
[4] Aun hay un último punto que, a nuestro juicio, es aprovechable en la serie. Con su muy maniquea presentación de “buenos” (los Hispano-Lusitanos) y “malos” (Roma, su gobernador y sus generales, particularmente Quinto –ver vídeo aquí– que, por cierto, también aparece citado en las fuentes (Apiano, Iber. 66, como Quinctius, lógicamente) los “ojos” del espectador ven desfilar delante de sí toda la serie de tópicos con que la Geografía y la Historiografía clásicas caracterizaron la barbarie de aquellos pueblos de “condición incivilizada (…) a causa de su aislamiento” como escribió Estrabón (Strab. 3, 3, 8, acceso desde aquí a una versión de dicho texto disponible online) en época de Augusto, precisamente sobre Lusitanos y otros pueblos del Norte Peninsular. Como en Estrabón, los Lusitanos de “Hispania, la leyenda” llevan el pelo largo, usan un escudo redondo y de pequeño tamaño como el documentado en algunas sumarias esculturas del ámbito galaico (ver recreación aquí), son afamados cabreros y beben cerveza en lugar de vino, la bebida de la “civilización” (una escena de la serie presenta precisamente al general Quincio sorprendido ante este hecho y repugnado ante el sabor de dicha bebida). Podrán, por tanto –y como casi todo el mundo ha criticado rápidamente–, no haberse elegido los nombres apropiados –entre otras cosas, seguramente, porque nuestro conocimiento de los nombres propios de los antiguos Lusitanos dista mucho de estar bien documentado y, como sucede para muchas otras “etnias” paleohispánicas, apenas tenemos evidencias ya pasadas por el tamiz de la lengua latina: Ambatus, en CIL, II, 738 de Arroyo de la Luz o Tiro y Rufinus de la ya citada CIL, II, 416 de Lamas de Moledo– pero la presentación del imaginario lusitano hecha en pantalla es, desde luego –como la oposición Viriato/Galba antes descrita– altamente válida como recurso pedagógico en su dimensión historiográfica. Al final, igual que la Troya de W. Petersen (ver aquí) o el Alejandro de O. Stone (ver aquí) ofrecían –especialmente ésta última– una singular reinterpretación contemporánea de dos acontecimientos clave en la Historia del Mundo Clásico (la Guerra de Troya y el expansionismo de Alejandro), “Hispania, la leyenda” vuelve sus ojos al mundo antiguo para analizarlos desde clichés contemporáneos pero hasta eso es positivo pues ya en la historiografía clásica la distancia que separaba al historiador del objeto de estudio era directamente proporcional a la subjetividad de la aproximación que a él hacía.
En conclusión: gracias a Dios ni la televisión ni el cine son ni pretenden ser cátedras universitarias (no seamos ingenuos ni pretenciosos…). La televisión, ha de buscar –y, de hecho, busca– entretener, divertir, facilitar la evasión del espectador (y más en prime time). Así, de igual modo que tantos colegas que se han lanzado a criticar la serie tienen la prudencia suficiente para, ante un texto poético de la Antigüedad –por ejemplo pongamos un Homero o un Silio Itálico– poner en cuarentena muchas de las afirmaciones en él vertidas pero no dejar, por ello, de manejarlo como fuente histórica, a nuestro juicio, “Hispania, la leyenda”, contribuye a recuperar para nuestro día a día las señas de identidad de un pasado que ha construido nuestro presente lo que ya es un mérito indiscutible que hay que saber ponderar. Lo hace, además, ofreciendo –para quien sepa leerlas– abundantes posibilidades didácticas muy pegadas, además –como aquí hemos visto– a los textos clásicos y a la “visión” que éstos dieron de los mismos acontecimientos (otra cosa es que dicha coincidencia haya sido intencional o casual en el proceso de producción de la serie). Artísticamente, desde luego, la serie podrá dejar mucho que desear –algunos de los actores son poco creíbles– y es posible que algunas de sus inexactitudes podrían haberse evitado, pero también es cierto que si sirve para que nuestros jóvenes descubran –de la mano de sus docentes que habrán de analizar la serie con sentido crítico pero también constructivo– algunas de las cuestiones de referencia en la investigación sobre la Historia de las Guerras Lusitanas y algunos de los episodios y de los personajes clave –aunque estén cronológicamente desubicados– de dicho conflicto ya habrá valido la pena. Seamos, pues, positivos, ante un esfuerzo como éste.
NOTA.- Dada la clara dimensión pedagógica de este blog, no pueden faltar aquí algunas recomendaciones bibliográficas que, para docentes y estudiantes, podrán resultar útiles. Para acercarse a las fuentes básicas sobre los personajes históricos que aparecen en la serie (Galba, Apiano y Quincio) resulta inexcusable la lectura de Apiano (quien opine sobre la serie sin haber leído al historiador griego comete un atrevimiento, desde luego, nada científico y poco constructivo). Una buena edición es GÓMEZ ESPELOSÍN, F. J. (ed.): Sobre Iberia y Aníbal, Madrid, Alianza Editorial, 1993 (en cuya introducción se insiste precisamente en la visión que Apiano transmite del imperialismo romano y en el contraste Viriato/Roma que la serie redibujar de nuevo). Para disponer de todas las fuentes –además comentadas– sobre los acontecimientos –y, en especial, sobre la influencia de aquéllos en la política romana– puede verse la clásica recopilación de SCHÜLTEN, A.: Fontes Hispaniae Antiquae. IV. Las guerras de 154-72 a. de J. C., Barcelona, Bosch, 1937, esp. pp. 96-140. Sobre el periodo en general resultan muy sucintas y de fácil lectura las pp. 149-163 de ROLDÁN, J. M., y WULFF, F.: Citerior y Ulterior. Las provincias romanas de Hispania en época republicana, Madrid, Itsmo, 2001. Y, lógicamente, sobre Viriato –el auténtico protagonista de la serie–, existen dos monografías casi coetáneas, excelentes y con toda la bibliografía y un enfoque a la vez ameno y riguroso: VAZ, J. I.: Lusitanos no tempo de Viriato, Ésquilo, Lisboa, 2006 y, por supuesto, PASTOR, M.: Viriato, el héroe hispano que luchó por la libertad de su pueblo, La Esfera de los Libros, Madrid, 2004.
Si quieres, además, seguir la conferencia que inspiró este post, pincha en este enlace: aquí.

4 comentarios:
Estupendo post. Gracias, Javier. No he visto la serie (desde Alemania no tenemos forma de verla), pero yo también creo que una cosa es la docencia y otra el entretenimiento. Y conozco a más de un estudioso, científico, ingeniero... que eligieron su carrera tras leer una novela que les impresionó (o ver una serie/película que les impactó). Enhorabuena por el blog.
Gracias, Teresa,
Este es uno de esos comentarios que sólo pueden responderse con una expresión latina que, aunque breve, lo dice todo: "nihil obstat". Estoy totalmente de acuerdo contigo.
Un abrazo
¡Ojalá esta penosa telenovela -que no serie, en mi opinión- estuviera a la altura de tu post!
Una cosa es la docencia y otra el entrenimiento, pero también una cosa es la docencia y otra el aburrimiento. Dudo, por otra parte, que esta telenovela aburrida, que no pasara a ser un clásico ni siquiera un cult-movie-televisivo, lleve a alguno de nuestros alumnos hacia el estudio o el interés por la cultura clásica, porque en el fondo de lo que menos trata esta serie es precisamente de Viriato o de la Hispania romana. Y si lo hacen, entonces sí que se llevaran una grata impresión. Sin embargo considero que es interesante para estudiarla en la asignatura de Educación para la Convivencia como ejemplo del peligroso terreno que supone, como hacen algunos guionistas televisivos, presentar o entender los temas sobre la vida cotidina y las relaciones sociales de la antigüedad desde un punto de vista actual.
Bueno, voy a ver el capítulo de esta noche que tengo que preparar mi próximo post. Creo que hoy va de crucifixiones al estilo Kubrick.
Salva,
Es cierto, "Hispania, la leyenda" tiene aires de telenovela, de hecho, ya sabes que se la ha acusado de ser una especie de "Curro Giménez" ambientado en la Antigüedad hispana. Ya dije -quizás soslayadamente y sin grandes pretensiones: no soy crítico televisivo- que artísticamente no pasará, desde luego, a la Historia como ha podido hacerlo la serie "Roma" que hace varios años emitió Cuatro.
Pero, efectivamente, ofrece posibilidades didácticas y, desde luego, una de ellas -que yo no señalé y que te agradezco te hayas tomado la molestia de remarcar- es la de ayudarnos a recordar que no podemos mirar el pasado con los ojos del presente.
Gracias por tu comentario y enhorabuena por tus excelentes blogs.
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