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DE PVELLA TOGATA

Foto: © Jesús Acero

En el número 23 de la revista Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, publicado en 2015, dos entonces jóvenes investigadores, Luis Romero, ahora en la Universidad Complutense de Madrid, y Rubén Montoya, hoy en el Royal Netherlands Institute in Rome, realizaron el primer estudio detallado de una estatua en bronce descubierta a finales de los años 80 del siglo XIX en la Calle Navarrería de Pamplona -solar de la antigua Pompelo- y que, pese a haber desfilado por la literatura erudita y científica desde entonces, se había dado por perdida desde comienzos del siglo XX. Manuel Olcina, director del Museo Arqueológico de Alicante, en un congreso especializado sobre bronces antiguos, habría tenido conocimiento en ese mismo año de que la pieza obraba en una colección particular en Manhattan, en Nueva York. Quien la custodiaba en dicho distrito neoyorquino tuvo acceso, en 2016, al artículo en cuestión y contactó con el primero de sus firmantes, Luis Romero. Éste, rápidamente, y dando muestras de una extraordinaria sensibilidad patrimonial e institucional, derivó los datos del propietario al Servicio de Museos del Gobierno de Navarra. Ese sensible y comprometido gesto de Luis Romero, que entonces ultimaba su tesis de doctorado sobre el foro de la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo en la Universidad de Navarra, fue el que permitió que en 2022, el Gobierno de Navarra consiguiera que esa pieza -una hermosa y completa estatua togada en bronce, que corona este post- llegase a Pamplona, primero para una exposición temporal, poco después para su definitiva incorporación a los fondos del Museo de Navarra al adquirirla el Gobierno foral por un precio algo superior a los 530.000 €.

La azarosa historia de la pieza, su extraordinaria calidad y el hecho de tratarse, junto al togado de Periate (Granada), de la única estatua togada en bronce procedente de la península ibérica convirtió la estatua en todo un fenómeno mediático. Sobre su azarosa historia y sus peculiaridades técnicas, se hicieron eco, entre otros, Néstor Marqués, de Antigua Roma al Día, uno de los canales de YouTube de mayor impacto de cuántos, en castellano, se dedican a la Antigüedad Clásica y, también, el programa que, en febrero de 2023, "Arqueomanía", de Televisión Española, dedicó a la Arqueología de Navarra, titulado "Crónicas de Arqueología navarra". También nosotros celebramos la recuperación de la pieza para todos los navarros con una tribuna publicada en Diario de Navarra en junio de 2023 apenas unas semanas después de que el togado fuese expuesto en el Museo de Navarra para disfrute de todos los navarros.



Como ya anticipamos en Oppida Imperii Romani hace un par de años, en octubre de 2024, a iniciativa del Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía de la Universidad de Navarra, se desarrolló entre Pamplona, Los Bañales de Uncastillo y Santa Criz de Eslava la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania que, de hecho, se abrió con una sesión frente al togado, entonces ya expuesto, como se ha dicho, en la última de las salas de Romanización del Museo de Navarra. En la segunda parte de esa primera sesión, celebrada ya en el salón de actos del Museo, se procedió a la presentación del fascículo 9 de la prestigiosa serie Corpus Signorum Imperii Romani - España, dedicado a la estatuaria romana del territorio vascón y firmado por quien escribe este blog y por el ya citado Luis Romero cuya tesis doctoral, antes citada, tuvimos el privilegio de dirigir. Lógicamente, la estatua togada de Pompelo contaba con su propia ficha en el citado repertorio, compuesto por más de 300 piezas, y de cuya edición se hizo eco la prensa local. En la ficha, la número 110 del catálogo y que ocupa las páginas 150-153 del citado volumen, se concluía que se trataba de la representación de un togado varonil, seguramente joven, vistiendo, eso sí, tunica talaris, que monta, por tanto, sobre los calcei, las sandalias, y portando en su mano derecha un objeto que bien podría constituir un aspergilum, un "hisopo" ritual o sacerdotal. Se proponía, por detalles estilísticos, de ejecución y arqueológicos del lugar de hallazgo de la pieza en 1885, una datación de la primera mitad del siglo II d. C. Puede leerse a continuación la información y estudio que en dicho volumen, que muy pronto estará disponible en las librerías a través de Ediciones Universidad de Navarra, se recoge sobre la estatua. 

 


El pasado día 17 de marzo, la opinión pública navarra y, seguidamente, la comunidad científica, se sobresaltaron con la presentación, en rueda de prensa por parte de la Consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, de una nueva interpretación de la pieza que nos ocupa que la presentaba como la imagen, del siglo I d. C., seguramente de época tiberiana, de una joven adolescente vestida con toga praetexta. aduciendo como argumentos para ello fundamentalmente el tamaño de la figura y el hecho de que bajo la toga la prenda interna de la figura caiga sobre su calzado algo, según se aduce, impropio de las togae vestidas por varones. La interpretación, avalada por el experto en togados romanos Hans Ruprecth Goette, del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín, que participó en la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania, nacía de un nuevo trabajo, aun pendiente de publicación e, incluso, de entrega al Gobierno de Navarra, firmado por la profesora de la Humboldt Universität de Berlín Carmen Marcks-Jacobs que en la tarde de esa misma jornada impartía en el Museo de Navarra una documentada conferencia con las bases de su interpretación, conferencia que embebemos más abajo como más arriba ofrecíamos acceso a las referencias a la pieza en varios canales de YouTube y programas de televisión de ámbito nacional. La teóricamente nueva interpretación, por otra parte, no era en absoluto novedosa pues ya fue presentada en la V Reunión de Escultura Romana en Hispania celebrada en Murcia en 2005 y cuyas actas vieron la luz tres años más tarde, en 2008. Pese a que esa interpretación -que era recogida tanto en el artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra que citábamos al comienzo de esta entrada como en la ficha del Corpus Signorum- no había tenido ningún seguimiento en la investigación sobre escultura hispanorromana, la nota de prensa difundida esa misma mañana por el ejecutivo navarro tomaba claramente partido por la propuesta de esta investigadora hispano-alemana asegurando que la estatua en bronce "se trataría en realidad de la representación de una niña de entre 10 y 12 años de edad, vistiendo la toga praetexta que muestra su condición de ciudadana romana, y portando un haz de espigas en su mano derecha como símbolo de su futura fertilidad". Se añadía, además, en palabras de la propia Consejera, que "estos estudios la catalogan como la única representación de este género en bronce en el mundo, y con una antigüedad mayor que la fechada anteriormente, en concreto un siglo más antigua". Más moderado con la 'nueva' interpretación fue el Museo de Navarra que, en la exposición articulada para -en el marco de las obras de eficiencia energética de que el Museo está siendo objeto en este año- presentar de nuevo la pieza, dejaba abierta la interpretación al titular el panel explicativo "La estatua togada de Pompelo, ¿un hombre togado o una niña togada?" y ofrecer contrapuestas la interpretación tradicional de la pieza -y mayoritaria hasta la fecha en la academia- y la que Carmen Marcks-Jacob venía ofreciendo, ahora más desarrollada, desde 2008. Lamentablemente, en la cronología sobre la azarosa historia de la pieza, que se ofrece como panel complementario en la exposición -de recomendable visita- vuelve a omitirse que fue gracias al artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra y a la generosidad de Luis Romero que el bronce pudo ser recuperado y, felizmente, adquirido por las autoridades forales silenciando así uno de los más claros ejemplos de compromiso cívico con el patrimonio arqueológico que ha dado Navarra en los últimos años y orillando un claro ejemplo de las posibilidades de la colaboración público-privada o, en este caso, por orden, privada-pública. 

Tras más de una década trabajando en pro de la difusión del patrimonio arqueológico -en Navarra y en Aragón- y, especialmente, tras nuestras conferencias y tribunas sobre los Vascones y sobre la mano de Irulegi, que hemos ido recogiendo en la etiqueta "Sorioneku" de este blog, y, acaso, por ser el único Catedrático de Historia Antigua en la región, parece lógico que ya en la mañana del día 17, antes, incluso, de la rueda de prensa antes citada, nos contactaran de Radio Nacional de España en Navarra para conocer nuestra opinión sobre esta nueva interpretación, valoración que se emitió ese mismo día en el informativo de mediodía Crónica Navarra, a partir del minuto 17 del podcast que aquí se enlaza. A ese interés siguió, la siguiente mañana, el de COPE Navarra que, en el informativo, también de mediodía, del día 18 de marzo se hizo eco de cómo diversos expertos, no sólo nosotros, discrepábamos de la interpretación presentada en la jornada anterior por el Gobierno foral. De ese modo, aunque en un primer momento algunos medios, haciendo suyas las palabras de la Consejera del ejecutivo foral, se hicieron eco sin fisura alguna de la interpretación de la estatua como representación de una niña -así, por ejemplo, ABC, en un primer momento, El País y, de modo especialmente sorprendente, por llevar el asunto a portada el día 18 de marzo, dando por válida la interpretación de Carmen Marcks-Jacob, Diario de Noticias de Navarra- otros se mostraron prudentes o, cuando menos, se hicieron eco de la controversia y de los problemas de esa nueva propuesta, como hizo ABC o, de modo extraordinario, con detallado reportaje publicado el domingo 23 de marzo, y que ofrecemos más abajo, Diario de Navarra. Algunos medios, incluso cuando las opiniones discrepantes ya se habían difundido, insistían, unos días después, en la interpretación femenina y en su carácter de unicum, como hacía El Diario Vasco.



Es sabido que la Arqueología es una disciplina comparativa y que, en cualquier cuestión, la discusión es natural y forma parte del modo cómo avanza el conocimiento. Sin embargo, también es verdad que, todos los que nos dedicamos a la Antigüedad sabemos que, en ocasiones, la lectura más compleja -lo que en Epigrafía, pero la expresión es válida para cualquier ciencia de la Antigüedad, llamamos la lectio difficilior- es, normalmente, la menos probable y que las cosas suelen explicarse, mejor, con argumentos sencillos. Sabemos que la toga praetexta era una prenda reservada a los varones y que, de hecho, sólo podían portarla -sin distintivo de no ser todavía adultos, la bulla- aquéllos hombres que ya hubieran pasado de los dieciséis años (baste mirar la voz dedicada a ese término en la popular Wikipedia o la voz "toga" en el Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines Daremberg-Saglio, pp. 348-353, disponible en línea). Existen, incluso, en los textos antiguos, noticias de procesos judiciales abiertos por Roma contra quienes hacían uso de la toga praetexta indebidamente. Sabemos, también, que existe -y está bien atestiguada en las fuentes- un formato de tunica, la tunica talaris, que sí monta sobre los calcei como sucede en la estatua togada de Pompelo. Por otro lado, no era habitual -pues son muy pocas las representaciones y la mayoría proceden, además, del ámbito funerario, más privado que público o civil- que una niña mostrase la ciudadanía romana vistiendo la toga cuando esa condición -si era necesaria exhibirla- se podría evidenciar a partir de una inscripción, directamente a partir de la onomástica. De hecho, una de las cosas que más llama la atención de la conferencia de Carmen Marcks-Jacob que más arriba enlazábamos es que, a la hora de explicar cómo funciona la toga, encuentra serios problemas para aportar ejemplares femeninos ofreciendo casos de varones y de Genii, propuesta interpretativa que, ofrecida por el profesor Pedro Rodríguez Oliva en la sesión de apertura de la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania, sí tuvo cierto eco entre los asistentes generando el consenso que, sin embargo, en ningún momento generó la propuesta verbal del profesor Goette, ahora recuperada por Carmen Marcks-Jacob. Por otro lado, son muchas las imágenes de mujeres en la estatuaria romana -incluso de adolescentes- en que se marca esa condición femenina no sólo por el uso de palla o stola -la vestimenta femenina por excelencia- sino por la evidencia de sus atributos femeninos, totalmente ausente en el ejemplar de bronce Pompelonense. Además, sabemos que en este tipo de cuestiones iconográficas que implicaban distinciones de estatuto personal, Roma no hacía distinciones de carácter provincial o territorial sino que las representaciones obedecían a patrones globales no a un hábito local como, parece, se argumenta que sucede en el caso Pompelonense que, por su exclusividad, se justifica como un comportamiento singular de las féminas hispanorromanas no atestiguado en otras provincias y, según se argumentó ya en 2008, muestra de los ritmos de la Romanización del territorio. Aunque, obviamente, tenemos muy pocos datos sobre el contexto primario de hallazgo de la pieza, no parece que -como se ha demostrado recientemente en un trabajo de María García-Barberena (Anas, 37, 2024, pp. 123-157, esp. pp. 143-144)- en época tiberiana, la que se propone para la estatua, en la C/Navarrería hubiese edificaciones del foro que pudiesen albergar esta representación pues ese espacio sólo se urbaniza a partir de la gran transformación de la plaza del mismo de que aquélla es objeto con la promoción de Pompelo al estatuto de municipio de derecho Latino en época flavia. Sabemos, también, que para la época de Augusto, aunque, efectivamente, Pompelo no disfrutaba todavía de estatuto jurídico de privilegio, tras más de cien años de influjo romano en la zona desde la fundación de Gracchurris, no había necesidad alguna de que las jóvenes de la elite local forzasen el Derecho para presumir de su condición, recibida por vía paterna, de ciudadanas de Roma pues, como están demostrando los hallazgos arqueológicos de los últimos años, el periodo Augusto-Calígula fue un periodo para el que muchas de las ciudades romanas del ámbito vascón contaban con ciudadanos implicados en programas de construcción pública y con todas las commodidates propias de una urbe romana (ANDREU, J., y ROMERO, L.: "Santa Criz de Eslava y los parua oppida Vasconum: novedades sobre la vida urbana en territorio vascón", en Small towns, una realidad urbana en la Hispania Romana, Mérida, 2022, pp. 195-205) y ya no eran necesarios este tipo de alardes que se atribuyen a la nueva interpretación de la pieza Pompelonense no en vano, como se indica acertadamente en la conferencia de la profesora Carmen Marcks-Jacobs, hay evidencias de Pompelonenses adscritos a la Galeria tribus (CIL II, 5883 de Segobriga y CIL II2/14, 1193 de Tarraco) y que indican que en esa comunidad vivían suficientes ciudadanos romanos como para que esa exhibición no resultase redundante. 




En el estupor con que esta propuesta de identificación ha generado entre los expertos que, en Europa, se dedican al estudio de la estatuaria romana, hemos tenido la ocasión de intercambiar opiniones -como ya la tuvimos en el evento científico antes citado- con un buen número de colegas de España, Portugal o Italia. Varios, de hecho, se han referido a la extraña forma -que llamó la atención siempre- y a la relativa desproporción que existe entre el cuerpo de la estatua de bronce de Pompelo y sus pies. El Catedrático emérito de Arqueología de la Universidad de Málaga, Pedro Rodríguez Oliva, por ejemplo, nos hacía notar -al hilo de la tribuna que Diario de Navarra le ha publicado- cómo hay otro conocido togado europeo, en este caso el de la colección Holkam Hall de Holkham, en Norfolk, Reino Unido, en el que se aprecian también esas mismas desproporciones en este caso fruto de recomposiciones y restauraciones de la pieza que están muy bien documentadas como se hace constar en la ficha de la pieza que ofrece el Instituto Arqueológico Alemán. Resulta curioso que en este caso -pero, y es importante anotarlo, también en la primera referencia que se hizo a la pieza Pompelonense en el volumen Studien zu römischen Togadarstellung (Mainz, 1990) de Goette (pp. 42-43, nota 197, m)- esa singular largura de la túnica, explicable por tratarse de una tunica talaris, como más arriba se dijo a propósito de nuestro togado, no se emplease en el caso de Holkham para atribuir a la pieza un carácter femenino o para anotar que esa parte inferior, en la historia de las recomposiciones de la pieza, procediera de una estatua femenina añadida a una pieza claramente varonil y que, tal como las contraponemos bajo estas líneas, no ofrecen, respecto del togado de Pompelo y entre sí, demasiadas diferencias anatómicas. En su día, por tanto, el propio Goette no tuvo problema en dar por varonil la estatua de Holkam Fall pero tampoco por dar como masculina la estatua de Pompelo que incluyó en su lista de togati. como puede verse más abajo en captura de su libro de referencia, antes citado. Dato singular, sin duda, que considerábamos conveniente compartir aquí.




Por otro lado, como decíamos más arriba, la ciencia, y la comunicación científica, tienen sus propios ritmos. Los estudios científicos, actualmente, son sometidos a todo tipo de revisiones de calidad normalmente -como fue el caso del artículo de Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra y del fascículo 9 del Corpus Signorum Imperii Romani- realizadas por pares ciegos expertos en la materia. De ese modo, cuando una hipótesis se comparte con la comunidad científica ha pasado una serie de filtros que -aunque no siempre- garantizan que ésta se ajusta a la communis opinio de la disciplina y que está suficientemente refrendada en fuentes y, sobre todo, en paralelos. Que es solvente, en definitiva. El impacto de un trabajo, además, las citas que recibe a lo largo del tiempo y el refrendo que encuentra, con los años, en la literatura especializada constituyen también un claro índice de su validez, de su acierto y de la acogida que éste ha tenido entre los especialistas, acogida que, normalmente concreta esa validez y ese acierto. Sorprendentemente nada de eso ha sido empleado como filtro en esta supuestamente nueva interpretación del togado de Pompelo que, como se ha dicho, más bien al contrario, era ya conocida desde 2008 y había pasado totalmente desapercibida en la comunidad científica hasta que, ahora, una administración autonómica, ha decidido hacerla suya sin tener en cuenta, precisamente, los filtros lógicos de la ciencia y la investigación históricas y sin siquiera esperar a que esté publicada en un órgano científico que ofrezca garantías. Al margen de que el tiempo, y nuevos análisis y estudios, puedan dar o no razón a tan singular y enrevesada propuesta -y así la han calificado no sólo los expertos a los que Diario de Navarra, en fechas recientes, ha ido concediendo espacio, todos, además, presentes en la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania sino otros muchos con los que hemos tenido ocasión de hablar en estos días-, está claro -y es lo importante- que flaco favor hace a la ciencia arqueológica que una institución pública que debería estar presidida por la objetividad, la prudencia, la mesura y el contraste científico de opiniones -que, en definitiva, son manifestaciones todas, o deberían serlo, del servicio público que de ella se espera- convierta esa lectio difficilior del togado de Pompelo no sólo en la facilior sino, también, al menos a partir de algunos de sus medios de comunicaciones afines, en la verdad histórica inamovible ("La estatua del togado de Pompelo es una niña", titulaba el día 18 de marzo Diario de Noticias, como veíamos más arriba) que, además, sin serlo en este caso, mucho nos tememos que será bastante difícil de matizar en el futuro. 

Lo triste es que no es la primera vez... Tiempo al tiempo.


POMPELONIS SOMNIVM

 


"Nunca me olvidaré del atardecer rojizo con el que empezó el sueño. Era el último día de octubre y estaba en Pompelo, justo en la época final de la República. Las colinas se elevaban escarlatas y doradas al norte; el sol poniente brillaba con un tono místico sobre los edificios de piedra y yeso crudos. A mi alrededor, las personas estaban inquietas: se agrupaban en las calles apenas pavimentadas y en el foro (...) Pompelo había pedido ayuda a Calagurris para hacer frente al peligro que acechaba desde las montañas. La gente estaba aterrada porque pronto comenzarían las ceremonias de la gente muy antigua: a lo largo del año, estas misteriosas personas habitaban en las colinas y hablaban un idioma incomprensible hasta para las personas vascas. Algunas veces se acercaban al pueblo a comerciar por medio de gestos. Pero en las noches antes de las Calendas de mayo y noviembre prendían hogueras que se extendían por las montañas, y sus aullidos aterrorizaban al pueblo; además, varias personas del pueblo desaparecían de repente, y ninguna de ellas había vuelto. Según los rumores, las personas nativas que vivían con sus ovejas en la montaña eran aliadas de la gente muy antigua: antes de medianoche de los Sabbats, sus cabañas estaban vacías. Por todo eso, la gente de Pompelo apenas se relacionaba con otras aldeas".

Si, como se ha pensado habitualmente -aunque también negado y discutido, buscando un momento algo más tardío e incluso poniendo en duda la identidad del personaje fundador- la alusión a la Pompeiópolis, "como si dijésemos la ciudad de Pompeyo", que hace el geógrafo griego Estrabón (Str. 3, 4, 10) se refiere al hecho de la fundación de Pamplona por parte del general Pompeyo el Grande en el año 75 a. C., este año, como señalaba hace no pocas fechas el alcalde del Ayuntamiento de Pamplona, la ciudad del Arga, que ha protagonizado ya más de una entrada en este blog, celebraría su 2.100 cumpleaños, que se dice pronto. Y lo haría, de hecho, en medio de una notable revitalización del que fuera su horizonte monumental -especialmente con la recuperación, en fechas recientes, de uno de los sensacionales elementos de su paisaje escultórico, en este caso en bronce- y, también, con publicaciones recientes tanto sobre el horizonte flavio como sobre el momento tardoantiguo que complementan una sugerente bibliografía principalmente debida a los ejemplares trabajos de Mª Ángeles Mezquíriz y, más recientemente, de María García-Barberena. Precisamente, una actualización sobre su conocimiento protagonizó una de las recientes entregas del ciclo de conferencias sobre ciudades de la Hispania Romana que desde hace varios años viene programando el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida el video de la cuál, de hecho, acumula un largo millar de visitantes. Hace algunos días resumíamos, de hecho, lo que sobre esa singular fundación homónima del general, y luego cónsul de la República romana, Pompeyo, sabemos a partir de las noticias de las fuentes literarias -al margen de Estrabón- y, también, lo que los tópicos han venido a asentar forzadamente en el imaginario colectivo local.

Precisamente, la noticia estraboniana, que es la única que, junto a un fragmentado texto de Salustio -que discutiera con fundamento hace algunos años Francisco Pina- permiten pensar en la, a nuestro juicio, indiscutible fundación de la ciudad por parte de Pompeyo, sitúa esta ciudad "hacia el interior de la Jacetania, en dirección al norte (donde) se encuentra el pueblo de los Vascones" vinculándola, por tanto, al territorio vascón algo que, ocasionalmente, ha sido empleado -como ya tuvimos ocasión de abordar en la primera entrega de la exitosa serie "Sorioneku" de nuestro blog- para atribuir a Pompelo una cierta capitalidad en el territorio vascón como si fuera por ello que Estrabón la individualiza en su descripción del norte peninsular -en realidad lo hace por su pasado en conexión con la República romana- y como si los Vascones fueran una suerte de estado capaz de articular algo semejante a una jerarquización urbana. Que estuvo en el territorio vascón es algo indiscutible no sólo desde el punto de vista geográfico sino, probablemente, también desde el punto de vista lingüístico formando parte de ese "dominio lingüístico", como lo caracterizó hace algún tiempo Javier Velaza, en el que se acumulan los testimonios de la ahora denominada "lengua vascónica" (lástima, por cierto, que este concepto de "dominios lingüísticos", tan útil, haya permanecido, totalmente ausente en el debate científico, social y cultural sobre la mano de Irulegui, como denunciábamos en "Sorioneku (y IX))". La necesidad que siente Estrabón de traducir el topónimo Pompelo al griego, Pompeiópolis, evidencia claramente que el elemento -ilu, "ciudad", era conocido en la zona y que ese elemento formó parte del nombre con el que se la conoció a partir del momento en que Pompeyo la estableció acaso como centro de sus operaciones en el norte peninsular, en el marco del tantas veces citado aquí -especialmente en los últimos dos años- bellum Sertorianum. El topónimo era híbrido y necesitaba de una descodificación para que lo entendiera el erudito público de Estrabón por más que ese carácter híbrido formante del mismo no demuestre que la antecesora de Pompelo se llamó Iruña, como tantas veces, sin fundamento en las fuentes romanas, se ha reiterado. El reciente hallazgo en el entorno -al este y al oeste- de dos inscripciones, paleohispánica una y latina la otra, en las que comparecen elementos de la lengua vascónica permite colocar en Pompelo -o acaso algo más al oeste, hacia Andelo- lo que hemos dado en llamar en una publicación reciente, pronto disponible, el "corazón del territorio vascón".

En los últimos años, a partir de un paradigma generado en los años 60, y tal como se resume en las páginas iniciales (pp. 25-36) de un muy recomendable libro de Paloma Martín-Esperanza, de la Universidad Autónoma de Madrid, y editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, está alcanzando un notable desarrollo en los estudios sobre Antigüedad la denominada Rezeptionsgeschichte (literalmente "historia de la recepción") como paradigma que busca caracterizar en qué medida, a través del tiempo, la Antigüedad ha sido "reconstruida, inventada, manipulada, recreada y, sobre todo aplicada" a distintos fines y usos que van desde los políticos a los identitarios, estéticos o sociológicos. Qué duda cabe que cuestiones como la de las etnias antiguas peninsulares, desde los inicios de la erudición clásica en Historia Antigua, durante el Antiguo Régimen, después durante el estado de las Autonomías en los años ochenta del siglo XX y, últimamente, con las reivindicaciones nacionalistas esencialistas ha sido objeto, siquiera inconsciente, de esa "recepción" cuya caracterización es siempre sugerente pues permite entender qué elementos de esa Antigüedad se consideran, en cada época, dignos de ser parte de la herencia que se asume socialmente como propia y que se traslada a las generaciones venideras configurando una suerte de legado artificial que dice mucho sobre lo que de cada hecho antiguo resulta sugerente para quien opera esa selección, esa recepción muchas veces sesgada, casi siempre interesada. A propósito de los Vascones, de hecho, ha publicado algunos trabajos preliminares sobre la cuestión nuestro alumno Javier Larequi quien desarrolla su Tesis de Doctorado, precisamente, en torno a esa cuestión.

Pues bien, para quienes conocen un poco a los antiguos Vascones el texto que abre estas páginas, incluso si nunca antes lo habían leído remite claramente a un escritor de los inicios del siglo XX que, sin haber tenido aparente contacto directo con el territorio vascón, es autor de uno de los pasajes más singulares de la recepción del asunto vascónico en la literatura y en las artes, un asunto que, desde luego, está por explorar y que tiene en este texto, y en su autor, un hito fundamental, casi fundacional. Nos referimos a Howard Phillips Lovecraft y a su The very old folk ("Gente muy antigua", como suele traducirse), en realidad una carta que este escritor americano escribió en noviembre de 1927 y dirigida a otro maestro de la literatura de ficción y terror, también estadounidense, Donald Albert Wandrei. Un tercer autor de este género, Frank Belknap Long Jr., también americano, acabó publicando la carta, con permiso de su autor y una vez muerto aquél, en su novela The Horror from the Hills, que vio la luz casi cuarenta años más tarde, en 1963. En dicha carta, Lovecraft, que jamás había viajado a la península ibérica, cuenta un sueño que tuvo -"el sueño más real en años", "vívido y aterrador" como lo califica al final y al comienzo de la misma- en los días previos a escribir su carta. En él visualizó una historia relativa a una cohorte romana que ha de intervenir en las montañas al norte de Pompelo, "justo en la época final de la República" romana y que ha de hacerlo porque "en las noches antes de las calendas de mayo y de noviembre" una serie de personajes que vivían en dichas estribaciones, y a los que, precisamente, califica de "gente muy antigua" o de "misteriosas personas que habitaban en las colinas y hablaban un idioma incomprensible hasta para las personas vascas", "prendían hogueras que se extendían por las montañas, y sus aullidos aterrorizaban al pueblo; además, varias personas del pueblo desaparecían de repente y ninguna de ellas había vuelto", seguramente porque bien esa "gente muy antigua" o "las personas nativas que vivían con sus ovejas en las montañas" y que eran "aliadas de la gente muy antigua" bajaban a la ciudad en las fechas indicadas y capturaban a población de Pompelo para sus rituales sacrificiales. El texto presenta, además, de una forma clara y sorprendentemente real, cómo, ante un acontecimiento así la administración romana tenía la "responsabilidad" de "velar por la seguridad y prosperidad de Pompelo, donde habitaban personas de sangre romana (...)", pero, también, unos Vascones con los que "los enfrentamientos eran inevitables debido a la naturaleza bárbara e impredecible" de éstos a pesar de que "en el pasado no habían sido rivales peligrosos" de las legiones romanas. Esa actuación de la administración romana de garantizar la protección de los Pompelonenses se presenta en el sueño de Lovecraft como una ocasión para "hacer frente a los ritos" de estas gentes de lengua extraña, y, casi como los Vascones de Estrabón, con modos de vida montañeses. Sin hacer spoiler del final del relato, lo cierto es que en él se destila esa oposición Romanidad-barbarie, globalización-tradiciones vernáculas, civilización-oscuridad que también resultó un motor fundamental en la historiografía grecorromana y, en particular, para el territorio que nos ocupa, como antes hemos visto, en Estrabón. Ideas como la de una ciudad fundada por Roma en un territorio montañés, y por tanto bárbaro en la cosmovisión grecorromana, y la de unos Vascones dados a las artes adivinatorias y a los rituales salvajes y mágicos -casi como esa bruta gentilitas "de otro tiempo" que citaba el poeta Calagurritano Prudencio en su Peristhepanon (I, 94)- subyacen de forma nítida en esta singular visión onírica de Lovecraft.-

Pablo Ozcáriz, de la Universidad Rey Juan Carlos y buen conocedor del asunto vascónico, desde el ya citado enfoque de la recepción de la Antigüedad publicó en 2019 (Ágora: estudos clássicos em debate, 21) y, muy recientemente, en el libro Recepciones de la antigüedad vascona y aquitana (Vitoria, 2022) del que hablamos no hace mucho en este blog, dos completísimos estudios en los que se interrogaba sobre cuáles pudieron ser las lecturas y conocimientos que, presentes en el subconsciente de Lovecraft, nutrieron ese singular sueño de la noche de difuntos del año 1927 sueño que, de hecho -tal vez lo más sorprendente- articulaba una relación entre Pompelo y Calagurris que, además, sabemos que, existió realmente como prueba una de las tablas de Arre (CIL II, 2959, véase sobre ella el estudio de Borja Díaz y Alejandra Guzmán en nuestro libro Los Vascones de las fuentes antiguas, publicado en 2009) y como, precisamente, estudió Pablo Ozcáriz en el primer volumen sobre Navarra antigua de los que hemos venido coordinando desde 2006.

Precisamente, por la fascinación que los visos de verosimilitud histórica han despertado entre los seguidores de Lovecraft y, también, porque el relato es bastante sugerente para potenciar los elementos ancestrales de la mitología vasco-navarra (si bien ha de tenerse en cuenta que, en realidad, el término en inglés que empleó Lovecraft en la versión original de su carta siempre fue "the Vascones", no "las personas vascas", como se ha traducido recientemente), en el último trimestre de 2024, la editorial Draco Somnium se ha atrevido con una muy sugerente revisión del texto de Lovecraft que, además, se ha financiado con una sensacional y exitosa campaña de micromecenazgo a través de la plataforma Verkami que ha superado, de hecho, las expectativas de sus promotores y que, precisamente, ha traído al debate público -por el eco en prensa, especialmente en Diario de Navarra, aunque no sólo, del proyecto- uno de los -como hemos dicho- más singulares casos de recepción de los Vascones antiguos de cuantos se conocen y que, como se ha dicho, quienes estábamos familiarizados con la cuestión, ya conocíamos gracias a los trabajos de Pablo Ozcáriz. Con el claro deseo de, además, acercar el relato a un público amplio que, por supuesto, incluyera a los seguidores de Lovecraft -que, ciertamente, son legión en el mundo de la literatura de terror y onírica- pero que llegase también a un público juvenil, la responsable de la edición, la psicóloga y pedagoga Oihane Amantegui, pensó en ofrecer el relato de Lovecraft traducido e ilustrado pero cruzado con las peripecias, igualmente aterradoras y llenas de suspense, de Lur Irigoein, excursionista que se adentra en la selva del Irati -imaginada como escenario de esas "colinas (que) se elevaban escarlatas y doradas al norte (de Pompelo)"- y acampa en ella, en concreto en el refugio de Azpegi, para revisitar el escenario en que se movía esa "gente muy antigua" . De ese modo se consigue compaginar, en la edición, tres géneros: el propio relato de Lovecraft, el diario -en cuatro días, el último bruscamente interrumpido, como el sueño de Lovecraft- de Lur y las anotaciones que ésta hace al texto de Lovecraft que sirven a los editores para, en primer lugar, ilustrar el contenido de la carta, y, en segundo término para intercalar notas y comentarios que no sólo explican el sueño del escritor estadounidense sino que, además, aportan información histórica y territorial sobre Pompelo, Calagurris y los Vascones en los últimos años de la República romana, hacia el 40 a. C., cierto que interpretados, en cualquier caso, en toda la edición aquéllos, interesadamente, como "vascos". 




En el deseo de sus editores de que uno de los escenarios del relato, la Pompelo de finales de la República y, en particular, su foro, tuviera una ilustración -como todas las del opúsculo, a cargo de Unai González Martínez- nos contactaron para ello. En ese foro trataron de representar la hibridación cultural de la ciudad que expone el sueño de Lovecraft -no en vano se habla de que "algunas veces (la gente muy antigua) se acercaban al pueblo a comerciar por medio de gestos" pero que en la ciudad habitaban "gentes de sangre romana", como hemos visto, ciudad a la que habría llegado "un cuestor provincial llamado L. Caelius Rufus" (que es el personaje que Lovecraft soñó ser) que "acababa de llegar de Calagurris acompañado por la quinta cohorte de la legión XII, el tribuno militar Sexs. Asellius y el legado Cn. Balbutius" para reunirse con "el proconsul P. Scribonius Libo", ambiente que, a nuestro juicio, recoge muy bien la ilustración que, del citado foro Pompelonense, aparece en el libro y que, también, como recompensa para los mecenas, ha alcanzado una notable difusión en el formato que sigue a estas líneas. Conscientes como somos de que el gran despegue urbanístico de Pompelo, y en particular de su foro como han estudiado con acierto Luis Romero y la ya citada María García-Barberena, no llegaría hasta época de Augusto y, en concreto, con la dignificación que siguió a la promoción estatutaria de la ciudad en época flavia y sugestionados por el hecho de que, si Pompeyo fundó la ciudad, habría un espacio forense siquiera incipiente a la manera de los que se conocen para enclaves de potente pasado republicano en el valle del Ebro como, por ejemplo, La Cabañeta de El Burgo de Ebro (Zaragoza), recomendamos su representación como una plaza en la que se hibridasen las funciones comerciales, las administrativas y las religiosas pero que todavía no hubiera adquirido, como sí lo harían, en general, los foros a partir de Augusto, el carácter de espacio de representación de la elite local. Se trataba, por tanto, de un foro todavía desprovisto de estatuas y, también, con una arquitectura que combinara madera y piedra previa a la gran marmorización de los espacios públicos romanos propia ya del Principado. En parte, es evidente, y así ha de juzgarlo el lector, que se trata de una representación ideal, sin apenas base arqueológica, pero refrendada en la estructura que, sabemos, debían tener este tipo de conjuntos en los finales de la República cierto que con algunos guiños -como los arcos que permitían el acceso a la plaza- a la estructura del foro de Augusto construido unas décadas más tarde en Roma y que se convertiría en exemplum de muchos foros locales y provinciales de Occidente.


Como ya se ha dicho, 1.800 años después de que los relatos de la Geografía de Estrabón triunfasen por su capacidad de confrontar la globalización de Roma con las tradiciones vernáculas, esta edición del The very old folk -presentada como El sueño de H. P. Lovecraft- explota al máximo esa exitosa fórmula, sin duda, tan propia de la literatura antigua, en particular de la griega pero, como vimos a propósito de Tácito y de los Germanos, en este mismo blog, también de la romana. El diario de Lur Irigoien que se añade a la edición es el que permite a los editores identificar -prácticamente mixtificando- a los Vascones de Lovecraft con los vascos actuales -o, al menos, con los navarros euscaldunes- a partir del ardid geográfico -que la propia excursionista explica- de identificar las colinas al norte de la antigua Pompelo con la selva del Irati ("ese relato me trajo a la mente la selva del Irati: un tesoro oculto entre las montañas pirenaicas de Nafarroa, Zuberoa y Behe Nafarroa") para, de ese modo -y como se explica muy bien en este vídeo del canal de Mitología Ibérica- identificar a los protagonistas de los Sabbats que soñó Lovecraft -directamente definido por Lur como aquelarres- con "seres antiguos que vivían en el territorio vasco, gigantes ocultos" -muchos de ellos popularizados en la mitología vasca pero de los que no hay evidencia alguna en las fuentes antiguas que, desde una óptica epigráfica, sí nos han aportado información sobre la religiosidad, de carácter natural, de los antiguos Vascones- que se movían entre ovejas, dólmenes y frondosos bosques apenas con un único vestigio de Romanidad, la torre-trofeo de Urkulu, en Orbaiceta, que preside el bosque del Irati y que la propia excursionista visita en una de sus misteriosos jornadas. Sí resulta curioso que a la hora de elegir el aparato gráfico del diario de Lur se elijan, seguramente por el concurso en el proyecto de personal del Museo de Navarra, motivos iconográficos como las rosas hexapétalas o los pámpanos de vides que, como sabemos por los clásicos trabajos de Francisco Marco, más bien tienen que ver con el sustrato indoeuropeo de la epigrafía romana de Navarra que con el propiamente vascónico. Como no puede ser de otro modo, para salvar el rigor histórico y conocedores los editores de que -al margen de en la erudición visigótica- no hay noticias sobre esa supuesta barbarie vascónica -sobre eso hablamos, precisamente, este mismo mes en "Sorioneku (y X)"- se concluye afirmando que "sin embargo, me parece que el paso del tiempo ha transformado lo que realmente sucedió: no creo que la gente muy antigua fuera peligrosa ni que hiciera daño a ninguna persona sino que pretendió proteger el territorio vasco", en palabras anotadas en el diario de Lur. Identificación primero, exageración de la alteridad, después, esencialismo y, finalmente -y como prueba de ello también el sensacional glosario que cierra la edición- una reivindicación de la realidad histórica que, desde luego, resulta sugerente cuando se está hablando de un sueño. Pero, eso sí, del único sueño sobre Vascones y Romanos que ha merecido un lugar en la historia de la Literatura y, por tanto, en la recepción de estos en las artes.

El sueño de H. P. Lovecraft es, por tanto, como otros títulos de los que hemos hablado en la etiqueta "Volumina" de este blog -algunos de ellos (Cuando fuímos Vascones y Vasconum)- de hecho, alusivos a los antiguos vascones, un libro que cualquier amante de la Historia Antigua de Navarra debe tener en su biblioteca... Sin duda.


QVASI POMPEIOPOLIS


[Vídeo de "La presencia romana en Pamplona y su conservación: el caso de la Plaza del Castillo", conferencia de las estudiantes de la Universidad de Navarra -Grado en Historia con Diploma en Arqueología- Ane Urrizburu, Paulina Laphond, Paola Bernal y Luka García, organizada por la Asociación Cultural Peña Pompaelo, de Pamplona, el pasado 24 de octubre]

La Universidad de Navarra es un centro universitario en el que -y lo hemos comprobado en estos ya seis años de dedicación profesional a la misma- el alumno está siempre en el centro. El campus ofrece decenas de iniciativas diarias en las que los estudiantes pueden tomar parte para, efectivamente, y como debe ser propio del espíritu universitario, no sólo fomentar su espíritu crítico sino, también, aportar, desde él, soluciones a los problemas contemporáneos. Ése es, por ejemplo, el enfoque de una de esas actividades del Campus que, anualmente, convoca a los alumnos -a través de un comité formado por los propios estudiantes- a reflexionar sobre cuestiones de actualidad aportando su singular, y casi siempre interdisciplinar y enriquecedora visión. Esa actividad es FORUN, un congreso anual que tiene su continuidad en una fase final que se celebra cada año en Roma en los días de la Semana Santa, el UNIVforum.

El pasado año, bajo la dirección de Inmaculada Delage, del Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía, las estudiantes Ane Urrizburu, Paulina Laphond, Paola Bernal y Luka García resultaron ganadoras de la edición anual de FORUN con un trabajo titulado "A conciliation between urban and Arcaheology" que se insertó de modo excelente en el tema de FORUN del pasado año: "Getting down to business: the trasformative power of work". En el trabajo -y en parte motivados e inspirados por una magistral conferencia de apertura del Diploma de Arqueología de ese año, sobre el uso social del patrimonio, a cargo del Prof. Desiderio Vaquerizo, de la Universidad de Córdoba- estas estudiantes reivindicaban el pasado romano de Pamplona, del que tan poco puede contemplarse socialmente hoy en día (ver el post relativo a Pompelo en este mismo blog a cuya bibliografía cabría añadir los recientes, y útiles, trabajos de María García-Barberena) y sugerían algunas herramientas, sencillas y entusiastas, con las que hacer posible esa puesta en valor que añada, como es lógico, atractivo a la ciudad que fundase Pompeyo hace casi dos mil cien años como se deduce de una glosa estraboniana que da título a nuestro post, traducida en él al Latín (Str. 3, 4, 10) (sobre este asunto, con toda la recopilación de fuentes puede verse el material de apoyo de una antigua conferencia de quien escribe estas líneas). 

El pasado mes, la recién constituida Asociación Cultural y Peña Pompaelo tuvo el acierto de invitar a este grupo de alumnas a dictar una sesión sobre su trabajo en el céntrico Palacio del Condestable de Pamplona. Lejos de, sencillamente, repetir los contenidos de su exitosa ponencia en FORUN que, no en vano, recibió el primer premio en el encuentro en la categoría de ponencias escritas, estas estudiantes realizaron una recopilación completa, y altamente profesional, de todo lo que sabemos sobre la Pamplona romana -y aun la prerromana, vascónica- tanto en las fuentes históricas -en las que se manejaron con absoluta brillantez- como en las arqueológicas y materiales. Tanto es así que el vídeo de la charla, que motiva este post, nos parece una herramienta clave para hacerse cargo de cuáles son las controversias y dudas -disputationes, como las llamamos en la categoría al efecto de Oppida Imperii Romani- que existen sobre esta ciudad de Vascones. Podrá tacharse de "orgullo de maestro" que compartamos aquí este vídeo pero, quien asuma el reto de reproducirlo completo estoy seguro que concluirá con nosotros que, efectivamente, es un material de primer nivel, prueba de la excelencia con que formamos a nuestros alumnos del Grado en Historia en la Universidad de Navarra y muestra de que, efectivamente, hay futuro para la investigación sobre Antigüedad si, como hacen estas ejemplares alumnas, ésta se hace con rigor, pasión y humildad. 

POMPELO (Pamplona)







[Mosaico de la C/Curia con animal marino, e inscripción funeraria]

Situación: Pamplona, capital de la Comunidad Foral de Navarra, está situada en el Norte de España, pero en un espacio a partir del cual -dada su diversidad paisajística, su centralidad y su posición geográfica- puede igualmente accederse a los Pirineos, a la Cornisa Cantábrica o al Valle del Ebro, situación ésta que, desde luego, no debió ser baladí en la Antigüedad. Hoy es una moderna ciudad -con notables aires universitarios gracias a la Universidad Pública de Navarra, a la Universidad de Navarra y al Centro Asociado de la UNED- muy bien comunicada con parte el resto del país a través de la AP-68 -que la enlaza con el Cantábrico y el Mediterráneo a través del corredor del Ebro-, de la red de ferrocarriles ALVIA -que la conecta con Madrid-, de la popular CONDA, y de un muy activo aeropuerto. Sí es lamentable que todavía el gobierno central no se decida a construir la autovía que enlace por carretera Pamplona y Madrid a través de la la atractiva ciudad de Tudela (también con una excelente oferta universitaria y cultural gracias a la UNED de Tudela como, de hecho, saben todos los asiduos de este blog y, si no, pueden pinchar aquí).
Acceso: Cualquiera de los medios antes citados pone en contacto, perfectamente, Pamplona con las principales ciudades españolas de modo que, prácticamente -a nivel geoestratégico- casi serían válidas para Pamplona las recomendaciones de acceso y situación que se hicieron en este mismo blog respecto de Caesaraugusta, el nombre antiguo de la moderna Zaragoza (ver, en cualquier caso, mapa de situación de Pamplona aquí).
Tipología: Pocas, parcas y, desde luego, no tan generosas como desearíamos, son las fuentes antiguas que aluden a la Pamplona romana (una recopilación puede verse en ANDREU, J.: "Ciudad y territorio en el solar de los Vascones en época romana", en ANDREU, J. (ed.): Navarra en la Antigüedad. Propuesta de Actualización, Pamplona, 2006, pp. 195-198). La primera mención segura a Pompelo en las fuentes antiguas es la que hace Estrabón (Str. 3, 4, 11) al describir la vía que unía Tarraco (Tarragona) con Oiasso (Irún, con sensacional Museo Arqueológico) y que pasaba por Pompelon, mención a la que el geógrafo griego de época de Augusto añade la conocida -y controvertida- glosa "como si dijésemos, la ciudad de Pompeyo" (literalmente "Pompeiópolis"). A partir de ahí, la ciudad aparece citada entre las "estipendiarias" (stipendiariae) del conuentus Caesaraugustanus por Plinio (Plin. Nat. 3, 3, 24) y es incluida entre las póleis de los Váscones por Ptolomeo (Ptol. 2, 6, 67). Esas menciones ya plantean, al menos, dos problemas: ¿se refería Estrabón a Pompeyo Magno cuando aludió a Pompélon como Pompeiópolis?, si es así y Pompelo fue fundada por el general romano, ¿por qué lo fué con un estatuto estipendario, no privilegiado?, ¿o es que fue fundada con un estatuto de rango privilegiado pero luego fué democionada por César, como ha anotado GARCÍA FERNÁNDEZ, E.: El municipio latino. Origen y desarrollo constitucional, Madrid, 2002, pp. 81-82. Por si éstos fueran pocos interrogantes, en el siglo XIX, el historiador alemán A. Schulten, en sus comentarios a uno de los libros de las Fontes Hispaniae Antiquae (SCHULTEN, A.: Fontes Hispaniae Antiquae IV. Las guerras del 154-72 a. C., Barcelona, 1937, p. 220) interpretó y restituyó un conocido pasaje de Salustio (Sall. Hist. 2, 93) en el que Pompeyo (en realidad el exercitus Romanus, "el ejército romano") se retiraba, desde el territorio de los Vacceos, para abastecerse de trigo (frumenti gratia remotus in Vascones, según la restitución que él propuso de un texto, por otra parte, muy corrupto) como una evidencia de la retirada de aquél al territorio vascón y, más aun, a Pompelo, ciudad que, según él, habría fundado en dicho momento hacia el invierno del 75 a. C. Sin embargo, y como se puede comprobar en la bibliografía más reciente -que se cita más adelante en este post- esa cuestión dista mucho de estar resuelta. Así pues, sí sabemos que Pompelo debió alcanzar el estatuto municipal en época flavia, no en vano cuenta con magistrados (los IIuiri Pompe[l(onenses)] en una de las desaparecidas tablas de Arre, de época de Adriano (CIL, II, 2959). Si, en cambio, antes tuvo otro estatuto de carácter privilegiado -¿colonial latino, tal como apunta la sugerente línea de investigación abierta recientemente por E. García Fernández y por D. Espinosa Espinosa?- es algo que, de momento, si no es con una mirada a la praxis política y jurídica romana en la fundación de ciudades (muchas veces soslayada por los historiadores de la Antigüedad), no podemos dilucidar con claridad. Respecto de su nombre, Pompelo parece más apropiado que Pompaelo, no en vano, así es como aparece citada en la epigrafía oficial, como en las tablas de Arre antes aludidas (CIL, II, 2959 y 2958 y 2960, en esta últimas con alusión a la res publica Pompelonensis). Aunque en un epígrafe tarraconense una pompelonense se cita como Pompaelonensis (RIT, 327) parece lo hace en un contexto privado, no oficial.
Descripción: La exposición (abierta hasta Junio de este año) "La Pamplona Reencontrada" y, por supuesto, parte de la exposición permanente del Museo de Navarra -que permite acceder a aspectos de la vida cotidiana de la Pompelo romana y a algunos de sus más singulares hallazgos- son hoy, tristemente, las únicas formas que el viajero tiene de acercarse al estudio y análisis de esta importante comunidad del Valle Medio del Ebro pero, desde luego, no por ello son menos recomendables dada la excelente apuesta didáctica de ambas muestras. Sin embargo, el trabajo continuado de generaciones y generaciones de arqueólogos, y de, en los últimos años, el Gabinete Trama, ha permitido que hoy tengamos más clara la trama urbana de la antigua Pompelo. Con una estructura urbana típicamente romana delimitada por las calles Dormitalería (al Este), Plaza del Castillo (al Oeste), San Fermín de Aldapa (al Norte) y el inicio de Carlos III (al Sur) -áreas todas con notables evidencias arqueológicas fruto de años de trabajo de arqueología urbana- y ubicada en una elevada terraza sobre el río Arga, la ciudad contó con un posible macellum -que ocuparía el espacio de la Catedral- con hasta dos monumentales termas. De estas, una de ellas desde luego, se cuenta entre las más notables del Ebro Medio y estaría ubicada bajo la Plaza del Castillo (ver detalle de su sistema de funcionamiento aquí). La otra estaría en la C/Curia con acceso a ella desde la C/Compañía. Con semejante trazado, lo más probable es que las calles principales, cardo (que no cardus, como a veces se lee y escucha) y decumanus coincidieran respectivamente con la Calle Mayor y con la Calle Curia. Lógicamente, la ciudad contó también con varias necrópolis cuyas estelas funerarias (ver detalle aquí) han podido ser recuperadas recientemente reutilizadas en antiguos bastiones de la muralla que la ciudad, casi magnis itineribus ("a marchas forzadas"), hubo de construir en el siglo III d. C. para protegerse de las invasiones de los francos. Es presumible que el área central de dicha ciudad ocupase, grosso modo, el solar de la actual Catedral que, tal vez, fosilizó con el paso del tiempo el recuerdo del antiguo templo del culto imperial o, al menos, de la parte central del conjunto forense.
Bibliografía: Desde luego, conocer la Pompelo romana es hoy posible gracias, fundamentalmente, al trabajo de años llevado a cabo por Mª Á. Mezquíriz, hoy directora honoraria del Museo de Navarra y autora de dos obras de referencia sobre la urbanística pompelonense: MEZQUÍRIZ, Mª Á.: La excavación estratigráfica de Pompaelo. Vol. 1. Campaña de 1956, Pamplona, 1958 y Pompaelo II, Pamplona, 1978 (accede aquí a parte de la notable e insustituible producción bibliográfica de esta autora, con posibilidad, además, de descargar muchos de los textos en PDF). De los trabajos del Gabinete Trama, herederos de los de Mezquíriz, el equipo liderado por Mercedes Unzu ha dado cuenta en diversos trabajos (especialmente útiles nos parecen los publicados en el sensacional catálogo V. V. A. A.: La tierra te sea leve. Arqueología de la muerte en Navarra, Pamplona, 2008, centrados en el registro arqueológico funerario de la vieja Pompelo). Los materiales expuestos en la citada exposición "La Pamplona Reencontrada" han visto ahora la luz en el catálogo de OLLO, A. y otros: La Pamplona Reencontrada, Pamplona, 2008, desde luego ya una referencia para conocer la topografía histórica de la capital de Navarra (especialmente a partir del capítulo RAMÍREZ SÁDABA, J. L.: "Pamplona romana", en OLLO, A., y otros: La Pamplona Reencontrada, Pamplona, 2008, pp. 14-37). La cuestión de la fundación o no de Pompelo por Pompeyo ha sido recientemente discutida por muy diversos autores y, de hecho, parece estar en boga en el debate historiográfico en torno a los antiguos Vascones (una síntesis de éste puede verse en ANDREU, J., y JORDÁN, Á. A.: "Nuevas reflexiones en torno a las fuentes literarias sobre los Vascones en la Antigüedad", Lucentum, 26, 2007, pp. 233-252) fundamentalmente a partir de las interesantes aportaciones de ARMENDÁRIZ, J.: "Propuesta de identificación del campamento de invierno de Pompeyo en territorio vascón", Trabajos de Arqueología Navarra, 18, 2005, pp. 41-64 -que puedes descargar desde aquí y sobre el que ha ampliado datos en su recentísimo y excelente De aldeas a ciudades. El poblamiento durante el primer milenio a. C. en Navarra, Pamplona, 2009-; de PINA, F.: "Deportaciones como castigo e instrumento de colonización durante la República Romana: el caso de Hispania", en REMESAL, J., MARCO, F., y PINA, F. (eds.): Vivir en tierra extraña: emigración e integración cultural en el mundo antiguo, Barcelona, 2004, pp. 211-246 (teoría sobre la que ha vuelto en un artículo aun en prensa y que verá la luz en un monográfico sobre los Vascones coordinado por la prestigiosa Serie Instrumenta); de JORDÁN, Á. A.: "La expansión vascónica en época republicana: reflexiones en torno a los límites geográficos de los Vascones", en ANDREU, J. (ed.): Navarra en la Antigüedad. Propuesta de Actualización, Pamplona, 2006, pp. 81-110; y de WULFF, F.: Las esencias patrias: historiografía e historia antigua en la construcción de la identidad española (siglos XVI-XX), Barcelona, 2003.
Recursos en internet: Cualquier web sobre la Historia de Pamplona ofrece datos más o menos útiles y fidedignos sobre el origen romano de Pompelo (sirvan como ejemplos la web de Pampiruna, la del pamplonés Colegio Irabia, la sección de Historia de la web del Ayuntamiento de Pamplona o, una vez más, la citada Wikipedia) si bien en muchos de ellos todavía pesan algunos tópicos hoy discutidos (como la identificación entre la ceca indígena barskunes y el etnónimo Vascones o la relación entre aquélla y Pompelo, como el nombre vascónico Iruña como anterior al nombre romano (ver por ejemplo, la apuesta que hace por esa ficción historiográfica un conocido diario vasco: pincha aquí), realidades que, a día de hoy, son indemostrables: una revisión de algunos de estos tópicos puede verse en: ANDREU, J.: "Vascoiberismo, vascocantabrismo y navarrismo: aspectos y tópicos del recurso ideológico a los Vascones de las fuentes clásicas", Revista de Historiografía, 8-5, 2008, pp. 41-54. A través de la web del Servicio de Publicaciones del Gobierno de Navarra puede descargarse el opúsculo de MÚGICA, M.: Los Vascones, Pamplona, 2007 (pincha aquí) y que ya recomendamos en el post de este blog a propósito de Andelo.
Recomendaciones: Pocas cosas definen mejor la idiosincrasia de una tierra como su mesa. Y, desde luego, pocas mesas son tan variadas, sabrosas y ricas -en todos los sentidos y con todos los sentidos- como la mesa navarra (si eres un amante de la buena cocina y de los productos de calidad, puedes visitar la web de Navarra Gourmet y sobre todo Navarra tu Reyno Gourmet, excelentes y evocadoras). Y Pamplona, de hecho, ofrece muchas opciones para saborearla. Seguramente, una de las más tradicionales es Casa Otano, en plena calle San Nicolás, una de las más afamadas para degustar los célebres pinchos pamplonicas (recientemente se ha inaugurado en la C/San Nicolás el singular La Mandarra de la Ramos, con excelente chistorra y mejores pinchos). También es extraordinario el Restaurante Europa, en pleno corazón de Pamplona, en la Plaza del Castillo. Ambas opciones no defraudan a nadie pero, en cualquier caso, para el que busque otras sugerencias más económicas, quizás el castizo Café Iruña -que frecuentaba el célebre Ernest Hemingway cuando se alojaba, por Sanfermines, en el vecino Gran Hotel La Perla- también es una alternativa suculenta. Para quien busque convertir Pamplona en punto base para adentrarse en los múltiples encantos turísticos que ofrece Navarra (ver aquí algunas propuestas) nos permitimos recomendar tres establecimientos hoteleros de diferente gama: el excelente y glamuroso Maissonave y los funcionales Yoldi y Leyre, ambos muy céntricos y próximos al casco histórico. Pero, nombrar Pamplona es nombrar dos auténticas "instituciones". Las fiestas de San Fermín que entre el 6 de julio -con el célebre chupinazo- y el 14 -con el sentido "pobre de mí"- sumen una ciudad normalmente tranquila como ésta en el más absoluto bullicio (ése que a muchos navarros, como "a San Fermín" en la jota, hace llorar cuando lo viven en la distancia: escucha aquí la jota y aprende aquí algo más sobre el "momentico" por excelencia de la fiesta) y, por supuesto, el Club Atlético Osasuna, seguramente, por muchas razones, uno de los más genuinos clubs de fútbol mundial y, desde luego, un equipo en el que, como reza su himno, "vibra Navarra entera".