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VASCONVM

 


[Cubierta de la novela Vasconum, Ediciones Eunate, Pamplona, 2023; más información sobre ella, aquí]

"-No estás solo. Nadie lo está. Ahora, más que nunca, todos somos uno. Nosotros somos quienes continuaremos con el legado de Larrahi, Enneges. Lucharemos hombro con hombro, espalda con espalda, protegiéndonos los unos a los otros, pues el motivo que nos lleva a combatir es, como decía él, que algunos de los nuestros regresen a sus hogares, a nuestra tierra; y serán ellos, y sus hijos, y después sus nietos, quienes contarán en sus ciudades y poblados las batallas, derrotas y victorias de la cohors II Vasconum. Nuestras batallas, nuestras derrotas, nuestras victorias, nuestras gestas. Hagámoslo, luchemos. Por nosotros. Por Larrahi. Porque él nos estará observando, orgulloso, desde la otra vida.

Enneges asiente. Si algo es seguro es que continuará combatiendo como lo había hecho hasta ahora, por sus camaradas, por Larrahi, por volver a ver a su padre y... por abrazar a su amada Selatse. Y, desde donde estuviese, su hermano siempre lo acompañaría. Siempre."

(ZUGARRONDO, Iñaki, Vasconum. Luchar y morir bajo las águilas de Roma, Eunate Ediciones, Pamplona, 2023)

Quienes nos dedicamos al estudio de la Hispania antigua y, en particular, quienes en alguna ocasión nos hemos ocupado de la compleja cuestión de las etnias antiguas hemos percibido rápidamente el problema que suponen las limitaciones inherentes a nuestras fuentes, especialmente elusivas, de hecho, en lo que a estas respecta, como se ha puesto de manifiesto habitualmente (SALINAS, M., Los pueblos prerromanos de la península ibérica, Madrid, 2006). En relación a los antiguos Vascones, tan presentes en Oppida Imperii Romani, el fenómeno se hace, si cabe, especialmente determinante. Como comentábamos en una de las entradas de la etiqueta que, en este espacio, se les dedica, casi hemos articulado más nuestra imagen de esta etnia histórica a través de lo que dicen los geógrafos y los etnógrafos -caso de Estrabón, por ejemplo- o los poetas -como el Calagurritano Prudencio- y hombres de la administración -como Plinio el Viejo- que a partir de lo que sobre ellos cuentan historiadores como Salustio, Tito Livio o Tácito (para el catálogo de fuentes antiguas sobre los Vascones, con comentario, debe verse PERÉX, Mª J., "Características generales del pueblo vascón", en ANDREU, J., y LAREQUI, J. (eds.), Inter medium Vasconum pertransibunt aquae. Vascones y termalismo en la antigüedad hispana, Madrid, 2022, pp. 63-80 y ANDREU, J., y JORDÁN, Á. A., "Nuevas reflexiones en torno a las fuentes literarias sobre los Vascones en la Antigüedad", Lucentum, 26, 2007, pp. 233-252). De estos tres historiadores -los únicos que, desde dicho género, aluden a los Vascones-, de hecho, el texto de Salustio que reconstruyera Adolf Schülten en las Fontes Hispaniae Antiquae presenta no pocos problemas por su carácter fragmentario y lo complejo de algunas de sus lectiones (véase PINA, F., "Sertorio, Pompeyo y el supuesto alineamiento de los Vascones con Roma", en ANDREU, J. (ed.), Los Vascones de las fuentes antiguas. En torno a una etnia de la Antigüedad peninsular, Barcelona, 2009, pp. 195-2014, esp. pp. 196-201), el de Tito Livio, en que, cronológicamente, se menciona por primera vez a los Vascones en el contexto de la marcha del ejército del proscrito Sertorio hacia su campamento en Calagurris, procede de las Periocas, una serie de libros resumidos en los que la propia acción de la síntesis condiciona la validez del contenido y nos priva, sin duda, de más información (véase SAYAS, J. J., "El proceso de urbanización del sector meridional del territorio vascón y la comarca de Tudela (II)", Espacio, Tiempo y Forma. Serie 2. Historia Antigua, 17-18, 2004-2005, pp. 335-360, esp. pp. 343-344).

Ante este habitual -pero apasionante- panorama de evidencias y testimonios y en medio del appeal que, como sabe el lector de este blog, la cuestión vascónica ha venido despertando, con nuevos bríos, en el último año. En ese repertorio sólo escapa a la crítica histórica el pasaje en que el historiador romano Tácito alude, en las Historiae, a la existencia de una serie de cohortes Vasconum lectae a Galba (Tac. Hist. 1, 33) documentando, por tanto, la primera participación evidente, en los ejércitos de Roma, de Vascones como conjunto étnico -al margen, claro está, de la de individuos aislados oriundos de ciudades vasconas en el Bellum Sociale de la que nos informa el Bronce de Áscoli-, participación que tendrá continuidad documental a partir de la existencia de una serie de cohortes Vasconum que se repiten en fechas diversas en diplomata militaria de época altoimperial de las primeras décadas del siglo II d. C. y que también han sido, naturalmente, objeto recurrente de la investigación (GARCÍA Y BELLIDO, A., "Los vascos en el ejército romano", Fontes Linguae Vasconum, 1, 1969, pp. 97-108; SAYAS, J. J., "Los Vascones y el ejército romano", Hispania Antiqua, 13, 1986-1989, pp. 97-120;  SAN VICENTE, J. I., "Galba, el ala Tauriana y el ala Sulpicia", Hispania Antiqua, 31, 2007, pp. 87-110 e, incluso, nosotros nos ocupamos de ellos en ANDREU, J., "Qui tenditis? qui genus? unde domo? Vascones en el Occidente Latino a través de la documentación epigráfica", Príncipe de Viana, 261, 2015, pp. 307-322).

En estos días, la prensa navarra -tanto Diario de Navarra como Diario de Noticias- se hace eco de la edición, por parte de la editora local Ediciones Eunate, de una novela que, precisamente, da vida a varios integrantes de esa cohors Vasconum del texto de Tácito y de la documentación epigráfica. Titulada Vasconum. Luchar y morir bajo las águilas de Roma, es la opera prima del guía turístico profesional -en Pamplona y en Roma- Iñaki Zugarrondo, natural de Pamplona (1993). Como el propio autor afirma en la sensacional "Nota histórica" que (pp. 367-372) que precede al utilísimo "Glosario" (pp. 373-381) que cierra el volumen, "la novela Vasconum. Luchar y morir bajo las águilas de Roma transcurre en un contexto histórico real que resultó crucial para el devenir del mundo romano, combinando la narración de pasajes reales y ficticios con un elenco de personajes tanto históricos como de ficción, y culminando con la batalla de Asciburgo, en la que nuestros antepasados vascones entraron en la Historia para siempre de manera heroica". Esa nota histórica termina con una épica afirmación que explica el éxito -con casi doscientos asistentes- que tuvo la presentación del volumen, hace apenas un par de semanas, en la librería Katakrak de Pamplona -con casi dos centenares de asistentes- y, también, el hecho de que la primera edición se haya agotado en un tiempo récord: "Ahora estos héroes olvidados vuelven para reclamar su sitio en la Historia". 


Aunque, efectivamente, la épica -junto a otras que seguidamente se glosarán- es una de las indiscutibles virtudes de la novela Vasconum, creemos que, desde un punto de vista sociológico -que resulta interesante para calibrar nuestra recepción de esos Vascones de la Antigüedad, asunto que también nos ha ocupado recientemente en este espacio- el sensacional éxito de este libro de ficción -digno continuador de Pompelo, el sueño de Abisunhar, que hace algunos años (Ediciones Eunate, Pamplona, 2014) firmó el abogado pamplonés Juan Torres Zalba (Pamplona, 1973) sobre una de cuyas novelas posteriores, El primer senador de Roma (Pamplona, 2020) nos detuvimos hace algunos años, con motivo de su edición, en Oppida Imperii Romani- vuelve a apuntar el atractivo sociológico que la cuestión étnico-identitaria de los antiguos Vascones tiene -siempre ha tenido- para la sociedad navarra y que, lógicamente, como decíamos, se ha visto incentivado con el revuelo originado por la presentación en sociedad de la mano de Irulegi y por la singular, y a veces torticera, interpretación de la misma desde una perspectiva política, sociológica y,  también, mediática, esa que ha inspirado la nutrida serie "Sorioneku", una de las más leídas de la historia de este blog. Si hace exactamente un año se agotaba en apenas un día el libro Cuando fuímos Vascones, de Javier Enériz, que haya sucedido lo mismo con la primera edición de Vasconum representa varias cosas y, desde luego, para los amantes de la Historia Antigua de Navarra, todas buenas. 

En primer lugar, la Antigüedad está de moda y, como se ha manifestado frecuentemente (ANDREU, J., "Vascoiberismo, vascocantabrismo y navarrismo: aspectos y tópicos del recurso ideológico a los Vascones de las fuentes antiguas", Revista de Historiografía, 8, 2008, pp. 41-54; BLÁZQUEZ, J. Mª., "Los vascones en las fuentes literarias de la Antigüedad y e la historiografía actual", Trabajos de Arqueología Navarra, 20, 2007-2008, pp. 103-149 y, recientemente, LAREQUI, J., "Los vascones antiguos entre posiciones antagónicas (siglos XIX-XX)", en DUPLÁ, A., y PÉREZ MOSTAZO, J. (eds.), Recepciones de la Antigüedad vascona y aquitana: de la historiografía a las redes sociales (siglos XV-XXI), Vitoria, 2022, pp. 97-116 y, en general, todo el volumen en que dicha contribución se incluye), la, poco fundada, identificación Vascones/vascos, resulta muy atractiva desde el punto de vista político y social lo que contribuye a amplificar el atractivo de cualquier nueva noticia, del tipo que sea, sobre la cuestión. En segundo lugar, un relato que subraya el elemento identitario en el marco de la globalización que supusieron "las águilas de Roma" pone el foco en los mismos elementos que hicieron posible, históricamente y a partir de la tardoantigüedad, la recuperación de esa prístina identidad vascónica (SAYAS, J. J., "De vascones a Romanos para volver a ser vascones", Revista Internacional de Estudios Vascos, 44, 1999, pp. 147-184) envuelta no pocas veces en el mito y la leyenda, en la épica, de la que antes hablábamos. Pero, además, en tercer lugar esta novela de Iñaki Zugarrondo pone el acento -no hay más que leer la glosa de su trama que figura en su elegante contraportada o en el material distribuido por la editorial, que más arriba enlazábamos- en el contraste entre la corrupción de la autoridad romana y el destino de unos jóvenes soldados vascones que "dejando atrás amor, familia y tierra (...) terminan ligando sus destinos al de las águilas de las legiones romanas", soldados a los que se presenta, además, como aguerridos combatientes, seguidores de sus ancestrales tradiciones y, por supuesto, defensores de su territorio y de su identidad al margen de que la entreguen al servicio de los generales romanos y, en concreto, del gobernador de la Tarraconense y capax Imperii en el año de los cuatro emperadores Servio Sulpicio Galba. 

Como supondrá el lector, el nexo que establece una plausible relación entre varios mercenarios vascones y la "gran" Historia de Roma es la sublevación de Galba a mediados del año 68 d. C. y la participación de aquellos en las batallas decisivas, ya en el 69 d. C. en torno a la revuelta, en la Germania inferior, de Julio Civil. De este modo, la acción se desarrolla entre el territorio vascón -especialmente el entorno de Pompelo pero también, ocasionalmente, Andelo e Iturissa, que desempeña un papel importante como punto de paso hacia el Pirineo y hacia Aquitania-, el ámbito Narbonense e itálico y, por supuesto, el territorio germano. En algunos de los pasajes mejor conseguidos de la obra, Zugarrondo tiene la virtud de imaginar al historiador Tácito escuchando, de boca de algunos de los vascones protagonistas, sus experiencias en una de las cohortes auxiliares de Galba en las que se desarrolla parte de la trama y, así, con una excelente pluma que, de hecho, le valió en 2019 un premio de narrativa por parte del Ayuntamiento de Pamplona, va intercalando sucesivamente saltos en el tiempo al año 101 d. C., en que está componiendo sus Historiae, cuando han transcurrido ya más de treinta años del episodio que centra la trama de la novela. Con una estructura muy cinematográfica, en la que el lector cambia constantemente de escenario -lo que ayuda, sin duda, a potenciar el contraste entre la periferia más o menos agreste en que transcurre la vida de los vascones protagonistas y los corruptos tejemanejes políticos de los escenarios más oficiales contribuyendo a dibujar una imagen casi paradisíaca del territorio vascón- los acontecimientos cubren la primera gran guerra civil del Principado Romano y permiten a Zugarrondo explayarse en torno a un asunto, el de la Historia Antigua de Roma que, es evidente, que le apasiona, pasión que, además, sabe compartir con el lector al que, además, la nota histórica final, antes citada, y el glosario, le incitan a querer saber más sobre este episodio que, según nos contaba hace unos días el propio autor -curiosa y sorprendentemente- no parece formar parte del "imaginario colectivo" que, en Navarra y entorno, se tiene sobre los Vascones antiguos, acaso más vinculado a las guerras sertorianas, donde ni siquiera podemos afirmar -más bien lo contrario- que tomasen partido en el mismo bando, y, también, a los tópicos de alteridad trazados por el conocido pasaje de Estrabón relativo a los "pueblos del norte" peninsular. Reivindicar la historicidad de ese pasaje de Tácito -como hemos dicho más arriba una de las pocas noticias que, sobre los Vascones de la Antigüedad, procede de una fuente verdaderamente autorizada e historiográfica como es Tácito y convertirlo en la espina dorsal histórica del texto- ya supone un acierto que, lógicamente, debe celebrarse.

Como tuvimos la ocasión de percibir cuando el autor nos contactó -hace ya un par de años- para que leyésemos la primera -y mucho más extensa- versión de su novela, Vasconum. Luchar y morir bajo las águilas de Roma, en primer lugar, cuida con notable acierto, la cuestión onomástica eligiendo adecuadamente, con las licencias propias del género, los nombres de los integrantes de la cohors Vasconum -Enneges, Arbiscar, Arranes o Larrahi- y de algunos de sus vecinos vascones, entre ellos Selatse y Ummesahari, protagonistas de parte importante de la trama por cuanto que la primera es pareja del héroe del relato, Enneges. Aunque es cierto -como el propio autor explica (pp. 368-369)- que algunos de los nombres -como Larrahi o Selatse- son, en su atestiguación epigráfica, teónimos, nada impide pensar que fuesen, también, nombres personales aunque resultaría raro (sobre unos y otros véase FERNÁNDEZ PALACIOS, F., "Actualización en onomástica vasco-aquitana", Palaeohispanica, 9, 2009, pp. 533-537, con todas las referencias epigráficas comprometidas en las diversas atestiguaciones). El autor da entrada, además, a otros teónimos, como Lacubegi que confirman su predilección por la documentación epigráfica que, como tantas veces hemos explicado en la etiqueta "Epigraphica" de este espacio, es una de las fuentes más directas y primarias para el conocimiento de la sociedad romana -y de las sociedades paleohispánicas- si bien Zugarrondo se rinde a tópicos -también en la toponimia- que aunque socialmente puedan estar bien asentados -como que Pompelo se llamó antes "Iruina" o que Mari figuraba entre las deidades de referencia en el panteón vascónico- desdicen de su, en general, notable esfuerzo documental aunque, como se ha dicho, se justifican por tratarse de un relato de ficción. El modo cómo se presenta el constante recurso a la memoria y al pasado compartido de las gentes vasconas protagonistas permite al autor recrear las condiciones topográficas del enclave antecesor de la Pompelo romana (pp. 18-19) del mismo modo que, con una pluma muy ágil, Zugarrondo transporta al lector al entramado urbano de esa ciudad a finales de la década de los sesenta del siglo I d. C. (pp. 37-38) dando vida a algunos de sus edificios más representativos, como el barrio artesanal que ocupó la parte baja del foro local (pp. 46-49) de igual modo que, más adelante (pp. 53-54) hace al supuesto procurator Vibio Decio (¿acaso hubiera sido mejor obtener su perfil onomástico de algunos de los personajes, o de los gentilicios, citados en las perdidas placas de Arre de CIL II, 2598-25960) disponer de una uilla en el territorium de Andelo que, con permiso del auge que, en estos últimos años, está experimentando Santa Criz de Eslava, sigue siendo una ciudad icónica para la comprensión de la Arqueología romana en territorio vascón. Esa capacidad descriptiva que, es, también, evocadora, alcanza su culmen en el momento en que Enneges entra en la ciudad de Roma y "las calles empedradas, los edificios y templos de la majestuosa urbe imperial" actúan como testigos (pp. 103-106) y presentan de qué modo un provincial como el joven Enneges redimensiona la idealizada imagen de su patria local. Aunque la novela pueda resultar, en algunos pasajes, algo previsible -los romanos, en particular el procurador Vibio Decio, son ambiciosos e, incluso, crueles (p. 153) y los Vascones, en cambio, son leales y honestos (pp. 360-362, por ejemplo)- nos parece que también en eso Vasconum bebe en lo mejor de la literatura latina que, precisamente en autores como Tácito, convirtió a los pueblos periféricos a Roma -como los Germanos, a los que también se atiende en el relato (pp. 152-157)- en modelo de esa moralidad que el engrandecimiento de la urbe se habría llevado por delante en el cénit del Alto Imperio (sobre este asunto hablamos, precisamente, no hace mucho en Oppida Imperii Romani).

La periodista de Diario de Noticias Cristina Garbayo escribía en el espacio que, el pasado mes de noviembre, dedicó a esta novedad editorial, que "Vasconum es una oportunidad para vivir en primera persona la historia de los Vascones durante el Imperio Romano" y, por su parte, Laura Puy, en Diario de Navarra entrecomillaba unas palabras de la editora, María Oset en las que ésta declaraba lo sugerente de que "a través de una novela histórica se pueda sembrar el amor por una tierra, por la historia, y hacerlo aprendiendo y disfrutando. Y me parece muy especial descubrir la vinculación de nuestra tierra y nuestros vascones con algo tan épico como el Imperio romano". Efectivamente, ese es uno de los principales méritos de esta novela que, seguro, seguirá estimulando el atractivo -que es precisamente ése, la simbiosis entre lo local y lo global- de este tema al que, desde la óptica investigadora, llevamos tantos años dedicando tantos desvelos. Un tema que, precisamente, sigue interesando hoy porque interesó al cálamo etnográfico, poético o histórico de los autores greco-latinos a los que debemos prácticamente todo lo que sabemos sobre los antiguos Vascones.

Por todo lo dicho, y por muchas más razones que sabrá descubrir el lector, Vasconum. Luchar y morir bajo las águilas de Roma es, desde luego, una buena noticia para los que amamos la Historia Antigua y, en particular, la tantas veces citada, y muy revitalizada, "controversia vascónica". 

SED PIETATE AC RELIGIONE

 

[The Household Gods y A Roman Offering, óleos de John William Waterhouse, hacia 1880]

"No hemos superado a los hispanos en número, ni a los galos en fuerza, ni en astucia a los cartagineses, ni en artes a los griegos ni, por último, a los propios ítalos y latinos en ese sentimiento tan característico de identidad nacional de su pueblo y su tierra; pero hemos superado a todos estos pueblos y naciones en piedad y religiosidad y en este último conocimiento: hemos comprendido que todo se rige y se gobierna por voluntad divina"

(Cic. Har. resp. 19: para el texto latino pincha aquí)

Hace algunos años, cuando elaborábamos el capítulo sobre "Las inscripciones votivas" para nuestro manual de Fundamentos de Epigrafía Latina (Madrid, 2009) incluíamos la cita de Cicerón con la que abrimos este post -y de cuya parte final se toma el título del mismo- para ilustrar de qué modo, junto con el hecho funerario -de dimensiones también religiosas, como se verá más abajo-, el hecho religioso había condicionado el ejercicio del hábito epigráfico de los romanos. Lo cierto es que, al margen de aquella aproximación, nuestra atención al mundo de las religiones antiguas en estos años de dedicación a la Historia Antigua ha resultado casi siempre testimonial y, desde luego, o nos hemos acercado a ella por la vía del estudio de algunos materiales que podrían formar parte de eso que el gramático Festo (284 L) llamó los sacra priuata (acaso una terracota de larario procedente de Los Bañales de Uncastillo y el conocido amuleto fálico apotropaico del citado yacimiento y otros del territorio de la actual Comarca de Cinco Villas de Aragón) bien lo hemos hecho desde la perspectiva epigráfica, perspectiva desde la que estudiamos las manifestaciones del culto a las aguas en las Hispanias y desde la que, también, nos hemos aproximado a la epigrafía votiva de los territorios de la actual provincia de Toledo en un trabajo científico reciente.

Sin embargo, pese a que, como sabrá el lector de Oppida Imperii Romani, las cuestiones sobre la vida cívica han centrado nuestra investigación en estas últimas décadas -para el menos versado en dicha trayectoria puede consultarse este post de hace un par de años- en la pasada primavera, Pedro C. Carvalho, de la Faculdade de Letras de la Universidade de Coimbra, en Portugal, se dirigió a nosotros para encargarnos componer una síntesis sobre cómo la Arqueología había incrementado, en los últimos años, nuestro conocimiento sobre la vida religiosa de la Hispania romana. La síntesis, de carácter general, iba a ser publicada, como así ha sido, en un número monográfico dedicado a la Hispania Romana de la edición portuguesa de National Geographic, acaso la revista de alta divulgación histórica de mayor impacto mundial. El resultado es un artículo titulado "Religiosidade nos primeros séculos da Hispânia", en portugués, de apenas 8 páginas (pp. 33-41) incluido en el citado número -donde se tratan también cuestiones sobre urbanismo, comercio, vida cotidiana...- que, sin duda, va a convertirse en una referencia en la alta divulgación sobre la Hispania romana como ya se ha convertido, de hecho, el número monográfico Roma na Hispânia, que vio la luz en marzo de 2021, también en la edición portuguesa de esta revista. La preparación de ese trabajo -que con permiso de la editorial está ya disponible para descarga, desde aquí, en nuestro perfil social en Academia.edu- nos puso, como es lógico, en contacto con abundantes noticias de prensa y bibliográficas que, en los últimos años, habían revolucionado nuestro conocimiento sobre la religio romana -es decir, sobre "todas las cosas que guardan relación con el culto a los dioses", como la definió Cicerón (Nat. D. 2, 72)- y que, en cierta medida, queremos compartir aquí con los lectores de Oppida Imperii Romani. Podría, pues, decirse que esta entrada quiere ser una especie de making-off documental del citado trabajo (recuérdese, como recomendación bibliográfica, que el asunto de la religión romana, tratado con rigor pero de modo ameno, ha ocupado uno de los recientes best-sellers en divulgación histórica, el de MARQUÉS, N., ¡Que los dioses nos ayuden! Religiones, ritos y supersticiones en la antigua Roma, Madrid, 2021).



De hecho, un primer elemento que llama la atención, y que puede emplearse como indicador de esa creencia romana -pero antigua en general- de que, efectivamente, para un romano "los dioses son principio y fin de todas las cosas" (Hor. Carm. 3, 6, 1-8) es que, si uno repasa la sección de "Arqueología" de la web de National Geographic, un alto porcentaje de las noticias de actualidad que allí se recogen tienen un contenido vinculado a la religión pues, efectivamente, como bromeaba Petronio, "nuestra región está tan poblada de divinidades que resulta más fácil encontrarse con un dios que con un hombre" (Petron. Sat. 17, 5). Así, hallazgos recientes que han revolucionado la Arqueología peninsular han tenido un claro componente religioso: los revolucionarios "rostros de Tartessos"; el altar del siglo VI a. C. descubierto en la Emporion griega; la mano de Irulegi, si se confirma su carácter apotropaico, de la que tanto hemos hablado en este blog; o el relieve fálico de El Higuerón de Córdoba, por citar sólo cuatro hallazgos peninsulares de época protohistórica e histórica. En cualquier caso, al margen de esa selección el lector curioso podrá documentarse sobre otros, también de carácter votivo que, desde la investigación en Prehistoria hasta los estudios sobre Antigüedad Tardía, han marcado la ciencia arqueológica en los diez últimos años. La misma impresión se obtiene si, a escala mundial, se analiza el listado de los 11 más impactantes descubrimientos arqueológicos de 2022 que publicó la propia web de National Geographic, en este caso, como en el de los enlaces anteriores, en su edición española o si se repasan algunos de los "tesoros de la Arqueología española" que recopiló el Museo Arqueológico Nacional de Madrid en una exposición de 2017 donde varios de ellos también son objetos que calificaríamos de sacra. La conclusión está clara, esos hallazgos, lo que algunos autores, traduciendo del italiano, han denominado "indicadores de ritualidad" (BASSANI, M., Sacraria: ambienti e piccole edifici per il culto domestico in área Vesuviana, Roma, 2008, adaptado por PÉREZ RUIZ, M.: Al amparo de los Lares. El culto doméstico en las provincias romanas Bética y Tarraconense, Madrid, 2014), muestran hasta qué punto la religión estaba, efectivamente omnipresente en el espacio cotidiano de las sociedades antiguas y, de hecho, en la romana -como afirmaba Cicerón en el pasaje de La respuesta de los harúspices que abría esta entrada- omnia regi gubernarique deorum numine, "todas las cosas se rigen y se gobiernan por voluntad divina". Incluso uno de los hallazgos más sobrecogedores del último año, sobre el que tuvimos ocasión de hablar en Mediodía, de la Cadena COPE, el sensacional conjunto de estatuas votivas del balneario de San Casciano dei Bagni, en Italia, ha hecho saltar a la opinión pública el valor del hecho religioso en la Antigüedad y cómo los historiadores construimos nuestro conocimiento respecto de él como, en 1999, lo hizo el hallazgo, en la Piazza Euclide de Roma de la fuente de la diosa Anna Perenna, a cuyos hallazgos dedica una impresionante sección el Museo Nazionale Romano en su sede de las Termas de Diocleciano. Un conocimiento que, es evidente, está siempre "en construcción".

Si más arriba citábamos un pasaje de Festo a propósito de los sacra priuata, este gramático romano, en ese mismo pasaje de su tratado Sobre el significado de las palabras, al hablar, precisamente, del culto, establecía una nítida distinción entre los sacra publica -que tenían lugar en espacios públicos y que, por tanto, se desarrollaban a expensas del Estad romano- y los sacra priuata aquellos que afectaban más a las familias y a los individuos y que, como sabemos, jalonaban la vida cotidiana, el calendario, de cualquier romano. Nuestro grado de conocimiento de unos y de otros, en la península ibérica, en estos años, se ha modificado sobremanera. Citaremos aquí algunos ejemplos que se incluyeron en el artículo de National Geographic Portugal pero de los que aportaremos aquí la información que el carácter limitado en extensión del artículo en cuestión nos impidió compartir con los lectores.

Comenzando por la religiosidad oficial qué duda cabe que, arqueológicamente, esta última década ha estado marcada por los trabajos de excavación del templo del culto imperial en el entorno de la Catedral de Tarragona y del Museo bíblico local, el mismo que, según Tácito, sirvió in omnes prouincias exemplum, "como ejemplo para todas las provincias" (Tac. Ann. 1, 78) al haber sido el primer templo destinado a honrar al emperador Augusto, una vez fallecido, erigido en todo el Imperio. O, por no abandonar la figura del emperador Augusto, también ha marcado época en la investigación la ordenación de los materiales del balneario romano del colegio Joaquín Costa de Turiaso, la actual Tarazona (Zaragoza) donde, presuntamente, habría sanado el propio Augusto de la enfermedad que le aquejó en el frente cántabro, en su segundo viaje a la península ibérica. Como se destaca en nuestro artículo de la edición portuguesa de National Geographic, también las singulares "epifanías" de diversos emperadores -a través de sus imágenes-, en particular del diuus Augustus pero también de Calígula y de Livia en Torreparedones -de los tres- y en Bilbilis -de Augusto capite uelato- han dinamizado nuestro conocimiento sobre el impacto del culto imperial en los contextos provinciales al tiempo que, en el caso de Torreparedones, además, los estudios con espectometría de rayos X han, efectivamente "sacado los colores" a esa estatuaria clásica que tan acostumbrados estábamos a verla en blanco-mármol pero que sabemos que tuvo, efectivamente, color. Otras sensacionales piezas de la estatuaria imperial hispanorromana, como el busto de Augusto de Lora del Río, en el Museo Arqueológico de Sevilla, o la Livia del Museo de Cádiz han estado también de actualidad por articularse su protección jurídica o por completarse su restitución y otras, como el sensacional busto de Adriano procedente de una uilla de Los Torrejones de Yecla (Murcia), han asombrado, literalmente, al mundo mereciendo la convocatoria de reuniones y coloquios científicos monográficos. A ese grupo de hallazgos del ámbito de los sacra publica quizás deba añadirse el de la monumental estatua de Juno descubierta en Regina, en Extremadura, en 2010, ciertamente espectacular. Que en esa constatación de nuevas evidencias del culto imperial los hallazgos de Los Bañales de Uncastillo y de Santa Criz de Eslava, magistralmente estudiados en su dimensión escultórica por Luis Romero, se hayan convertido, junto a uno de muy reciente publicación del Forau de la Tuta de Artieda (Zaragoza), en referentes y en una de las evidencias más septentrionales de esta práctica ritual del culto imperial que actuó como verdadero vector de cohesión ideológica del orbe romano no puede sino alimentar nuestra satisfacción científica y demostrar el interés que tiene, siempre, desde el punto de vista de la generación de conocimiento histórico, el mantenimiento en activo de una excavación arqueológica de campo.

Pero, acaso porque la religio privada parece interpelarnos más directamente -oportuno es recordar aquí la oración transmitida por Catón al dios Marte para que concediera bonam salutem ualetudinemque mihi domo familiae nostrae, es decir "salud y fortaleza para mí y (para) los de mi casa familiar" (Cat. Agr. 141, 2)-, especialmente singulares han sido los hallazgos que, en la península ibérica, se han producido en los últimos años en relación bien con los cultos domésticos propios de la antigua Roma (el enlace a un trabajo de M. Pérez Ruiz resulta de obligada consulta para quien tenga interés en esta cuestión) bien con esa creencia romana de que, efectivamente, dei facientes adiuuant, "los dioses ayudan a quienes les invocan" y a quienes les tienen presentes, como afirmaba Varrón (Varro Rust. 1, 1, 5-6) interviniendo, por tanto, constantemente, en la vida de los hombres. Así, de igual modo que en las últimas semanas nos ha impactado el descubrimiento, en Augusta Emerita, de un sensacional mosaico con el emblema de una Gorgona/Medusa, en 2011 lo hizo el igualmente fastuoso Mosaico de los Amores de Castulo (Linares, Jaén) o en 2019 el de Plaza de Armas, de la antigua Astigi (Écija, Sevilla), hallazgos cuyos motivos mitológicos principales no vienen sino a demostrar de qué modo las imágenes religiosas eran del gusto de los grandes possessores de la Antigüedad romana figurando también en sus espacios de solaz y descanso. Pero, qué duda cabe que son mucho más nítidas como evidencias de la religiosidad privada de la época hallazgos como el de la Venus de Ilici (Elche, Alicante) o el del busto del dios Baco de Baetulo (Badalona, Barcelona) pues nos ponen tras la pista de esos "indicadores materiales de ritualidad" que, por ejemplo, hemos podido constatar también en el larario de una uilla romana en las cercanías de Banyoles, en Girona, la de Vilauba, ejemplarmente publicado por P. Castanyer y Q. Tremoleda y que, por su contexto primario, supone un unicum en la península ibérica que ha permitido, de hecho, conocer mejor las singularidades del culto doméstico en las Hispanias comparándolas con las características que exhibe éste en otras provincias. Pronto, desde el territorio de los Vascones antiguos, aportaremos novedades a este respecto pues nos parece que existen en Los Bañales de Uncastillo varias evidencias, entre ellas -pero no sólo- la tortuga en bronce descubierta en 2016 que sigue a estas líneas, evidencias todas que pudieron formar parte de los lararios de las domus que jalonaron el área urbana de la ciudad.

La irrupción, sobre todo en los siglos previos a la tardoantigüedad -pero también antes como demuestra el santuario isiaco de Santa Bárbara de Padrões, en Castro Verde, el Alentejo portugués con su sensacional colección de lucernas votivas-, de los cultos mistéricos orientales en la religión romana (una síntesis excelente, por cierto, sobre esta cuestión, y en general sobre el mundo religioso de la Hispania antigua, puede verse en ALVAR, J., "Las religiones de la Hispania altoimperial", en Entre fenicios y visigodos. La historia antigua de la Península ibérica, Madrid, 2008, pp. 448-458 y en ROLDÁN, J. M., y SAYAS, J. J. , "Religión y cultura", en Hispania. La península ibérica en la Antigüedad, Salamanca, 2022, pp. 409-423) también ha recibido nuevas luces gracias a singulares hallazgos arqueológicos de los últimos años como la denominada domus del Mitreo de Lugo, el recientemente atestiguado mitreo de Igabrum, en la localidad cordobesa de Cabra o, por supuesto, de mediados de los años  noventa, el sensacional complejo taurobólico de la uilla de Arellano, en Navarra, que tanto ha estimulado -más recientemente- los estudios, especialmente a cargo de F. Marco, sobre los signos de vitalidad pagana en el periodo tardoantiguo en torno al culto al toro y a su potencia simbólica en zonas concretas del interior de la Tarraconense. Si en Occidente sabemos que esos espacios del culto mitraico atrayeron a los amantes de esa otra forma de religio, la superstitio, la magia -según la distinción hecha por Aulo Gelio (Gell. NA. 4, 9)- también en Écija (Sevilla) se descubrió una hermosa defixionum tabella, una tablilla de execración, con la que se deseaba dañar a los caballos y aurigas de un empresario de ludi, documento que nos pone en contacto no sólo con esa omnipresencia de la religiosidad -y, en este caso, de la magia negra- en la vida cotidiana de Roma sino, también, con la extraordinaria popularidad de los juegos en la época. 

La creencia romana, además, en el poder curativo de las aguas y manantiales y en la vida de ultratumba ha deparado algunos de los más sobrecogedores hallazgos de los últimos años, todos, además, de considerable impacto mediático, como no merecía menos su singularidad. En el mundo funerario destacaríamos los hallazgos, especialmente epigráficos, de la necrópolis de Segobriga (Saelices, Cuenca), con inscripciones tan hermosas como singulares también desde el punto de vista del formulario y del soporte, y que han sido estudiadas por R. Cebrián, o el modo cómo el estudio interdisciplinar de las incineraciones de la uia sepulcrhralis de la Plaza de la Vila de Madrid, en la antigua Barcino, en Barcelona, nos permitieron dar forma material, a comienzos de siglo -pues se dieron a conocer en 2007-, a los rituales de frecuentación del cadáver que tan bien conocemos por las fuentes antiguas (los trabajos de D. Vaquerizo y de A. B. Ruiz Osuna, incansables, en los últimos veinte años, han aumentado notablemente nuestro conocimiento del poliédrico mundo funerario hispanorromano). A ese respecto también la "polvera" depositada como ofrenda funeraria en Augusta Emerita debe contarse como uno de los hallazgos más singulares, curiosos y elocuentes respecto de la religiosidad funeraria de cuantos se han producido en nuestro solar en los últimos años. Del mundo de los cultos de cariz acuática -recordemos que Séneca aludía al hábito romano de "honrar los manantiales de las aguas termales, y, por su opacidad o por su inmensa profundidad considerar sagrados los estanques" (Sen. Ep. 41, 3)- además de operarse, por el empuje de Mª J. Peréx, la sistematización de todas las evidencias materiales y epigráficas disponibles en un volumen que enlazábamos en un post anterior de este blog, se han producido interesantes hallazgos epigráficos en el balneario de As Burgas, en Ourense, con alusión a divinidades acuáticas indígenas, como Reue (AE 2014, 674, entre otras) y, en particular, nuevamente, en el enclave cordobés de Torreparedones, cerca de Baena, Córdoba. En las termas de dicha ciudad, denominadas desde entonces "termas de la Salud" por el principal estudioso de su documentación epigráfica, Á. Ventura, en marzo de 2017 se produjo el hallazgo de una hermosa dedicatoria a la Fons dominae Salutis salutaris -"fuente de la diosa Salud sanadora"- en un recinto que, pocos meses después, también nos obsequiaría con una hermosa jarrita ritual al servicio del culto a la citada divinidad. Las imágenes de los dos objetos, que ofrecemos aquí gracias a la gentileza de José A. Morena, arqueólogo municipal de Baena, resultan ciertamente impresionantes como lo es, de hecho, el propio complejo arqueológico de Torreparedones.


Hace pocos meses -y recientemente lo hemos reseñado en Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra- ha visto la luz el sensacional volumen epistemológico sobre las áreas de conocimiento que conocemos como Ciencias de la Antigüedad HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, D., Prolegómenos a una Ciencia de la Antigüedad, Madrid, 2023, ciertamente recomendable. En él se insiste (pp. 123-124, 138...) en que el futuro de esas Ciencias de la Antigüedad debe ser ése el de ser una disciplina única -cierto que con métodos diferentes en juego, el filológico, el epigráfico, el arqueológico, el histórico- y a la vez global que, interrogando a todas las evidencias disponibles permita construir conocimiento, sin parcelaciones ni miopías que sólo hacen más difícil nuestro objetivo final. Lo que se ha incrementado nuestro conocimiento sobre la práctica religiosa en las provincias hispanas en los últimos años a partir de la documentación epigráfica y arqueológica debe servir como clara prueba de que, como hemos señalado aquí en otras entradas de la serie "Disputationes", sólo el diálogo fructífero entre arqueólogos e historiadores de la Antigüedad nos puede conducir a aproximarnos a una verdad lo más aproximada posible a la verdad histórica. 


VASCONICA ET EPIGRAPHICA SCRIPTA


[Fotografías tomadas en el Palacio del Condestable de Pamplona, en enero de 2023 (con Javier Larequi), y en la Faculdade de Letras de la Universidade de Coimbra, en diciembre de 2022 (con Armando Redentor), en las presentaciones de los dos volúmenes que justifican esta nueva entrada de Oppida Imperii Romani]

Hace algunos días, en un artículo publicado en The Conversation, un estudiante de doctorado y quien escribe estas líneas subrayábamos la importancia de la publicación de trabajos académicos en acceso abierto no sólo por una objetiva y necesaria democratización de la ciencia sino, también, aunque sea egoístamente, por el impacto que las conclusiones de nuestras investigaciones tienen -siempre mayor- cuando se usa esa modalidad de difusión a la que, cada vez con mayor profusión, se están apuntando más y más editoriales científicas.

Estos días, de hecho, estamos de celebración pues dos volúmenes que guardan relación con dos de las etiquetas más generosas de este espacio y, por tanto, con dos de nuestros intereses académicos históricos -Valete uiatores y Vascones- han sido puestos en acceso abierto por sus editoriales uniéndose, por tanto, a la sección de Digitala scripta que, también, conoce un habitual incremento en este espacio. La coincidencia en el tiempo de la apertura de ambos volúmenes nos parece merecía una entrada monográfica y admonitoria en Oppida Imperii Romani una vez que, además, la presentación del primero de ellos tuvo notable repercusión en la prensa navarra -con eco en Diario de Navarra, que recogemos- y en las redes sociales, haciéndose eco de ella, en su perfil en Instagram, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra en la publicación que embebemos a continuación.

 

[1.] ANDREU, J., y LAREQUI, J. (eds.), Inter medium Vasconum pertransibunt aquae: vascones y termalismo en la antigüedad hispana. Opera selecta de Mª Jesús Peréx Agorreta, UNED, Madrid, 2021. Objeto de noticia en otra anterior entrada de este blog, lo cierto es que muchos de los trabajos que se recogen en la primera parte del libro (pp. 63-184) están absolutamente de actualidad a tenor de la revitalización de la "controversia vascónica" de la que hablábamos en el artículo de The Conversation con que abríamos esta entrada. De hecho, en muchas de las intervenciones que, en los últimos días, están haciendo en medios y sedes académicas de diverso tipo los estudiosos del texto paleohispánico de la mano de Irulegi, Javier Velaza y Joaquín Gorrochategui -la última la que, inquietante, han dictado, y está disponible en YouTube, en el Museo San Telmo de San Sebastián- no han dejado de aludir a asuntos que pueden seguirse a través de este libro. Por ejemplo, qué autores antiguos -y con qué noticias y argumentos- hablaron de los Vascones (pp. 63-80); cuál fue la relación de este pueblo -desde un punto de vista cultural (pp. 91-94) pero también administrativo y territorial (pp. 165-184)- con Roma; qué aspectos caracterizaron -si hubo alguno- su cultura funeraria (pp. 95-114); y cuál fue el aspecto material de algunas de sus comunidades urbanas como Pompelo (Pamplona) (pp. 119-128), Iturissa (Espinal) (pp. 81-90) o la foederata Tarraca que, de hecho, Mª Jesús Peréx, la autora de las contribuciones recogidas y a cuya trayectoria investigadora el volumen rinde homenaje, identificó (pp. 115-118) con Los Bañales de Uncastillo (Zaragoza). 

Con ser interesantes las aportaciones recogidas sobre esta revitalizada cuestión vascónica, la segunda parte del volumen (pp. 187-264) vuelve sobre un tema que, aunque está, en esencia, compendiado en una obra imprescindible que está también disponible para descarga en red (el volumen Vbi aquae ibi salus. Aguas mineromedicinales, termas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica, Madrid, 2017), se presenta aquí a través de la caracterización de sus singularidades tal como fueron detallándose en la Historia de las investigaciones en las que la autora a la que el volumen rinde homenaje ha sido líder indiscutible durante varias décadas. El asunto, además, se ha puesto, de nuevo, también, de rabiosa y envidiable actualidad por el hallazgo, a final del pasado año, en la Toscana italiana, de un buen repertorio de ofrendas -escultóricas y epigráficas- en el balneario de San Casciano dei Bagni, no lejos de Siena, la antigua Clusium, asunto del que pudimos hablar en Mediodía COPE.

[2.] ANDREU, J., REDENTOR, A., y ALGUACIL, E. (eds.), Valete vos viatores: travelling through Latin inscriptions across the Roman Empire, Imprensa Universidade de Coimbra, Coimbra, 2022. Volumen resultante del proyecto de Europa Creativa del mismo título, ya hablamos de él en la entrada número X de la serie Valete uiatores de este blog, pero, en estos días, el volumen ha sido incorporado al gran repositorio bibliográfico en internet de nuestro país, Dialnet donde, al contar con página específica, el volumen tendrá mayor visibilidad. Como anotábamos entonces, el volumen tiene en su haber varios méritos que conviene recordar: en primer lugar, pone por escrito el know-how derivado del proyecto europeo en que se ha inscrito explicando de qué modo se han generado, con él, una serie de nuevas herramientas puestas al servicio de la docencia en Epigrafía Romana la mayor parte de ellas, además, disponibles en la página web que la Universidad de Navarra ha creado para el proyecto y que, no hace mucho, era profusamente citada en un reportaje sobre uno de los deliverables del proyecto, la serie audiovisual sobre Epigrafía Romana, publicado, también en su versión digital, en la revista Nuestro Tiempo. Además de esas aportaciones (pp. 19-93), el volumen aborda cuestiones que van a marcar el trabajo con las inscripciones romanas en los próximos años: el storytelling (pp. 95-182) -al que dedicábamos no hace mucho un post en este blog-, el valor pedagógico de la epigrafía digital (pp. 183-205) y, también, la poderosa pervivencia del hábito epigráfico hasta nuestros días que, en cierto modo, acerca esta costumbre de los antiguos Romanos, a la actualidad (pp. 229-258). Junto a esas cuestiones se tratan también no pocos aspectos metodológicos -como las posibilidades del manejo de las bases de datos (pp. 207-228)- junto a otros de carácter más propiamente clásicos, que incluyen la presentación de estudios sobre el hábito y la cultura epigráficas de determinadas zonas de Occidente (pp. 259-381). Se trata, en definitiva de un volumen que, en materia de estudios epigráficos, mezcla tradición e innovacción, la Epigrafía tradicional con el poder de la Epigrafía digital y, por supuesto, de la virtual o 3D, a la que también hemos atendido, usualmente, en la serie "Epigraphica" de este blog.


El volumen, por tanto, es de obligada consulta para quienes trabajen cuestiones relacionadas con la ciencia epigráfica y, en particular, con la dimensión digital de ésta. No en vano, ha resultado un gozo descubrir que los colegas de la biblioteca de la Universidad de Yale dieran en noviembre noticia de la publicación del libro a través de su perfil de la sección de Clásicas de la citada biblioteca en twitter. 

Como anotábamos más arriba, no es la primera vez que una entrada de Oppida Imperii Romani se detiene en informar sobre la publicación digital de dos volúmenes alineados con los intereses de los lectores de este espacio una vez que ya en noviembre de 2014 recogíamos, en un post titulado "Scripta Vasconica" la edición en open access de dos trabajos que, con la revitalización del asunto vascón derivada del hallazgo e interpretación de la mano de Irulegi, siguen estando de actualidad casi una década después. Ojalá que pasen los años y esta entrada que aquí cerramos, y los textos que a ella se enlazan envejezcan también como lo han hecho los de aquélla. Ése es nuestro deseo. 

BONIS BENE

 

[Cubierta del volumen 101 storie svelate (Roma, 2022) que pone en valor, de un modo singular, las inscripciones romanas del Museo Nazionale Romano]

Aunque el proyecto de Europa Creativa "Valete uos uiatores!: travelling through Latin inscriptions across the Roman Empire" -que tantas entradas ha generado en este espacio en los últimos dos años- se cerró el pasado mes de agosto, en los últimos meses hemos tenido el privilegio de presentar sus resultados en sedes muy distinguidas, entre otras la Universidad de Sevilla, en España, la Universidade de Coimbra, en Portugal, o la Università di Pisa, en Italia. En varios de los actos que se han celebrado en dichos centros universitarios para hacer balance de los logros del proyecto o, como últimamente, para presentar el volumen derivado del mismo -y que, al fin y a la postre, dará perennidad a sus resultados- hemos podido palpar de qué modo cada colega que trabaja con inscripciones romanas siente las inscripciones y concibe la ciencia epigráfica algo que, además, se muestra muy bien en el elenco de intervinientes en la serie audiovisual "Valete uiatores: from Portugal to Rome" que -como uno de los resultados estrella de nuestro trabajo- en estos últimos cuatro meses de 2022 ha emitido el programa "La aventura del saber", de RTVE y que puede verse en la sección correspondiente de la web del proyecto. En uno de esos actos, Vasco Mantas, insigne epigrafista portugués, definió la ciencia epigráfica como una combinación de "paciencia y erudición" y calificó a las inscripciones como "la principal fuente crítica de la Antigüedad". Y, ciertamente, es así y lo es porque, efectivamente, las inscripciones son, para los historiadores, verdaderos relatos históricos de personajes de toda clase y condición que, sencillamente, hemos de saber leer, escudriñar y explotar. El libro que justifica esta nueva entrada de Oppida Imperii Romani muestra con claridad hasta qué punto esa combinación caracteriza -o debe caracterizar- mejor que ninguna otra, el quehacer del epigrafista.

Como solemos contar en esos eventos académicos (se puede acceder a la presentación base que acompaña a las mismas aquí), uno de los objetivos que nos planteábamos al articular el proyecto era el de tratar de dar solución a los problemas de mediación a que -como ya explicábamos en una entrada anterior de este blog- muchos Museos y colecciones museográficas europeas se enfrentan cuando han de exponer los tituli que atesoran en sus colecciones, muchas veces abandonados en insondables y fríos almacenes. Unas veces por su tamaño, otras por el carácter críptico que, para el gran público, tienen los textos latinos, resulta difícil conceder a estas piezas el protagonismo que, sin duda, merecen como documentos escritos de la Antigüedad y como monumentos culturales que son.

Con ese objetivo de hacerlas atractivas, de reivindicar su valor narrativo e histórico y de hacerlas visibles, en los meses de la pandemia del covid-19, el área de redes sociales del Museo Nazionale Romano, el, seguramente, mayor lapidario romano que puede visitarse en Occidente, se embarcó en la elaboración de una serie dinámica de posts en Facebook y en Instagram donde se presentaban inscripciones del repertorio epigráfico del Museo -concebido, esencialmente, en su sede de las Termas de Diocleciano, como un gran "museo de la comunicación escrita de los Romanos"- pero esa presentación se hacía, claramente, en clave narrativa y literaria haciendo lo que ahora ha dado en llamarse story-telling una herramienta ésta que, de hecho, centra la atención de uno de los capítulos del libro del proyecto europeo Valete uiatores (pp. 135-182) -firmado por Valentina Uglietti, del Museo Civico di Reggio Emilia- al tiempo que otro (pp. 95-134) se detiene en las peculiaridades, precisamente, de ese proyecto que, entre la primavera y el otoño de 2020, acabó por transmitir la pasión por la Epigrafía Romana a miles de personas a juzgar por el incremento de followers que las redes del Nazionale Romano registraron en esas históricas y dolorosas jornadas y por el éxito del hashtag #StoriedaMNR relatos e historias compartidas que, efectivamente, constituyeron para muchos, como afirma Silvia Orlandi, Profesora de Epigrafía Romana en la Università di Roma La Sapienza, en el libro que aquí reseñamos, un "appuntamento con l'epigrafia", casi diario, de hecho.

Pues bien, la cara oculta de esa sensacional labor, Carlotta Caruso, epigrafista del citado Museo, se hace visible ahora en un volumen que -como explica Stéphane Verger, el director del Museo Nazionale Romano, en las primeras páginas de la obra- inaugura "una nuova stagione di progetti editoriali" que, sin duda, resulta prometedora a tenor del que constituye su primer hito. El libro, 101 storie svelate. Le iscrizioni del Museo Nazionale Romano raccontano Roma, sobria pero elegantemente editado por Dielle Editore, constituye, sin duda, el primer fructífero paso de una experiencia de tratamiento de las inscripciones cuya potencialidad didáctica y cultural es absolutamente indiscutible y deberá ser más explorada en el futuro. A lo largo de cerca de 220 páginas -que incluyen un pequeño aparato de índice- la autora va presentando una serie de historias que dan vida a los personajes cuyos nombres aparecen en tituli de todo tipo -esencialmente funerarios pero también votivos o sobre soportes y objetos bien diversos, muy singulares- a cuya presentación fotográfica sigue, en apenas página y media, el relato que da vida a los nomina y a los personajes en ellos recogidos así como al contexto al que dichos tituli aluden, elementos todos que, con una notable habilidad, la autora aprovecha como pretexto para explicar costumbres sociales y espirituales de la Roma antigua "stimolando curiosità e interesse ma anche partecipazione emotiva" en los lectores, como afirman dos colegas de la autora en los departamentos educativo y de social media del Museo Nazionale Romano, Sara Colantonio y Agnese Pergola que firman una de las cuatro presentaciones que hacen de pórtico al volumen. Tras el relato que devuelve la vida a las inscripciones escogidas -con un extraordinario acierto en cuanto a la selección tipológica se refiere- cierra cada entrada una breve ficha descriptiva de la inscripción en cuestión, a modo de ficha catalográfica con la esencia básica de la traditio de la misma y de sus características físicas y cronológicas. Sirva como ejemplo el relato que la autora hace de la hermosa inscripción cristiana bilingüe de Licinia Amias (ICUR I, 121) (pp. 80-81), ciertamente tan evocador como profundo y que hace justicia al adjetivo "svelate" ("desveladas") que figura en el título del trabajo.

Precisamente, como decíamos, uno de los aciertos de 101 storie svelate -que, en cierta medida, lo es también de la colección epigráfica que lo inspira, ciertamente única- es el de permitir al lector aproximarse a contextos sociales diferentes de la Roma antigua a partir de inscripciones de formato y características bien diferentes, desde sencillas placas de columbaria (como CIL VI, 6355 -pp. 16-17, nº 1-; 39570 -pp. 36-37-; 6369 -pp. 40-41, nº 13-; 39481 -pp. 44-45, nº 15-; 6246 -pp. 88-89, nº 37-; 8681 -pp. 210-211, nº 98- o la profusamente decorada CIL I2, 1207 -pp. 138-139, nº 62-) -alusivas, además, a profesionales de diversa índole, un sutor ("zapatero"), una psaltria ("tocadora de cítara"), un toparius ("jardinero"), una ornatrix ("peluquera") o un cocus ("cocinero") asunto éste, el de las profesiones, que parece haber sido criterio de referencia por parte de la autora para seleccionar algunos de los materiales- pasando por cineraria, es decir, "urnas de incineración" (como CIL VI, 9214 -pp. 72-73, nº 29-), por hermosos altares profusamente decorados (como CIL VI, 9801 -pp. 82-83, nº 34-; el delicioso 5326 -pp. 108-109, nº 46-, 9801 -pp. 82-83, nº 34- o 37546 -pp. 198-199, nº 92-), cipos sepulcrales (AE 1991, 123 -pp. 52-53, nº 19-), osteothecae pétreas (como AE 1941, 64 -pp. 176-177, nº 81- o CIL VI, 5063 -pp. 192-193, nº 89-) o, saliendo ya del ámbito sepulcral, incluso glandes inscriptae (como CIL XI, 6721 -pp. 24-25, nº 5-), anforiscos con tituli scariphati de contenido erótico (como CIL I2, 477 -pp. 26-27, nº 6-), tegulae marcadas con datación consular (como CIL XV, 1113 -pp. 32-33, nº 9-), tabellae defixionum (como CIL I2, 1012 -pp. 54-55, nº 20-), placas en formato circular (EDR 126783 -pp. 34-35, nº 10-), inscripciones sobre vidrio -como aquélla de la que hemos tomado el título para este post: "(el) bien para los buenos" (AE 1948, 175 -pp. 188-189, nº 87, cuya fotografía sigue a estas líneas)- o el hermoso collar servil en bronce perteneciente a uno de los esclavos de Zoninus (CIL XV, 7194 -pp. 22-23, nº 4-), piezas todas que -por citar sólo algunos casos- suponen un sensacional repaso por la materialidad de la cultura epigráfica de la Roma de los primeros siglos, no sólo en Latín, también en griego como en el ejemplo que reproducíamos más arriba o en la placa del gerente de la Sinagoga de los Calcarenses (pp. 86-87, nº 36). 

Al margen, sin embargo, de la cuestión tipológica -ciertamente sensacional y a la que, en cierta medida, hace justicia también el repertorio de inscripciones del Museo Nazionale Romano que hemos incluido en nuestro Museo Virtual del proyecto Valete uiatores, al que el lector puede acudir para ver las inscripciones enlazadas en este post- el libro es un delicioso manualito para aproximarse e introducirse en cuestiones religiosas, culturales, económicas y sociales de la antigua Roma abordadas, además, con una redacción que, dada la buena pluma de la autora, hará las delicias de cualquier amante del mundo romano pero, también, de la buena literatura histórica. Así, y sin ánimo de exhaustividad, se tratan cuestiones como el ideal romano de la celebritas (pp. 16-17) y la función que la imagen personal jugaba en la iconografía funeraria para satisfacer aquél (pp. 18-19, 122-123, 146-147 o 158-159), se aborda también la normativa jurídica que regulaba la protección de los sepulcros (pp. 38-39) y las evidencias de su constante y festiva frecuentación (pp. 20-21 y 30-31). Se hace hueco también a cuestiones de carácter social como la esclavitud (pp. 22-32 y 152-153), el ejército (pp. 24-25), la carrera municipal y militar y sus singulares ornamenta cívicos (pp. 66-67 y 84-85) amén de la cuestión del trabajo y del mundo laboral que, como se dijo, ocupa un lugar muy distinguido en el volumen (passim). No falta tampoco atención al hecho religioso, tanto atendiendo a la religión pagana oficial -a partir de tituli vinculados a algunas de las más veneradas y populares divinidades del panteón de Roma (pp. 62-63, 80-81, 166-167 o 196-197)- como también al sincretismo que, a partir del siglo II d. C., surge entre paganismo y cristianismo (pp. 80-81), se abordan también cuestiones transversales como los espectáculos, con atención especial a los gladiatorios (pp. 48-51 y 186-187) pero también a los ludi Saeculares (pp. 90-91), e, incluso, hay piezas dentro del catálogo que arrojan luz sobre el complejo y apasionante mundo de la construcción romana (pp. 32-33, 98-99, 110-111 o 124-125) o -deliciosas- sobre el proceso de fabricación de una inscripción romana (pp. 104-105, 1116-117 y 128-129) o sobre el amor y las relaciones humanas en Roma tanto en su dimensión más feliz y erótica (pp. 26-27 o 108-109) como en su componente de dolor, cuando es un amor no correspondido, maldito (pp. 54-55 y 114-115). Tal variedad de asuntos -que, acaso, podrían haberse sistematizado en un añadido a los útiles índices, básicos, que cierran el volumen (pp. 221-223)- demuestra la amplitud de temas que, en nuestro conocimiento de las sociedades antiguas en general y en la romana en particular, son iluminados a partir de las inscripciones y hace justicia también al subtítulo del libro: "iscrizioni (...) raccontano Roma", "inscripciones que nos hablan (de) Roma".

Qué duda cabe que contemplando estas historias, este "acurato lavoro di ricostruzione storica e un po' di immaginazione" -como reza la contraportada del volumen- del que hace gala este libro, en cierta medida se cumple el deseo de muchos de quienes realizaron estas inscripciones en los primeros siglos de nuestra Era, un deseo de "tramandare la storia delle loro vite alle generazioni del futuro", de legar a las generaciones futuras la historia de sus propias vidas. Se trata, pues, nos parece, de un volumen imprescindible -casi equiparable al Si muero no me olvides editado no hace mucho por la Universidad de Alcalá de Henares respecto del singular repertorio epigráfico de la colonia Augusta Emerita, capital de la Lusitania (Alcalá de Henares, 2022, ver reseña aquí)- para quienes, en nuestra docencia de Epigrafía Romana, tenemos por delante el reto de apasionar a nuestros jóvenes estudiantes por el poder que, en la Antigüedad, y todavía hoy, tuvo, tiene y tendrá la palabra escrita, la palabra -en este caso- inscrita. Sin duda que este libro, con el elenco de temas que trata, estimulará la curiosidad de los buenos estudiantes y de quienes -público en general-, tras conectar con el lenguaje de las inscripciones gracias a la labor realizada en la web 2.0 por el Museo Nazionale Romano, se acerquen a un volumen que, sin duda, no les defraudará. 

¡Ojalá sea así! Esperándolo sólo nos queda felicitarnos por este sensacional trabajo de Carlotta Caruso, sobresaliente, y, sin duda, inspirador y que, por ambas razones, bien merecía atención en la sección "Epigraphica" de Oppida Imperii Romani.