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DE PATRIMONIO ARAGONENSE



[Accede aquí al vídeo de la mesa sobre patrimonio arqueológico en Aragón emitida por el programa Aragón en Abierto, de Aragón Televisión, el pasado 8 de octubre]

Hace apenas unas semanas quien escribe este blog tuvo su primera experiencia, al menos de cierta duración, con un directo en un plató de televisión tras un breve paso por el mismo programa y el mismo canal en la que, técnicamente, fue la primera ocasión, exactamente en el mes de septiembre de 2018, entonces acompañado de un brillante estudiante de Historia y Periodismo de la Universidad de Navarra, Javier Larequi. Esta segunda experiencia televisiva en directo de quien escribe este blog -como decíamos, la primera de entidad- ha sido, de nuevo, en el magazine de las tardes aragonesas, el programa  Aragón en Abierto, de Aragón Televisión, uno de los más seguidos de la televisión autonómica. Uno de sus redactores, César López, que pasó por Los Bañales el pasado verano para cubrir algunos de los hallazgos de la XII Campaña de Excavaciones, nos propuso, acabado el verano y al hilo del estreno de un magistral videorecorrido por Los Bañales realizado por Pablo Serrano Basterra y Juanmi Cirez que acumula miles de visitas en Facebook, intervenir en dicho programa participando en una "mesa" sobre patrimonio arqueológico en Aragón a cuyo vídeo -editado, sin la pausa publicitaria y sin alguna conexión extra que se hizo por exigencias de la actualidad informativa de la tarde del 8 de octubre- puedes acceder pinchando en el pie de la fotografía que encabeza este post (el programa entero puede verse en la excelente sección de Aragón Televisión a la carta). 

Ante tan sugerente reto no sólo no podíamos negarnos sino que, además de aprovechar la ocasión para seguir demandando y recabando apoyos para el proyecto que, desde hace más de doce años, venimos desarrollando en la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo -que, hace poco, además, hemos tenido la oportunidad de mostrar como paradigma de las posibilidades que la Arqueología tiene como motor de desarrollo territorial en la conferencia inaugural del Máster Universitario en Mediterráneo Antiguo de la Universitat Oberta de Catalunya/Universitat Autònoma de Barcelona/Universidad de Alcalá de Henares- debíamos también reflexionar, como el propio César nos propuso, sobre la intensa tradición arqueológica de Aragón, sobre cómo la investigación arqueológica y la práctica profesional de la Arqueología -y también la transferencia del conocimiento- han cambiado en estos últimos años -papel fundamental ha jugado ahí la incansable iniciativa de la sección de Arqueología del Colegio Oficinal de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras de Aragón- y, por supuesto, para apuntar retos y ocasiones de mejora que los tiempos actuales se hacen, si cabe, más urgentes, como ya hicimos notar en un post anterior, de los incluidos en Oppida Imperii Romani con la etiqueta Covid-19.

La rapidez con la que pasa el tiempo en directo en televisión y la amplitud del tema -además de los extraordinariamente bien escogidos mini-vídeos que, sobre El Palao de Alcañiz (Teruel), Bilbilis (Catalayud, Zaragoza) y Labitolosa (La Puebla de Castro, Huesca), se incluyeron para hacer más interactiva la sesión-, obviamente, dejaron muchas cosas pendientes de tratar que, sin embargo, formaban parte de nuestras notas de preparación, tarea a la que, gracias a la profesionalidad de César López, dedicamos bastante tiempo en las semanas previas al día del programa. Son, precisamente, esas cuestiones las que nos pareció que podrían quedar aquí escritas, para discusión pública, en este nuevo post de Oppida Imperii Romani. Se trata, además, de tres ideas muy sencillas de enunciar pero, acaso, complicadas de llevar a la práctica aunque, ciertamente, quizás no tanto si hay voluntad. El tono en que se presentan puede parecer de cierta denuncia pero ésta nace exclusivamente de la experiencia, en esta última década, de un historiador de la Antigüedad -que no arqueólogo- en gestión del patrimonio arqueológico y, simplemente, abunda en ideas que ya alimentaron otras disputationes, como así las llamamos, recogidas en este espacio sobre Antigüedad Romana que es Oppida Imperii Romani. 

[1.] Compromiso autonómico y estrategia competitiva en la gestión pública del patrimonio arqueológico. En los últimos años, en Aragón, la iniciativa en la financiación de los proyectos arqueológicos ha recaído, casi de modo exclusivo, en fondos municipales y comarcales. La comarcalización de Aragón ha permitido que, efectivamente, en algunas de las comarcas del territorio se manejen presupuestos para actividad cultural y de recuperación patrimonial que se alinean muy bien con un proyecto de investigación arqueológica en campo y con la propia idiosincrasia de este acertado modelo de vertebración territorial que está contribuyendo, como ninguno, a la integración del mundo rural. Con ser esa, en sí misma, una buena noticia, no puede llevarnos a ocultar la que, de verdad, mucho menos positiva, subyace a esta realidad: la dolorosa retirada del Gobierno de Aragón, hace ya varias legislaturas, de la inversión en investigación del patrimonio arqueológico y su sólo testimonial dedicación -forzada, a veces, por enmiendas parlamentarias o por necesidades absolutamente perentorias e inexcusables- a la restauración y conservación que, en principio, es responsabilidad de la administración y no de los equipos investigadores. Para esta vergonzante falta de inversiones públicas autonómicas en la investigación arqueológica pueden alegarse decenas de pretextos, todos, desde luego, tan comprensibles como injustificados. Desde la situación de crisis económica en la que vivimos hasta el tamaño del territorio aragonés y una política, tristemente habitual en la administración pública y en la gestión pública del patrimonio arqueológico, de querer contentar a todos los proyectos arqueológicos por igual conduciendo a un indigno "reparto de la miseria" con aportaciones que, para algunos proyectos, apenas dan para analíticas o mínimas labores de consolidación y mantenimiento. Urge que la administración autonómica -y ésta fue una idea defendida por el Director General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón a inicios de la pasada legislatura, que luego quedó en nada pese a ser recalcada por el propio presidente del Gobierno de Aragón en su visita a Los Bañales en agosto de 2015- realice, de una vez por todas, una gestión del patrimonio arqueológico inteligente, presidida por una estrategia clara en la que se fijen grandes proyectos de legislatura y las inversiones se dediquen, quizás de modo rotativo, a esos proyectos, tal vez uno por época histórica de modo que, al cabo de los años, los grandes yacimientos arqueológicos aragoneses, se hayan beneficiado, en alguna ocasión, de inversiones que den para algo más que para sufragar pequeños gastos de investigación o de mantenimiento. Lógicamente, para hacer eso posible, el Gobierno de Aragón debería animarse, como se hace en otras Comunidades Autónomas, a valorar, de verdad, qué proyectos arqueológicos están aportando valor al territorio, cuáles pueden, de verdad, posicionar a Aragón en la ciencia y la investigación europeas y cuáles, además, están de verdad impactando económicamente -por su capacidad para convertirse en recursos turísticos, si no lo son ya- en un castigado mundo rural, castigadísimo en Aragón. Sólo, por tanto, con criterios estratégicos y con una asignación competitiva, y proactiva, de los recursos, se conseguirá que enclaves en los que se viene trabajando desde hace décadas puedan, de forma profesionalizada, convertirse en modelos de dinamización territorial como lo son en España parques arqueológicos como el de Segobriga (Saelices, Cuenca), el de Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz), el de Torreparedones (Baena, Córdoba) o, en Portugal, el de Conimbriga (Condeixa) por citar, como es propio de Oppida Imperii Romani, yacimientos arqueológicos romanos. Apoyar con palabras y con disponibilidad -excelente en los últimos meses desde la nueva Dirección General de Patrimonio Cultural- no es suficiente para ninguno de los proyectos arqueológicos en marcha en Aragón. 

[2.] Unificación de los esfuerzos territoriales en torno a proyectos de impacto. No resulta infrecuente que, cuando un proyecto realiza una decidida labor de socialización patrimonial y de eso que ahora ha dado en llamarse Arqueología Pública, la investigación arqueológica se ponga de moda en el territorio y la resultante concienciación social e institucional derive en un inusitado interés por excavarlo todo, y en todas partes, como si cada municipio tuviera que tener un yacimiento arqueológico en proceso de investigación y como si cada proyecto investigador -y, por tanto, cada yacimiento- pudiera generar el mismo impacto económico que otro con el que, quizás, no comparta ni ubicación -lógicamente- ni época ni equipo ni valores. Obviamente, cualquier enclave arqueológico puede ser sugerente desde el punto de vista investigador, qué duda cabe, y más cuando las fuentes arqueológicas, como hemos repetido aquí tantas veces, son las que, de verdad, están revolucionando nuestro conocimiento sobre la península ibérica en la Antigüedad. Pero de ahí a que en un mismo territorio convivan varios proyectos arqueológicos con apoyos y subvenciones por parte de las mismas entidades va todo un trecho que, al final, puede conducir a la falta de sostenibilidad de las inversiones y a la crisis del modelo de financiación. Si se llegase a ese extremo los paganos serían, sin duda, los propios proyectos arqueológicos. En Arqueología, y en Arqueología en el medio rural, no vale -como se indicó en el punto anterior- el axioma del "divide y vencerás" sino más bien lo contrario: sólo la unificación de esfuerzos en torno a proyectos consolidados y que hayan demostrado sus posibilidades de futuro como proyectos integrales puede conducir al éxito. Tampoco a esos niveles municipales y comarcales la opción de la democratización de las inversiones -con ánimo de no ofender a nadie y de no coartar ninguna iniciativa- parece una buena política máxime cuando existan en los territorios proyectos dotados de evidentes fortalezas y posibilidades de desarrollo. La división no es buena en nada y, tampoco, en gestión del patrimonio arqueológico. Si en la cadena de valor del patrimonio la unificación de esfuerzos en torno a un proyecto es un axioma fundamental urge dotar también a la inversión municipal y comarcal de una estrategia semejante a la que se ha reclamado más arriba. Otra cosa es que se configuren proyectos de gran espectro para territorios concretos -como se ha hecho, por ejemplo, con éxito, en Aragón, en el Consorcio Patrimonio Ibérico del Bajo Aragón- que consigan generar fondos establecidos que una gerencia competente y científica atribuya consecuentemente y de modo cíclico y objetivo a las necesidades de los diversos yacimientos integrados, a través de los consistorios de que dependen, en dichos consorcios. Ese modelo, que urgiría replicar a otros territorios y que, incluso, hace algunos años, quisimos promover en la Comarca de Cinco Villas, -que, con los Ayuntamientos de Uncastillo, Layana, Biota y Sádaba tanto ha hecho y está haciendo, y hará, por la sostenibilidad e impulso de nuestro proyecto en Los Bañales- tiene también sus sombras pero lo cierto es que es capaz de crear identidad territorial en torno al patrimonio y dotar a las inversiones locales de estrategia separándolas de una lamentable gestión de subvenciones "por impulsos". 

[3.] Gestión proactiva y autosostenibilidad de los proyectos arqueológicos. Todo lo escrito hasta aquí, seguramente, es, sin duda, simple reivindicación que nace de la conciencia -fraguada tras más de una década de esfuerzos en pro de crear sinergias en torno a proyectos arqueológicos tanto en Aragón, con Los Bañales de Uncastillo, como en Navarra, con Santa Criz de Eslava- de que sólo la suma de intereses y de inversiones -públicas y privadas- puede, en los tiempos que corren, hacer realmente sostenibles -materialmente y en el tiempo- los proyectos que tengan al patrimonio cultural en el centro una idea que en Los Bañales tuvimos clara desde el principio, como ya expusimos hace casi una década en un vídeotutorial para la UNIR, Es por ello que quien lidera un proyecto arqueológico debe -como también hemos recordado en una reciente publicación- ensayar sistemas de financiación acaso nunca intentados o usualmente infrecuentes en nuestro país, sistemas que inciden en la autofinanciación y autogestión, sostenible, de esos proyectos. No quiere decir esto que la Arquelogía no suponga una carga para los poderes públicos -que, no lo olvidemos, son los últimos responsables de, al menos, la conservación del patrimonio arqueológico y que han de comprometerse con esa responsabilidad, actualizándola- sino que se han de promover cuantas iniciativas -a partir de la explotación turística de los yacimientos, de la venta de artículos de merchandising o, como hacemos en Los Bañales con la Serie de Monografías Los Bañales, también de publicaciones- estimulen un micromecenazgo de largo alcance que pueda complementar al micromecenazgo a fondo perdido que nace, en ocasiones, de la vibración de determinados individuos y colectivos sociales con el patrimonio arqueológico en sí mismo. Sólo de ese modo lograremos poner la gestión del patrimonio arqueológico en nuestro país, y en Aragón, a la altura de cómo se lleva a cabo esta en países de nuestro entorno que parecen tener una concienciación -social e institucional- mayor respecto del patrimonio arqueológico como sucede en Francia, Alemania o, por ejemplo, últimamente, también en Portugal. Probablemente, en los comienzos, este tipo de recursos propios representarán poco en el presupuesto de un proyecto arqueológico pero qué duda cabe que lo hacen realmente viral y contribuyen a hacer posibles pequeños gastos que cualquier proyecto acarrea para su feliz consecución.

En una tierra como Aragón, de solvente e ilustre tradición arqueológica -desde Roque Joaquín de Alcubierre, primer arqueólogo de Pompeya a Manuel Martín-Bueno, promotor del grupo URBS de la Universidad de Zaragoza y de tantos proyectos arqueológicos dentro y fuera de Aragón- urge implementar nuevas fórmulas para, como se comentó en el programa de la televisión autonómica que inspira estas líneas, seguir haciendo del patrimonio arqueológico un verdadero recurso pedagógico, cultural y, también, económico, para el futuro. Queden aquí para reflexión algunos modos de hacerlo posible. 





BILBILIS (Calatayud)
















[Apodyterium de las termas, foro y teatro romano de Bilbilis]

Situación: La antigua Bilbilis, que ocupaba un lugar privilegiado en el control del Valle del Jalón y del paso desde éste a la Meseta a través del Sistema Ibérico, y, además, sobre una topografía a la que Roma supo adaptar su idea de ciudad (ver reconstrucción ideal aquí), está situada a las afueras de la ciudad zaragozana de Calatayud, cerca de la recoleta pedanía de Huérmeda. Ubicada hoy, como su sucesora Calatayud, al pie de la autovía que une Madrid y Zaragoza (ver mapa), sus restos -y en especial la plataforma del foro, enmarcada entre las colinas de Bámbola, San Paterno y Santa Bárbara- sorprenden al viajero que transita por dicha vía y aun por la línea de Alta Velocidad Zaragoza-Madrid como evidente reflejo de la capacidad romana de antropizar el paisaje y de la posición estratégica que Roma eligió para el emplezamiento de este futuro municipio augústeo.
Acceso: A las ruinas de Bilbilis se llega entrando en Calatayud y tomando dirección Soria. Pasado el cementerio, a unos 400 metros, se llega a una rotonda que permite dirigirse hacia Soria o bien tomar, en la primera salida que permite la misma, la dirección -perfectamente indicada- al yacimiento. Después, se continúa por un tramo asfaltado hasta llegar a un pequeño estacionamiento junto a un modesto pero útil centro de acogida para, a partir de ahí, continuar a pie hasta la zona del teatro. Dado el interés del enclave, tal vez sí se echa de menos alguna indicación al viajero apenas entre en Calatayud, para que no equivoque su rumbo.
Tipología: Primero ciudad celtibérica -seguramente de la tribu de los titos o de los lusones (ver sobre el territorio de éstos un conocido trabajo de F. Burillo: pincha aquí para descargarlo y aquí para una propuesta de mapa de situación de dichas tribus en relación al mapa actual)- que acuñó moneda con el rótulo bilbilis (ver foto) se transformó con Augusto en municipio de derecho romano (Plin. Nat. 3, 3, 24) como se desprende no sólo de la intensísina monumentalización que vive la ciudad en la época inmediatamente posterior (con la construcción, bajo Tiberio, del templo del culto imperial: AE, 1981, 557, con foto aquí y excelente propuesta de alzado en 3D aquí) sino, sobre todo, del rótulo monetal con la explícita leyenda cívica MVN(icipium) AVG(usta) BILBIL(is) o MVN(icipium) AVGVSTA BILBILIS -entre otras variantes- o de la alusión a sus municipes en una inscripción (AE, 1997, 937), perviviendo luego hasta época tardía como permite suponer la cita a la ciudad en la correspondencia entre Ausonio y Paulino de Nola (Aus., Carm. 10, 223-224 y Paul. Ep. 29, 50-61) entre otras referencias (para un seguimiento completo de las mismas, en las lenguas originales y con traducción, puede acudirse al generosísimo espacio dedicado a las fuentes antiguas sobre Bilbilis en el site de Roberto Lérida). La época julio-claudia fue, por tanto, la más próspera del municipio como documentan también, por ejemplo, algunos bustos de Tiberio o de Claudio recuperados en la ciudad, el primero en el Museo de Calatayud y el segundo en el Museo de Zaragoza (ver foto). Al margen de esta Historia, sin duda, la más celebrada alusión a la ciudad fue la hecha por su más ilustre ciudadano, M. Valerio Marcial, en plena época flavia cuando, desde Roma, añoraba el paisaje del Jalón y del entorno de Bilbilis (Mart. Ep. 1, 49, entre otros). Por su situación en el paso desde el Jalón a la Meseta, la ciudad cumplió también un importante papel como mansio de la uia (It. Ant. 23 y Rav. Cosm. 309, 16) que desde Augusta Emerita se dirigía a Caesaraugusta, justo después de Aquae Bilbilitanorum -seguramente la actual Alhama de Aragón- conocida también por la mención a un Aquensis -de nombre L. Cornelius Samius- en una inscripción recuperada en el solar de Bilbilis y hoy en el Museo de Calatayud (CIL, II, 3022, con foto aquí).
Descripción: Aunque ello puede variar en función de si se están desarrollando trabajos de excavación en el lugar en el momento en que acude el visitante o de los itinerarios que -con la nueva fase de puesta en valor del yacimiento- se van a fijar, lo primero que sorprende al visitante que se dirige a Bilbilis es el teatro, impresionante obra de la arquitectura romana de época augústea, perfectamente adaptado al relieve del cerro -como, por otra parte, toda la ciudad, que hubo de ser instalada en terrazas- y con una capacidad aproximada de 4500 espectadores (pronto, además, se desarrollarán en él representaciones de teatro clásico). En época romana, debió resultar un edificio imponente, como sugieren las reconstrucciones virtuales que de él se están planteando (pincha aquí). Bordeándolo, el viajero accede al complejo del foro por una rampa desde la que obtiene una sensacional panorámica de uno de los grandes milagros de Roma en el solar de la antigua Bilbilis: el abastecimiento de agua a partir de grandes cisternas de opus caementicium. Dicho foro está encabezado por un monumental templo del que sólo resta una escalinata de acceso y rodeado en su plataforma de la curia y la basílica, dos de los edificios esenciales de toda ciudad romana. El ejercicio arquitectónico que restituye la plataforma aterrazada -como la del foro de Munigua en la Baetica hispana, por ejemplo o el impresionante conjunto provincial de Tarraco, en la Citerior- del que sería el centro neurálgico de la vida en Roma aunque en ocasiones haya sido criticado, a nuestro juicio permite presentar de forma atractiva y -sobre todo- fiel parte de la escenografía de un foro que, iniciado en época de Augusto constituiría, hasta la decadencia de la ciudad, su principal corazón. Tras la visita al foro, el viajero puede contemplar -cubiertas por una estructura metálica que quiere reproducir el original aspecto abovedado del edificio- las termas (de las que, junto al foro y al teatro, ofrecemos foto en la parte superior de esta entrada) y, a la derecha de éstas, la Casa del Ninfeo, actualmente en proceso de excavación.
Bibliografía: El yacimiento arqueológico de Bilbilis es, desde hace años, objeto de investigación arqueológica del Dr. D. Manuel Martín-Bueno, del Grupo VRBS de la Universidad de Zaragoza. Por tanto, la mayor parte de la bibliografía sobre el enclave lleva su firma (puede verse una selección de la misma en la página que Dialnet o Cervantes Virtual dedican a la producción científica de este Catedrático de Arqueología, con opción, además, de descarga de algunos de dichos trabajos). Como guía básica para el viajero -pero de un rigor y un acopio documental excelentes- pueden verse MARTÍN-BUENO, M., y SÁENZ PRECIADO, J. C.: Bilbilis. Calatayud, Zaragoza, 2005, de la colección Patrimonio Cultural de la editorial PRAMES, o MARTÍN-BUENO, M.: Bilbilis Augusta, Zaragoza, 2001, número 49 de la Serie CAI 100 que, junto a la amplísima producción bibliográfica del propio Martín-Bueno o de algunos de sus discípulos, como J. C. Sáenz Preciado o C. Guiral (especialmente GUIRAL, C.: Bilbilis I. Decoración pictórica y estucos ornamentales, Zaragoza, 1996, consagrado a uno de los materiales más fascinantes aportados por el yacimiento, los pictóricos de las dinstintas insulae ("manzanas de casas") excavadas como el libro de AMARÉ, Mª T.: Lucernas romanas de Bilbilis, Zaragoza, 1984, se ocupó de la colección de este singular tipo de ajuar doméstico romano procedente del yacimiento) actualizan en distintos aspectos el ya histórico MARTÍN-BUENO, M.: Bilbilis. Estudio histórico-arqueológico, Zaragoza, 1975.
Recursos en internet: Además del tratamiento que dispensa a Bilbilis la mejor web sobre patrimonio arqueológico en Aragón (la web del Patrimonio Romano en Aragón, con excelentes fotos de las termas y alzados del foro) y de su presencia en algunos otros sites particulares (el de Miguel Moliné, por ejemplo, o el blog Ciudad de Calatayud), por la importancia de sus restos, el antiguo municipio latino de Bilbilis aparece recogido en enlaces de Turismo de la Diputación de Zaragoza (con folleto descargable, pincha aquí), en la Gran Enciclopedia Aragonesa, y en la siempre citada Enciclopedia Wikipedia si bien es la página oficial del yacimiento -gestionada desde la Comarca de Calatayud- la que, al ofrecer más información, se convierte en referencia inexcusable para quien quiera visitar los restos arqueológicos de la ciudad de Marcial. Sin desperdicio -y como uno de los mejores recursos en red- es la página dedicada a la ciudad por el recomendable blog Terrae Antiquae, de visita obligada para quien quiera manterse al día en cuestiones de Antigüedad Clásica hispana.
Recomendaciones: En tanto que Bilbilis está muy cerca del enclave arqueológico de Arcobriga, tal vez completar la visita al área arqueológica bilbilitana con una al recientemente renovado Museo de Calatayud -donde se exponen parte de los materiales recuperados en las campañas de excavación- y al citado yacimiento de Monreal de Ariza pueda ser la mejor sugerencia para el viajero. Las recomendaciones que en este mismo blog se hicieron a propósito de dicho yacimiento podrían repertirse aquí. Sí añadiremos una, casi con soniquete popular: "si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores...". Efectivamente, el Mesón de La Dolores -emplazado en el antiguo palacio de D. Pedro Ignacio Jordán de Urriés y Palafox- es uno de los rincones gastronómicos más afamados de la Comunidad Autónoma de Aragón y comer en él puede ser un buen colofón a una jornada muy intensa en lo arqueológico que podría incluir, como se dijo, Arcobriga, Segeda (a tan sólo 12 kilómetros de Calatayud) y la propia Bilbilis. Y, dadas las encomiables inversiones que diversas instituciones locales y autonómicas están haciendo en el yacimiento, seguramente la mejor recomendación para el visitante es que vuelva a Bilbilis a finales de 2009, pues los planes de acondicionamiento del lugar para su mejor visitabilidad son, desde luego, un ejemplo extraordinario de puesta en valor de un enclave arqueológico.