Mostrando entradas con la etiqueta Conuentus Tarraconensis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conuentus Tarraconensis. Mostrar todas las entradas

PARVA CIVITAS, SED GLORIA INGENS

 


[Cartel anunciador de la Jornada sobre La Romanización en Cinco Villas, celebrada, en formato telemático, el 21 de noviembre, en la UNED de Ejea de los Caballeros, con apoyo del Centro de Estudios Cinco Villas de la Institución Fernando el Católico]

En el trabajo que venimos desarrollando, desde hace más de una década, en la ciudad romana de Los Bañales -y cuyos valores hemos resumido hace apenas unas semanas en un post anterior de Oppida Imperii Romani y aun en un reciente vídeo- siempre hemos tenido presente que los problemas históricos planteados por la excavación arqueológica y los estudios territoriales desarrollados en Los Bañales de Uncastillo sólo deben ser validados tras un diálogo incesante, y abierto, con colegas expertos en las distintas parcelas que nutren el conocimiento sobre la Antigüedad y en comparación, incesante -pues es así como trabaja la Arqueología Clásica, como recuerdan, incluso, las películas de Indiana Jones- con otros yacimientos y enclaves sometidos a condicionantes históricos y territoriales parecidos. Esa filosofía, por ejemplo, ha impregnado la Serie de Monografías "Los Bañales" que, ya con tres volúmenes editados, ha ido poniendo sobre la mesa cuestiones que, atestiguadas en Los Bañales y en la intensa presencia romana en la Comarca de Cinco Villas -cuyo conocimiento, el proyecto de Los Bañales, fundamentalmente con apoyo de la propia Comarca, ha venido a dinamizar- se han revelado con un alcance territorial mayor que ha aportado la contextualización necesaria de cualquier fenómeno histórico. 

Una de esas cuestiones ha sido la del despegue monumental temprano -entre Augusto y los Flavios- de comunidades pequeñas que, sin embargo, no alcanzaron su maduración jurídica y estatutaria hasta la extensión del ius Latii por Vespasiano, ya en época flavia, los denominados parua oppida sobre los que existe una etiqueta específica en este blog. Ese fue, precisamente, el tema principal de la Jornada de la que se da cuenta en estas líneas, una jornada de estudio inicialmente prevista para el mes de octubre, en formato presencial, pero que la situación sanitaria vivida en aquellas fechas por Ejea de los Caballeros, obligó a trasladar al mes de noviembre celebrándola, finalmente, a puerta cerrada pero con una inusitada participación de cursillistas, que, en un número superior a sesenta, sometieron a los ponentes a un extraordinario coloquio no sólo tras sus intervenciones sino, también, en la mesa redonda final.

Todo el evento, como ya se hiciera con el que, en el verano de 2017, se celebró en torno a la presentación del volumen 2 de la Serie de Monografías Los Bañales, fue grabado gracias a la extraordinaria diligencia del personal de la UNED de Ejea y de la UNED de Calatayud y, gracias a ello, y al vídeo resultante, alojado en YouTube, el público de la jornada podrá multiplicarse dando a la investigación que se hace en Los Bañales un carácter, si cabe, aun más abierto. La jornada contó con las intervenciones de quien escribe estas líneas, que habló sobre las ciudades romanas de las Cinco Villas como paradigma de esa categoría historiográfica de los parua oppida; con la de Lara Iñiguez Berrozpe, de la Universidad de Zaragoza, que profundizó en los programas de decoración pictórica públicos y privados de las primeras décadas del siglo I d. C. como evidencia de la efervescencia monumental y cívica del periodo; y con la de Joaquín Ruiz de Arbulo, de la Universitat Rovira i Virgili que dictó una magistral conferencia de clausura sobre el significado de la promoción social y política en la Roma del Alto Imperio con una especial mirada a Tarraco. La sesión se cerró con una Mesa Redonda sobre la cuestión del despegue monumental de las ciudades del Ebro Medio, y de la Tarraconense, entre Augusto y los Flavios, que sirvió de presentación al volumen 3 de la Serie de Monografías Los Bañales, y que, moderada por María Jesús Peréx, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, contó, además de con los ponentes antes citados, con Aitor Blanco-Pérez, de la Universidad de Navarra y María Ruiz del Árbol, del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Todo el material resultante de la misma, con enlaces medidos al momento de arranque de cada una de las ponencias, puede verse en el post que la UNED de Calatayud ha preparado para recoger el evento y garantizar, como era también nuestro deseo, su máxima difusión.

Sí nos parece oportuno, al margen del caudal de información histórica que las ponencias presentadas, y la discusión final, ofrecen, llamar la atención sobre unas sentidas palabras que, en la apertura del acto, pronunció José Luis Jericó, gerente de SOFEjea y secretario del Centro de Estudios Cinco Villas y que nos conmovieron, por su extraordinaria oportunidad (puedes verlas extractadas, en vídeo, aquí). En ellas este historiador de formación que tanto trabaja por la promoción de Ejea de los Caballeros y de las Cinco Villas de Aragón, subrayó no sólo el papel que Los Bañales tienen como "elemento importantísimo de la Historia de Aragón" sino también como "elemento irradiador para la vertebración del territorio de las Cinco Villas y para su desarrollo económico" -"eje estructurante de la Comarca", de hecho, llegó a llamarlos- poniendo de relieve de qué modo aspectos como "la promoción de la imagen, la visibilización de las potencialidades de la Comarca Cinco Villas y de su actividad turística" se han beneficiado, en estos años, del proyecto que hemos desarrollado en Los Bañales y al que, ojalá, le queden todavía muchos años de recorrido. Gracias por estas palabras que tanto significan para un proyecto que debe seguir uniendo a todos los cincovilleses en torno a la apuesta que -creciente y comprometidísima en estos últimos años- ha hecho la Comarca de Cinco Villas de la que seguimos esperando todo lo mejor. 

Toca ahora disfrutar de este evento en diferido que, seguro, resultará -como nos resultó para quienes pudimos intervenir en él- absolutamente inspirador. 


LESERA (Forcall)


























[Inscripciones de La Iglesuela del Cid -arriba- y de Morella -abajo-: CIL, II2/14, 775 y 770]
[Domus en la parte alta de La Moleta dels Frares y aterrazamiento para el posible foro de Lesera]

Situación: Visitando el yacimiento de La Moleta dels Frares (Forcall, Castellón) uno puede entender perfectamente la razón de la existencia en el lugar –hoy totalmente despoblado– de un municipio augústeo en época romana (asunto sobre el que volveremos seguidamente). Todavía hoy, el recoleto municipio castellonense de Forcall se encuentra perfectamente comunicado con el Valle del Ebro a través de la N-232 –por Alcañiz, cuyo pasado romano queda más claro cada día a medida que avanzan las excavaciones en El Palao, tal vez la antigua Osicerda de las fuentes (y, en especial de las monedas) antiguas si es que ésta no debe buscarse en La Puebla de Híjar (sobre éste debate puede profundizarse aquí)– pero también excelentemente enlazado con la costa mediterránea a partir de Morella y de un trazado surcado en su día por la uia Augusta que recorría el litoral en época antigua y que, de hecho, está siendo puesto en valor últimamente (pincha aquí para ver información sobre ese proyecto en el tramo catalán y aquí para el valenciano). Por tanto, la ciudad que en época romana ocupó La Moleta dels Frares de Forcall, gozó de unas potencialidades geoestratégicas que tal vez hoy se han desplazado a la vecina Morella, localidad en la que se conserva, de hecho, la inscripción (CIL, II2/14, 770) que, gracias a la genialidad de G. Alföldy (ALFÖLDY, G.: Res Publica Leserensis (Forcall, Castellón), Valencia, 1977) ha permitido que el yacimiento de Forcall pueda reducirse a la Lesera citada por las fuentes antiguas (aunque volveremos sobre ello más adelante, desde luego, la día de hoy, la referencia inexcusable para conocer en detalle el yacimiento es la sensacional monografía que Ferrán Arasa -de la Universitat de València- acaba de publicar sobre el lugar: ARASA, F.: La ciutat romana de Lesera, Forcall, 2009). Si a dicha situación añadimos que todavía hoy Forcall está ubicada en la confluencia de los ríos Catanvella, Bergantes y Calders –cuya acción fluvial, de hecho, ha sido históricamente responsable del paisaje de muelas que circunda la localidad, una de ellas la propia Moleta, solar del yacimiento– esas potencialidades estratégicas antes comentadas se multiplican para explicar por qué y sobre una extensión de no más de 7 Has, se ubicó un municipio que debió adquirir su estatuto en la soberbia acción municipalizadora llevada a cabo por Augusto seguramente en la segunda parte de su reinado.
Acceso: Para comprender la historia de Lesera, es necesario –desde luego– visitar La Moleta dels Frares en Forcall pero también el yacimiento de La Ermita de la Virgen del Cid en La Iglesuela del Cid (Teruel, pero apenas a 25 kilómetros de Forcall bien por Cinctorres bien por Cantavieja) –como concluye la introducción a la epigrafía de Lesera del volumen II2/14 del Corpus Inscriptionum Latinarum, seguramente un espacio poblacional relacionado con Lesera y no, como ha apuntado recientemente J. Corell (CORELL, J.: Inscripcions romanes del País Valencià. II. 1. L’Alt Palencia, Edeba, Lesera i els seus territoris, Valencia, 2005) otro municipio independiente– y, por supuesto, el Plá d’Estudis de la hermosa localidad medieval de Morella donde, embutida en una antigua construcción solariega, puede verse –a apenas dos metros del suelo– la inscripción que, alusiva a Caracalla, documenta la dedicación de un ara a Júpiter por la res publica Leserensis y a la que antes aludimos (CIL, II2/14, 770 con foto en el encabezamiento de este post). En cualquier caso, y dado que tanto el Plá d’Estudis de Morella como la Ermita de la Virgen del Cid de La Iglesuela están perfectamente indicados, recomendamos que para acceder a La Moleta dels Frares, el solar urbano de la antigua Lesera, se pregunte en la localidad de Forcall. En cualquier caso, es necesario atravesar el pueblo por la carretera que lo circunda y, una vez que se ha salido de éste tomar el primer camino a la derecha, seguidamente el primero, de nuevo, a la derecha y seguirlo hasta que se divise La Moleta, momento en que –y siempre a partir de pistas engravadas más o menos transitables– se ha de girar a la izquierda, dejar el coche y continuar a pie por la pendiente vía de acceso al yacimiento abierta en los últimos años.
Tipología: El yacimiento que ocupa las dos últimas terrazas de La Moleta dels Frares es, como hemos anotado más arriba, y, a todas luces, el solar de la antigua Lesera. Ausente en las menciones plinianas –lo que no deja de dar una pista sobre la posible fecha de su promoción a estatuto municipal–, Lesera aparece citada en la Geographiké Hyphegésis de Claudio Ptolomeo, en el siglo II d. C. (Ptol. Geog. 2, 6, 63) y, además, nos consta que hacia el 211 d. C., durante el reinado de Caracalla, funcionaba con un estatuto municipal como res publica (literalmente, en el texto epigráfico llevado a Morella y antes citado: res [pu]blica Leser[en]sis). Por tanto, si en los albores del siglo III d. C. Lesera tenía un estatuto jurídico privilegiado, bien la época de Augusto bien la época de los Flavios –los dos grandes momentos de extensión del expediente municipalizador en la Hispania romana– deben proponerse como el momento de la promoción al estatuto municipal de un enclave que debió estar poblado ya desde la Edad del Bronce y que siguió estándolo hasta la época andalusí (lo que, en gran parte, explica el arrasamiento de muchas de sus antiguas estructuras monumentales). Como, además, un altar del siglo II d. C. (CIL, II2/14, 771) alude a un Cn(aeus) Baebius Cn(aei) f(ilius) Gal(eria tribus) Geminus y una estela del área necropolitana de Lesera –fechada a finales del siglo I d. C.– alude a un C(aius) Iulius Gal(eria tribus) Fronto (CIL, II2/14, 772) –ambas hoy en la colección museográfica local, aun en formación– nos hacen constar que fue la Galeria la tribus en la que estaban inscritos los ciues de Lesera, por tanto, ello nos permite concluir en la municipalización augústea del enclave como ya demostrara hace tiempo el propio G. Alföldy. El silencio pliniano –nada infrecuente: otro presunto municipio (quizás mejor augústeo que flavio) como Labitulosa (La Puebla de Castro, Huesca) tampoco aparece citado en Plinio y Segobriga, indiscutible municipio de Augusto, aparece en los listados del Naturalista como ciudad estipendiaria, no privilegiada– no debe invalidar la teoría sino, más bien, aportar datos sobre el momento en que la promoción jurídica del lugar se llevó a cabo. Si, además, como creemos, las menciones a la Galeria tribus de una de las inscripciones de La Ermita de la Virgen del Cid, en La Iglesuela, han de ponerse en relación con Forcall no quedará más remedio que concluir que Forcall esconde los restos del municipium Leserense, promocionado a dicho estatuto privilegiado en época de Augusto y que, aun funcionando todavía como tal a comienzos del siglo III d. C., no tardaría en iniciar, poco después, un declive lento pero progresivo como sucedió en tantos y tantos enclaves peninsulares de municipalización temprana, bien augústea, bien flavia.
Descripción: Desde luego, visitar Lesera es un ejercicio muy recomendable para comprender cómo –contra lo que, insistentemente, por ejemplo, ha proclamado la historiografía francesa (LE ROUX, P.: “´Municipium Latinum` et ´Municipium Italiae`: a propòs de la Lex Irnitana”, en Epigrafía: actas du Colloque Internacional d’Épigraphie Latine en mémoire de Attilio Degrassi, Roma, 1991, pp. 561-582 o, más recientemente, KREMER, D.: Ius Latinum. Le concept de Droit Latin sous la République et l’Empire, París, 2006)– lo esencial de un municipio romano –y, en especial, de uno de estatuto jurídico latino (sobre las diferencias entre ambos puede verse, grosso modo, otro antiguo post de este blog)– no es ni su extensión, ni su monumentalidad, ni su posesión de sensacionales monumentos epigráficos de naturaleza jurídica, ni siquiera su mención en las fuentes literarias. Como ha demostrado –a nuestro juicio con rigor y solvencia– la investigación de E. García Fernández (GARCÍA FERNÁNDEZ, E.: El municipio latino. Origen y desarrollo constitucional, Madrid, 2001, disponible aquí, y con unas pp. 73-124 ciertamente inspiradas y documentadas aunque, tristemente, muchas veces soslayadas por los investigadores sobre temática municipal), un municipio es, sencillamente, la mejor muestra de la capacidad de adaptación de Roma a las circunstancias locales y al sustrato indígena reconociendo el funcionamiento ajustado a Derecho Romano de comunidades que, muchas veces, contarían con apenas unas pocas familias hábiles para el desempeño de magistraturas -que ya debieron existir en la época pre-municipal- pero que, en cualquier caso, por existir éstas, debía ya existir el ordenamiento jurídico municipal (piénsese en el caso de Irni, excepcionalmente documentado como municipio flavio a través de la Lex Irnitana pero que, sin embargo, no ha aportado ningún dato arqueológico de entidad) (sobre estas cuestiones, nada tangenciales, puede verse nuestro trabajo ANDREU, J.: “En torno al ius Latii flavio en Hispania. A propósito de una nueva publicación sobre Latinidad”, Faventia, 29/2, 2007, pp. 37-46, disponible aquí). Y es que, lo que hoy queda de Lesera pero –sobre todo– las infraestructuras con las que ésta debió contar en la Antigüedad a juzgar por los restos arqueológicos ponen de manifiesto que se trataba de un pequeño enclave dotado de infraestructuras domésticas –una notable vivienda de los siglos I y II d. C. puede contemplarse en la parte alta de La Moleta, sobre la terraza presuntamente ocupada por el foro–, seguramente de un notable área forense -de la que, como se verá más adelante, parecen haberse localizado las primeras evidencias este verano- ubicada sobre un espectacular aterrazamiento de opus caementicium y opus uitattum (para la vivienda y para este aterrazamiento, pueden verse las fotos que encabezan este post), y de una monumental puerta de acceso en la cara Oeste de La Moleta. Eso es todo lo que hoy puede visitarse, pero es suficiente, como comentábamos más arriba, para comprender qué es y qué necesitaba un municipio para funcionar algo que, por otra parte, ya lo recordaban los textos clásicos que se ocuparon del concepto de municipium en el mundo romano (Gell, NA., 16, 13 y Festus, Gloss. Lat., 117L y 262L, comentados, por ejemplo, por RODRÍGUEZ NEILA, J. F.: “A propósito de la noción de municipio en el mundo romano”, HAnt., 6, 1976, pp. 147-167): magistraturas y ciudadanos dispuestos a hacerse cargo de ellas, nada más ni nada menos. En cualquier caso, y volviendo a los recursos arqueológicos de Forcall ya el verano pasado, el Ajuntament de Forcall organizó una pequeña muestra museográfica en la Oficina de Turismo de la localidad que habrá de constituir el germen de una futura colección museográfica local: materiales, desde luego, no faltan para ello como habrá deducido el lector a propósito de las inscripciones aludidas, por ejemplo, en el apartado Tipología de este mismo post.
Bibliografía: Ahora que ya contamos con un completo y documentadísimo listado bibliográfico sobre La Moleta dels Frares/Lesera a partir de las páginas 157-165 del trabajo de ARASA, F.: La ciutat romana de Lesera, Forcall, 2009 huelga hacer aquí reiterar una relación que puede consultarse en ese trabajo -ya de referencia sobre el yacimiento pese a su reciente edición-. En cualquier caso, los resultados de las campañas ya publicadas pueden consultarse en PDF en las revistas en que fueron publicados, por ejemplo, una síntesis sobre las mismas a fecha de 2007 puede verse en ARASA, F.: "Las excavacions a la ciutat romana de Lesera (Forcall, Els Ports)", Saguntum, 39, 2007, pp. 199-201 (que puedes descargar desde aquí avanzando en el documento hacia las últimas páginas) de igual modo que la página en Dialnet del Prof. Arasa ofrece un listado completo de muchas de ellas. A ella, pues, remitimos.
Recursos en internet: Pese al atractivo del lugar, no es mucha la información que sobre Lesera -como, por otra parte, suele ser habitual en yacimientos aun en proceso de estudio- ofrece la red. Sí hay algunas alusiones -raquíticas, en cualquier caso- a Lesera en la web del Museo de Prehistòria de Valencia, un emotivo y meritorio "homenaje" al yacimiento fruto del amateur Enrique Polo y alojado en Lycos (las fotografías que ofrece de la puerta de acceso a la ciudad y la panormámica de La Moleta son de extraordinario interés), y, lógicamente, noticias en la prensa local sobre las últimas campañas de excavación, sobre la exposición museográfica instalada este verano en Forcall o sobre la Fira Ibero Romana (El Mercantil Valenciano y el Diario Crítico de la Comunitat Valenciana, Las Provincias y 3 x 4 Info, respectivamente) evento estival de animación lúdica inspirada en el mundo romano que va ya por su segunda edición (ver datos y aquí).
Recomendaciones: La envidiable situación estratégica de Forcall hace que unas buenas recomendaciones relativas a las posibilidades turísticas de la zona merezcan, prácticamente, una web por sí misma para poder ser contempladas lo que excede, en mucho, las posibilidades del autor de este blog. Morella, Cantavieja, La Iglesuela del Cid, Tronchón, Molinos, Mas de las Matas… y, en general, todas las localidades de las comarcas del Alt y Baix Maestrat (ver también aquí la página de recursos turísticos de la franja turolense de esta Comarca) valen una visita para quien se haya acercado a estas tierras animado por los restos arqueológicos de La Moleta dels Frares. Por eso, vamos a limitarnos aquí a hacer unas recomendaciones de carácter gastronómico para quien quiera conocer de primera mano la excelente cocina forcallana y a insistir al visitante en que el mejor complemento para quien visita Lesera es –como antes dijimos– acercarse a La Iglesuela del Cid y visitar el yacimiento de El Morrón del Cid o, al menos, la Ermita de la Virgen del Cid y su soberbia colección de inscripciones pertenecientes a varios monumentos funerarios romanos (sobre éstos ha de verse ARASA, F.: “El monumento romano de la Ermita de la Virgen del Cid (La Iglesuela del Cid, Teruel)”, BMZ, 6, 1987, pp. 141-170). Por partes, las recomendaciones gastronómicas en Forcall pasan por el Restaurante Hostal Aguilar, ubicado al pie de la carretera que, una vez cruzado el río Caldes, circunvala la localidad de Forcall y, especialmente, por el Mesón/Mesón de la Vila, en la plaza del pueblo –salpicada de agradables terrazas como las de los bares Els Ports y Ca Costa– y en el que deben degustarse la sopa forcallana o la cazuela típica de dicho Mesón, un contundente potaje muy propio de la cocina de estas tierras castellonenses. Ambos restaurantes ofrecen menús a precios más que asequibles y un trato excelente. Y en La Iglesuela del Cid –donde se ha instalado una muy bien dotada Oficina de Turismo que ocupa el local de una antigua casa solariega local, hermosísima: la Casa Aliaga–, el visitante ha de rendir pleitesía a las inscripciones alusivas a M(arcus) D(omitius) Proculus y M(arcus) D(omitius) Seranus en dos piezas que hacen hoy de esquinas de la fachada lateral de la Ermita, la inmediata al aparcamiento habilitado en la misma (CIL, II2/14, 778, 1-2 y 779) y, muy especialmente, en la nave de sacristía de la Ermita, han de contemplar el sensacional basamento de un monumento funerario tal vez de tipo turriforme –uno de cuyos presuntos puluini puede verse sobre la primera de las dos inscripciones antes aludidas– y a la placa de mármol brocatello –un mármol rosáceo explotado en la antigua Dertosa (Tortosa) y que alcanzó una notable popularidad en el mundo romano– que perteneció a la sepultura de C(aius) Domitius Proculus y, más tarde, acogió también la de algunos de sus familiares de sangre y libertos que actuaron, en su día, además, como dedicantes (CIL, II2/14, 775, con foto en la parte superior de este post). La adscripción a la Galeria tribus de dos de esos Domitii de esta placa permite alimentar, de nuevo, la idea de que Lesera fue un municipio de época de Augusto y que en La Iglesuela del Cid no tendríamos sino una monumental uilla o centro rural indeterminado adscrito al territorium del espectacular municipio al que hemos querido rendir atención en esta entrada invernal de este blog.

SAGVNTVM (Sagunto)
































[Puerta del circo, dos detalles del foro, y cauea del teatro]

Situación: Ubicada en un auténtico nudo de comunicaciones (ver mapa), en Sagunto -actual provincia de Valencia aunque ya muy cerca de Castellón- convergen tres vías fundamentales que permiten el acceso al interior de las tierras valencianas: la A-7, casi paralela a la antigua uia Augusta; la AP-7 o Autopista del Mediterráneo, que recorre todo el litoral; y la denominada Autovía Mudéjar o A-23, que permite el acceso al Valle del Ebro y a la Meseta (casi como la antigua calzada que comunicaba Arse/Saguntum con la Celtiberia, según el reciente estudio de LEDO, A. C.: La calzada Arse/Saguntum-Celtiberia: estudio histórico-arqueológico, Valencia, 2005). Partiendo de dicha situación, visitar Sagunto -también bien conectado por ferrocarril: ver aquí- es, desde luego, inexcusable para quien, al menos, viva en el radio de acción de estas modernas vías. Esta privilegiada situación -si se quiere, incluso amplificada por su condición de puerto natural en la desembocadura del río Palancia- también nos consta en la Antigüedad actuando Saguntum como verdadero eje de comunicaciones en época romana y estando citada como mansio viaria tanto en el Itinerario de Antonino (It. Ant. 400, 2, disponible en red completo en la web de El Miliario Extravagante) como en el Cosmógrafo de Ravenna (Rav. Cosm. 304, 5 y 342, 13).
Acceso: Todos los restos arqueológicos y Museos relacionados con el municipio romano de Saguntum se ubican en el casco urbano de la ciudad -que, de hecho, da la bienvenida a sus visitantes con una monumental y acertada réplica de la inscripción CIL, II2/14, 327, con foto en el sensacional banco de imágenes digitales del Centro CIL II de Alcalá de Henares- por lo que no son necesarias más indicaciones prácticas. Además, éstos aparecen -todos y cada uno- perfectamente indicados en los planos turísticos que ofrece la Oficina de Turismo de Sagunto (algunos están disponibles on-line aquí como documentos base utilísimos para preparar la visita).
Tipología: Aunque fue un interesante, estratégico y clave enclave edetano en época ibérica (Ptol. 2, 6, 62) -Arse-, que acuñó moneda con idéntico nombre de rótulo (sobre la ceca de arse existe notable documentación en la red, por ejemplo, en la web de Eduardo Lovuet y en el utilísimo portal Tesorillo, que se ocupa también de la romana Saguntum y sobre su papel en los momentos iniciales de la amonedación peninsular puede verse hoy la actualísima síntesis de CHAVEZ, F.: "Las amonedaciones hispanas en la Antigüedad", en ANDREU, J., CABRERO, J., y RODÀ, I. (eds.): Hispaniae, las provincias hispanas en el mundo romano, Tarragona, 2009, pp. 47-98, para las cecas, véase RIPOLLÉS, P. P.: Arse-Saguntum: historia monetaria de la ciudad y su territorio, Sagunto, 2002) (para el proceso de monumentalización, resulta útil el trabajo de CHINER, P.: La decoración arquitectónica en Saguntum, Valencia, 1990) la realidad es que Sagunto pasó a la Historia Antigua en relación a su papel en las Guerras Púnicas en tanto que pretexto de la Segunda Guerra Púnica por la supuesta violación por parte de Cartago del denominado Tratado del Ebro. Si durante la época ibérica fue un enclave estratégico de primer orden y, por ello, fue convertida en aliada de Roma (véase, al respecto, ALVAR, J.: "Las ciudades del litoral ibero según las fuentes clásicas", en Leyenda y Arqueología de las ciudades prerromanas de la Península Ibérica. I, Madrid, 1994, pp. 7-22) y en época republicana desempeñó un notable papel en las guerras sertorianas (fue el puerto en el que Sertorio venció a Pompeyo en el 75 a. C., según Plut. Sert. 21), en época imperial debió recibir el título de municipio romano de parte de Augusto ya que Plinio alude a ella como oppidum ciuium Romanorum (Plin. Nat. 3, 20: para todas las fuentes sobre Saguntum, comentadas, puede verse el elenco y las reflexiones a propósito que ofrecen ALVAR, J., y ROLDÁN, J. M.: "Saguntum", en ROLDÁN, J. M. (dir.): Diccionario Akal de la Antigüedad hispana, Madrid, 2006, pp. 820-821, un libro imprescindible). A partir de dicha promoción jurídica -fechada con notable probabilidad en torno al 27 a. C. (véanse los todavía válidos comentarios de BELTRÁN LLORIS, F.: Epigrafía Latina de Saguntum y su territorium: cronología, territorium, notas prosopográficas, cuestiones municipales, Valencia, 1980, pp. 380-389)- la ciudad, como suele ser habitual, inició un notable proceso de monumentalización que la dotó de muchos de los monumentos que hoy podemos contemplar.
Descripción: Sagunto es una de esas ciudades hispanas donde se toca -también física y urbanísticamente (ver noticia aquí)- la Historia. La instalación en 2007 del Museu Históric de Sagunt -en el inicio de la subida al castillo- ha permitido que el visitante cuente con un pórtico extraordinario desde el que aproximarse a la Historia Antigua de Arse/Saguntum y, de modo especial, a su pasado romano, el que, sin duda, ha dejado más evidencias. En él se conservan algunas notables inscripciones honoríficas (CIL, II2/14, 407, con foto; CIL, II2/14, 349, con foto aquí; o CIL, II2/14, 351, con foto aquí, testimonios estas últimas de la adscripción a la Galeria tribus de los ciues Saguntini), una notable colección de ánforas romanas testimonio de la importancia comercial de la ciudad -que parece aun mantenerse hoy en día gracias al vecino puerto-, y -especialmente impactantes- un notable conjunto de opera sectilia (pavimentos marmóreos en grandes losas) que ilustran también el poder adquisitivo de los habitantes de la antigua Saguntum así como la amplitud de sus contactos económicos (parte de esa opulentissima uita fue analizada por la exposición recogida en MUÑOZ, M. (coord.): Opulentissima Saguntum, Sagunto, 2004. A partir del Museo, el visitante puede dirigirse hacia el castillo para admirar el soberbio teatro romano (ver organización arquitectónica y planta aquí y consultar horarios de apertura aquí), construido avanzada la época Julio-Claudia y con una larga historia tanto de reformas como de investigaciones y restauraciones (magistralmente sintetizada aquí). Ciertamente -y parece que quien escribe sobre este singular monumento tiene necesariamente que pronunciarse sobre su controvertida restauración- a nosotros ésta se nos antoja adecuada pues partimos de la base de que cualquier puesta en valor que recupere y ponga de actualidad conjuntos arqueológicos es -si se hace con el debido control- muy positiva, más aun si, además, ésta permite hacerse cargo del aspecto original de un edificio clave en una ciudad romana como ésta (pincha aquí para conocer datos sobre el ya célebre Festival de Teatro Grecolatino de Sagunto). Desde allí, el siguiente hito en la visita a Saguntum es el espacio del foro, hoy un cúmulo -algo caótico y demasiado confuso para el visitante- de ruinas que, sin embargo, permiten intuir la monumentalidad del conjunto, que fue pagado por el evergeta local Cn(aeus) Baebius [Ge]minus, tal como sancionan varios monumentales fragmentos epigráficos con litterae aureae ("letras doradas", hoy apliques para fijar letras metálicas) conservados en uno de los laterales del conjunto (CIL, II2/14, 374, con restitución completa aquí), del que ofrecemos foto arriba, junto con otra foto de la aludida inscripción. Desde el foro, la siguiente cita -ya en medio de la fortaleza moderna- es el denominado Antiquarium Epigráfico de Saguntum, un aparentemente modesto -pero fascinante- lapidario (ver horarios aquí) en el que el visitante puede contemplar algunas de las más conocidas inscripciones funerarias del municipium (CIL, II2/14, 480 -con foto aquí-, alusiva a un miembro de una de las familias locales, la de los Gratii), honoríficas (CIL, II2/14, 385 -con foto aquí-, precisamente referida a otro ciudadano adscrito a la Galeria tribus, y, además, entre ellas, con notable presencia de los Baebii, una de las familias de potentados locales, que estudiara ALFÖLDY, G.: Los Baebii de Saguntum, Valencia, 1977) y cultuales de Saguntum y de su notable territorium (hoy hablaríamos de "término municipal"), por cierto, muy bien explicado en los muy meritorios paneles explicativos del centro. Y es que, en la investigación en Historia Antigua Peninsular, la conformación y edición del repertorio epigráfico de la antigua Sagunto ha ocupado un lugar preeminente. Así, ésta fue objeto de una primera sistematización científica por BELTRÁN LLORIS, F.: Epigrafía Latina de Saguntum y su territorium: cronología, territorium, notas prosopográficas, cuestiones municipales, Valencia, 1980, una obra avanzadísima para su tiempo y que aunque -en lo que al catálogo de inscripciones respecta- ha sido actualizada por el vastísimo trabajo de CORELL, J.: Inscripcions romanes del País Valencià. Saguntum i el seu territori, Valencia, 2002, sigue siendo de referencia para la Historia de Saguntum y para cuestiones de tipología del soporte epigráfico (al respecto, puede verse nuestro juicio en el capítulol consagrado, precisamente, a este asunto, en la Epigrafía Latina de Liceus E-Excellence: pincha aquí). Completan la arqueología del antiguo municipio el célebre Artemision (con estudio histórico del mismo obra de A. García y Bellido disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes), las monumentales puertas del circo romano -con una puesta en valor también muy acertada (ver foto en la parte superior de este post, noticia aquí y fotografía aérea a partir de este enlace) y que fueran estudiadas por LÓPEZ, M., PASCUAL, I., y HERNÁNDEZ, E.: "La implantación del circo en el área suburbana de Saguntum", Saguntum, 29, 1995, pp. 221-230-; y, por último, los estribos del antiguo puente romano sobre el río Palancia , visibles desde el Pont del Cronista Emili Llueca (ver detalle aéreo aquí).
Bibliografía: Como suele suceder en la mayoría de yacimientos arqueológicos -y es de justicia, de hecho, que así suceda- Saguntum está vinculado -al menos en los últimos decenios- al trabajo de Carmen Aranegui. Ahondar en su producción bibliográfica (con lista completa y actualizada aquí y con algunos artículos disponibles completos a partir de dialnet) es el mejor modo de hacerse cargo de los principales títulos publicados respecto de la urbanística de la romana Saguntum. Clave es, por ejemplo, ARANEGUI, C.: Sagunto. Oppidum, emporio y municipio romano, Barcelona, 2004 así como la síntesis de HERNÁNDEZ, E.: "Sagunto", en MAYER, M., y RODÀ, I. (eds.): Ciudades antiguas del Mediterráneo, Barcelona, 1998, pp. 368-369. Complétese, en cualquier caso, ésta, con los títulos citados más arriba a propósito de las distintas cuestiones históricas o arqueológicas de este singular enclave.
Recursos en internet: La particular "mitología histórica" -por llamarlo de algún modo- que ha rodeado siempre -ya desde los textos clásicos- a la antigua Saguntum hace que la presencia de ésta en la red sea dignísima, ocupando un lugar monográfico en algunos de los portales de Humanidades más visitados de internet: por supuesto, Wikipedia, ArteHistoria, ArteGuías o ArteEspaña (este último algo más flojo). A partir de ahí, existen síntesis más o menos voluntariosas (como la de la web Tarraconensis o, la mejor documentada, del Albergue Olocau) y, por supuesto, están bien documentados -y resulta útil la información que proporcionan- los enlaces que ofrecen la Página Web Oficial de Turismo de Sagunto, el Portal de Turismo de la Comunitat Valenciana, o la síntesis histórica que ofrece la web del Ayuntamiento de Sagunto (pincha también aquí para una notable síntesis sobre el papel de esta ciudad, aliada de Roma, en el origen de la Segunda Guerra Púnica). También resulta útil el profesional blog Saguntour con noticias actualizadas sobre el patrimonio -no sólo arqueológico- saguntino.
Recomendaciones: Como toda la Comunitat Valenciana, Sagunto es tierra de excelentes arroces. Ciertamente, la ciudad de Sagunto parece vivir algo de espaldas al mar pero, en cualquier caso, no es difícil encontrar restaurantes que sirvan no sólo paella sino raciones de productos típicamente marineros (calamares, rabas, chopitos, mejillones...). Un restaurante agradable, céntrico, de trato excelente y con muy apropiada relación calidad/precio es el Mesón Casa Felipe, prácticamente al lado del Museo de Historia de la Ciudad y con un menú del día variado, exquisito y asequible. Para los amantes del mar, el complemento necesario de la visita a Sagunto es acercarse a Puerto de Sagunto. Y allí, si se quiere huir de los típicos establecimientos de primera línea de playa (en los que uno parece una rara auis si se sienta a la mesa vestido y no en bañador o en bikini), nuestra apuesta es el Restaurante Ojo de Buey, apenas a un par de manzanas de la playa hacia el interior y que, en un ambiente marinero, sirve unos arroces (en especial la paella valenciana) muy recomendables (ver lista, en cualquier caso, de posibilidades aquí). Y, desde luego, aunque sea una recomendación en sentido inverso -y Sagunto sea no el origen de nuestro viaje sino un destino secundario-, la antigua Saguntum puede ser el pretexto ideal para huir de las -a veces- soporíferas tardes playeras en las excelentes playas de la vecina Costa del Azahar, en las que tal vez Peñíscola (y, allí, el Hotel Ágora) y Benicarló (nos atrevemos a recomendar el Residencial Mediterránea Peñíscola) puedan resultar los destinos más familiares (especialmente éste último donde el viajero no debe dejar de probar la excelente horchata de La Jijonenca, franquicia de la que en Benicarló -como en tantas ciudades del Levante- existen varios establecimientos).





TARRACO (Tarragona)














[El Mèdol, inscripción RIT, 258 en C/Caballeros, anfiteatro,
foro provincial y acueducto de Les Ferreres]
[Para una galería de imágenes comentadas pincha aquí]


Situación: La antigua Tarraco -actual Tarragona (Cataluña)- es, como Augusta Emerita y respecto de Hispania, otra de esas "Mecas" que cualquier estudioso o amante de la Antigüedad Clásica debe visitar al menos una vez. Aunque la ciudad conserva muchos más reclamos turísticos que los estrictamente arqueológicos (puedes consultar información sobre éstos en la Web del Patronat Municipal de Turisme de la ciudad), desde luego sus extraordinarios espacios arqueológicos y museísticos y, por supuesto, el modo cómo algunos de ellos han sido puestos en valor y promocionados en los últimos diez años convierten a Tarragona en una visita obligada para todo el que quiera conocer algo más sobre el paisaje urbano de una antigua ciudad romana. Y, desde luego, por su situación, en el centro de una de las zonas costeras más concurridas del país (especialmente la Costa Daurada) y muy cerca de Barcelona, el patrimonio arqueológico de Tarragona es, en sí misma, la mejor excusa para aproximarse al conocimiento del potencial turístico de Cataluña.
Acceso: A Tarragona puede llegarse en coche a través de la autopista A-2 que recorre todo el Mediterráneo y que enlaza, además, con la mayor parte de redes de autopistas y carreteras del Nordeste Peninsular. La proximidad de los aeropuertos de Barcelona y de Reus y, por supuesto, la recientemente inaugurada estación de ferrocarril de Camp de Tarragona (ciertamente algo alejada de la ciudad) facilitan notablemente la llegada a la ciudad, como puede verse, extraordinariamente bien vertebrada con su entorno. De dicha vertebración, Tarraco ya disfrutó en la Antigüedad por cuanto que estaba ubicada al pie de la uia Augusta y de la uia de Italia in Hispanias (It. Ant. 391; 396, 2; 399, 1; 448, 3; 452, 5 y Rav. Cosm. 303, 13).
Tipología: Colonia Tarraco, Scipionum opus sicut Carthago Poenorum (rótulo que aun puede leerse, con letras totalmente epigráficas tanto a la entrada de Tarragona por la antigua Via Augusta como en el edificio del Museu Arqueològic). Con este texto, Plinio (Plin. Nat. 3, 21, 3) indica el carácter de temprano asentamiento romano peninsular de la antecesora de la actual Tarragona -fundada hacia el 218 a. C.- y subraya, además, la importancia histórica que tuvo su fundador, P. Cornelio Escipión. La ciudad debió asentarse sobre un notable poblado ibérico cesetano -que acuñó moneda- instalado en la desembocadura del río Francolí. Más tarde, en época de César, recibiría el estatuto de colonia adoptando el célebre nombre de c(olonia) I(ulia) V(rbs) T(riumphalis) T(arraco), con el que, por otra parte, también acuñará moneda (ver monedas aquí y síntesis sobre las series aquí) o es citada en las inscripciones municipales (RIT, 918, de uno de los miembros de una familia de la elite local: los Minicii, sobre éstos, pincha aquí o RIT, 23, de otro Minicius, y con alusión al Genius col(oniae) I(uliae) V(rbis) T(riumphalis) Tarrac(onis)). Antes, seguramente, en tanto que puerto estratégico romano en Hispania (praesidium), debió gozar del estatuto de ciuitas libera o ciuitas foederata ("ciudad libre" o "ciudad federada", ver sobre estos estatutos otro post de este mismo blog). A mediados del siglo I, en época flavia, la ciudad inició un notable programa de construcción pública resultado, desde luego, de la adquisición de Tarraco -por entonces, y ya desde Augusto (Cass. Dio 53, 12, 5), capital de la prouincia Hispania Citerior- de nuevas y estratégicas funciones en relación al culto imperial provincial. Así, ése fue el momento en que la parte alta de la ciudad (ver recreación ideal de la parte alta aquí y aquí de toda la ciudad) se dotó de un sistema que vinculaba un área cultual -en la parte superior, coincidente con la actual Catedral y relacionada con el culto al emperador- con otra auto-representativa (de la que proceden muchos de los pedestales que pueden verse tanto en el Museu Arqueològic como en algunas calles de la ciudad, por ejemplo en las C/Caballeros o C/Mercería -RIT, 258, con foto en la parte superior de este post y RIT, 422 respectivamente- o en la denominada Puerta de Santa Tecla de la Catedral -RIT, 157-, algunas, además, en la denominada "piedra de Santa Tecla", uno de los materiales lapídeos más usados en la antigua Tarraco y objeto de revisión en un reciente y excelente trabajo: ÁLVAREZ, A., GARCÍA-ENTERO, V., GUTIÉRREZ, A., y RODÀ, I.: Tarraco marmor. The Quarrying, Use and Trade of Santa Tecla stone in Roman Times, Tarragona, 2009). Esa segunda terraza terminaba en el monumental circo para carreras de carros, todo ello en el recinto del denominado foro provincial. A partir del siglo III d. C., y durante toda la Antigüedad Tardía, la ciudad mantuvo una cierta importancia (Flor. Poet. 2, 8) tal como documentan no sólo la monumental necrópolis ubicada extramuros en los modernos terrenos de la antigua fábrica de tabacos, sino, especialmente, la construcción de una monumental basílica en conmemoración del martirio de San Fructuoso en el centro del anfiteatro (para esta evolución histórica, aunque en catalán, puede verse el meritorio site tributado a Tarraco en la versión catalana de la Wikipedia) si bien las invasiones germánicas fueron minando su antiguo esplendor. Y, necesariamente, para comprender esa evolución histórica, el visitante ha de contemplar -como paso previo al inicio de la visita a las ruinas de Tarraco- la estupenda maqueta que el Museu d'Historia de la Ciutat ha instalado ya dentro del recinto amurallado de la antigua colonia pero al pie del Portal del Roser (ver maqueta aquí) junto al que, por cierto, existen amplios espacios de estacionamiento de pago pero realmente cómodos para el viajero.
Descripción: Si algo convierte a Tarraco en una indiscutible referencia para el conocimiento de la urbanística modelo de una ciudad romana es -desde luego- el conjunto de monumentos de carácter urbano y también de carácter territorial con que todavía hoy obsequia al visitante: diversísimo. Porque Tarraco, efectivamente, no termina en el casco urbano de Tarragona sino que, precisamente, el que sería su territorium -el ager Tarraconensis- concentra todavía hoy una gran cantidad de conjuntos arqueológicos -de carácter funerario o rural: necrópolis y uillae- que -desde luego- se cuentan entre los más espectaculares del mundo romano. Entre los segundos, es muy recomendable la visita a la uilla de Els Munts, propiedad de un destacado miembro de la elite municipal de Tarraco (C. Valerius Auitus documentado, por ejemplo, en RIT, 352). Entre los primeros cabría destacar, por ejemplo, el Arco de Bará, seguramente erigido en disposición testamentaria de L. Licinio Sura en época de Augusto (AE, 1994, 1086), ubicado sobre la uia Augusta, la misma sobre la que se alzó el monumento turriforme popularmente llamado Torre de los Escipiones. En otra de las vías de acceso a la ciudad se erigió ya en el siglo IV d. C. y sobre una antigua uilla alto-imperial (fenómeno éste habitual en cualquier ciudad romana, véase al respecto el sensacional y reciente volumen de FERNÁNDEZ-OCHOA, C., GARCÍA-ENTERO, V., y GIL, F. (eds.): Las villae tardorromanas en el Occidente del Imperio: arquitectura y función, Gijón, 2008) el monumental e impresionante conjunto de Centcelles, accesible en dirección al pueblo de Constantí. Al pie de la autopista A-2 -la misma que permite contemplar uno de los dos acueductos con que contó la ciudad, el denominado Puente del Diablo- el área de servicio de El Mèdol permite el acceso a uno de los más singulares "paisajes" romanos hispanos: la cantera de la denominada "pedra Mèdol" con la que se levantaron gran parte de los monumentos tarraconenses y una muestra clarísima del impacto de Roma sobre el paisaje (de ella puede verse una foto en la parte superior de este post, al igual que del acueducto). Ya en el interior del que fue el perímetro de la antigua colonia -con su extraordinaria y temprana muralla, centro del denominado Paseo Arqueológico- el visitante no debe perderse ni el anfiteatro (construido a comienzos del siglo II d. C. pero más tarde rehabilitado en época del emperador Heliógabalo tal como hace notar la más larga inscripción de toda la Romanidad -AE, 1990, 654- cuyos fragmentos aun pueden verse al pie del podium que separaba la arena del graderío), ni lo que queda del circo (especialmente en la zona próxima a la popularmente conocida como Torre de Pilatos), ni, por supuesto, los extraordinarios vestigios del foro provincial y -especialmente- del foro colonial, éste último en la parte baja de la ciudad, no lejos del teatro romano y del actual puerto (el blog Ara Clásicas, por ejemplo, le ha dedicado atención recientemente y sirva esto para presentar aquí otro singular blog sobre mundo clásico).
Bibliografía: Los modélicos servicios de Turismo de Tarragona ofrecen al viajero -incluso on-line, con un extraordinario audiovisual sobre Tarraco (ver también aquí el que, a través de YouTube ofrece ArteHistoria)- notables publicaciones de extraordinario rigor y utilidad (ver, por ejemplo, PIÑOL, LL. (dir.): Tarragona, la ciudad, Tarragona, 2006, editada por el Museu d'Història de Tarragona, o el sencillo folleto Tarragona, ruta romana, Tarragona, 2008, editado por el Ajuntament de Tarragona en colaboración con el Patronat Municipal de Turisme). Quien, sin embargo, busque trabajos de corte más universitario y de total actualidad investigadora, puede acudir como punto de partida a las extraordinarias síntesis de ALFÖLDY, G.: Tarraco, Tarragona, 1991 o de AQUILUÉ, X., et alii: Tarraco: guía arqueológica, Tarragona, 1991. A éstas puede añadirse, como obra de conjunto más reciente, el volumen de DUPRÉ, X. (ed.): Las capitales provinciales de Hispania. 3. Tarragona. Colonia Iulia Vrbs Triumphalis Tarraco, Roma, 2004 que, desde luego, recoge toda la bibliografía de referencia sobre la colonia, que debe, necesariamente, complementarse con la que se cita a propósito de los recursos en internet relacionados con el conocimiento de esta singular ciudad romana.
Recursos en internet: Al margen de las extraordinarias guías que ofrecen on-line tanto la página web del Museu Nacional Arqueològic como la red/buscador Arqueotur, la arqueología de la Tarraco romana puede seguirse en la red desde múltiples espacios, unos amateurs -como el visitadísimo de Josep M. Puche- y otros de corte más riguroso y universitario. Todos, en cualquier caso, útiles. Entre ellos, sin duda, como portal de referencia y seguramente el mejor site en internet sobre Tarraco, debe consultarse el apartado dedicado a éste en la página Simulacra Romae (pincha aquí) con información sobre los enclaves arqueológicos de interés y, sobre todo, un extraordinario elenco de bibliografía disponible on-line (pincha aquí). Por su parte, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ofrece, en su espacio de conjuntos arqueológicos, un extraordinario aporte documental sobre Tarraco nacido de la pluma de uno de los mejores conocedores de la problemática arqueológica del lugar: Joaquín Ruiz de Arbulo. Para eventos divulgativos, científicos y académicos relacionados con Tarraco no deben dejar de consultarse las páginas web del Institut Català d'Arqueologia Clàssica así como de la Reial Societat Arqueológica Tarraconense, dos instituciones -joven pero muy dinámica la primera e histórica y activísima la segunda- clave en la historia de las investigaciones sobre la Tarragona romana. El primero, por ejemplo, ofrece en red la Planimetría Arqueológica de Tarraco, una herramienta que ojalá pueda ser replicada a otras ciudades antiguas.
Recomendaciones: Para el alojamiento, y dada la proximidad de villas tradicionalmente playeras (como Salou, Calafell, Cambrils, Coma-Ruga, etcétera...) e incluso del complejo recreativo temático Port Aventura, la oferta hotelera tarraconense es amplísima. Sin embargo, quien escribe estas líneas se queda con dos posibilidades: en la ciudad el tradicional pero moderno Hotel Husa Imperial Tarraco y, en un encantador pueblecito próximo a Tarragona -a apenas 14 kilómetros por la A-2 en dirección a Barcelona- el Hotel Gran Claustre de Altafulla, localidad tarraconense, que alberga la extraordinaria villa romana de Els Munts (ver reconstrucción aquí y sensacional galería de fotos aquí). De considerable fama goza la cocina catalana y a ella puede aproximarse el viajero bien a través no sólo del Restaurante Bruxes de Burriac -del Hotel Gran Claustre de Altafulla- sino también de dos céntricos restaurantes de la capital: el Les Voltes, al pie de la parte alta (C/Trinquet Vell, 12), muy cerca del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona, y La Cuineta, a escasos metros del espacio en su día reservado al foro provincial (Baixada del Patriarca, 2). Para visitas en grupos son excepcionalmente profesionales los guías de la empresa Némesis, que ofrece servicios de visita arqueológica a la ciudad y a los monumentos romanos de los alrededores... tan imprescindibles -como se ha dicho- como los de la propia Tarraco. Los ya totalmente celebérrimos -aunque relativamente "nuevos"- festivales de Tárraco Viva (en cada primavera) permiten un acercamiento "en vivo" a la vida cotidiana de la Tarragona romana.