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OBELISCVS ROMAE

[Recreación del circo Máximo con los obeliscos de la spina, según World History Encyclopedia]

Para quien viaja a Roma -que, sorprendentemente, no tiene en Oppida Imperii Romani la presencia que debería tener y que ojalá seamos capaces de generarle en adelante- uno de los elementos que resulta más sorprendente es la presencia, en varias de sus plazas, de obeliscos egipcios. Los hay en la Plaza de San Pedro, en la Piazza del Popolo o en la, más recogida, de Montecitorio justo frente a la sede del Parlamento italiano. Todos portan inscripciones en caracteres jeroglíficos y varios de ellos llevan, también, en su base, inscripciones latinas. En total, en Roma hay trece obeliscos que ya han interesado y preocupado a otros blogueros, por ejemplo a quien gestiona el blog Roma caput mundi que, en esta entrada, realiza un inventario muy detallado de los mismos y de la Historia, y las historias, que cada uno de ellos encierran.

Entre todos ellos, destaca, por su altura y por su antigüedad, el que se ubica hoy en la trasera de la basílica papal de San Juan de Letrán, en el límite sur de la Roma antigua, a escasos metros del muro aureliano, en la cúspide de la colina del Laterano, próxima a la del Celio, una de las siete de la Roma histórica. Como indica la ficha a él dedicado en la página de Turismo del Comune di Roma, el monumento -que se alza majestuoso en la ahora llamada plaza de San Juan Pablo II- mide casi 50 metros (45,7), pesa casi 500 toneladas (455) y, por sus inscripciones en jeroglífico, sabemos que data del reinado de Tutmosis III y Tutmosis IV, por tanto, del siglo XV a. C., de la clásica XVIII dinastía del Reino Nuevo faraónico lo que le convierte en el más antiguo de los obeliscos egipcios repartidos por Roma. Su porte destaca en un espacio extraordinariamente transitado de la Roma moderna casi señalando a la vía Merulana que se dirige a otra de las basílicas pontificias romanas, la de Santa María la Mayor, justo frente a los restos que quedan del acueducto de Claudio-Nerón, algunas de cuyas arcuationes pueden verse justo frente a la plaza en que se ubica el obelisco.



El pedestal que sustenta el obelisco, ofrece al visitante actual las siguientes inscripciones de las que aquí ofrecemos lectio y traducción al castellano:

Lado oeste: Flavio Constantino Caesari Augusto / victor et fidei defensori / quem transferre a Thebana civitate / Amonis in honorem, fluvioque Nilus / deponere in Alexandriam / iussit, ut novae Romae ornamentum foret, es decir "Flavio Constantino, César Augusto, vencedor y defensor de la fe cristiana, hizo transportar este obelisco desde la ciudad de Tebas, donde había sido erigido en honor al dios Amón, a través del río Nilo hasta la ciudad de Alejandría, con el propósito de adornar la nueva Roma que estaba construyendo".

Lado norte: Flavio Constantio Caesari Augusto / Constantini filio, qui pridem a Theba / obeliscum patri suo, postquam diu mansit / in Alexandria, remisit navis trecenta / remis portante, qui Romam Circum Maximum / sollemni ponendum erexit, es decir "Flavio Constancio, César Augusto, hijo de Constantino, tomó el obelisco que su padre había trasladado desde Tebas, y que había permanecido durante mucho tiempo en Alejandría, lo embarcó en una nave con trescientos remeros, y lo transportó por mar hasta Roma, donde lo erigió en el Circo Máximo con gran solemnidad".


Lado este: Constantinus, cruce intercessione victor / in hoc loco sancto per Sanctum Silvestrum / gloriam crucis diffudit, es decir "Constantino, vencedor por la intercesión de la Cruz, en este lugar consagrado por San Silvestre, difundió la gloria de la Cruz".

Lado sur: Sixtus V, summus pontifex / hoc obeliscum, tempestate vastatum / restituens magno labore atque sumptu / in hoc loco posuit, invictae cruci dedicavit / anno pontificatus MDLXXXVIII, es decir "Sixto V, Papa Máximo, restauró este obelisco, que había sido dañado por las calamidades de los tiempos, y lo erigió en este lugar con gran esfuerzo y gasto, dedicándolo a la Cruz Invencible en el año 1588 de su pontificado".

Contra lo que pudiera parecer, dichas inscripciones, pese a su factura, extraordinariamente clásica y a estar enriquecidas con apliques de bronce el modo de las litterae aureae, no son originales, no son romanas. Fueron compuestas en verso en el siglo XVI por el poeta italiano Giovanni Andrea Bussi, primer bibliotecario de la Bibliotheca Vaticana, entre otros cargos. Sin embargo, aportan noticias fidedignas sobre el obelisco, sobre su origen y sobre el contexto histórico de sus distintas vicisitudes en Roma y antes de llegar a Roma. Así, se indica la procedencia del obelisco, Tebas, que estaba dedicado al dios Amón y que Constantino se propuso trasladarlo por el curso del Nilo, primero, hasta el gran puerto del Egipto romano, Alejandría y, de ahí, a Roma para que sirviera de monumento de embellecimiento de la ciudad. En segundo lugar, se atribuye al hijo de Constantino, Constancio (Constantino II) -que le sucedió en el trono imperial a la muerte del primero, en el 337 d. C.- haber ejecutado la empresa planificada por su padre trasladando el obelisco de Alejandría a Roma con una nave dotada de hasta trescientos remeros. La tercera inscripción alude a la conversión de Constantino bajo el pontificado del Papa Silvestre I y, finalmente, la última, con un Latín que imita el de la Epigrafía clásica, alude a la colocación del obelisco, tras su invención y restauración, en el lugar que ahora ocupa coronado por una cruz, que todavía porta en su coronamiento, empresa, como se indica, debida al Papa Sixto V que fue el pontífice responsable, entre otras cosas, del inicio de las excavaciones arqueológicas en el circo Máximo, excavaciones que condujeron a la invención de tan insigne monumento.

Como se ha estudiado sobradamente -y una buena síntesis puede ser la que publicó hace algunos años el Catedrático de Topografía Antigua de la Universitá di Firenze Paolo Liverani, disponible en red aquí y recomendado como lectura en la sección dedicada a este monumento en la prestigiosa página del proyecto Judaism and Rome- el volumen VI del Corpus Inscriptionum Latinarum dedicado a las Inscriptiones Vrbis Romae Latinae (Berlín, 1801, p. 241) recoge el texto original (CIL VI, 1163) que portaba el obelisco Lateranense cuando fue descubierto, en febrero de 1587, según lo transmitió un testigo presencial del hallazgo, Arnoldus Mercator que, en sus notas, hizo constar, que el monumento apareció "nel giusto mezzo del cerchio massimo a dì 15 di febraro 1587 (...) sottoterra ventiquatro piedi" (CIL VI, p. 241). La inscripción original ofrece algunos datos interesantes sobre el origen del monumento, sobre su traslado a Roma y sobre su colocación en el mayor circo del Occidente Romano justo donde, de hecho, sabemos por las fuentes (particularmente Plinio, Nat. 36, 14) que Augusto habría colocado uno algo posterior, de época de Ramsés II, hoy trasladado a la siempre animada Piazza del Popolo (para su posición original puede consultarse la web del sensacional proyecto Digital Augustan Rome) mayor que el que empleó como horologium, como gran reloj solar, en el Campo de Marte, hoy en la citada Plaza de Montecitorio que fue el segundo de los obeliscos augústeos. Destacamos algunas de las informaciones aportadas por la inscripción original, a continuación.

ll. 7-9 (ll. 1-3 del lado norte): "Pero la preocupación por el transporte afligía grandemente al emperador, ya que ninguna inteligencia, esfuerzo ni mano habría podido mover la imponente mole" (quod nullo ingenio nisuque manuque moueri caucaseam molem)

ll. 11-14 (ll. 6 del lado norte y ll. 1-4 del lado oeste): "Ordenó que se moviera sobre la tierra una no pequeña parte de la montaña y depositó su confianza en el mar hinchado, y las aguas, con ondas plácidas, condujeron la nave a las playas del Occidente, para asombro del [Tíber]" (fluctu litus ad hesperium [Tiberi] mirante carinam Romam)

ll. 17-18 (ll. 5-6 del lado oeste): "(...) sino porque nadie creía que una obra de tanta envergadura pudiera elevarse hasta las auras celestes" (sed quod non crederet ullus tantae molis opus superas consurgere in auras).

Como puede verse, el texto, que, en parte, como explica Paolo Liverani -que ultima, de hecho, actualmente, un sensacional proyecto europeo de investigación sobre la topografía antigua de este sector de la Roma clásica, el proyecto Rome Transformed- fue recompuesto con añadidos e interpolaciones que mediaron entre que fuera anotado por Mercator y, luego, recogido por Eugen Bormann y Wilhelm Henzen, los editores del correspondiente volumen del CIL, destaca, en un tono propio de la retórica imperial de la época, el reto que supuso el traslado del obelisco, el afán de exclusividad de la empresa y la simbólica conexión Nilo-Tíber que subyacía a la misma. 

Hace algunos años, en Oppida Imperii Romani, con el objetivo de ofrecer al lector dos recursos digitales extraordinarios para el conocimiento de la topografía la antigua Roma -el proyecto Rome Reborn, de la University of California Los Ángeles-UCLA y la digitalización del New Topographical Dictionary of Ancient Rome (Baltimore-Londres, 1992)- publicamos una entrada, titulada "Decora Vrbis aeternae", que abría con un texto de Amiano Marcelino que, precisamente, también -como ya se hacía constar en la voz "obeliscus Constantii" del tradicional diccionario topográfico de Roma, de S. Ball Plattner (Londres, 1929)- aporta abundante información sobre este monumento pues si Mercator fue testigo del hallazgo de la pieza, Amiano lo fue del momento de su entrada en Roma y de su colocación en el circo Máximo. Los pasajes de las Rerum Gestarum de Amiano -obra cumbre de la historiografía tardoantigua-, rezan como sigue:

XVI, 10, 17: "Finalmente, tras reflexionar durante bastante tiempo acerca de qué podía hacer allí, determinó contribuir con algo a la belleza de la ciudad erigiendo en el Circo Máximo un obelisco, acerca de cuyo origen y forma trataré en el lugar apropiado".

XVII, 4: "Por orden del Augusto Constancio se determina la colocación de un obelisco en Roma, en el circo Máximo (obeliscus Romae in Circo Maximo subrectus) (...)". 4, 6. "En esta ciudad [Tebas] junto a magníficos baños y construcciones diversas que muestran imágenes de dioses egipcios, vimos numerosos obeliscos (obeliscos uidimus plures), algunos de ellos en pie y otros caídos y fragmentados. Se trata de grandes moles de piedra que los reyes de la antigüedad, bien después de derrotar a algún pueblo (bello domitis gentibus), bien para demostrar su orgullo por la prosperidad de su mandato (prosperitatibus summarum rerum elati), arrancaron de las entrañas de los montes, incluso en regiones muy alejadas. Luego las cortaron y erigieron esos obeliscos, dedicándolos a los dioses superiores de sus religiones". 4, 7. "Es, pues, el obelisco, una piedra de gran dureza, que se eleva gradualmente en forma de columna cónica hasta una gran altura y, como si fuera un rayo, va perdiendo grosor de forma paulatina, con una superficie cuadrada que va alargándose y haciéndose más estrecha junto a la cima, y pulido todo por manos artesanas (...)". 4, 10. "Pero [al inscribirlos] no seguían la práctica actual, en la que una serie determinada y sencilla de letras expresa todo lo que pueda concebir la mente humana (litterarum numerus praestitutus et facilis exprimit). Al contrario, en la escritura de los egipcios, cada carácter representaba un nombre o una palabra e incluso, a veces, representaban frases completas (...)". 4, 12. "Y, puesto que los aduladores de Constancio, según su costumbre, avivaban su orgullo y le repetían sin mesura que, mientras que Octaviano  Augusto trabajo dos obeliscos desde la ciudad de Heliópolis -de los cuales uno fue situado en el circo Máximo y el otro en el Campo de Marte (unus in circo Maximo alter in Campo locatus est Martio)- el que habían transportado recientemente, ante el temor que provocaba la dificultad de su traslado, Constancio no había osado ni moverlo ni tocarlo siquiera. Sepan, pues, los que lo ignoren, que, aunque trajo algunos obeliscos, el emperador antiguo citado no quiso tocar éste, porque estaba dedicado como ofrenda al dios Sol y situado dentro de un ambicioso templo, que no podía ser profanado, donde sobresalía como la cumbre de todo". 4, 13. "Pero Constantino, sin preocuparse por esto, se trajo esta enorme piedra de aquel lugar, pensando correctamente que no perjudicaba en nada a la divinidad si arrebataba de un templo esta obra admirable y se la consagraba a roma, verdadero templo de todo el mundo (in templo mundi totius). Por ello, el obelisco permaneció tendido durante mucho tiempo, mientras se preparaba todo lo necesario para el traslado. Pero, una vez transportado por el cauce del río Nilo y llevado a Alejandría, se fabricó una nave de tamaño desconocido hasta entonces, que necesitaba trescientos remeros para avanzar". 4, 14. "Una vez realizados estos preparativos, tras la muerte del emperador citado [Constantino], disminuyó la urgencia de la empresa y, finalmente, después de mucho tiempo el obelisco fue colocado sobre una nave y traído a través de los mares y del curso del Tíber (per maria fluentaque Tibridis), que parecía asustado por el temor de aquello que le había enviado el casi desconocido Nilo (...) Con todo, el obelisco fue trasladado al barrio de Alejandro, situado a tres millas de la ciudad. Desde allí, tras ser colocado sobre una plataforma y llevado con cuidado a través de la puerta de Ostia y de la Piscina Pública (per Ostiensem portam piscinamque publicam), fue trasladado hasta el circo Máximo". 4, 15. "Después de esto, sólo faltaba erigirlo (erectio), algo que se suponía muy complicado y casi imposible. Pero lo consiguieron del siguiente modo: acumularon, elevaron y colocaron en vertical (ad perpendiculum) altos palos (de manera que parecía que estabas viendo un auténtico bosque de maquinaria). Ataron fuertes y largas cuerdas, semejantes a múltiples cintas, que, dada su densidad, llegaban a ocultar el cielo. A estos palos se ató esta auténtica montaña con caracteres escritos grabados sobre ella, mientras iba siendo elevada en el aire hasta las alturas. Después de quedar colgando durante bastante tiempo, se necesitó a muchos miles de hombres para hacer girar ruedas que parecían de molino (molendinarias rotantibus metas), y así quedó colocado en mitad del circo. Sobre él se colocó una esfera de bronce, brillante, con láminas de oro, pero al ser alcanzada por la fuerza del fuego divino [un rayo] fue reemplazad por una imagen de bronce de una antorcha, que tenía igualmente incrustaciones de oro y parecía despedir brillantes llamaradas". 4, 16. "En épocas posteriores se trajeron otros obeliscos, uno de los cuales fue colocado en el Vaticano, otros en los jardines de Salustio y dos en el mausoleo de Augusto (unus in Vaticanus, alter in hortis Salusti, duo in Augusto monumento)". 4, 17. "El significado de los signos grabados en el antiguo obelisco que vimos en el circo, vamos a ofrecerlo en letras griegas (...)" (a partir de ahí, en griego, transcribe el texto original compuesto en jeroglífico: lado sur: 4, 18, l. 1; 4, 19, l. 2; 4. 20, l. 3; lado oeste, 4, 21, l. 2; 4. 22, l. 3; lado este, 4. 23, l. 1).

Del largo texto de Amiano que aquí hemos transcrito -y que incluye, de hecho, en su parte final, aunque en lengua griega, una auténtica autopsia epigráfica por él realizada sobre las inscripciones jeroglíficas del obelisco- cabe destacar varios aspectos, fundamentalmente tres. En primer lugar, la asociación entre el obelisco y la legitimación política, la exaltación del poder personal. En segundo lugar la existencia -cuando se alude al poder de Augusto y a su capacidad para hacer llegar a Roma dos obeliscos- de una cierta competitividad entre los emperadores, y también entre las elites, en materia de construcción pública convirtiéndose ésta, y los retos que se afrontaban en ella, en herramientas de prestigio, de auto-representación. En tercer lugar el texto de Amiano muestra muy bien la sorpresa del escritor de Antioquía respecto de la exigencia y los retos técnicos de la empresa que, como hemos visto, también se exaltaron en los tituli que, originariamente, se grabaron en la base del monumento. Sabemos, de hecho, que desde la construcción del foro de César, el primero en que se emplearon fustes de columnas de carácter monolítico, ese ejercicio de poder se convirtió en un modo de impresionar a la población y constituyó un auténtico "tour de force" para la edilicia pública. Que Amiano se entretenga en explicar los pormenores técnicos que hicieron posible el traslado y la erección del obelisco en el circo Máximo va, sin duda, en esa línea aportándonos -como vimos en un vídeo incorporado hace algún tiempo a nuestro canal de vídeos en YouTube- deliciosa información sobre algunos de esos sistemas técnicos, acaso semejantes al que muestra un grabado de Natale Bonifacio -también artista contemporáneo a la invención del obelisco de Letrán- alusivo al obelisco Vaticano, hoy conservado en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, que reproducimos a continuación. Se trata de tres conceptos que, nos parece, pueden explicar muy bien la ideología de los procesos de transformación urbana vividos por la Roma imperial, como algunos títulos de la nota bibliográfica que cierra esta entrada desgranan.

Está claro, por tanto, que cuando se compusieron las inscripciones que -pese a no ser Romanas- admiran aun hoy, en el siglo XXI, al visitante que se acerca a San Juan de Letrán, el recurso a las fuentes antiguas -tanto epigráficas como, especialmente, literarias, dado el extraordinario relato de Amiano Marcelino- resultó fundamental y contribuyó a dar historicidad a este uso del modo clásico de grabar mensajes para la eternidad que es la Epigrafía Romana. Nos parecía que esa coincidencia entre Historia, Literatura e Historiografía Latinas, Epigrafía -aunque en este caso la lectio que hace Amiano sea de una inscripción en jeroglífico- y Recepción -y en parte resignificación- de la Antigüedad podía interesar a los lectores de Oppida Imperii Romani y abrir una serie en la que podamos presentar otros loca memorabilia en los que interactúen las fuentes literarias, las materiales y, sobre todo, las epigráficas algo de lo que, de hecho, los editores del CIL VI, se dieron cuenta incorporando en la ficha de la inscripción, también el texto, casi completo, del relato de Amiano Marcelino en una interpolación casi única en la Historia de esta obra monumental a la altura, sin duda, del monumento que portó la inscripción que los sabios alemanes recogieron en el fascículo sexto de dicha obra.

Nota bibliográfica sucinta.- El caso aquí tratado ofrece un singular ejemplo de una ocasión en que la Literatura Romana, en concreto el historiador Amiano Marcelino, ofrece utilísima información sobre una actividad edilicia imperial en Roma, tema tratado de forma excelente por SCHEITHAUER, A., Kaiserliche Bautätigketi in Rom. Das Echo in der antiken Literatur, Stuttgart, 2000 (la bibiografía, pp. 295-324 recoge los títulos clásicos sobre la topografía de la Roma antigua y sobre sus principales monumentos, en todos los idiomas) asunto también objeto de análisis desde ZANKER, P., Augusto y el poder de las imágenes, Madrid, 1992 y con actualizaciones y reflexiones sugerentes en DE KLEJIN, G., "The emperor and public works in the city of Rome", en The Representation and Perception of Roman Imperial Power. Proceedings of the third workshop of the international network Impact of Empire (Roman Empire, c. 200 BC-AD 476), Amsterdam, 2003, pp. 207-214. Nosotros nos hemos ocupado del tema también en los capítulos introductorios de ANDREU, J., Liberalitas Flauia. Obras públicas, monumentalización urbana y exaltación dinástica en el Principado de los Flavios (69-96 d. C.), Sevilla, 2022, pp. 11-17 a partir del clásico de KLOFT, H., Liberalitas principis. Herkunft und Bedeutung. Studien zur Prinzipatsideologie, Colonia, 1979. El acento que el texto de Amiano, de hecho, pone en las dificultades técnicas que implicó el traslado y la erección del obelisco de Letrán nos permiten, también, conocer aspectos concretos de la actividad edilicia romana desde un punto de vista técnico, siempre bien ilustrados en el clásico trabajo de ADAM, J.-P., La construcción romana: materiales y técnicas, León, 2002, inexcusable. También resulta un clásico, pese a su fecha, GARCÍA Y BELLIDO, A., "Roma como problema urbano", en Urbanística de las grandes ciudades del mundo antiguo, Madrid, 1966, pp. 105-144.








EPIGRAPHICA AESTIVA


Hispania Epigraphica es la revista que, publicada por el Archivo Epigráfico de Hispania, hace las veces de anuario epigráfico para España y para Portugal. En él se recogen, cada año, con entrada propia, las inscripciones inéditas que se dan a conocer cada ejercicio y, también, aquéllas que, ya conocidas y publicadas en el pasado, han sido objeto de revisión en su lectura. El último número que cubrió un único año, el de 2013, que vio la luz en 2019, acumulaba un total de 617 entradas. Matizando esa cifra, pues, como se ha dicho, hay entradas que no aportan editiones principes de inscripciones sino variantes de lectura de tituli ya conocidos, se podría estimar que en 2013 vieron la luz en los territorios que integraron la Hispania Romana en torno a 400 inscripciones nuevas. Es decir, se descubren en España y Portugal 1,09 inscripciones al día. Es evidente que el "pico" resulta obsceno pero el dato permite ilustrar en qué medida la aparición de nuevos documentos epigráficos marca el día a día de la investigación arqueológica en nuestro país. Nótese, por ejemplo, que el penúltimo post de Oppida Imperii Romani, que viera la luz en junio, justo a comienzos del verano, se felicitaba por un nuevo hallazgo epigráfico, el altar dedicado a la divinidad vascónica Larra descubierto en Larunbe, en Navarra. 

Por todo ello, y dado que la investigación arqueológica se concentra en nuestro país, notablemente, en el periodo estival -aunque no sólo- nos parecía que una buena manera de abrir el nuevo curso académico era el de hacernos eco, y valorar, tres hallazgos epigráficos que podría decirse que han marcado la temporada estival y que han vuelto a subrayar de qué manera, como hemos desarrollado en alguna reciente publicación, nuestro conocimiento en Ciencias de la Antigüedad depende, en buena medida, del hallazgo de nuevas inscripciones que, en esencia, constituyen, se analicen desde el prisma desde el que se analicen, nuevos documentos históricos. Se trata, además, de tres tituli, de tres inscripciones de naturaleza bien diversa y que permiten, también, documentar hasta qué punto se generalizó en el periodo imperial romano el hábito de grabar inscripciones sobre el que, también, nos hemos detenido en algunos trabajos en acceso abierto.

[I.] A finales de junio, el Diario de Sevilla informaba de una serie de hallazgos arqueológicos en el cruce entre las sevillanas calles de Avenida de Miraflores y Carretera de Carmona en un solar de la antigua fábrica de vidrios "La Trinidad" de la capital andaluza que confirmaban las sospechas que, en febrero, ya había levantado el hallazgo en la zona de algunos restos óseos humanos. La noticia, que pronto se viralizó en redes sociales a través de grupos especializados en la Antigüedad hispalense, ha supuesto una nueva alegría para la investigación epigráfica sobre la Hispalis romana. Gracias al buen hacer de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, la información que, sobre el hallazgo, ha trascendido, ha puesto el foco no sólo en la aparición de una nueva inscripción que pasará a engrosar e incrementar el, per se, generoso repertorio epigráfico de Sevilla sino, también, en la tipología de los monumentos descubiertos que han sido adecuadamente calificados como cupae y, en concreto, cupae structiles, es decir, monumentos abovedados fabricados en mampostería llamados a albergar en su interior un contenedor de las cenizas del difunto, comunicado con el exterior a partir de una serie de canales libatorios o infundibula que, en este caso, además, han sido localizados. La tipología de cupae structiles, poco conocida en Sevilla, ha sido muy bien estudiada para uno de los conjuntos más icónicos de este tipo de monumentos funerarios, el de la necrópolis de la Plaza de la Vila de Madrid en Barcino, la actual Barcelona (ver aquí) y al que siempre se remite cuando, como hiciéramos en 2009, se trabaja sobre este singular tipo de monumento funerario romano, las cupae, que protagonizó el volumen I de la Serie de Monografías "Los Bañales"; del que se habla en este viejo vídeo, todavía de actualidad.




Desde un punto de vista estrictamente epigráfico, la inscripción localizada, popularizada en X como "la tumba de Calliope", tiene interés por varias razones. En primer lugar, porque constituye uno de los más meridionales ejemplos de cupa structilis con inscripción aunque este tipo de sepultura había sido sobradamente atestiguada, por ejemplo, en la capital de la Baetica, en Corduba. Como exigía este tipo de monumento, y como sucede también, ocasionalmente, en cupae solidae, por ejemplo en las de Tarraco, la inscripción iba grabada sobre una placa pétrea -en este caso, aparentemente, por la fotografía difundida, mármol- que se encastraba en la estructura del monumento. En segundo lugar porque ya se conocían otras mujeres con el nombre Calliope -nombre griego propio de personas de estatuto servil- en el repertorio epigráfico bético, con ejemplares en Corduba, en Ostippo (CIL II2/5, 990) o en Tucci (CIL II2/5, 100) entre otros lugares pero es la primera vez que este nombre aparece en Hispalis. Además esta difunta , entre el final de la línea 2 y el comienzo de la línea 3, aparece calificada por el dedicante -que comparece en línea 3, al final, Irenaeus- como con(iugi) rarissimae, un adjetivo éste, el superlativo de rarus -"exclusivo", "raro", "excepcional": "excepcional esposa", en este caso- que, frecuentemente, se emplea para calificar a mujeres no tanto en la Baetica, donde es escaso, sino en la Tarraconense donde tiene cierto predicamento en el paradigmático y generoso repertorio epigráfico de Tarraco, como han estudiado Carmen Gregorio y Laura Díaz en varias de sus publicaciones sobre la imagen femenina en la epigrafía hispanorromana.

[II.] En la prosopografía de la ciudad romana de Pompeya era conocido ya el nombre de Numerius Agrestinus a quien, en la necrópolis de Porta Nocera, le habría dedicado un recuerdo funerario conjunto su esposa Veia Barchilla (EDR 146858, ver foto). En julio de este año, el E-Journal degli Scavi di Pompei daba a conocer el  hallazgo, en el contexto de unas obras de ampliación de la biblioteca del Parco Archeologico di Pompei, de una tumba del tipo a schola ornamentada con una monumental exedra a modo de banco corrido semicilíndrico con garras de felino haciendo de patas y con soberbia inscripción en la espalda del banco, alusiva, precisamente, a Numerius Agrestinus (descargar artículo aquí). La noticia, rápidamente pasó a la prensa española (El Español, La Vanguardia, ABC o El País) y, por razones que pronto se dirán, también saltó a portales y blogs relacionados con la Romanización del norte peninsular como Astures.es o a medios de carácter más local como el vasco El Correo que, como era de esperar, puso el acento en el carácter "vasco" -totalmente ficticio- de la tribu citada en el titulus.



Como se explica de manera clarísima en el vídeo que abre este post por parte del Prof. Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico de Pompeya, la inscripción atestigua la carrera completa de Numerius Agrestinus Equitius Pulcher que porta, como era habitual en la aristocracia romana -no en vano hay otros Numerii entre los magistrados más antiguos atestiguados en Pompeya como Numerius Barca (CIL IV, 75)-, uno de estos singulares poliónimos que constituían, también, marca de distinción en la onomástica latina. Ésta comenzó con el desempeño del cargo de IIuir -el equivalente a "alcalde"- en la propia comunidad pompeyana, cargo que llegó a iterar, es decir, a detentar en dos ocasiones, pero después, dio paso a una carrera del ordo equester que le llevó a ser prefecto de los artesanos (praefectus fabrum), tribuno militar (tribunus militum) y, finalmente, praefectus Autrygon(um) en alusión a una tribu hispana, de carácter indoeuropeo, del norte peninsular bien conocida en las fuentes antiguas, la de los Autrigones. El texto da razón a una referencia de Estrabón (Str. 3, 4, 20) sobre la presencia de varios ayudantes del legatus Augusti que gobernaba la Hispania Citerior desde el 19-19 a. C. Uno de ellos, según todo parece indicar, sería éste praefectus Autrigonum que ha tenido, en este verano, su particular epifanía en las excavaciones de Pompeya. La inscripción alude, en letras de menor tamaño y en una segunda línea, a que el lugar -que no se refiere- de la tumba ((locus) datus sepulturae) se le otorgó, seguramente en virtud de su destacada carrera y proyección militar, por decreto decurional, d(ecreto) d(ecurionum).

[III.] 2025 va a ser año jubilar en la capital de la cristiandad, Roma y la ciudad está desarrollando una intensa actividad de modernización urbanística articulando nuevos espacios que servirán para a acoger a los miles de peregrinos a los que esta celebración atraerá. Precisamente, en el inicio de agosto de este año, y en el marco de los trabajos que, a orillas del río Tíber, en el área del Castel de Sant Angelo -que fosiliza el antiguo mausoleo funerario del emperador Adriano- se están llevando a cabo para dicho fin se ha producido felizmente el -aparentemente nimio pero muy interesante históricamente- tercer hallazgo epigráfico de esta serie de epigraphica aestiva, de "cosas epigráficas veraniegas". 

En el apasionante estudio de la topografía de la Roma antigua, poco se sabía acerca de los Horti Agrippinae, un complejo recreativo que se extendía desde las orillas del río Tiber hasta el ager Vaticanus y la colina del mismo nombre y que aparece citado en los textos antiguos que, precisamente, certifican -especialmente a partir de Séneca (De ira, 3, 18)- que dicho espacio y las construcciones anejas acabaron por pasar a Calígula, hijo de Agripina la Mayor, esposa de Germánico. 

A diferencia de los otros documentos, grabados en piedra, el protagonista de esta tercera entrada es una inscripción en plomo responsable, precisamente, de certificar esa noticia dada por las fuentes antiguas y que se había transmitido usualmente en los estudios sobre la topografía de Roma en las áreas vaticana y tiberina. Al margen de los machones de un pórtico que dignificaría dichos horti y, a una cota superior, de una sensacional fullonica para el lavado de telas fechada ya en el siglo II d. C. (muy bien ilustrada en las fotografías difundidas por el Ministero della Cultura), los trabajos de construcción del espacio para peregrinos a que antes aludíamos han conducido al hallazgo, en la Piazza Pia, de una tubería de plomo -lo que en Latín, y así también en la tipología epigráfica solemos llamar fistula plumbea o fistula aquaria- marcada cuidadosamente con el texto C(aii) Caesaris Aug(usti) German(ici), es decir, "propiedad de Cayo César Augusto Germánico", por tanto, de Calígula. La inscripción, por tanto, permite concluir que el complejo al que se daba servicio la red de abastecimiento con que debe relacionarse esta nueva fistula se edificó en época de Calígula y, por tanto, estaría probando las transformaciones vividas por ese complejo ribereño del Tíber cuando pasó a ser propiedad del tercer emperador de Roma. Como han subrayado las noticias que, sobre el hallazgo, se han difundido (Finestre sull Arte o National Geographic España).


Los tres documentos epigráficos tienen, por tanto, varias cosas en común: los tres han aparecido en el transcurso de excavaciones arqueológicas si bien ninguna de las tres era, propiamente, una excavación de investigación sino que se enmarcaban en el contexto de seguimiento de obras públicas de diverso signo. Las dos últimas, además, han aportado nuevas luces a dos asuntos historiográficos que habían interesado a la investigación, el de la entidad de uno de los Numerii de Pompeya y el de la ubicación de los Horti Agrippinae. La primera, por su parte, ha traído a la vida, nos ha permitido "recordar", a Calliope la finada cuyos herederos eligieron para ella un sepulcro en forma abovedada del tipo cupa. Con ser, sin embargo, un documento de aparente menor calado histórico lo cierto es que permite conocer a alguien que, de otro modo, si no es por el recuerdo funerario, no habría surcado el umbral de la Historia. Tres documentos, por tanto, que nos parece -y, entre, seguro, muchos otros que se podrían haber elegido- hacen bastante justicia a la aportación que la documentación epigráfica hace al conocimiento histórico en Antigüedad.

NOTA.- Aunque se ha enlazado más arriba a algunos materiales complementarios, nos parece pertinente, conforme a la filosofía de la etiqueta Epigraphica de este blog, aportar aquí algunos títulos más específicos respecto de las cuestiones que se han tratado en los comentarios de las tres inscripciones aquí consignadas. Lo hacemos, como siempre, con el deseo de que Oppida Imperii Romani sea, en cada una de sus entradas, el punto de arranque para despertar una curiosidad casi "artesanal" en torno de aspectos sociales, económicos, materiales y, en definitiva, históricos, de la Antigüedad. Sobre la contribución de las inscripciones a nuestro conocimiento de la Historia de la Antigüedad es lectura inexcusable, además de la enlazada en el cuerpo del post, la publicada por Juan Manuel Abascal en Antigüedad y Cristianismo, 12, 1995. Sobre el éxito de la literacy epigráfica y del hábito epigráfico, resulta inexcusable el capítulo "The Epigraphic habit in the Roman World", que Francisco Beltrán Lloris firma en el manual de Epigrafía Romana de Oxford. [I.] Sobre las cupae, además del volumen de la Serie de Monografías Los Bañales que ya fue citado resulta esencial actualizarlo con las diversas contribuciones del libro Cupae: riletture e novitá (Faenza, 2018) donde, precisamente, se aborda, a partir de hallazgos posteriores a 2009, el asunto de las llamadas cupae structiles, con toda la bibliografía. El volumen incluye, de hecho, una contribución nuestra, de temática hispana, que actualiza el catálogo de hallazgos del libro Las cupae hispanas: origen, difusión, uso, tipología (Uncastillo, 2012). Para la inserción de la necrópolis Hispalense de la que proceden los hallazgos en la topografía urbana de la colonia Romula, puede verse el trabajo de Daniel González Acuña Forma urbis Hispalensis (Sevilla, 2011). Por último, a propósito del adjetivo rarissima para referirse a una fémina, debe verse el trabajo de Laura Díaz en Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 32, 2024. [II.] Con las actualizaciones pertinentes -que pueden obtenerse en el sensacional opúsculo de Manuel Salinas sobre la etnografía de la Hispania prelatina- es de justicia remitir a los trabajos de José Mª Solana sobre la Autrigonia prerromana y romana, clásicos pero que recogen las fuentes disponibles sobre esta etnia histórica peninsular. [II.] Los datos prosopográficos y, también, topográficos y arqueológicos proporcionados por el estudio de las fistulae plumbeae aquariae de Roma pueden verse en el clásico de Christer Bruun The water supply of ancient Rome (Helsinki, 1991) y en su artículo en Arctos, 46, 2012. 

LONGARVM REGINA VIARVM


[Sobre estas líneas, vista general de la vía, en el inicio del recorrido desde la Villa dei Quintili; monumento de los Rabirii -CIL VI, 2246- y dintel arquitectónico de la tumba, perdida, del liberto T. Fidiclanius Apella -CIL VI, 17921-]

Seguramente, quienes, de niños, hemos forjado parte de nuestro imaginario -real o no- sobre el mundo romano a través del "peplum", del "cine de Romanos", tenemos en nuestra mente dos imágenes especialmente icónicas de dos episodios históricos y, en parte, también legendarios de la antigua Roma, de la República romana uno, de la época julio-claudia, y por tanto imperial, el otro. Los dos tienen un escenario topográfico, netamente romano, común, la más romana de todas las vías romanas, la vía Appia. El primero, la crucifixión de los insurrectos de Espartaco decretada por Pompeyo en el año 71 a. C. al sofocarse la célebre revuelta, que recogía el Espartaco de Stanley Kubrick (1960, película sobre la que hablamos hace algunos años en otro post de Oppida Imperii Romani) y que, según parece, tuvo lugar a ambos márgenes de esa calzada que, además, constituía la arteria que ponía en relación el Latium con la Campania y que, por tanto, conducía al espacio de las grandes explotaciones fundiarias, y esclavistas, de la aristocracia romana. El segundo, la emotiva escena final de la película Quo Vadis?, de Mervyn Le Roy (1951) en la que se recrea el inspirado momento de la alocución de San Pedro en el año 67 d. C. -y recogida en los Hechos de Pedro (35), un apócrifo del siglo II d. C.- que llevó a Pedro a volver a Roma y encontrar el martirio en el marco de la persecución de Nerón. En estos días, además, esa vía -quizás la más icónica de las vías romanas (quizás la obra más reciente sobre ella sea el catálogo de MAMMUCARI, R. (cur.), Regina uiarum... Appia uia, camino solare, Roma, 2017)- ha vuelto a estar de próxima actualidad al ser destacada protagonista de un nuevo teaser -en realidad la intro- de la serie audiovisual derivada del proyecto de Europa Creativa Valete uos uiatores, del que hemos hablado en otras ocasiones en este blog y, también, de uno de los avances del videojuego que generará dicho proyecto, y que va tomando forma cada semana que pasa.

De esa emblemática vía romana podemos aprender mucho a través de la documentadísima voz "Vía Appia" en SMITH, W., Dictionary of Greek and Roman Geography, Londres, 1870 (ver aquí) y de la atención que le prestan PLATNER, S. B., y ASHBY, Th., A topographical dictionary of ancient Rome, Cambridge, 1931 (ver aquí en la versión que ofrece la Perseus Digital Library y aquí en un escaneado de las páginas 559-560 originales), obras ambas que tienen el mérito de trazar su Historia y recoger sus muchas singularidades. Gracias a los autores romanos sabemos que fue construida en la censura de Apio Claudio no sólo porque lleva su nombre sino porque así lo narra Tito Livio (9, 29) cuando, en su crónica del año 312 a. C., dice de él que su nombre fue de los más felizmente recordados ad posteros, "por sus sucesores", quod uiam muniuit, "porque construyó la vía". Sin afán de exhaustividad, las fuentes, que gracias a Diodoro de Sicilia (20, 36), nos informan de que, a lo largo de más de 100 estadios -unas 115 millas, 185 kilómetros- esta calzada enlazaba Roma y Capua; también nos cuentan que ése era el camino que Cicerón recomendaba a su amigo Ático que siguiera para acudir celeriter -"rápidamente"- a Brundisium (Cic. Att. 8, 11C); en las Siluae, Estacio la proclamó como longarum regina viarium (Stat. Silu. 2, 2, v. 12), "reina de todas las largas calzadas" al describir la uilla Sorrentina de Pollius Felix; y, en su elogio de la uia Domitiana (Silu. 4, 3) rememoró algunos detalles de la singular técnica constructiva de la Appia: establecer las trincheras laterales (incohere sulcos), tallar los costados del firme para delimitar su anchura y establecer las cunetas (rescindere limites), remover la tierra (cauare terras) para garantizar su asiento, rellenar ese espacio con zahorra y gravas cada vez más finas (replere fossas) que debían hacer de base para las rocas del pavimento (pressis saxis) luego igualadas por bloques (alligare gomphis) y, finalmente, ligar ese pavimento con gravas, tufo y arcillas (saxa ligant; cocto puluere sordidoque tofo) obra que, como él afirmaba, exigía del trabajo de "abundante mano de obra", quantae manus (ver elocuentes sección y diagrama a partir de una vía hispana aquí). En esa misma época, Marcial, el célebre poeta de Bilbilis, cuenta a la vía Appia, "la más celebrada de las vías de Italia" -Ausoniae maxima fama uiae- las hazañas del emperador Domiciano (Mart. 9, 101) (sobre esa técnica constructiva que tan detalladamente explica Estacio volvemos en este blog a recomendar el volumen de MORENO, I., Vías romanas: ingeniería y técnica constructiva, Madrid, 2004, en parte disponible en red, y cualquiera de las conferencias que, sobre vías, tiene el autor en su Canal de YouTube). También las fuentes epigráficas son generosas en alusiones a la Appia documentando la existencia de curatores uiae Appiae (AE 1956, 167 de Betria o AE 2006, 1773 en Dougga, en la Proconsularis) y aludiendo a labores de munitio y stratio ("reparación" y "nivelación", acordes al proceso antes descrito de acuerdo con el poeta Papinio Estacio) en varios miliarios que también citan, a partir del siglo II d. C., actuaciones de restauración y adecentamiento longa uetustate, "por su dilatada edad", de esta arteria de comunicaciones itálica (ver catálogo de éstos en CAMPEDELLI, C., L'amministrazione municipale delle strade romane in Italia, Bonn, 2014). Existen también algunas inscripciones funerarias -como CIL XI, 3715- u honoríficas -como CIL VI, 10231-1- donde se la cita, respectivamente, como referencia topográfica a propósito de la ubicación de un monumento funerario y como lugar de situación una propiedad colegial.

Sin embargo, pese a que el lugar está muy promocionado en la página oficial de Turismo de Roma -que recoge, de hecho, todos los monumentos que pueden visitarse en su entorno- y a pesar de que existen centros de recepción de visitantes en los tramos inmediatamente próximos a la ciudad (ver sugerencias aquí) nuestra experiencia en Roma -la última con motivo de los trabajos del proyecto Valete uos uiatores, de Europa Creativa- nos dice que es uno de los espacios arqueológicos menos accesibles para el turista que se acerca a la Città Eterna. Ir en Roma hasta  la iglesia del Domine, quo uadis? o el Mausoleo de Cecilia Metella, por ejemplo -desde las Termas de Caracalla o desde el Circo Máximo (note el lector que cada uno de estos monumentos ha sido aquí citado con enlace a páginas distintas con utilísima información turística y arqueoturística sobre Roma que no deben obviarse) no garantiza tener el panorama que todos, desde niños, hemos forjado de esa singular vía, madre de todas las calzadas romanas y tampoco el que más relación guarda con la dimensión epigráfica de las vías romanas que, lógicamente, interesa especialmente al autor de este blog (véase al respecto, por ejemplo, el sensacional libro de KOLB, A., Tod in Rom: Grabsinschriften als Spiegel römischen Lebens, Bonn, 2008 o, en castellano, algunos capítulos de ALVAR, A. (dir.), Siste uiator! La epigrafía en la antigua Roma, Alcalá de Henares, 2019). Aunque ese trayecto entre el centro de la Roma antigua y la iglesia del Domine, quo uadis? puede suponer, en autocar, unos 20 minutos, desde dicho lugar quedan, todavía, casi 50 minutos de camino -algo menos, otros 20 o 25 minutos si se viaja en autobús urbano o en coche- hasta la zona más monumental del Parco Archeologico dell'Appia Antica. que es la que aquí recomendamos recorrer y que reproduce la esencia misma de las grabenstrassen romanas, las vías funerarias. Para llegar a ella -como se recuerda en una poco conocida publicación sobre el lugar que justifica este post (PARIS, R., y FRONTONI, R., Via Appia, villa dei Quintili, Santa María Nova, Milán, 2019)- lo mejor es dirigirse, precisamente, a la Villa dei Quintili y, tras visitar un espectacular complejo residencial de una importante familia del ordo senatorius romano, acceder, directamente, a la zona más impactante de la vía Appia (como indica la sección específica de esta uilla en la homepage del Parco Archeologico dell'Appia Antica, el autobús 664 lleva al lugar desde varias paradas en el centro de Roma; otras alternativas en este reportaje de elDiario.es). 

Así, aunque el paseo hasta, por ejemplo, las Catacumbas de San Calixto, es de algo menos de dos horas, realizarlo a pie -y, si es posible, al atardecer- resulta uno de los más recomendables itinerarios que pueden hacerse visitando la Roma antigua. Mientras uno anda pisando una vía con tanta Historia ve constantemente, a sus lados, los restos orgullosos de centenares de monumentos funerarios volcados a la vía y que competían, de hecho, como se puede ver fácilmente, por disponer de esa visibilidad que garantizaba la celebritas, el "recuerdo fúnebre", de los finados que habían encargado erigir los monumentos en cuestión, una celebritas que, como recuerda la propia práctica epigráfica, nacía de conseguir que los nombres de los tituli fueran leídos, y, por tanto, pronunciados, por los propios viandantes a los que, de hecho, como sabemos, los propios monumentos interpelaban con la fórmula uale uiator -"hasta luego, caminante"- u otras (se remite, al respecto al post inicial de este blog, del ya lejano 2008). De ese modo, ese ejercicio se convierte casi en un repaso a los principios de la auto-representación, ese comportamiento que define, de modo nítido, la humanissima ambitio -como la llamaba Plinio el Viejo (Nat. 34, 17)- que caracterizó la revolución epigráfica de griegos y, en particular, de romanos: disponer de inscripciones propuestas al gran público que glosaran con exactitud los rasgos del personaje que las había encargado o al que se rendía homenaje en ellas (sobre ese hábito, además de las entradas que se han ido recogiendo en los posts con la etiqueta Epigraphica de este blog, pueden ser útiles los trabajos de ALFÖLDY, G., "La cultura epigráfica de la Hispania Romana: inscripciones, auto-representación y orden social", en Hispania: el legado de Roma. En el año de Trajano, Zaragoza, 1998, pp. 289-301 -pero cualquier otro de los trabajos suyos que fueron valorados en el homenaje que, en forma de post, le rendimos en Oppida Imperii Romani días después de su fallecimiento- y el de BELTRÁN LLORIS, F., "The epigraphic habit in the Roman World", en The Oxford Handbook on Roman Epigraphy, Oxford, 2015, pp. 131-148, y otros recogidos, precisamente, en el post en que reseñábamos el volumen que acoge este trabajo).

Así, viendo monumentos de todo tipo, en forma de edícula, de casa, de torre, de obelisco...; comprobando cómo algunos pequeños cipos -que cumplían la función de la denominada indicatio pedaturae, "delimitación de la extensión"- preservaban la visibilidad de una inscripción frente a otras que pudieran añadirse delante más tarde restando visibilidad a la más antigua; repasando de qué modo la mampostería o el ladrillo del armazón arquitectónico se recubría en muchos con lujoso mármol; atestiguando la potentia arquitectónica que debieron tener acotados funerarios de los que hoy apenas queda su dintel arquitectónico o su inscripción; y comprobando la convivencia de grandes monumentos arquitectónicos con sencillos sarcófagos o cupae, uno recuerda la broma que Petronio hacía en el Satiricón a propósito del testamento de Trimalción testamento que, precisamente (71) solicitaba que se le construyera un monumentum con hasta cien pies de espacio reservado hasta la vía pública (in fronte pedes centum), con la advertencia de que éste no pasases a los herederos y, además, con un reloj solar en el centro, un horologium, para que, nomen meum legant, "lean a la fuerza mi nombre cuando miren la hora". Algunos monumentos, de hecho, con sus relieves decorativos con retratos funerarios y representaciones familiares recuerdan también a la decoración que, en la casa del propio Trimalción, Petronio nos cuenta que contaba, cum inscriptione, es decir "con letreros explicativos" (29) la biografía del personaje proponiéndola como ejemplo de promoción social. La generosísima acumulación de tituli, de inscripciones, permite, además, entender de qué modo la auto-representación fúnebre dio paso, con notable densidad ya en época del emperador Claudio (Cass. Dio 60, 25, 2-3), a la superpoblación de honras y de estatuas en memoria de hombres distinguidos no sólo en las áreas cementeriales sino, incluso, en las plazas públicas que, también, es valorada por Plinio el Joven en sus cartas a Trajano (Ep. 1, 17) y a la que, precisamente, como in omnium municipiorum foris statuae ornamentum, se refería el pasaje de Plinio el Viejo arriba citado. Contemplando, además, cómo han llegado a nosotros, prácticamente in situ, muchos de los tituli sepulchrales que jalonaban la Appia no es difícil imaginar con qué piedad -parecida a la que describe Sidonio Apolinar en una de sus Cartas (3, 12, 4-5, con traducción en la diapositiva 26 de esta conferencia nuestra de hace algunos años)- los familiares de los difuntos cuidarían estos sepulcros durante varias generaciones. Se trata, por tanto, de un escenario en que interactuar con difuntos -personajes históricos como nosotros, muchos de ellos prácticamente anónimos, otros más célebres- a los que, en cierta medida, cuando releemos sus nombres -cumpliendo el propósito de la célebre fórmula epigráfica praeteriens dicas (CIL VI, 12951, por ejemplo, de la propia vía Appia) o quicumque legis titulum (CIL VI, 5302, también de esta vía)- traemos de nuevo a la vida y propiciamos que, de verdad, la tierra les sea leve (como guía introductoria a este sensacional lapidario al aire libre compuesto de tituli funebres, puede leerse ANDREU, J., "La epigrafía funeraria", en Fundamentos de Epigrafía Latina, Madrid, 2009, pp. 321-364 o BALBÍN, R., "El culto a los antepasados: la epigrafía funeraria", en ALVAR, A. (dir.), Siste uiator! La epigrafía en la Antigua Roma, Alcalá de Henares, 2019, pp. 95-100).

Imprescindible, pues, en tu próxima visita a la Vrbs si quieres vivir una experiencia única de confronto con el mundo antiguo y con su particular capacidad evocadora. 



VALETE VIATORES

Quienes son asiduos lectores de este blog y siguen sus posts bien por estar suscritos a ellos bien por la difusión que alcanzan cuando son compartidos en nuestros perfiles sociales -y, también, en los de tantos lectores que se animan  a difundirlos-, recordarán que un post de Oppida Imperii Romani del pasado mes de mayo fue compuesto en torno a la preparación del proyecto "Valete uos uiatores: travelling through Latin inscriptions across the Roman Empire" que fue entonces presentado por la Universidad de Navarra a la convocatoria de ayudas europeas a proyectos de investigación vinculados a la cultura y a la creación audiovisual, los proyectos de Europa Creativa, de la Unión Europea (sección "Tender puentes entre contenidos culturales y audiovisuales a través de la tecnología digital") proyecto que ha resultado seleccionado tal como, en otro post del mes de noviembre, dábamos cuenta en primicia. De casi un centenar de proyectos presentados a la convocatoria sólo han sido seleccionados quince y, de ellos, sólo dos liderados por instituciones españolas.   

En estas últimas semanas, cuando apenas hemos echado a andar el proyecto -que tendrá su primera reunión de coordinación, en línea, a mediados del mes de febrero- hemos verificado con notable agrado y sorpresa que la idea del mismo ha tenido una sensacional repercusión mediática que, incluso, ha superado nuestras expectativas y que ha puesto de manifiesto que hay espacio informativo para iniciativas innovadoras como, nos parece -y así lo ha considerado también el comité de selección que ha juzgado los proyectos presentados a la convocatoria- es ésta incluso cuando se trata de proyectos que actúan sobre el patrimonio arqueológico y sobre algo tan aparentemente distante de nuestro tiempo como son las inscripciones romanas. Así la noticia de la concesión fue compartida en las redes sociales de la propia Europa Creativa poco antes de la Navidad y, ya en este mes de enero, la nota elaborada por la Universidad de Navarra, que lidera el proyecto, ha sido profusamente compartida tanto en el perfil de la Universidad de Navarra como en el de la Facultad de Filosofía y Letras. A partir de ella se han hecho eco de la misma desde las redes sociales de algunas de las instituciones socias del proyecto (véase el perfil 2.0 de La Sapienza Università di Roma, con enlace a breve noticia, por ejemplo) hasta la prensa que la ha cubierto en estas últimas semanas de modo extraordinario, como han hecho, por ejemplo Diario de Navarra, Diario de Noticias -con el reportaje que cierra este post- El Periódico de Aragón y Heraldo de Aragón y, después, numerosos medios digitales tanto generalistas (Europa Press, 20Minutos, Noticiasde, Navarra.com o Gentedigital) como especializados (3dPrintingDesign).

El corazón del proyecto es claro y se refleja con nitidez en su título: se trata de articular un viaje por el Imperio Romano, desde su extremo occidental -la ciudad romana de la ciuitas Igaeditanorum, en Idanha-a-Velha, en el corazón del territorio actualmente portugués- hasta Roma pasando por ciudades de otras dos provincias más del Imperio -además de las regiones Italiae y Lusitania-, a saber, Hispania Citerior y Aquitania. Un viaje, además, con las inscripciones romanas y el paisaje epigráfico que éstas articularon como verdaderas protagonistas. Desde esa comunidad de la ciuitas Igaeditanorum pasando por Los Bañales de Uncastillo, Santa Criz de Eslava, Burdigala y Roma el viaje, en formatos diversos de carácter digital, virtual y audiovisual, pretende poner de relieve el carácter globalizador de la lengua latina en época romana, la función que en esa común alfabetización desempeñaron los textos grabados sobre soporte duro, las inscripciones, y, también, a través de éstas evidenciar cómo, pese a la unificación cultural que el medio epigráfico supuso, éste también dio cobertura, y visibilidad -entonces y ahora-, a rasgos vernáculos, locales, que hicieron de las tierras del Mediterráneo un crisol de culturas unificadas por la mano rectora de Roma. La idea, nos parece, esconde muchos de los que constituyen valores fundamentales de la denominada "construcción europea" que, además, con el Latín y una de sus más sugerentes e impactantes materializaciones, las inscripciones, nos apetecía reivindicar con toda la fuerza y visibilidad que puede ofrecer hoy la cultura de la imagen.

Pese a que sabíamos -y sabemos- que no es un proyecto fácil, creemos contar con dos elementos clave para que cualquier proyecto funcione: experiencia y conocimiento. Experiencia porque parte de la esencia del mismo se ha empleado en los proyectos arqueológicos de Los Bañales y de Santa Criz de Eslava donde, de hecho, la investigación epigráfica y el recurso a las nuevas tecnologías han ido de la mano generando, además, abundante material para la difusión (para consultar bibliografía en este sentido se recomienda visitar el reciente post "E-Pigraphia (y III)" de este blog donde recogimos algunos títulos). Y conocimiento porque los socios académicos del proyecto son de altísimo nivel no sólo en términos institucionales -la Universidade de Coimbra, en Portugal, la Université Montaigne de Bordeaux, en Francia, y La Sapienza Università di Roma, en Roma- sino, también, personales, científicos, participando en el proyecto como epigrafistas, además de quien firma estas líneas, Pedro C. Carvalho, Armando Redentor, Milagros Navarro, Antonella Ferraro y Silvia Orlandi que se cuentan entre los más prolíficos epigrafistas europeos expertos, además, en esos contactos centro-periferia que caracterizaron las relaciones culturales en época romana y que tanto se dejan ver, como decíamos, en las inscripciones romanas y en la peculiar cultura epigráfica de las distintas provincias del Imperio sobre las que ellos desarrollan su actividad investigadora. Se unen a dichos aliados científicos el Museo Nazionale Romano, que conserva uno de los grandes lapidarios del mundo romano -acaso el mayor de Europa y del que, de hecho, se está haciendo una excitante labor de difusión en sus redes sociales-, el Municipio de Idanha, en Portugal, que cuenta también con un respetable y sorprendente catálogo de inscripciones -al menos en comparación con el tamaño de la ciudad-, indirectamente, y de la mano de la Université de Bordeaux, el Musée d'Aquitanie y, finalmente, las aportaciones técnicas de la sociedad Trahelium, que nace de la colaboración entre el experto en virtualización de patrimonio Pablo Serrano y el gran genio de los efectos especiales 3D Iker Ibero, y de la empresa audiovisual Clau Creative Services que ha conseguido, con sus muchos documentales para muchos y variados clientes, emocionar a más de uno, también con sus singulares miradas al patrimonio arqueológico y a la investigación como tuvimos ocasión de comprobar en varios vídeos (pincha aquí y aquí para verlos) realizados en 2017 en Los Bañales al abrigo de un proyecto Fecyt, de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. 

Los outputs del proyecto están muy claros. Desde un punto de vista tangible, se procederá a la digitalización de un notable repertorio de inscripciones romanas de las ciudades escogidas a las que se espera dar un tratamiento semejante al empleado en los Museos Virtuales de Santa Criz de Eslava o de Los Bañales de Uncastillo o al que, de modo pionero y sensacional, ha venido llevando a cabo la Université de Bordeaux con las inscripciones de Aquitania y que pueden verse en la sensacional homepage del programa PETRAE - Programme d'Enregistrement, Traitment et Reconnaissance Automatique en Épigraphie. En segundo lugar, se grabarán cinco audiovisuales sobre Epigrafía Romana que, conducidos por un estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, ilustrarán ese viaje desde Lusitania a la capital del Imperio, Roma, poniendo el acento en cuestiones de actualidad en la investigación epigráfica (recurso a las nuevas tecnologías, gestión de bases de datos, Epigrafía 3D, etcétera...) pero, también, en aspectos religiosos, políticos, económicos, sociales y culturales que las peculiaridades de los distintos repertorios epigráficos de las ciudades objeto de análisis suscitan para no perder de vista el valor de las inscripciones como fuente histórica. El evergetismo de los benefactores de la ciuitas Igaeditanorum, la epigrafía pública forense a través del caso de Los Bañales, las inscripciones con retratos funerarios y los detalles de la vida municipal a través del repertorio burdigalense o el papel de los tituli sepulchrales y su evolución espiritual e ideológica a través del repertorio de la Vrbs son algunos de los temas que están ya en la mente del equipo de guionistas del proyecto y sobre los que se trabajará en los próximos meses. Por último, y de cara a fomentar la curiosidad propia del epigrafista -y, por tanto, del científico- entre el público más joven -con un target pensado para estudiantes de Bachillerato y de primeros años de Universidad- se programará un videojuego que, recreando los escenarios urbanos en que las inscripciones objeto de análisis obraron, dará a ese viaje a través del Imperio Romano y con las inscripciones como eje, un formato aun, si cabe, más innovador que busque hacer atractivo el legado epigráfico del mundo romano concebido como portador de valores propios del mundo clásico y de los que Europa nunca ha renegado. Además, en las acciones de trabajo de campo que, para la filmación de los audiovisuales y para la digitalización de las inscripciones, se llevarán a cabo éstas irán, en todo momento, acompañadas de talleres para estudiantes universitarios de las Universidades socias que permitirán formar a las nuevas generaciones en el futuro de la Epigrafía Latina, la ya tantas veces presentada en la etiqueta Epigraphica de este blog como Epigrafía Virtual. 

El proyecto, por tanto, orientado a traer a los medios de comunicación y difusión del siglo XXI los tituli que fueron los grandes mass-media de la época romana, buscará acercar el patrimonio epigráfico al gran público, conseguir que la sociedad entienda la posición material original de dichos documentos, familiarizar a éste con los retos de la moderna investigación epigráfica, dar vida a esos monumentos y, también, hacerlos visibles generando herramientas diversas que, después, las instituciones culturales socias del proyecto -y, con total seguridad, también otras- sabrán emplear y explotar para garantizar el acceso universal a monumentos que -parte importante del patrimonio arqueológico-, en ocasiones, dadas sus dimensiones o su estado de conservación, no pueden mostrarse al gran público pero que, sin embargo, gracias al proyecto se pondrán al alcance de la sociedad generando, como era objetivo básico y estratégico de la convocatoria, un puente entre los contenidos culturales y la creación audiovisual.

Aquí en Oppida Imperii Romani, en las redes sociales de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra y en la web del Laboratorio de Humanidades Digitales de dicho centro iremos dando avances antes de que, en junio de 2022, el proyecto esté culminado. Hasta la próxima actualización: ualete uos uiatores!

[Reportaje completo, abriendo las páginas de cultura de Diario de Noticias de Navarra, el 18 de enero de 2021, sobre el proyecto del que se da avance en este post]