POMPELONIS SOMNIVM

 


"Nunca me olvidaré del atardecer rojizo con el que empezó el sueño. Era el último día de octubre y estaba en Pompelo, justo en la época final de la República. Las colinas se elevaban escarlatas y doradas al norte; el sol poniente brillaba con un tono místico sobre los edificios de piedra y yeso crudos. A mi alrededor, las personas estaban inquietas: se agrupaban en las calles apenas pavimentadas y en el foro (...) Pompelo había pedido ayuda a Calagurris para hacer frente al peligro que acechaba desde las montañas. La gente estaba aterrada porque pronto comenzarían las ceremonias de la gente muy antigua: a lo largo del año, estas misteriosas personas habitaban en las colinas y hablaban un idioma incomprensible hasta para las personas vascas. Algunas veces se acercaban al pueblo a comerciar por medio de gestos. Pero en las noches antes de las Calendas de mayo y noviembre prendían hogueras que se extendían por las montañas, y sus aullidos aterrorizaban al pueblo; además, varias personas del pueblo desaparecían de repente, y ninguna de ellas había vuelto. Según los rumores, las personas nativas que vivían con sus ovejas en la montaña eran aliadas de la gente muy antigua: antes de medianoche de los Sabbats, sus cabañas estaban vacías. Por todo eso, la gente de Pompelo apenas se relacionaba con otras aldeas".

Si, como se ha pensado habitualmente -aunque también negado y discutido, buscando un momento algo más tardío e incluso poniendo en duda la identidad del personaje fundador- la alusión a la Pompeiópolis, "como si dijésemos la ciudad de Pompeyo", que hace el geógrafo griego Estrabón (Str. 3, 4, 10) se refiere al hecho de la fundación de Pamplona por parte del general Pompeyo el Grande en el año 75 a. C., este año, como señalaba hace no pocas fechas el alcalde del Ayuntamiento de Pamplona, la ciudad del Arga, que ha protagonizado ya más de una entrada en este blog, celebraría su 2.100 cumpleaños, que se dice pronto. Y lo haría, de hecho, en medio de una notable revitalización del que fuera su horizonte monumental -especialmente con la recuperación, en fechas recientes, de uno de los sensacionales elementos de su paisaje escultórico, en este caso en bronce- y, también, con publicaciones recientes tanto sobre el horizonte flavio como sobre el momento tardoantiguo que complementan una sugerente bibliografía principalmente debida a los ejemplares trabajos de Mª Ángeles Mezquíriz y, más recientemente, de María García-Barberena. Precisamente, una actualización sobre su conocimiento protagonizó una de las recientes entregas del ciclo de conferencias sobre ciudades de la Hispania Romana que desde hace varios años viene programando el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida el video de la cuál, de hecho, acumula un largo millar de visitantes. Hace algunos días resumíamos, de hecho, lo que sobre esa singular fundación homónima del general, y luego cónsul de la República romana, Pompeyo, sabemos a partir de las noticias de las fuentes literarias -al margen de Estrabón- y, también, lo que los tópicos han venido a asentar forzadamente en el imaginario colectivo local.

Precisamente, la noticia estraboniana, que es la única que, junto a un fragmentado texto de Salustio -que discutiera con fundamento hace algunos años Francisco Pina- permiten pensar en la, a nuestro juicio, indiscutible fundación de la ciudad por parte de Pompeyo, sitúa esta ciudad "hacia el interior de la Jacetania, en dirección al norte (donde) se encuentra el pueblo de los Vascones" vinculándola, por tanto, al territorio vascón algo que, ocasionalmente, ha sido empleado -como ya tuvimos ocasión de abordar en la primera entrega de la exitosa serie "Sorioneku" de nuestro blog- para atribuir a Pompelo una cierta capitalidad en el territorio vascón como si fuera por ello que Estrabón la individualiza en su descripción del norte peninsular -en realidad lo hace por su pasado en conexión con la República romana- y como si los Vascones fueran una suerte de estado capaz de articular algo semejante a una jerarquización urbana. Que estuvo en el territorio vascón es algo indiscutible no sólo desde el punto de vista geográfico sino, probablemente, también desde el punto de vista lingüístico formando parte de ese "dominio lingüístico", como lo caracterizó hace algún tiempo Javier Velaza, en el que se acumulan los testimonios de la ahora denominada "lengua vascónica" (lástima, por cierto, que este concepto de "dominios lingüísticos", tan útil, haya permanecido, totalmente ausente en el debate científico, social y cultural sobre la mano de Irulegui, como denunciábamos en "Sorioneku (y IX))". La necesidad que siente Estrabón de traducir el topónimo Pompelo al griego, Pompeiópolis, evidencia claramente que el elemento -ilu, "ciudad", era conocido en la zona y que ese elemento formó parte del nombre con el que se la conoció a partir del momento en que Pompeyo la estableció acaso como centro de sus operaciones en el norte peninsular, en el marco del tantas veces citado aquí -especialmente en los últimos dos años- bellum Sertorianum. El topónimo era híbrido y necesitaba de una descodificación para que lo entendiera el erudito público de Estrabón por más que ese carácter híbrido formante del mismo no demuestre que la antecesora de Pompelo se llamó Iruña, como tantas veces, sin fundamento en las fuentes romanas, se ha reiterado. El reciente hallazgo en el entorno -al este y al oeste- de dos inscripciones, paleohispánica una y latina la otra, en las que comparecen elementos de la lengua vascónica permite colocar en Pompelo -o acaso algo más al oeste, hacia Andelo- lo que hemos dado en llamar en una publicación reciente, pronto disponible, el "corazón del territorio vascón".

En los últimos años, a partir de un paradigma generado en los años 60, y tal como se resume en las páginas iniciales (pp. 25-36) de un muy recomendable libro de Paloma Martín-Esperanza, de la Universidad Autónoma de Madrid, y editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, está alcanzando un notable desarrollo en los estudios sobre Antigüedad la denominada Rezeptionsgeschichte (literalmente "historia de la recepción") como paradigma que busca caracterizar en qué medida, a través del tiempo, la Antigüedad ha sido "reconstruida, inventada, manipulada, recreada y, sobre todo aplicada" a distintos fines y usos que van desde los políticos a los identitarios, estéticos o sociológicos. Qué duda cabe que cuestiones como la de las etnias antiguas peninsulares, desde los inicios de la erudición clásica en Historia Antigua, durante el Antiguo Régimen, después durante el estado de las Autonomías en los años ochenta del siglo XX y, últimamente, con las reivindicaciones nacionalistas esencialistas ha sido objeto, siquiera inconsciente, de esa "recepción" cuya caracterización es siempre sugerente pues permite entender qué elementos de esa Antigüedad se consideran, en cada época, dignos de ser parte de la herencia que se asume socialmente como propia y que se traslada a las generaciones venideras configurando una suerte de legado artificial que dice mucho sobre lo que de cada hecho antiguo resulta sugerente para quien opera esa selección, esa recepción muchas veces sesgada, casi siempre interesada. A propósito de los Vascones, de hecho, ha publicado algunos trabajos preliminares sobre la cuestión nuestro alumno Javier Larequi quien desarrolla su Tesis de Doctorado, precisamente, en torno a esa cuestión.

Pues bien, para quienes conocen un poco a los antiguos Vascones el texto que abre estas páginas, incluso si nunca antes lo habían leído remite claramente a un escritor de los inicios del siglo XX que, sin haber tenido aparente contacto directo con el territorio vascón, es autor de uno de los pasajes más singulares de la recepción del asunto vascónico en la literatura y en las artes, un asunto que, desde luego, está por explorar y que tiene en este texto, y en su autor, un hito fundamental, casi fundacional. Nos referimos a Howard Phillips Lovecraft y a su The very old folk ("Gente muy antigua", como suele traducirse), en realidad una carta que este escritor americano escribió en noviembre de 1927 y dirigida a otro maestro de la literatura de ficción y terror, también estadounidense, Donald Albert Wandrei. Un tercer autor de este género, Frank Belknap Long Jr., también americano, acabó publicando la carta, con permiso de su autor y una vez muerto aquél, en su novela The Horror from the Hills, que vio la luz casi cuarenta años más tarde, en 1963. En dicha carta, Lovecraft, que jamás había viajado a la península ibérica, cuenta un sueño que tuvo -"el sueño más real en años", "vívido y aterrador" como lo califica al final y al comienzo de la misma- en los días previos a escribir su carta. En él visualizó una historia relativa a una cohorte romana que ha de intervenir en las montañas al norte de Pompelo, "justo en la época final de la República" romana y que ha de hacerlo porque "en las noches antes de las calendas de mayo y de noviembre" una serie de personajes que vivían en dichas estribaciones, y a los que, precisamente, califica de "gente muy antigua" o de "misteriosas personas que habitaban en las colinas y hablaban un idioma incomprensible hasta para las personas vascas", "prendían hogueras que se extendían por las montañas, y sus aullidos aterrorizaban al pueblo; además, varias personas del pueblo desaparecían de repente y ninguna de ellas había vuelto", seguramente porque bien esa "gente muy antigua" o "las personas nativas que vivían con sus ovejas en las montañas" y que eran "aliadas de la gente muy antigua" bajaban a la ciudad en las fechas indicadas y capturaban a población de Pompelo para sus rituales sacrificiales. El texto presenta, además, de una forma clara y sorprendentemente real, cómo, ante un acontecimiento así la administración romana tenía la "responsabilidad" de "velar por la seguridad y prosperidad de Pompelo, donde habitaban personas de sangre romana (...)", pero, también, unos Vascones con los que "los enfrentamientos eran inevitables debido a la naturaleza bárbara e impredecible" de éstos a pesar de que "en el pasado no habían sido rivales peligrosos" de las legiones romanas. Esa actuación de la administración romana de garantizar la protección de los Pompelonenses se presenta en el sueño de Lovecraft como una ocasión para "hacer frente a los ritos" de estas gentes de lengua extraña, y, casi como los Vascones de Estrabón, con modos de vida montañeses. Sin hacer spoiler del final del relato, lo cierto es que en él se destila esa oposición Romanidad-barbarie, globalización-tradiciones vernáculas, civilización-oscuridad que también resultó un motor fundamental en la historiografía grecorromana y, en particular, para el territorio que nos ocupa, como antes hemos visto, en Estrabón. Ideas como la de una ciudad fundada por Roma en un territorio montañés, y por tanto bárbaro en la cosmovisión grecorromana, y la de unos Vascones dados a las artes adivinatorias y a los rituales salvajes y mágicos -casi como esa bruta gentilitas "de otro tiempo" que citaba el poeta Calagurritano Prudencio en su Peristhepanon (I, 94)- subyacen de forma nítida en esta singular visión onírica de Lovecraft.-

Pablo Ozcáriz, de la Universidad Rey Juan Carlos y buen conocedor del asunto vascónico, desde el ya citado enfoque de la recepción de la Antigüedad publicó en 2019 (Ágora: estudos clássicos em debate, 21) y, muy recientemente, en el libro Recepciones de la antigüedad vascona y aquitana (Vitoria, 2022) del que hablamos no hace mucho en este blog, dos completísimos estudios en los que se interrogaba sobre cuáles pudieron ser las lecturas y conocimientos que, presentes en el subconsciente de Lovecraft, nutrieron ese singular sueño de la noche de difuntos del año 1927 sueño que, de hecho -tal vez lo más sorprendente- articulaba una relación entre Pompelo y Calagurris que, además, sabemos que, existió realmente como prueba una de las tablas de Arre (CIL II, 2959, véase sobre ella el estudio de Borja Díaz y Alejandra Guzmán en nuestro libro Los Vascones de las fuentes antiguas, publicado en 2009) y como, precisamente, estudió Pablo Ozcáriz en el primer volumen sobre Navarra antigua de los que hemos venido coordinando desde 2006.

Precisamente, por la fascinación que los visos de verosimilitud histórica han despertado entre los seguidores de Lovecraft y, también, porque el relato es bastante sugerente para potenciar los elementos ancestrales de la mitología vasco-navarra (si bien ha de tenerse en cuenta que, en realidad, el término en inglés que empleó Lovecraft en la versión original de su carta siempre fue "the Vascones", no "las personas vascas", como se ha traducido recientemente), en el último trimestre de 2024, la editorial Draco Somnium se ha atrevido con una muy sugerente revisión del texto de Lovecraft que, además, se ha financiado con una sensacional y exitosa campaña de micromecenazgo a través de la plataforma Verkami que ha superado, de hecho, las expectativas de sus promotores y que, precisamente, ha traído al debate público -por el eco en prensa, especialmente en Diario de Navarra, aunque no sólo, del proyecto- uno de los -como hemos dicho- más singulares casos de recepción de los Vascones antiguos de cuantos se conocen y que, como se ha dicho, quienes estábamos familiarizados con la cuestión, ya conocíamos gracias a los trabajos de Pablo Ozcáriz. Con el claro deseo de, además, acercar el relato a un público amplio que, por supuesto, incluyera a los seguidores de Lovecraft -que, ciertamente, son legión en el mundo de la literatura de terror y onírica- pero que llegase también a un público juvenil, la responsable de la edición, la psicóloga y pedagoga Oihane Amantegui, pensó en ofrecer el relato de Lovecraft traducido e ilustrado pero cruzado con las peripecias, igualmente aterradoras y llenas de suspense, de Lur Irigoein, excursionista que se adentra en la selva del Irati -imaginada como escenario de esas "colinas (que) se elevaban escarlatas y doradas al norte (de Pompelo)"- y acampa en ella, en concreto en el refugio de Azpegi, para revisitar el escenario en que se movía esa "gente muy antigua" . De ese modo se consigue compaginar, en la edición, tres géneros: el propio relato de Lovecraft, el diario -en cuatro días, el último bruscamente interrumpido, como el sueño de Lovecraft- de Lur y las anotaciones que ésta hace al texto de Lovecraft que sirven a los editores para, en primer lugar, ilustrar el contenido de la carta, y, en segundo término para intercalar notas y comentarios que no sólo explican el sueño del escritor estadounidense sino que, además, aportan información histórica y territorial sobre Pompelo, Calagurris y los Vascones en los últimos años de la República romana, hacia el 40 a. C., cierto que interpretados, en cualquier caso, en toda la edición aquéllos, interesadamente, como "vascos". 




En el deseo de sus editores de que uno de los escenarios del relato, la Pompelo de finales de la República y, en particular, su foro, tuviera una ilustración -como todas las del opúsculo, a cargo de Unai González Martínez- nos contactaron para ello. En ese foro trataron de representar la hibridación cultural de la ciudad que expone el sueño de Lovecraft -no en vano se habla de que "algunas veces (la gente muy antigua) se acercaban al pueblo a comerciar por medio de gestos" pero que en la ciudad habitaban "gentes de sangre romana", como hemos visto, ciudad a la que habría llegado "un cuestor provincial llamado L. Caelius Rufus" (que es el personaje que Lovecraft soñó ser) que "acababa de llegar de Calagurris acompañado por la quinta cohorte de la legión XII, el tribuno militar Sexs. Asellius y el legado Cn. Balbutius" para reunirse con "el proconsul P. Scribonius Libo", ambiente que, a nuestro juicio, recoge muy bien la ilustración que, del citado foro Pompelonense, aparece en el libro y que, también, como recompensa para los mecenas, ha alcanzado una notable difusión en el formato que sigue a estas líneas. Conscientes como somos de que el gran despegue urbanístico de Pompelo, y en particular de su foro como han estudiado con acierto Luis Romero y la ya citada María García-Barberena, no llegaría hasta época de Augusto y, en concreto, con la dignificación que siguió a la promoción estatutaria de la ciudad en época flavia y sugestionados por el hecho de que, si Pompeyo fundó la ciudad, habría un espacio forense siquiera incipiente a la manera de los que se conocen para enclaves de potente pasado republicano en el valle del Ebro como, por ejemplo, La Cabañeta de El Burgo de Ebro (Zaragoza), recomendamos su representación como una plaza en la que se hibridasen las funciones comerciales, las administrativas y las religiosas pero que todavía no hubiera adquirido, como sí lo harían, en general, los foros a partir de Augusto, el carácter de espacio de representación de la elite local. Se trataba, por tanto, de un foro todavía desprovisto de estatuas y, también, con una arquitectura que combinara madera y piedra previa a la gran marmorización de los espacios públicos romanos propia ya del Principado. En parte, es evidente, y así ha de juzgarlo el lector, que se trata de una representación ideal, sin apenas base arqueológica, pero refrendada en la estructura que, sabemos, debían tener este tipo de conjuntos en los finales de la República cierto que con algunos guiños -como los arcos que permitían el acceso a la plaza- a la estructura del foro de Augusto construido unas décadas más tarde en Roma y que se convertiría en exemplum de muchos foros locales y provinciales de Occidente.


Como ya se ha dicho, 1.800 años después de que los relatos de la Geografía de Estrabón triunfasen por su capacidad de confrontar la globalización de Roma con las tradiciones vernáculas, esta edición del The very old folk -presentada como El sueño de H. P. Lovecraft- explota al máximo esa exitosa fórmula, sin duda, tan propia de la literatura antigua, en particular de la griega pero, como vimos a propósito de Tácito y de los Germanos, en este mismo blog, también de la romana. El diario de Lur Irigoien que se añade a la edición es el que permite a los editores identificar -prácticamente mixtificando- a los Vascones de Lovecraft con los vascos actuales -o, al menos, con los navarros euscaldunes- a partir del ardid geográfico -que la propia excursionista explica- de identificar las colinas al norte de la antigua Pompelo con la selva del Irati ("ese relato me trajo a la mente la selva del Irati: un tesoro oculto entre las montañas pirenaicas de Nafarroa, Zuberoa y Behe Nafarroa") para, de ese modo -y como se explica muy bien en este vídeo del canal de Mitología Ibérica- identificar a los protagonistas de los Sabbats que soñó Lovecraft -directamente definido por Lur como aquelarres- con "seres antiguos que vivían en el territorio vasco, gigantes ocultos" -muchos de ellos popularizados en la mitología vasca pero de los que no hay evidencia alguna en las fuentes antiguas que, desde una óptica epigráfica, sí nos han aportado información sobre la religiosidad, de carácter natural, de los antiguos Vascones- que se movían entre ovejas, dólmenes y frondosos bosques apenas con un único vestigio de Romanidad, la torre-trofeo de Urkulu, en Orbaiceta, que preside el bosque del Irati y que la propia excursionista visita en una de sus misteriosos jornadas. Sí resulta curioso que a la hora de elegir el aparato gráfico del diario de Lur se elijan, seguramente por el concurso en el proyecto de personal del Museo de Navarra, motivos iconográficos como las rosas hexapétalas o los pámpanos de vides que, como sabemos por los clásicos trabajos de Francisco Marco, más bien tienen que ver con el sustrato indoeuropeo de la epigrafía romana de Navarra que con el propiamente vascónico. Como no puede ser de otro modo, para salvar el rigor histórico y conocedores los editores de que -al margen de en la erudición visigótica- no hay noticias sobre esa supuesta barbarie vascónica -sobre eso hablamos, precisamente, este mismo mes en "Sorioneku (y X)"- se concluye afirmando que "sin embargo, me parece que el paso del tiempo ha transformado lo que realmente sucedió: no creo que la gente muy antigua fuera peligrosa ni que hiciera daño a ninguna persona sino que pretendió proteger el territorio vasco", en palabras anotadas en el diario de Lur. Identificación primero, exageración de la alteridad, después, esencialismo y, finalmente -y como prueba de ello también el sensacional glosario que cierra la edición- una reivindicación de la realidad histórica que, desde luego, resulta sugerente cuando se está hablando de un sueño. Pero, eso sí, del único sueño sobre Vascones y Romanos que ha merecido un lugar en la historia de la Literatura y, por tanto, en la recepción de estos en las artes.

El sueño de H. P. Lovecraft es, por tanto, como otros títulos de los que hemos hablado en la etiqueta "Volumina" de este blog -algunos de ellos (Cuando fuímos Vascones y Vasconum)- de hecho, alusivos a los antiguos vascones, un libro que cualquier amante de la Historia Antigua de Navarra debe tener en su biblioteca... Sin duda.


EPIGRAPHICA HIBERNA

 


[Mosaico de los meses del año, en El Djem, la antigua Thysdrus, en Túnez, África: AE 1965, 146]

El curso 2024-2025 abrió en Oppida Imperii Romani con una entrada de la etiqueta "Epigraphica" que, bajo el título "Epigraphica aestiua" recopilaba algunos de los, a nuestro juicio, más singulares hallazgos epigráficos del verano de 2024. Un año más, con la llegada del mes de enero, en el segundo cuatrimestre del 2º curso del Grado en Historia con Diploma en Arqueología que ofrecemos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, en Pamplona, comienzan las sesiones de la asignatura "Epigrafía e instituciones romanas" que se ofrece también como optativa para estudiantes de 3º y 4º curso de otros Grados de los que ofrece nuestra Facultad. 

Es tradicional que en la primera clase, dado que muchos de los estudiantes apenas sí han tenido contacto con la documentación de carácter epigráfico que constituye el objeto de estudio de la ciencia epigráfica se haga una reivindicación del valor de las inscripciones, y de su estudio, para la generación de conocimiento histórico bien remitiendo a trabajos nuestros ("¿Para qué sirve estudiar la Epigrafía Laltina", en ALVAR, J. (dir.), Siste uiator!: la epigrafía en la antigua Roma, Alcalá de Henares, 2019, pp. 27-34, un libro que, por cierto, acaba, dado su éxito, de ser reeditado) o a otros clásicos (ABASCAL, J. M., "Epigrafía latina e Historia Antigua", Antigüedad y Cristianismo, 12, 1995, pp. 437-447 o RAMÍREZ SÁNCHEZ, M., "Epigrafía y cultura escrita en la Antigüedad Clásica", Cultura escrita y Sociedad, 9, 2009, pp. 7-13) bien proyectando algún fragmento de la serie de vídeos del audiovisual del proyecto de Europa Creativa Valete uos uiatores, que tuvo su etiqueta específica en este blog y que sigue llamando la atención de docentes e investigadores en Epigrafía Romana. Seguramente, éste que aquí insertamos pueda ser uno de los más recomendables para cumplir dicho objetivo al que, seguramente, se enfrentarán cada año cierto que, cada vez, menos docentes, dada la penosa situación curricular de la Epigrafía Romana -no digamos nada de la griega- en los planes de estudio de la Universidad española (RAMÍREZ SÁNCHEZ, M., "Las ciencias de la Antigüedad en España en la encrucijada: retos y oportunidades de la sociedad digital", en Métodos y técnicas en ciencias de la Antigüedad: estudios sobre investigación y docencia, Vitoria, 2018, pp. 13-36 y, muy especialmente "La docencia universitaria de la Epigrafía y Numismática en los nuevos títulos de Grado en Historia", Documenta & Instrumenta, 11, 2013, pp. 171-191).

En esa primera clase, por tanto, hay tres objetivos claros. Que el alumno entienda la civilización romana como una civilización esencialmente epigráfica y en la que el texto escrito colonizaba, prácticamente, cualquier tipo de soporte y cualquier aspecto de la vida cotidiana de la Roma antigua. Que, además, comprenda en qué medida la Epigrafía Romana es, además, una ciencia viva que, constantemente, no sólo se está transformando sino que, además, está asumiendo el reto de estudiar nuevos documentos. Y, por último, que el estudiante, futuro historiador, se haga cargo de que esos documentos están contribuyendo a iluminar aspectos de la sociedad romana que, hasta ahora, desconocíamos. Al coincidir el inicio de la asignatura con el mes de enero, no es difícil traer a la palestra los regalos o strenae que, con sus correspondientes inscripciones, los romanos compartían con sus seres queridos en los Saturnalia que cerraban el año en el calendrio romano, un asunto sobre el que ya hablamos hace algún tiempo en este mismo espacio, en la visitadísima entrada "Annum nouum" en la que abordábamos el deseo de annum nouum faustum et felicem que se atestigua sobre distintos tipos de soportes -de eso que podríamos llamar tituli minores o epigraphica minora pero, en cualquier caso, interesantísimos- que, además, se han viralizado en redes sociales en los últimos años para felicitar el año en páginas vinculadas al patrimonio arqueológico o al mundo clásico.

  

No ha sido difícil, en los últimos años, mostrar ese carácter apasionante del estudio de las inscripciones poniendo ejemplos de tituli que, cada año, han cambiado nuestra percepción de aspectos importantes de la Historia de Roma o, sencillamente, nos han permitido matizar otros que ya conocíamos. Por ejemplo, hace unos años, en 2021, se viralizó justo en las fechas navideñas el hallazgo de un nuevo titulus scariphatus, una "inscripción esgrafiada", en un igualmente viralizado thermopolium de la regio V de Pompeia donde se insultaba como cacator y cinaedus ("marica y cagón") probablemente al tabernarius al que dedicamos una entrada específica en este blog. En la primavera de 2022, en Marchena, Sevilla, una nueva inscripción permitía la localización en dicho lugar de un nuevo municipio bético, como también contamos en la entrada "Municipes et incolae" al hilo, además, del sensacional impacto que tuvo en prensa la editio princeps de los citados tituli (AE 2021, 690). Lógicamente, 2022 fue también el año de la presentación en sociedad -aunque el hallazgo se había producido en 2021- de la mano de Irulegi que, desde entonces, se ha convertido no sólo en protagonista de una de las más leídas secciones de este blog -"Sorioneku" con sus, ya, diez entregas- sino, también, en el ejemplo más local para hablar del modo cómo las poblaciones vernáculas asumieron el hábito epigráfico netamente romano y desarrollaron, a su sombra, una particular cultura escrita y epigráfica. El pasado año, 2023, la editio princeps de una nueva inscripción recuperada en el entorno de la ciudad romana de Santa Criz de Eslava, en la que sigue trabajando la Universidad de Navarra, fue motivo, también, de atención pues no sólo había sido presentada en este blog ("Et sibi") sino que se había dado a conocer en una revista de extraordinario impacto (Veleia, 41, 2024), con notable rapidez y desde el momento de su hallazgo contábamos con su modelo 3D en el Museo Virtual de Santa Criz de Eslava. Con ella también desfilaron dos singulares inscripciones que se tornaron bastante mediáticas en el último trimestre del citado año y que, además, posicionaban al estudiante ante dos realidades alineadas con los objetivos arriba mencionados: se trataba de inscripciones sobre soportes no-monumentales y, por tanto, alejadas de lo que podríamos llamar la "Epigrafía pública" y, además, mostraban también de qué modo circularon por Roma los ecos de su intensa producción literaria. Nos referimos, y las reproducimos con fotografías, bajo estas líneas a una glans inscripta -un "glande inscrito", es decir, un proyectil de honda en plomo- procedente de Montilla, en la campiña cordobesa, y que, marcado con el texto CAES(AR) se ha relacionado con las batallas del bellum Hispaniense que, en tierras de la futura provincia Bética, enfrentó a César y a Pompeyo en la década de los 40 del siglo I a. C., y, también de Córdoba -en este caso de Hornachuelos- un fragmento de ánfora que contenía esgrafiados ante cocturam -es decir, antes de que la cerámica fuera cocida- una serie de versos de las Geórgicas del poeta latino Virgilio y dada a conocer en el Journal of Roman Archaeology, 36-1, 2023. Por tratarse de una inscripción sobre cerámica sirvió también para reflexionar, una vez más, sobre una de las piezas más singulares que ha aparecido sobre este soporte en Navarra en los últimos años, en la uilla de Piecordero, adscribible al municipium Cascantum (Cascante) y que, con una marca inequívoca L(ucii) Gratii, "(de la producción) de Lucio Grato", pese a lo que se ha dicho en medios, es imposible que pertenezca a una mujer asunto éste sobre el que ya hablamos en una entrada, reciente, sobre el mundo rural romano, de Oppida Imperii Romani a la que remitimos para toda la controversia.




En este curso 2024-2025 dos hallazgos recientes nos han servido de excusa en esa primera clase de cara a la consecución de los objetivos indicados más arriba y como pretexto para introducir a los estudiantes en el apasionante mundo de las letras escritas sobre soportes durables, la Epigrafía. Los dos, además, procedentes de un ámbito en el que la concentración militar permite pensar en un notable y sólido arraigo del hábito epigráfico pero que, por estar en la Germania Superior y en la Germania Inferior, respectivamente, por tanto en las frías tierras del entorno del Rhin, podríamos pensar, erróneamente, que fueron áreas de menor impacto de ese hecho escriturístico, de esa literacy, cómo ahora se la denomina. Los dos hallazgos, además, han venido desfilando sobrdamente por medios -sobre todo internacionales, pero también nacionales- en las últimas semanas del año que se nos ha marchado.

[1.] Cuenco de cerámica -seguramente una forma Ritt. 9 de sigillata gálica de los talleres de Montans- con inscripción esgrafiada. El grafito, en caracteres cursivas romanas propias de la scriptio más cotidiana y alejado, por tanto, de  las litterae quadratae, las "capitales cuadradas" de las inscripciones de carácter público, dice, claramente, FLAC que se ha restituido como FLAC(us) o FLAC(cus) aunque más verosímilmente, pues no es infrecuente que este tipo de inscripciones, indiquen propiedad, deberemos reconstruir FLAC(ci), en caso genitivo, es decir "(cuenco) propiedad de Flacco". El hallazgo se produjo a comienzos de diciembre en unas excavaciones arqueológicas en la plaza mayor de Heerlen, en Países Bajos, y sobre él ha informado el propio Ayuntamiento de la localidad y, en España se han hecho eco de él, entre otros medios, todos ellos digitales, La Brújula Verde, Esquire Okdiario, si bien es en digitales extranjeros -como Miami Herald o Euro Weeklynews- donde se ofrecen más detalles y fotografías sobre el hallazgo y su contexto. Pese a que no se trata de una pieza extraordinaria -textos esgrafiados sobre cerámica aparecen abundantemente en las excavaciones arqueológicas de muchos enclaves romanos- el hecho de que forme parte del ajuar de un enterramiento de incineración que ha podido ser excavado in situ y la presencia de militaria en el mismo ha llevado a concluir que, seguramente, el tal Flaccus -citado aquí por el cognomen- sería uno de los legionarios que se asentaría en el enclave de Coriouallum, que es así como se llamaba Heerlen en época romana, en los últimos años del siglo I a. C. La presencia militar en este lugar ya era conocida por la documentación epigráfica -lo que se ha obviado en la información facilitada por los medios- particularmente por la presencia de material metálico militar marcado con alusiones a centurias legionarias (AE 2018, 1182 y 1185) y por alusión a soldados de la legio V Alaudae (CIL XIII, 8711) que, sabemos, estuvo en la Germania Inferior a partir de la década de los años 20 del siglo I a. C. Como es sabido, la ofrenda de materiales cerámicos como ajuar funerario o como elemento marcador de la frecuentación de la tumba es habitual en necrópolis -así consta, por ejemplo, en la de Santa Criz de Eslava, que hemos revisado y publicado ordenadamente muy recientemente (Archivo Español de Arqueología, 97, 2024, con bibliografía actualizada sobre la cuestión)- y que las áreas cementeriales ofrezcan grafitos también es corriente (una actualización bibliográfica sobre alguno de los conjuntos recientemente estudiados en Ficheiro Epigráfico, 152, 2017, nº 609), sin embargo, y aunque nos falten elementos porque no han trascendido muchos datos sobre el contexto y la posición primaria de los materiales, vincular el nombre con que se marca uno de los recipientes al difunto puede resultar aventurado pues también podría tratarse, el recipiente, de uno de los ofrendados en los silicernia, los banquetes funerarios que seguían al sepelio en la ritualidad fúnebre romana.


[2.] Si el anterior documento epigráfico nos llevaba a tierras de la Germania Inferior, el otro hallazgo que nos parece puede completar esta crónica de "hallazgos epigráficos invernales" -que eso es lo que significa la expresión "Epigraphica hiberna" que da título a esta entrada- nos lleva a Bockenheim, en Frankfurt, la antigua Nida, por tanto, en la Germania Superior. El hallazgo -bautizado ya como la "Frankfurt silver inscription"- se ha viralizado notablemente en los medios digitales desde CNN Español al Diario AS o El Debate o ABC que han sido los últimos que le han prestado, hace apenas unos días, atención a, sobre todo, medios internacionales como The IndepentArchaeology Magazine, entre otros y procede, también, de un contexto funerario pues el objeto -de apenas 3,5 cm de ancho- que contenía la finísima plancha de plata enrollada en que obraba la inscripción, también en caracteres cursivas -al modo de las tablillas de maldición de las que ya hablamos aquí en otra ocasión- y bilingüe -con partes en Latín y partes en griego e, incluso, con elementos gráficos de la primera iconografía cristiana- formaba parte del ajuar funerario de una tumba excavada entre 2017 y 2018 en la Heilmannstrase. Así se explica, de hecho, en los abundantes vídeos que, en distintos canales y medios, han difundido el hallazgo. Insertamos más abajo el que ha elaborado el servicio de prensa de la Stadt Frankfurt.




Si el interés de la inscripción anterior estaba en que subrayaba de qué modo el hecho epigráfico, el hábito de la escritura, colonizó en época romana -y, seguramente, por la fecha que se ha aportado para el hallazgo, en los primeros años del gobierno del emperador Augusto- todos los ámbitos de la vida cotidiana, el de ésta reside en el soporte y, sobre todo, en el texto en sí mismo que, por otra parte, nos lleva hasta los años 250-270 d. C. atestiguando, por tanto, la duración del hábito epigráfico en este caso, además, transformando un género -el de las tablillas de execración- y una práctica -el de colocar praesfascinandae res, "objetos contra el mal de ojo"- paganas en un elemento de veneración y protección cristiana. 

 

Lo verdaderamente original, en las dieciocho líneas de texto conservado, es que -como se transcribe en la voz correspondiente al documento en la edición inglesa de la Wikipedia- alude, en primer lugar, a Cristo como Dei filius -"hijo de Dios"- invocando, de hecho, su nombre -in nomine Dei f(ilii), en la línea 3-; además, incluye la referencia griega, en línea 2, hagios, hagios, hagios que se traduciría luego en Latín por sanctus, sanctus, sanctus, y que forma parte del trisagio de alabanza trinitario, que no se había atestiguado, hasta la fecha, con anterioridad al siglo IV d. C. y que ahora sabemos que se utilizaba ya a mitad del siglo III d. C., en una época previa a la liberación de cultos y al Edicto de Milán; incluye, por otro lado una sugerente referencia -en líneas 4-6- a la necesidad de que toda la creación, omnes genua caelestes terrestres et inferi, "todos los seres del cielo, de la tierra del mundo infernal"- rindiera culto a Cristo; y, por último, hace alusiones -en línea 1- a la fórmula [in nomi]ne Sancti Titi -"en el nombre de san Tito"- que, verosímilmente, ha de ponerse en relación, como así se ha hecho, con el Tito discípulo de San Pablo, citado en la correspondencia del apóstol de los gentiles. 

En definitiva y aunque, como vimos en la entrada "Epigraphica aestiua", con la multiplicación de las excavaciones arqueológicas, el verano suele ser un tiempo propicio para los hallazgos epigráficos, sirvan estos dos que aquí hemos presentado, ambos acontecidos, además, en las postrimerías del año, y ambos en contextos arqueológicos urbanos, para demostrar -también con la información que nos facilitan, sobre la expansión militar el primero y sobre la difusión del cristianismo el segundo- hasta qué punto la ciencia epigráfica se está convirtiendo en una de las que está aportando información de mayor calidad para el conocimiento del mundo antiguo. Y es que, como hemos dicho en alguna ocasión, a partir del título de una conferencia que impartimos hace ya algunos años en la Universidad San Pablo CEU y que parafrasea un conocido pasaje evangélico, también en la investigación histórica, cuando las fuentes convencionales -literarias, filológicas- callan, hablan las "piedras", hablan, en este caso, las inscripciones.

SORIONEKU (y X)



[Varias viñetas alusivas a los Vascones y a su proceso de Romanización tomadas de COLECTIVO TIEMPO, Historia de Navarra, Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, Pamplona, 1980]

Si algo marcó, en la agenda académica de quien escribe este blog, el último trimestre del año que se nos ha ido, sin duda, lo ha sido la tantas veces denominada, también aquí, controversia vascónica. Quien sigue asiduamente Oppida Imperii Romani o, al menos, quien lo sigue desde noviembre de 2022, sabe que desde la presentación en sociedad, precisamente en esa fecha, de la mano de Irulegi, se ha desatado en Navarra una gran expectación social y mediática por los Vascones antiguos sobre la que, en sucesivas entradas -de las que ésta constituye la décima que, desde luego, no será la última- hemos ido opinando. Las hemos agrupado con la etiqueta Sorioneku en honor a la palabra que inicialmente se leyó en la primera línea de la citada mano. Sabido es, ahora, que debemos leer sorioneke, al estar en dativo ese primer elemento de la más mediática de todas las inscripciones paleohispánicas. 

Pues bien, en medio de ese contexto, hacía años que no se daba la circunstancia de que, prácticamente, en cada mes del último trimestre del año, fuésemos invitados por asociaciones y colectivos diferentes a hablar sobre la Antigüedad de Navarra o, directamente, sobre los Vascones lo que, sin duda, es buena prueba de esa revitalización experimentada por la cuestión en los últimos meses. Así, en septiembre, el Salón de Actos del Centro Cívico Lestonnac de Tudela se quedó pequeño para acoger al público que acudió a la charla "Vascones y Romanos en Navarra" organizada por la plataforma Sociedad Civil Navarra. Unas semanas más tarde, sucedió lo mismo en la sesión que sobre "Navarra prerromana y romana" organizó la Asociación de Jubilados "Entrevientos" de Barañáin que constituyó la primera de un sugerente curso sobre Historia de Navarra. Por último, dado el éxito de la charla tudelana, la propia plataforma Sociedad Civil Navarra decidió repetir la conferencia -cuyo contenido, dada la velocidad a la que se transforman los acontecimientos, no fue exactamente el mismo- en Pamplona. En esa ocasión se celebró en el Civivox de Iturrama y el éxito fue absolutamente abrumador reuniendo la conferencia, titulada "Vascones y Romanos en Navarra: del mito a la ciencia", a más de 200 personas y superando, por tanto, todas las expectativas, como hizo constar la propia asociación convocante y, también, recogió Diario de Navarra en los días inmediatamente posteriores a la charla apenas iniciado el mes de noviembre. El éxito de esta última aun se ha agrandado más si se tiene en cuenta que la grabación de la misma, disponible en el Canal de YouTube de Sociedad Civil Navarra, acumula más de 2.000 visualizaciones, algunas menos -también hace menos tiempo, lógicamente- que las cerca de 8.000 con que ya cuenta la charla que, sobre la mano de Irulegi, dictamos en el Civivox de Iturrama en enero de 2023 organizada, en este caso, por la Asociación Pompaelo.


Lógicamente, todas estas charlas han constituido una excelente ocasión para palpar en qué medida algunos tópicos, sobre los que ya hemos salido al paso aquí y en otros órganos en ocasiones recientes (véase, especialmente Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 21, 2013 y Recepciones de la Antigüedad vascona y aquitana, Vitoria, 2022, pp. 187-208), siguen vigentes -mucho nos tememos que, algunos de esos, además, van a hacerlo por mucho tiempo- y, también, para observar cómo otros se desmoronan o, cuando menos, se matizan, además de, lógicamente, constituir momentos privilegiados para apreciar cuál es el imaginario cultural colectivo respecto de la Navarra antigua y respecto de uno de sus antiguos pobladores: los Vascones. 

A este respecto, una anécdota vivida en la charla impartida en Barañáin puede resultar ilustrativa. Durante la misma, en que hicimos un repaso de nuestras fuentes de conocimiento de la Historia Antigua de Navarra -y que el lector de Oppida Imperii Romani encontrará en la correspondiente presentación, subida a nuestro perfil de SlideShare-, subrayamos varias ideas que, desde luego, forman parte de la communis opinio científica sobre la cuestión vascónica desde hace años, al menos desde la primera revitalización, más científica que social, del asunto entre los años 2006 y 2013, a saber: [1.] que no puede establecerse una relación estricta -tampoco exclusiva ni excluyente- entre Navarra y los Vascones, [2.] que el ámbito vascónico, se cuente éste a partir de la máxima extensión del mismo en los textos de Ptolomeo o sólo comprenda éste aquéllos ámbitos en que las fuentes, explícitamente, hablan de presencia de Vascones, no fue un espacio homogéneo ni en lo étnico ni en lo lingüístico sino que, más bien, la multiculturalidad y la diversidad fueron las notas más características del mismo, [3.] que el documento convertido en estandarte de la "vasconicidad" de Navarra, la mano de Irulegi es más bien una muestra -casi un símbolo- de esa diversidad cultural de las tierras de Navarra y, por supuesto, de la intensa Romanización de que los Vascones hacían gala ya en la década de los 80 y 70 del siglo I a. C., sin la cual, desde luego, ese objeto ni se habría fabricado, [4.] que, muy probablemente, muchas de las etnias antiguas -y, por tanto, también los Vascones- fueron más bien -al menos tal como las presentan las fuentes- constructos ideológicos y culturales de las fuentes romanas que etnias o "pueblos" en el sentido en que entendemos hoy ambos conceptos o los entiende la sociología moderna (siguen siendo muy convenientes la reflexiones a este respecto volcadas en BELTRÁN LLORIS, F., y VELAZA, J., "De etnias y monedas: las "cecas vasconas", una revisión crítica", en ANDREU, J. (ed.), Los Vascones de las fuentes antiguas: en torno a una etnia de la Antigüedad peninsular, Barcelona, 2009, pp. 99-126) y que, por tanto, los elementos identitarios, probablemente, no están claros en muchos casos o, al menos, no son evidentes, y [5.] que, en relación con ello, muy especialmente, para el caso concreto de los Vascones no existen más marcadores culturales diferenciales que, acaso, la denominada "lengua vascónica" que, como también se ha repetido abundantemente -remitimos a la entrada "Nauarrorum", una de las más consultadas de cuantas, sobre los Vascones, se acumulan en este blog- y glosamos en dicha conferencia, ni fue la mayoritaria ni la única atestiguada en el solar vascón existiendo, de hecho, zonas aludidas explícitamente en los textos como vasconas donde las evidencias apuntan a un predominio neto de la lengua celtibérica. 

 

Pues bien, en la charla de Barañáin, en el turno de coloquio pidió la palabra una señora que, habiendo asistido a la charla con una extraordinaria atención, vino a afirmar en voz alta que, a su juicio, las dudas que la ciencia había venido suscitando respecto de los antiguos Vascones -y que habíamos glosado en nuestra intervención-, en realidad, y a su juicio, no eran sino una manifestación más de que esta etnia histórica -como, según argumentaba, había sucedido en anteriores ocasiones- había sido siempre maltratada y que, cada vez que había intentado demostrar su existencia, su singularidad o su fuerza histórica, había habido algún poder político o cultural que se habían encargado de aplastarla. A su juicio las dudas que la comunidad científica ha vertido sobre la mano de Irulegi, y que nos habíamos limitado a glosar en buena medida siguiendo lo que publicamos aquí hace ahora un año en la entrada "Sorioneku (y VIII)", no eran sino una manifestación de ese deseo de, "con un manotazo" -fueron sus palabras- borrar cualquier elemento identitario propio de estos venerados Vascones. Mientras escuchábamos a esta buena señora nos dábamos cuenta de que en sus palabras subyacía el tópico de unos Vascones irredentos, aguerridos, puros, no contaminados, ajenos a cualquier influjo cultural y totalmente autónomos que, en cierta medida, obedece al modo cómo éstos fueron presentados, en parte, en la historiografía de la tardoantigüedad (véase al respecto MORENO, E., "Los vascones en la Literatura Latina tardía (siglos IV-VII)", en ANDREU, J. (ed.), Los Vascones de las fuentes antiguas. En torno a una etnia de la Antigüedad peninsular, Barcelona, 2009, pp. 261-290) y al modo, también, como, en parte, son percibidos todavía hoy por gran parte de la sociedad navarra. En esa pretendida -pero artificial- ecuación Vascones/Navarros prácticamente se obvia el componente romano y, efectivamente, se demuestra de qué modo las etnias antiguas prelatinas tienen una capacidad de generar identificación y catarsis mucho mayor que la que tiene la Romanitas que, sin embargo, nos ha configurado, probablemente, mucho más como sociedad en todo el ámbito mediterráneo. Empatizamos, desde luego, mucho más, con los elementos locales que con los ajenos y, normalmente, también con el grupo humano más débil que con el fuerte. No es algo exclusivo de nuestro tiempo. Como hemos explicado no hace mucho en Diario de Navarra -y dejamos más abajo el texto del artículo-, ya al geógrafo griego Estrabón, le resultaba más cautivador -pues era lo que interesaba a su público- individualizar el modo de vida de los pueblos del norte peninsular que hablar de los agentes y procesos de aculturación difundidos por Roma, una exaltación y admiración de la alteridad de la que hablamos hace algún tiempo aquí en nuestra entrada sobre la Germania de Tácito y su recepción ("Informis terra"). Es por todo ello que cuando alguien, echando mano, exclusivamente, de la ciencia, trata de poner en cuarentena los mitos de pureza cultural y de unicidad lingüística que, para un territorio concreto, se han ido construyendo con el paso de los años, la reacción es, siempre -y muy especialmente en Navarra- la de hacer una lectura política de los argumentos científicos. Una mirada, por ejemplo, a algunos de los comentarios que acumula el vídeo de la charla en el Civivox Iturrama de Pamplona del pasado 7 de noviembre y que hemos embebido más arriba, permitirá al lector hacerse cargo de esa realidad que aquí describimos y que, desde luego, mucho nos tememos que va a costar superar. Socialmente son mucho más atractivos los elementos de carácter local de una etnia antigua prerromana -por más que ésta esté desdibujada- que aquellos más homogeneizadores y globales creados por Roma y siempre se tenderá a pensar que cualquier duda que estos planteen nace de apriorismos de carácter político. Algo curioso cuando, probablemente, muchos de los elementos que configuraron esa "alteridad" de las etnias en la Antigüedad nació indefectiblemente de presupuestos políticos e ideológicos netamente romanos.


Añadiendo más elementos al debate, entre la citada sesión en Barañáin y la exitosa conferencia en Pamplona, la Institución Príncipe de Viana hizo público un interesante hallazgo epigráfico de hace varios años en una cueva del entorno de la localidad pirenaica navarra de Lantz, unos 25 kilómetros al norte de Pamplona. En este caso, se trataba de una inscripción de carácter rupestre compuesta de tres caracteres en signario paleohispánico y que, leída ikae o igae, ha sido verosímilmente interpretada como una advertencia topográfica a quienes, a partir de la época de Augusto, debieron trabajar en el distrito minero, acaso parte del saltus Vasconum, que obró en el lugar durante el Principado de Roma realidad económica ésta que, pese a que se ha puesto en valor ahora, se venía señalando de antiguo por parte de la investigación arqueológica en Navarra (véase, por ejemplo MEZQUÍRIZ, Mª Á., "Notas para el conocimiento de la minería romana en Navarra", Trabajos de Arqueología Navarra, 134-135, 1974, pp. 59-68). Pese a que los caracteres no presentan las ya conocidas adaptaciones del signario ibérico que sí comparecen en el texto de la mano de Irulegi, la interpretación de la Dirección General de Cultura del Gobierno de Navarra ha convertido la inscripción, ya oficialmente, en una inscripción vascónica sin otro argumento que el del lugar, al norte de la antigua Pompelo, en que el hallazgo se ha producido volviendo, de nuevo, a manejar, la ecuación vascones-territorio vascón-lengua vascónica que, sin embargo, hemos visto sobradamente en Oppida Imperii Romani, también en el vídeo que dejábamos más arriba, y, por supuesto, en las dudas que ha suscitado la interpretación de la mano de Irulegi, no siempre parece oportuno manejar. 




Nuestras reservas al respecto de esa interpretación, de hecho, pudimos compartirlas en COPE Navarra (aquí puedes escuchar el audio) y, también, en una breve tribuna publicada en Diario de Navarra unos días después de la presentación del documento y que traemos aquí también. En ella nos sorprendíamos no sólo de esa reiterada y pertinaz ecuación Vascones-lengua vascónica/Vascones-territorio vascón sino, también, de cómo un espacio que, tradicionalmente, había sido presentado como el paradigma de la resistencia vascónica a la Romanización parecía que, también con el hallazgo, el pasado verano, del ara de Larunbe -del que hablamos en la entrada "Larrahe" de este blog- se convertía ahora en paradigma de la Romanización de Navarra una vez que, efectivamente, esa inscripción rupestre no se habría grabado sin el influjo cultural de Roma y sin que Roma hubiese puesto en explotación los recursos del territorio algo que no parece se llevase a cabo antes de la época de Augusto como advertíamos no hace mucho en una publicación sobre el periodo en el área que nos ocupa (Gerión, 35, 2017, con bibliografía).


Sin embargo, y casi como colofón a la intensa actividad académica y de transferencia que quien sustenta este blog llevó a cabo en los cuatro últimos meses de 2024, el pasado 17 de diciembre, la Presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, como cerrando el círculo que inició el 14 de noviembre de 2022 cuando presentó la inscripción a la sociedad desde el Palacio de Góngora en el valle de Aranguren, inauguraba la nueva ubicación de la mano de Irulegi en la sala de Prehistoria del Museo de Navarra, en Pamplona, en un día que, efectivamente, puede considerarse histórico para la Arqueología de la comunidad foral. Como no podía ser de otro modo, también lo que se dijo, por su parte y por la de los estudiosos que allí intervinieron, resulta extraordinariamente sugerente y nos servirá, pero será ya en otra entrada de Oppida Imperii Romani, para palpar qué hemos aprendido, y que hemos preferido ignorar, en toda esta tan inusitada como apasionante reactivación de la controversia vascónica de la que hemos querido aquí hacer un sencillo balance casi desde una perspectiva autobiográfica.