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EPIGRAPHICA AESTIVA


Hispania Epigraphica es la revista que, publicada por el Archivo Epigráfico de Hispania, hace las veces de anuario epigráfico para España y para Portugal. En él se recogen, cada año, con entrada propia, las inscripciones inéditas que se dan a conocer cada ejercicio y, también, aquéllas que, ya conocidas y publicadas en el pasado, han sido objeto de revisión en su lectura. El último número que cubrió un único año, el de 2013, que vio la luz en 2019, acumulaba un total de 617 entradas. Matizando esa cifra, pues, como se ha dicho, hay entradas que no aportan editiones principes de inscripciones sino variantes de lectura de tituli ya conocidos, se podría estimar que en 2013 vieron la luz en los territorios que integraron la Hispania Romana en torno a 400 inscripciones nuevas. Es decir, se descubren en España y Portugal 1,09 inscripciones al día. Es evidente que el "pico" resulta obsceno pero el dato permite ilustrar en qué medida la aparición de nuevos documentos epigráficos marca el día a día de la investigación arqueológica en nuestro país. Nótese, por ejemplo, que el penúltimo post de Oppida Imperii Romani, que viera la luz en junio, justo a comienzos del verano, se felicitaba por un nuevo hallazgo epigráfico, el altar dedicado a la divinidad vascónica Larra descubierto en Larunbe, en Navarra. 

Por todo ello, y dado que la investigación arqueológica se concentra en nuestro país, notablemente, en el periodo estival -aunque no sólo- nos parecía que una buena manera de abrir el nuevo curso académico era el de hacernos eco, y valorar, tres hallazgos epigráficos que podría decirse que han marcado la temporada estival y que han vuelto a subrayar de qué manera, como hemos desarrollado en alguna reciente publicación, nuestro conocimiento en Ciencias de la Antigüedad depende, en buena medida, del hallazgo de nuevas inscripciones que, en esencia, constituyen, se analicen desde el prisma desde el que se analicen, nuevos documentos históricos. Se trata, además, de tres tituli, de tres inscripciones de naturaleza bien diversa y que permiten, también, documentar hasta qué punto se generalizó en el periodo imperial romano el hábito de grabar inscripciones sobre el que, también, nos hemos detenido en algunos trabajos en acceso abierto.

[I.] A finales de junio, el Diario de Sevilla informaba de una serie de hallazgos arqueológicos en el cruce entre las sevillanas calles de Avenida de Miraflores y Carretera de Carmona en un solar de la antigua fábrica de vidrios "La Trinidad" de la capital andaluza que confirmaban las sospechas que, en febrero, ya había levantado el hallazgo en la zona de algunos restos óseos humanos. La noticia, que pronto se viralizó en redes sociales a través de grupos especializados en la Antigüedad hispalense, ha supuesto una nueva alegría para la investigación epigráfica sobre la Hispalis romana. Gracias al buen hacer de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, la información que, sobre el hallazgo, ha trascendido, ha puesto el foco no sólo en la aparición de una nueva inscripción que pasará a engrosar e incrementar el, per se, generoso repertorio epigráfico de Sevilla sino, también, en la tipología de los monumentos descubiertos que han sido adecuadamente calificados como cupae y, en concreto, cupae structiles, es decir, monumentos abovedados fabricados en mampostería llamados a albergar en su interior un contenedor de las cenizas del difunto, comunicado con el exterior a partir de una serie de canales libatorios o infundibula que, en este caso, además, han sido localizados. La tipología de cupae structiles, poco conocida en Sevilla, ha sido muy bien estudiada para uno de los conjuntos más icónicos de este tipo de monumentos funerarios, el de la necrópolis de la Plaza de la Vila de Madrid en Barcino, la actual Barcelona (ver aquí) y al que siempre se remite cuando, como hiciéramos en 2009, se trabaja sobre este singular tipo de monumento funerario romano, las cupae, que protagonizó el volumen I de la Serie de Monografías "Los Bañales"; del que se habla en este viejo vídeo, todavía de actualidad.




Desde un punto de vista estrictamente epigráfico, la inscripción localizada, popularizada en X como "la tumba de Calliope", tiene interés por varias razones. En primer lugar, porque constituye uno de los más meridionales ejemplos de cupa structilis con inscripción aunque este tipo de sepultura había sido sobradamente atestiguada, por ejemplo, en la capital de la Baetica, en Corduba. Como exigía este tipo de monumento, y como sucede también, ocasionalmente, en cupae solidae, por ejemplo en las de Tarraco, la inscripción iba grabada sobre una placa pétrea -en este caso, aparentemente, por la fotografía difundida, mármol- que se encastraba en la estructura del monumento. En segundo lugar porque ya se conocían otras mujeres con el nombre Calliope -nombre griego propio de personas de estatuto servil- en el repertorio epigráfico bético, con ejemplares en Corduba, en Ostippo (CIL II2/5, 990) o en Tucci (CIL II2/5, 100) entre otros lugares pero es la primera vez que este nombre aparece en Hispalis. Además esta difunta , entre el final de la línea 2 y el comienzo de la línea 3, aparece calificada por el dedicante -que comparece en línea 3, al final, Irenaeus- como con(iugi) rarissimae, un adjetivo éste, el superlativo de rarus -"exclusivo", "raro", "excepcional": "excepcional esposa", en este caso- que, frecuentemente, se emplea para calificar a mujeres no tanto en la Baetica, donde es escaso, sino en la Tarraconense donde tiene cierto predicamento en el paradigmático y generoso repertorio epigráfico de Tarraco, como han estudiado Carmen Gregorio y Laura Díaz en varias de sus publicaciones sobre la imagen femenina en la epigrafía hispanorromana.

[II.] En la prosopografía de la ciudad romana de Pompeya era conocido ya el nombre de Numerius Agrestinus a quien, en la necrópolis de Porta Nocera, le habría dedicado un recuerdo funerario conjunto su esposa Veia Barchilla (EDR 146858, ver foto). En julio de este año, el E-Journal degli Scavi di Pompei daba a conocer el  hallazgo, en el contexto de unas obras de ampliación de la biblioteca del Parco Archeologico di Pompei, de una tumba del tipo a schola ornamentada con una monumental exedra a modo de banco corrido semicilíndrico con garras de felino haciendo de patas y con soberbia inscripción en la espalda del banco, alusiva, precisamente, a Numerius Agrestinus (descargar artículo aquí). La noticia, rápidamente pasó a la prensa española (El Español, La Vanguardia, ABC o El País) y, por razones que pronto se dirán, también saltó a portales y blogs relacionados con la Romanización del norte peninsular como Astures.es o a medios de carácter más local como el vasco El Correo que, como era de esperar, puso el acento en el carácter "vasco" -totalmente ficticio- de la tribu citada en el titulus.



Como se explica de manera clarísima en el vídeo que abre este post por parte del Prof. Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico de Pompeya, la inscripción atestigua la carrera completa de Numerius Agrestinus Equitius Pulcher que porta, como era habitual en la aristocracia romana -no en vano hay otros Numerii entre los magistrados más antiguos atestiguados en Pompeya como Numerius Barca (CIL IV, 75)-, uno de estos singulares poliónimos que constituían, también, marca de distinción en la onomástica latina. Ésta comenzó con el desempeño del cargo de IIuir -el equivalente a "alcalde"- en la propia comunidad pompeyana, cargo que llegó a iterar, es decir, a detentar en dos ocasiones, pero después, dio paso a una carrera del ordo equester que le llevó a ser prefecto de los artesanos (praefectus fabrum), tribuno militar (tribunus militum) y, finalmente, praefectus Autrygon(um) en alusión a una tribu hispana, de carácter indoeuropeo, del norte peninsular bien conocida en las fuentes antiguas, la de los Autrigones. El texto da razón a una referencia de Estrabón (Str. 3, 4, 20) sobre la presencia de varios ayudantes del legatus Augusti que gobernaba la Hispania Citerior desde el 19-19 a. C. Uno de ellos, según todo parece indicar, sería éste praefectus Autrigonum que ha tenido, en este verano, su particular epifanía en las excavaciones de Pompeya. La inscripción alude, en letras de menor tamaño y en una segunda línea, a que el lugar -que no se refiere- de la tumba ((locus) datus sepulturae) se le otorgó, seguramente en virtud de su destacada carrera y proyección militar, por decreto decurional, d(ecreto) d(ecurionum).

[III.] 2025 va a ser año jubilar en la capital de la cristiandad, Roma y la ciudad está desarrollando una intensa actividad de modernización urbanística articulando nuevos espacios que servirán para a acoger a los miles de peregrinos a los que esta celebración atraerá. Precisamente, en el inicio de agosto de este año, y en el marco de los trabajos que, a orillas del río Tíber, en el área del Castel de Sant Angelo -que fosiliza el antiguo mausoleo funerario del emperador Adriano- se están llevando a cabo para dicho fin se ha producido felizmente el -aparentemente nimio pero muy interesante históricamente- tercer hallazgo epigráfico de esta serie de epigraphica aestiva, de "cosas epigráficas veraniegas". 

En el apasionante estudio de la topografía de la Roma antigua, poco se sabía acerca de los Horti Agrippinae, un complejo recreativo que se extendía desde las orillas del río Tiber hasta el ager Vaticanus y la colina del mismo nombre y que aparece citado en los textos antiguos que, precisamente, certifican -especialmente a partir de Séneca (De ira, 3, 18)- que dicho espacio y las construcciones anejas acabaron por pasar a Calígula, hijo de Agripina la Mayor, esposa de Germánico. 

A diferencia de los otros documentos, grabados en piedra, el protagonista de esta tercera entrada es una inscripción en plomo responsable, precisamente, de certificar esa noticia dada por las fuentes antiguas y que se había transmitido usualmente en los estudios sobre la topografía de Roma en las áreas vaticana y tiberina. Al margen de los machones de un pórtico que dignificaría dichos horti y, a una cota superior, de una sensacional fullonica para el lavado de telas fechada ya en el siglo II d. C. (muy bien ilustrada en las fotografías difundidas por el Ministero della Cultura), los trabajos de construcción del espacio para peregrinos a que antes aludíamos han conducido al hallazgo, en la Piazza Pia, de una tubería de plomo -lo que en Latín, y así también en la tipología epigráfica solemos llamar fistula plumbea o fistula aquaria- marcada cuidadosamente con el texto C(aii) Caesaris Aug(usti) German(ici), es decir, "propiedad de Cayo César Augusto Germánico", por tanto, de Calígula. La inscripción, por tanto, permite concluir que el complejo al que se daba servicio la red de abastecimiento con que debe relacionarse esta nueva fistula se edificó en época de Calígula y, por tanto, estaría probando las transformaciones vividas por ese complejo ribereño del Tíber cuando pasó a ser propiedad del tercer emperador de Roma. Como han subrayado las noticias que, sobre el hallazgo, se han difundido (Finestre sull Arte o National Geographic España).


Los tres documentos epigráficos tienen, por tanto, varias cosas en común: los tres han aparecido en el transcurso de excavaciones arqueológicas si bien ninguna de las tres era, propiamente, una excavación de investigación sino que se enmarcaban en el contexto de seguimiento de obras públicas de diverso signo. Las dos últimas, además, han aportado nuevas luces a dos asuntos historiográficos que habían interesado a la investigación, el de la entidad de uno de los Numerii de Pompeya y el de la ubicación de los Horti Agrippinae. La primera, por su parte, ha traído a la vida, nos ha permitido "recordar", a Calliope la finada cuyos herederos eligieron para ella un sepulcro en forma abovedada del tipo cupa. Con ser, sin embargo, un documento de aparente menor calado histórico lo cierto es que permite conocer a alguien que, de otro modo, si no es por el recuerdo funerario, no habría surcado el umbral de la Historia. Tres documentos, por tanto, que nos parece -y, entre, seguro, muchos otros que se podrían haber elegido- hacen bastante justicia a la aportación que la documentación epigráfica hace al conocimiento histórico en Antigüedad.

NOTA.- Aunque se ha enlazado más arriba a algunos materiales complementarios, nos parece pertinente, conforme a la filosofía de la etiqueta Epigraphica de este blog, aportar aquí algunos títulos más específicos respecto de las cuestiones que se han tratado en los comentarios de las tres inscripciones aquí consignadas. Lo hacemos, como siempre, con el deseo de que Oppida Imperii Romani sea, en cada una de sus entradas, el punto de arranque para despertar una curiosidad casi "artesanal" en torno de aspectos sociales, económicos, materiales y, en definitiva, históricos, de la Antigüedad. Sobre la contribución de las inscripciones a nuestro conocimiento de la Historia de la Antigüedad es lectura inexcusable, además de la enlazada en el cuerpo del post, la publicada por Juan Manuel Abascal en Antigüedad y Cristianismo, 12, 1995. Sobre el éxito de la literacy epigráfica y del hábito epigráfico, resulta inexcusable el capítulo "The Epigraphic habit in the Roman World", que Francisco Beltrán Lloris firma en el manual de Epigrafía Romana de Oxford. [I.] Sobre las cupae, además del volumen de la Serie de Monografías Los Bañales que ya fue citado resulta esencial actualizarlo con las diversas contribuciones del libro Cupae: riletture e novitá (Faenza, 2018) donde, precisamente, se aborda, a partir de hallazgos posteriores a 2009, el asunto de las llamadas cupae structiles, con toda la bibliografía. El volumen incluye, de hecho, una contribución nuestra, de temática hispana, que actualiza el catálogo de hallazgos del libro Las cupae hispanas: origen, difusión, uso, tipología (Uncastillo, 2012). Para la inserción de la necrópolis Hispalense de la que proceden los hallazgos en la topografía urbana de la colonia Romula, puede verse el trabajo de Daniel González Acuña Forma urbis Hispalensis (Sevilla, 2011). Por último, a propósito del adjetivo rarissima para referirse a una fémina, debe verse el trabajo de Laura Díaz en Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 32, 2024. [II.] Con las actualizaciones pertinentes -que pueden obtenerse en el sensacional opúsculo de Manuel Salinas sobre la etnografía de la Hispania prelatina- es de justicia remitir a los trabajos de José Mª Solana sobre la Autrigonia prerromana y romana, clásicos pero que recogen las fuentes disponibles sobre esta etnia histórica peninsular. [II.] Los datos prosopográficos y, también, topográficos y arqueológicos proporcionados por el estudio de las fistulae plumbeae aquariae de Roma pueden verse en el clásico de Christer Bruun The water supply of ancient Rome (Helsinki, 1991) y en su artículo en Arctos, 46, 2012. 

MVNIGVA (Villanueva del Río y Minas)

 


[Vista del santuario en terrazas de Munigua, desde el foro]

El 7 de septiembre del año 79, todavía en el verano en que había muerto -el 23 de junio- el emperador Vespasiano, su hijo, Tito, dirigió una carta a los quattuoruiri et decuriones -es decir al ayuntamiento local- de la ciudad de Munigua. La razón era bien clara: los Muniguenses se habrían dirigido al gobernador provincial de turno, un tal Sempronius Fuscus -que lo fue en el año 78 y parte del 79- para solicitarles que les permitiera no pagar una deuda contraída con Seruilius Pollio, que se encargaba de la recaudación de impuestos municipales (uectigalia) en la ciudad. Parece que, inicialmente, el gobernador provincial del momento de la consulta, Sempronius Fuscus, les habría recordado su obligación de pagar y éstos, apelando al emperador Tito recurrieron esa sententia Semproni Fusci. Tito, en cualquier caso, no aceptó la propuesta, ratificó la sentencia del gobernador del momento de la queja de los Muniguenses e informó al nuevo gobernador, C. Cornelius Gallicanus -que lo fue entre el 70 y el 80 d. C. (ver lista aquí)- de que debían actualizar su deuda con el acreedor que, seguramente, por su parte, habría presentado la demanda ante el emperador. Sin embargo, Tito, haciendo gala de la indulgentia Principis, condonó a los habitantes de Munigua los 50.000 sestercios que deberían haber pagado al estado de Roma como multa por su temeritas, por el atrevimiento de una apelación injusta y, también, los intereses de la deuda contraída. Al realizar esa condonación tan generosa, Tito apeló a "la debilidad pública que alegáis" (tenuitati publicae quam praetextiis) introduciendo un término, tenuitas, algo así como "tensión de tesorería" que en los últimos años hemos analizado como una de las sombras, y de los retos, a que debía hacer frente la administración municipal romana en provincias (ver Cadmo, 27, 2018, pp. 29-46). La inscripción, uno de los documentos epigráficos en bronce de referencia en la Epigrafía Jurídica hispanorromana, puede verse en el Museo Arqueológico de Sevilla (ver ficha de la pieza aquí) y fue descubierta en 1958 en los trabajos, históricos, que el Instituto Arqueológico Alemán viene desarrollando en Munigua con notable éxito e impacto científico (para el texto completo y una buena traducción puede verse GONZÁLEZ, J., Corpus de Inscripciones Latinas de Andalucía. Volumen II: Sevilla. Tomo IV. Sierra Norte. Sierra Sur, Sevilla, 1996, pp. 52-53, nº 1052 = AE 1962, 147). Munigua es, sin duda, por razones que se desgranarán en estas líneas, uno de los yacimientos arqueológicos icónicos de la Romanización en la península ibérica y, también, uno de los más sobrecogedores. Como decíamos no hace mucho de la augústea Calagurris era imperdonable que no tuviera, todavía, presencia en Oppida Imperii Romani.

Aunque por la fecha de aparición, 1958, la epistula Titi ad Muniguenses no fue recogida y estudiada en el, todavía hoy, básico repertorio de inscripciones jurídicas hispanas, de Álvaro d'Ors (D'ORS, Á., Epigrafía jurídica de la España Romana, Madrid, 1953) sí aparece en el imprescindible inventario de CABALLOS, A., "Las fuentes del Derecho: la epigrafía en bronce", en En el año de Trajano. Hispania, el legado de Roma, Zaragoza, 1998, pp. 181-197 que, en cualquier caso, se ha visto necesitado de actualización, gracias a los nuevos hallazgos, algunos bien recientes y que han centrado la atención de nuestro blog. En el trabajo del primero, que fuera Catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Navarra y primer bibliotecario general de la Universidad, sí aparece, sin embargo, otra carta, ésta enviada por el emperador Vespasiano a los magistrados de Sabora (Cañete la Real, Sevilla) dos años antes que la de Munigua, en el año 77 d. C. (CIL II2/5, 871), hoy perdida, y en la que el emperador autoriza a los habitantes de esa comunidad -sobre la que recientemente se han publicado interesantes datos a través de prospecciones geofísicas- a construir un oppidum sub nomine meo in planum, "una ciudad con mi nombre, en el llano" aludiendo a una serie de difficultates ("dificultades") no precisadas y una situación de infirmitas ("endeudamiento") argumentada por los Saborenses que, como comentaba el propio Á. d'Ors, eran un reflejo de una "apariencia de bienestar general" en ciudades que "carecían de aquellas reservas de vital autonomía necesarias para superar la decadencia en que inmediatamente incurrieron" una vez que "la ruina del Imperio fue precedida de una ruina de las ciudades" (p. 142). La consulta de la epistula Vespasiani ad Saborenses, como se le conoce en el ámbito de la investigación epigráfica, debió hacerse -al igual que la apelación de los Muniguenses- en el contexto de los problemas de reajuste institucional, territorial, impositivo, fiscal y hasta urbanístico que muchas comunidades hubieron de acometer tras la extensión del ius Latii por Vespasiano y la consiguiente municipalización de Hispania que centró una de nuestras monografías con capítulo específico, de hecho, sobre la cuestión (pp. 180-227) proceso sobre el que hablábamos también en este espacio no hace muchos meses, en la entrada "Hispania Flavia" a la que remitimos.

Ambos documentos, el de Munigua, del 79 d. C., y el de Sabora, del 77 d. C., y aun la carta final con que Domiciano, en el año 91 o 92 d. C. cierra la Lex Irnitana (AE 1986, 332) que reglamentaba el funcionamiento del municipio flavio que hubo en El Saucejo (Sevilla) y en la que el último de los Flavios exige "que en el futuro observéis la ley puesto que ya se ha agotado toda mi indulgencia" han sido empleados por la crítica histórica para demostrar los problemas a los que tuvieron que hacer frente las comunidades recién municipalizadas (ANDREU, J., MATA, J., y ROMERO, L., "El municipio de derecho latino hispanorromano, un expediente constitucional sostenible", en SOARES, C., BRANDAO, J. L., y CARVALHO, P. (eds.), História Antiga. Relaçoes Interdisciplinares. Paisagens urbanas, rurais & sociais, Coimbra, 2018, pp. 139-154), para subrayar de qué modo, a partir de Vespasiano, se ensancharon los canales de comunicación entre el poder central y la autonomía local (GONZÁLEZ, J., Epigrafía jurídica de la Bética, Roma, 2008) y para poner en valor el peso que, para estas pequeñas comunidades, tenía la particular retórica jurídica imperial (BLANCO, A, "Provincial responses to urban crisis in the Roman Empire: a conceptual approach", en ANDREU, J., y BLANCO, A. (eds.), Signs of weakness and crisis. in the Western cities of the Roman Empire, Stuttgart, 2019, pp. 37-46). Todo eso se entiende muy bien, de hecho, si se visita el enclave arqueológico que centra estas líneas y que -como Ilunum y Libisosa que recorrimos recientemente- tuvimos oportunidad de conocer de primera mano en el marco de nuestra participación, con el proyecto "Valete uos uiatores", en la edición de 2022 del Seminario de Filología Clásica del Departamento de Filología Griega y Latina de la Universidad de Sevilla. Estamos, naturalmente, hablando de Munigua, en Villanueva del Río y Minas, no lejos de Carmona, en la dehesa de Mulva.



Lo primero que llama la atención de Munigua es que pese a su espectacularidad, a la alusión a la misma en la epistula flavia antes indicada y a los precedentes genéticos -en el santuario en terrazas de la Fortuna Primigenia en Praneste (Palestrina, Italia), de época republicana (ver COARELLI, F., "Munigua, Praeneste e Tibur: i modeli laziali di un municipio della Baetica", Lucentum, 6, 1987, pp. 91-100)- de parte de su arquitectura la ciudad no aparece citada en las fuentes escritas si bien su nombre, además de en la carta de Tito, está presente en varias inscripciones (CILA 2-4, 1053, 1064, 1065, 1066, 1071...) que fueron sistematizadas ya en los años 70 del siglo XX (FERNÁNDEZ-CHICARRO, C., y COLLANTES DE TERÁN, F., "Epigrafía de Munigua (Mulva, Sevilla)", Archivo Español de Arqueología, 45-47, 1972-1974, pp. 337-395). El repertorio epigráfico del municipium Muniguense, de apenas 4 Ha, lo componen cerca de 80 inscripciones. El segundo elemento destacable de Munigua es el esfuerzo que su último y actual director, Thomas Schattner, ha hecho para acercar la ciudad romana al gran público en los formatos en que ahora se llega a las audiencias, por ejemplo, en YouTube (esta entrevista, en el Canal de ArqueoUDIMA es, sencillamente, imprescindible pero también este otro reportaje, del programa Arqueomanía, de La 2 de TVE). Con una larga trayectoria investigadora -marcada por figuras como la de Schattner pero también por la de sus antecesores Wilhelm Grünhagen y Theodor Hauschild y con un largo episodio de erudición desde el siglo XVIII-, lógicamente, el aparato bibliográfico sobre el municipio es extraordinario -e iremos citando algunos de los trabajos imprescindibles- y existe una guía sensacional, que equilibra muy bien la difusión con el rigor científico, en SCHATTNER, TH., Munigua. Un recorrido por la Arqueología del municipium Flauium Muniguense, Sevilla, 2019, imprescindible pues, además, ofrece una colección de visualizaciones 3D ciertamente envidiables, de H. Ruipérez (pp. 201-205) de las que ofrecemos una más abajo, correspondiente al icono de la ciudad, el santuario de terrazas que coronaba la urbe y proyectaba su efectista imagen por el territorio. También resulta útil, este trabajo, en alemán pero con extraordinarias recreaciones de los edificios, disponible en la web del Instituto Arqueológico Alemán: SCHATTNER, Th., et alii, "Munigua", E-Forschungsberichte, Madrid, 2017, pp. 128-142.y la síntesis más reciente publicada, SCHATTNER, Th., "Munigua", en Ciudades de la Hispania Romana. II, Roma, 2022, pp. 241-252 que nace de una conferencia sobre la ciudad impartida en un prestigioso ciclo de conferencias del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, que está disponible en red en el enlace anterior. Para fotografías del conjunto, más allá de las que aquí se comparten, del autor de este blog, pueden verse este enlace de Following Hadrian, en el blog "Caminando por la Prehistoria", o en la sección dedicada a Munigua en Viator Imperii, ambas con galerías bastante generosas. 


Hay un tercer elemento que hace de Munigua una ciudad singular, su tamaño -no superior a las 4 Ha, como se ha dicho- y su población que, con apenas media decena de casas excavadas, no debió superar los 200 habitantes lo que contrasta con la potentia arquitectónica de la ciudad (HAUSMANN, E., y HAUSCHILD, Th., "Casas romanas en Munigua", en La casa urbana hispanorromana, Zaragoza, 1991, pp. 329-336 además de, en el marco general hispano, ROMERO, D., "Consideraciones sobre la arquitectura doméstica de Hispania en el siglo II d. C.", SPAL, 29-1, 2000, pp. 243-270). Pero, no debemos olvidar que, en este caso, singularidad no es sinónimo de excepcionalidad pues, probablemente, muchos municipia Flauia tuvieron esa peculiaridad, piénsese, por ejemplo, en la Irni que citábamos más arriba de la que, prácticamente, no queda vestigio alguno y que apenas debió ser un pequeño villorrio de poco más de un centenar de habitantes con muchas dificultades, acaso, para cumplir las exigencias institucionales derivadas de su municipalización (ALFÖLDY, G., "Hispania bajo los Flavios y los Antoninos. Consideraciones históricas sobre una época", en De les structures indígenes a l'organització provincial romana de la Hispània Citerior, Girona, 1998, pp. 11-32). Como se ha dicho, ese tamaño tan minúsculo contrasta con el extraordinario peso que tienen en Munigua tanto la escenografía arquitectónica -con una presuntuosa construcción en terrazas que van desde la que corona la ciudad y proyecta su visibilidad hacia toda la dehesa y la sierra circundante hasta la plataforma del foro, también elevada sobre la parte más baja del caserío ciudadano- como la representación religiosa con un buen repertorio de inscripciones votivas que nos hablan de divinidades tan variadas como Fortuna (AE 1966, 183ab), Tutela (CILA 2-1, 265), Bonus Euentus (HAE 1925), Ceres (CILA 2-4, 1055), Dis Pater (CILA 2-4, 1056), Mercurius (CILA 2-4, 1061), Iuppiter Pantheus (CILA 2-4, 1062) o el Genius municipii (CILA 2-4, 1058) y que remiten a un notable peso -también proporcionalmente en relación a la extensión de la comunidad- de la arquitectura religiosa local (HAUSCHILD, Th., "Los templos romanos de Munigua (Sevilla)", Cuadernos de Arquitectura Romana, 1, 1991, pp. 133-143) perfectamente bien alineada con el culto imperial que tanto protagonismo adoptó con el advenimiento de los Flavios, momento que supone el del primer gran despegue de la comunidad. De esa época es, por ejemplo, el denominado Pórtico de dos Pisos junto al foro acogió un ciclo completo con inscripciones a la dinastía flavia pagados por dos notables de la ciudad (CILA 2-4, 1064 y 1065) con sus correspondientes estatuas, claro ejemplo del papel que la munificencia cívica desempeñó en el equipamiento de estos municipios de promoción estatutaria flavia (MELCHOR, E., "Construcciones sacras y munificencia cívica en las ciudades de la Hispania Romana", en DES BOSCS, F., (ed.), Évergétisme et architectures dans le monde romaine (IIe s. av. J. C-IV s. ap. J. C.), Pau, 2002, pp. 203-224) fenómeno que hemos analizado recientemente en uno de nuestros últimos libros. Seguramente, la ciudad constituyó, por tanto, un ejemplo de eso que se ha dado en llamar "ciudad-escaparate" que proyectase las nuevas modas de Roma en un ejercicio de emulación que inspiró gran parte del proceso monumentalizador vivido por las comunidades hispanas entre los siglos I y II d. C. y del que el santuario en terrazas constituye un icono para toda la Hispaia Romana (sobre este proceso véase MARTÍN-BUENO, M., y SÁENZ, C. (eds.), Modelos edilicios y prototipos en la monumentalización de las ciudades de Hispania, Zaragoza, 2014 pero también el clásico, con alusiones obvias al modelo Muniguense, TRILLMICH, W. (ed.), Stadtbild und Ideologie. Die Monumentalisierung hispanischer Städten zwischen Republik und Kaiserzeit, Munich, 1990 y nuestro ANDREU, J. (ed.), Parva oppida. Imagen, patrones e ideología del despegue monumental de las ciudades de la Tarraconense hispana (siglos I a. C.-I d. C.), Ejea de los Caballeros, 2021, en el marco de la "Serie de Monografías Los Bañales", también con alusiones a Munigua). Pero, lógicamente, al margen de ese santuario en terrazas, del Pórtico de dos Pisos y del foro -y de otros templos, como el dedicado a Mercurio, con atestiguación epigráfica (CILA 2-4, 1061)- el visitante puede pasear por las termas (sobre ellas, con la bibliografía, puede verse GÓMEZ ARAÚJO, L., "Nuevas propuestas interpretativas de las termas de Munigua (Villanueva de Río y Minas, Sevilla)", Habis, 44, 2013, pp. 93-114) y, también, en toda la terraza inferior al foro, en primer término conforme accede hoy al yacimiento, por una serie de viviendas que muestran, también, la riqueza de los moradores de la ciudad, al menos durante los siglos I y II d. C. que fueron, sin duda, los de esplendor de esta comunidad. 

De hecho, indiscutiblemente, otro de los atractivos inherente a visitar Munigua es que en ella se toca, se materializa, la propia Historia del éxito -y también de las sombras- del proceso romanizador de la península ibérica. La ciudad no es, propiamente, una fundación ex nouo -muy pocas lo fueron en Hispania, como es sabido- sino la sensacional transformación de un oppidum indígena atestiguado desde el siglo IV a. C. que, a partir del siglo I d. C., se convertiría en centro de un gran territorium. Esa función administrativa, y, también, en cierto modo, icónica, explicaría su desarrollo durante los siglos I y II d. C. que, sin embargo, acabaría por dar paso -como estamos viendo en tantas comunidades hispanas- a una notable transformación a partir del siglo III -con niveles claros de escombro relacionables con un posible terremoto del que la ciudad ya no pudo recuperarse sin que deban descartarse efectos, también, de la invasión de los Mauri que asoló la Bética en esa época- que abrió un periodo lánguido para la vida de Munigua que, aun y todo, siguió en funcionamiento hasta pasado el siglo IV d. C.

Desde una óptica arqueológica, epigráfica, material, histórica, de fuentes, la ciudad de Munigua es un ejemplo -quizás uno de los mejores con que contamos en Hispania- de cómo el fenómeno urbano, con todas sus exigencias y dificultades, caló de forma nítida en cualquier rincón de Occidente pero, también, de cómo, dependiente excesivamente de los recursos naturales -en este caso de las minas de cobre próximas, que explican el sensacional despegue arquitectónico local (SCHATTNER, Th., OVEJERO, G., y PÉREZ MACÍAS, J. A., "Avances sobre la producción metalúrgica en Munigua", Habis, 36, 2005, pp. 253-276)- sus bases económicas no siempre fueron todo lo sólidas que el sistema municipal romano habría deseado o, al menos, necesitado. Recorrer Munigua, y descubrirla a medida que uno se adentra hacia ella en un agradable paseo por la dehesa, es una metáfora de ese "persuadir convenciendo" que Roma convirtió en leitmotiv de su éxito cultural, de su difusión de eso que llamamos la Romanitas y, en particular, de uno de sus elementos más característicos, la idea de ciudad.

La guía sobre Munigua que editábamos más arriba, fruto de una feliz colaboración entre la Junta de Andalucía, el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla y la sede de Madrid del Instituto Arqueológico Alemán dice en su contraportada que "esta publicación facilitará la visita y el respeto a este yacimiento, que se suele llamar el secreto mejor guardado de Andalucía". Nos conformaremos con que la lectura de estas líneas hayan inspirado en el lector de Oppida Imperii Romani esos mismos sentimientos. Munigua es, sin duda, un yacimiento imprescindible para entender la Historia de la vida urbana en las Hispanias. 

MVNICIPES ET INCOLAE

 


[Fotografías de la nueva inscripción honorífica dada a conocer en estos últimos días y procedente de Marchena, Sevilla. Las fotografías son de Sergio García-Dils, a quien agradecemos su cesión]

Quien escribe estas líneas todavía recuerda la primera separata de una publicación científica que un colega le regaló. Corría el año 1996 y nos encontrábamos iniciando, prácticamente, nuestra Tesis de Doctorado en la Universidad de Zaragoza, en el entonces reputado y puntero Departamento de Ciencias de la Antigüedad. Nuestro maestro, Francisco Beltrán Lloris, nos obsequió con un ejemplar, en papel y tapas duras -como eran entonces las separatas antes de que quedasen sustituidas por el formato digital, más frío aunque, quizás, también más útil-, de un artículo que él acababa de publicar en la ya entonces prestigiosa revista Archivo Español de Arqueología. El artículo, disponible en red, se titulaba "Una liberalidad en La Puebla de Híjar y la localización del municipium Osicerda". Para nosotros, que iniciábamos entonces nuestros trabajos en torno al fenómeno de la munificencia pública en la circunscripción de Lusitania -que luego darían lugar a una monografía (Zaragoza, 2004) y a varias síntesis, como la que publicamos en Conimbriga, 38, 1999-, las notas a pie de página del trabajo de Beltrán (pp. 290-291, notas 12-16) nos resultaron de notable utilidad pues recogían parte de la bibliografía básica sobre ese fenómeno tan netamente romano y en boga en los estudios sobre Historia Antigua Peninsular al menos desde el primer capítulo de sus testimonios realizado por Julio Mangas (Hispania Antiqua, 1, 1971, pp. 105-146) y, sobre todo por el libro El mecenazgo cívico en la Bética, que acababa de publicar (Córdoba, 1994), Enrique Melchor. En el estudio, por otra parte, se presentaba la parte final de un pedestal, seguramente honorífico, que, por la fórmula de cierre [---in]colis Osicer[densibus] -"para los domiciliados Osicerdenses"- permitía pensar en que celebraba alguna suerte de reparto o de distribución -sobre este género de acto de liberalidad pública puede verse, por ejemplo, este clásico trabajo de, precisamente, Enrique Melchor (Florentia Iliberritana, 3, 1992)- en el contexto del municipium Osicerda, del conuentus Caesaraugustanus. El pedestal (AE 1996, 904) permitía, claramente, aportar indicios a favor de la localización en la hermosa localidad turolense de La Puebla de Híjar de ese todavía ignoto municipium Osicerda asunto sobre el que, de hecho, Francisco Beltrán volvería en fechas posteriores (Palaeohispanica, 4, 2004). En estos días, un sugerente hallazgo epigráfico que se ha producido en fechas recientes -concretamente en mayo de 2021, si bien acaba de ver la luz- en la localidad sevillana de Marchena nos ha hecho recordar el valor de esa expresión latina que alude a una parte concreta de la población residente en un municipio romano, los incolae aquéllos que no tienen la patria municipal -pues esos son los municipes- y son, por tanto, extranjeros, pero que sí están avecindados, domiciliados, en la comunidad y a los que, por tanto, afecta -con anotaciones también específicas- gran parte de la legislación local. 

Se trata, en esta ocasión, también, de parte de un pedestal descubierto reutilizado en la ermita de Santa Eulalia de Marchena, localidad que ya había ofrecido un catálogo de cerca de dos decenas de tituli romanos, todos del máximo interés. Las características de la inscripción, el modo cómo -desde un punto de vista científico pero también desde el social y mediático- se ha gestionado la información que aporta por parte de sus dos descubridores y editores principes, los excelentes epigrafistas Sergio García-Dils, de la UNED de Sevilla, y Salvador Ordoñez, de la Universidad de Sevilla -usuales editores de las siempre interesantísimas novedades de la colonia Astigi- han hecho que, en línea con otras entradas de la categoría Epigraphica de este blog -que hemos usado para destacar la capacidad informativa y documental de la investigación en Epigrafía Romana, algunas, de hecho, relativas a hallazgos béticos como el que se produjo en Cártama hace algunos años: "Loquuntur saxa"- dediquemos una nueva entrada de esta serie a esta singular inscripción y, especialmente, como se ha dicho, al ejemplar modo cómo sus descubridores y editores han gestionado y socializado la información aportada por el nuevo documento. Un modo que nos ha parecido absolutamente ejemplar y que resulta paradigmático respecto de los caminos que, en adelante, deberá seguir la Epigrafía Romana en materia no sólo de investigación sino, también, de transferencia, actividad ésta que, nos parece, no debe nunca descuidarse en Ciencias de la Antigüedad por más que muchos de nuestros colegas la infravaloren cada día.

Como hemos anotado más arriba -y puede verse en ORDOÑEZ, S., y GARCÍA-DILS, S., "786. Pedestal en homenaje a un sacerdote y magistrado local procedente del entorno de Marchena (Sevilla)", Ficheiro Epigráfico, 223, 2021, pp. 8-14- la pieza -pese a su reutilización en la iglesia del arruinado convento franciscano de Santa Eulalia, al sur de Marchena, y pese a las dificultades que, para su autopsia, esa circunstancia ha presentado a sus editores- ofrece un extraordinario porte con algo más de un metro de altura y más de medio metro de anchura y de profundidad tratándose, por tanto, como también prueba su texto, de un pedestal honorífico de naturaleza eminentemente pública probada también por el ductus y por las dimensiones de las letras, próximas a los 5 cm. Las fotos que coronan esta entrada -gentilmente ofrecidas por los autores de la publicación citada al comienzo de este párrafo- permiten corroborar que, efectivamente, se trata de una dedicación por parte de los muni[ci]p(es) et incol(ae) a un tal M. Cornelius Faustus del que, además, se mencionan sus relevantes cargos como augur municipal y como quattuoruir, dos importantes puestos del cursus honorum municipal (para la gramática de las inscripciones honoríficas, como ésta, puede verse un post anterior de esta misma serie: "Tituli hic"; sobre el augurado en Hispania debe verse el trabajo de José A. Delgado en Hispania Antiqua, 24, 2000, pp. 65-38 y sobre los quattuoruiri municipales el de Enrique Melchor en Rivista Storica dell'Antichità, 43, 2013, pp. 133-152). El interés de la pieza es, por tanto, notable y, como anotábamos más arriba, constituye un buen ejemplo de lo que la Epigrafía puede aportar a nuestro conocimiento de la Historia Antigua de la Península Ibérica y, en concreto, a la caracterización de su vida urbana desde dimensiones muy variadas (puede resultar útil, de nuevo, al lector de Oppida Imperii Romani revisar esta reflexión nuestra sobre el por qué de estudiar la Epigrafía Latina). Por un lado, como señalan sus editores (pp. 12-13) el nuevo documento habilita a confirmar la presencia en el lugar -o en sus inmediaciones- de la sede de un municipio romano seguramente de filiación augústea dada la adscripción a la Galeria tribus de M. Cornelius Faustus, tribus que, por otra parte, ya estaba atestiguada en el lugar (HEp1, 574 además de AE 1984, 512, sobre la que luego volvemos); además, viene a completar un notable repertorio epigráfico, el de Marchena, aportando, por segunda vez -tras otra inscripción que, además, fue vista de antiguo en la misma localización en que se ha hallado este nuevo titulus (CIL II, 1401) y que puede verse en uno de los enlaces que ofrecemos más abajo- un documento de naturaleza honorífica que se une a los varios funerarios ya conocidos (CIL II, 1393-1395; 1396-1398 o 1402) y a un par de documentos de carácter votivo (CIL II, 1391 y AE 1984, 512) el segundo de ellos, de hecho, testimonio también de la municipalidad del lugar al tratarse de una dedicación al Genius municipii. 

Pero, al margen de las virtualidades históricas del nuevo documento, este hallazgo ha puesto sobre la mesa el que, nos parece, puede y debe ser el modus operandi adecuado a la investigación en Epigrafía Romana especialmente ante hallazgos de esta entidad. Nosotros lo ensayamos en parte cuando tuvimos la fortuna de encontrar un pedestal dedicado a Tiberio en el foro de Los Bañales (AE 2015, 656) y baste, para ello, darse una vuelta por algunos vídeos del canal de YouTube del proyecto. Así, y como ya vimos en un post anterior de este blog, la elección, por parte de los editores, de la revista de la Universidade de Coimbra Ficheiro Epigráfico como órgano a través del cuál dar noticia de la nueva inscripción ha facilitado que -dado el carácter digital de este noticiario epigráfico y su extraordinaria difusión- la pieza figure ya, por ejemplo, en el Epigraphische Datenbank Clauss Slaby, la gran base de datos de inscripciones romanas que, auspiciada por la Universität Zurich y por la Katholische Universität Eichstätt de Ingölsdtadt, es, probablemente, la que más consultas diarias recibe por parte de epigrafistas y estudiosos de todo el mundo. Antes, por tanto, de su inclusión en los anuarios del tipo L'Année Épigraphique o Hispania Epigraphica, la pieza ya puede ser considerada por cualquier investigador interesado en la prosopografía municipal hispanorromana o en la vida municipal en la Baetica hispana. Pero, gracias al esfuerzo de los dos investigadores responsables de su hallazgo y publicación, sobre la inscripción se han publicado en estos últimos días muy documentadas noticias en El País -que, con ese sensacionalismo que tantas veces acompaña a las noticias sobre Arqueología y que convendría moderar, ha calificado el nuevo documento como "la piedra Rosetta de Marchena"-, en La Razón -que lleva al titular la contribución del nuevo pedestal a ubicar una nueva ciudad hispanorromana en Marchena-, en la edición digital -y en papel (que se recoge en la parte inferior)- andaluza de ABC, e, incluso, con excelente vídeo que permite ver la nueva inscripción y el lugar concreto en que ha aparecido -e imaginar las dificultades de los editores para su adecuada autopsia-, en La Sexta. El siempre recomendable portal de noticias sobre Antigüedad Terrae Antiquae, además, le dedicó atención hace algunos días y aportó, además, como material complementario, una deliciosa entrevista a Sergio García-Dils, de media hora de duración, realizada por el canal de YouTube de la videorevista Saber Más Marchena, en la que el experto epigrafista desvela contenidos que trascienden a la propia inscripción y que constituyen, de hecho, una sensacional clase sobre Epigrafía Romana, sobre vida municipal, sobre las singularidades del hábito y la cultura epigráficas de la Bética romana y sobre el texto que la inscripción aporta y, también, aquéllas cuestiones que prefiere mantener ocultas. Imprescindible. Dado el extraordinario rigor de las informaciones que se han enlazado en estas últimas líneas, podemos imaginarnos el esfuerzo y las horas de trabajo que habrán dedicado los dos editores de la inscripción a atender a los medios y a explicarles, pacientemente, todo lo relativo a este sensacional documento. Una labor que no cuenta para el curriculum académico pero que, precisamente por eso, hemos siempre de valorar y de agradecer (de ese tema hablábamos en una entrada muy reciente de la categoría Instrumenta, en esta misma sede).

Varias de las noticias aquí enlazadas aluden a la movilización de las autoridades y vecinos de Marchena para la incentivación de la investigación en este lugar y para aprovechar este nuevo hallazgo para recuperar el complejo de Santa Eulalia que, de hecho, amenaza ruina desde hace décadas. Mucho se ha hablado en este blog -especialmente en la sección Disputationes- del interés que tiene siempre la transferencia de resultados en investigación arqueológica como medio para generar identidades y una cierta identificación -casi una "catarsis"- con los espacios arqueológicos sobre los que se realizan las investigaciones lo que, a la postre, garantiza que también las instituciones locales y regionales se comprometan con los proyectos en tanto que éstas representan, o deben representar, a la sociedad civil. Como se ha dicho, la transferencia exige, siempre, mucha dedicación por parte de los investigadores y, desde luego, cuando está bien hecha -como dan prueba los reportajes arriba enlazados y la calidad de los contenidos que transmiten- ello transparenta, de modo claro, el esfuerzo de quienes la motivan, lideran y hacen posible. Pero, ese esfuerzo -muchas veces titánico- siempre vale la pena, siempre compensa, en parte porque permite que la sociedad conozca cómo es el trabajo del historiador de la Antigüedad y, en este caso, del epigrafista y perciba nuestra profesión como algo no sólo apasionante sino,  también, útil. Nosotros lo hemos experimentado sobradamente en estos últimos años tanto en Los Bañales de Uncastillo como en Santa Criz de Eslava aunque no hayan faltado las incomprensiones. La buena praxis de los dos investigadores andaluces protagonistas de este hallazgo y la calidad del documento que nos han regalado auguran, sin duda, alguna suerte de dinamización -más que deseable- de la investigación -ojalá que, también, con trabajo arqueológico de campo- sobre una ciudad, un municipio más -acaso Carula- del ramillete de comunidades privilegiadas que salpicó, con notable generosidad, las tierras del conuentus Hispalensis en el Alto Imperio Romano. 

La ciencia epigráfica que se hace en España sigue, por tanto, aportando notables alegrías y demostrando, una vez más, que es una de las disciplinas que mejor subraya que, como escribió Fergus Millar ("Epigraphy", en CRAWDFORD, M. (ed.), Sources for Ancient History, Cambridge, 1987, pp. 80-137, p. 136), nuestro conocimiento del mundo antiguo jamás, con fuentes como éstas, resultará estático.



SVB SIGNIS SVNT

 

[Nueva inscripción romana en bronce procedente de la Bética, Foto: © P. Rothenhöfer, a través de EDCS]

Desde mediados de pasado mes de febrero, la prensa española (COPE, 20Minutos, El Español...) y, también, la internacional (Euroweekly News), a partir de la nota de prensa de la Policía Nacional y de una noticia extensa publicada por la edición de Sevilla de ABC, se ha ido haciendo eco de la incautación, por el Ministerio de Cultura, de una hermosa placa de bronce con inscripción romana de época alto-imperial que, además de haberse viralizado rápidamente por redes sociales, nos parece que, al margen de su intrínseco interés histórico -que apenas resumiremos en estas líneas remitiendo a otros espacios donde éste ha sido y será tratado- pone de manifiesto algunas de las peculiaridades actuales de la investigación en Epigrafía Latina, peculiaridades que nos parecía oportuno traer a la etiqueta Epigraphica de Oppida Imperii Romani como modo, también, de difundir, como hacíamos en un post del mes pasado, lo dinámico de la investigación en Epigrafía en nuestro país y el carácter extraordinariamente móvil de la documentación epigráfica para nuestro conocimiento de la Historia Antigua del Mediterráneo. 

Según informó la Policía Nacional, la placa fue recuperada en una tienda de antigüedades de Sevilla una vez que los rastreadores del citado cuerpo de seguridad del Estado descubrieron que estaba a la venta en varios sites de subastas y mercadeo de material arqueológico y que el objeto no estaba inventariado por el Ministerio de Cultura. Esta realidad nos vuelve a poner de manifiesto la lamentable y lacerante realidad del tráfico de piezas arqueológicas en España y, más aun, vuelve a subrayar la depredadora acción de los furtivos a los que, como recordaba en una excelente, y todavía válida, reflexión sobre el tema hace algunos años Antonio Caballos -que va a ocuparse, de hecho, de la editio princeps de la pieza, como ha anunciado en un extracto de los Cahierz Gustav Glotz, 32, 2021, aun en prensa, que ha subido a su perfil de Academia.edu- se conoce en Andalucía como "piteros". En dicha reflexión (publicada en el imprescindible libro CABALLOS, A., El nuevo bronce de Osuna y la política colonizadora romana, Sevilla, 2006, pp. 13-21, páginas que están accesibles en Google Books) este Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Sevilla, el mejor conocedor de la epigrafía jurídica de la Bética cuyas investigaciones, junto a los trabajos de Julián González, también de la Universidad de Sevilla, han constituido un extraordinario corpus doctrinal sobre la cuestión, se lamentaba de la habitual inacción de la Administración ante este tipo de acciones de expolio y, también, la ocasional colaboración del circuito académico con aquél, en aras de obtener materiales epigráficos inéditos. Casi como un presagio, el propio Antonio Caballos cerraba su reflexión (p. 17) exigiendo que, aun cuando -como sucede en este caso- una pieza de estas características estaba ya fuera de su contexto arqueológico, del que había sido extraída por la acción de los "cazatesoros", urgía, al menos su recuperación haciendo, además, un llamamiento a las autoridades municipales que, por su presencia en el terreno, pueden ejercer una mejor custodia respecto de esta auténtica "ruina" -como él la calificaba- que supone el expolio de material arqueológico en general y epigráfico en particular y, también, una labor informativa, pegada al territorio, sobre nuevos hallazgos se produzcan estos del modo en que se produzcan (una experiencia positiva, en este sentido puede verse con un minúsculo bronce jurídico que pudimos publicar hace algunos años en el Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 205, 2017, procedente de un impreciso lugar de las Altas Cinco Villas de Aragón, gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Sofuentes). A este respecto, no debe olvidarse que, en el soberbio catálogo de bronces jurídicos que, desde mediados de los años 80 del siglo XX, ha aportado la Hispania Romana (ver repertorio y valoración en CABALLOS, A., "Las fuentes del Derecho. La epigrafía en bronce", en Hispania: el legado de Roma, Zaragoza, 1998, pp. 181-195) la gran mayoría han aparecido de modo totalmente irregular lo que nos ha privado de datos más precisos sobre el contexto en que obraron en los tiempos antiguos. Así ha sucedido, por ejemplo, con el edicto de El Bierzo (León), del año 15 a. C. (AE, 2000, 760), con la tabula Siarensis, hallada en Utrera (Sevilla), del año 19 d. C. (HEp5, 734), con el Senadoconsulto sobre Cneo Calpurnio Pisón padre, recuperado en circunstancias también oscuras en Sevilla, del año 20 d. C. (HEp5, 727) o, por no alargar la lista, con algunos de los fragmentos de la lex Vrsonensis (CIL, II2/5, 1022) de Osuna, seguramente una copia flavia de una ley colonial cesariana, documentos todos que, además, como hemos puesto de manifiesto en alguna conferencia, iluminan una parte fundamental de la Historia de la Hispania Romana, justo en el momento en que los textos antiguos, terminadas las guerras cántabras, apenas se refieren al solar peninsular (ver aquí repertorio bibliográfico sobre algunos de ellos, cerrado en el año 2015) algo que, además, subraya especialmente esta nueva pieza que, aportando clara datación consular -que se intuye nítidamente en la terminación de la l. 1 del texto: co(n)s(ulibus)- se fecha en el año 14 d. C., seguramente, como más adelante veremos, en su segunda mitad, apenas unos meses después de la muerte de Augusto y de la revelación de su testamento (sobre este episodio histórico, bien conocido gracias a las Res Gestae -en las que se alude, también, como en este texto, a veteranos que lucharon sub signis meis, es decir, "bajo mis enseñas (militares)", fórmula que hemos escogido para el encabezamiento de este post- puede verse este vídeo de nuestro canal de vídeos en YouTube). 

El, en cualquier caso, feliz hallazgo de este bronce epigráfico de la Bética hispana, nos parece ha evidenciado, también, de qué modo las nuevas tecnologías -eso que hemos llamado la epigrafía digital en un reciente vídeo- están modificando nuestro acceso a la documentación epigráfica, nuestro procesamiento de su información y, en definitiva, nuestra forma de generar, y de compartir, conocimiento. Así, cuando la editio princeps propiamente dicha del documento -encargada, como se ha dicho más arriba, al profesor Antonio Caballos- todavía no ha visto la luz, el hecho de que una imagen de la pieza fuera vista en varias páginas de subasta de antigüedades ha estimulado que, en un tiempo récord con la mediación, además, de las publicaciones de carácter digital y en open access, ya sea representativa la bibliografía disponible sobre la pieza en una trayectoria algo rocambolesca que, precisamente, ha inspirado bastante discusión entre investigadores, en estos últimos días, en redes sociales (ver, por ejemplo, el grupo de Facebook del Archivo Epigráfico de Hispania). 

Conviene recapitular la singular traditio de esta pieza. Así, apenas unos días después de la publicación de la imagen de la pieza para su venta por la tienda Jesús Vico y Asociados, el 5 de marzo de 2020, el día 26 de ese mismo mes se recibía en la revista turca Gephyra un manuscrito, firmado por P. Rothenhöfer que, tras ser evaluado, fue aceptado el 7 de abril de ese mismo año viendo la luz en el número correspondiente a 2020 y que está ya disponible en red: ROTHENHÖFER, P., "Emperor Tiberius and his praecipua legionum cura in a new bronze tablet from AD 14", Gephyra, 19, 2020, pp. 101-110. A partir de esa publicación, que ofrece la primera lectura, la primera lectio, del texto y un comentario del contexto histórico de la pieza, ésta, con su texto, quedó rápidamente incorporada a la base de datos de Clauss-Slaby seguramente la más consultada de los bancos de datos digitales de Epigrafía Romana donde era inventariada como EDCS 76600080 y donde se ofrecía, además, la fotografía aportada por P. Rothenhöfer que es la que hemos empleado como encabezamiento de este post. La publicación de la nota de prensa de la Policía Nacional, el 19 de febrero de este año, que enlazábamos más arriba, es la que ha motivado la presencia de ésta en los medios nacionales si bien ya hace algunos meses que el profesor Antonio Caballos culminó el estudio auténtico de la pieza, con autopsia personal y fotografiado original de la misma, que se espera con el máximo interés vea la luz en fechas inmediatas en un homenaje al historiador francés Jean-Louis Ferrary que nos dejó en agosto de 2020, volumen que celebrará, además, los veinticinco años de la Société Française d'études épigraphiques sur Rome et le monde romain. Con acierto, de ese trabajo sólo ha trascendido la hoja inicial con el resumen del artículo: CABALLOS, A., "Un sénatus-consulte de l'an 14 ap. J.-C. sur une inscription de Bétique", Cahiers Gustav Glotz, 32, 2021, en prensa, s. pp. Esta apresurada traditio para una pieza apenas "descubierta" hace un año, aun ha tenido un hito más en fechas muy recientes cuando Georgy Kantor, del St.John's College de la Universidad de Oxford, ha publicado en su blog, con fecha 23 de febrero, la noticia "A new document on the accession of Tiberius" en la que ha recopilado la ya completa historiografía sobre la pieza, ha vuelto sobre su lectura y ha realizado algunas reflexiones respecto de la misma desde su singular y enriquecedora óptica de experto en Tácito. Cuatro publicaciones en exactamente un año para una pieza de la que sólo uno de los investigadores, Antonio Caballos, ha estudiado con autopsia personal que es como, en rigor, debe llevarse a cabo cualquier investigación y cualquier edición epigráficas. Es cierto que las nuevas tecnologías y, en particular, internet, ofrecen muchas posibilidades al trabajo colaborativo y a la construcción de conocimiento pero quizás quepa preguntarse donde queda la ética de la investigación en este punto. Ninguna inscripción que esté disponible en red pertenece a nadie en particular, es cierto, pero también es verdad que el respeto entre colegas y, en particular, con aquellos que, como Antonio Caballos, han estudiado con absoluto primor, la epigrafía jurídica de la Bética, acaso debería haberse tenido más en cuenta en esta ocasión por más que esté resultando apasionante la efervescencia informativa que, en materia social y en materia científica, está despertando esta pieza.

Y es que, no es para menos. Pese a tratarse de una pequeña parte del ángulo superior derecho de un decreto de bronce, varias de sus expresiones jurídicas aparecen por primera vez sobre soporte epigráfico constituyendo, por tanto, hápax en la Epigrafía Romana. Otras de las citadas, sin embargo, aunque están atestiguadas en otro tipo de tituli, refuerzan ahora la dimensión jurisdiccional de las mismas. Por ejemplo, el término obsequium, claramente legible en l. 4, y relacionado con una de las uirtutes más valoradas de la vida familiar y cívica romanas, la obsequentia, aparece profusamente en inscripciones de carácter cívico en que se reconocen las prestaciones de ayuda y servicio de notables a determinadas comunidades (obsequium in ciues patriamque en AE, 1914, 184 de Dougga: "aportación a los ciudadanos y a la patria" u ob obsequium omnem erga ipsam qua fecit en AE, 1899, 207 de Beneuentum: "por su contribución y las acciones que hizo") y, hasta ahora, apenas había aparecido en un par de ocasiones (en el Senatus Consultum Claudianum de iure honorum Gallis dando, CIL, XIII, 1668, en que se concedía la ciudadanía a los Galos por el emperador Claudio o en una inscripción de Banasa de época de Antonino Pío, AE, 1948, 109, en que por la fides y el obsequiuum de la ciudad se la libera del pago de impuestos) vinculado al campo semántico de los favores imperiales que es, precisamente, el que se maneja en esta nueva pieza que, como habrá comprobado quien haya llegado a este punto de este post tras leer los enlaces que se han aportado más arriba, alude a las voluntades del emperador Augusto para con el aerarium militare y para con los favores concedidos por aquél a sus soldados veteranos, para empezar trecenos nummos uiritim, es decir, "trescientos sestercios por cabeza" que es lo que Tácito recuerda que el testamento de Augusto establecía para legionarios veteranos (Ann. 1, 8, 2). El término commoda, legible en l. 7, se conocía por la célebre inscripción constantiniana de Orcistus (CIL, III, 352) en la que los habitantes de ese uicus solicitaban al emperador Constantino, argumentándolo con las múltiples "comodidades" de su ciudad (omnia sua commoda utilitatesque: "todas sus comodidades y servicios"), promocionar en la categoría de estatutos jurídicos urbanos, y, también, por su inclusión en la tabla de Vipasca, en Portugal (CIL, II, 5181 donde se emplea la acepción "retribución", que es la que parece emplearse ahora en el nuevo bronce bético: uel commoda percipient: "o se aprovechasen de la remuneración"), tabla que, como es sabido, regulaba la explotación de un distrito minero en las proximidades de Aljustrel, en Lusitania. La expresión [in contionibus? exerc]ituum proponeretur, como se ha propuesto restituir la l. 12 constituye un hápax como tal si bien la alusión a este tipo de asambleas, a las contiones -en el caso del nuevo senado consulto, militares- ya estaba atestiguada, por ejemplo, en la lex Malacitana (CIL, II, 1963) y, también, en otro bronce de Troesmis (AE, 2015, 1252), en Moesia Inferior. Sin embargo, ni la fórmula uectigalia instituerent (l. 9) ni la subsiguiente (l. 10) ex patrimoniis -ésta sí en algunos tituli de naturaleza evergética para aludir a la fuente de financiación de las acciones costeadas, como en CIL, II, 396 de Bobadela- habían encontrado, hasta la fecha, atestiguación epigráfica alguna lo que añade, si cabe, valor al nuevo documento y subraya de qué modo cualquier nuevo testimonio epigráfico amplía con nuevos matices nuestro conocimiento institucional sobre el mundo antiguo y el modo en que, además, lo hace (para quien esté interesado en las fuentes del Derecho Romano, una excelente colección de legislación romana en red, con textos originales y traducción a diversas lenguas puede verse en The Roman Law Library; para el sentido que, en la documentación epigráfica, toman algunos de estos términos, puede verse RUGGIERO, E. de, Dizionario Epigrafico di Antichità Romane, Roma, 1900, s. u. "commoda" (vol. II, p. 546), s. u. "contio" (vol. II, p. 1184)).

Pero, todavía hay un aspecto más que engrandece este nuevo documento y que nos recuerda la utilidad de las fuentes epigráficas. Como ya sucediera con la tabula Siarensis y, por ende, también con el senado consulto de Cneo Pisón, cuyo contexto histórico, relacionado con la muerte de Germánico, podía entenderse mejor a partir de los relatos de Tácito (véase SÁNCHEZ-OSTIZ, Á., La tabula Siarensis: edición, traducción y comentario, Pamplona, 1999, pp. 325-348 donde las página 329-339, sobre la validez de Tácito como historiador para este periodo inicial de la sucesión augústea pueden releerse ahora con arreglo a la información del nuevo documento) este nuevo bronce puede también comprenderse mejor a partir de las noticias, siempre singulares, de este historiador romano. Para empezar, la datación consular en l. 1 ([Sex(to) Appuleio Sex(to) Pom]peio co(n)s(ulibus): "siendo cónsules Sexto Apuleyo y Sexto Pompeyo"), remite inequívocamente a quienes, según noticia del propio Tácito (Ann. 1, 7, 2) -y en medio de una situación mezcla de lacrimas y de gaudium, de questus y de adulatio, de "lágrimas y de alegría", de "lamentos y adulación", tal como la describe Tácito en ese pasaje- fueron los primeros cónsules en rendir lealtad al nuevo emperador Tiberio (primi in uerba Tiberi Caesaris iurauere: "los primeros en prestar juramento con palabras ante Tiberio César"), en el año 14 d. C., tras la muerte de Augusto que es, como dijimos, el contexto en que se divulgó este documento -quizás sirviéndose, también, de las contiones exercituum, de las "asambleas militares", como se dice en l. 12, una vez que, además, como el propio Tácito indicaba (Ann. 1, 1, 3) tratar de los últimos años del reinado de Augusto y del comienzo del de Tiberio fue el objeto central de su obra. Como Tácito recuerda (Ann. 1, 4, 2) avanzando Augusto en edad, se abrió una profunda inestabilidad en el, todavía joven, Principado romano. Esa inestabilidad -"una república sin cabeza", cuenta Tácito que la definían algunos senadores (Ann. 1, 13, 4) en esos históricos días de finales del verano del año 14 d. C.- obligó a que, como recuerda el propio Tácito (Ann. 1, 7, 5), Tiberio, ya en el trono se apresurase a enviar cartas al ejército informando de su aduentus al trono, quizás, a juicio de Tácito, temiendo a Germánico, que controlaba bastantes legiones (tot legiones), disponía de una gran cantidad de tropas auxiliares (inmensa sociorum auxilia) y gozaba de una gran popularidad (mirus apud populum fauor). Seguramente porque como el propio Tácito afirma, mutatus Princeps, "cambiado el emperador", se abría en algunas legiones la esperanza de ganancia (spem praemiorum) ante una eventual guerra civil sucesoria (Ann. 1, 16) se produjeron sublevaciones de los ejércitos en Pannonia y en Germania (Ann. 1, 31) que el propio Germánico (Ann. 1, 34-52), a partir de numerosas asambleas militares, contribuiría a sofocar "ganándose el favor de los soldados con donativos pecuniarios y adelantándoles el licenciamiento" (Ann. 1, 52, 1) asuntos éstos de los que, como se ha visto, trata el nuevo y apasionante bronce hispano, que inspira este post (en la traducción de Tácito se ha seguido la propuesta por J. L. Moralejo en la Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1986). 

En definitiva, un nuevo documento epigráfico relacionado con el solar hispano -aunque, como se ha visto, no sólo con él-, que vuelve a poner las provincias hispanas, y en este caso la Bética, en la órbita de la política global de Roma en los primeros años del Principado, que evidencia de qué modo ha cambiado -para bien y para mal-, en los últimos años, la investigación epigráfica y que vuelve a abrir el debate en torno a un fenómeno -el del uso del bronce para las inscripciones de carácter público y oficial- sobre cuya perennidad y sobre cuya vigencia geográfica aparentemente más occidental, e incluso hispana, se han preguntado asiduamente los epigrafistas en los últimos veinte años (ECK, W., "Public documents on bronze: a phenomenon of the Roman West", en BODEL, J., y SCAFURO, A. (eds.), Ancient document and their contexts, Leiden, 2014, pp. 127-141 y, antes, CABALLOS, A., "¿Típicamente romano? Publicación de documentos en tablas de bronce", Gerión, 26-1, 2008, pp. 439-452 y BELTRÁN LLORIS, F., "Inscripciones sobre bronce, ¿un rasgo característico de la cultura epigráfica de las ciudades hispanas", en XI Congresso Internazionale di Epigrafia Greca e Latina. II, Roma, 1999, pp. 21-37) y que añade ahora una apasionante evidencia más para ese debate, evidencia que demuestra, además, lo viva que está, entrado el siglo XXI, la ciencia de las inscripciones.