occidente Romano, Sevilla, 1999, pp. 30-56. Por supuesto, también parte del material epigráfico con que nos ha obsequiado la zona puede seguirse a través de los buscadores al uso en internet, especialmente, por medio del Clauss-Slaby, de la Universität Frankfurt (pincha aquí y, busca por "Coscojuela de Fontova", sic, en "Lugar") y, por supuesto, del Epigraphische Datenbank Heidelberg, de la Universität Heidelberg (pincha en los siguientes enlaces para el texto de las tres laudas sepulcrales halladas en el Monte Cillas y hoy en el Museo de Huesca: AE, 1920, 4; 1977, 472; y AE, 2004, 795 pues no figuran en la base de datos heidelbergense el resto de piezas una vez que este buscador sólo recoge las inscripciones que han sido publicadas en L'Anée Épigraphique).
Recursos en internet: El yacimiento de Monte Cillas, en la pedanía rural de Coscojuela, adscrita al ayuntamiento de El Grado, no está demasiado presente aún en internet al margen de los recursos bibliográficos que arriba han sido citados y que, sin duda, suplen esa carencia. Además de la voz que se dedica a dicho enclave en la Gran Enciclopedia Aragonesa OnLine, sólo se encuentra información sobre el lugar en alguna que otra página amateur (como ésta de Salasaltas, con una breve síntesis sobre la historia del lugar) o en la web de Turimagias (pincha aquí) apenas con la indicación de la presencia de restos romanos en el lugar, sin más precisión. También esta carencia de referencias a tan sugerente enclave en la red nos ha animado a dedicarle atención en este espacio además de la debilidad que sentimos por esas ciudades documentadas, fundamentalmente, a través de la documentación epigráfica.
Recomendaciones: La presencia en este blog de otras dos ciudades romanas de la actual provincia de Huesca, la propia Osca (Huesca) y Labitolosa (La Puebla de Castro) y, especialmente, la proximidad de ésta última al lugar que ocupó la antigua Barbotum pueden eximirnos aquí de ser prolijos en recomendaciones de carácter gastronómico y turístico que, como siempre, nacen de la experiencia personal de quien escribe respecto de los establecimientos recomendados. Sin embargo, sí haremos algunas a todos los niveles. Desde el punto de vista paisajístico -cuando menos- merece la pena que el viajero que se dirija al Monte Cillas -tal vez como parada en una ruta sobre la presencia romana en el Prepirineo central que ha de incluir también Labitolosa, mucho más espectacular que el enclave que aquí nos ocupa que, sin embargo, tiene el singular encanto de las ciudades romanas que espera su oportunidad investigadora- se acerque al Santuario de Torreciudad y contemple desde él las extraordinarias vistas que éste ofrece sobre el Pirineo y sobre el Embalse de El Grado (ver panorámica con la cola completa del Embalse aquí); se detenga a degustar la gastronomía local bien en la Hostería El Tozal (pasada la presa del Embalse, en dirección a Artasona) bien en el Restaurante Tres Caminos (antes de atravesar la presa, justo sobre la carretera que conduce a Coscojuela de Fantova) quizás opción ésta última algo más refinada (el ternasco de Aragón, desde luego, se sirve excelente en este lugar aunque no justifica los 25 € del menú de fin de semana...); y, por último, se encamine hacia las tierras del Sobrarbe visitando, al menos, Aínsa o Boltaña si no todas las posibilidades que ofrece la comarca (ver aquí). Camino de Aínsa, un colega de la UNED, de raíces sobrarbeñas, me ha recomendado el Restaurante del Hotel Cotiello, en Campo, según él delicioso. En atención a su amabilidad me atrevo también aquí a someterlo a la consideración de los lectores de este post... una excepción siempre puede caber. Por cierto que, mientras se escriben estas líneas, el Instituto de Estudios Altoaragoneses -referente en la dinamización cultural de Huesca ciudad y de la provincia- ultima la preparación de un ciclo de conferencias sobre el Alto Aragón en la Antigüedad que se celebrarán en Octubre de este año y que, desde luego, serán una excelente excusa para acercarse a Huesca y visitar, tal vez, alguno de estos enclaves.